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Informe sobre Periodistas en México
Periódicos y Expresión |
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
La doctora Lourdes Romero Álvarez es investigadora nacional especializada en el análisis del relato periodístico y fundadora del Seminario de Periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, en la UNAM, coordinó el libro titulado Espejismos mediáticos. Ensayos sobre la construcción de la realidad periodística, un libro que tiene un eje central: los medios de comunicación participan en la construcción de la realidad pero ¿cómo en esa participación realmente? La respuesta es externada desde diferentes perspectivas por siete investigadores que participaron en esta publicación académica.
La primera en responder es la misma doctora Romero en el texto “Los puntos de vista en los relatos periodísticos. Propuesta metodológica de análisis”. De inmediato la autora especifica la imposibilidad de la objetividad en el periodismo y la presencia constante, inevitable y humana del punto de vista. Es así como el reportero o la reportera, “al convertirse en narrador de su información, es quien decide cómo selecciona y organiza su material, también decide qué tanto se involucra y de qué manera lo contará”.
Por su parte, Marcos Enrique Márquez Pérez presenta el artículo titulado “Acerca del significado de las imágenes periodísticas” donde advierte que las imágenes no son comprensibles universalmente y para comprobarlo hace un minucioso análisis. Las ilustraciones que acompañan al texto son desmenuzadas por la mirada profunda y crítica del autor que afirma: “nuestros ojos han sido educados para ver y reconocer códigos automáticamente; pero somos incapaces de enfrentarnos a imágenes construidas bajo otros principios. Para comprender imágenes no realistas, primero debemos descubrir sus códigos de construcción, y luego, la forma en que controlan las características de la imagen”. Las fotografías que analiza de la prensa nacional son impresionantes. Marcos Márquez insiste que la imagen periodística no es más que un elemento de la compleja estructura de los medios periodísticos”.
Francisca Robles experta en análisis narratológico presenta “El registro de los hechos: perspectivas metodológicas”. De manera minuciosa muestra la manera de interpretar las transformaciones discursivas y la forma en que el periodista las plasme influirá en la versión que se dé sobre el suceso noticioso.
La joven investigadora Angélica del Rocío Carrillo Torres estudia “El periodismo televisivo: en busca de la construcción de un significado”. Ella afirma que los noticiarios buscan no solamente informar sino atrapar al público, conmoverlo y atraparlo. Por ello se manipulan las imágenes, no para falsificar o engañar, sino para darle una escenografía, un sentido, varios recursos estilísticos en ocasiones para magnificar la noticia, exagerarla o llenarla de emotividad construyendo a su manera la realidad social que se pretende informar.
Otro joven estudioso de l periodismo es marco Antonio Cervantes González que en su texto hace una invitación: “Aprender a mirar”. En su breve artículo afirma que el periodismo no es un instrumento técnico que transmite sólo información, es necesaria una teoría que no busca etiquetar géneros periodísticos sino construir una capacidad mayor para la crítica reflexiva, l a disposición para aprender de forma continua, de fomentar la investigación y la curiosidad por saber.
En otro texto escrito también por la doctora Lourdes Romero, denuncia la “Irresponsabilidad e intencionalidad en las transmisiones en directo”, pues asegura que no por estar en el lugar de los hechos un medio de comunicación, su reportero y su camarógrafo puede garantizar la transmisión fiel de lo ocurrido, existe una estructura dramática en esas transmisiones que invitan al público a atisbar lo que el medio y su reportero han construido a través de su discurso visual y textual.
La doctora Josefina Hernández Téllez da a conocer “La opinión periodística femenina en tiempos y temas de actualidad: el debate sobre la penalización/despenalización del aborto en agosto de 2000”. La profesora del área académica de comunicación revela que el periodismo de opinión al inicio del siglo XXI es un espacio absolutamente masculino. Por ello el tema de aborto fue discutido desde una perspectiva masculina, machista y patriarcal. Hernández Téllez reconoce que si bien este asunto de salud atañe a hombres y mujeres pero principalmente a éstas, no fue suficientemente discutido por las propias mujeres. La forma en que el tema fue abordado demostró que preocupaba más a los articulistas hombres “los valores del derecho de la vida sobre los derechos femeninos de libertad de elección y de salud”.
Además en los textos periodísticos el aborto fue solamente un pretexto para abordar otros aspectos como el presidente Fox, el Partido Acción Nacional y los gobiernos panistas. La autora es muy crítica al afirmar que en este tema la cultura patriarcal es la poseedora de la palabra y que las mujeres están liberadas en apariencia pero son prófugas en realidad.
Finalmente, esté el artículo de Elvira Hernández Carballido, “La construcción de la realidad social a través de la mediación femenina, un repaso histórico”, donde se hace un recorrido por el siglo XIX, la revolución mexicana y el periodo cardenista y la presencia femenina en la prensa. El resultado permite descubrir que las mujeres entraron al periodismo primero para explicarse, denunciar su situación o reconciliarse con ella, integrarse a su sociedad gracias a un movimiento social que enarbolaba la bandera de la justicia y de la igualdad, para entrar al mundo informativo, dominar todos los géneros periodísticos pero tener que competir con sus colegas varones para ganarse el respeto y un prestigio en la prensa nacional.
Ficha: Romero Álvarez, Lourdes (coordinadora), Espejismos mediáticos. Ensayos sobre la construcción de la realidad periodística, UNAM, México, 2009  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.En este inicio de año, mi orgullo feminista me hace evocar a las mujeres que también forman parte de nuestra historia pero que conforman la mía ¿Ustedes a qué mujeres recuerdan? ¿Quiénes le llenan de orgullo? ¿Qué mexicanas han escrito nuestra historia como país y como mujeres pero al mismo tiempo tienen que ver con nuestra historia personal? ¿Quiénes nos han descubierto en diversos espejos? ¿Quiénes han roto comportamientos y mitos patriarcales y nos han contagiado o las hemos querido seguir, imitar, asemejar?
En un recuento personal, yo evoco la “sombra de mi bien esquivo” y Sor Juana Inés de la Cruz aparece con esa tenacidad de estudiar. Ante la imposibilidad de ser admitida en la universidad, se vuelve cautiva de un convento. Donde escribe villancicos, sonetos, romances, comedia, sátiras y respuestas inteligentes para quien cuestiona su sabiduría. Junto con ella que sencillo resulta recitar: “Yo no puedo tenerte ni dejarte, ni sé por qué, al dejarte o al tenerte, se encuentra un no sé que para quererte y muchos si sé qué para olvidarte”.
A nombre de Leona Vicario, repito la frase que defiende la certeza femenina de participar en la guerra de independencia por amor auténtico a la patria y a la libertad de un pueblo oprimido. Ella la escribió en el periódico El Federalista, cuando Lucas Alamán consideraba que las mujeres mexicanas participaron en el movimiento por amor a sus hombres pero sin compromiso patriótico. Leona Vicario le pide acepte su error porque las mujeres también tienen amor a su patria.
Me topo con mujeres del siglo XIX que en 1876 fundaron el semanario “Las Hijas del Anáhuac” y publicaron convencidas que la prensa representaba el espacio ideal para expresarse y decirse quiénes son y quiénes deseaban ser.
Memorizo los artículos de la mexicana Laureana Wrigt, fundadora de la revista “Las violetas del Anáhuac” y admiro su texto periodístico donde afirma que la mujer perfecta es la que cree en sí misma. Una mujer que quiere ser esposa y empresaria, madre y luchadora social, hija y ciudadana, hermana y profesional.
Puedo releer los contenidos del periódico feminista “Las mujer mexicana” y descubrir mujeres que luchan por sus derechos, que afirman que ese naciente siglo XX serría el siglo de la mujer.
Me embeleso con la imagen de esa Adelita que se asoma en el estribo de un tren. Es una imagen eternizada que representa a la mujer luchadora y valiente, segura e invencible, que lo mismo enfrenta a los dictadores, que exige justicia y libertad.
Me identifico con las llamadas pelonas de los años veintes, que cortaron sus trenzas y con su cabello a la altura de las orejas para mostrar rebeldía y coraje contra una sociedad que insistía en ignorarlas o forzarlas a ser lo que el patriarcado ordenaba representaba ser una mujer.
Observo a las luchadoras del voto femenino, con sus carteles al frente y a la espalda, exigiendo su derecho a ser consideradas ciudadanas.
Identifico a las primeras reporteras, Magdalena Mondragón y Elvira Vargas, persiguiendo las noticias a la par de sus compañeros.
No puedo dejar de pensar en Frida Kahlo reconociéndome en sus autorretratos, aceptándome diferente pero no ajena, descubriendo en mi espejo lo que ella no es y yo he querido ser.
Ahí está también Nahui Ollin con sus dibujos, sus ojos verdes enormes, y sus desnudos que escandalizaron a la sociedad conservadora de un México post revolucionario Rezo ese poema que ella escribió donde confiesa: “En mis medias hay algo que es mi carne que los hombres siempre miran de lejos, de cerca, con placer, con algo más que deseo”.
Rosario Castellanos me hace meditar desde el umbral. También memorizo sus poemas donde me identifico porque soy mujer que sabe latín y peleo ferozmente para tener buen fin. Comprendo su poema “Ajedrez y me estremece la primera frase: “Porque éramos amigos y a ratos nos amábamos”.
Las feministas de los años setentas me convencen que “lo personal es político”. Acepto como doña Elena Poniatowska que soy feminista abnegada mientras intento escribir como ella para dar voz a mi país. Y mi madre periodística Sara Lovera, me enseña a hacer periodismo feminista.
Ángeles Mastretta escribe para arrancarnos la vida y con Lupita canto que soy mujer como cualquiera. También me rompo las medias y canto que no estoy loca solamente desesperada como la Trevi.
Escucho la voz de Carmen Aristegui por la radio y descubro que el periodismo late con vida en un cuerpo femenino.
Y en una llamada telefónica, en un espacio virtual, en un correo electrónico, en una reunión de amigas, en una charla de café descubro a mis amigas y reconozco la fortaleza honesta de Josefina Hernández Téllez, la impertinencia adorable de Rosalinda Sandoval, la voz inconfundible de Regina Montaño, el estricto cariño de Francisca Robles, la alegría de vivir de Elsa Lever, el optimismo de Layla Sánchez Kury, la inspiración de Rosa María Valles, la irreverencia de Silvia Rodríguez, el reencuentro con Isabel Barranco…
Entonces me doy cuenta que en México, las mujeres que admiro son eternas, constantes e infinitas. Mexicanas que son inspiración para vivir. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.Desde una mirada masculina, la del director Rafael Rodríguez; con una producción llena de sororidad única –donde participaron por igual hombres y mujeres creativos-, y una idea original auténtica y comprometida como la de Érika Rodríguez Hernández, el 24 de noviembre se presentó un cortometraje donde descubrimos una mirada analítica respaldada en una equidad de género, que descubre y advierte que el ser hombre y el ser mujer no siempre encontrará en le cine falsas imágenes, proyecciones de mitos y temores masculinos versus perversiones femeninas. Hace suponer que se puede mirar sin inhibiciones los cautiverios y las relaciones de género, que la mirada puede ser autónoma ya sea de un hombre o de una mujer, quebrando o cuestionado roles de género.
Ramiro, Felipe, Lupita y Carmen. El padre, el hijo, la hija y la madre son personajes cautivos en una casa y cautivos en una sociedad conservadora, cautivos en un estado enraizado en valores tradicionales que los obligará a romper con el pasado y enfrentar un futuro incierto pero esperanzador.
Los cuatro personajes tienen ataduras de género, pero desde su experiencia de vida intentan o empezarán a romperlas, tal vez nada más aflojarlas, pero ya no se someterán a ellas.
Ramiro fue enseñado por nuestra sociedad patriarcal (que incluye a su mamá, a su papá, a toda la familia, a las instituciones, a la iglesia, a los medios) a sentirse el único responsable de la estabilidad económica familiar. Aprendió que las mujeres dependen siempre del hombre. Tuvo muchos ejemplos para creer que la casa es el único espacio femenino y que las tareas domésticas son cosas de las “viejas”, no de su hijo varón, macho, hombre. Por eso no acepta los cambios, por eso no tolera ser ahora un hombre protegido por las mujeres, por eso ahora cree que las cosas están fuera de control pero las mismas condiciones de vida parecen convencerlo de que los cambio son necesarios y que las mujeres son su ejemplo e inspiración y que solamente junto con ellas puede sacar adelante a su familia
Carmen es una mujer que responde a las necesidades inmediatas de su sobrevivencia. Sin su esposo, sin su proveedor tradicional, sin su protector impuesto por la sociedad patriarcal debe empezar a tomar decisiones por sí misma, trabajar por ella y por sus hijos. Estuvo cautiva por tradición en un solo rol, de madre-esposa, ahora aprendió el significado de la autonomía, de la independencia para vivir, del gobierno sobre sí misma, de la posibilidad de escoger, y la posibilidad de decidir. No se le impone jamás a Ramiro, ni lo enfrenta, ni llora desconsolada, sus acciones serán más que ilustrativas para demostrar que las mujeres trabajadoras, decididas y con iniciativa, se construyen a sí mismas por necesidad y por orgullo.
Lupita representa una nueva generación, rechaza la obligación de cumplir con el deber ser femenino de su grupo de adscripción, concretado en vidas estereotipadas, sin opciones. Ella tiene aspiraciones, será bailarina. Ella lucha por sí misma, su gesto demuestra que estudia porque quiere ser alguien, no cree que su destino sea casarse.
Felipe promete ser ese nuevo hombre, que integra sin culpa, ni preocupación, ni cuestionamientos roles considerados masculinos y femeninos en su identidad infantil, ingenua pero de gran sabiduría cotidiana. Puede ponerse un delantal y preparar las mejores quesadillas de la región. Es solidario con su hermana, por eso le sirve el desayuno pues sabe que ella tiene mucha tarea. Es comprensivo con su mamá, por eso acepta ser el responsable de la cena los viernes que ella trabaja durante más tiempo. Felipe es la muestra de que la construcción de género es absolutamente cultural.
Pero, ¿por qué presentarnos este cortometraje con una historia tan sencilla, sin final feliz y diálogos ilustrativos de ese machismo latente en nuestra sociedad, con miradas llenas de sororidad auténtica y con actitudes en pos de una equidad entre hombres y mujeres?
La respuesta la tiene sin duda alguien de fuerza y corazón de mujer hidalguense. Por eso, agradezco profundamente a Érika Rodríguez Hernández su ejemplo y su constancia, su convicción de que se puede construir una sociedad con equidad de género, su optimismo en transformar las actitudes machistas en acciones solidarias, su tenacidad en ir de comunidad en comunidad a demostrar que la construcción de género es cultural y por lo tanto transformable. Su mirada construyó estas imágenes que el director captó también convencido en los cambios que favorezcan las relaciones entre hombres y mujeres. Su idea original estuvo latente en cada toma y en casa secuencia donde el objetivo ha sido mostrar las relaciones sociales entre hombres y mujeres construidas por una sociedad machista así como la construcción cultural de lo femenino y lo masculino que puede transformarse en pos de una equidad.
El cortometraje que hoy presenciamos es auténticamente feminista porque muestra a mujeres que descubren sus valores y los tratan de llevar a cabo, mujeres que se atreven a decir lo que les parece bien y por qué, y tratan de hacerlo y señalan lo que les parece malo, que dicen en voz alta lo que piensan. Muestra la posibilidad de convertirse en otro modo de ser humano y libre. Mujeres que tratan de saber quiénes son y que empiezan a existir junto con hombres que también descubren lo que pueden ser junto con ella, a su lado, sin que caminen detrás de ellos, sin que las ignoren.
La sencilla historia narrada con llaneza y compromiso insiste en una propuesta: existe construcción cultural que se distingue de la definición biológica entre hombres y mujeres. El género no alude solamente a las mujeres o a los hombres sino que se refiere a la relación entre ellos, una relación primaria significante de poder. Ha sido la cultura de género en cada sociedad la que ha constituido esos sistemas binarios que oponen el hombre a la mujer, lo masculino a lo femenino, generalmente en términos jerárquicos. Pero que esta situación puede erradicarse por el contexto, la coyuntura, las necesidades, las decisiones, la seguridad en sí misma y en sí mismo. Ramiro lo demuestra con esa llamada telefónica, Carmen lo demuestra al no dejar su trabajo, Lupita lo demuestra al decidir seguir en la danza. Felipe lo demuestra al ser solidario con su madre y su hermana.  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.Hace unas semanas Alejandra Guzmán fue operada porque en ese afán de cumplir con el estereotipo patriarcal de belleza femenina, ella permitió que se le inyectara un líquido que prometía embellecerla. ¿Por qué una mujer que ha triunfado en la música pop cree que su talento no basta para ser admirable? ¿Por qué una mujer es capaz de someterse a cualquier tratamiento extraño y absurdo en pos de un cuerpo perfecto? ¿por qué una mujer fuerte pierde el control de su vida al arriesgarla por un sueño de belleza femenina que termina en una pesadilla?
En pleno siglo XXI las mujeres no hemos podido escapar a ese concepto normativo que hacía sinónimo las palabras mujer y belleza. Con doctorado y sin doctorado, solteras o viudas, jóvenes o maduras compramos la crema que promete desaparecer la celulitis, borrar las arrugas o suavizar la piel por siempre. Un hombre de bata blanca o una mujer dueña de una estética selecta pueden convencernos que un tratamiento milagroso y por ello caro nos transformará en una de esas imágenes de calendario erótico, bello y admirable para las miradas masculinas.
Hasta la fecha en esta sociedad moderna un requisito para ser aceptada y hasta amada estaba representado en el hecho de tener una apariencia perfecta. Se continúa destacando un ideal estético que promete la aceptación de los hombres y la envidia de las otras. Una mujer hermosa se sigue presentando como una garantía admiración ante los ojos varoniles. Por lo tanto, artículos de revistas femeninas o publicidad sexista presentan textos exclusivos para lograr ese ideal: rostro angelical y sin arrugas, las cejas perfectamente delineadas, los ojos artísticamente coloreados, el tono sutil de las mejillas, la boca de un intenso color rojo, el cuerpo de formas acentuadas, los lunares bien distribuidos y la perfección de la piel.
La mujer bien arreglada es presentada como esa persona que tiene su lugar seguro en los salones de baile o en los desfiles de moda, donde será contemplada mientras aunque permanezca inmóvil para no desarreglarse, aunque permanezca callada para no distraer, aunque no diga lo que piensa para que permita escuchar los aplausos que provoca con su paso distinguido pero lento, que la retrasa en su sueños y en su dignidad.
La presentación personal de las mujeres sigue siendo un tema común en los medios de comunicación y ha sido elevado como una de las principales cualidades femeninas, algo imprescindible para ser considerada mujer y para destacar en la sociedad.
La belleza construida en una sociedad patriarcal representa un instrumento de superación, realización y aceptación por eso no importan los sacrificios ni los riesgos, ser bella es presentado como sinónimo de aceptación. Ofrecer un espacio constante a esta visión sin duda determina en las vidas femeninas perseguir ese ideal de belleza contra y pese a todo, incluso arriesgando la vida propia. La insistencia en orientar para lucir está latente en todos los medios de comunicación pero también en nuestra vida cotidiana, en la casa y hasta en nuestros espacios laborales. El hábito de experimentar ante el espejo hasta encontrar o lograr la imagen idealizada, sigue determinando el interés por realizarse únicamente en la apariencia y de volverse consumista de todos los remedios tanto naturales como artificiales que se enumeran como milagrosos para transformar la fealdad en por lo menos una buena presentación.
En los medios de comunicación la sentencia de que no es compatible ser mujer y ser fea, sigue garantizando rechazo, indiferencia y soledad. Ante esta triste realidad anunciada, las mujeres preferimos arreglarnos, seguir al pie de la letra los consejos publicados y buscar su mejor apariencia para ser aceptadas.
La insistencia, a veces hasta diaria, de la transformación de este cuerpo femenino para ser aceptadas como verdaderas mujeres lleva la idea de que es necesario no solamente ser mujer sino parecerlo. Por lo tanto se nos sigue condenando a ser un cuerpo y éste sólo puede poseer belleza.
¿Cómo romper con este estereotipo de belleza femenina? ¿Hasta que pone en riesgo la vida como le pasó a Alejandra Guzmán?
Estoy convencida que lograremos romper con esos mitos de la belleza femenina cuando, como dijo Rosario Castellanos, nos atrevamos a realizar la “hazaña de convertirse en lo que se es que exige no únicamente el descubrimiento de los rasgos esenciales bajo el acicate de la pasión, de la insatisfacción o del hastío sino sobre todo el rechazo de esas falsas imágenes que los falsos espejos ofrecen a la mujer en las cerradas galerías donde su vida transcurre”.  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo. La mujer en nuestro país, cualquiera que sea su categoría, es más esclava que el obrero; no se puede hacer ni resolver nada. La sociedad por su parte es criminal en las sutilezas de su juicio acerca de la mujer, y debe ser más liberal, más consecuente, más tolerante. Ella tiene el deber de hacerse libre, de entrar en el torneo del progreso, dando a reconocer su majestad para hacerse respetar: Si se hace así todas las inteligencias dormidas entrarán en acción… la mujer fuerte es la aspiración del momento. ¡Elevad a la mujer!
Estas palabras fueron pronunciadas por Salvador Alvarado, gobernador de Yucatán, y uno de los hombres más solidarios y sensibles con el movimiento de mujeres en México al iniciar el siglo XX. Su apoyo y sororidad masculina hicieron posible convocar el 28 de octubre de 1915 el primer congreso feminista en nuestro país.
Participaron 700 mujeres que atendieron la convocatoria presentada por el gobernador yucateco donde se advertía que “la historia primitiva de la mujer es contraria al estado social y político que actualmente guarda, pues en el matriarcado, revelación y testimonio de su preponderancia pretérita, estuvo orgullosa de sus derechos”.
El documento también reconocía que era un error educar a la mujer para recluirla en el hogar y que era necesario formar generaciones femeninas que vivan independientes y libres. Los temas que se abordarían en el congreso fueron:
- Reconocer los medios sociales que deben emplearse para exonerar a la mujer del yugo de las tradiciones - Identificar el papel de la educación como espacio ideal para la reivindicación femenina - Explorar las artes y tradiciones que el Estado deberá fomentar para preparar a las mujeres para la vida intensa del progreso - Advertir las funciones públicas que hagan de la mujeres dirigente de la sociedad y no solamente un elemento dirigido
La presidenta del congreso fue Consuelo Zavala Castiilo e integraron la junta directiva Dominga Canto, Adriana Vadillo, Rosina Magaña, Amalia Gómez y Adolfina Valencia.
Fue entonces cuando Yucatán recibió a cientos de mujeres. Las crónicas de la época relatan:
Las comisionadas atendieron con exquisita cortesía a las congresistas que arribaron, proporcionándoles vehículos para dirigirse a sus alojamientos. Una muy grata animación se notaba entre los congresistas. La idea del feminismo bien entendido, germinando en los cerebros abiertos a las nuevas salvadoras ideas, ha caído en buen surco, y su florecimiento, nos lo darán los tiempos venideros en que la mujer será manumitida de los yugos que hasta hoy han pasado sobre ella.
En la inauguración los discursos destacaron que era un momento histórico pues por primera vez las mujeres mexicanas se reunían para tratar asuntos de trascendencia revolucionaria, para reconocer que en el país existen mujeres cultas, disciplina intelectual, miradas analíticas y gallardía para romper con antiguos moldes, para explicar las diferencias sociales entre hombres y mujeres.
Las sesiones se caracterizaron por momentos de unidad y coincidencia, pero también de debates y discusiones, de tonos de voz subidos o de aplausos aprobatorios. Un gran escándalo provocó el discurso de Hermila Galindo, feminista mexicana crítica y radical, que hizo referencia a diversos temas como la educación, la política, la revolución, la desigualdad social y la sexualidad femenina. Por desgracia las congresistas el voto femenino abordaron de manera muy tradicional el derecho al voto femenino, al reconocer que todavía no están capacitadas para ello.
Entre las conclusiones presentadas por este Primer congreso feminista en México, se pueden mencionar:
- Deben abrirse a la mujer las puertas de todos los campos de acción en que el hombre libra a diario la lucha por la vida. - Puede la mujer desempeñar cualquier cargo público que no exija vigorosa constitución física, pues no habiendo diferencia alguna entre su estado intelectual y el del hombre, es tan capaz como éste, de ser elemento dirigente de la sociedad.
Orgullosas y conscientes de su papel social, las congresistas afirmaron que el feminismo jamás ha pretendido hacer del hombre y de la mujer adversarios, el feminismo bien entendido pretende que la mujer sea aliada del hombre no una rival. El feminismo pide libertad para la mujer, no licencia, pide derecho de ejercer profesiones liberales, retribuyéndose su trabajo igual que al hombre para que pueda bastarse a sí misma”.
Bien dijo una de las congresistas ese 28 de octubre de 1915: “Ya llegó el ansiado día de la reivindicación de los derechos de la mujer mexicanas” . Gracias a estas mujeres que abrieron el camino y nos mostraron lo que las mujeres organizadas pueden lograr por ellas mismas y para las futuras generaciones.  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
El corazón late a un compás diferente. Las manos, aunque sudan como siempre que estoy nerviosa, demuestran un control sorprendente, no tiemblan, solamente vibran de emoción. La sonrisa no deja de dibujarse en mi rostro. Oculto los temores a la crítica destructiva y agudizo los sentidos para los comentarios constructivos, motivadores, honestos e inteligentes. Es el primer libro.
La frase común aparece en mi mente y la digo: el tiempo pasa muy rápido, Todo parece ocurrir con ritmo de torbellino. Fue en el año de 2004 cuando la bella airosa me recibió generosa pero inquieta, sabía tan poco de mí. Tal vez un currículum abultado podía impresionarla pero no garantizaba mis buenas intensiones y mi auténtico compromiso. Pero me aceptó. Fue así como logré ser integrarme a la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.
Poco a poco el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades se convirtió en mi casa, mi cubículo en mi espacio preferido, algunas profesoras en mis mejores amigas, algunos profesores en mis novios académicos, mis alumnos en mis hijos, mis alumnas en mis cómplices y el ambiente universitario hidalguense en mi vida cotidiana.
Llegué con mis pasiones y mis vicios, con mis obsesiones y mis compromisos. Amante de la hemeroteca, enamorada del pasado de la prensa, encantada con la búsqueda de periódicos amarillentos por el paso del tiempo, decidí hacer una investigación sobre la historia de la prensa en Hidalgo.
Gracias a Promep, la aventura tuvo un gran respaldo. Gracias a Adriana Ramos Trejo, Alejandro Ávila Huerta y Claudia Ortiz Pérez, los datos de periódicos antiguos llegaron a mis manos y testimonios de periodistas hidalguenses a llenar mis hojas en blanco. Gracias a Don Anselmo Estrada, maestro de periodistas de la región, obtuve datos, nombres, fechas, títulos, experiencias y visiones críticas. Gracias a mi amigo Gerardo Ángeles Vera yo empecé a hilvanar una historia sobre la prensa en Hidalgo.
No fue fácil, hubo dudas y desconfianza, envidias y competencias en mala lid. Puertas que se cerraron, voces que callaron, citas canceladas y plantones constantes. Pero el compromiso estaba latente y quienes creyeron en mi trabajo, compartieron datos y confiaron documentos. Gracias a todas esas personas que me ayudaron he podido escribir estas aproximaciones sobre la historia de la prensa en Hidalgo.
Así, entre clases y asesorías de tesis, rediseños y más trabajo burocrático, guiones y pasiones radiofónicas, viajes al distrito federal, clases en la UNAM, noches solitarias y sonrisas solidarias, empecé a armar una historia, que solamente llegó a aproximaciones, pero que intenta reconstruir una memoria periodística, que los mismo puede estar llena de olvidos, de pasados dudosos, de nombres equivocados o ciertos, de nombres de periódicos pero no de fechas de circulación, de críticas y reconocimientos, pero de auténtico compromiso de aprendiz de la historia del periodismo desde el campo académico de las ciencias de la comunicación.
Horas y horas mis manos brincaron en el teclado de la computadora. Párrafos corregidos, datos confirmados, mucha sutileza pero nada de autocensura. La investigación fue terminada en 2006. Circuló de manera clandestina entre mis alumnos y alumnas, fue retomada por compañeros solidarios en sus clases, fue publicada en ensayos, presentada en congresos y conferencias. Lectores y público se acordaban que Hidalgo existía, tiene historia y un periodismo con características, vicios y avances.
Como Penélope, sentadita en la banca de un andén, esperé el momento de publicar. La luz de don Enrique Rivas Paniagua llegó y después de un gran trabajo de corrección en junio de 2009 la investigación se convirtió en mi primer libro. La voz de Mauricio Ortiz Roche al llamarme a mi celular era festiva y orgullosa, yo contuve las lágrimas pero de inmediato les llamé a los hombres que amo para compartir tan grata noticia. El primer libro.
Este primer libro en mis manos es un orgullo. Mis amigas que no pueden romper con los cautiverios femeninos dicen que este libro representa el hijo que una siempre amará. Mi amigo Vicente Castellanos, siempre irreverente, asegura que es el amante que te reconcilia con la vida. Yo supongo que es el gran compromiso con mi tarea de investigadora, el punto de partida para recuperar más historias del periodismo, de Hidalgo y de las mujeres, mis temas favoritos.
Fue así como el 18 de agosto se presentó mi primer libro titulado Nuestro memoria impresa. Aproximaciones a la historia del prensa en Hidalgo. La periodista Liliana Castillo lo comentó con gran generosidad y sensibilidad. La gente que quiero está en las primeras filas del auditorio. Yo le agradezco a la vida la oportunidad de reconocer este sentimiento grato, orgulloso y agradecido de tener en las manos un primer libro. Y los que siguen… Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.Hace mucho tiempo, una de mis mejores amigas me citó en una café, nada extraño para charlar de todo y nada. Pero llegó nerviosa e inquieta. No saludó tan alegre como siempre. De pronto empezó a llorar. Lloraba y lloraba, sin poder articular palabra, pero intentando construirlas para hacerme una confesión. Por fin musitó dos palabras: “Soy lesbiana”. Le dije que primero que nada para mí era mi amiga, que primero estaba mi gran cariño y los buenos momentos, que no me importaba si ella era extranjera, de otra religión, de otro universo o de otro color de piel. Pero ella había tenido miedo de mi reacción, ya otras personas la rechazaban por ello. La convencí de mi amistad sincera.
Hace algunos meses, un querido amigo me envió un mensaje por celular, con cierto misterio escribe que necesita confesarse conmigo. Cuando charlamos, escucho atenta su larga argumentación, no se justifica pero se expresa con suma prudencia, finalmente logra decir la frase: “Soy gay”. Tiempo después me confió que esperaba una reacción abrupta y que nunca olvidó mi rostro tranquilo, sin expresión alguna de rechazo o sorpresa. Yo le agradecí profundamente la confianza y desde entonces lo acompaño a bailar a antros gay. Me gusta verlo bailar con esa sonrisa femenina mientras su varonil voz canta “todos me miran, porque hago lo que pocos se atreverán”.
Este tipo de experiencias me hacen preguntarme por qué gente a la que le he demostrado mi cariño y amistad, tiene temor de de compartir abiertamente conmigo su identidad sexual. Los quiero, los respeto y los admiro. ¿Qué les hace creer que deben confesarse con discreción y temor? Poco a poco he descubierto que sus experiencias han sido difíciles. Nuestra sociedad en pleno siglo XXI sigue siendo conservadora, discriminatoria, intolerante y hasta cruel. No se respeta la diversidad sexual.
Y esto lo confirmo con lo ocurrido el 23 de julio en el estado de Hidalgo cuando dos personas transgénero fueron baleadas, por el simple hecho de ser transgénero. Ellas son trabajadoras sexuales, son seres humanos, ciudadanas con derechos, personas con corazón que late como el de cualquiera de nosotras, de ellos, de todos.
Por ello, es necesario difundir la voz de Karen Quintero, presidenta de Transgénero Hidalgo, que con valentía ha denunciado este acto homofóbico y que solamente demuestran que la sociedad en Hidalgo debe sensibilizarse más en el tema y respetar la diversidad sexual.
Karen Quintero ha reconocido en diversos espacios que las mujeres transgenéricas advierten la homofobia y si bien están conscientes de esa actitud, siempre es lamentable y doloroso. Sin embargo, también de manera clara ha denunciado que ese tipo de reacciones “se originan del miedo de la gente a su propia sexualidad, que les lleva a ocultar sus deseos y a la indefinición sexual”.
Pese a lo ocurrido, es importante destacar el gran trabajo de sensibilización realizado por Transgénero Hidalgo. Un reconocimiento a su labor es la carta difundida por Humana Nacion Trans donde se declaró que “el estado de Hidalgo, y en particular el municipio de Pachuca han tenido, en sus autoridades, personas que han sido sensibles ante la vulnerabilización social que enfrentamos las personas transgénero, tal como ha quedado demostrado con la colaboración que han tenido con la organización Transgénero Hidalgo, presidida por Karen Quintero, y quien es una de las activistas transgénero mas reconocidas a nivel nacional. Cabe recalcar que nuestra compañera Karen, como coordinadora de Humana Nacion Trans en Hidalgo, cuenta con todo el apoyo de nuestra organización y de su Presidencia en las acciones que considere necesarias, ante la gravedad del atentado.”
Karen Quintero advirtió que en 20 años esta es la primera vez que se registra un suceso similar en la ciudad de Pachuca hacia las personas que ejercen el sexoservicio y pidió que se siga el caso para encontrar al responsable.
Cabe recordar que transgénero es un término que describe un amplio rango de personas que experimentan y/o expresan su género de forma diferente de lo que esperaría la mayoría de la gente. Este término incluye a las personas transexuales y travestis, así como todo aquél o aquélla que expresa características de género que no corresponden con las que tradicionalmente se asocian al sexo (o al sexo que se asume) de la persona.
La antropóloga feminista Marta Lamas afirmó que ni la heterosexualidad es natural, ni la homosexualidad es antinatural, ambas son resultado de los procesos de estructuración psíquica relacionados con el deseo de los seres humanos, y de las normas culturales que prohíben o permiten cierto tipo de prácticas.
Por ello, despreciar, discriminar o agredir a personas con una orientación sexual diferente a la nuestra es negarles su condición humana y reducir sus derechos ciudadanos. Evitemos que en el país, sobretodo en el estado de Hidalgo, mi estado adoptivo, se vuelva a repetir un caso tan triste y se respete la diversidad sexual de una persona.  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.Rosario Castellanos, nació el 25 de mayo de 1925. Rosario, la poeta que lamentara esa “vergüenza de estar sola el día entero” o advirtiera con esperanza que debía haber “otro modo de ser humano y libre”. La novelista que nos embelesó con Balum Canan, ciudad real, oficio de tinieblas y declaración de fe. Escribió también cuentos como los presentados en Álbum de Familia. Fue la filosofa que escribió sobre cultura femenina y la que en una serie de ensayos publicados en un libro titulado Mujer que sabe latín..., analizó y cuestionó la situación de las mujeres mexicanas.
Pero su trabajo periodístico es todavía poco conocido. Durante 11 años escribió en la página editorial de Excélsior, desde anécdotas personales hasta reflexiones profundas de interés general. En efecto, durante más de una década Castellanos practicó un periodismo de opinión y publicó tanto artículos como ensayos en donde ofreció comentarios dignos para redescubrirse, de releerse porque reflejan una visión particular de la realidad que le tocó vivir.
En uno de sus escritos explicó amenamente cómo, a invitación de don Julio Scherer, aceptó colaborar cada semana en el citado diario, aunque desde un principio dudara la forma en que se dirigiría a sus lectores:
“¿Cómo voy a presentarme por primera vez? ¿Pedante? Muy bien, me encantaría serlo y presumir que mis insomnios se deben a que cierto pasaje de Aristóteles... ¿Cuál pasaje? Si me tomo la molestia de buscarlo tengo tan mala pata que seguramente es el único que se considera equívoco. Ni modo. Hasta para hacer el ridículo se necesita preparación especial. ¿Solemne? Ah, no, eso sí que no. ese es el monopolio del estado de ánimo poético espontaneidad. Eso nunca falla. Y mi primer artículo fue tan espontáneo que parecía grabado a cincel en una piedra volcánica”. “Julio me tuvo paciencia y acabé por agarrar el paso y ahora me siento de lo más cómodo platicando con usted de esto y de aquello y de lo de más allá. Y comentamos los acontecimientos e intercambiamos puntos de vista y, ¿lo ve usted?, somos amigos, antes puntuales ahora intermitentes, pero siempre amigos”. ("El escritor como periodista", 10 de enero de 1972) Esa amistad transcurrió de 1963 a 1974; el estilo sencillo, cálido e irónico de Rosario constrastaba con los textos de periodistas como Froylán López Narváez, Ramón de Ertze Garamendi (sacerdote), Enrique Suárez, entre otros, que compartían la página con ella.
Los temas tratados por Castellanos en sus escritos pueden agruparse en cinco aspectos: viajes, mundo nacional, vida intelectual, autobiografías y la condición femenina. Este último punto resulta destacatable para quienes participan y leen el periodismo interesado en la vida de nuestras mujeres, las cuales no pasaron desapercibidas para esta gran escritora mexicana.
La ironía de Rosario Castellanos muchas veces se recibe como un golpe duro al estómago, asusta, irrita pero siempre provoca la reflexión. Con el mismo estilo comentaba la situación de algunas mujeres casadas que son engañadas por el esposo y con esa ironía dolorosamente cómica le asegura que su marido pese a todo volverá al hogar y...
“Sí señora. Ganará usted esta vez. Y otra. Y otra. Su virtud cardinal es la paciencia y si la ejercita será recompensada. A los noventa años su marido será exclusivamente suyo (si es que ha sabido evadir los compromisos y usted ha tolerado sus travesuras). Le aseguramos que nadie le disputará el privilegio de amortajarlo”. ("Costumbres mexicanas", 25 de enero de 1964). En varios de sus textos plasmó su preocupación por la identidad femenina, la cual al parecer sólo oscilaba entre el ser esposa, y las que se arriesgaban al querer salir de esos estereotipos eran criticadas y rechazadas. Entonces, en algunos de sus ensayos comentó:
“Cuando se lee estas páginas, se pregunta uno, con indignación, cómo es posible que a estas fechas, cuando el hombre civilizado traspasa las barreras del cosmos, la mujer se afane por traspasar aún el umbral doméstico, porque únicamente más allá de él puede tener acceso a una partícula de autonomía, a una migaja de determinación propia y de independencia, a una brizna de dignidad”. ("Historia de una mujer rebelde", 23 de octubre de 1965). Querida Rosario, hoy te recuerdo otra vez y recibe este comentario como un homenaje de una de tus más fieles admiradoras.  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
En la actualidad las voces femeninas surgen al compás de la música en cualquier estación de radio. Sus inspiraciones están grabadas en discos, CD o modernos archivos digitales. Las inspiraciones musicales esperan ansiosas ser descubiertas por un público interesado en embelesarse con canciones románticas, con algunos coros románticos o interpretaciones inolvidables. Se puede evocar a Alicia Urreta o a Consuelito Velásquez. Mencionar por simpatía a Gloria Trevi y a Julieta Venegas. Encontrar nombres nada populares pero sí absolutamente relacionadas a la calidad musical como el de Ana Lara o Leticia Armijo, compositoras que estudiaron en el Conservatorio y la Escuela Nacional de Música. Pero ¿únicamente son ellas las mujeres mexicanas que se han dedicado a componer música?
Una denuncia constante de especialistas en el tema es que existen pocas investigaciones que se han dado a la tarea de recuperar los nombres femeninos que se expresan a través de la música, ya sea con sus composiciones o sus voces. Es así como nos proponemos explorar los estudios hasta ahora realizados sobre mujeres mexicanas y música.
Citlali Ulloa Pizarro, especialista en estudios de la Mujer por El Colegio de México, afirma que “en la historia de la música mexicana, la presencia de las mujeres es escasa; desde el año de 1937 hasta 1970, los textos históricos, diccionarios y enciclopedias dedicados a la música en México sólo incluyen el nombre de la compositora Alicia Urreta (1931- 1986), pero antes de esa década la mayoría de las mujeres músicas se encontraba en el anonimato”.
Un primer esfuerzo impreso fue el de Esperanza Pulido. Ella escribió el libro titulado La mujer mexicana en la música. Su investigación hace un recorrido cronológico de la época prehispánica y hasta la década de los años treinta del siglo XX. La autora levanta la voz con indignación y pregunta: “¿Dónde está la mayoría de ellas? Tal parece como si la tierra se las hubiera tragado”.
Uno de los trabajos más recientes que da voz a las mujeres mexicanas dedicadas a la música es el de Clara Meierovich, Primera catedrática en musicología en México. Su libro, publicado en 2001, es Mujeres en la creación musical de México, donde entrevistó a 16 mujeres compositoras del país. La investigadora también hace una advertencia al alegar que “a diferencia de otras áreas de la creación artística, como las artes plásticas o visuales, la literatura, la danza, la fotografía y el cine, no contamos, curiosamente, con un estudio actualizado de recapitulación retrospectiva sobre la incursión específica de la mujer en la creación musical. Además Ulloa, presentó en un encuentro organizado por el Programa Interdisciplinario de estudios de la Mujer (PIEM), la ponencia titulada Mujeres mexicanas en la música de concierto. Otra historia invisibilizada. En ella se propuso aproximarse a lo que se ha escrito sobre el tema y a reflexionar en torno a lo que se ha denominado “musicología feminista”. La joven investigadora consideró que esta nueva corriente de estudio incluye planteamientos relevantes al encargarse de analizar e interpretar obras y autoras, alejándose de las descripciones formalistas, al estudiar no sólo los sonidos, sino también las circunstancias de su creación y consumo, tomando en cuenta sus contextos e historias de vida, con el fin de hacer evidentes las razones por las que han sido invisibilizadas las mujeres.”
Otro texto digno de mencionarse es el de Visiones Sonoras de Roberto García Bonilla, que en un capítulo de su obra recupera a once mexicanas compositoras y les hace diez preguntas. Entre ellas, si creen que existe una característica particular en la música si es hecha por varones o mujeres. Todas coinciden en afirmar que no, y que solamente existe la música buena o mala, sin sexo, sin género. De igual manera, coinciden en asegurar que jamás se han sentido relegadas u obstaculizadas por el simple hecho de pertenecer a la población femenina. Una de las partes más representativas del interrogatorio es cuando les pregunta que significa para ellas la música. Algunas respuestas recuperan un lado humano y sensible: “Escribo música principalmente por un simple, pero impetuoso deseo de expresión. Expresión de mis propias convicciones, experiencias, emociones y fantasías. A partir de ahí, existen múltiples razones, no necesariamente en este orden, por satisfacer un deseo de comunicación, por ejercitar y acrecentar la capacidad creativa, por dar cauce a la imaginación, por necesidad de trascendencia, por dar plenitud a mi vocación, por proporcionarme el goce tan pleno e íntimo de jugar con las sonoridades; por un compromiso ante la vida; por aumentar mis conocimientos y retar mi inteligencia, por la fascinación que la música ejerce sobre mi.”
Otra investigación que recupera a las mujeres en el ámbito musical pero del rock es el libro de Teresa Estrada, Sirenas al ataque, donde se escribe la historia de las rockeras mexicanas de 1956 a 2000. La autora denuncia las circunstancias que han enfrentado las mujeres mexicanas que han querido dedicarse al rock: La censura, el menosoprecio y el olvido por parte de autoridades, industria disquera, empresarios y medios de comunicación. Esta lucha ha sido indiscutiblemente más difícil para las mujeres.
Pese a tal situación, Estrada afirma que “algunas, se han mantenido presentes en pie de de lucha, otras, han sucumbido ante sus roles tradicionales, y algunas más han compaginado la vida cotidiana con la vida del rock. Todas ellas de alguna manera u otra, se han atrevido. Sirenas es en mucho la historia de las ausencias, la historia no contada de las mujeres del rock en México” (www.rock.com.mx/sirenas.html, 2009).
A juicio de la autora las mujeres en la música de musas han pasado a ser músicas; ya no son únicamente el motivo de inspiración, o una bella voz en un coro anónimo. Ahora se han transformado en compositoras y ejecutantes de instrumentos, hasta el punto de que graban sus propios discos.
Sin duda, todavía existen grandes vacíos en la historia de la música hecha por mujeres. Constantemente se denuncia que Las expresiones artísticas de las mujeres por miles de años han sido relegadas. Pero los esfuerzos, aunque lentos, son representativos. Por ello, cierro este recorrido con el texto Silencios disonantes: un acercamiento a la Historia de la música femenina, de Margherita Pavía, filósofa y cantante. En su estudio reconoce que en nuestro país, ella es italiana pero lleva varias décadas viviendo en México, existe el registro de una gran cantidad de compositoras de los siglos XIX y XX, pero no hay estudios exhaustivos sobre el tema, sólo a partir los años 60 y 70 algunos documentos comienzan a destacar.
Considero muy representativo concluir con una reflexión de esta estudiosa de la música hecha por mujeres: “En la historia de la música las ausencias, a veces, hablan tanto o más que las presencias. Es un hecho que siempre ha habido mujeres compositoras a pesar de que las mujeres han sido excluidas de la historia de la composición musical por la idea misógina de que ellas no son capaces de una creatividad tan abstracta como la musical, y por lo tanto cualquier aportación de las mujeres a este campo de la creación ha de ser algo insignificante y de escasa calidad. No existen razones musicales que justifiquen la ausencia de la obra de las compositoras mexicanas dentro de las fuentes documentales, tanto las casas editoras de música como la crítica musical consideraban que las obras compuestas por mujeres eran menores, tan sólo por ser creaciones femeninas y no por la calidad del resultado. Mientras el acceso al desarrollo profesional de las mujeres, en los hechos, ha estado limitado, restringido y hasta castigado desde la antigüedad. A pesar de que a lo largo de toda la historia subyacen asombrosas excepciones, surgidas de la rebeldía, a contracorriente, a veces encumbradas por el anonimato o un pseudónimo masculino”.  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
Cuando una mujer ama a otra mujer debe desafiar “la intolerancia y los falsos prejuicios”. Cuando una mujer ama a otra mujer no siempre puede gritar su amor porque “es de silencios y caricias escondidas”. Cuando una mujer ama a otra mujer se reconocen como “bohemias de la pasión” y “amantes de la ciudad”. El callejón de las vírgenes de Safo (2002), escrito por Susana Quiroz e Inés Morales, editado por Mujeres y cultura subterráneas A. C., permite atisbar sentimientos y sensaciones que dibujan, aproximan, palpan e identifican el espacio lésbico con honestidad aguerrida, para que desde dentro las lecturas compartan cada palabra con las semejantas y desde fuera admiremos las expresiones amorosas entre mujeres que saben amar como mujeres a otras mujeres.
Ellas, ustedes, nosotras, las otras reconocen en este libro que “el clóset, el amor y la culpa” laten en corazones, actitudes y formas de sentir femeninas. Identifican un camino “entre tinieblas sucias y amarillas de intolerancia”. Pero “defienden sus ideas”. Su sexo parpadea mientras son amigas/amantes/novias/compañeras.
Cada texto transparenta palabras prolijas y directas, suaves y agresivas, meticulosas e insurrectas, rebeldes, bellas y airosas, con un aroma femenino retador e irresistible, provocador y provocativo.
En cada página suenan voces fuertes que vuelan “como cometa cerca de las estrellas”. Hay confesiones públicas que delatan un amor femenino clandestino pero libre, donde las mujeres intuyen el romance como “gatas hechizadas”, reconocen un sexo reprimido y vivir en un cuerpo equivocado pero que aman.
Se pueden encontrar operaciones aritméticas con resultados prodigiosos: lesbiana + mujer = orgasmo de entrega.
Se comparten momentos llenos de caricias profanas, nalgas tibias y sudor de pasión. Advertencias sobre un mundo raro donde solamente dios puede perdonar o condenar. Hasta hay recetas asombrosas donde te orientan para preparar un coctel de frutas donde una toronja puede masturbarse y las jícamas enamorarse.
Esto y más se puede encontrar en El callejón de las vírgenes de Safo, donde la poesía solamente quiere cantar a la belleza del cuerpo femenino, declarar más no justificar, que dos mujeres se enamoran porque creen en los descubrimientos, las resignaciones, los reconocimientos y divisan que el sexo y el género pueden emanar amor sin pensar en las diferencias o semejanzas biológicas.
Pero Susana Quiroz e Inés Morales no solamente escriben poesía, también dan a conocer relatos cortos que rememoran cómo la pasión camina en los calles o dibujan el perfil de una rockera. Tal es la confianza con la lectora, el lector que permiten leer cartas que delatan la imposibilidad del amor aunque se siga amando a la misma persona y hasta esbozan una canción de cuna para vampiras, esos seres increíbles que pueden estar al “asecho de pecadoras inciertas, fogosas irreales que coleccionan flores negras”.
Interpretan “El blues de la lesbiana” y con un buen compás advierten, divierten retar, se burlan de ellas mismas y de las otras, provocan y complacen. Y si no acompáñenme con estas frases:
Buzas, caperuzas, ñeras, carnalas, culeras, gandallas, machinas, creativas, chafas, chingonas, lacras por nuestras preferencias nos tocó ponernos panteras niguas que nos quieren licorear, cámara mis ganchudas, así que sebastiana no más la compone. Porque lista las baizas geta cucharon tatema sobre los patines los hilos mueven el puerco discutiendo la percha bajita la terraza podemos ser más chipocludas y como ven así masca la iguana despacito como la lesbiana. Hay también relatos más extensos que cuentan historias que cuentan historias de mujeres que pueden ser tías pudorosas que presionan confesiones donde puede musitarse: “Aquí estoy señor me acuso de ser una terca lesbiana”. Presentan chicas osadas que dibujan graffitis de amor. Hay encuentros casuales en el metro que terminan en un amor prometedor. Y hasta sueños húmedos, narrados con gran sensibilidad erótica que por prudencia aunque sin pudor después de un gemido de placer prefieren narrarse a la familia como una pesadilla.
El callejón de las vírgenes de Safo cierra con una comedia en dos actos, “Fauna de la selva morada”, donde cada personaje femenino es un animal con nombre de mujer o advertencia metafórica: Jaguar-Salma y Cebra- Irasema son los personajes principales. Una historia de amor imposible-posible, que enfrenta comprensión e incomprensión, intolerancia e infamia, solidaridad y sororidad.
El callejón de las vírgenes de Safo, de Susana Quiroz e Inés Morales es honesto y directo, apasionado y pasional, clandestino y libre.
Estas semanas que el libro me acompañó en mi casa, en el metro, en los autobuses ADO, de Pachuca a México, de México a Pachuca, en la universidad, en mi cubículo, fue hojeado por alumnos y alumnos, leído de reojo por mis amigas conservadoras y panistas, por mis amigas feministas moralinas, feministas abnegadas y feministas solidarias, revisado con morbo e inquietud por los machos desconocidos y causó inquietud en mis amigos machines adorables. Las reacciones fueron variadas, desde el horror moral hasta la simpatía erótica, pero nadie dejó de leerlo, de preguntar, de cuestionar, de interesarse.
Yo tuve la suerte de pasear por un callejón donde no me sentí extraña ni señalada, ni ajena ni distante. Este callejón me reconcilió con la esperanza de una sociedad tolerante y diversa, que se mira en su espejo y se gusta, y se quiere y se respeta. Este callejón marca huellas para recuperar, explorar y aprovechar más el erotismo femenino y el amor por nosotras mismas.
Luego de recorrer esta callejón es fácil esbozar una sonrisa comprensiva y solidaria y me ha permitido reconocerme como una mujer feminista abnegada apasionada buga enamorada reconquistada sensibilizada erotizada reconciliada y agradecida con la esencia femenina.
Este callejón me hizo descubrir esos pasos que permiten que una mujer y un hombre, un hombre y otro hombre, una mujer y otra mujer se amen porque creen en el amor y no solamente en una etiqueta social en un cuerpo. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.Eva hace figuras con el barro Que sus dedos revuelven Entre las tres y las cinco de la tarde... Eva hace un nido con las hojas Que sus dedos recogen Entre las seis y los últimos parpadeos de la tarde... Eva hace una cobija con las luciérnagas Que sus dedos recolectan Entre los rayos de la luna y la media noche... Adán no llega... Eva hace como si nada sucediera Y se duerme para soñar que la sueñan. Norma Esther García Meza escribe palabras que descansan en suspiros y en lágrimas, palabras nube y luna fría, palabras que acarician almas femeninas y reconcilian con miradas masculinas.
En esta obra titulada Manual para ser Eva (2009, Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo) comparte con sus lectores la voz de Eva, la primera mujer en la Tierra según la Biblia, pero no es la Eva ingenua que muerde una manzana, no es la Eva que por desobediente es maldecida, no es la Eva que después del pecado original se avergüenza de su cuerpo desnudo.
En este manual dos mujeres se hacen una para compartir sus deseos y temores, sus deseos e instintos. Norma-Eva se evade y se extravía en laberintos poéticos, persigue sus sombras al ritmo del blues, naufraga y peca. Eva-Norma se enamora del mar y musita oraciones sedienta, extraviada, confiada y gozosa.
Pero no solamente es un texto que nos orienta en el sentir femenino, en la subjetividad femenina y en los secretos de mujeres, nos invita a disertar y a reflexionar entre el miedo y el cansancio, entre despedidas y necedades, compartimos duelos y nos negamos a aceptar un adiós de las letras muertas. Pero al mismo tiempo, nos invitan a juguetear, a sentirnos nuevamente niñas de cabellos trenzados y a asombrarnos con amaneceres y con instantes en donde la luna se asoma para convertirse en nuestro espejo y reconocernos como mujeres de los primeros tiempos, del ayer y del pasado.
Gracias al itinerario de palabras sensibles que Norma Esther García Meza comparte en cada una de estas páginas, es fácil hablar con las paredes y alimentarse de dudas, ponerse en el cuello y en alma un dulce perfume de manzanas. Sin duda, ella en una bordadora de palabras que puntada tras puntada nos reconcilia con la vida y con los amores imposibles. Una sirena que cuando emerge del mar literario para permitirnos atisbar en su piel la manera tan fascinante en que escurren poemas sin recato.
Entonces Eva-Norma, Eva-Norma se convierten en espejos, desordenan nuestro corazón y nos fundimos con ellas, en estas mujeres de los primeros tiempos, de todos los tiempos, del siglo I antes de Cristo al siglo XX después de nuestro sexo, junto con nuestro género, en nuestra esencia femenina absoluta.
Cuando se conoce la generosidad y la sensibilidad de una mujer como Norma Esther García Meza la reconocemos de inmediato en cada letra, en cada inspiración compartida, en cada secreto que barnizan sus palabras.
Manual para ser Eva nos invita a un paraíso literario, donde los árboles son de la vida, del cuerpo, del espíritu y del género así los frutos compartidos tienen sabor a pecado que jamás intimida con infiernos sino que promete cielos con nubes de algodón parecidas al sexo femenino, con azules de miradas cristalinas por su honestidad y ángeles que musitan oraciones que alejan los silencios de nuestras almohadas.
El verdadero pecado de Eva y Adán fue el olvido. Se les enredó en los tobillos como cruel serpiente. Y no supieron encaminar sus pies hacia la tibia ruta del deseo. Nosotros padecemos su pecado. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.Poeta, pintora y musa, Carmen Mondragón y Nahui Olin, Nahui Olin y Carmen Mondragón, emergen del pasado con una mirada verde penetrante e inolvidable. Intensas y pasionales, auténticas e intuitivas, una seduce a la otra, una reconstruye a la otra, la otra se reconstruye a sí misma, la otra es ella misma, y ella son las dos. Carmen escribía y quizá ya Nahui dictaba, Carmen siente y Nahui resiente, la niña Carmen vibra con el aire europeo y la pequeña Nahui vibra con las promesas ingenuas de un París de principios de siglo XX. ¿Puede una niña escribir con pasión y decepción sobre la vida? Carmen y Nahui lo hicieron desde el día que nacieron, 8 de julio de 1893, en la ciudad de México. De 1897 a 1905 viven en Francia. Las monjas del Colegio Francés son testigos del crecimiento creativo de esta niña mujer que ellas mismas consideraron una niña extraordinaria. Sus poemas y relatos que escribe durante la infancia son recuperados en 1924 en el libro titulado A dix ans sur mon pupitre (A diez años sobre mi pupitre).
La escritura es la manera más natural para expresar sus sentimientos y pasiones, sus decepciones y alegrías, para amar y para odiar. Hicieron poemas desgarradores y festivos, confesiones con rimas y estremecedoras declaraciones de amor. Reflexionaron sobre su manera de ser, de estar y de comprender la vida. Hasta la fecha se conocen cinco libros de su autoría: A dix ans sur mon pupitre (1924), Calinement je suis dedans (Cariñosamente estoy adentro, 1923), Energía cósmica (1937), Nahui Olin (1927) y Óptica cerebral, poemas dinámicos (1922). Escriben espiritualmente, escriben con la audacia de aventureras de la ciencia, con la seducción y el erotismo de mujeres que saben amar y sentir.
Magdalena y Nahui también se expresaron a través de la pintura, se dibujaban a sí mismas, se autorretrataban para atisbarse y reconocerse, para marcar distancia y trazar cercanías. Sus ojos verdes, expresivos y seductores, siempre destacaban en cada cuadro. El colorido expresa una sensualidad infinita y el candor más ingenuo. Si bien no les interesaba pertenecer a una corriente pictórica, se considera que sus obras pueden ser catalogadas en el estilo naïf. Ellas aseguraban que su pintura era simplemente intuitiva. Pintaron en óleo sobre cartón, tinta china sobre papel, óleo sobre masonite y temple sobre cartón. Entre sus obras más conocidas pueden mencionarse Corrida de toros, autorretrato en el puerto de Veracruz, Nahui y el capitán Agacino en Nueva York, Personajes del circo, Autorretrato y El balcón.
Pero también fueron pintadas y fografiadas, el pincel de los más grandes artistas mexicanos y extranjeros, la lente de ojos masculinos y femenino buscaron atraparlas en una tela, en un óleo, en una fotografía. La pintó Diego Rivera, la fotografió Edward Weston, quien logró las imágenes más sugestivas y representativas de Carmen y Nahui, sus miradas llenas de nostalgia, la pasión contenida en un gesto, la pasión desbordada en un cuerpo provocador y provocativo. El escándalo las acompañó cuando posaron desnudas y algunas fotografías fueron publicadas en Ovaciones. Para Carmen su cuerpo no es un cautiverio sino un escenario de expresiones, para Nahui su cuerpo es la prueba fiel de la nueva mujer que empezaba a crecer en la segunda década del siglo XX.
Fue hasta cuando Carmen conoció al pintor y vulcanólogo Dr. Atl que se dio cuenta que en ella siempre había vivido Nahui Olin, nombre que significa la renovación de los ciclos cósmicos en el calendario azteca. El amor con el Dr. Atl fue profundo y desgastante, Junto con él la pintura y la escritura se desbordaron junto con la pasión que los unió. Como en las buenas historias de amor, se separaron de tanto amarse. Nahui y Carmen se inmortalizaron en fotografías y pinturas. Se fueron quedando solas por decisión propia. Una enloqueció, la otra quedó cautiva en la imaginación desbordada. A una la llaman feminista, a la otra solamente rebelde. Una ofreció a las miradas su cuerpo y otra donó pedazos de alma en su obra artística. Una rompió moldes y la otra hizo añicos los estereotipos. Las dos estuvieron en la vanguardia aunque la historia oficial las quiera olvidar pero en esos vuelcos inesperados, una mano amiga las recupera a través de la memoria impresa. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.Haidée Escobar de F. Díaz, fue una periodista de principios del siglo XX. Ella siempre firmó con el seudónimo Cecilia Zadi y fue una colaboradora constante en el periódico EL PUEBLO, de tendencia carrancista. Cecilia Zadi fue una de las pocas mujeres periodistas en México que de manera inmediata dio a conocer su opinión sobre la recién firmada Constitución mexicana, firmada el 5 de febrero de 1917 y que representaba uno de los mayores logros de la lucha revolucionaria y de la que hoy esta semana celebramos un aniversario más. La articulista tituló su artículo como “Éxito Nacional” definió la palabra éxito como la terminación feliz de toda empresa. Por lo tanto, no dudaba en afirmar que el Gobierno Provisional de la República gozaba de un absoluto éxito que era celebrado en todo el país.
No dudaba que el Congreso Constituyente representaba al máximo todas las aspiraciones democráticas del pueblo mexicano. Los caudillos del constitucionalismo, aseguraba, habían logrado vencer conjugaras, prejuicios, ataques, rechazos y juicios prematuros porque habían tenido fe en su lucha. Su opinión sobre el momento la expresó de la siguiente manera:
El instante solemne de la apertura de este memorable Congreso continuador de la obra nacionalista del 57 fue el generador determinante de una expectación intensísima. Desde luego, puede apreciarme la opinión del vulgo revolucionario y no revolucionario, que, aunque con distinta impresión formuló idénticos juicios; o el Constituyente se aviene al papel del rebaño de circunstancias o provoca un golpe de Estado. De tal manera las largas dictaduras hacen sentir la influencia del pasado, que es precisa la consumación más completa del éxito para que el alma del pueblo deje de reflejar su pesantez.
Reconoció que la redacción de cada artículo fue discutida incansablemente sin que ninguno de sus creadores supiera a ciencia cierta del gran paso que el país daba. Se congratulaba de que la Primera Jefatura no hubiera censurado ni prohibido cada debate que provocó que buscaba compartir una propuesta renovadora de los derechos y garantías del pueblo mexicano. Obviamente su admiración por Carranza quedó otra vez delatada:
Si el factor determinante de un movimiento trascendental, ha encarnado y se ha caracterizado enérgicamente en un mexicano, preciso es marcar esta vez, más insistentemente que otras, como el espíritu de Carranza se revela a la altura de cada situación, creada por la desorientación en el criterio político de los demás.
La rectitud y prudencia del hombre de principios fueron una oportuna y gran lección cuyos benéficos resultados estamos viendo en la práctica. Respetar la legalidad de un derecho, aun a riesgo de complicaciones de carácter personalista, es una garantía para el mañana, cuando la nueva Constitución sea el amparo de los derechos populares.
La autora consideraba que era necesario darle tiempo a la nueva Constitución para mostrar su nobleza y detectar sus errores. Pero no se podía negar que se cerraba una etapa importante de la Revolución Mexicana. Desde su punto de vista, el panorama en ese momento era esperanzador:
La obra del constitucionalismo es de progreso, ha trazado una ruta que lleva al porvenir, que, a vuelta de tormentas, se hará luminoso. Mañana, y decir mañana es decir pronto o tarde, quizá más brillantes retoques se ensayen sobre la Constitución hoy jurada porque imperiosas necesidades nacionales así lo exijan y es porque es ineludible que, a pesar de los enormes obstáculos que el pasado acumuló a su paso, México no retrocederá ya en el avance hacia el progreso político. Por ahora, y a pesar de todo, un sentimiento de seguridad más completa parece flotar sobre nuestra soberanía que sólo un atentado de infamias podría macular. La revolución firmante legalista abrió el templo de la luz de la ley al pueblo para que en su recinto pudieran sus representantes estudiar, discutir y sancionar sus derechos.
Realizada esta magnífica jornada, la revolución aparece verdaderamente augusta y a medida que el escenario político se levanta al nivel de las aspiraciones nacionales, los hombres del Constitucionalismo se ven más altos y el perfil de Carranza, como formador, se marca más y más vigoroso en el relieve intenso que esculpirá mañana en la historia de México la robusta mano del pueblo.
La opinión de Zadi puede redondear la participación femenina en el periodismo nacional, ya que en su artículo concluyó sobre el significado de la Constitución Mexicana y confirmaba que los temas del momento pudieron ser reflexionados en algunos periódicos desde el punto de vista femenino.
Además de ese texto, la periodista, de 1915 a 1916, insertó trece artículos más. En todas ellas demostró su total adhesión al constitucionalismo y su absoluta admiración por Carranza. En su primer texto publicado que se tituló “Labor de odio”, 15 de mayo de 1915, hizo referencia al odio político, que lo consideraba un sinónimo del odio mortal. Argumentaba que muchos hombres que luchaban en la revolución los movía únicamente ese sentimiento, por lo que actuaban por pasión y no por convicción, su finalidad era acabar para siempre con el otro y no lograr la libertad del pueblo. Aseguraba que no la asustaba el “sangriento recorrido realizado en esta lucha política” pero que no aceptaba los bajos instintos motivados por rencores personales. A su juicio, el único que actuaba con un verdadero compromiso para remontar a la libertad era Carranza.
Poco después, el 21 de junio del mismo año, la también poeta escribió “Resurrección de la nacionalidad”. Desde su punto de vista la esperanza del legítimo anhelo revolucionario empezaba a cristalizarse y que la mayoría de la gente empezaba a reconocerlo. Pero mostraba gran preocupación por la presencia de Estados Unidos en el Puerto de Veracruz. Por lo mismo enfatizaba la importancia del nacionalismo y exhortaba a la población a identificarse con su país, a valorar su cultura y sus costumbres. Nuevamente consideraba a Carranza como el hombre que lograría unificar a la nación, e incluso lo comparaba con otros héroes y consideraba que él si lograría un absoluto nacionalismo que beneficiaría a México en todos los aspectos. Sin duda, su admiración por el Primer de Jefe fue continua, siempre lo llenó de adjetivos y alabanzas.
Don Venustiano cabeza civil de la revolución legalista, estrechado por inmenso gentío que acudió a saludarlo, apenas tenía espacio para respirar... y marchó hacia el Palacio Nacional profanado llevando en sus manos la enseñanza nacional y el estandarte memorable del apóstol sacrificado por la reacción... y se preparó a restaurar los derechos populares. A ninguno mató, a ninguno hizo guillotinar, no hubo ajusticiados. No hubo desapariciones, ni hubo represalias. La prudencia de Carranza y su sabia determinación ante la nueva actitud de los disidentes del Norte, no dio tiempo a sus enemigos para provocar contra él un descontento que ni uno solo de sus actos le había concitado.
Su apoyo al constitucionalismo quedó nuevamente plasmado en “Hagamos obra santa”, “Prudencia política”, “Sin autonomía no hay honor” e “Himno al cuadillo”, éste último un poema. Al respecto mostró sus dotes al dar a conocer las inspiraciones tituladas “Ante el pretorio”, “El arte” y “Luz y sombra”. También reflexionó sobre temas como la verdad, el statu quo americano y la ciudad de México. Cecilia Zadi pese a no reflexionar sobre la situación femenina fue una de las pocas periodistas que en un diario de circulación nacional comentaba diversos temas, daba a conocer su simpatía por un caudillo y trataba de persuadir a los lectores para ver en Carranza al hombre que México necesitaba.
Haidée Escobar de F. Díaz, Cecilia Zadi, encontró en el periódico EL PUEBLO un gran espacio de expresión y se convirtió en una pionera del periodismo y del punto de vista femenino sobre escenarios políticos, un tema que no siempre abordaban las mujeres de principios del siglo XX. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández Carballido Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
La periodista Sara Lovera celebra cuarenta años en el periodismo nacional. Cuarenta años de denunciar e investigar. Cuarenta años de dar voz a las mujeres de este país. Cuarenta años de escribir bien y de hacer recordatorios maternos con energía para darse a respetar en una sala de redacción o para ganar la noticia. Cuarenta años de aprender de ella, de leer sus reportajes, sus notas, entrevistas, crónicas y comentarios.
La conocí cuando estudiaba en la universidad. La verdad, en ese año de 1984, varias compañeras y yo fuimos a buscar a Carmen Lira, hoy directora de La Jornada. Nosotras queríamos organizar una serie de conferencias con mujeres periodistas destacadas en México. La misma Carmen Lira nos dijo que era necesario invitar a Lovera: "¿La conocen?". Avergonzadas negamos con la cabeza. "Es la que escribe en esa mesa". Y nos la señaló.
Entonces padecí el primer dolor de estómago, como cada vez que la veo hasta la fecha. Rostro serio y voz dura, directa. Fumaba un cigarro y tecleaba con rapidez en su máquina de escribir mecánica. Redactó rápidamente su cubículo y por primera vez nos miró a los ojos. Mirada decidida, retadora, interrogativa, inolvidable. Juré que nunca la olvidaría. Entonces encontraba sus reportajes en el periódico Uno más uno y la evocaba con mucha facilidad. Recuerdo que después del terremoto del 85 fue de las primeras reporteras en recuperar los testimonios de las costureras, quienes por esta tragedia lograron denunciar todas las explotaciones que padecían.
Poco después, me invitaron a escribir en el suplemento DobleJornada, que ella coordinaba. Mi primer texto no se publicó en el número prometido y pensé que no había gustado. Entonces, la encontré en una conferencia en el auditorio del Sindicato de Electricistas. Me acerqué a saludarla. Reconoció mi nombre y me preguntó directo: "¿Me vienes a insultar porque no publiqué tu artículo?". Tartamudeé, seguramente le dio gracia, pero me invitó a colaborar cada mes en esa publicación feminista.
Fue así como aprendí a ser reportera, a tener seguridad en lo que escribía, a recibir críticas si fallaba algo y ser felicitada si el texto periodístico estaba bien hecho. La observé discutir en juntas, ganar la nota en muchos eventos, escribir concentrada en su máquina de escribir y después en su computadora, gritar de groserías cuando algo la indignaba o le desagradaba.
Nunca olvidaré esas noches en las instalaciones de Balderas cuando escuchábamos el tema que ella elegía para trabajarlo en un reportaje o en una crónica. Las reuniones para criticar o felicitar por el trabajo logrado. Discusiones y gritos, abrazos y buenos deseos. Las correcciones a las entradas, la precisión de las fuentes periodísticas, la astucia para conseguir la nota, el talento para redactar un texto atractivo.
Desde entonces digo con orgullo que es mi madre periodística, de quien aprendí el compromiso social principalmente con las mujeres. Periodismo feminista y Sara Lovera son sinónimos, son palabras que siempre van juntas, son razón de vivir, un pacto lleno de sororidad, compromiso eterno y leal.
Sara Lovera fundó Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), agencia de noticias de mujeres, escenario para sensibilizar periodistas sobre la importancia de mirar a las mujeres e incluirlas en el contexto periodístico.
Sigo colaborando para ella en la agencia, me invita a dar algún curso, la encuentro en congresos. El dolor de estómago continúa cada vez que la veo, su carisma impone, su personalidad impacta, su presencia brilla en cualquier lugar que se presente. La admiro demasiado, la quiero más.
Decir cuarenta años, se dice fácil, pero ese tiempo incluye miles de notas y textos periodísticos, entrevistas y reportajes. Entradas noticiosas y remates contundentes. Críticas directas y denuncias valientes. Sara Lovera ha sido premiada por muchas organizaciones, no hay un rincón del país donde una mujer periodista no reconozca en Lovera a una maestra, a una guía, a una inspiración y un ejemplo.
Sara Lovera, mi madre periodística, una gran periodista mexicana, feminista por siempre. Felices cuarenta años de periodismo. Y los que faltan.  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández Carballido Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
La red es una categoría que representa esa posibilidad humana de integrarse en grupo o en organización formal/informal para luchar, compartir, hacer realidad objetivos en torno a cualquier ideal que pueda solucionar desde aspectos cotidianos hasta cambios sociales. Decir red también representa la posibilidad de transformar una imagen, una figura, un símbolo, una representación o una alegoría en verbo, ya que decir redes hace posible “metaforizar” las relaciones humanas, los grupos de gentes que se integran para compartir ideales o luchar por un objetivo común.
Por lo tanto, decir Red es una metáfora y como tal responde a un requisito de comprender una acción humana compleja y abstracta transformándola en una palabra representativa y comprensible asociada con una imagen cotidiana, expresiva e ilustrativa. Una metáfora que organiza e hilvana un discurso para construir una analogía que con acierto transforma un hacer humano complejo en un término más cercano que no resulta fácil describir y es muy abstracto.
Sin duda, la red ha sido una manera auténticamente femenina y feminista de organizarse. Las mujeres activistas, luchadoras en el área de las decisiones y el poder, descubrieron que las conquistas políticas en macroniveles no bastaban, y que era para ellas importante reunirse en grupos con el fin de examinar su propia condición, su manera de relacionarse y organizarse, y proponerse cambios que mejoraran la calidad de su vida cotidiana. Es así como las redes han sido una manera tradicional de organizarse de las mujeres.
Casos pueden citarse cientos, pero hoy quiero hacer referencia al ejemplo que ha dejado Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC) fundada por Sara Lovera y dirigida actualmente por Lucía Lagunas. CIMAC ha sido la tierra fértil de la que han surgido importantes redes de mujeres periodistas. Por ello consideran que la red es un espacio en el que confluyen las mujeres en forma individual o colectiva de los diferentes lugares del planeta, es un tejido y un mecanismo que les permitirá conocer su propia realidad, conocer la de otras mujeres y participar en la búsqueda y conquista de sus derechos. Sus integrantes valoran este esfuerzo. Por ejemplo, la periodista oaxaqueña Soledad Jarquín afirma que estar juntas, en red, de manera flexible, dinámica y horizontal, para vernos a nosotras mismas y nosotros mismos, entre iguales, para crecer como profesionales, como seres humanos y humanas, para reafirmar nuestro compromiso social, para eso estamos en red. La red es hoy una realidad, la construcción de muchos esfuerzos cotidianos. El ejemplo cunde, cunde en positivo. Redes como la Red Nacional de Periodistas se han establecido en países del Caribe, Centroamérica y la región Andina y podemos decir que pronto se podrían concretar esfuerzos en todo el continente Americano, con la garantía que somos más cada día y tenemos la posibilidad de hacer más.
Es precisamente desde este espacio que celebramos un nuevo nacimiento, el sitio Web denominado Hacia la construcción de una cultura de la igualdad, con el objetivo de dotar de insumos informativos de forma sistemática a periodistas participantes de las redes nacionales e internacionales. Es un espacio especializado para ofrecer información veraz y oportuna.
En este sitio se podrá encontrar información sobre los siguientes temas: Derecho a la igualdad; Derecho a una vida libre de violencia; Derecho al conocimiento; Derecho a la participación; Derecho a la identidad; Derecho a la información y Derecho al agua. Porque pensar y crear un mundo diferente, es posible.
Este nuevo espacio apuesta y contribuye en dotar de herramientas informativas y discursivas a las y los periodistas, para que puedan acercarse desde otros ángulos a los derechos humanos de las mujeres. Además se reconoce que los medios de comunicación, cualquiera que sea su alcance, son capaces de mover conciencias y dotar de información a quienes toman las decisiones sobre las vidas de las mujeres. El acceso está en la página www.cimacnoticias.com a través de un banner colocado en el lado izquierdo de la página titulado: Hacia la construcción de una cultura de la igualdad.
La apuesta está en marcha y son bienvenidos las compañeras y compañeros periodistas, así como toda persone que las consulte para escribir sobre la condición femenina en México. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández Carballido Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.Elegancia al hablar, compromiso en la lucha, feminismo latente y constancia tenaz. Son algunos de los detalles que caracterizan la personalidad de Elena Urrutia. Representante del feminismo en México durante la década de los setenta, lo difundió y defendió desde tribunas periodísticas, así como en la academia. Pionera de la revista Fem. Fundadora del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM) en El Colegio de México. Escritora de críticas y reflexiones en torno a la lucha feminista nacional. Siempre ha recordado que se está en el feminismo de una manera espontánea, y “ese estar espontáneo te lleva primero que nada a buscar conscientemente una identidad, a irla armando con lecturas, observaciones y elecciones”.
En 1968 formaba parte de un seminario sicoanalítico y propuso que se tomara a la mujer como tema de estudio. En 1972 organizó en la Casa del Lago, que ella dirigía, un ciclo de conferencias en torno a la mujer. Las ponencias presentadas fueron reunidas en un libro que coordinó y llevó el nombre del ciclo: Imagen y realidad de la mujer, publicado en 1975.
Una mujer sabia que aceptó escribir en la prensa nacional, en la página editorial de El Sol de México, con la consigna de escribir artículos en torno a las mujeres. Se integró de inmediato a la revista Fem cuando fue invitada por sus fundadoras Alaíde Foppa y Margarita García Flores. Desde los primeros números se impuso su estilo y calidad argumentativa. En el directorio de colaboradoras se presentaba con su característica humildad: Elena Urrutia. Mexicana, psicóloga, periodista y crítica literaria.
Tuve el honor de conocerla cuando formé parte de la primera generación de estudiantes de la Especialidad en Estudios de la Mujer en el PIEM. Me llamó la atención su manera tan propia de hablar, su garbo y su fuerte personalidad. Estricta pero sensible, solidaria y talentosa, se ganó el respeto y la admiración de todas las alumnas de esa época.
Cuando el programa me becó para hacer mi tesis de maestría, asesoró mi investigación con paciencia, interés y respeto absoluto. Recuerdo que llegaba a su cubículo -siempre lleno de hojas blancas y escritas, de libros y libros, con un ventanal que permitía admirar el paisaje tranquilo del Ajusco- y la miraba leer con atención mis avances, corregir y meditar. Voces sabias llegaban a mis oídos, consejos inolvidables, motivación total. Prudente en sus comentarios, estricta en la profundidad de mis análisis. Desde entonces, es mi maestra por siempre en las lecciones feministas.
Enfrenté con ella una situación difícil en la revista Fem. En un aniversario de la revista alguien se atrevió a criticarla. Al otro día que la visité noté su dolor y decepción. Ella coordinaba algunos números de Fem, después de la desaparición de su fundadora, Alaíde Foppa. “Nunca busqué el poder que dicen. Fem representaba trabajo y desgaste, trabajo y compromiso, trabajo y más trabajo. Cuál poder se podía adquirir con una revista que cada vez agonizaba y se hacía hasta lo imposible por mantenerla con vida.” Envió cartas a los periódicos explicando esa situación, la directora de Fem no recibió esa misiva explicativa. Fue a través de un artículo periodístico, escrito por otra persona, que Fem le dio la oportunidad de explicarse. Pero nunca dejó de hablar bien de la revista, de valorarla, de ponerla como ejemplo, de ayudarla hasta el final.
Un día la invité a la UNAM y mi corazón dio un vuelco. Elegante como siempre, entró al auditorio jalando un carrito con un tanque de oxígeno que estaba conectado a una mascarilla que cubría su rostro. Nada la ha detenido. Ese día habló de Fem con la misma pasión de siempre. Desde entonces, si encuentro a Elena Urrutia en otro evento académico su oxígeno nos da aire feminista a todas.
Pese a su negativa, porque es una mujer muy humilde, se le ha rendido un homenaje durante los 25 años del PIEM. Resulta emocionante verla, escucharla, admirar al público que la mira con orgullo. Querida Elena, mil gracias por tu compromiso feminista, mil gracias por ser maestra de tantas mujeres, mil gracias por hacer del feminismo una parte significativa de nuestras vidas.
Comentario editorial "Meditación en el Umbral", para Radio Universidad Hidalgo, y se goza del permiso expreso de la autora para ser reproducido en MujeresNet.Info.
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Por Elvira Hernández Carballido Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
¿Por qué quieres ser periodista? Es una pregunta que escuchaba continuamente cuando manifestaba el deseo de convertirme en una escribidora de la historia de lo inmediato, en una obrera de la tecla, en una enamorada de la noticia, en una amante de los géneros periodísticos y en una adicta a la construcción de la realidad. ¿Y qué mujeres periodista era mi ejemplo a seguir? Durante mucho tiempo no supe qué responder. Mis amigos machines de la universidad se aprovechaban para insistirme en que no había mujeres periodistas para citar ni para admirar. Poco a poco mis bajos instintos me llevaron a la Hemeroteca Nacional a desempolvar periódicos amarillentos y encontré nombres como los de Laureana Wright, Mateana Murguía, Dolores Jiménez y Muro, Hermila Galindo, María Ríos Cárdenas, Esperanza Velásquez Bringas, Elvira Vargas y Magdalena Mondragón.
Después la vida profesional me permitió conocer periodistas de carácter fuerte, tenacidad admirable y talento en cada nota publicada. Mujeres que admiraba y a veces me asustaban por ese gran carisma, por ese estilo provocador al hablar o al ordenar, por esa mirada profunda y ese regaño atinado. Ahí están Dolores Cordero, Carmen Lira, Lourdes Galaz, Yoloxochitl Casas, y mi madre periodística, Sara Lovera
Más tarde la suerte condescendió para practicar el periodismo feminista y que mujeres periodistas se convirtieran en mis amigas como Josefina Hernández Téllez, Elsa Lever, Guadalupe López, Rosa María González Victoria, Érika Cervantes e Isabel Barranco.
También he podido admirar a las que conozco por lecturas y sé de memoria su vida y su talento como Rosario Castellanos, María Luisa China Mendoza, Elena Poniatowska, Cristina Pacheco, Rosa Rojas, Soledad Jarquín, Carmen Aristegui o Lidia Cacho.
Y la generosidad de la vida, hizo posible que estrechara la mano y entraran fácilmente a mi corazón otras mujeres periodistas de esa generación iluminada que se inició en el periódico El Día. Mujeres que sin proponérselo escribieron páginas importantes en la historia del periodismo nacional. Así, un día compartí estudios, aires de transición y una bella amistad con Rosa María Valles. Otro día, asesoré la tesis de maestría de mi estimada Paz Muñoz. Y una vez en la bella airosa conocí a una mujer que también es bella, se mueve como el viento y escribe con el alma, Edith Jiménez. Compartí con ella la carcajada de justicia y por esta escritora periodista ahora deseo pasear en un claroscuro de la luna
Pero ahora Edith Jiménez me hace leer Del amarillo al rojo, me permite palpar las tonalidades Del amarillo al Rojo, provoca reflexionar Del amarillo al rojo, reta escribir Del amarillo al rojo, pinta mi alma Del amarillo al Rojo, colorea mi mirada Del amarillo al rojo. Sí, título de su más reciente libro.
Y este recuento histórico de mujeres periodistas reales, que admiro, que son mi ejemplo y mi inspiración fue surgiendo en mi memoria después de leer esta novela porque todas ellas están sintetizadas en una sola mujer, un el personaje ficticio que teje la historia novela. Un personaje parido de la imaginación literaria, de la creatividad femenina y de la inspiración sensible de su creadora que precisamente gracias a su autora se hace real, próxima, cercana y conocida como todas estas mujeres periodistas reales de nuestro país.
Por lo tanto, Nadchielí sintetiza la tenacidad de todas esas mujeres que invadieron ese oficio tradicionalmente considero masculino, solamente porque ellos empezaron a practicarlo primero que nosotras. Ella dibuja todos esos sueños de convertirnos en ángeles enviados por un ser supremo para decir todo lo malo que vemos en este mundo, para denunciar con valentía tantas injusticias, para compartir sucesos que transformamos en noticias sin más interés que darlas a conocer a los otros. Nadchielí es un espejo para quienes consideramos que el periodismo es nuestra vida, nuestra más baja pasión, nuestro amor eterno, el compromiso absoluto. Nadchielí se arma de valor para preguntar de frente a un criminal el porqué de su crueldad, muestra el lado humano de una muerte absurda como la de todas las guerras, investiga para explicar esos interminables por qué, calcula y planea cómo atrapar la noticia y ganarse la primera plana, tiene miedo y no lo niega, le duele lo que ve pero lo transforma en denuncia, sueña despierta, se enamora del amor y ama por igual su espacio, su libertad y su profesión, el periodismo.
Sin embargo, Del amarillo al rojo no es sexista, si bien su personaje femenino es una mujer periodista admirable, la novela representa una alabanza al periodismo, ese oficio profesional donde una buena reportera o un buen reportero siempre están alertas, miran a su alrededor y no pierden un solo detalle de lo que observan. “Cerebro listo a enviar acciones reflejas perfectas sin importar si dormiste una o cien noches”
Del amarillo al rojo reconoce abiertamente que un reportero es “el auténtico cazador de la noticia, el que vive y consigna el suceso, o lo investiga, lo rastrea, antes lo intuye, lo persigue y en ocasiones, hasta extralimitándose, lo propicia; éste si es periodista, los demás, deberían llevar otro nombre.” El libro provoca que quienes amamos el periodismo y de alguna manera lo hemos vivido, aseguremos con soberbia que es la mejor profesión del mundo. Quisiera que mis alumnos y alumnas lo leyeran para que palparan el placer de reportear, la angustia de tener las palabras en la punta del teclado para informar una noticia, la autoestima en el cielo cuando la nota fue publicada, el orgullo cuando la denuncia trasciende y la gente de un país despierta.
Pero también, Del amarillo al rojo es una cátedra de historia mundial, y Belfast, Irlanda del Norte, la Guerra de las Malvinas y hasta Enrique VIII, pasan por una mirada crítica y analítica, y este conflicto se vuelve cercano, pero sobre todo humano.
Y Del amarillo al rojo también cuenta una historia sobre la posibilidad y la imposibilidad del amor. De lo celestial del enamoramiento, el mejor estado humano, pero también lo trágico del amor imposible. Nuevamente mi querida Edith Jiménez invita a enamorarnos también de su personaje masculino. Y alguna noche se puede soñar con la mirada de Piero César Ferri, compararlo con los galanes reales y aceptar que todos los hombres, hasta los ficticios, son un jeroglífico para nosotras. Siempre marcan nuestras relaciones y dejan un tatuaje por siempre en nuestro corazón, más cuando los amamos y admiramos. Piero hace suspirar, nos llena de melancolía y nos seduce cada vez que aparece en la historia.
Y esos lapsos de amor, de momentos históricos, de testimonios desgarradores atrapados por una valiente periodista, esa mujer periodista que nos comparte hasta sus más íntimos sueños y secretos, hacen afirmar que Del amarillo al rojo no se limita a dichos colores. La historia es un verdadero arco iris donde el colorido marca las cinco partes semanales en que está dividido el libro. Así el primer día puede ser un verde lleno de esperanza para soltar la mano. El segundo día un gris lleno de humo al poner toda leña contra Enrique VIII. El tercer día un café arena que marca la huella de esos días. El cuarto un azul lleno de melancolía. Y el quinto de morado, rosa y violeta, mis colores preferidos, porque como Nadchielí, como Edith Jiménez , como yo, y como todos los amigos y amigas que leerán este libro lo cerrarán sin pesimismo, sino con la fe de un mundo mejor, un mundo donde pese a la muertes, a las guerras, a las envidias, a la soledad, a las traiciones, a las mentiras, al dolor, al amarillo del morbo y a lo rojo de la sangre derramada por inocentes, también está lleno de idealistas, de soñadores, de gente comprometida y de corazón generoso como lo permite atisbar en sus palabras Edith Jiménez.
Gracias Edith por compartir esta historia, que aunque desde su título promete ser bicolor, lo es solamente en la denuncia. Bien adviertes desde el principio:
“Si las letras y luego las palabras se hilvanaran y pudieran escribirse solas y se tejieran en mensajes, se quejarían de estar pintarrajeadas del amarillo al rojo. Ya los medios de comunicación masiva del mundo no quieren informar si no hay sangre en los tinteros. Están reduciendo la vida y el conocimiento público a la pesadumbre humana. El maniqueísmo impera en las letras y en los tiempos aire. Pero no, ya sé por dónde voy, y no deseo pensar en aquello”.
Cada palabra que depositaste en las 300 páginas de la historia, son palabras agradecidas porque se saben amadas, coloridas, vivas, declarativas, testimoniales, llenas de pasión y de amor. Son palabras que me dibujaron a la periodista que soñé ser, a la periodista que admiro cuando denuncia a un gober precioso o que renuncia por sus principios sólidos a un medio de comunicación que amenaza su libertad de expresión, a las periodistas que mueren en uno de los estados más pobres del país pero que desde su estación de radio rompieron el silencio, a la periodista que me enseñó a hacer entradas y a observar con detalle la situación de las mujeres mexicanas, a la periodista en todo el sentido de la palabra y que hoy puedo abrazar y decirle: Gracias, gracias por existir, gracias por escribir, gracias por ser mi amiga. Gracias Edith por pintarme al periodismo de tantos colores, y a comprometernos a ir más allá del amarillo y del rojo. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández Carballido Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
Ya lo canta la famosa Amanditita: “te pones minifalda y te crees la muy muy”. ¿Por qué las instituciones conservadoras se creen con derecho a prohibirla? ¿Por qué su visión machista les hace suponer que las mujeres podemos provocar a los hombres? ¿Por qué se supone que los hombres no pueden controlar sus bajos instintos y entre menos se les muestre, mejor te respetarán? Sí, la minifalda fue una moda que revolucionó la manera de vestirse de las mujeres en la década de los sesentas porque dejaba al descubierto sus piernas, ocultas en los largos vestidos del siglo XIX, en los trajes formales de la década de los veintes, en los vestidos de madres abnegadas de os años cincuentas.
La minifalda delata siempre pantorrillas perfectas y se solidariza con los muslos delgados, siempre te hace sentir joven, rebelde y libre. Es divertido combinarlas con medias de colores, de redes o flores estampadas. Caminar con ellas muy rápido si traes huaraches y taconear coqueta si calzas botines.
La minifalda hace que te admires al momento de verte en el espejo, que voltees a verte cuando pasas por un escaparate y que sonrías comprensiva cuando recibes piropos solidarios. Es fácil hacer oídos sordos si un patán muestra su pésima educación cuando te alburea en vez de piropear, porque la minifalda te hace sentir segura de ti misma.
La minifalda, aún siendo feminista furibunda, te reconcilia con las miradas masculinas que te atisban con admiración, te hace sentir que caminas por nubes marinas y te hace caminar al compás de un reloj al revés.
Cuando una mujer decide ponerse minifalda piensa en ella misma, en lo que se quiere, en lo que se admira, en lo segura que está de sí misma, en lo divertido que resulta que el viento silbe a su paso, que los muslos se asomen curiosos a conocer su mundo cotidiano, y que a la altura de las rodillas comienza la vida.
Una mujer con minifalda no se siente desnuda porque no lo está, unos centímetros de tela solidaria cubren lunas frías, soles bostezando y nubes de algodón. Una mujer con minifalda no desea recargarse en la pared ni pararse en una esquina, camina como reina porque así teje sueños sin esperar Romeos ni Ulises.
La minifalda te ayuda sentarte con elegancia, a cruzar la pierna como femme fatale de las películas francesas, a inventar los mejores pasos de baile para que no descubran nada más allá de ella y a descubrir con facilidad que en tus muslos se dibuja la curva del mañana.
Cuando un hombre ama y respeta a una mujer considera que la minifalda dibuja muslos de catedral, besan nuestro andar y lo puedes sentir temblar como una luna en el agua. Te admira, agradece con una mirada discreta y sonríe con nerviosismo.
Una minifalda no es consecuencia de agresiones, ni justifica descontroles machistas. En pleno siglo XXI una minifalda solamente delata la cerrazón de una sociedad, el conservadurismo de miradas ciegas y la negación de que a las mujeres nos gusta inventar y recrear nuestro cuerpo. La minifalda solamente pone tono a nuestra sensualidad, a nuestra alegría de ser mujeres y a nuestra certeza de que esas piernas torneadas, hermosas, delgadas, esbeltas, columnas, tallos, flores y girasoles que asoman sonrientes debajo de un dobladillo son poemas al cuerpo femenino y jamás amenazas para machines en extinsión.  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández Carballido Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
En la calle de Balderas, en la ciudad de México, hay una casa que representa un espacio muy significativo para quienes hacemos periodismo feminista. En ella hay un centro de documentación único en México y quizá en América Latina. En ella hay un grupo de periodistas que todos los días da a luz denuncias sobre la situación de las mujeres. Reporteras que a través de la nota informativa, la entrevista o el reportaje dan voz a miles de mujeres que sufren algún tipo de violencia, discriminación o indiferencia por el simple hecho de ser mujeres. Cronistas de la vida cotidiana femenina. Feministas de la tecla, constructoras de una realidad que cree en la equidad de género.
En esa casa de la calle de Balderas todos los días se hace periodismo feminista. Ahí está Lucía Lagunes, de carácter firme y compromiso absoluto con la causa de las mujeres. Ahí está Érika Cervantes, llena de generosidad para distribuir por la red textos firmados por mujeres que denuncian y describen la situación de las otras, de nosotras, de ellas mismas. Ahí están muchos pares de manos femeninas brincando hora con hora de una tecla a otra para unir letras, para construir palabras, para formar discursos, para hacernos visibles en el periodismo nacional. Ahí continúa la guía e inspiración de Sara Lovera, fundadora, periodista comprometida, valiente y tenaz. Mi madre periodística.
Hoy no quiero imaginar que esa misma casa, donde he leído tantos textos, donde he tenido charlas inolvidables, donde el aroma del periodismo feminista se confunde con el del café y donde están las mujeres que admiro, ha sido saqueada. Que ese espacio arquitectónico quedó casi vacío sin las computadoras y sin tantas cosas que gente infame robó. No quiero pensar cuántos archivos valiosos con datos, denuncias, nombres y testimonios se han perdido en una nada que duele e indigna. En esa casa de Balderas, durante más de una década, se asila Comunicación e Información de la Mujer (CIMAC), agencia de noticias de mujeres creada en 1992 para sensibilizar al mundo periodístico sobre la importancia de informar sobre la condición femenina. CIMAC representa un puente entre los y las trabajadoras de la comunicación y la información de la actividad de las mujeres, en todos los ámbitos. Siempre tendrá como meta fundamental cambiar las actitudes de las y los periodistas sobre el papel de las mujeres en el mundo. Por eso ha sido definitiva en la creación de redes de mujeres periodistas.
Me gustaría pensar que ese saqueo a CIMAC no es una manera de amenazar, de advertir, de intimidar a un grupo de mujeres periodistas que alzan la voz y toman nota de las injusticias contra las mujeres en este país. Que su libertad de expresión no ha sido amenazada.
Sin embargo, presiento, lo que claramente advirtió Sara Lovera, fundadora de CIMAC: “las condiciones en que dejaron los ladrones las oficinas recuerdan el asalto a CENCOS hace 33 años, precisamente una organización civil decidida a dar voz a quienes son excluidos, sistemáticamente, de los medios masivos y comerciales de comunicación. Por ello, como ha señalado el abogado de Cimacnoticias, Manuel Fuentes, se tiene la sospecha de que enviaron a Cimacnoticias un mensaje de intimidación, y probablemente un señalamiento de que somos vulnerables.”
Por ello, me uno a las exclamaciones de protesta que ya han manifestado tanto Sara Lovera como un gran número de mujeres periodistas de México y otros países que desde sus trincheras periodísticas han exigido esclarecer el caso y detener a los culpables. Desde este umbral demuestro mi solidaridad con CIMAC, gracias a esta agencia de noticias, centro de documentación, organización periodística generosa, muchas de nosotras tenemos temas para dar a conocer en nuestros espacios; gracias a CIMAC recibimos datos para compartir en medios de comunicación como este desde donde cada martes comparto reflexiones con ustedes, Radio Universidad en el estado de Hidalgo. Por eso me siento identificada y repito con orgullo las palabras de Sara Lovera: “Cuando este grupo de periodistas pensamos en impulsar un proyecto de esta naturaleza, lo hicimos siempre desde el profesionalismo. Eso incluye tener una mirada amplia, sin regatear, como hacen otros medios, nada a la realidad y la realidad de las mujeres en México, es devastadora. No podemos ocultarlo, pero eso no nos hace enemigas de nadie.”
Comentario editorial "Meditación en el Umbral", para Radio Universidad Hidalgo, y se goza del permiso expreso de la autora para ser reproducido en MujeresNet.Info. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández Carballido Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.Las Genaras son jóvenes mujeres que creen en sí mismas y les gusta transgredir, por eso escriben sobre la condición femenina. Las Genaras son amantes de las palabras, por eso les gusta crear nuevos discursos que desafíen los roles impuestos a nuestro género. Las Genaras se mueven como el viento, por eso sus voces atrapadas en papel llegan a todos los rincones de los escenarios sociales. Las Genaras son feministas por eso tiene una actitud optimista de la vida y la comparten en una revista que orgullosamente lleva su nombre. Las Genaras son mi espejo porque escriben sobre lo que siento y me preocupa, sobre lo que soy y lo que quiero ser.
Las Genaras representan mis continuas incertidumbres pero son a la vez mis consejeras y mis chamanas del periodismo femenino, feminista, de mujer, de mujeres como yo, como tú, como nosotras.
Las Genaras aceptaron la invitación de nuestras abuelas del siglo XIX que en 1873 crearon el semanario “Las hijas del Anáhuac” primera publicación periodística fundada por mujeres en México.
Las Genaras continúan la tradición de esas pioneras del siglo XIX que encontraron en el periodismo el espacio ideal para decir quienes somos y quienes no queremos ser, para mostrarnos confiadas en las transformaciones sociales y convertirnos en transgresoras como lo fue en su época Laureana Wrigth, que fundo Las violetas del Anáhuac.
Las Genaras heredaron la sangre revolucionaria de las otras soldaduras, de esas mujeres que creyeron en un movimiento social que enarbolaba la bandera de la justicia, la libertad y la igualdad.
Las Genaras también nacieron por las mismas razones de FEM, ejemplo de periodistas feministas en México, y como en su primer editorial, ellas se proponen señalar desde diferentes ángulos lo que puede y debe cambiar en la condición social de las mujeres; e invitan al análisis y a la reflexión.
Las Genaras quieren seguir el camino de mi madre periodística, la gran reportera Sara Lovera, que fundó y coordinó el suplemento DobleJornada, espacio del periodismo de denuncia de la situación de las mujeres en México.
Entonces Las Genaras tienen pasado y presente, son nuestras antepasadas y las mujeres que hoy estamos aquí, y gracias a su espacio periodístico habrá muchas más que mañana se integren a esta utopía real, a esta realidad utópica, a este reto de dirigirnos al rumbo de la equidad de género.
Por eso hoy los cuatro primeros números de su revista viven en mis libreros, circulan por las manos, ojos e ideas de mis alumnas y alumnas, se han vuelto publicaciones de consulta, pero también de orgullo, de modelo para afirmar que los sueños y retos se han realidad cuando hay compromiso, esperanza e ilusiones.
Hoy ha salido a la luz su quinto número, y aunque en sus páginas no se nota, hay una historia de lucha constante, de tenacidad absolutamente tenaz, de cazadoras de sueños aunque a veces se tengan pesadillas, aunque no se tenga el dinero suficiente ni la publicidad necesaria o el tiraje envidiable.
Hoy Las Genaras están de fiesta y con humildad agradecen el apoyo y la aceptación a esta revista que ya no es un proyecto sino una publicación que ya necesitamos porque nos prometen y garantizan que su rumbo se dirige hacia la equidad de género.
Hoy Las Genaras charlan con la Dra. Eugenia Flores Hernández que nos afirma que la salud de las mujeres no es un estado natural, es más bien el resultado de las condiciones de vida de cada una de ellas. Denuncia que la gineco-obtetricia ha sido prácticamente arrancada de la pericia femenina. Me recuerdan el árbol de la esperanza que ha mantenido firme a mujeres como Frida Kahlo o admiran a mujeres como Hannah Wilke que hizo de ella misma el objeto y el sujeto de su arte hasta su muerte. Nos hacen mirarnos y recordar a las mujeres de la tercera edad. Evocan a grandes chamanas de todos los tiempos, María Sabina y Doña Pachita.
Las Genaras desde sus páginas cantan y recitan poemas, comparten trazos sensibles de pintoras por vocación y comparten aromas de mujer.
Las Genaras son mis amigas y mis cómplices, mis maestras y mis hijas, mis comadres y mis madrinas, por eso cuando digo Fabiola Juárez Avendaño, Noemí Luna García, Rosina Conde, Mónica Nelly Terán, Lesly Carvajal y Juan Emmanuel Vela, digo Genaras con todo orgullo y amor lleno de sororidad auténtica y emotiva, digo Gracias Genaras por esta publicación, por su ejemplo y por ser mis compañeras de vida y sueños.
Comentario editorial "Meditación en el Umbral", para Radio Universidad Hidalgo, y se goza del permiso expreso de la autora para ser reproducido en MujeresNet.Info. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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Por Elvira Hernández Carballido Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.En marzo de 2008 la Red de Investigadoras por la Vida y la libertad presentó públicamente la propuesta de “Lineamientos y Mecanismos para una legislación de medios de comunicación con perspectiva de género”, que en noviembre de 2007 fue entregada al Senado de la República. La red está integrada por estudiosas del tema como Marcela Lagarde, Olga Bustos y Aimée Vega, entre otras. Un principio que se considera fundamental, es el que apunta a una legislación que promueva la producción, edición y difusión de contenidos diversos que proyecten la pluralidad y diversidad culturales para todo tipo de audiencias, destinados a satisfacer sus necesidades de información, cultura, educación y entretenimiento; que impulsen la sociedad de la información y el conocimiento; que promuevan la pluralidad, participación y valores democráticos; y que garanticen el acceso, en condiciones de igualdad, de todos los grupos sociales a la comunicación y la información.
El documento está conformado por cuatro capítulos. En el primero, esboza la situación de las mujeres y las niñas en el mundo y sus posibilidades en la esfera de la comunicación y la información, a través de los procesos de producción, representación y recepción, así como su relación con las nuevas las tecnologías de información. En el segundo, describe los retos que el conocimiento de estos procesos ha planteado a la comunidad científica y a los organismos internacionales, en aras de contribuir a la democratización de los sistemas comunicativos mediante la creación de acciones e instrumentos jurídicos a nivel internacional. El tercero, analiza los marcos jurídicos nacionales existentes en la materia, y que llaman a la necesidad de que la Ley de Medios promueva los derechos humanos de las mujeres y las niñas en nuestro país.
Sin duda, el cuarto capítulo destaca por el concentrad de principios y mecanismos para una legislación de medios mexicana que, con perspectiva de género, promueva la igualdad entre mujeres y hombres. Algunas de sus iniciativas son:
·Garantizar el derecho humano de todas las mujeres y las niñas a la comunicación, la información y la libertad de expresión.
·Promover el acceso y participación de las mujeres y las niñas indígenas a la comunicación, la información y la libertad de expresión.
·Garantizar el acceso universal con perspectiva de género. La Ley deberá garantizar el acceso de las mujeres y las niñas a la información en condiciones de igualdad.
·Promover la producción de contenidos con perspectiva de género.
·Alentar a las industrias audiovisuales a aumentar la producción de programas realizados por mujeres.
·Garantizar la libertad de recepción con perspectiva de género. La Ley deberá garantizar el respeto a los principios de libertad de recepción de las mujeres y las niñas, sin que los intereses privados y los poderes públicos puedan violentar este derecho.
·Impulsar observatorios de medios con perspectiva de género. La Ley deberá impulsar el desarrollo de Observatorios Mediáticos que den cuenta del quehacer de los medios en la promoción de los derechos humanos de las mujeres y las niñas.
La propuesta es recibida con ilusión y agrado en la sociedad mexicana que cree en la equidad de género. Ahora el reto será que pueda convertirse en realidad y sea respetada por los hombres y mujeres de México. La invitación queda abierta.
Comentario editorial "Meditación en el Umbral", para Radio Universidad Hidalgo, y se goza del permiso expreso de la autora para ser reproducido en MujeresNet.Info. Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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