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Directora y Editora: Elsa Lever M.         FEMINISMO / GENERO / EQUIDAD / DERECHOS HUMANOS / SEXUALIDAD / SALUD / NOTICIAS / LIBROS / CINE / MUSICA / VIDEOS / EDUCACION
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Ultimas Noticias



Ganadoras del Primer Concurso "Abrazando nuestras Experiencias"

EDICION DE ABRIL '08

Por Elsa Lever M.
Periodista con Maestría en Comunicación por la FCPyS de la UNAM, diplomada en Género por el PUEG de la UNAM, y en Feminismo por el CEIICH de la UNAM.

MujeresNet estrena nuevo rostro y dominio, además de nuevas secciones, un chat, un foro y un espacio dedicado a la denuncia de amenazas y ataques a mujeres periodistas y la libertad de prensa: Mujeres en Alerta Solidaria.

Si tenías enlazada a MujeresNet con la antigua dirección, puedes ahora cambiarla por www.MujeresNet.Info. También sigue abierta la convocatoria para el Primer Concurso "Abrazando nuestras Experiencias" [click aquí], y se extiende el cierre hasta el 30 de junio. Participa y gánate un paquete de libros que incluyen temáticas de feminismo, género y literatura. Sólo tienes que escribir un texto sobre las experiencias que te han hecho la mujer/el hombre que eres.

Si te interesa colaborar en MujeresNet.Info, lee los lineamientos editoriales y envía tu material. Te invito a que navegues por las nuevas páginas de MujeresNet y a que sigas alimentando este blog con tus comentarios, debate e ideas. ¡Familiarízate con el nuevo rostro!
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Soy feminista

Por Florence Thomas
Cofundadora del grupo Mujer y Sociedad
Facultad de Ciencias Humanas, Universidad Nacional de Colombia


Nunca he declarado la guerra a los hombres; no declaro la guerra a nadie, cambio la vida: soy feminista.

No soy ni amargada ni insatisfecha: me gusta el humor, la risa, pero sé también compartir los duelos de las miles de mujeres víctimas de violencia: soy feminista.

Me gusta con locura la libertad más no el libertinaje: soy feminista.

No soy pro-abortista, soy pro-opción porque conozco a las mujeres y creo en su
enorme responsabilidad: soy feminista.

No soy lesbiana, y si lo fuera ¿cuál sería el problema? Soy feminista.

Sí, soy feminista porque no quiero morir indignada.

Soy feminista y defenderé hasta donde puedo hacerlo a las mujeres, a su derecho a una vida libre de violencias.

Soy feminista porque creo que hoy día el feminismo representa uno de los últimos humanismos en esta tierra desolada y porque he apostado a un mundo mixto hecho de hombres y mujeres que no tienen la misma manera de habitar el mundo, de interpretarlo y de actuar sobre él.

Soy feminista porque me gusta provocar debates desde donde puedo hacerlo. Soy
feminista para mover ideas y poner a circular conceptos; para deconstruir viejos discursos y narrativas, para desmontar mitos y estereotipos, derrumbar roles prescritos e imaginarios prestados.

Soy feminista para defender también a los sujetos inesperados y su reconocimiento como sujetos de derecho, para gays, lesbianas y transgeneristas, para ancianos y ancianas, para niños y niñas, para indígenas y afrodescendientes y para todas las mujeres que no quieren parir un solo hijo más para la guerra.

Soy feminista y escribo para las mujeres que no tienen voces, para todas las mujeres, desde sus incontestables semejanzas y sus evidentes diferencias. Soy feminista porque el feminismo es un movimiento que me permite pensar también en nuestras hermanas afganas, ruandesas, croatas, iraníes, que me permite pensar en las niñas africanas cuyo clítoris ha sido extirpado, en todas las mujeres que son obligadas a cubrirse de velos, en todas las mujeres del mundo maltratadas, víctimas de abusos, violadas y en todas las que han pagado con su vida esta peste mundial llamada misoginia.

Sí, soy feminista para que podamos oír otras voces, para aprender a escribir el guión humano desde la complejidad, la diversidad y la pluralidad.

Soy feminista para mover la razón e impedir que se fosilice en un discurso estéril al amor.

Soy feminista para reconciliar razón y emoción y participar humildemente en la construcción de sujetos sentipensantes como los llama Eduardo Galeano.

Soy feminista y defiendo una epistemología que acepte la complejidad, las ambigüedades, las incertidumbres y la sospecha. Sé hoy que no existe verdad única, Historia con H mayúscula, ni Sujeto universal. Existen verdades, relatos y contingencias; existen, al lado de la historia oficial tradicionalmente escrita por los hombres, historias no oficiales, historias de las vidas privadas, historias de vida que nos enseñan tanto sobre la otra cara del mundo, tal vez su cara más humana.

En fin soy feminista tratando de atravesar críticamente una moral patriarcal de las exclusiones, de los exilios, de las orfandades y de las guerras, una moral que nos gobierna desde hace siglos.

Trato de ser feminista en el contexto de una modernidad que cumple por fin sus promesas para todos y todas. Como dice Gilles Deleuze "siempre se escribe para dar vida, para liberarla cuando se encuentra prisionera, para trazar líneas de huida". Sí, trato de trazar para las mujeres de este país líneas de huida que pasen por la utopía.

Porque creo que un día existirá en el mundo entero un lugar para las mujeres, para sus palabras, sus voces, sus reivindicaciones, sus desequilibrios, sus desórdenes, sus afirmaciones en cuanto seres equivalentes políticamente a los hombres y diferentes existencialmente. Un día, no muy lejano, espero, dejaremos de atraer e inquietar a los hombres; dejaremos de escindirnos en madres o putas, en Marías o Evas, imágenes que alimentaron durante siglos los imaginarios patriarcales; habremos aprendido a realizar alianzas entre lo que representa María y lo que significa Eva. Habremos aprendido a ser mujeres, simplemente mujeres. Ni santas, ni brujas; ni putas, ni vírgenes; ni sumisas, ni histéricas, sino mujeres, resignificando ese concepto, llenándolo de múltiples contenidos capaces de reflejar novedosas prácticas de sí que nuestra revolución nos entregó; mujeres que no necesiten más ni amos, ni maridos, sino nuevos compañeros dispuestos a intentar reconciliarse con ellas desde el reconocimiento imprescindible de la soledad y la necesidad imperiosa del amor.

Por esto repito tantas veces que ser mujer hoy es romper con los viejos modelos esperados para nosotras, es no reconocerse en lo ya pensado para nosotras, es extraviarse como lo expresaba tan bellamente esta feminista italiana Alessandra Bocchetti.

Sí, no reconocerse en lo ya pensado para nosotras.

Por esto soy una extraviada, soy feminista.

Y lo soy con el derecho también a equivocarme.
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El concepto de "patrimonio" en el cuerpo y la sexualidad. Una propuesta

Por Azminda Meybelli Román Nieto
Estudiante de antropología histórica de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana, México

La siguiente ponencia es una reflexión de cómo he utilizado el concepto de patrimonio a partir de la línea de investigación “Cuerpo y Sexualidad”, dirigida por la Mtra. Cristina Millán en la carrera de Antropología Histórica de la Facultad de Antropología de la Universidad Veracruzana. Partiré de la descripción del campo del la antropología histórica y como se inserta el patrimonio y los elementos que lo componen, el concepto de sexualidad que manejo para finalmente presentar los argumentos en los que baso mi propuesta y empezar a plantear en la mesa de debate de si es posible empezar a hablar de un patrimonio sexual o de la sexualidad como patrimonio.

La antropologia histórica, El patrimonio y el cuerpo y la sexualidad

La antropología histórica, nace de la idea de recuperar todo aquello que la antropología en general ha desechado a través de seis grandes líneas de investigación, las cuales tienen como ejes rectores al patrimonio y las políticas culturales.

Al hablar de patrimonio nos remitimos no sólo al patrimonio tangible o a la cultura material que todos los hombres y mujeres realizamos al concretizar nuestras ideas, sino también a que la antropología histórica percibe al patrimonio desde los sentidos, es decir todo lo que vemos, oímos, olemos, saboreamos y tocamos, por lo tanto los miembros de todas las sociedades le dan un valor y significado a todo aquello que sus sentidos perciben, realizan, interpretan, representan, heredan y trasmiten.

La antropología histórica, une a dos grandes disciplinas que han consentido que tanto hombres como mujeres, escriban páginas y páginas de todas sus experiencias, maneras de ver el mundo, comportamientos, sentimientos, movimientos, palabras, técnicas, sonidos, etc. a través de documentos como edificios, monumentos, libros, imágenes, cuerpos, herramientas, etc. Y que permiten entender, comprobar, explicar y respetar a las demás culturas y a todos los elementos que la conforman en periodos de tiempo del pasado, presente y futuro.

La antropología histórica es un relato de las pasiones más arraigadas de hombres y mujeres, de emociones, valores, de etapas y palabras escondidas detrás de la puerta que custodia la muralla de la cultura, a través de su contexto y desarrollo histórico, de las luchas constantes de las sociedades manifestadas en sus ideas y legados.. Es una propuesta para llegar a entender al patrimonio desde la propia experiencia de quienes dan sentido y dirección a éste, de las políticas culturales que estructuran, organizan, resguardan, la vida de hombres y mujeres, y de todos los elementos circundantes en nuestra realidad que va desde el cuerpo, la sexualidad y la identidad, guardados y presentados en la memoria colectiva hacedora de la técnica y la materia conformada en los espacios sociales hasta la concretización interiorizada de todas nuestras creencias, prejuicios, valores, sentimientos de la vida cotidiana.

Siguiendo con esta línea entendemos así que la sexualidad es una construcción histórica, entretejida por los fenómenos sociales que aparecen en las sociedades. Su extensión es tal que regula y autoregula, crea identidades y autoidentidades en los individuos, miembros de una sociedad, la cual dirige su curso de acuerdo a las normas que ejerce a través de las principales instituciones como la familia, la Iglesia y el Estado, en función de la reproducción de los seres humanos, así como los deseos, funciones, valores que integran a hombres y mujeres en su búsqueda del placer y aceptación en la vida cotidiana, manifestada en sus diversas concepciones del mundo y de sí mismos.

Esta misma forma de concebir a la sexualidad no nos separa de ciertos rasgos que van desde los sistemas tribales, la organización social, el poder, alternativas y movimientos sociales, ni tampoco de los sistemas cambiantes acerca de cómo deberíamos disfrutar, negar o cuidar nuestro cuerpo, mismo que para algunos es tomado como objeto sagrado y para otros un vestido que me permite moverme o hacer lo que yo quiera.

Sin embargo ¿cómo podemos vincular al cuerpo y a la sexualidad como patrimonio?
El patrimonio es en términos generales lo que se recibe de los padres y lo que es de uno por derecho propio. Así el patrimonio cultural son aquellos bienes testimonio de la creación humana o de la evolución de la naturaleza, que tienen especial relevancia con relación a la arqueología, educación, literatura, como son los documentos y bienes relacionados con la historia de la ciencia y la tecnología.

El patrimonio cultura se conforma de bienes tangibles e intangibles. No sólo consta de los objetos del pasado, sino también de las grandes y pequeñas obras de arte legadas por culturas y generaciones desaparecidas. A lo largo del desarrollo de una sociedad surgen costumbres, celebraciones, creencias, rituales que en su conjunto constituyen cultura viva: patrimonio cultural vivo. La identidad cultural se produce a través del patrimonio y como consecuencia de él.

Es la sociedad la que en un momento determinado de su desarrollo, lo selecciona, lo escoge como elemento que debe ser conservado por valores que trascienden su uso o función original. El reconocimiento de si parte de un grupo humano, cernido a través de condiciones históricas y sociales, se convierte en identidad cultural.

En una definición más amplia podemos decir que el patrimonio cultural de un pueblo comprende las obras de sus artistas, así como todas las creaciones anónimas, creencias, conjunto de valores que dan sentido a la vida, es decir obras materiales y no materiales que expresan la creatividad de ese pueblo, la lengua, los ritos así como lugares o espacios naturales.

Pero ¿cómo implementar en nuestro imaginario cultural una concepción de patrimonio que no sea exclusiva de los monumentos, obras, artísticas históricas y arqueológicas? Recordemos que el imaginario cultural es vivencial y representa la realidad que se presenta en ese momento, y nuestra realidad esta basada actualmente en la problemática económica y política de nuestro país, por tal motivo, el concepto de patrimonio está en constante redefinición.

Reconozcamos que el patrimonio principal de los seres humanos es la mente, el cuerpo humano, el que nos hace presentes, el vehículo y representación de las ideas y creatividad humana. Por esta razón la UNESCO planteó en su Conveción del 2003 de la Salvaguardia del Patrimonio Intangible que:



“… el patrimonio vivo - es el crisol de nuestra diversidad cultural y su conservación, una garantía de creatividad permanente.

La Convención de 2003 define el PCI más concretamente como los usos, representaciones, expresiones, conocimientos y técnicas que las comunidades, los grupos y, en algunos casos, los individuos reconozcan como parte integrante de su patrimonio cultural.

El depositario de este patrimonio es la mente humana, siendo el cuerpo humano el principal instrumento para su ejecución o – literalmente – encarnación. Con frecuencia se comparten el conocimiento y las técnicas dentro de una comunidad, e igualmente las manifestaciones del PCI se llevan a cabo, a menudo, de forma colectiva.”


Con base en esto el cuerpo humano, la materia ósea, es el elemento fundamental para el estudio biocultural de las poblaciones del pasado. El cuerpo humano es un documento histórico, que se ha ido transformando a lo largo del tiempo, es en el cuerpo humano en donde se marca la diferencia biológica, anatómica, fisiológica que define a los individuos como machos y hembras. A través del cuerpo humano se puede entender la problemática de los grupos humanos, alimentación, enfermedades, cuestiones funerarias, costumbres y creencias.

En el cuerpo humano se depositan todo el conjunto de ideas, creencias, significaciones y representaciones determinadas geográfica e históricamente por un grupo social para definir lo masculino y lo femenino dentro de su cultura, es decir el hombre y la mujer quienes son los encargados de la reproducción y preservación de la especie.

El cuerpo nos hace presentes en la tierra, materializa nuestras concepciones, ideas y prácticas, la sexualidad nos define como hombres y mujeres, reproduce nuestra especie y organiza nuestra estructura social, nuestra vida cotidiana, entonces ¿por qué no puede ser concebida como patrimonio cultural? La respuesta es porque el cuerpo y la sexualidad han estado imbuidos de un conjunto de aspiraciones y regulaciones políticas, legales y sociales que inhiben muchas formas de expresión sexual al mismo tiempo que estigmatiza ciertos deseos y actos (Marta Lamas, "Valores Sexuales: una perspectiva libertaria", en Letra S, La Jornada, 1999).

Las políticas que el Estado ha adoptado en cuestión de cuerpo y sexualidad son de acuerdo a los intereses personales de los servidores públicos, sin embargo en los últimos sexenios se han logrado varios objetivos y se han planteado nuevas alternativas para preservar la salud sexual y reproductiva de los miembros de la sociedad mexicana. Recordemos que la sexualidad construye nuestra cultura y el cuerpo humano la preserva, por tal razón es importante la salud de los seres humanos, ya que las enfermedades tiene gran impacto político, económico y social en la vida de los individuos, con ello podemos leer la realidad en que viven, sus gestos, hábitos, prácticas, emociones que rigen a las sociedades. Dentro del aspecto psicológico y social de la sexualidad, es en donde se cumplen o incumplen las normas sociales.

Las normas sociales son las reglas de conducta obligatoria y prevén una sanción en caso de incumplimiento. De las normas sociales emanan las normas jurídicas, a partir de aquí presento el marco jurídico que me permite plantear mi propuesta y dejarlo a discusión en relación al cuerpo y la sexualidad como patrimonio. Estas definen los delitos y sanciones que se encuentran en los códigos penales locales y se aplican de acuerdo al estado en que se encuentren.

Los principales delitos relacionados con el cuerpo y la sexualidad son los siguientes:
1. DELITOS CONTRA LA SALUD: El delito llamado contagio venéreo es el único relacionado con actividades sexuales que se incluye en este delito.
2. DELITOS CONTRA LA MORAL PÚBLICA Y LAS BUENAS COSTUMBRES: En este titulo están comprendidos los delitos de ultrajes a la moral, corrupción de menores y lenocidio.
3. DELITOS SEXUALES, DELITOS CONTRA LA LIBERTAD Y SEGURIDAD SEXUAL O DELITOS CONTRA LA LIBERTAD Y EL NORMAL DESARROLLO PSICOSEXUAL: Son la violación, abuso deshonesto o atentados al pudor, estupro, incesto, adulterio y hostigamiento sexual. Algunos estados tipifican el adulterio y el incesto dentro de los delitos contra la familia, y el rapto en los delitos contra la privación ilegal de la libertad.
4. DELITOS CONTRA LA VIDA Y LA INTEGRIDAD CORPORAL: Aunque se trata de delitos en los que se sanciona el homicidio o las lesiones, éstas son resultado de actividades sexuales. Son el conyugicidio, la defensa del honor filial, también llamadas por emoción violenta y el aborto, aunque actualmente ya esta despenalizado
Estos delitos son de acuerdo al Código Penal del Distrito Federal.

Las normas y valores de la sexualidad están dirigidos a los aspectos psicosociales porque la conducta de los seres humanos cambia y se ven sometidos a reglas que permiten el bienestar de la comunidad en general.

Toda cultura tiene un sistema de normas que garantizan la convivencia y estabilidad de sus miembros.En el caso jurídico, es en el Derecho Penal donde se encuentran las normas jurídicas que definen los delitos y las sanciones. A él corresponde la protección de los bienes y valores más importantes para el ser humano y para la sociedad: la vida, la salud, la libertad, la estabilidad del Estado, etc. Todos ellos insertados en el cuerpo y la sexualidad.

Para poder entender los delitos en relación a la sexualidad, es necesario hablar en términos penales, es así que los “tipos” son las descripciones de una conducta asociada a una sanción, en este caso conducta corporal y sexual, están agrupados y organizados en los códigos por el valor que tutelan.

Las normas que tutelan la sexualidad humana son las que protegen la moral social en lo sexual, la libertad de copular, del desarrollo sexual de los menores y otros sobre cuestiones relacionadas indirectamente con la sexualidad pero si de manera directa con el cuerpo: el homicidio, las lesiones por emoción violenta y el aborto. Cabe aclarar que en este ultimo punto, se sanciona tanto al que obliga a abortar como al que lo hace por decisión propia, sin embargo en el debate pasado sobre la despenalización del aborto, se señalaba a las mujeres que interrumpían su embarazo.

Uno de los principales delitos que atentan contra la libre decisión del uso del cuerpo y de la sexualidad es el lenocidio, tipificado como “trata de personas” y entendido como promover, facilitar, conseguir, obligar, entregar y/o transportar de un estado a otro, dentro o fuera del país a personas, incluyendo menores de edad, al comercio sexual sin su consentimiento.

Con todo esto considero que es importante empezar a poner en mesa de discusión a la sexualidad como patrimonio, porque creo que es importante empezar a entender nuestra cultura desde que nos hacemos presentes en ella como miembros de ella, conocer y reproducir nuestros modos y concepciones del mundo, interpretar nuestra realidad en la organización social de nuestro entorno. Tomar conciencia de nosotros como individuos y generadores de la cultura, practicantes de la misma. Si el patrimonio es lo que heredamos y vamos a heredar, lo que forma parte de nuestra identidad, la concretización de nuestras ideas, creencias y el cuerpo es el que realiza todas estas acciones y el que nos permite conocer a la naturaleza, entendida como árboles, plantas, agua, etc.

Lo que nos permite darle un valor simbólico, lo más preciado que es mantener nuestra salud y reproducir nuestra especie y si hemos notado que nuestras obras materiales son huella de nuestro paso por la tierra, de nuestra manera de presenciar la vida en ese momento, en ese tiempo y espacio, y que nuestros danzas, relatos, música, lenguas, etc, expresan y representan lo que cada uno concibe como vida y que existe estrecha relación entre nuestras políticas y normas jurídicas, que un grupo manejo por sus propios intereses y controlan eso que denominamos patrimonio cultural y manera de ver la vida, así como también las que nos cuidan y protegen, y que año con año se están buscando nuevas alternativas para que todo aquello que realizamos y concebimos con tanta importancia y pasión se siga preservando entonces ¿por qué no considerar a la sexualidad como patrimonio cultural y empezar hablar de un patrimonio sexual?

Fuentes
Declaración Universal de los Derechos Humanos
Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, 1995
Declaración de los Derechos Sexuales, Valencia 1997
Fondo de Población de las Naciones Unidas

Bibliografía

LAMAS, MARTA (1999) "Valores Sexuales: una perspectiva libertaria", en Letra S, La Jornada, México.

-LE BRETON, David, (2002) “Los imaginarios sociales del cuerpo” en La sociología del cuerpo, Buenos Aires, Nueva Visión, p. 65

-LOPEZ Ramos, Sergio,(1998) “La significación de lo corporal y la cultura” en Cuerpo, identidad y psicología, Guadalupe Aguilera y otros, México, Plaza y Valdés Editores.

-NIETO, José Antonio (1993) Sexualidad y deseo. Critica antropológica de la cultura, España, Siglo Veintiuno de España Editores, S. A,

-NOHL, Herman (1981) Antropología Pedagógica, Breviarios, México, Fondo de Cultura Económica

-NUÑEZ Becerra, Fernanda (1992) La prostitución y su represión en la ciudad de México (Siglo XIX) Prácticas y representaciones, Barcelona, Ed. Gedisa

-OSBORNE, Raquel (1987) La construcción sexual de la realidad, Barcelona, ed. Feminismos


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Poseer el cuerpo: una reflexión sobre la medicalización de la biología de la mujer desde la perspectiva del género

Por Tania Gerard
Comunicóloga, da asesoría organizacional a empresas privadas y a organizaciones no gubernamentales. Es consejera de Casa de Partos Luna Maya, en Chiapas, y cursa el máster en Estudios Interdisciplinares de Género de la Universidad Autónoma de Madrid. Su área de especialidad es el mercado laboral con perspectiva de género y es activa defensora del parto humanizado y prácticas médicas respetuosas con el cuerpo femenino.

La medicalización extensiva de la biología de la mujer es una cuestión de género. Entendiendo género como el sistema que crea las categorías excluyentes mujer-femenino y hombre-masculino, la medicina se consolidó desde su nacimiento como campo de conocimiento, dentro de la estructura patriarcal; diseñada, practicada y legitimada por los hombres para servir a los intereses de los hombres, por un lado, y excluyente de la participación de las mujeres en cualquiera de sus procesos de generación y transmisión de conocimiento y, por supuesto, su práctica.

Con esta génesis, la medicina ha visto y estudiado a las mujeres desde esa "otredad" que caracteriza a la dominación masculina y su relación con lo femenino: lo neutro, lo "normal", es lo masculino, y cualquier cosa que no lo sea se considera algo desviado que debe corregirse. La medicina, estudiosa del cuerpo humano por excelencia, "construye la diferencia entre los sexos biológicos de acuerdo con los principios de una visión mítica del mundo arraigada en la relación arbitraria de dominación de los hombres sobre las mujeres" (Bourdieu: 23)

La práctica médica reproduce tradiciones de desvalorización y extrañeza frente a lo femenino, representado a través del cuerpo y sus procesos: " el sexismo y la misoginia, ejercidos a veces de forma consciente y muchas veces de forma inconsciente, ha supuesto el sustrato en el que se han manifestado las actuaciones de la medicina hacia las mujeres." (Valls: 292)

En este sentido, el término medicalización se refiere a la declaración de una situación no prevista entre lo "normal" como algo patológico, infeccioso, peligroso o, sencillamente, anormal que "debe" corregirse. Y es en este "deber" de corregir que se encuentra la segunda connotación patriarcal de la medicina: se concibe a sí misma como un campo legitimado para intervenir, es decir, interrumpir y corregir los procesos que identifica como fuera de esa norma.

La connotación "civilizatoria" del patriarcado dispone que, ante el desconocimiento de las mujeres hacia sus propios cuerpos, es la medicina (y en particular, los médicos), quienes deben decidir cuál es la mejor forma de que estos cuerpos funcionen, independientemente de lo que las dueñas de esos cuerpos puedan articular como coherente con las señales que reciben de ellos. Ante la convicción de las mismas mujeres de que no saben nada sobre si mismas, la medicina fragmenta, limita y manipula los procesos biológicos femeninos como otra más de sus manifestaciones de poder.

La medicina como discurso patriarcal

Antes de que la medicina existiera como profesión, las mujeres tenían la responsabilidad exclusiva de mantener la salud de sus familias y atender los embarazos y partos, que eran frecuentes y generalizados. Fue en el siglo XIII que los servicios "médicos" empezaron a pagarse y todas las personas que tenían algún conocimiento se organizaron en gremios, incluyendo a las mujeres.

En esta nueva profesión, existía una jerarquía que ubicaba a los médicos (universitarios) por encima, a los facultativos (practicantes con licencia) en segundo lugar y a los cirujanos en tercero. Cada categoría atendía casos específicos y conocía procedimientos determinados, por ejemplo, eran los cirujanos quienes amputaban miembros mientras que los médicos eran quienes estudiaban las enfermedades extrañas o desconocidas para determinar el mejor tratamiento.

Desde el siglo XIII al XV las mujeres pudieron participar de esta nueva profesión. Algunas adquiriendo su licencia a través de la experiencia que ya tenían y otras, muy pocas, accediendo a las universidades para investigar los últimos descubrimientos del campo.

Al margen de las nuevas categorías, las mujeres ejercían como curanderas y boticarias. Su amplio conocimiento práctico, transmitido de generación en generación, les permitía solucionar problemas que los médicos fallaban en atender, sobre todo debido a que su conocimiento era teórico.

Por siglos las parteras habían constituido figuras venerables, expertas en la atención de las mujeres durante sus partos. Parteras con experiencia examinaban a las nuevas practicantes y les otorgaban licencias, transmitiendo el saber de generación en generación. La partería era considerada una práctica exclusivamente femenina, relativamente autónoma y de gran valor para la comunidad; tanto que la manutención de la comadrona del pueblo correspondía a la comunidad entera. Cuando era necesario sacar un feto muerto o salvar a un bebé ante la inminente muerte de la madre, las parteras conocían cirujanas especializadas en estos procedimientos, que eran tan reconocidas como las mismas comadronas y cirujanos de otras especialidades.

Al principio, los conocimientos de anatomía en los que se basó la institución de la práctica médica fueron de cuerpos masculinos. En general, el campo de conocimientos era lo que hoy consideraríamos "ecléctico", mezclaba conclusiones de investigaciones científicas, teorías de los filósofos griegos, astrología y magia. En este sentido, la experiencia con la herbolaria de las curanderas y boticarias fue invaluable, así como la de las mujeres que poseían antecedentes prácticos de años y generaciones para identificar y categorizar trastornos que, muchas veces, aparecían por primera vez ante los ojos de médicos y facultativos.

Hacia finales del siglo XV los gremios organizados estipularon leyes que fueron excluyendo a las mujeres de la práctica. Se les negó el acceso a la universidad y se invalidó su bagaje de conocimientos prácticos, acusando a las curanderas y boticarias de ignorantes y brujas. Muchas mujeres licenciadas como facultativas o médicas protestaron ante las medidas. Jacoba Felice, facultativa de Alemania, fue acusada de ejercer sin licencia y amenazada con castigo penal si seguía ejerciendo, aun pese a los testimonios de pacientes a quienes había curado más de una vez.

Consciente de la necesidad de regular la profesión, Jacoba defendía la institución de exámenes y pruebas, pero llamaba la atención sobre la importancia de que existieran mujeres ejerciendo la medicina: "una mujer se dejaría morir antes que revelar los secretos de su enfermedad a un hombre, dada la virtud del sexo femenino y dada la vergüenza que le produciría revelarlo" (Anderson: 444)

Sin embargo, estos intentos no prosperaron y, para 1540, el rey Enrique VIII prohibió la entrada de mujeres al gremio independiente de cirujanos. Como en Inglaterra, los gremios de diferentes países negaron la entrada a las mujeres y, para cuando concluyó el siglo XVI, la única posibilidad de ejercer la medicina para las mujeres era como parteras.

Esta práctica sufrió también la dominación de los valores masculinos. Las parteras debían licenciarse desde siempre. Normalmente una partera tomaba una o dos aprendices hasta que estaban listas para ejercer de forma autónoma y, para certificar su capacidad, era examinada por una junta de comadronas que le extendía su licencia si cumplía con todos los requisitos. Sin embargo, durante el siglo XV las autoridades empezaron a participar en estos exámenes y, para finales de ese siglo, " los tipos de exámenes revelan que el interés de las autoridades se centraba no tanto en la experiencia de la partera en el parto, como en su capacidad para reconocer cuándo debía llamar a los profesionales masculinos: el médico y el cirujano." (Anderson: 445)

Conforme se fue adquiriendo mayor conocimiento de la anatomía femenina, las parteras intentaron estudiar en las universidades y ofrecer su experiencia y conocimiento en las mismas. Ambas cosas les fueron negadas. Lo más que pudieron lograr es que algunos de los estudiosos de la época hicieran referencias a sus observaciones y "guías médicas".

Fueron los dos tratados de Ambroise Paré (1551 y 1573) los que más impacto tuvieron en lo que se convirtió la práctica obstétrica: el cirujano se consideró a si mismo como "el director del parto desde el principio: colocaba a la mujer, decidía sobre las etapas y probable dificultad" (Anderson: 448). La partera pasó a un lugar secundario, de acompañamiento y consuelo para la mujer parturienta y técnicas que probablemente habían pasado de generación en generación durante siglos fueron "redescubiertas" por Paré, pasando a la historia como el creador de la especialidad médica de la ginecología.

De esta forma, el estudio de la biología de la mujer "empezó de cero" a partir de las investigaciones de médicos y facultativos. El conocimiento y experiencia con que las comadronas acompañaban a las mujeres en sus ciclos reproductivos, se sustituyeron por teorías de lo que debía ser en la perspectiva teórica del médico.

Para cuando las mujeres se integraron a la práctica médica, ya en los siglos XIX y XX, el campo de estudio había sido configurado de acuerdo con las ideas, valores, principios y estilos patriarcales, como la mayoría de las disciplinas que siguen vigentes en nuestros tiempos.


La normalización del cuerpo de la mujer

A esta aproximación teórica, que invalidaba el conocimiento práctico de generaciones, se sumaron los prejuicios sobre la sexualidad de la mujer, que obstaculizaba la atención de sus "males propios" (lo que hoy llamaríamos salud sexual y reproductiva) y originó una serie de procedimientos y rituales que fragmentaron el cuerpo de la mujer.

Específicamente, el campo de la ginecología diseñó protocolos que permitieran al médico estudiar las mamas y genitales "apartadas" de la identidad global de la mujer. "Como si se tratara de neutralizar simbólica y prácticamente todas las connotaciones potencialmente sexuales del examen ginecológico, el médico se somete a un auténtico ritual que tiende a mantener la barrera, simbolizada por el cinturón, entre la persona y la vagina, jamás percibidas simultáneamente" (Bourdieu: 29)

Asimismo, la medicina, y en particular la ginecología, designaron estándares de "normalidad" para el cuerpo de las mujeres. Si consideramos el atraso del estudio de la anatomía femenina con respecto a la masculina, además de la característica androcéntrica de las profesiones patriarcales, podremos entender que el cuerpo "normal" no menstrúa, ni se embaraza, ni amamanta: es un cuerpo masculino.

Ante esta perspectiva, el cuerpo femenino es anormal y, por tanto, patológico. Sus ciclos menstruales constituyen una variación no deseada de esta norma imaginaria; sus embarazos se consideran un riesgo y los partos como situaciones a intervenir como si no obedecieran ritmos precisos que han sido fruto de años de evolución; la menopausia una enfermedad y la puerta hacia la vida achacosa de la mujer vieja.

La medicalización de la biología de la mujer es un sistema que refuerza el androcentrismo y limita la exploración del cuerpo de la mujer como construcción integrada y poderosa. "Todo, en la génesis del hábito femenino y en las condiciones sociales de su actualización, contribuye a hacer de la experiencia femenina del cuerpo el límite de la experiencia universal del cuerpo-para-otro, incesantemente expuesta a la objetividad operada por la mirada y el discurso de los otros." (Bourdieu: 83)

Dimensión simbólica de la medicalización de la biología femenina

A medida que las ciencias, y en particular la medicina, han sustituido a la religión como autoridad normalizadora y legitimadora de los valores sociales, la medicalización de la biología de la mujer ha afectado en gran medida a la capacidad de las mismas mujeres para conocer y asumir responsabilidad sobre sus cuerpos.

El patriarcado, a través de la medicina, ha mellado profundamente en las mujeres a través de sus cuerpos, disociándolas de su identidad y reforzando su posición de objeto desvalorado, anónimo y estático, que se mantiene pasivo y expectante ante la hábil mano que se mueve del otro lado de la mesa de auscultación.

El discurso simbólico de la medicalización del cuerpo de la mujer tiene tres ejes:
1. La normalización de ese cuerpo
2. La subordinación y objetivación de las mujeres
3. El control del cuerpo de la mujer a través de la fragmentación de su experiencia corporal

La normalización del cuerpo de la mujer

De acuerdo con lo que este trabajo planteó anteriormente, la normalización del cuerpo de la mujer implica, en primer lugar, declararlo como anormal por variable y cíclico, reforzando los prejuicios que durante siglos se ha sostenido ante la sexualidad femenina. Esta normalización juega en dos sentidos: por un lado, acepta la existencia de órganos y sistemas neutros como el corazón o el estómago, y de órganos y sistemas sexuales como las mamas o el aparato reproductor.

De este modo, se medicalizan los órganos y sistemas sexuales (porque salen de la norma al no ser masculinos) y se invisibiliza cualquier posibilidad de diferencia entre hombres y mujeres cuando se trata de sistemas neutros. Esto naturaliza la diferencia sexual entre hombres y mujeres, no de acuerdo a las necesidades específicas de cada sexo, sino de acuerdo a los estereotipos aceptados e instituidos por el patriarcado.

En segundo lugar, la normalización del cuerpo refuerza la construcción de categorías de aceptabilidad entre las mismas mujeres: al comparar unas mujeres con otras sin tomar en cuenta sus circunstancias individuales (medio ambiente, procedencia étnica, alimentación, etc.) se invisibiliza la experiencia individual de cada mujer y casi siempre se termina poniendo en desventaja a quienes tenían ya de entrada una peor posición. Sigue sin tomarse en cuenta el impacto psicológico de esta normalización, percibida muchas veces como presión o invalidación por parte de las mujeres, y su consecuencia como factor adverso en procesos naturales como el parto. Una vez más, las mujeres compiten entre si por saber quién es buena chica a los ojos del médico y quién no ha hecho los deberes.

La subordinación y objetivación de las mujeres

La medicalización de la biología de la mujer invalida su sabiduría corporal y deslegitima sus percepciones intuitivas e instintivas ante el discurso del conocimiento médico. El profesional de la salud es quien sabe cómo debe funcionar ese cuerpo aunque sea la mujer quien vive en él 24 horas al día todos los días de su vida.

La mujer no se atreve a sentir, a escuchar o a ver su cuerpo porque ha aprendido que su cuerpo no le pertenece y, además, que alguien podrá conocerlo mejor que ella. En este escenario, es fácilmente comprensible que las mujeres acudan a consulta: han aprendido que ser mujer implica permitir que otros decidan sobre ella y sobre su cuerpo.

El control del cuerpo de la mujer a través de la fragmentación de su experiencia corporal

La asociación de conceptos biología -> sexualidad -> control es automática en cualquier análisis de teoría de género. Si las mujeres entienden su biología como aquellas partes y procesos de su cuerpo relacionados con su sexualidad y capacidad reproductiva, acudirán a las instituciones legítimas de control para que tomen decisiones sobre ellas. Si además consideramos que las mujeres han sido socializadas para vivir fuera de sus cuerpos, es decir, para perseguir ideales imposibles de encarnar, para hacer más cosas de las que sus cuerpos soportan o para sacrificar sus cuerpos por el bienestar de otros, su cuerpo nunca les ha pertenecido.

Para que una mujer tome control sobre su cuerpo debe ser empoderada, debe recuperar el poder de su sabiduría corporal y esto es posible únicamente a través de la percepción de si misma como la suma de todas sus experiencias y de todos sus sistemas: un cuerpo que respira, late, menstrúa, se mueve, come y, además, registra una historia personal que atraviesa todos esos compartimentos: "reconociendo en éste último el lugar de la percepción y el punto de partida de un análisis esencial de la existencia". (Godina)

Mientras la medicina mantenga los procesos biológicos de la mujer como aislados (un dolor de cabeza que no se vincula con una alimentación baja en potasio que obedece, a su vez, a una situación de opresión en la familia, por ejemplo) seguirá contribuyendo a la opresión de las mujeres, encasillándolas en la limitada área de existencia que les designa el sistema de género y reforzándose como institución patriarcal -independientemente de que las mujeres ejerzan ahora la medicina.

Conclusiones

La integración de las mujeres a la práctica de la medicina ha sido únicamente el primer paso. Es necesario que esas mujeres continúen con la labor que ya han emprendido: que revisen, investiguen y propongan ideas, valores y protocolos con una visión crítica que descubra cuándo estas ideas y prácticas refuerzan el sistema patriarcal y, en segundo lugar, estudien y perciban el cuerpo femenino en toda su magnitud y relación con factores con los que interactúa.

Es importante impulsar perspectivas feministas en la medicina que permitan ir más allá de la "salud de las mujeres" que, además de incluir la experiencia femenina del cuerpo y su subjetividad, analicen y estudien las relaciones sociales y culturales que influyen en el estado y conservación de la salud en las mujeres.

La medicalización de la bilogía de la mujer está estrechamente relacionada con la percepción del cuerpo: esta percepción es fruto de la cultura y todos sus elementos. En general nos presenta el cuerpo como algo ajeno, externo, que no es para vivirse como propio. Es urgente que las mujeres aprendan a conocerse a si mismas, para que sean ellas quienes puedan declarar si algo es normal o no en su cuerpo y volver a integrarse física, mental y emocionalmente, constituyendo seres humanos plenos e integrados, capaces de hacerse cargo de sus cuerpos.

Bibliografía

Anderson, B. y Zinsser, J. (2007) Historia de las Mujeres. Una Historia Propia, Crítica, Barcelona.
Bourdieu, P. (2000) La Dominación Masculina, Anagrama, Barcelona.
Finkler, Kaja (1995) Women in Pain. Gender and Morbidity in Mexico, University of Pennsylvania Press, Philadelphia.
Godina Herrera, C. (2001) “La teoría de género en la perspectiva fenomenológica del cuerpo vivido”, en La Lámpara de Diógenes, Vol. 2, Año 2, Número 3, Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. Disponible en: http://www.ldiogenes.buap.mx/revistas/3/a2la3ar5.htm
González, G. (2001) “Imagen corporal: cuerpo vivido, cuerpo escindido”, en Revista de Perinatología y Reproducción Humana, Vol. 15 No. 2, Instituto Nacional de Perinatología, México. Disponible en: http://www.inper.edu.mx/revista/pdf/Pr012-05.pdf
Valls Lloret, C. (2006) Mujeres Invisibles, DeBolsillo, Barcelona.
Wilkinson, S. y Kitzinger, C. (1996) Mujer y Salud. Una Perspectiva Feminista, Paidós, Barcelona.
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Oaxaca: asesinan a dos locutoras de radio comunitaria de Copala

Oaxaca, Oax., 8 abril 08 (CIMAC, Jessica Cecilia Martínez/corresponsal y Guadalupe Gómez Q.).- Teresa Bautista y Felicitas Martínez de 22 y 20 años de edad, respectivamente, locutoras y reporteras de la Radio Comunitaria La Voz que rompe el silencio, del Ayuntamiento Popular de San Juan Copala, fueron asesinadas ayer en una emboscada en el paraje Llano Juárez, en la carretera que conduce del paraje Joya del Mamey a Putla de Guerrero, cuando viajaban junto con otras personas en un automóvil particular rumbo a la capital del estado.

En el ataque resultaron lesionados Faustino Vásquez Martínez, oficial administrativo del Registro Civil con sede en Juxtlahuaca, y militante de la Unidad de Bienestar Social de la Región Triqui (Ubisort), al igual que su esposa Cristina Flores de 22 años de edad y sus hijos Agustín Gustavo y Jaciel Vásquez Flores de 3 y 2 años de edad, respectivamente, informaron autoridades judiciales de la entidad y la organización Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos (CACTUS).

Las dos mujeres partieron junto con las demás personas rumbo a la ciudad de Oaxaca aproximadamente a la una de la tarde, donde coordinarían la mesa Comunicación comunitaria y alternativa: Radios comunitarias, video, prensa, Internet, en el Encuentro Estatal por la Defensa de los Derechos de los Pueblos de Oaxaca, que inicia mañana miércoles en el Hotel del Magisterio de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

Las personas heridas por el tiroteo --ocurrido aproximadamente a 50 kilómetros de San Juan Copala, ubicado 350 kilómetros al poniente de la ciudad de Oaxaca-- presentan diversos impactos de proyectiles de arma de fuego, por lo que tuvieron que se trasladados al Hospital Amigo del Niño y de la Madre que se ubica en el municipio de Putla de Guerrero.

En entrevista telefónica, el Procurador de Justicia de la entidad informó que en el lugar de la emboscada fueron encontrados 20 casquillos percutidos de calibre 7.62, utilizados para rifles de asalto AK-47 o Cuerno de Chivo. Los hechos fueron consignados en la averiguación previa 105/2008.

CUMPLÍAN ENCARGO COMUNITARIO

La asociación civil CACTUS, con sede en Huajuapan de León, condenó los hechos y exigió a las autoridades estatales investigar y castigar a los responsables del crimen.

En un comunicado emitido hoy, las y los integrantes de CACTUS expresaron “nuestro dolor, nuestra rabia y el sentir de nuestro corazón”, por la muerte de Felicitas y Teresa.

Junto a ellas, recuerda CACTUS, “caminamos en la creación de su radio comunitaria Radio Triqui, La voz que rompe el silencio, la risa y el nerviosismo por ver que su voz le daba voz a los que siempre se les a negado, quienes hacían vivos los acuerdos de San Andrés, al ejercer un derecho a su autonomía de la forma más viva, en el ejercicio pleno de la libertad de expresión; en la practica el derecho de decir lo que pensaban como mujeres, como indígenas, como triquis era y será siempre enternecedor”.

La estación, proyecto del municipio autónomo de San Juan Copala, fue inaugurada por autoridades municipales el pasado 19 de enero e inició transmisiones en el 94.9 de frecuencia modulada, en el marco del encuentro de comunidades y organizaciones por el primer aniversario de la creación del municipio autónomo.

Fue creada para informar sobre la realidad que se vive en la región Triqui, para difundir lo que hace el municipio, cómo se vive aquí y en el estado, sobre la política federal e internacional, dijeron durante la apertura de la radio, porque la región ha estado muy incomunicada y no así se rompería el cerco que impide la comunicación con otras comunidades de Oaxaca y la República.

En ese sentido, las dos locutoras participarían, cumpliendo un cargo comunitario, el 9 y 10 del abril en el Encuentro estatal por la defensa de los derechos de los pueblos de Oaxaca, en el que La Voz que rompe el Silencio coordinaría la mesa de trabajo sobre Radios Comunitarias.

Los integrantes de CACTUS afirmaron que el ataque se viene a sumar a la inseguridad que existe en el estado y, a la represión ejercida por el estado contra las radios comunitarias que ejercen su derecho a la comunicación, estipulada en el Convenio 169 de la Organización Internacional del trabajo (OIT), y contra los municipios autónomos.

Se agrega, además, al clima de violencia que vive la zona Triqui durante los últimos años, ubicada en la parte más occidental de Oaxaca, en el distrito de Juxtlahuaca, Tlaxiaco y Putla, en la región de la Mixteca, donde existen grupos políticos como el Movimiento de Unificación de Lucha Triqui (MULT), Unidad de Bienestar Social de la Región Triqui (UBISOR) y el MULT Independiente.
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