*Informe: Periodistas están desapareciendo en México
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*SIP: 2008 registra trece periodistas muertos en la región
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*Guía para periodistas: Cómo sobrevivir en el 2009
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*Diseñan seguro para proteger a bloggers de cargos de difamación
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*Red internacional de seguridad para periodistas lanza sitio especializado
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Informe sobre Periodistas en México
Periódicos y Expresión |
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Trabajó en el Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en y fue coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Inmujeres-DF. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF. “Los jóvenes de ahora no saben hacer nada”; “ya nada más buscan en el Internet, cortan y pegan y ni siquiera leen”; “son así porque somos sobreprotectores”; “se nos quieren subir a las barbas”; “como sentimos culpa de que trabajamos (fuera de casa), les compramos lo que nos pidan”; “no hay que consentirlos porque se acostumbran”; “las niñas de ahora son más despiertas, están desatadas”; “ahora ellas son las que buscan a los niños”; “no quieren estudiar ni trabajar”; “quieren todo fácil: peladito y en la boca”.
¡Uf! Así se habla sobre la primera generación de niños, niñas, adolescentes y jóvenes de este siglo, las y los hijos de la generación “X”, de los chavos y chavas banda-fresas-punk-cholos-rastas; nietos y nietas de los hippies o de la juventud desenfrenada de la década de los 60, y bisnietos de los rebeldes sin causa de los años cincuenta. Ahora se les llama jóvenes ninis (que ni estudian ni trabajan), anoréxicas, juniors, obesos, suicidas, emos o dark.
Así está la juventud de ahora, o mejor dicho, así es como se ve a las y los jóvenes de ahora, como nos vieron; como vieron a nuestros padres y madres, y así hacia atrás. Parece que en toda la historia de la humanidad -más bien desde que se supo que esa población tenía características y derechos especiales- la infancia, la adolescencia y la juventud (I-A-J) han sido un problema, como si fueran los males necesarios por los que toda adulta/o debe pasar; aunque después “hayamos entrado en razón” y seamos “conscientes y responsables”. ¡Ajá!
Las mamás y los papás se desesperan: “ya no sé qué hacer”; “lo he intentado todo”; “a lo mejor si lo meto a un internado se compone”; “ya la llevé con el psicólogo y sigue igual”; “me está chantajeando”; “en mis tiempos no había tanto libertinaje”. Las profesoras/es las orientadoras/es y todo profesionista que trabaja con I-A-J se angustian y se quejan. Pero más que preocupación, hay un gran enojo hacia ellos/as. Así lo siento cuando sale el tema en conversaciones informales, en los talleres con perspectiva de género que he impartido y en las pláticas escolares a las que me toca acudir como “madre de familia”.
Por ejemplo, cuando hablo de los derechos de las y los niños hay constantes reclamos: “¿por qué se habla de derechos y no de obligaciones?”; “cuando uno quiere llamarles la atención se nos ponen al brinco y con eso de que ya tienen derechos, no les podemos hacer nada”. Si se habla de maltrato infantil, se justifica para poner límites o disciplina: “me puso la mano encima”; “le quería pegar a su mamá”, “esto me duele más que a ti”, “es por tu bien”.
Un padre de familia se justificó conmigo: “No es lo mismo pegarles que darles una golpiza, yo le pego cuando se lo merece” y recalcó que eso le ha funcionado. En un taller que impartí el año pasado a servidores públicas/os, un funcionario del área de justicia comentó que le agradecía a su padre que lo hubiera golpeado pues gracias a ello él se “compuso”.
Pareciera que las niñas, niños, adolescentes y jóvenes son los culpables y únicos responsables; las mujeres y hombres del futuro no tienen futuro. Son la Generación “Peladito y en la Boca” porque quieren todo fácil.
Sabemos que las etapas de la I-A-J, dividas por rangos de edades de acuerdo con la demografía, no se reducen a esas simples premisas, ni que todos ni todas las adultas las ven como una amenaza. Esos comentarios no hacen más que anular los esfuerzos y logros de muchos/as jóvenes científicas/os, deportistas, escritores/as, luchadores/as sociales o feministas (carajo, este creo que no tiene masculino) que tratan de cambiar este mundo.
Esas calificaciones, mejor dicho, descalificaciones, parten –entre otras causas- de prejuicios y estereotipos arraigados hasta la médula, y corresponden a una sociedad que privilegia la edad adulta como el estado “racional”, “maduro” y “consciente”, pero cuando nos llega la vejez otra vez volvemos a ser discriminados/as, regresamos a ser niñas y niños caprichudos/as.
No es una lucha de poder, como muchos/as pseudoespecialistas comentan, pues la lucha de poder se da entre iguales, y la I-A-J no son las iguales de adultas/os. Tienen otro tipo de derechos, viven diferentes realidades y visiones del mundo, pasan por diversas circunstancias sociales, culturales, económicas, laborales, raciales, etc. Tampoco se reduce a un problema de hormonas, ni a la salida del bigote o del vello púbico.
Muchas y muchos hemos cuestionado el fracaso de las políticas públicas para esa población. No es que no haya políticas claras, la política hacia ellos es la de crear adultos/as sumisos/as que no cuestionen, que no hablen ni sientan, ni transformen. No estoy hablando de profesoras/es comprometidos/as que forman y educan a grandes ciudadanos/as, sino de un sistema educativo anquilosado y contaminado; ni de padres ni madres, abuelos/as y otro tipo de adultas/os responsables que intervienen en la crianza de I-A-J (bueno de jóvenes no tanto), sino de una familia ahistórica y rígida, que se niega a desaparecer como el modelo ideal.
La familia y la educación, como instituciones socializadoras, están siendo rebasadas por escenarios más agresivos y violentos que afrontan y enfrenta la I-A-J de este nuevo siglo, como el famoso “bulling”, el desempleo o la falta de escuelas. Entonces, ¿por qué nos empeñamos en echarle sólo la culpa a la I-A-J? Sería mejor que en lugar de pelearnos con los y las niñas, adolescentes y jóvenes, nos peleáramos con esas instituciones que no nos han dejado muchas opciones para criar y convivir con ellos y ellas de formas menos conflictivas.
Escribo todo esto por tres razones: La primera por catarsis. Estoy pasando por la etapa de madre de un adolescente, hijo único de 13 años y me ha costado trabajo lidiar no con él, sino con mi sociedad, sus maestras/os y mis familiares que me piden “controlarlo” y “corregirlo”. Cuando cursaba el primer año de secundaria, la profesora de Español le hizo escribir: “Confieso que me he portado mal…” y la de Cívica y Etica de segundo año, los/as puso a cuidar un huevo para que se hagan más responsables.
La segunda es porque busco que las feministas jóvenes no se sientan desilusionadas de las “feministas viejas” y continúen con la lucha, independientemente del camino o los caminos que escojan, pues así como veo las cosas, va para largo. A lo mejor encuentran nuevas formas de relacionarse con las chavas que les seguirán.
La última es porque pretendo que se dejen de repetir frases condenatorias y culposas que no hacen más que aumentar el distanciamiento entre generaciones. Seguro y habrán varias técnicas educativas, pero por ahora se me ocurre algo así como repetir día a día: Sólo por hoy no diré que los jóvenes de ahora no saben hacer nada… Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Trabajó en el Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en y fue coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Inmujeres-DF. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF. Así me lo pidió Rosa María, quien fue por más de 20 años administradora de la desaparecida Revista Fem. Y es que decía que con tantas noticias malas (en México y en el mundo), y con tanta gripe e infecciones en las vías respiratorias, el ambiente es muy propicio para la depresión. De hecho la depresión, leí en mi periódico de cabecera, es la enfermedad del siglo XXI. Y si no, al menos es la palabra más sonada en lo que va del siglo.
Depresión en los niños, niñas, jóvenes, hombres, adultos y adultas mayores (ancianos, viejos, pues), en los mercados (financieros) y sobre todo en las mujeres. Depresión aunada a la tristeza, la melancolía, el miedo, la vergüenza y la impotencia; producto del desempleo, la pobreza o la violencia, generados por las políticas económicas y la cultura. Bueno… pero ¿no que esta columna tendría que levantar el ánimo?
Es una tarea difícil. Creo que el más contento y “optimista” es el que detenta el poder ejecutivo federal en México, Felipe Calderón, quien dice que será el año de la recuperación. No sé y esto incluya a las mujeres quienes son de las más afectadas por sus políticas y por la violencia generalizada en todo el país.
Calderón también nos dijo que vivamos con alegría este año cuando se conmemoran cien del inicio de la llamada “Revolución mexicana” y doscientos de la “Independencia de México”, al que se le ha “incorporado” la supuesta “perspectiva de género” al hablar de la participación de las mujeres en esos acontecimientos. Hasta ahí.
Otros de los optimistas son algunos medios de comunicación con sus programas que hablan de echarle ganas, echarse porras, sacudirse las malas vibras, levantarse con ánimo, ver el vaso medio lleno y no medio vacío, etc. Nos dan recetas para ello: poner el borreguito atrás de la puerta, ponerse el calzón rojo, barrer, o comprarse los amuletos de plástico, vidrio, metal o de diferentes cristales petrificados.
Nos dicen cómo hacer los propósitos para el año, entre los principales: bajar de peso y conseguir novio o marido. Como si no tuviéramos otras metas en la vida. Tal vez podrían ser que este año se resuelva el conflicto en Chiapas, tema desplazado y olvidado por otros como la violencia y la “guerra contra el narcotráfico”; o que se estableciera un programa efectivo para detener los feminicidios en el país. Por cierto, palabra que no gustaba mucho a los gobiernos, pero que ante la evidencia, tuvieron que aceptarla al menos en el discurso.
Por otro lado dan ideas para que las mujeres se organicen mejor, les alcance el tiempo y poder cumplir sin contratiempos todas, absolutamente todas sus tareas (quehacer de la casa, crianza de las y los hijos y los maridos, cumplir en la oficina o el trabajo). Dice una locutora radial en el momento en que estoy haciendo esta columna: así les queda tiempo para ver televisión, escuchar música o tejer.
Quizá desde otro grupo de mujeres que son además luchadoras sociales, el mensaje podría ser que con el tiempo que les sobre pueden hacer manifestaciones por las reformas aprobadas que penalizan el aborto en 18 estados del país; montar una huelga de hambre por el cierre de la compañía de Luz y Fuerza del Centro; hacer marchas por pedir que se castigue a las y los verdaderos culpables del incendio de la guardería del IMSS en Sonora, al norte del país, o que se esclarezcan los crímenes de luchadoras sociales en Chihuahua, también al norte.
Para las mujeres campesinas, las que viven en la calle, las indígenas, las que optan por vivir su sexualidad de modos distintos a las heterosexuales, o las adolescentes, las situaciones son otras; la lista es interminable. Pero estas realidades no son tomadas en cuenta por muchos medios de difusión, que engloban a todas las mujeres como si fueran de clase media, amas de casa, madres y trabajadoras de medio tiempo. Así nada más.
Las que no entren en ese patrón son consideradas como otros grupos de población; pero además, a todas: las políticas, las activistas, las amas de casa, las deportistas, las científicas, las burócratas y hasta las feministas, nos piden hacer más, además de lo que tenemos que hacer por el sólo hecho de ser mujer. Podemos andar en la calle repartiendo volantes o ir de compras a los centros comerciales siempre y cuando dejemos la casa limpia (ya sea por nosotras mismas o a través de una trabajadora asalariada) y lleguemos a tiempo para estar con las y los hijos (si es que los tienen). No es una cosa por otra, es todo. Y luego por qué dicen que somos las más afectadas por la depresión.
De igual forma, las “amas de casa” hacen uso cada vez más de los blogs (La Jornada, 20 de octubre, 2009), pero para hablar de la vida familiar, por lo que las grandes empresas ya van tras ellas. Esto es un indicador de cómo la sociedad quiere a mujeres “tradicionales” (sin tomar en cuenta la gran diversidad de expresiones) en un nuevo siglo “moderno”. Y en esto, la derecha va avanzando.
Entonces ¿cómo hablar de optimismo? Hablar de la situación de las mujeres (y de problemas en particular) no es para sumirnos en la depresión, sino para sentir coraje. El coraje mueve. La amargura paraliza. Coraje, no furia que mata. Justicia, no venganza. Las frases: ¡Ya basta! ¡Ni una más! ¡Nunca más! no han sido suficientes; ni las campañas, ni las protestas.
No puedo pedir que las mujeres hagan más de lo que ya hacen, pues sería caer en lo mismo que nos dicen todos. Las activistas feministas hacen mucho, pero a veces el costo es muy grande y de tanto que se abarca es poco lo que se aprieta. No tengo la fórmula para dar ánimos. Lo que tengo es agradecimiento a muchas mujeres (también a hombres, faltaba más) por lo que han hecho por otras mujeres; memoria para recordar a las que se fueron el año pasado y tiempos atrás; ánimos para seguir, y gozo por los brindis y triunfos que vendrán.  Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Trabajó en el Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en y fue coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Inmujeres-DF. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF. ¡Jijos! Creo que me vi muy dramática con el título de esta columna rojiza, pero es que no encuentro otras palabras para describir ese acontecimiento biológico-hormonal que es vivido por muchas, muchas mujeres como algo feo, sucio, molesto y desagradable. Desde las amas de casa de las colonias populares o campesinas en comunidades rurales, hasta las más billetudas o profesionistas, o desde las jóvenes punk o fresas, hasta en las maduras, hay historias de dolor o vergüenza en torno de la llamada “regla”.
No quiere decir que todas vivamos esa experiencia de la misma forma. De las mujeres indígenas, de otras regiones del país o de otros países poco puedo hablar. No sé cómo vivan ese ciclo, pero aquí en la ciudad de México, muchas historias coinciden.
Después de escuchar algunos comentarios en una plática informal, pensé que algunas creencias o mitos ya estaban rebasados y que ya no era como “antes”; que ahora ya se podía hablar más libremente de ese tema resbaladizo y viscoso, pero parece que la construcción cultural y social que se ha hecho en torno del sangrado, como un elemento más del género y del sexo, sigue pesando en muchas, muchas mujeres.
Bueno, para confirmar mi teoría acudí con una experta en esos menesteres: la dependienta de una farmacia al interior del mercado al que acudo casi a diario. Yo le comentaba que hace algunos años, en las décadas de mi juventud, los años ochenta y noventa, cuando compraba en la farmacia las toallas, las envolvían en periódico, o las ponían en una bolsa negra o en esas bolsas de papel que no se ve nada, pues daba mucha pena que nos vieran con el paquete en la calle.
La experta comentó que sigue siendo lo mismo, pues hay muchas jóvenes que van a comprar y se esperan a que se vaya toda la gente y si está su marido en el negocio no piden nada. ¿Lo mismo que el condón? Pregunté. “No, no tanto, pues los hombres los compran”, me dijo. Bueno, ni pensar mandar a un chavo, al hermano, al hijo, al marido o al papá a comprar unas Kotex.
Hace un par de años me sorprendí cuando en un comercial televisivo, una pareja heterosexual de jóvenes se iba de excursión, y como a la chava no le cabían más cosas en su mochila le aventó el paquete de toallas a su novio y le dijo que se las guardara. El chavo, rió sorprendido. Me agradó ese promocional pero nunca lo he vuelto a ver o al menos uno parecido.
De los comentarios que se dieron en esa plática informal que les comento, algunos fueron negativos y otros positivos. Se mezclaron varios temas como la menopausia, la reproducción, la sexualidad, las y los hijos y los famosos bochornos. Una expresó que al menstruar se “sentía mujer”; aspecto que se relaciona por ejemplo con la matriz, pues cuando se extirpa por cuestiones de salud, muchas mujeres piensan que están incompletas; o cuando llega la menopausia, casi, casi es cuando una deja de “funcionar” como mujer.
Otra expresó la forma en que su madre la “introdujo” (comillas y palabra mías) en esa etapa de la vida: “ya te llegó esa cochinada”, y otra comentó que disfrutaba más la sexualidad (sin el temor de quedar embarazada). Una más expresó que la experiencia personal sobre algún acontecimiento, en este caso la menstruación, lo asociamos con el momento en el que nos encontramos y se valora en términos del presente.
¡Con razón! Y aunque ya no pude hablar en aquella plática, por supuesto que pensé cómo había sido “mi iniciación”. Fue como a los doce años. No sé por qué muchas mujeres tienen presente la edad, yo no supe y mi mamá ni se acuerda. Ella fue la primera en saberlo. Me dijo que no me asustara, que era normal. Claro que nunca me había hablado de ello. A ella tampoco nadie le dijo algo, ni lo habló con alguien. Ella me contó que cuando eso pasaba, las mujeres se iban al río solas, y ahí se tenían que lavar pues se sentían sucias. Por la forma en que lo comentó supuse que no se refería a una suciedad común y corriente.
Aquella primera vez sólo me dio unos trapos de ropa vieja y me indicó cómo ponérmelos, pero entendí mal. Primero me puse las pantaletas y luego los retazos. La vergüenza para mí no era la sangre, sino ¡los trapos! ¿Por qué no podía comprarme unas Kotex como mis amigas? Cada mes teníamos que lavarlos y dejarlos varios días en cloro y luego lavarlos para quitar todas las manchas.
Fue hasta muchos años después cuando empecé a usar Kotex y luego Evax. ¡Qué agradables eran! Ponerse y tirar. Pero luego se me movían y me manchaba el calzón y me tenía que poner un suéter en la cintura. Los avances en esa materia llegaron mucho después. Las marcas se diversificaron, los tamaños, las texturas, el grosor, las “alas”, extralargas, nocturnas, extradelgadas, con adhesivo, con gel o con olor a manzanilla. Ya pasados otros años, encontré las ideales para mí: nocturnas –que las usaba de día-, extralargas y con alas.
Eso de los trapos había quedado en el pasado y los recordé mucho tiempo después cuando entrevisté a principios de los años 90 a Milagros Hernández, en ese entonces directora de Radio Habana, en Cuba, sobre la situación que vivían las mujeres cubanas por el bloqueo comercial de Estados Unidos, y cuyos efectos llegaban hasta ahí, en la intimidad. Me sentí apenada por el privilegio de usar toallas femeninas.
Me molestaba mucho que la ropa “interior” se me manchara y llegué a pensar que ese era el motivo por el cual las mujeres no podíamos bailar, bañarnos, brincar, correr o montar a caballo (como si todas viviéramos en La Marquesa –un parque recreativo en la periferia del Distrito Federal-) cuando estuviéramos sangrando. Como no había toalla que pudiera mantenerse en su lugar, lo mejor era que nosotras nos quedáramos quietecitas. Afortunadamente nunca puede hacerlo.
Otra cosa que me ha “marcado” en todos estos años es que ¡soy irregular! Sí. Soy de las del grupo que nunca sabían cuando nos iba a bajar. Cómo envidiaba a mis amigas que me decían que a ellas les bajaba el 27 o el 30 del mes y les duraba exactito tres días. Yo no era “regular” y por eso me sentía una mujer “anormal”. Se me adelantaba, se me atrasaba, me duraba cinco, siete o diez días. A veces el flujo era abundante, otras no.
Entonces empecé a acudir al/la médico/a, pidiendo que “me arreglaran”. La única solución eran los anticonceptivos, aún sin tener relaciones sexuales. Pero como siempre se me olvidaba tomar la dichosa pastilla pues nunca “me compuse”. Después de otros años más entendí que todas las mujeres somos regulares, pues reglamos por periodos. Siempre nos baja, ¿o no? Bueno, cuando hay algún acontecimiento diferente o un embarazo.
¿Por qué se empeñan en decir que somos irregulares? Puros mitotes, pues. Hasta por eso me sentí “anormal”. También están las que en cada menstruación sienten fuertes dolores y de nueva cuenta me sentía rara por no sentir los “cólicos”. De ahí nos dicen que cuando estamos en nuestro periodo mejor que ni nos toquen pues tenemos un genio terrible. O sea, somos, como el título del libro de la investigadora Oliva López Sánchez, Enfermas, mentirosas y temperamentales (en el cual critica la concepción médica del cuerpo femenino en la segunda mitad del siglo XIX en México).
Bueno, pues todo eso recordé en la plática aquella en la que no hablé. Ya cuando estábamos terminando, conté los años de aprendizaje con ese acontecimiento: 34. Por cierto, en tantos años de experiencia nunca había escuchado la frase aquella de que cada mes nos visita Andrés o el licenciado Rojas. Nuevamente, a ocultar la realidad, pero ahora de otra manera.
Recordando a aquella persona quien comentó que cada una habla de acuerdo con el momento en que está viviendo, tuvo razón. Yo hubiera contado todo en pasado pues mi menstruación está de retirada. En este año he reglado unas cuatro veces. No sé ni cuándo viene, ni cuándo se va. Sé que así es esta etapa, hasta que por fin, la regla no se vuelve a “presentar”.
Estas han sido mis vivencias en torno de ella, algunas veces incómodas, otras como si nada. Me hubiera gustado un aprendizaje más rápido; aunque ahora espero que en esta etapa de mi vida así sea, para poder disfrutarla y gozarla más. No tengo hijas, pero muchas sobrinas e hijas de mis amigas de las que espero se puedan relacionar de otra forma con su cuerpo. Al menos mi hijo de 13 años le resulta “normal” ver el sangrado y lo mando a comprar mis toallas sin problema alguno. Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
La reunión feminista del 28 de febrero pasado, a la que acudieron unas 200 mujeres de todo el país, tuvo diferentes acuerdos, el principal de todos: convocar a un encuentro nacional feminista para hablar largo y tendido sobre el movimiento, identificar retos y encontrar estrategias de articulación. Pero también para reencontrarnos las que hemos andando en el movimiento desde hace tiempo, para conocernos las nuevas generaciones de mujeres que se asumen feministas y sus formas de lucha, y para reflexionar lo que ha pasado en el país en estos últimos ya casi 40 años, desde la mirada feminista.
Si bien en los años pasados y recientes se han organizado varios tipos de foros, mesas redondas y encuentros sobre temas y problemáticas diversas que viven y afectan a las mujeres, convocados por organizaciones feministas, partidos políticos, centros académicos y de otro tipo, incluso por los gobiernos federales, estatales y del Distrito Federal, que bien que mal manejan el discurso de la perspectiva de género, no se han hecho encuentros feministas convocados por feministas, más allá de su ámbito profesional o laboral.
Al revisar el Centro de Documentación virtual “Adelina Zendejas”, de Comunicación e Información de la Mujer, A.C. (CIMAC), en el que hay un apartado de encuentros feministas en México, aparece el Primer Congreso Feminista de Yucatán (1916); el Primer Encuentro Nacional de Mujeres (1975); el VI Encuentro Nacional Feminista (Chapingo, México, 1989); el VII Encuentro Nacional Feminista de México (Acapulco, Guerrero, 1992); el III Congreso Feminista de Yucatán (D.F., 1994), y el Congreso Feminista por el Cambio Social México (D.F., 1996). De la historia feminista en los estados de la República poco se sabe.
Ahora, con el pasado XI Encuentro Feminista latinoamericano y del Caribe, la llama se reavivó y varias feministas nos propusimos el reto de organizar un Encuentro, el cual tiene sus particularidades, pues los escenarios son distintos, las mujeres también, los problemas más, los avances igual, los retos complejos y un movimiento esparcido por todos lados, pese a todo, con diferentes visiones de lo que es el feminismo. La tarea no ha sido fácil.
Empezó en marzo. Éramos muchas. Unas van y vienen, otras no se han aparecido, algunas ya no pudieron continuar, otras se sumaron en el camino. Se fijaron tareas; se armaron, desarmaron y nuevamente armaron comisiones; se han hecho reuniones periódicas y no tan periódicas; se ha reunido y trabajado cada comisión, algunas mucho, otras poco; borradores y versiones de documentos y hasta un blog del Encuentro. Las mujeres de los estados como pueden vienen y como pueden trabajan con las del D.F. Pese a todo, continuamos.
De ahí han surgido fechas para el encuentro, su nombre, la sede, los objetivos, la metodología, quiénes, cuántas y de qué forma participarían, si a nivel organización o de manera individual; cuáles serán las acciones antes, durante y después del encuentro; y la forma para obtener recursos, pagar servicios, la logística, hospedaje, transporte, alimentos, entre otras tareas. Esto es en cuanto a la organización.
Sobre el análisis que se ha hecho incluye qué es el feminismo, quiénes pueden ser feministas, qué pasa con los hombres y las personas homosexuales, transgénero, travestis y demás. Qué de la violencia, la militarización, el medio ambiente, la discriminación, los feminicidos, el aborto, el avance de la derecha, los derechos humanos, o cuál es la relación del feminismo con otros movimientos. También ha estado presente la discusión sobre las viejas y nuevas generaciones de feministas, las que se asumen, las que no.
No se puede hablar de un solo balance, sino de muchos, desde diversas posiciones, con diversos intereses. Los más frecuentes son los que indican que el movimiento feminista reacciona frente a puras coyunturas y que está desarticulado; que el movimiento se institucionalizó; es decir, que muchas feministas se fueron al gobierno, a organismos nacionales o internacionales, a los partidos políticos o formaron una organización no gubernamental con financiamiento. También que el movimiento sigue centralizado en el D.F.
Por otro lado, se habla de las acciones que se han emprendido en varios estados y en el DF, de las formas de organización; de las redes, alianzas y coaliciones; de las iniciativas que han dado resultado, de las presiones para apoyar una causa específica; de la resistencia, la terquedad y el compromiso de muchas mujeres, incluso de las que siguen sin asumirse feministas y que han dado una gran batalla para pugnar por el respeto de las mujeres. Pese a todo, continuamos.
Los meses pasan y algunas se desesperan: “no avanzamos”, “no somos capaces de llegar a acuerdos”, “no hay compromiso”, “eso ya lo discutimos”, “regresamos al punto una y otra vez”. Parece que caminamos y otras veces que nos detenemos. Pero aún así, el 31 de octubre se llevó a cabo la primera reunión nacional preparatoria del Encuentro, en Chihuahua efectuarán este mes su Encuentro Estatal Feminista; en el centro del país se prepara uno regional, y también se habla de hacer uno a nivel Distrito Federal.
La organización del encuentro nacional está provocando la organización de muchos encuentros y la reflexión de muchas mujeres y la movilización del movimiento, de muchos movimientos. No es que apenas lo hagamos, pues muchas organizaciones de mujeres y feministas han hecho una gran labor, con dinero o sin recursos; en los partidos y en las instituciones siguen dando batalla. A propósito, el Centro de Apoyo a la Mujer “Margarita Magón” del D.F. que brinda asesoría jurídica y psicológica, tiene talleres y capacita a mujeres jóvenes, informó de su 23 Aniversario.
Bueno, pues regresando, el reto principal está en el movimiento y los movimientos. Si somos resistencia, caminamos a contracorriente, entonces qué esperábamos, ¿que todo saliera al instante y que no tuviéramos problemas?
Hay pocas feministas de la vieja guardia que por varios motivos no pueden estar, tienen muchos compromisos y trabajo o viajan constantemente o tal vez porque ya se cansaron o porque están en otro nivel. Es duro regresar a los inicios, convencer a las no convencidas, juntarse a discutir lo mismo. Algunas están peleadas, hay posiciones irreconciliables o asumieron estrategias diferentes, otras están más unidas que nunca. A lo mejor piensan que van a volantear, hacer llamadas o integrarse a una comisión y que esas tareas las deben hacer otras. No, las necesitamos para dar a conocer su experiencia, su trayectoria; a pasar la estafeta, pues. Ya lo han hecho, dirán, o para que no se piense que siempre son las mismas. Puede ser, pero si ya escribieron tanto y son parte de las páginas del feminismo en México, ¿por qué no seguirle?
Hay otras que han estado presentes en todo el proceso como Leonor Aída Concha, de Mujeres para el Diálogo; hasta hace poco tiempo, Pilar Alberti; Delia Selene de Dios Vallejo y Estela Suárez han sido constantes. Hay muchas más que no menciono sus nombres para evitar graves olvidos; estamos las de en medio, las que iniciamos en los ochentas y los noventas, y otras jóvenes con gran entusiasmo, con diferentes formas de trabajar, de mirar y vivir el feminismo. Bueno, también están algunas desanimadas y otras que van a ver qué pasa.
Ellas están en la organización del encuentro, una tarea nada fácil, que pese a todo, la continuamos. Y ya para cuestiones más terrenales, necesitamos gente que se sume a las comisiones de trabajo.
ENCUENTRO FEMINISTA NACIONAL MEXICANO Blog: http://efemx.blogspot.com/ Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
Hacer periodismo desde el feminismo es difundir ese pensamiento por todos los medios y contra todos los medios. La información que produce –con abundancia y de gran calidad-- no es “colocada” tan fácilmente en algún medio masivo de comunicación, por lo que ha tenido que abrir sus propios espacios. Antes, mediante fanzines o revistas elaboradas casi artesanalmente; ahora, por internet u otra tecnología. Aún así, este periodismo dentro de las grandes corporaciones es considerado “de segunda”.
Hacer feminismo desde el periodismo es asumir una postura crítica, es transformar los espacios para dar cabida a la información de las mujeres, no sólo para las mujeres, sino para la sociedad en su conjunto. Es modificar la forma de “producir” una noticia cargada de prejuicios en perjuicio de las mujeres; es contribuir a la erradicación de la violencia y su discriminación, pues. Y aún así, el feminismo, dentro de otras “fuentes” de información, es considerado “de segunda”.
Pese a ello, existen diversos medios y periodistas, tanto de un lado como del otro, que han hecho una gran labor. Han abierto espacios en radio, televisión, prensa, en agencias, en portales; están en espacios de decisión; se han profesionalizado; han ganado diversos premios de periodismo y se les ha reconocido su trayectoria.
Desde ahí promueven el ejercicio de un periodismo no sexista con los dueños de los medios, con columnistas, articulistas, reporteros, editores y con todo el ejército de profesionistas que se requiere para “producir” una nota. Desde ahí también han vivido represión y hostigamiento. Pero de igual forma, han buscado redes sociales de apoyo.
Un caso –quizá el único en su tipo- es la Red Nacional de Periodistas (RNP), promovida por Comunicación e Información de la Mujer, A.C. (CIMAC), creada hace 14 años y que a la fecha agrupa a más de mil periodistas, aunque el enlace no es permanente con todas y todos.
Esta red horizontal, sin estructura fija, flexible, dinámica, autónoma y discontinua ha servido como modelo para crear otras redes como la Red de Periodistas de México, Centroamérica y el Caribe; Red Trinacional de Periodistas México, Estados Unidos y Canadá; Red Latinoamericana de Periodistas, y la Red Internacional de Periodistas con Visión de Género (RIPVG).
Con motivo del III Encuentro de la RIPVG que se llevará a cabo en noviembre próximo en Colombia y para definir una postura ante éste, CIMAC convocó a finales de septiembre a un Encuentro Nacional de la RNP en la ciudad de México, en la que estuvieron unas 30 periodistas de más de 10 estados de la República.
Pero además de ese punto surgieron otros relativos a la Red. Se habló de los espacios que han abierto; de las formas de organización a nivel municipal y estatal; de la creación de asociaciones de comunicadoras; de las tareas que han tenido más allá del ejercicio periodístico; de iniciativas para sensibilizar a los medios locales; de las campañas en contra de la violencia; de capacitación a colegas, y de apoyo a comunicadoras víctimas de censura, represión o despido injustificado.
También se habló de la carga laboral; de hacer un trabajo en solitario sin encontrar respuesta; de ser estigmatizada; de romper enlaces con otras integrantes de la Red, de que falta un medio para estar mejor comunicadas y de recursos financieros, entre otras cosas más.
Como toda red que al tejerse se llega a hacer nudos, salieron a relucir otros temas que, al igual que los anteriores, llevan un buen rato discutiéndose: el feminismo, el lenguaje y la participación de hombres en una Red de este tipo. Aunque existen al menos acuerdos mínimos sobre los mismos, los temas vuelven a salir, no sólo por las nuevas integrantes, sino también por las que llevan un buen rato enredadas.
Del feminismo surgió de nuevo el estigma: “no se trata de luchar contra el hombre, sino que nos miren como iguales”. Una periodista le preguntó a otra quien comentó que su trabajo era considerado feminista y ella lo negaba: “Oye, ¿Y ahora ya te sientes feminista? La respuesta fue “No”.
Del lenguaje: nuevamente los “las” y “los”. Si se hablaba en femenino algunas comentaron que era discriminatorio. “No podemos hacer lo mismo que los hombres”. De la participación de hombres; aunque la red los incluye, algunas consideraron que se siguen excluyendo. Algunas ya están cansadas del mismo debate: “Hay que avanzar”, “esos temas ya están superados”. Otras como yo –bueno, creo que fui la única—insistí en que no deberíamos tener miedo a regresar a ellos, pues se trata de una Red en constante movimiento.
Para mí, el debate anterior indica que sigue habiendo desconfianza hacia “una feminista”. Esto no es privativo del periodismo, sino en todos los ámbitos en que nos desarrollamos: en la ciencia, en la academia, en el trabajo remunerado, en la política y hasta en la casa. Pese a ello, seguimos avanzando enredadas, a veces hechas nudo, a veces tejiendo sueños, a veces entrelazando esfuerzos, a veces creando cambios.
En la actividad de dos días, una especie de taller, trabajo en grupos, dinámicas de relajación y con el infaltable café, se rindió un homenaje a Teresita de Barbieri (http://www.cimacnoticias.com/site/09092508-La-Red-Nacional-de.39457.0.html), académica, activista y periodista feminista de gran trayectoria. Fue un homenaje sencillo pero emotivo en el cual todas pudimos decir algunas palabras de agradecimiento por sus enseñanzas. En cuanto a la postura ante el III Encuentro de la RIPVG, ya se hablará después.
¡Larga vida a la Red! Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF. El 28 de septiembre se instituyó como el Día de lucha por la legalización y despenalización del aborto en América Latina, como acuerdo del V Encuentro Feminista de la región, celebrado en Argentina en 1990. Con variaciones en su nombre, que repercute también en su propósito, esta fecha retoma ejes centrales del feminismo: por una maternidad libre y voluntaria, por el derecho a decidir y por el ejercicio, defensa y respeto de los derechos sexuales y los reproductivos.
Legalizar y despenalizar no es lo mismo. Legalizar es dejar de ver al aborto como un delito y por lo tanto se debe quitar de los códigos penales, pues se trataría de un asunto de salud pública. Aquí habría dos disyuntivas. Por un lado, si se legaliza el aborto ¿de qué forma se sancionaría a una persona que hiciera abortar a una mujer en contra de su voluntad? Sólo elevando a rango constitucional el derecho a decidir sobre nuestro cuerpo se garantizaría que nadie lo atentara. Las principales afectadas serían las mujeres que no desean abortar.
Por otro lado, si sólo se despenaliza, el aborto sería siempre considerado un delito y sólo se buscaría ampliar las atenuantes, como ha sucedido en la mayoría de los países. De ahí que los debates sean sobre a partir de cuántas semanas se puede permitir un aborto o por cuáles causas. Aquí, las principales afectadas serían las mujeres que desean abortar.
En México se ha avanzado en la despenalización en el Distrito Federal y se ha retrocedido en la mayoría de los estados de la República. Lo mismo está pasando con otros países de la región. Además, en contraposición al 28 de septiembre, se impulsó hace algunos años el Día del No Nacido en otros países latinoamericanos. Desconozco cuál ha sido su efecto y si sigue vigente.
En nuestro país, parte del movimiento feminista han manejado los retrocesos como una revancha por lo que pasó en el Distrito Federal. Pero es una afirmación muy peligrosa que puede poner en riesgo otras iniciativas y desmovilizarnos. Esa conjetura también se puede distorsionar en una especie de echarle la “culpa” a las feministas defeñas (dentro y fuera del gobierno y la legislatura local) por tan osada demanda, sin preocuparse que pasaría en los demás estados, en donde al parecer la conservadurismo está más fuerte.
En este mes llevamos 15, más de la mitad. El avance es vertiginoso. Las medidas se están aprobando sin ninguna, ninguna oposición. Las protestas son únicamente de mujeres. Ningún otro sector de la sociedad ha protestado enérgicamente. Esta situación avanza como una maniobra pensada y orquestada desde los círculos más altos del poder. Bueno, de hecho ese es el argumento que se maneja siempre en cismas políticos y partidistas o en medidas económicas que afectan negativamente a la mayoría de la población; entonces ¿por qué no habría de ser la misma situación en caso del aborto?
Debemos reconocer como movimiento que nuestra fuerza es mínima ante el embate y que requerimos de alianzas estratégicas que pueda contrarrestar esta andanada, aunque nos lleven delantera en más de la mitad.
El 28 de septiembre ha sido retomado por las políticas públicas como un día conmemorativo, pero se le ha quitado beligerancia y su sentido transgresor. Hay acciones que se han convocado desde el gobierno como foros, mesas redondas y hasta marchas.
En este mes también se conmemora el 8 de septiembre como Día Internacional por la Ciudadanía de las Mujeres, asumido en el marco de la Conferencia Mundial de la Mujer en Beijing. Esta fecha es poco conocida, sobre todo porque aún la ciudadanía de las mujeres –pese a los esfuerzos del feminismo-- es vista como un accesorio y no como la base para el reconocimiento de nuestros derechos.
En el 2007, el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal convocó a una caravana que partió del Ángel de la independencia al Hemiciclo a Juárez para conmemorar el 8 y 28 de septiembre y de paso el Ciclotón de la Ciudad de México (paseo ciclista que instituyó el Gobierno del DF). Nos pidieron propuestas de consignas y de eslogan. En una reunión de trabajo, entre comentarios, la coordinadora de difusión armó una: “El ejercicio de mi ciudadanía comienza por el derecho a decidir”.
A final de cuentas tomaron otras frases como la de “Ejercer, demandar y conocer mis derechos es hacer ciudadanía”; pero las compañeras de la Unidad de la delegación Iztacalco retomaron la primera consigna y con ella marchamos.

En este 28 de septiembre debemos recuperar su sentido original. Ir más allá. Cambiar la estrategia y defender –no atacar-- lo ganado en el Distrito Federal, asumirlo como bandera de lucha. Es tiempo de dar otro grito –más de los que ya hemos dado- pero que se pueda escuchar más fuerte, allende las fronteras del feminismo; además de fortalecer el vínculo entre ciudadanía y el derecho a decidir.
El tiempo de parir hijos para la patria debe terminar. Es la hora de parir una patria mejor para nuestras hijas e hijos y para nosotras. ¡Vivan los vientres libres! Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF. El periodismo feminista poco se ocupa de los deportes y menos en el nivel profesional, un ámbito dominado por los hombres. Deportistas, entrenadores, comentaristas y periodistas son los que figuran en las páginas de su historia. Los campeonatos y las disciplinas para “varones” son los que más llaman la atención y dejan más dinero. Hace apenas unas semanas, el padre de las hermanas Williams, tenistas profesionales estadunidenses, comentó que una de sus hijas había jugado “como hombre”, frase que engloba la misoginia y sexismo del deporte profesional y amateur mundial.
De igual forma, las deportistas ven al feminismo como algo lejano a sus vidas. Para ellas, la “meritocracia” es el origen de sus triunfos cuando los tienen. Su trayectoria está marcada por el doble esfuerzo, tienen que afrontar primero a la familia, después a las autoridades, luego a sus compañeras y compañeros, y por último a los o las jueces o al tiempo (no sé por qué pero esta situación me suena en otros medios en los que se desarrollan las mujeres). Hay intentos de mujeres que denuncian, exigen y piden más equidad e igualdad de oportunidades, como la ex boxeadora Laura Serrano, pero el resto prefiere “no hacer olas” para evitar que las marginen.
Poco se ha hablado de hostigamiento sexual, discriminación y violencia, situación que empeora para mujeres indígenas o con limitaciones físicas. Tampoco se conoce la situación de entrenadoras, médicas o equipos que están atrás de las caras conocidas. Hay cambios, no se pueden negar. En la maratón internacional de la ciudad de México, el premio es el mismo para mujeres y hombres o ya hay reconocimientos por parte de instituciones o programas de género para deportistas con gran trayectoria. Este 6 de agosto, apenas al cierre de esta columna, la Cámara de Diputados aprobó un dictamen para tipificar el acoso sexual de entrenadores, preparadores, árbitros, directivos o representantes contra deportistas; aunque su votación se hará en la siguiente legislatura. La Comisión de Juventud y Deporte de la Cámara citó un estudio de la Asociación Deporte, Mujer y Salud que indica que de 150 atletas consultados, 71 por ciento fue víctima o conoció a alguien que sufrió acoso sexual (La Jornada, 7-ago-09).
Pese a ello, cientos de mujeres carecen de oportunidades para sobresalir, y a veces lo que queda es retirarse o dedicarse a otra cosa en el apogeo de su carrera, como las mexicanas Tatiana Guzmán o Ana Gabriela Guevara. Y eso que ellas eran de las famosas.
De igual manera pasa con las mujeres que incursionan en deportes con predominio masculino como el automovilismo, los toros –que se puede o no considerar deporte— o el boxeo, en donde son vistas como novedad o rareza, y después son olvidadas. “Una golondrina no hace verano”, para fortuna de los hombres. En otros deportes en los que no hay predomino total por algún sexo, los triunfos de las mujeres son opacados por los de los hombres. Caso específico el de Paola Espinosa, quien el 18 de julio ganó la medalla de oro en la plataforma de 10 metros en el Mundial de Natación que se llevó a cabo en Roma, Italia.
¡Le ganó a las chinas! Sí, a las reinas, a las mejores. ¡Un gran acontecimiento para México!, tan dañado por tanta crisis, malas decisiones de sus gobernantes y la ola de violencia a causa del narcotráfico. Pero, cuando voy viendo la edición del 19 de julio del periódico que leo diariamente, o sea, La Jornada, sólo apareció una pequeña foto al lado de la nota de ocho columnas. Bueno, pensé, la situación no está para darle preferencia a una deportista, por muy grande que haya sido su logro. Pero el 20 de julio, cuando empiezo a leer la primera plana, ¡Sorpresa! La foto principal, más grande que la de Paola, era de la Selección Mexicana de futbol: “el Tri, en semifinales”. Ni siquiera era una final. En la edición del 27 de julio, ¡más sorpresas! La nota de ocho columnas se la llevó la selección que ganó 5-0 a Estados Unidos y con ello una Copa de Oro.
Bueno, pensé, no es un periódico de deportes. Entonces consulté el Esto para ver de qué forma habló sobre el triunfo de Paola, y ¿qué es esto, dije? Una foto pequeña en primera plana, contra una que abarcó casi todo el periódico sobre futbol. En El Universal lo mismo. La nota de Paola fue en primera plana, pero la del triunfo de la Selección fue más grande. En Milenio, igual. Con razón, el futbol profesional mexicano, pese a la corrupción existente, los malos resultados, la comercialización al extremo de tener las camisetas, shorts y calcetas llenas de marcas, y la exaltación del patrioterismo, está por encima de todo deporte.
Pensé que en televisión pasarían una y otra vez la noticia de Paola, al menos en sus programas deportivos, como lo hacen cuando hay futbol, pero casi nada. Las entrevistas y comentarios de cajón. Creo que la información fue más prolífera en el caso del también clavadista Yahel Castillo, quien por su alcoholismo iba a ser suspendido de ese mundial y que al fin de cuentas fue admitido. Y luego para acabarla, en el foro electrónico de El Universal, Rodolfo de la Garza envió su mensaje de felicitación a Paola: “Eres el tipo de mujer que necesita este país con urgencia. Femenina y triunfadora, NO feminista y ridícula”.
Quizá en medios de algún estado o de otro país le hayan dado el espacio que Paola merecía. A lo mejor en China publicaron en primera plana: “Una mexicana acabó con el predominio chino” o en un país latinoamericano: “México superior a China, al menos en clavados”. Quizá ya es tiempo de que el feminismo se ocupe un poco más de la situación de las mujeres en el deporte y de que las mujeres en el deporte se interesen más por el feminismo, pues se quiera o no reconocer, este movimiento-teoría-filosofía también ha permeado las gradas, las butacas, los rings, las canchas, las albercas, la pista y el campo.  Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF. …Y los trastes, el baño, la estufa, las cobijas… ¿Quién crees que limpia la cocina? ¿Quién crees que trapea, plancha, cocina, decora, talla, tiende, sacude y pule? ¿Quién la hace de enfermera, psicóloga, trabajadora social, administradora y economista? Son las amas de casa, trabajadoras remuneradas, profesionistas, desempleadas, obreras, campesinas, indígenas, periodistas, blogueras, científicas, bueno, hasta feministas, emos y darketas.
Podríamos decir que las mujeres de clases con poder económico se salvan de estar fregando el piso, acarrear el agua, recolectar leña o hacer tortillas; pero de todos modos administran las labores. Pueden tener un séquito de trabajadoras, nanas, cocineras, jardineros y demás, pero ellas deciden qué hacer y cómo hacerlo.
Funcionarias de alto rango compaginan sus actividades con las llamadas telefónicas de sus trabajadoras para indicar qué hacer de comer o qué lavar. Las profesionistas o investigadoras de escasos recursos, con hijas e hijos, sin marido o con él, o quienes utilizan la computadora para trabajar, dejan el teclado constantemente para mover los frijoles o tirar la basura. Bueno, eso me han contado. Claro, insisto, depende de la clase social, la edad o la raza, pero el trabajo está ahí y nunca se acaba.
El 22 de julio se conmemora el Día Internacional por la Revaloración del Trabajo Doméstico. Es una fecha poco conocida, aunque varias dependencias de gobierno ya la retoman para realizar foros o mesas redondas en las que se menciona, por ejemplo, que esa actividad genera una doble jornada para las mujeres que contribuye a la economía, que debería pagarse (o cobrarse). Incluso organizaciones no gubernamentales han convocado a una huelga de brazos caídos.
Curiosamente, muchos grupos poblacionales, aunque se benefician de él, no les llama la atención ese tema. Más bien como que piensan que es sólo asunto de las “amas de casa”. Parece un desperdicio dedicar tiempo a algo tan insignificante cuando hay otros problemas nacionales más trascendentes.
No quiere decir que los hombres no participen en el trabajo doméstico. Ya hay amos de casa, pero muchos de ellos lo son porque no les quedaba de otra. Quizá se quedaron sin chamba, o su madre los pone a tender la cama y lavar sus calzones, o porque alguien los presionó para, al menos, servirse la comida.
Los discursos oficialistas exaltan la labor de las mujeres y muchas se autoalaban al afirmar que tenemos la capacidad de hacer tres o más cosas a la vez, “virtud” de la que carecen los hombres. Incluso, la ciencia (vayan ustedes a saber qué “ciencia”) ha comprobado que las mujeres somos más hábiles en muchas cosas.
También hay mujeres que presumen que sus parejas son unos hombres acomedidos pues las “ayudan” en todo. Pues sí, es una ayudadita o ayudadota, pero sólo como un favor.
No dudo de que existan hombres que adquirieron conciencia feminista y se relacionan de otra forma con el trabajo doméstico, pero se enfrentan a las críticas sociales, de los amigos o de otras mujeres como la suegra o la cuñada: son "mandilones".
Hace unos meses, en internet hablaron de los esposos "mandilones". Entre ellos mencionaron a los actores Will Smith, Ashton Kutcher y Brad Pitt; a Vicente Fox, al príncipe Carlos, de Inglaterra, y al roquero mexicano Alex Lora. Qué mejor propaganda para no participar equitativamente en la casa.
Y es que bajo un falso discurso del reconocimiento de las mujeres, hay un gran desprecio hacia la labor doméstica. La prueba más contundente fue la frase del ex presidente Vicente Fox Quezada: las mujeres somos “lavadoras de dos patas”.
Por otro lado, hay un discurso falso de que las cosas ya cambiaron. Ya no se habla de mujeres abnegadas y sufridas. No, ahora somos modernas. Entonces, ¿por qué los anuncios publicitarios destinados a las mujeres se siguen relacionando con los quehaceres de la casa y el cuidado de los hijos e hijas?
Hay uno que llamó poderosamente mi atención y que es de una empresa de teléfonos celulares que colocó un espectacular en la esquina de Calzada de la Viga y Viaducto Piedad, en el Distrito Federal. Se muestra a una mujer joven que podríamos considerar “moderna” haciendo una llamada a una niña, y el mensaje: “Hacer la tarea con tu hija donde quiera que estés ¿por qué no?”.
O sea, las nuevas tecnologías al servicio del ama de casa. El cuidado de las hijas e hijos a larga distancia.
¡Carajo! Y luego las y los periodistas que cuando entrevistan a una mujer famosa siempre incluyen la pregunta "¿cómo le hacen para compaginar el trabajo de casa, el cuidado de los hijos o hijas y su labor profesional?", ya sea como científicas, escritoras, cantantes, etc.
Hace unos días, el periódico La Jornada (30 junio, 2009) informaba de la próxima pelea de box entre Ana Arrazola y Yesenia Martínez. El reportero Jorge Sepúlveda escribió: “Las dos púgiles deben hallar diariamente un espacio a lo largo del día para resolver los quehaceres en el hogar, atender a sus hijos (tres de Ana y dos de Yesenia) y darse tiempo para entrenar (…) al agradecer a sus parejas su ayuda, sin la cual no podrían atender todas sus labores” (pag. 14a).
Imagínense a la nueva campeona de peso paja lavando trastes. Si el marido ayuda, entonces, ¿por qué no preguntarle a él cómo compagina su actividad profesional o laboral con los quehaceres de la casa? Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF. Sufrir me tocó a mí en esta vida/llorar es mi destino hasta el morir/ no importa que la gente me critique/Si así lo quiere Dios/yo tengo que cumplir. “Sufrir”, Los Solitarios.
Esta letra, que deja chico a cualquier postulado filosófico, sigue vigente. Pese a que es una canción de hace décadas, considerada como “balada romántica”, se sigue tocando en la radio y vendiendo en discos compactos piratas.
El sufrir es un sentimiento, una emoción, un estado de ánimo que se asocia al dolor y la tristeza, y también puede ser una depresión, pero su fundamento filosófico se ubica en la religión, diría que casi en todas las religiones:
En aquel día dijo el Señor a Eva: "Multiplicaré tus dolores en el parto, y darás a luz a tus hijos con dolor" (Génesis 3:16). Dijo Dios al hombre: "Con penosos trabajos comerás de la tierra todos los días de tu vida" (Génesis 3:17). Si no quieres sufrir no ames, pero si no amas ¿para qué quieres vivir? San Agustín.
Bueno, al menos eso dice el Internet; porque a la hora de buscar información sobre el tema (sufrimiento humano) aparecieron puras páginas espirituales, y casi poca reflexión filosófica (laica, por supuesto). Desde hace miles de años se nos ha impuesto esa cultura: vivir para sufrir y sufrir para vivir. Si no hay sufrimiento, como que las cosas no saben. Nos tienen que costar lágrimas y si se puede, sangre.Ya sea para “ganarse” una casa, un trabajo, un amor, un coche o el paraíso.
A pesar de que ya tenemos el programa televisivo y el periódico religiosos: “Pare de sufrir”, parece que nos siguen diciendo: “¡siga sufriendo!”, “¡goce su dolor!”, “¡retuérzase, presuma, gánele a la de enfrente!”; “¡sólo Dios sabe la cruz que estoy cargando!”; “lo que yo sufro no se lo deseo a nadie”; “no importa cuanto sufra si él (o ella) es feliz”; “el sacrificio que yo hago es por el bien de mis hijas (o hijos)”. A este mundo se viene a llorar y a las “heridas del corazón” hay que echarles limón para que ardan más.
Pero no todos sufren igual: los hombres por el alimento y las mujeres por las hijas e hijos. Bueno, eso dice el génesis… y los partidos políticos (ahora en tiempos de elecciones), la familia, la escuela, los medios de comunicación… y las telenovelas mexicanas.
Los análisis feministas se han referido en múltiples ocasiones sobre ese producto de exportación. Han exhibido el manejo de la imagen de las mujeres: sufrida y abnegada, y del hombre: macho y ahora metrosexual. Los mismos roles, aunque con nuevos estereotipos.
Las y los personajes son remasterizados, revestidos, modernizados y actualizados a las nuevas tendencias de la moda (en los peinados llevan un gran atraso). No se habla de Cenicienta, pero sí de Floricienta o de Lola. Ya no aparece la madrastra malvada, pero sale la cantante Lucero matando gente; y el príncipe azul fue sustituido por Eduardo Yáñez (lo que no cambió fue el caballo).
En décadas pasadas fueron blanco de denuncia; aunque ahora ya se habla muy poco de ellas, pues tal vez el análisis está saturado y siempre es el mismo resultado; o porque ya hay otros programas con otros enfoques –mezclados entre lo misógino y lo que pudiera considerase un falso feminismo al mostrar a otros estereotipos de mujeres-- como las series Esposas Desesperadas (EEUU) o Mujeres asesinas (México).
En agosto pasado, el Consejo Ciudadano por la Equidad de Género en los Medios de Comunicación presentó un estudio sobre la telenovela Fuego en la sangre, protagonizada por Adela Noriega (Blanca Nieves), Eduardo Yáñez (El príncipe azul), Diana Bracho (la madrastra), y Nora Salinas y Elizabeth Alvarez (las hermanastras, aunque las tres se llevaban bien), la cual tuvo un gran éxito.
El estudio indicaba que esa serie promovía la violencia de género y violaba tratados internacionales y leyes nacionales en la materia. Por su éxito televisivo y económico, desde el feminismo debemos regresar las páginas y re-mirar las telenovelas, monopolio que era exclusivo de televisa, pero al que ya se sumó Televisión Azteca con producciones propias.
Pensábamos que con la telenovela colombiana Café con Aroma de Mujer, con Tieta o con Mirada de Mujer; si bien no cambiaron mucho las imágenes de las mujeres, al menos ofrecían una alternativa a Rosa Salvaje o María Mercedes, pero no. Las producciones actuales regresaron a los mismos modelos.
Lo que me llama la atención es que el sufrimiento para ambos sexos, pero en especial el de las mujeres, se maneja al extremo. El año pasado se transmitió Juro que te amo, con Patricia Navidad. Era una mujer que vivía violencia familiar, pero se la pasaba en sufrir y callar. También aparecieron otras mujeres que podrían ser catalogadas como neuróticas, envidiosas, vengativas y asesinas.
Las malas contra las buenas, no hay personajes terrenales, con defectos y virtudes. Las buenas son vistas como ingenuas, desinformadas y sin ejercicio de sus derechos; mientras que las malas son sicóticas que merecen la muerte, la cárcel o el manicomio.
Pero todas sufren. Buenas, malas, feas, bonitas y personajes secundarios. Lágrimas al por mayor. Verónica Castro, Lucía Méndez y un sinnúmero de actrices hay sido sustituidas por otras más jóvenes, con vestimentas modernas, pero igual de sufridoras. La que de plano me llama la atención es Adela Noriega, quizá la sucesora de Marga López, y ahora otras rebeldes como Dulce y Anahí (las del grupo musical RBD) cuyo sufrimiento se adaptó a las “necesidades” de las y los jóvenes juniors.
Hagan este ejercicio: pongan el canal 2 en los horarios telenoveleros (tarde y noche), vean un rato las escenas y fíjense en las lágrimas, los rostros compungidos o llenos de odio. No se esperen a los comerciales. Luego váyanse al canal 13 y si tienen cable, pues ya tienen más ejemplos.
Cuando lo hice algunas veces, pensando en que el resultado cambiaría, me quedé sorprendida. No pensé que en este mundo se pudiera sufrir tanto por un hombre que no nos quiere, que ya es casado, que se va por años y luego regresa y que es padre de un hijo, pero que luego se casa con otra y no sé que más.
¿Quién parará el sufrimiento de ver telenovelas mexicanas si he comprobado científicamente que la opción no es cambiar de canal? ¡Apagarla! Menos, pues eso nos recordaría otro tipo de sufrimientos causado por las guerras, la pobreza o la violencia; pese a que se haga –dentro de la trama- promociones a los programas de gobierno o a una religión.
Sufrir llorando es humano; sufrir callando es heroico; sufrir sonriendo es glorioso. Fulton Richo.
Tu sufrimiento es el hijo con que tejes tu felicidad. Si nunca sufres, nunca serás feliz. Henri de Lubac .  Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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En Mayo, además del Día de la Madre, se conmemora el Día Mundial por la salud de las mujeres, cuyo centro ha sido principalmente la salud reproductiva. La primera goza de una promoción insuperable; la segunda no tiene ese respaldo ni social ni simbólico. En el caso del 10 de mayo, ninguna institución pública como las escuelas primarias y secundarias exalta una imagen de la madre fuera de la realidad que viven muchas mujeres. Si bien en la educación ya se han incorporado aspectos como la sexualidad, la equidad y la prevención de la violencia, nada ha cambiado tocante a ese tema.
Más que agrado, esa fecha causa enojo a todas y todos quienes participan en esa ceremonia. A las mujeres porque luego no obtienen el permiso para faltar o acortar la jornada laboral para acudir al festival o porque tienen que dar dinero a sus hijos e hijas para el regalo y hacer o comprar los trajes del bailable.
A niñas y niños porque tienen que bailar a fuerzas. Si no les gusta, ni modo; si no se aprenden la poesía, ni modo; si no tienen mamá, ni modo. Muchas mujeres que no pueden acudir viven ese día con remordimiento y culpa, y su figura es sustituida por la abuela o la tía, pero casi nunca por el padre, si es que lo hay.
Y al profesorado por las horas dedicadas a los ensayos y a las manualidades que se darán como regalos. Los discursos de las directivas escolares están impregnados de un tufo religioso y evocan la figura de una madre sacrificada y amorosa, aunque todo el año se estén peleando con ellas por el bajo rendimiento escolar o la “indisciplina ante la autoridad” de hijas e hijos.
Aún así, todas y todos participan del ritual, y quienes se marginan voluntariamente de él son criticados y criticadas. Se puede dejar de celebrar un día especial, pero el de la madre, ¡nunca! Si realmente se quiere aplicar una perspectiva de género en las escuelas, esta ceremonia, al igual que la del día del padre, tiene que desaparecer del calendario cívico escolar, ya que desde ese enfoque se busca eliminar estereotipos de hombres y mujeres que los discriminen y por ende, violenten sus derechos.
En cuanto al 28 de mayo, Día mundial de la salud de la mujer, este año se conmemora cuando se está aplicando la vacuna del virus del papiloma humano a niñas, que se ha promocionado como vacuna para prevenir el cáncer cérvico uterino; hecho que ha sido criticado pues parece que --como siempre—beneficia más a empresas farmacéuticas que a las mujeres mismas. Revisen en el mes de abril una serie de artículos que sobre el tema se han publicado en el periódico La Jornada, en especial el de Silvia Ribeiro (11-04-09).
Por otro lado, las constituciones de varios estados han sido modificadas para incluir el “derecho a la vida” desde el momento de la concepción. Una de las demandas del sexto Encuentro Mundial de las Familias, llevado a cabo en México, fue que se debería legislar en favor de “la vida y la familia” (La Jornada, 12-01-09). Igualmente, se sabe apenas y ante la escasa información de las personas fallecidas por la influenza, que las más afectadas son las mujeres y jóvenes. Qué más podemos esperar si las mujeres son las principales perjudicada de la crisis social, sanitaria, ambiental y cultural que vive México, no sólo por la Influenza, sino por las medidas económicas y políticas que han aplicado este y los pasados gobiernos neoliberales.
Un acontecimiento más al que hago referencia, es el de una nota publicada en el periódico El Metro (25-04-09), referente a una mujer policía que disparó a su compañero con el cual tenía una relación sentimental, para después ella suicidarse. La información del hecho ocurrido en la capital del país apareció en otros medios, pero El Metro registró las declaraciones de un jefe policiaco de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal, del cual no dio su nombre.
“Así aman las mujeres policías, aman a morir (…) En la Policía las mujeres aman a morir, y es muy común que se dé que una oficial que esté casada se junte con otro o viceversa”, dijo el anónimo. Este es un ejemplo más de la promoción de estereotipos femeninos, y masculinos también. Por cierto, la dependencia a la que pertenece el personaje en cuestión ha sido objeto de múltiples capacitaciones sobre género y derechos humanos de las mujeres por parte de otros organismos públicos como el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal.
Bueno, ¿y qué con todo esto? Es curioso ver cómo todo gira alrededor de la figura de la madre, de un estereotipo y de una invención pero con gran peso social, cultural, económico y moral.
¿Cómo se vivirá este 10 de mayo en tiempos de influenza? ¿Cómo pasará el día de las madres el hijo de siete años de esa mujer que se mató? ¿Y las mujeres que son y serán obligadas a ser madres, aun en caso de violación? ¿Y las mujeres con cáncer cérvico uterino, cuyo útero es el símbolo biológico materno?  Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
Este mes lo quería dedicar al XI Encuentro Feminista y del Caribe (XI EFLC), al que acudieron mil 600 mujeres de todos los colores, sabores y saberes, para hablar de los encontronazos y desacuerdos, pero también de las coincidencias y alianzas. A 28 años del primero, siguen presente muchas demandas y viejos debates, incorporados a otras reivindicaciones en nuevos escenarios. Todos esos puntos están entrelazados en un objetivo común: encontrar una identidad política feminista de la región.
Ya Elsa Lever, la directora de este espacio, hizo un recuento visual del XI EFLC, y por este medio, podemos acceder a su página electrónica para tener una idea de lo que fue esa aldea global feminista. Y es aquí donde me enlazo de lo que sí voy a hablar: del tercer aniversario de MujeresNet.
Esa fecha la conmemoramos con una reunión entre comunicadoras feministas para hablar de este proyecto que primero fue personal, pero después se convirtió en un colectivo gracias a la convocatoria de Elsa Lever, quien hizo posible que muchas feministas que hemos militado desde los medios nos volviéramos a reunir en el espacio –literalmente hablando-.
Me tocó dirigir, junto con Sara Lovera y Elvira Hernández Carballido, algunas palabras que quiero compartirlas con ustedes, corregidas y aumentadas, ya que considero que el Internet es un medio de comunicación idóneo –sigue en discusión si se le puede definir así— para las mujeres, como la radio, aunque cuesta más.
Señalé que el ciberespacio ofrece grandes ventajas a las mujeres: hay una comunicación inmediata, acorta distancias y costos. Muchos medios feministas de México están mudando maletas hacia esta oportunidad como Cuadernos Feministas, Fem –proyecto que quedó trunco con la muerte de Esperanza Brito de Martí--, y lo que era La Correa Feminista, que lo hizo desde hace mucho tiempo.
Hay otros espacios como Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) que nació como un proyecto electrónico y muchos más que se han creado, ya sea en formato de “blogs” o páginas web de gran creatividad. Podemos acceder a libros, periódicos, documentos y materiales de apoyo de todos los niveles y estar en contacto con feministas de varios países. Ya ni los idiomas son una barrera, bueno, hasta podemos estudiar nuestro doctorado electrónico.
También tiene sus desventajas. Por ejemplo, mujeres de escasos recursos o de comunidades alejadas de los centros de poder no tienen el servicio ni la tecnología adecuada, lo que hace que un medio masivo se convierte en un artículo de lujo. De eso se quejaron en el XI EFLC.
Por otro lado, por la condición de género, pese a la accesibilidad que hay en diferentes lugares, las mujeres, a excepción de las jóvenes, no recurren a él. Está diseñado para los otros. En los cibercafés vemos a la mamá que acompaña a su hijo o hija para hacer la tarea, o la que va y pide apoyo para redactar un documento.
Las y los encargados, como 90% jóvenes, son como los nuevos evangelistas de la plaza de Santo Domingo. A duras penas estamos combatiendo el analfabetismo en las mujeres, cuando hace su aparición la iletrada cibernética; no por nuestro gusto, sino porque el internet está ligado --para variar-- a la cultura patriarcal.
También resulta que el internet es causa de nuevas enfermedades que afectan desde la columna vertebral hasta llegar al dedo índice, y luego no se hable de todos los usos que se le dan para reforzar el machismo, la misoginia, el sexismo, la opresión y la subordinación de las mujeres de la faz de la tierra. Son las mismas ideas de siglos pasados pero modernizadas, ¿cómo se diría? Algo así como ideología retro.
MujeresNet nació en este panorama y le ha sacado ventaja a la tecnología y las herramientas electrónicas para difundir el pensamiento feminista. Recuperó a muchas fem-inistas que nos habíamos quedado huérfanas y no sólo se convirtió en difusora, sino en creadora y recreadora de la palabra feminista al incluir colaboraciones propias, escritas para el medio.
Es una página viva, pues un problema que he visto es la falta de actualización de las páginas. Incluso las del gobierno de todos los niveles. Recuerden que ya hasta se habla del gobierno electrónico.
Aún así reivindico el internet. Hay que sacarle provecho y no tenerle miedo. Vieran que cuando una agarra práctica, es pan comido. Además con todas esas cadenas de mensajes hacia la amistad entre mujeres –no incluyan a los que nos chantajean: si no mandas este mensaje te vas a morir en cinco minutos-- y de otro tipo, nos hacen la vida más agradable. Aunque ya saben: nada con exceso, todo con medida. La mera verdad, yo no sé cómo se le ocurrió a Elsa Lever, y la felicito por esta iniciativa.  Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
Inicia marzo y se aproxima el XI Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe con sede en México, en el que se espera la participación de más de mil mujeres con una postura política: la feminista. Ya Sara Lovera nos adelantó el mes pasado datos sobre este encuentro y sus antecesores. Esperemos que en los medios de comunicación masiva también se hable de esta histórica reunión. Ya no es sorpresa que en algunos espacios se informe sobre las acciones y demandas del movimiento, aunque una parte de ellos lo haga con un sesgo sexista, misógino y hasta machista. Por otro lado, desde el movimiento es necesario reconocer que se requiere de nuevas estrategias de comunicación y difusión. No sólo para ampliar la participación de las mujeres o para que se conozcan nuestras demandas, sino para dar a conocer el análisis y la reflexión que se hacen de la situación mundial en todos sus ámbitos: política, económica y social.
Pero… a qué iba. ¡Ah, sí! Varias feministas académicas, representantes de organizaciones no gubernamentales, legisladoras y sindicalistas convocaron a una reunión “abierta, plural e incluyente” el sábado 28 de febrero, con el fin de “propiciar la reflexión y el análisis de la situación en la que se encuentra el feminismo en México, así como plantear nuevas formas de articulación”.
¡Vaya tarea! Quizá muchas como yo, no dimensionamos ese objetivo y más bien fuimos para ver de qué se trataba y saber quiénes eran las que estaban detrás de todo. Pero aunque la invitación era firmada por muchas, como sucede en todo, sólo unas cuantas asumirían la chamba y la responsabilidad.
El día esperado llegó, había mucha expectación, “tensión” diría una compañera en una de las mesas de trabajo. Y como sucede en todo: “¿Cómo estás?”, “¡Hace tanto tiempo que no nos vemos!”, “¿En dónde andas?”, “¡Qué sorpresa!”, “¡Qué milagro que te dejas ver!”
Ya en la reunión, aparecieron a escena las académicas Gloria Tello, Pilar Alberti y Delia Selene de Dios Puente, la diputada federal Rosario Ortiz y las activistas Cecilia Talamantes, Lourdes García y Laura Martínez, en representación del “Grupo Promotor de la Reunión”. Leyeron un documento de introducción, los ejes de discusión y la mecánica de trabajo. Se trataba de hacer un balance del feminismo en México, del año 2000 a la fecha (Fortalezas y Debilidades); plantear los retos del feminismo ante los gobiernos de derecha y proponer formas de articulación.
Todo iba muy bien hasta que una representante de Milenio Feminista pidió que se incluyera el tema del XI Encuentro Feminista. La propuesta causó desconcierto y, sin un tiempo pertinente para discutirla, se puso a votación ganando el esquema original, lo que causó enojo y gritos. Se vislumbraba una división cuando varias compañeras abandonaron el salón. Afortunadamente se quedaron y decidieron abrir una mesa de trabajo paralela.
Si bien desde el movimiento feminista se está en contra de imposiciones y de intolerancia, me preocupa que se haya esperado hasta el momento de inicio de la reunión para plantear esa propuesta. ¿Por qué no haberla puesto a discusión previamente con las organizadoras? ¿Por qué no negociar, llegar a un acuerdo? ¿Qué acaso toda negociación es mala? Si de por sí somos estigmatizadas…
¿Por qué no hacer una revisión de nuestros métodos feministas dentro del mismo feminismo? ¿Por qué no revisar nuestros prejuicios? ¿Por qué siempre partir del enfrentamiento aun entre nosotras mismas? Como si nuestra causa personal o de grupo fuera la de más valor, la más importante. La forma es fondo, se dice en la clase política que tiene el poder formal.
Se auguraba una tormenta –según mi prejuicio-, pero no. Se discutió acaloradamente, con pasión, con enojo, pero también con humor, con seriedad, con preocupación. Y como sucede en todo: unas se quedaron en un solo grupo, otras iban y venían de mesa en mesa. Varias se quedaban en los pasillos, platicando, deliberando. Algunas estuvieron nada más un rato y el resto se quedó “para ver en qué terminaba todo”.
Previo a la sesión plenaria, no podía faltar una “dinámica de recreación” para luego entrarle a la exposición de resultados; los cuales fueron coincidentes en muchos puntos –de los que espero que alguna otra de mis compañeras de esta página hable— como el que el feminismo es un movimiento amplio, plural y diverso y de la necesidad de rearticular al movimiento con nuevas y renovadas estrategias.
De la derecha se dijo que no sólo está en el Partido Acción nacional –el que gobierna a nivel federal— sino en otros institutos políticos como el Revolucionario Institucional (PRI), incluso, en el de la Revolución Democrática (PRD), en los grupos económicos y hasta en los medios de comunicación como Televisa.
Un punto fue el que llamó mi atención: hacía tiempo que no se había convocado a una reunión como ésta. Sara Román, quien ahora es funcionaria pública en el gobierno del Distrito Federal, expresó que había espacios de reflexión desde el trabajo, el ámbito profesional, académico, en los sindicatos y organizaciones, pero que faltaba uno desde el feminismo.
Por ello, la convocatoria rebasó las expectativas de las organizadoras, como lo expresó Rosario Ortiz, al informar que participaron 198 mujeres de Baja California, Baja California Sur, Guanajuato, Jalisco, estado de México, Chihuahua, Veracruz, Quintana Roo, el Distrito Federal y de otros estados.
Quizá se planteó un objetivo muy ambicioso, pero esto sirvió para hablar de la necesidad de reconstruir esos espacios, como hace 30 años; aunque como dijo Eli Bartra, académica de la Universidad Autónoma Metropolitana Xochimilco, pareciera que los temas son los mismos.
Por supuesto que no se pudo dejar de recordar a feministas fallecidas recientemente: Graciela Hierro, Itziar Lozano, Esperanza Brito de Martí y Cecilia Loría y aplaudir a quienes estuvieron ahí: Teresita de Barbieri, Sara Lovera, Eli Bartra, Ana Lau Jaivén, Marcela Lagarde, Mary Goldsmith, Jeniffer Cooper, Leonor Aída Concha, Delia Selene de Dios y muchas más. Faltaron más, no importa. Así es el feminismo.
Una compañera muy querida me preguntó: “¿cómo viste la reunión?”. No sé, le dije, me sentí muy feliz de ver a muchas compañeras de lucha, a las “vacas sagradas”, a las jóvenes… A lo mejor fueron discusiones al aire, a lo mejor sí hay un compromiso renovado, a lo mejor…
Y como no me sucedía desde hace mucho, salí muy contenta. Fue un gran sábado el 28 de febrero.  Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
Matrimonio y mortaja del cielo bajan. Cuando la mujer dice “me caso” y la mula “no paso”, la mujer se casa y la mula no pasa. El hombre persigue a la mujer hasta que ésta lo encuentra. El matrimonio es el menor de todos los males. Mujer que sabe latín, no tiene marido ni buen fin. Y es ese último refrán el que condena a las mujeres: mientras más “leidas y escribidas”, menos oportunidades para encontrar marido. Y así nos la pasamos: de niñas, con nuestros juguetes favoritos (¿realmente es así, nosotras somos los que los preferimos o son los que nos imponen?): la comidita y las muñecas, jugando a la casita, a la mamá, a la esposa.
De adolescentes: con el novio, si no lo conseguimos pronto podrán dudar de nuestra sexualidad o capacidad por “conquistar” o para “que se fijen en nosotras”. De jóvenes, se corre el peligro de dar el “mal paso” o salir “con el domingo siete”. De adultas: creo que el tren ya se está yendo o el “reloj biológico” nos indica que tenemos que apurar el paso. De maduras: bueno, ¿quién se casa –por primera vez- en esa edad? De ancianas: ¿es una broma o qué?
Parece que el matrimonio es el destino de toda mujer (anexando a los hijos o hijas). Para eso nos entrenan. Generalmente muy pocas, casi nadie, se preguntan: ¿para qué me quiero casar?, ¿por qué me quiero casar? O ¿realmente me tengo que casar? Las respuestas que se han dado a ese entrenamiento son diversas: por amor, por interés, por “lavar el honor”, por “tener sexo”, por salirse de casa lo más pronto posible.
Antes nos indicaban que no era necesario estudiar porque nos íbamos a casar; luego estudiábamos MMC (mientras me caso); y ahora nos independizamos, trabajamos, tenemos sexo y hasta nos vamos a vivir un tiempo solas o con las amigas, pero la meta sigue siendo esa: yo me quiero casar a los 24, yo como a los 28, yo a lo mejor a los 30; “sólo me casaré por lo civil”; “yo nomás me juntaré, no creo en las leyes del hombre, sino en el amor”; “yo quiero salir de blanco”; “me casaré por bienes separados”.
Lo postergamos hasta donde se pueda, pero a fin de cuentas nos tenemos que ver casadas. De no ser así viene la condena social: “solterona”, “amargada”, “quedada”, “pobre chava”. Tener una pareja es sinónimo de estatus social, económico y cultural. Nadie se quiere quedar fuera. Casarse es llegar a ser humano completo. Somos medias naranjas, nos hace falta el otro. Si. El otro, la otra no.
La industria del matrimonio es una de las más prósperas. No hay crisis que valga, la única diferencia será en todo caso el vestido, la fiesta, el anillo, las invitaciones, el ramo, el lazo, la boda civil, el salón o el novio; pero hay que encontrar marido. Ninguna mujer puede quedarse sola. Esa es la consigna.
Y si una no encuentra marido, podemos quedarnos con los padres. No me refiero a estar en un lugar físicamente con ellos, en la casa de origen; sino como se indica literalmente, quedarse con ellos. El hijo soltero no tendría la capacidad para atenderlos. Si ellos enferman para eso está “la quedada” ella no tiene hijos, no tiene responsabilidades, no tiene una familia. Si ella se enferma: “pobre” no tiene quien vea por ella. Parece que ser “mujer sola”, en lugar de ser una forma de vida, la elegida, es sinónimo de “mujer incompleta”.
Por eso, entre más pronto mejor. Hay que buscar al “candidato ideal”, “el príncipe azul” o “el hombre de mis sueños”; no sea que se nos vaya a cumplir aquello de que es mejor desvestir borrachos que quedarse a vestir santos (quizá el refrán es al revés, pero yo lo he escuchado de las dos formas).
Poner a San Antonio de cabeza ya pasó de moda, hay otras técnicas como ir a la disco o “chatear” (¿estaré exagerando?). Una amiga de mi sobrina de escasos 17 años “resultó” embarazada. Comenté que afortunadamente podía recurrir a la interrupción legal del embarazo. Ella no lo contó hasta que tenía más de tres meses: se quería casar.
Una joven de 23 años se va a casar. En su casa no hay problemas. Le dije a la mamá que no la dejara, que ella podía tener relaciones sexuales sin necesidad de casarse, siempre y cuando se cuidara; además, no era conveniente casarse con el primero. La madre me miró horrorizada y me dijo: “¡yo no estoy de acuerdo, una mujer no debe hacer eso!”. Por fortuna, la mamá no me dejó de hablar.
Existen mujeres que han rebasado ese mandato social; que luchan a contracorriente, que resisten al “cuándo te casas”, “en lugar de hijos vas a tener nietos”, “¿qué no piensas formar una familia?”. También hay mujeres que siguen siendo vendidas, obligadas a casarse o para asegurar que los bienes y riquezas no queden en manos de familias ajenas. A fin de cuentas el matrimonio es un contrato social, económico y político. El matrimonio es la base de una familia, y la familia es la célula básica de una sociedad, la que el estado quiere.
Hay sociedades en convivencia, pero más bien parece una concesión a grupos “minoritarios” como los homosexuales o lesbianas. Legalmente están por debajo de la familia.
¿Podrían existir otras formas de vivir en grupo? Podríamos empezar a mirar la vida de otra forma. No nos traguemos el cuento de que nacimos a medias y para ser humanas completas tenemos que encontrar a la media naranja. Podríamos empezar a cambiar, por ejemplo, el sentido de los refranes:
Matrimonio y mortaja no necesariamente del cielo bajan. Cuando la mujer dice “me caso” hay otras dos que dicen “yo no”, y la mula, bien gracias. El hombre persigue a la mujer hasta que ésta lo encuentra, La mujer puede verlo pasar. El matrimonio es el mayor todos los males cuando se persigue a fuerza, y el mejor de todos: Mujer que sabe latín puede o no tener maridos, pero siempre tendrá buen fin. Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF. Quizá por ser fin de año o por intentar descansar después de dar una y tres batallas durante el año, no he encontrado estudios desde el feminismo del papel que juegan las mujeres en esta temporada, la que aprovechamos para enviar nuestros parabienes a todas y todos nuestros cuates, familiares, etc. Me quiero referir a mujeres de clase media y urbana, a las que está destinada la publicidad; ya que debo reconocer que la hegemonía de la cultura de masas pretende que todas y todos seamos como las estrellas del canal (Dos, por supuesto), sin hablar de las realidades de las mujeres indígenas, migrantes, lesbianas u otras identidades.
En los buscadores de páginas web traté de localizar algo que me remitiera al tema: intenté con “las mujeres y la navidad”, luego: “cómo celebran las mujeres la navidad” o “análisis feminista de la navidad” y después: “celebrar la navidad con perspectiva de género”. Pero nada me sirvió. Había mucho de la historia de la Navidad, de cómo se celebra en varias partes del mundo, de qué regalar, qué cocinar, cómo decorar mi casa, confeccionar prendas de vestir ad hoc, las manualidades que tanto nos gustan, cómo celebrar en familia.
Me rindo, pensé. ¡Un momento! Recapacité. ¿Qué todas esas actividades no las siguen haciendo las mujeres mayoritariamente? ¿Acaso en los números especiales de las revistas como Kena o Vanidades salen hombres cocinando o decorando la casa? ¿Quiénes, si no las mujeres, son las que se encargan de envolver los regalos, de hacer los moños para los árboles, de coser, cortar, pegar con silicón la lentejuela, bordar el mantel, etc? ¡Uf!
No quiere decir que los hombres “de la casa” no participen en los rituales. Ellos van por el árbol que montan arriba de un taxi o su carro. Pegan los adornos de las fachadas, van por el vino, la sidra o el ron, llevan a los y las hijas a pasear; planean a dónde ir de vacaciones… Llega el 24 y “ayudan a preparar todo”, sacan el pavo o la pierna del horno y reciben a los invitados o invitadas.
En la colonia donde vivo, la Navidad empieza a finales de noviembre, con los rezos a la virgen de Guadalupe, cuya figura está en cada esquina que anteriormente utilizaban como basurero. Son mujeres, niñas y niños el público mayoritario. Luego vienen las posadas. A preparar los antojitos, tal vez tamales, hojaldras con mole, hot dogs o tostadas. Las mujeres se aprestan a atender un ejército de vecinas y vecinos. Afortunadamente algunos hombres la hacen de meseros.
Y luego, a celebrar en familia, aunque todo el año se esté peleando o nunca se vean sus integrantes. ¿Quiénes son las últimas que se sientan a la mesa? Bueno, las chavas de hoy ya no asumen ese papel tan resignadamente; pero está la abuela, la madre, la tía, la cuñada y la anfitriona. ¿Quiénes rezan las letanías?
Las mujeres que laboran fuera de casa con un salario medio (o con medio salario), toman vacaciones esta temporada. “Para estar con la familia”, “es una época de amor y paz”, “debemos reflexionar”. Frases hechas. Ellas aprovechan para el quehacer a fondo, el que no se puede hacer con mucha frecuencia; para vaciar los roperos, tirar las cacerolas viejas, renovar vajilla, cambiar decoración de casa, pintar o simplemente lavar la ropa de la semana. No debo ser injusta. También aprovechan para darse manita de gato, cortarse el cabello, ponerse “luces”, “extensiones” o uñas de gel.
Bueno, también muchas se van de vacaciones y para ello tienen que preparar las maletas de la prole, comprar lo que falta. Bronceador si se van a la playa; bufanda si deciden ir a Toluca o preparar los tacos de guisado si nos vamos a Xochimilco.
Después Año Nuevo y la misma cantaleta. Llega el Día de Reyes: muñequitas para las niñas, carritos para los hombres (por favor, remitirse a mi texto “¿A qué jugabas cuando eras niña?”). Ya se fue la Navidad. De regreso al trabajo o a los quehaceres cotidianos. Y a prepararnos, pues viene el Día de la Candelaria y hay que llevar al niño Dios a vestir, a comprarle o confeccionarse su ropa.
Me gustaría cerrar este texto con un “Feliz Navidad y Próximo Año Nuevo" Pero mejor cierro con un deseo para todas y para mí, algo que he anhelado desde hace mucho tiempo: tres días para mí solita. Quieran los y las pastoras que esta Navidad sea diferente, lo necesitamos y lo merecemos. Nos leemos en enero… Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
La radio es el medio de comunicación de mayor penetración y no ha sucumbido a las nuevas tecnologías. Está ahí… en la casa, en la oficina, en el transporte, en la cocina y hasta en el baño. El 98% (1) de las y los habitantes del país la escuchan. Y si de sexo hablamos, las mujeres nos llevamos el mayor número de audiencia porque sabemos que ese medio está ligado a nosotras, al igual que la televisión, por nuestros roles sociales y culturales.
De las alternativas para las mujeres en la capital del país hay pocos como la estación 1260 en amplitud modulada, cuyo eslogan es “mejorando tu vida diaria” y en la que participan Patricia Kelly y Anabel Ochoa, cuyas series duran 4 horas cada una, además de otras conductoras como Tere Bermea, Chepina Peralta o la doctora María Cristina, con una audiencia femenina mayoritaria.
Casi todas las conductoras tienen lo que ahora podemos llamar “perspectiva de género”; es decir, cuestionan los roles y los estereotipos de género, condenan la violencia y discriminación contra las mujeres y promueven la defensa y ejercicio de nuestros derechos humanos. Anabel Ochoa habla de sexualidad y lo mezcla con temas como el VIH Sida, las infecciones de transmisión sexual, embarazos no deseados y muchos más. Pero lo que más me llama la atención es que se asume feminista ¡sí! Habla de feminismo y lo defiende ¡en la radio!
¡Yo soy feminista¡ Lo dice sin rubor. Y lo comento porque pese a que existen muchas conductoras con un perfil feminista, lo niegan o lo omiten y prefieren hablar de “perspectiva de género”. Ochoa no. Hace unos días comentó al aire que una compañera actriz en la obra “Los monólogos de la vagina” dijo al público: “no vayan a creer que esta obra es feminista”. Ochoa, por supuesto, se indignó.
Y no todos los programas que se transmiten diariamente tienen ese perfil, aunque así lo afirmen. Patricia Kelly, una experimentada conductora de programas de sexualidad y orientación para mujeres, indica que lo anterior significa la pluralidad de comentarios y eso le da riqueza a la estación. Pero todo tiene sus “asegunes”.
Muchas mujeres encuentran en este medio una pócima para terminar con sus problemas. Hablan, piden consejos, buscan una solución o acaso un milagro. Cómo le hacen para que el marido deje de tomar; para que el hijo ya no se drogue, para que el marido le dé la pensión o deje a la amante; para que ya no la golpee. Preguntan si se pueden embarazar aunque la pareja no eyacule “adentro” o si no usaron condón; que su hija fue violada y sigue viviendo con el agresor o que su hija se fue con el novio.
Y las conductoras regañan, aconsejan, opinan, a su estilo, pero buscan que las mujeres dejen de victimizarse. Ese es un gran acierto. Consuelan pero con mano firme, no chantajean ni las compadecen, les piden actuar. Eso hacen Kelly y Ochoa.
Pero en otros programas hay claroscuros como el de Tere Bermea, otra experimentada conductora cuyas opiniones también son de vanguardia, pero muchas veces regresa a los modelos tradicionales. Ni siquiera ella, sino sus invitados o invitadas, aunque lo permite. El 10 de septiembre invitó al doctor Adolfo López Uriarte, médico especialista en psicoterapia.
El tema de la entrevista era el de valorar el “ser femenino”, rescatar “todo lo bueno”. Bermea preguntaba y opinaba: lo femenino y masculino son complementarios; golpear o regañar a un hijo no es ser femenina; cómo podemos “consolidar lo femenino”, cuáles son las actitudes de una mujer, cómo se expresa, se mueve; en el gimnasio las mujeres se están construyendo cuerpos de hombres; hay chicas todo terreno, pueden desquiciar a muchas mamás, qué hay de malo en que yo sea así; esas mujeres que son muy masculinas tienen mucho rencor, se dicen “ya hice todo lo que quería pero me siento muy molesta”; cómo se mete un gol con una actitud femenina.
Y el otro contestaba: los papás somos muy sacones (para criar y educar a los hijos e hijas); se necesita energía femenina; si se utilizan las características de las mujeres (amables y cariñosas), ya vendrá el papá y le va a enseñar a ser hombre; el papá tiene que apreciar la feminidad de las niñas, pero necesita el modelaje de la mujer.
Y continuaba el especialista: es tarea del papá decirle a la hija “qué bonita te ves con esas trenzas. Las mujeres deben sentirse orgullosas de su cuerpo, a los hombres no nos gustan con hombros anchos y caderas estrechas, se necesitan brazos suaves, acolchonados, sabrosos, donde el niño se sienta bien; haz contacto contigo, realiza el estereotipo de lo femenino.
En otro programa, Reloj Musical (1030 A.M.), el más antiguo de la radio y de mayor audiencia, con Héctor Martínez Serrano, locutor decano, los consejos para las mujeres no se hacen esperar. De eso viven.
De este programa me he referido en otros espacios periodísticos desde hace muchos años. Ya no lo escucho con mucha frecuencia para evitar corajes; pero el gusto me duró poco pues al hacerlo nuevamente noté que el programa sigue igualito, y también las mujeres que llaman.
Martínez aconseja: arréglese para que su marido no busque otra, tenga la comida a tiempo, etc. Uno de sus comentaristas habló el 28 de agosto, de las reformas legales para facilitar el divorcio y opinó que eran peligrosas porque nos llevaban al libertinaje.
Ya ni me acordaba de Martínez, cuando el 9 de octubre, por la noche, viajando en un taxi, el conductor escuchaba a Jorge Zúñiga con un programa titulado “las mujeres de mi época”, en la XEB, “La B grande de México” (1220 de A.M.). Al parecer, en el programa se hacen crónicas que añoran los “viejos tiempos”.
Y esto fue lo que escuché: la mujer de mi época era “abnegada defensora de su virginidad. Si la perdía ofendía a toda la familia, y tenía dos caminos: la prostitución o el suicidio”; “sabían meter las manos en la cocina y utilizaban las recetas que en el seno familiar eran preparadas por las mujeres”; “sabían tejer y bordar con verdadero preciosismo”, “se sentaban frente al aparato receptor (radio) a escuchar su radionovela, teje que teje y cose que cose”, la mujer de mi época era “recatada y temerosa de las leyes divinas”.
Día a día, como gotas de agua, estos mensajes se filtran por la piel de las mujeres, lo que hace que se bloqueen otros que compiten con las grandes empresas, incluso las del estado, pues la XEB pertenece al Instituto Mexicano de la Radio.
Si por mí fuera, me la pasaría todo el día en el teléfono, no para pedir que me complazcan con una melodía o un consejo, sino para externar mi opinión; como me sucedió con el doctor López. Al terminar ese programa hablé al teléfono que dieron al aire y como el especialista no estaba dejé mis datos. Horas después personalmente me llamó.
Le comenté que quería sus datos para hablar del programa de Bermea en una página de internet. ¡Qué bien! Me contestó muy amable, pero que le suelto: “es porque no estoy de acuerdo con lo que dijo”, le hice un comentario rápido (ustedes se imaginarán el contenido) y, aunque desconcertado, no perdió el tono amable y nos despedimos. Y pues, bien, aquí está la colaboración.  Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
¿Cuándo nos vemos? “No tengo tiempo”, “voy a estar muy ocupada la próxima semana”, “nada más que la corte emita el fallo”, “estamos organizando un proyecto productivo para mujeres”… “Estoy hasta el tope de trabajo”. Y el día nunca llega, menos cuando también están la militancia política, la gestión comunitaria, el diplomado, la conferencia, la colaboración para la página, la movilización ciudadana, la marcha, el plantón, el hijo, la hija, el marido, el amante, el taller, la terapia. Ya en la cita, el celular no deja de sonar. Es la hija, el hijo, la mamá, la jefa, el jefe, la trabajadora, la otra amiga, el novio, la que pide informes. “Espérame tantito…bueno…sí, luego te llamo, estoy ocupada…ajá…a qué hora, déjame checar mi agenda…”.
Y así andamos por la vida, recolectando trabajo, como si fueran flores, acumulando pendientes, programando citas, llenando uno a uno los espacios de nuestra agenda. Los días no alcanzan y mejor programamos por hora. Las horas se acaban y mejor pasamos a los sábados y de ahí a los domingos.
La lucha por ganar espacios e igualdad de oportunidades y por acceder al ámbito público está dando frutos. Muchas mujeres podemos decir ahora que hacemos lo que realmente queremos; otras, por necesidad tienen dobles o triples jornadas, ya sea por ser jefas de familia o por una actividad profesional que requiere en ciertas circunstancias más cargas de trabajo.
Pero no hablo de éstas sino de aquellas que dejaron la escoba por la computadora o el mandil por el atril, pero que resultó siendo lo mismo, y que en lugar de un proceso de empoderamiento se convirtió en otra trampa. Diferentes instrumentos, misma carga. No todas están así, pero conozco a muchas.
De ninguna manera apruebo la premisa de que ese es el costo que tenemos que pagar. No, el patriarcado se defiende y lo hace cada vez más agresivamente o hasta con sutiles e imperceptibles formas de violencia. Nosotras accedimos al ámbito privado, pero sin abandonar el privado; ellos no están dispuestos a ingresar al privado dejando el público. Además, suena chistoso.
La nueva premisa social es “Mujer: puedes trabajar, ser diputada, hasta presidenta, estudiar y hasta comportarte como hombre, pero sin descuidar a tus hijos, a tu marido y la casa. Esas son las opiniones moderadas, las radicales como las de Carlos Abascal, anterior secretario de Trabajo, son que regresemos a casa. Pero realmente ¿cuándo hemos salido? Somos caracolas modernas. Ellos, los de corte conservador, nomás cargan la concha.
Cuando nos entrevistan, la pregunta es ineludible: “¿cómo le haces para ser una mujer triunfadora y exitosa sin descuidar a la familia?”. Para las solteras y sin hijos la interrogante cambia: “¿vale la pena el costo del éxito (no tener esposo ni hijos)?”.
A los hombres también se les llega a preguntar lo mismo y derrochan elogios al gran apoyo de su pareja. Cuando una mujer puede con todo, sí, con todo, aún a costa de su salud, no hay tos; pero cuando pasa algo, principalmente con las y los hijos, la culpa recae en las que trabajan fuera de casa.
Un diputado, un senador, un procurador, un director general o un secretario de Estado trabajan 14 horas seguidas, sábados y domingos porque su función es importante e indispensable. Una diputada, una senadora, una secretaria de Estado hacen lo mismo, pero además tienen la función sagrada de “sacar adelante” a sus hijos e hijas y cuidar su hogar.
Trabajo doméstico, otro bulto. Los aportes desde la academia, la movilización social y la política no han sido suficientes para ubicarlo en su justa dimensión, como soporte de la economía de mercado. Un obrero, un albañil o un desempleado viviría endeudado toda su vida por dar un salario a la esposa, la madre o la hermana. ¿A poco creen que lo pagaría el Estado? De todos modos, el quehacer seguiría en manos de las mujeres. Bueno, pero alguien tiene que tender la cama, lavar los trastes o limpiar el excusado.
Y por eso las mujeres, hasta feministas, tenemos que pelear contra nuevos roles y estereotipos: el de la supermujer, el de la mujer indispensable, el de la adicta al trabajo, la perfeccionista, la hiperactiva, la que no puede estar tranquila si no hace algo o la que dice que todo es urgente para ayer.
Y para acabarla, el sentimiento de culpa por el éxito obtenido –ya sea salarial o profesional-, nos hace trabajar más; bueno para qué hablo en plural. A mí me pasó eso.
Jenny Cooper, investigadora de la UNAM indica que es una reacción con la que se intenta neutralizar la transgresión de las normas de género. No me lo dijo en una terapia ni en una sesión psicoanalítica, la escuché en el seminario taller “Trabajo y Vida Familiar: conciliar o compartir”, que se efectuó en agosto pasado en la Cámara de Diputados.
En cada foro en el que nos paramos, escuchamos decir que los hombres se niegan a perder poder y control, y que les intimida una mujer empoderada. Habría que preguntarnos si no pasa lo mismo con aquellas mujeres –insisto, algunas- que han traspasado algunos roles tradicionales. El sentirse indispensable representa un estatus y un poder sobre otras y otros.
Una amiga me comentó que era muy incómodo que cuando se encontraba con alguien, conocido o conocida, le preguntaran “¿Dónde estás ahora?”. Entendiendo que siempre tendríamos que estar trabajando en algún lado, menos en casa.
Durante tres meses que no tuve trabajo remunerado y me dediqué de “ama de casa” la pregunta era la misma. Me decían: “yo no puedo estar tanto tiempo sin hacer nada”, “estoy acostumbrada a trabajar”, “ya me urge encontrar algo, me siento inútil”, “estamos tan acostumbradas a pertenecer a alguna institución”, “yo trabajo porque necesito dinero, nadie me mantiene”.
Los comentarios, más que incomodarme, me divertían, pues el placer de estar en casa, desayunar sin prisas y darme un merecido descanso lo consideraba un privilegio. Claro está, perdí otros como el apoyo en el trabajo doméstico y las salidas sociales. Una por otra.
Si bien la lucha del feminismo no es abolir el papel de ama de casa, madre o esposa, sino del derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida, también generamos prejuicios que precisamente son los que decimos combatir: valorar más el trabajo remunerado que el que no se paga. Dulce y amarga paradoja.
¿Esto es un dilema? Por supuesto que no. Estamos en una cultura de dominación masculina, machista, sexista, etc. Las mujeres llevamos la peor parte y los efectos son devastadores: depresión, estrés, cáncer de mama y cérvico uterino, virus del papiloma humano, herpes, violencia, etc.
¿Qué hacer? A nivel colectivo tenemos que denunciar el daño a nuestra salud mental y física, seguir con la batalla. A nivel personal tenemos que parar. No bastan los chochitos, las flores de Bach, la yoga, las vitaminas, los complementos alimenticios, el psicoanálisis o los libros de autoayuda.
Podemos compartir el poder, la información y el trabajo con otras mujeres igualmente valiosas pero que no han tenido la oportunidad de demostrarlo. Ya no acaparemos. Cuesta trabajo decirlo, pero lo haré: Yo no soy indispensable. No, por ahora no.
Mi recuperación no ha sido fácil, es un trabajo de años. Hay épocas de tranquilidad y estabilidad, y luego otra vez la angustia por el peligro de recaer. De todos modos es bueno aceptar el reto. Si se toca fondo, hay que aprovechar el rebote.
Y saben por qué se los digo: porque necesito que alguien se vaya a tomar un café conmigo, sin tantas llamadas de celular, sin tanto mirar el reloj, sin que me dejen a las 10 de la mañana porque tienen otra cita o ya se les hizo tarde para ir a trabajar. ¿Have you ever seen the rain? Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
En esta época en que los cuerpos femeninos y masculinos se muestran en público medio o totalmente desnudos sin que se escandalicen las “buenas conciencias”; cuando en los libros de textos presentan en imágenes los genitales de ambos sexos, o cuando la ropa para mujeres es minúscula y entallada, parece contradictoria la vergüenza, incluso el miedo, que sienten por sus cuerpos muchas niñas, jóvenes y adultas. No me refiero a la gordura o a las famosas llantas, o a la anorexia, bulimia o la compulsión por comer, que suficiente tenemos con la condena social y el daño a la salud; sino al cuerpo en general y a las partes que juegan un papel fundamental en la sexualidad y reproducción humana.
Ya hay cambios en el exterior, pero por dentro aún queman y duelen las enseñanzas, los códigos implícitos y explícitos que la religión, la cultura y hasta la ciencia impusieron para mirar con temor, con desconfianza, con asco y hasta con sospecha este cuerpo nuestro.
Más que una reflexión a fondo sobre los significados del cuerpo femenino, presento mis vivencias en relación con los cuerpos de otras mujeres a las que he mirado o les he hecho muchas preguntas, ya sea en los talleres que he dado o en las pláticas entre conocidas y no tan conocidas.
“¿Te da vergüenza tu cuerpo?” es la pregunta que hago con frecuencia. La mayoría de las respuestas es similar: “No, yo no siento pena”. Bueno, tampoco me van a decir: “pues fíjate que yo aprendí que…” Otras con la mirada me dicen todo: “qué te importa”. Pero en cualquier comentario está lo que nos enseñaron o lo que aprendimos: a mentir, a no sentir o a ocultar aquello que nos haga daño o cause dolor.
Y en cada escena, como una obra teatral, está lo que nos han enseñado o hemos aprendido a representar: un cuerpo que disfrazamos, ocultamos o negamos.
Escena 1: en los vestidores En los balnearios, aparte de que muchas mujeres se meten al agua con short, pantaletas, sostén y playera –todo junto–, existen diversas estrategias para evitar que las vean desnudas en los vestidores, incluso las de cuerpo escultural, altas y esbeltas que se pasean por todos los espacios.
Es muy común “hacer casita” entre varias para que una se cambie de ropa, pero me impresionó cuando vi a tres niñas de entre 7 y 12 años que tapaban a una cuarta y que se volteaban para no verla.
También para bañarse en las regaderas comunes, las mujeres lo hacen con el traje puesto, o cuando no hay puertas se cambian en los sanitarios, asunto que me saca de mis casillas, pues cuando voy a orinar tengo que esperar hasta diez minutos o más.
Una vez, una joven de unos 25 años se puso y abrochó el sostén sobre el traje mojado y con mucho trabajo se quitó la parte de arriba. Pensé ¿cómo le hará para lo de abajo? pues era un traje de una sola pieza.
En otra ocasión llegué al vestidor, me bañé y vestí. Al salir estaba un joven con un bebé que lloraba a pulmón abierto, pasaron 10, 20, y después de más de 30 minutos, la mamá salió acompañada de otras tres mujeres; el chavo estaba hasta la madre, se enojaron y bueno, el bebé tenía hambre.
Le pregunté a mi esposo si en los vestidores de hombres era lo mismo, "hacerse casita" y todo lo demás, la respuesta era obvia: no.
Escena 2: el sostén Pensé que ya no sucedía, pero me equivoqué: muchas mujeres duermen con el sostén abrochado. Los argumentos que he encontrado son de lo más variado: “ya me acostumbré”, “me siento rara”, “me siento incómoda”, “me molesta el colchón”, “así las mantengo en su lugar”.
Para dormir, una joven de 15 años, aparte del sostén se pone camiseta. Tiene los senos grandes. Dice que sus compañeras le hacen burla pero que no le importa. Ella usa playeras holgadas y siempre anda con suéter, incluso cuando hace calor. “Es para no darle gusto a la gente de que me vean ‘prieta’.” Cuando le pregunté si se ha visto desnuda en el espejo dijo que no.
En un programa radiofónico, una radioescucha comentaba que es muy bonita, con buen cuerpo y eso le ha abierto las puertas en varios lados; pero no logró superar la vergüenza de tener los senos grandes y por eso siempre usaba suéter, aun cuando hiciera calor.
Escena 3: el espejo Cuando pregunto a las mujeres con qué frecuencia se miran desnudas al espejo, la frecuencia es “nunca”. Mucho menos se ven sus genitales. Me alegra que muchas mujeres identifiquen al clítoris como la parte que tiene como función el placer, y que cada vez más hablen y sientan un orgasmo, pero a ellas mismas les pregunto si conocen su clítoris, si se lo tocan y lo revisan, o si se rascan cuando les da comezón. La respuesta es simple: “no”.
Les comento que pueden verse acostadas o paradas y poner un espejo entre sus piernas, abrirse con las manos limpias para conocer la entrada de su vagina o sus labios mayores y menores. Pero este comentario, más que con gusto, es recibido con asco, bueno, lo digo por las caras que hacen.
Escena 4: los senos En unas jornadas de mastografías gratuitas en las que participé en su organización, la pregunta que más hacía era si se hacían su exploración mamaria, muy pocas respondían que cada mes, algunas de vez en cuando y la gran mayoría que nunca lo habían hecho. Unas sí sabían cómo pero no lo hacían, y otras lo desconocían. Al preguntarles a las radiólogas cuál era el momento en que más se tardaban para practicar el estudio, me dijeron que cuando las mujeres se desvestían. El estudio tarda menos de diez minutos, pero había ocasiones en que el tiempo se duplicaba por ese hecho.
En una de esas jornadas, una joven más o menos de 19 años –no recuerdo bien la edad— insistía en que le hiciéramos la mastografía. Se le explicó que sólo a mujeres mayores de 40 años y le recetaba todos los argumentos. Ella decía que era urgente porque le salía pus de los pezones. Al preguntarle desde cuándo, ella me dijo que hacía más de un año. La cuestioné que por qué no había ido al Centro de Salud. Se soltó a llorar y me dijo que tenía miedo de que le dijeran que estaba mal.
Otra joven de unos 20 años tenía el mismo problema y le pregunté si ya se lo había dicho a su mamá, me dijo que no, que le daba pena y sólo se ponía papel de baño para no mancharse la ropa.
Varias mujeres de más edad, pero que no llegaban a los 40 años, edad mínima para realizarse el estudio, se molestaban porque se les negaba el servicio. La mayoría aludía a que tenía bolitas o que les dolían los senos y las molestias las tenían desde hace meses, pero casi ninguna se había atendido.
Escena 5: la vagina En dichas jornadas, organizadas por el gobierno del Distrito Federal desde el 2005, también se ofrecía la prueba para detectar el cáncer cérvico uterino, conocida como Papanicolaou. Hablé con cientos de mujeres de 40 años y más que nunca se habían hecho la prueba. El argumento era que no la conocían. Pero ¡cómo! Si cada vez más se habla de esa prueba, y en los centros de salud y otros servicios médicos la ofrecen. Pues sí, pero así era.
Una funcionaria de la Delegación Iztacalco me comentó que cuando hacían visitas domiciliarias para invitar a las mujeres a su unidad móvil, un hombre muy molesto dijo: “mi mujer no tiene que hacerse esa prueba pues no anda de loca”. Había jovencitas de unos 19 años, no más, con bebés o niños pequeños, que no conocían la prueba y no sabían a partir de cuándo se la tenían que hacer.
Algunas adultas mayores decían que ya no tenían relaciones sexuales, otras que no tenían útero y, de nuevo, la gran mayoría, que les daba pena. Pero también muchas decían que esa prueba era muy dolorosa y por eso casi no se la hacían, que había enfermeras que las lastimaban y que las trataban mal. Sobre el dolor estoy segura que así es, pues las mujeres se ponen muy tensas y por eso cuesta trabajo introducir el espejo y raspar.
Pero es un dolor que puede evitarse si nosotras las mujeres empezamos a conocer y a convivir con nuestro cuerpo de otra forma. No sólo nos ahorraríamos el dolor físico, sino el emocional, pues también puede causar dolor la figura que refleja un espejo de cuerpo entero.
El cuerpo nuestro de cada día ya no debe ser un terreno de dolor, sino de placer, de un inmenso placer que nos da el conocernos, tocarnos y acariciarnos. En mis pláticas con mujeres conocidas y no tan conocidas les hago otra pregunta más:¿quién nos dijo que para sentir placer se necesita de otro u otra?  Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
¿Qué traen los Reyes Magos a las niñas? Muñecas, accesorios, maquillajes, bolsas, cocinitas, juegos de té. ¿Y a qué juegan? A la mamá, a la chica que se viste a la moda, a la princesa y a la comidita. ¿Y a los niños? Bueno, pues carros de control, trompos, pelotas, juegos de video, autopistas y un largo etcétera. ¿Y sus juegos? Las luchas, las competencias, la velocidad, el movimiento constante. Los juguetes van moldeando así a hombres y mujeres, y lo que empezó como un juego, termina como una realidad, la cual ya no aceptan ni quieren muchas mujeres, pero, curiosamente, se siguen empeñando en obligar a los Reyes a traer el destino envuelto en celofán y cartón. En la pasada época de reyes, en los anuncios de juguetes “para niños”, se utilizaron frases como “valor igual a poder”, “todo el poder de la adrenalina”, “¿tienes el valor?”, “tú tienes el control”, “aprende y juega”, “poder al mando”. Hay acción, movimiento, competencia, combates, velocidad. Los colores predominantes son tonos oscuros, grises, negros y nunca apareció una niña. El caso más extremo fue el que anunció un carro de control, cuando el locutor afirmó: “¿O qué prefieres, un coche para niñita?”.
Para los juguetes “de niñas” no existen esas palabras, ni siquiera la de “jugar”. Las frases más comunes, principalmente las que se refieren a las muñecas, están relacionadas con el cuidado y el cariño. Se vendió un “bebé” que se enferma y que incluye un termómetro y otros accesorios. Una línea de juguetes tuvo y tiene como lema: “el mundo real para una pequeña mamá”, otras más sentencian: “¿Quieres ser una de ellas?”, “apasionadas por la moda”, “el collar mágico le dice que tú eres su mamá” y “para niñas modelo”. Los colores para las niñas son los claros, tonos pastel y el rosa.
La caracterización principal de las muñecas es el de princesa, incluso de tamaño “natural” que incluye hasta una muda para la propietaria, con diadema y cetro. En los centros comerciales nunca falta una tienda “sólo para niñas”, en las que se ven a niñas que son peinadas y vestidas como princesas, dándoles manicure, comprando ropa, zapatos y accesorios.
De los juegos “más avanzados” en tecnología está una pantalla de video digital en la que aparece una casa donde vive una muñeca a la que se tiene que cambiar de ropa y darle de comer. También va de compras y conduce un automóvil. Conforme avanza de nivel se le tiene que comprar más ropa y cosas para la casa. Si se deja de usar por largo tiempo, la casa aparece llena de telarañas y la muñeca electrónica diciéndole a la dueña: “pensé que eras mi amiga, ¿dónde has estado?”.
¿Acaso no es fomentar el sentimiento de culpa? Ese sentimiento que muchas mujeres llevan a cuestas cuando trabajan fuera de casa y tienen que “dejar” a los hijos e hijas. La respuesta que se dio a las declaraciones de un jerarca católico quien dijo que las mujeres tenían que estar en casa, fue que las mujeres trabajan por necesidad y porque son jefas de familia; pero ¿qué pasa con aquellas que lo hacen por gusto y por desarrollarse en el ámbito profesional y laboral, siendo mamás o decidiendo no serlo?
Una mamá a quien le compró la pantalla fomentadora de culpa a su hija me comentó: “bueno, eso ya depende del niño (quien lo usa)”. Pero, ¿los juguetes son realmente inofensivos?
En el siglo XXI, pese al avance de la tecnología y a las nuevas formas de entretenimiento (para bien o para mal), los roles y estereotipos para las niñas marcados por los juguetes y juegos siguen vigentes. Por sus características, podríamos afirmar que no hubo ni hay juguetes ni juegos para nosotras. Es un mundo en pequeño para las mujeres, un espacio de adiestramiento para cumplir mejor con nuestros papeles tradicionales: madres, esposas y amas de casa; instrumentos ideológicos que crean referentes sociales y culturales difícilmente de transformar.
El estereotipo de princesa está encaminado a encontrar a nuestro príncipe azul, al hombre de nuestros sueños, al que nos va a salvar y a defender -y acaso a mantener- de un mundo peligroso para nosotras. No es un modelo caduco, es actual, acaso sólo reciclado y actualizado. El ejemplo es la telenovela de “Erase una vez”, en el que la moderna cenicienta -“Lola”- usa ropa al estilo Gloria Trevi, y la madrastra es una mujer guapa, sensual y moderna.
Lo anterior es un aspecto que se ha discutido con amplitud en diversos estudios que abordan la construcción de género; pero en esta época de fin de ciclo escolar es un buen momento para recordarlo; sobre todo cuando esta separación de espacios de poder para niños y niñas genera discriminación, pues lo que es aceptado para un sexo, es prohibido para el otro y cuando se trata de romper el esquema surge la violencia, la desigualdad, la condena, el rechazo y el miedo a traspasar fronteras.
Además de los roles, se impone una sola identidad femenina, promovida por grupos de poder como la jerarquía de la Iglesia católica de México, y que si bien esa identidad se ha transformado y diversificado, también se han creado nuevas formas para reforzarla, como los casos extremos del coche y la pantalla digital, pues aunque no se dice que son “sólo para niños” o “sólo para niñas”, las imágenes y los mensajes apuntan a ello.
Y no sólo eso, también es la promoción del modelo monolítico de familia: papá, mamá, hijo e hija, en ese orden, que aparece constantemente en los juegos supuestamente para todos y todas. En un comercial de “bebés” se involucra a quienes parecen ser la mamá, el papá y el hermano, pero quien cambia el pañal es la niña.
Una de las respuestas que he encontrado sobre la influencia de los juguetes y juegos en las identidades de niñas y niños ha sido que nada tienen que ver. Pero entonces ¿por qué los y las adultas se niegan a que un niño juegue con muñecas? Muchas mamás me han dicho que se pueden volver “maricas” y que “son sólo para niñas”. Otras dicen que las niñas no pueden jugar con los muñecos de acción porque se vuelven machorras.
En un parque en el que alquilan carros eléctricos observé que una mamá le decía a su hijo de unos tres años quien insistentemente quería subirse a uno de color rosa -el de la muñeca más famosa y flaca del mundo- “No hijo, es de niñas”. En una feria una niña de unos diez años observaba a los niños que se subían al toro mecánico y comentó: “es un juego sólo para niños”.
Otro argumento que he encontrado es que las mamás, incluso adolescentes, me dicen que los juguetes los pueden jugar ambos sexos. Pero en un comercial de un juego científico, únicamente aparecen tres niños. Las bicicletas tienen un cuadro diferente para que las niñas no se golpeen (¿o rocen?) "su sexo” (entiéndase clítores y vulva), pero también los colores para niños son oscuros y para niñas sólo rosas, con una canasta en el manubrio.
La diferencia no sólo es marcada por el juguete, sino por el color y si eso nada tiene que ver, entonces por qué también muchas mujeres me han dicho que no vistieron a sus bebés varones de rosa. Una me comentó que nunca se le ocurrió y muchas otras me han dicho que es –otra vez-“sólo para niñas”. Se cree entonces que un color también puede influir sobre el comportamiento de niñas y niños: los claros significan ternura y calma; los oscuros: fuerza y acción.
¿A qué jugaremos en este siglo mientras el lobo no está ahí; lobo estás ahí?
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF. “¡Para nada!”. “Sí, defiendo los derechos de la mujer, pero no soy feminista”. “No, porque es el otro extremo del machismo. Es un machismo al revés”. “Soy feminista pero no radical, porque yo no estoy en contra de los hombres”. “Pues no, ya vi que las feministas no son ni machorras, ni lesbianas, ni amargadas, pero no me identifico con ellas”. “Estoy en favor de la libertad, pero no del libertinaje”. “Yo no soy visceral”. “Soy femenina, no feminista”. Hola, mi nombre es Guadalupe y yo sí me asumo feminista, y más aún: en este mes cumplo 20 años de haber admitido en mi vida esa filosofía-teoría-posición política-movimiento social-cultural. Si bien es difícil precisar una fecha de cambio de conciencia, yo parto de ese punto porque fue cuando apareció mi primer artículo en la revista Fem, la primera publicación feminista de América Latina, desaparecida hace un par de años.
Consideré que este sería un buen tema para iniciar mis colaboraciones en MujeresNet.Info, pues en estos últimos años me ha tocado vivir el anuncio una y otra vez del funeral del feminismo, no sólo por parte de nuestros detractores “naturales” como la religión, la derecha, la ultraderecha, el conservadurismo y el machismo, entre otros, sino del resto de la sociedad.
Se asegura que el feminismo es una ideología del pasado porque se han encontrado otras categorías de análisis de los problemas sociales, culturales, económicos, etc. y otras formas de lucha que incluye a “todos” (me imagino que también incluirán a todas). Bueno, si se habla de globalidad, por qué el feminismo se resiste, mejor dicho, ¿por qué las feministas se resisten al cambio?
Pues sí, hay mucha resistencia, porque para esos embates se necesita aguantar, aunque muchas veces no salgamos bien libradas, no por falta de argumentos, sino por la intolerancia a todo lo que suene a feminista.
Más que explicar qué es el feminismo, su historia, sus etapas, las diferentes corrientes y su relación con los movimientos de mujeres, entre otros puntos (¡imagínense todo el roooollo!), presento aquí una parte de lo que se dice de él y de nosotras.
¿QUIÉN LE TEME AL FEMINISMO?
El primer argumento-acusación que se hace en contra del feminismo es promover la guerra de los sexos: “la mujer, para ser ella misma, se erige como rival del hombre. A los abusos de poder ella responde con una estrategia de búsqueda de poder y ese proceso conduce a una rivalidad entre los sexos” (Carta de la Congregación de la Doctrina de la Fe en tiempos de Joseph Ratzinger, antes de ser papa).
Eve Ensler, autora de la obra Los monólogos de la vagina, estrenada en Nueva York en 1996 y que en México aún sigue en cartelera, comenta que su texto no se trata de un movimiento feminista, palabra que normalmente se confunde con odio, rechazo o resentimiento contra los hombres”.
Segundo. Excluyen a “la otra mitad del mundo”: los hombres. Constantemente la palabra es sustituida por “varones” para no confundirla con “humanidad”, cuando sería más fácil dejar de utilizar “hombre” como sinónimo de humanidad. Cuando se creó en el 2002 la Asociación de Mujeres en el Cine y la Televisión-México, con el objetivo de defender y promover la “producción audiovisual femenina” (mejor dicho, de mujeres), convocaron a “los interesados” (¿no que era de mujeres?) a inscribirse al grupo que tiene un “carácter incluyente, no feminista”.
La primera mujer que recibe el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de las ciencias físico matemáticas y naturales, Herminia Pasantes Ordónez, confesó a una entrevistadora que no estaba al tanto de la postura feminista actual y que no concebía la vida sin el placer de la compañía de los hombres.
También habló de la discriminación (sin mencionar esa palabra) que ha vivido como investigadora, como cuando no le permitieron estudiar su doctorado porque acababa de tener a su hija, y añadió: “es más difícil para las mujeres no sólo por el esfuerzo físico en el hogar y el laboratorio, sino por lo que implica abrirse camino en una comunidad en la que se sigue viendo a las mujeres como simpáticas, sin darles el gran peso que debe tener un investigador, cualquiera que sea su sexo”.
Tercero. Feminismo es lo contrario a machismo: “Es necesario que se deje el machismo atrás pero nosotras no debemos caer en el feminismo extremo”, dijo la vocalista del grupo roquero Endor. “He visto en el feminismo actitudes radicales como en el machismo y eso a mí me caga, he tratado de ser una persona y de competir... las chavas piden apoyo para las mujeres; eso está tan mal… es como sentirse menos cuando uno tiene que ser igual… El machismo viene desde el cristianismo y no podemos hacer una lucha contra los hombres que piensan así porque fueron formados así; lo que hay que hacer es concientizar y tratar de llegar a ser iguales”, comentó la hiphopera Ximbo. Ambas fueron etrevistadas con motivo del festival Mujeres Moviendo el Mundo, en el marco del 8 de marzo.
Curioso, pero en esa entrevista también señalaron las limitaciones que han tenido como roqueras para presentarse en foros; además de que aún eran rechazadas por el público: “Ay, no, pinches viejas, ya bájate o mejor encuérate”. Aún así, insistieron en que no tiene nada que ver con que sean mujeres.
Cuarto. Las acciones o actividades de mujeres, para mujeres o por mujeres son feministas y excluyentes. Cuando se realizó el Primer Festival Nacional de Compositoras de México (desconozco si se siga haciendo), varias representantes fueron entrevistadas por La Jornada y ahí Nayeli Nesme expresó: “Aunque hombres y mujeres tenemos las mismas capacidades y necesidades, la hormona femenina es distinta; claro que las que estamos aquí no explotamos un trabajo rosa o feminista de la hormona. Más bien veo que entre nosotras… hay un trabajo general permeado por el riesgo”.
La directora de la naciente Orquesta Sinfónica de Mujeres del Nuevo Milenio, Gina Enríquez, habló sobre su proyecto: “Lo que buscamos es reivindicar el papel de la mujer dentro de la música sinfónica, aunque sin actitudes agresivas ni revanchistas. No se trata de un proyecto feminista, sino de una iniciativa que tiene que ver mucho con lo humano, con los derechos humanos de las mujeres y en especial de las que nos dedicamos a la música como profesión, dado que históricamente hemos estado relegadas, sobre todo, como directoras, compositoras y solistas… Somos la primera sinfónica de mujeres en México, pero no la única en el mundo. Apenas se está rompiendo ese esquema de considerar que la música sinfónica era un ámbito exclusivo para el sexo masculino”.
Quinto. Ser feminista es ser proabortista y lesbiana. Estas premisas son muy comunes y aunque parecieran argumentos del siglo pasado (que así lo fue) se siguen repitiendo en todos los niveles, conservadores o no. Rocío Gálvez de Lara, del grupo Pro Vida, se quejó de que el Parlamento de Mujeres del 2001 haya sido “manipulado” por dos corrientes: “la pro abortista y la del lesbianismo”. “No podemos salir con propuestas de legalizar el aborto. Las mujeres debemos luchar por un auténtico feminismo con propuestas más humanas y sensibles hacia los más débiles e inocentes”.
Sexto. Hay de feminismos a feminismos. Angeles Corte, de la Red de Mujer (sic) también refiriéndose al Parlamento 2001 manifestó: “la sociedad civil no está representada en este parlamento, ha sido excluida por grupos feministas radicales coludidos con diputadas del PRI y PRD. Son las representantes de la más antigua y corrupta cerrazón ante posturas distintas, y pretender imponerse como portavoces de las mujeres mexicanas”.
La antropóloga Helen Fisher, al hablar de su investigación El primer sexo, utiliza argumentos feministas para contraatacar al feminismo y la construcción genérica: “deberá surgir un nuevo feminismo, ‘uno de tercer tipo’, que deje de ver a las mujeres como víctimas”.
Griselda Alvarez, primera mujer gobernadora, poeta y entonces asesora de Oscar Espinoza Villarreal, quien fungía como secretario de Turismo, expresó que “la lucha de la mujer es… la lucha por el cambio de estructuras sociales”, dejó en claro que no se trata de sustituir anteriores prejuicios por nuevas desviaciones gestadas a partir del feminismo a ultranza, sino de elaborar un nuevo método de análisis… y de diagnóstico en la participación de la mujer”.
Séptimo. Feminismo vs. Feminidad. "No es lo mismo que lo mesmo", reza el refrán y entonces señalan a las feministas como “machorras” en contraposición con las “mujeres femeninas” vestidas de falda, saco, zapatillas, maquillada, etc. Pero también se refiere a otros niveles. “No creo en el feminismo y mis cuentos sólo son una búsqueda de la expresión femenina”, señaló la escritora Beatriz Meyer.
Angélica Aragón, quien destacó en la telenovela Mirada de Mujer, platicó sobre otro de sus trabajos: Todo por amor, que en el año 2000 se transmitía por canal 13: las telenovelas de producciones Argos “sin ser feministas pretenden elevar la conciencia y la autoestima de las mujeres”.
GENERO CONTRA FEMINISMO
Las opiniones arriba citadas no han variado sustancialmente, siguen reproduciéndose en boca de muchas y muchos, ya sea en foros especializados o en conversaciones coloquiales. La novedad radica en el discurso de género; en el que, al igual que el feminismo, existe una serie de prejuicios que no hacen más que alimentar los mitos y mitotes sobre estos dos conceptos.
“El género es la etapa avanzada del feminismo”, expresó hace algún tiempo una facilitadora cuyo nombre no recuerdo, en un taller que tomé sobre educación para adultas y adultos mayores con perspectiva de género en el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal.
Y si de clases hablamos, la ex titular del Instituto Nacional de las Mujeres, Patricia Espinosa, alertaba a sus correligionarias del Partido Acción Nacional (PAN): “tenemos que dar el siguiente salto, ver cómo enfrentamos temas sensibles ante los que las feministas, con su organización y redes, sólo nos hacen ser reactivas… (Género) es un concepto internacional, y las invito a neutralizarlo… el Vaticano en la plataforma de acción lo afirmó con esa reserva: vamos a entender la palabra género como masculino y femenino”.
De hecho, esa es una de las principales confusiones, hablar de “género femenino” y “género masculino”, en lugar de decir llanamente “mujeres” y “hombres”; de ahí que en muchos discursos se repita “equidad entre los géneros”, en lugar de decir: equidad de género (que se refiere a la construcción social y cultural de los sexos) o equidad entre hombres y mujeres o equidad entre los sexos.
Tal vez esa última palabra siga sonando “muy fuerte” pues es raro escucharla en discursos gubernamentales, ni siquiera en los “más avanzados”, ya no por decirlo feministas. Y bueno, suena más “elegante” hablar de perspectiva de género –sin demeritar su importancia y trascendencia para el reconocimiento y ejercicio de los derechos humanos de las mujeres-- que de perspectiva feminista. Para muchas y muchos, en especial para quienes gobiernan, el discurso de género representó un salvavidas para evitar asumirse feminista.
Carlos Monsiváis ya alertaba que “la perspectiva de género y la reivindicación de la igualdad entre los sexos han sido ‘confiscados’ por quienes buscan el poder político, por lo que la esencia social de la lucha feminista debe retomarse”.
EL FEMINISMO VIVE, LA LUCHA SIGUE
Dejemos que la defensa del feminismo la hagan otras figuras públicas. No son demasiadas citas como las anteriores, pero muy contundentes y desde diferentes mundos, lo que significa que el feminismo está arraigado en todos los niveles, sólo falta salir del closet.
“Soy humanista y feminista, ¿por qué no he de serlo? Si hay muchas mujeres sufriendo injusticias, debemos hacer algo… no soy activista, no soy política. Si pienso y amo a la humanidad, debo defender a los oprimidos y las mujeres son oprimidas por la sociedad”, manifestó la escritora Taslima Nasrin, a quien en 1994 le dictaron una fatwa (edicto religioso que implica una condena a muerte).
“El feminismo forma parte de cada letra mía… Es una batalla que tengo todos los días. Mujeres con un nivel cultural alto, incluso que trabajan con éxito en los medios, dicen ‘queridos amigos, no vayan a creer que soy feminista’ o ‘evitando el feminismo radical’… como si fuera una amenaza, pero no sé de ninguna cultura del mundo que corte penes; sí las conozco que cortan clítoris… el machismo es un abuso de poder, el feminismo en cambio, una reivindicación de la mujer para que ejerza sus plenos derechos”, sentencia la sexóloga Anabel Ochoa, autora de libros, editora de una revista y conductora de un programa de radio que dura tres horas.
Una que me gustó mucho fue la de la cantautora Ani DiFranco: “yo habría esperado que la trayectoria del feminismo sería tal que hoy día todos abrazaríamos esa palabra, y que todos nos consideraríamos feministas. De alguna manera creo que las corrientes conservadoras han hecho mucho en los medios por destripar esa palabra y declarar que el feminismo ha muerto.
“La reiteración a los jóvenes de que ese concepto es caduco ocupa cada año las portadas de Time o Newsweek y mientras comercializan la idea de las chavas light, de extraer lo político del feminismo y convertirlo en una camiseta mini, lo cual, creo, es una forma insidiosa de debilitarlas. Entonces, sí, a mi me gusta mantener vivas esas palabras”.
A mí también: el feminismo vive, la lucha sigue, feliz aniversario.
NOTAS
La Jornada, 1 de agosto, 2004.
La Jornada, 2 de junio, 2001.
La Jornada, 3 de mayo, 2002.
La Jornada, 20 de enero, 2002.
La Jornada, 8 de marzo, 2002.
La jornada, 2 de septiembre, 1001.
La Jornada, 19 de septiembre, 2003.
La Jornada, 18 de junio, 2001.
El Universal, 9 de junio, 2001.
La Jornada, 2 de agosto, 2000.
La Jornada, 10 de marzo, 2003.
La Jornada (no tengo la fecha exacta).
La Jornada 11 de mayo, 2002.
La Jornada, 27 de octubre, 2001.
La Jornada, 12 de marzo, 2004.
La Jornada, 15 de julio, 2001.
La Jornada, 17 de diciembre, 2001.
La Jornada, 29 de junio, 2001. Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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