*Informe: Periodistas están desapareciendo en México
[Ver]
*SIP: 2008 registra trece periodistas muertos en la región
[Ver]
*Guía para periodistas: Cómo sobrevivir en el 2009
[Ver]
*Diseñan seguro para proteger a bloggers de cargos de difamación
[Ver]
*Red internacional de seguridad para periodistas lanza sitio especializado
[Ver]
Informe sobre Periodistas en México
Periódicos y Expresión |
CICLO DE CONFERENCIAS
“ENTRE MUJERES INSURGENTES Y REVOLUCIONARIAS”
FACULTAD DE CIENCIAS POLITICAS Y SOCIALES
UNAM
Jueves 29 de abril. Mujeres insurgentes
- Josefina Hernández Téllez. La educación femenina en 1810
- Layla Sánchez Kuri. Presencia femenina en la Independencia.
- Elvira Hernández Carballido. Leona Vicario, la corresponsal de los insurgentes.
- Rosalinda Sandoval Orihuela. Los taconazos de Doña Josefa
Moderador: Vicente Castellanos Cerda
Inaugura: Maestro Arturo Guillemoud Rodríguez Vázquez
Salón 12 Edificio de Posgrado (“F), 18:00 horas, FCPyS
Viernes 30 de abril. Mujeres revolucionarias
- Rosa María Valles Ruiz. Periodista y feminista: Hermila Galindo
- Elsa Lever M. El Universal y las mujeres periodistas
- Gloria Hernández Jiménez. Mujeres, revolución y fotografía
- Francisca Robles. Los corridos y la presencia femenina
Moderadora: Noemí Luna García
Inaugura: Maestro Arturo Guillemoud Rodríguez Vázquez
Sala Lucio Mendieta, Edificio de Posgrado (“F), 18:00 horas, FCPyS
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Por Elsa Lever M.Periodista con Maestría en Comunicación por la FCPyS de la UNAM, diplomada en Género por el PUEG de la UNAM, y en Feminismo por el CEIICH de la UNAM.
El 28 de septiembre es el Día por la Despenalización del Aborto en América Latina y el Caribe. No tendría razón de ser, si no fuera por los millones de mujeres que mueren por abortos practicados en la precariedad y el riesgo que implica la clandestinidad. En esta exigencia mundial, México ha dado un gran paso, cuando el 28 de agosto la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) reconoció que la ley en la capital mexicana que permite la Interrupción Legal del Embarazo (ILE) en las primeras doce semanas de gestación no contradice la Constitución, una resolución histórica y una de las más importantes en materia de derechos humanos a nivel de toda la historia de la Corte, pues por vez primera se hicieron pronunciamientos fuertes y expresos a favor de los derechos de las mujeres. Ha dejado de ser un delito para convertirse en derecho. Pero no confundamos. No celebramos que las mujeres aborten. Nadie en su sano juicio puede considerar grandioso que las mujeres tangan que recurrir al aborto. Si la pobreza no existiera, o la ignorancia, la violencia y falta de educación sexual no fueran característica distintiva de nuestro país, seguramente los embarazos no deseados se contarían con los dedos. Pero la realidad no es esa. La verdad es que millones de mujeres viven en la pobreza y la ignorancia, donde no existen los métodos anticonceptivos y ni siquiera la idea del derecho a la salud sexual y reproductiva. La verdad es que millones de mujeres no tienen suficiente educación sexual ni orientación familiar que las blinde ante el error o la duda. La verdad es que millones de mujeres mueren practicándose abortos clandestinos que elevan el riesgo de muerte o de complicaciones graves. Entonces lo que celebramos no es que las mujeres aborten. Lo que aplaudimos es el reconocimiento constitucional de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, a la maternidad voluntaria, y a la asistencia médica legal y segura ante la interrupción de un embarazo. Que las mujeres decidan no interrumpir un embarazo depende de cambiar las condiciones sociales y económicas del país; de la información real y oportuna que las familias, la escuela, los medios y el Estado brinden a la sociedad. Depende de mejores oportunidades laborales, salarios y prestaciones; de relaciones de pareja más equitativas y respetuosas; de oportunidades de vivir con calidad. Más de 30 años de lucha por la maternidad voluntaria hemos tenido en el país, y por fin, una respuesta más concreta. "Mujeres deciden, sociedad respeta y Estado garantiza".
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Por Ana Silvia Monzón
Socióloga y comunicadora. Co-fundadora de las iniciativas de comunicación feminista Voces de Mujeres (1993), Red Mujeres al Aire (2002) y Mujeres Abriendo Caminos (2007). Integrante del Consejo Editorial del periódico "La Cuerda".
Las mujeres hemos dado un aporte fundamental a la humanidad: el lenguaje articulado que se expresa en miles de idiomas maternos alrededor del mundo. Sin embargo, a lo largo de la historia hemos recibido cientos de mensajes patriarcales bíblicos o no, que mandan a callar a las mujeres, particularmente en los espacios públicos donde la voz del poder sigue siendo masculina.
Muchas mujeres han transgredido este mandato de silencio y nos han legado sus luchas por encontrar y expresar sus pensamientos a través de la palabra escrita o hablada. Es el caso, en Guatemala, de María Josefa García Granados quien, en la primera mitad del siglo diecinueve, fue una de las primeras en escribir con desenfado tanto de sexo como de política. En la segunda mitad de ese siglo surgieron los periódicos “La Voz de la Mujer” (1885) y “El Ideal” (1887) ambos escritos por mujeres quienes, a tono con los aires de modernidad de ese entonces, decidieron expresar públicamente sus ideas, Vicenta Laparra, Jesús Laparra, Adelaida Cheves, Rafaela del Aguila, Sara María de More son algunos nombres de estas valientes mujeres que enfrentaron burla y rechazo por este atrevimiento. En la actualidad el periódico feminista “La Cuerda” recoge esa tradición de escribir en femenino para reclamar derechos e igualdad de oportunidades para las mujeres.
En el ámbito radiofónico, que en nuestro país se empezó a desarrollar en los años veinte del siglo pasado, las pioneras del micrófono fueron entre otras, Tita Corina, María Olga Mendoza, Marta Bolaños, María Luisa Aragón, Ernestina Porras, María Luisa Spillari y Victoria Martínez Moraga.
A pesar de estas incursiones de las mujeres en los medios, éstos se han caracterizado por limitar su presencia como creadoras de opinión, y sobre todo por difundir imágenes y reproducir ideas que refuerzan roles y estereotipos que excluyen las experiencias femeninas, asignando escaso valor a los aportes de las mujeres en la historia.
A la exclusión por género y etnia se han sumado, en Guatemala, particularmente en los años del conflicto armado interno, las limitaciones para el ejercicio de la libertad de expresión, de emisión del pensamiento y de acceso a la información para quienes piensan diferente de los poderes establecidos, y por eso han padecido represión, exilio y muerte como lo revela este testimonio “El precio que se pagó no fue exclusivo del sector prensa, fue la mayoría de la población, Guatemala es un país silenciado, es un país incomunicado, no hemos tenido un acercamiento entre seres humanos porque el derecho a la comunicación nos ha sido vetado toda la vida” . *
En este marco histórico, cuando aún no concluían las negociaciones por la paz, un grupo de mujeres universitarias de diversas disciplinas, edades y experiencias tomó los micrófonos un 12 de julio de 1993 y a través de la señal de Radio Universidad (92.1 FM) dio vida a una propuesta de comunicación hasta entonces inédita: Voces de Mujeres. Este proyecto se ha mantenido vigente, ha dado frutos no sólo en el ámbito de la comunicación sino también en la academia y en el movimiento de mujeres, y este año cumple quince años al aire.
Quince años que festeja junto a dos iniciativas hermanas: Mujeres y Universidad, producido por el Instituto Universitario de la Mujer, y Hablan las Mujeres, por la Unión Nacional de Mujeres Guatemaltecas, que también transmiten por la radio de nuestra universidad.
Los tres programas comparten visiones, experiencias y proyecciones dando vida a una franja diaria de diez a once de la mañana. Espacio donde resuenan las voces y se expresan los pensamientos de cientos de mujeres guatemaltecas de los cuatro puntos cardinales y de más allá de las fronteras, ya que las mujeres migrantes que viven en Estados Unidos también tienen un lugar en Voces de Mujeres para compartir sus ideas.
Al tomar la palabra las mujeres construimos ciudadanía, es una afirmación que celebramos con alegría y que legamos a las generaciones venideras.
VOCES DE MUJERES, ACTUANTES Y DELIBERANTES
Ahora parece lejana aquella primera emisión del programa radiofónico Voces de Mujeres, un 12 de julio de 1993. Olga Villalta y Karla Lemus fueron las voces que irrumpieron en el dial (en ese entonces 92.3 de Radio Universidad), acompañadas de nuestra escucha atenta porque los siguientes días cada una de nosotras se estrenaría en la cabina de radio que, para entonces, se nos hacía algo misterioso y aún hostil.
2,640 emisiones más tarde Voces de Mujeres continúa al aire, y ese sólo dato merece celebrarse como un hecho relevante en la historia de las mujeres en Guatemala, particularmente en el ámbito del ejercicio del derecho a la libertad de expresión y emisión del pensamiento. De un pensamiento innovador que nombra en femenino y en primera persona del singular y del plural, de una propuesta comunicativa que da relevancia a los saberes, quehaceres y experiencias de las mujeres diversas que habitan nuestro mundo.
Voces de Mujeres ha implicado el trabajo de más de cuarenta mujeres de distintas edades, procedencias, profesiones y oficios, un trabajo voluntario, perseverante, autónomo e independiente que, más allá de obvias pero enriquecedoras diferencias, ha mantenido como norte el dar autoridad a la palabra de las mujeres, credibilidad a sus aportes, sumar a sus acciones y acompañar sus pasos en la construcción de nuevos discursos, nuevas propuestas que desnaturalicen el patriarcado, desmonten la misoginia, denuncien la violencia, la explotación, la discriminación y el racismo. Propuestas que le apuestan a la vida, a la ciudadanía plena, al ejercicio de derechos que aún se están inventando como el derecho a la alegría, a ser nombradas y recordadas.
Artistas y artesanas, literatas y analfabetas, músicas y poetas, políticas, sindicalistas, activistas, amas de casa, maestras, obreras, campesinas, intelectuales, estudiantas, académicas, migrantes, periodistas, niñas, jóvenas, adultas, adultas mayores, amigas de la vida, investigadoras, funcionarias, empresarias, heterosexuales y lesbianas, discapacitadas, madres, indígenas, garífunas, xincas, ladinas y mestizas, extranjeras, del área rural o urbana, famosas o anónimas…y una lista interminable de mujeres valiosas han llenado la caracola de Voces de Mujeres. En esta caracola están encerradas sus palabras que, como escribió la querida escritora Isabel Garma co-fundadora del programa, sólo se liberan cuando son escuchadas por otras mujeres que aún desconocen sus inmensas posibilidades para ser humanas plenas y conscientes, actuantes y deliberantes.
* Testimonio de un periodista ante la Comisión del Esclarecimiento Histórico, en: CERIGUA s.f. La prensa en Guatemala. El Observatorio de los Periodistas. http://www.cerigua.org/ En la foto: Rigoberta Menchú y Carmen DeOla (de pie) con la comunicadora Ana Silvia Monzón en la cabina de Radio Universidad, 2004.
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Obra de Miriam-Schapiro Por Gladys Villegas Morales Doctora en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid, España; catedrática de la Facultad de Artes Plásticas de la Universidad Veracruzana, México. Investigadora, también imparte cursos, conferencias y ha publicado artículos sobre el arte, las mujeres y género. Es coordinadora y/o curadora de 11 exposiciones colectivas y ha participado en más de 30 exposiciones colectivas y 12 exposiciones individuales, a nivel estatal, nacional, y en Argentina, Serbia, España y Canadá. Es autora de “Mujeres y Surrealismo”, capítulo en el libro "Creación artística y mujeres". Marian L.F. Cao (coord.). Narcea. España. 2000 y del libro “La imagen femenina en artistas mexicanas contemporáneas” editado por la Universidad Veracruzana en agosto 2006.El Arte Feminista es definido por Lucy Lippard como “un sistema de valores, una forma de vida, una estrategia de cambio.” [1]El Arte Feminista es una forma de expresión estrechamente relacionada con la experiencia de la artista, de la conciencia que tiene de su condición de mujer y su vivencia de ello es expresada a través de la obra. El papel de la mujer en la vida diaria, íntima o profesional pasa de esta manera a formar parte de las temáticas del arte.
Partiendo de que el arte, al igual que la ciencia y todos los métodos de conocimiento, está condicionado por una determinada visión del mundo, por la ideología que lo sustenta y el sexo que detenta el poder del saber, se dice que no hay arte ni ciencia neutros.
Así la consigna feminista “lo personal es político” es retomada por el Arte Feminista, y trabaja con la esfera personal de la vida de las mujeres y convierte cada aspecto de la vida privada en una experiencia política.
Para la filósofa Eli Bartra el arte apolítico no existe: “El arte feminista es una creación, voluntaria o instintiva, con un contenido político distinto a otros y que se enfrenta por ello con valores de la ideología dominante”. [2]
La característica más significativa del Arte Feminista es su función política. Dentro de ésta, su visión hacia el cambio, su esfuerzo para que se escuche la voz de la mujer tan escasamente considerada en nuestra cultura, por expresar su visión del mundo. Las artistas están interesadas en participar activamente en el campo de la cultura, comparten la idea de transformar las condiciones en que se ha desenvuelto la vida de las mujeres; además se intenta recuperar la propia historia, mediante el empleo del arte como un instrumento más dentro de las estrategias del movimiento feminista.
Por un lado, entendiendo que por pertenecer al género femenino, en una sociedad donde el trabajo está divido por sexos, afecta la producción, y por otro, el querer dar voz a toda una experiencia negada en ésta sociedad, como la femenina, llevan a las artistas a expresarse no sólo como mujeres sino a realizar propuestas que reflejen su conciencia feministas.
“Aunque a través de la historia han habido varios movimientos artísticos revolucionarios , el movimiento de arte feminista es diferente de éstos porque trata de los roles de la mujer en la sociedad, un tema que no había sido tocado antes. La específica situación de la mujer en nuestra sociedad, relegada a la esfera privada, ha hecho que el movimiento de mujeres introduzca el concepto de 'lo personal es político' a la política. Este concepto también ha afectado al arte feminista. El tema del arte feminista incluye la esfera privada personal de la vida de las mujeres y también la pública, la esfera política.” [3]
Como señala esta misma artista, una de las contribuciones del arte feminista es que su dirección es la lucha de las mujeres, la vida diaria y emocional, y la visión de una cultura de mujeres. En comparación con otros movimientos políticos y artísticos, el movimiento de mujeres y el movimiento de arte feminista han hecho de cada aspecto una experiencia política.
El objetivo de este movimiento artístico es concienciar a las mujeres, a través de propuestas plásticas, de los diversos aspectos de su condición femenina dentro de ésta sociedad: desde la denuncia de la manipulación de sus cuerpos, el trabajo doméstico enajenante, hasta la recuperación de sus pensamientos y actividades en una revaloración como seres humanos.
El Arte Feminista toma como punto de partida una actitud de resistencia ante el dogma del progreso que caracterizó a la Modernidad. Se trataba de denunciar que la idea del progreso de la humanidad no había incluido nunca la idea del progreso de la mujer.
Este movimiento artístico lo podemos considerar como el primer planteamiento abiertamente posmoderno. Dentro de sus primeros planteamientos están los más importantes pilares sobre los que se erigirá la “Nueva condición posmoderna”. Entre sus aportaciones podemos mencionar el cuestionamiento a los conceptos de genio, la división entre arte y artesanía, la consideración de lo femenino en el arte (cuestiones que hemos analizado en la primera parte de este trabajo); el cuestionamiento a las grandes metanarraciones señalando su parcialidad, su postura parcialista y cargada de prejuicios. [4]
Mónica Mayer en un artículo publicado en 1988, comenta al respecto cómo ahora que a este movimiento se la llama postmodernismo y es una propuesta del “hombre”, se aceptan una serie de conceptos que por razones políticas muy concretas han venido desarrollando las teóricas y las artistas feministas durante cerca de 20 años.
“Primeramente hay que definir las aportaciones feministas retomadas por el post-modernismo. El feminismo criticó los ímpetus totalitarios del sistema patriarcal haciendo ver lo inútil, impráctico y empobrecedor que resulta mantener un discurso teórico único. En otras palabras, nos cansamos de que siempre nos dijeran que es y que no es ARTE, qué técnicas y temas son válidos, en qué espacios hay que exponer, etc. Atacamos la visión absurda entre la teoría y la práctica, entre arte y política, e incluso entre la tan discutida separación entre cuerpo y mente, inteligencia y emoción… "El conocido planteamiento feminista 'lo personal es político' por ejemplo, nos llevó por varios caminos, hoy retomados por el post-modernismo. "Una primera reacción de las artistas feministas fue tomarse como tema del arte, pasando de sujeto y musa inspiradora a convertirse en el sujeto mismo de su trabajo. No pocos siguieron el ejemplo, y uno de los principales elementos del arte reciente es su intimidad y su calidad confesionaria. (…) Así pues, reclamamos la maternidad de los aspectos de 'resistencia' que claramente vemos en el post-modernismo, dejando que, quien resulte responsable, reclame sus aspectos reaccionarios, violentos y decadentes.” [5]
Así, las artistas feministas al cuestionar el patriarcado y sus valores del modernismo, incursionan libremente en un arte que no se encuentra limitado por soportes ni conceptos estéticos tradicionales. Ellas utilizan tanto soportes tradicionales (pintura, dibujo) como soportes no tradicionales (acciones plásticas, arte correo) así como soportes ni siquiera considerados como tales (fiestas, concursos, eventos en medios masivos de comunicación).
Las primeras artistas feministas se dan cuenta de que ante la pregunta ¿Quién soy? no hay respuestas fuera del marco de referencia de su género. Así surge la pregunta ¿Quienes somos? entendiendo que sólo mediante la exploración de las circunstancias colectivas pueden llegar a comprenderse como seres humanos. Por ello el arte de colaboración y el performance van a ser formas predominantemente feministas durante la década de los setenta y ochenta, formas que nos refieren a un intento por trascender el ámbito individual.
Otra conclusión a la que llegan las artistas feministas es que depende la propia mujer redefinirse como sujeto. Se empieza a ser consciente de la artificialidad y del poder represivo de lo se denominó “la construcción social del género”. Así las artistas se proponen descubrir un “yo”, que a pesar de la imposición social de un rol que ha durado prácticamente toda la historia de la humanidad, sea una auténtica voz que pueda servir como base para una nueva y “liberada” construcción de la identidad femenina.
Desde los inicios, el arte feminista está marcado por la búsqueda de la construcción de la identidad, y como veremos las artistas mexicanas que analizamos participan de esta búsqueda de la identidad femenina. Las artistas feministas de los años setenta se proponen la descolonización del cuerpo femenino de la construcción masculina. Esta propuesta las lleva a plantearse el tipo de imágenes que les produce el hecho de sentirse mujer. Crean así un “imaginería del vacío central” hacen uso de formas creadas a partir de un centro como metáfora del cuerpo femenino. Plantean así un “arte vaginal” o “arte uterino” como tema central de una imaginería que trata de revalorar la anatomía femenina tan desvalorizada en la cultura patriarcal.
La crítica a esta postura es que confinaban a la mujer a su identidad biológica, así esta primera generación de artistas feministas (Judy Chicago, Miriam Schapiro, y Nancy Spero, Ana Mendieta de manera indirecta) es duramente criticada por considerárseles “esencialistas” ya que consideran que no se puede reclamar una sensibilidad femenina restringiéndola a la esfera de la anatomía femenina.
En la década de los ochenta, la nueva generación de artistas feministas afirmaban que si las artistas trataban de crear imágenes positivas de la mujer se estaban engañando a sí mismas, ya que tales esfuerzos estaban condenados a recaer en los estereotipos impuestos por el patriarcado. Así la nueva generación de artistas feministas consideró que la estrategia más óptima era la de entresacar imágenes del repertorio del patriarcado y deconstruirlas a través de yuxtaposiciones y cambios de contexto. Esto llevo a que las obras más defendidas de la nueva crítica feminista fueran las obras que se basaban en el texto o que eran fácilmente asimilables por él. La artista más representativa de esta generación es Mary Kelly. Asimismo las críticas de arte proponían a las artistas resistirse a producir placer visual, basándose en el denotado uso del placer visual en el cine y en la pintura como reproductor del erotismo masculino y como represión de la subjetividad femenina. Cindy Sherman es un ejemplo de esta segunda propuesta, aunque hay quienes consideran que sus imágenes negativas de la mujer no retan a la cultura falocéntrica sino que la reiteran y la confirman.
Las artistas de década de los noventa se conectan con algunas de las estrategias asociadas con los años setenta: por un lado, la exploración del “yo” en el contexto del “otro” y por otro, su ambicioso deseo de un arte comprometido, persiste en el arte norteamericano más reciente, que construye la narrativa personal dentro de una comprensión de exigencia política. También el Arte Feminista de los noventa es más tendiente a señalar las diferencias entre las mujeres, como la raza y la etnia (Lorna Simpson, Lorraine O’Grady, Lynne Yamamoto), y las artistas lesbianas que reclaman otro tipo de identidad dentro de la imagen femenina (Sadie Benning, Holly Hughes, Zoe Leonard).
El Arte Feminista en México, dentro de los varios problemas a los que se ha enfrentado y que ha compartido con cualquier otro arte conceptual que se ha manifestado en el país, es la poca atención que ha recibido por parte de los críticos, lo que conlleva a un vacío teórico en este aspecto. Este trabajo puede ser una aportación en este sentido, ya que recoge las experiencias de las mujeres que desde los años setenta han participado activamente dentro del Arte Feminista y de las artistas que de forma individual desarrollan su obra desde una perspectiva de género, y que han participado en diversas exposiciones feministas, de mujeres, y en ciertos momentos puntuales han colaborado en proyectos plásticos feministas.
Otro aspecto a considerar es que son muy pocas las artistas en México (como en otros países) que se autodenominan artistas feministas, por un lado está el peligro y el prejuicio de las etiquetas y por otro, un miedo tal vez inconsciente, de sentirse autosegregada y que ello limite más su participación en el ámbito artístico generalmente sexista.
Por todo lo hasta aquí planteado nos parece interesante conocer ésta corriente, generada por quienes conocen de antemano los tropiezos que encontrarán por su actitud artístico-social, generalmente mal vista e impugnada en diversos ámbitos sociales y culturales. Las artistas feministas y las artistas que trabajan desde una perspectiva de género son conscientes de ésta situación y de las consecuencias que esto les acarrea.
También son conscientes de que la verdadera importancia del arte reside en que las imágenes que se crean, a veces logran incidir en la percepción que se tiene del mundo y de la vida, y que con ellas se nutre el inconsciente individual y colectivo y, por ende cosas tan fundamentales como nuestra identidad. Por ello, sigue siendo uno de los ejes fundamentales de la creación plástica feminista, la creación de imágenes que reflejen nuestro modo particular de ser, como personas y como artistas que están en la búsqueda de su identidad.
Notas: 1 Lippard, Lucy. “Sweeping Exchanges: The Contribution of Feminist Art of the 1970’s" en Art Journal No. 39, Fall/Winter 1980. 2 Citada por Gargallo, Francesa. “Eli Bartra y su mirada artística de la ideología” en Unomásuno 13 de junio 1994, p.9 3 Esta artista retoma la consideración marxista de que todo el arte revolucionario es en sí mismo una lucha contra la alienación y es la afirmación individual de la existencia y la creatividad. 4 Mayer, Mónica. (1980). Feminist art: an effective political tool. Goddard College. Tesis de la maestría en Sociología del Arte. 5 Mayer, Mónica. “Hacia un neoposmodernismos transposfeminista” en El Universal. 12 de septiembre 1988, p.7
(Publicado en la Revista Qadro, Universidad Veracruzana. Abril-junio 2003). Se goza del permiso expreso de la autora para publicar este texto en MujeresNet.Info
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Por Inmaculada Berlanga Doctora en Filología Clásica, investigadora en Comunicación Audiovisual, en España.El ciberperiodismo hace referencia no tanto a lo técnico, como a una forma diferente de pensamiento. Fue en el Neuromante (1984) de William Gibson donde se habló por primera vez de ciberperiodismo. Sabrás que este término procede del griego kibernetique o arte de la navegación. Una década más tarde aparece la expresión Autopistas de la Información. Acuñado en 1994 por el entonces vicepresidente de los Estados Unidos, Al Gore, el término ha perdido parte de su fuerza para pasar a englobarse dentro de los que el G-7 ha denominado Infraestructura Global de Información (GII en terminología inglesa).
Muchos analistas equiparan las autopistas de la información a Internet, la «red de redes» que conecta a 30 millones de usuarios en todo el mundo; y en buena parte, se trata de eso: una gran red heterogénea que permita a empresas y particulares conectarse e intercambiar información en todo el mundo de manera sencilla. Para ello sólo es necesario disponer de un ordenador, equipado con el software de comunicaciones adecuado y conectado mediante un modem a la red telefónica.
Este nuevo periodismo, en contraposición al periodismo tradicional tiene las siguientes características: Continuidad, integralidad, transportalidad, interactividad, versatilidad e hioertextualidad.
Interesante es la aportacion de Roger Fidler con su teoría sobre la mediamorfosis Esta teoría analiza la evolución tecnológica de los medios de comunicación como un todo. En vez de estudiar cada forma por separado, se analizan todas las similitudes y relaciones que existen entre las formas del pasado, del presente y las emergentes.
El resultado es el siguiente: “Los medios no surgen por generación espontánea ni independiente. Aparecen gradualmente por la metamorfosis de los medios antiguos. Y cuando emergen nuevas formas de comunicación, las formas antiguas no mueren, sino que continúan evolucionando y adaptándose”.
De esta forma se explica que periódicos, revistas, emisoras de radio y televisión sigan conviviendo con las nuevas formas digitales, aunque los medios convencionales hayan tenido que realizar un esfuerzo de adaptación a las nuevas demandas ciudadanas. La mediamorfosis actúa en dos planos fundamentales:
- Profunda transformación en lo que conocemos como medios tradicionales. - La posibilidad/imperativo de creación de nuevas herramientas y plataformas comunicativas, que ya se conocen como new media.
Tras estudiar el nacimiento de diferentes medios, Fidler identificó 6 etapas que podrían reflejar la historia y el futuro de Internet:
1. Coevolución: La irrupción del nuevo medio se hace a la par con el desarrollo de los diferentes medios, sin afectarlos profundamente al comienzo. 2. Metamorfosis: El nuevo medio crece gradualmente adaptando los códigos y el desarrollo de un medio viejo. Por ejemplo, el cine inicialmente fue una metáfora del teatro y sólo después a alguien se le ocurrió mover la cámara. 3. Propagación: El medio va ganando receptores de sus mensajes, en particular si replica las características del medio anterior, hasta generar su propio lenguaje. Interactividad, Participación, Personalización, Hipertexto, etcétera. 4. Supervivencia: El nuevo medio comienza a ser una amenaza para los demás, que tienen la obligación de adaptarse para evitar desaparecer. 5. Oportunidad y necesidad: Para alcanzar esta etapa, el medio debe volverse “imprescindible”. El éxito de un nuevo medio debe tener motivación social, económica y política. 6. Adopción retardada: La historia de los medios demuestra que es necesario el paso de una generación (aproximadamente 30 años) para consolidar un medio dentro de su público, con su lenguaje y sus funciones propias.
El ciberperiodismo ha ido evolucionando en los últimos años. Aquí tienes un artículo interesante que nos muestra una gráfica de la evolución del medio http://www.manuelgago.org/blog/wp-content/uploads/flash_web_social.pdf .
Uno de los temas importantes en esta evolución es el concepto de audiencia. No se puede pretender ya dirigirse a la audiencia masiva. En este sentido te interesará, The Long Tail (La larga cola) publicación del 2004 de Chris Anderson, donde se explica con gran sencillez como la tecnología nos hace pasar de mercados de masa a mercados de nichos al volver rentable la venta de cantidades limitadas de productos. Pasamos así de una cultura de la uniformidad a una cultura de la diversidad.
Volviendo a la evolución del ciberperiodismo. Se aprecia la reticencia por parte de los medios tradicionales para vincular con lo externo. En diseño web al grado de adherencia que adquiere una página se llama stickness. Los medios tradicionales pensaban que poner un enlace hacía perder adherencia e invitaba al usuario a salir de su sitio.
Vilaweb, diario electrónico de Cataluña fue pionero, en los finales de la década de los 90, colocando junto a cada noticia un buscador de la misma en otros medios (en ese momento sólo El Mundo lo tenía).
Otras señales de apertura se fueron percibiendo, por ejemplo, El periódico de Aragón, incluyó el botón de “Añade a tu blog”. Actualmente reconocemos en los medios digitales la posibilidad de enlace a meneame, delicias, technorati… o el etiquetado; ciertamente es una buena práctica, un gesto, aunque también pueda interpretarse como marketing.
Otro aspecto lo constituyen los contenidos generados por usuarios (UGC). Aquí el pionero es Amazon que, cuando buscas un libro, te ofrece lo que otros han buscado al hacer esa misma búsqueda. Hay muchas maneras de aprovechar los contenidos generados por los usuarios; así, el New York Times tiene una pestaña que te informa de qué se está hablando en la blogósfera sobre esa noticia.
Pero claramente se percibe que los condicionantes para gestionar la interactividad con la audiencia suelen ser más ideológicos que tecnológicos...
Se goza del permiso expreso de la autora para publicar este texto en MujeresNet.Info
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En marzo pasado esta publicación electrónica, "MujeresNet, Información social y periodística con perspectiva de género", convocó al Primer Concurso "Abrazando nuestras Experiencias", para que mujeres y hombres enviaran un texto donde expusieran una historia-testimonio sobre aquellas experiencias que fueron y han sido clave -por lo general las más dolorosas- para convertirlas y convertirlos en los seres que son ahora. (Ver convocatoria). ¿Por qué ese tema? Porque nuestras vidas, es decir nuestras ideas, comportamientos y decisiones, están moldeadas por las experiencias. Por eso ante las situaciones más comunes, a veces reaccionamos de manera diferente, particular y específica. Las experiencias nos diferencian entre nosotras mismas, entre nosotros mismos. Nos hacen seres únicos, con historia propia, aun cuando compartamos una historia general, como humanidad, como sociedad.
Antes quiero agradecer a todas y todos quienes enviaron sus trabajos, porque aun cuando no cumplieron ciertos requisitos, tuvieron la confianza de narrar sus experiencias.
Hay un primer lugar, un empate en segundo lugar, y tres menciones. Como se había mencionado en la convocatoria, la decisión se tomó considerando la redacción, la claridad y el impacto de la experiencia vivida (personal, real, trascendente en la formación de nuestro ser mujer u hombre). Resultados:
1er lugar: Paquete de 3 libros (feminismo y género, superación, y literatura de la escritora Sandra Becerril), y la publicación del texto en MujeresNet y en OvarioFuerte.Com: *ANA ZULEMA GIMENA, de Argentina, con el texto "Y la puerta se abrió".
2do. lugar: Paquete de 2 libros (feminismo y género, y literatura de la escritora Sandra Becerril), y la publicación del texto en MujeresNet y en OvarioFuerte.Com: *SANDRA SIERRA LIMONES, de México, con el texto "Preguntas". *ORALIA GÓMEZ, de México, con el texto "Más allá de la lectura solitaria y las paredes del aula".
Menciones: Las historias que obtengan mención serán publicadas en MujeresNet y en OvarioFuerte.Com: *GILDA MANSO, de Argentina, con el texto "Clásica y moderna". *SANDRA SIERRA LIMONES, de México, con el texto "19 de septiembre". *MARÍA EUGENIA BERTONE, de Argentina, con el texto "Dios mujer en el Monte Athos".
Los textos ganadores y con mención serán publicados en MujeresNet.Info y OvarioFuerte.com, uno por mes, en el orden en que aparecen aquí. Sus premios serán enviados por paquetería. Gracias nuevamente a todas y todos, y esperen la próxima convocatoria.
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Por Ana Zulema GimenaNacida en Tucumán, República Argentina, luchadora por un mundo más digno desde el pequeño lugar que me toca vivir: madre (2 mujeres de 13 y 11 años, y un varón de 10), docente, amiga, ciudadana, hermana, hija y, por sobre todo, mujer.
Cada minuto de vida es ya una experiencia. Un tesoro que se va guardando en el corazón y en la memoria. En ocasiones nuestras experiencias son gratificantes y alegres. De ellas, a veces, no dejamos dentro nuestro ni siquiera el recuerdo; las vivimos de modo tan mecánico como el acto de respirar, no las “sentimos”. Tal vez porque estamos acostumbrados a “sentir” sólo el dolor. De este modo es que son las experiencias dolorosas las que nos hacen crecer, madurar, mirar la vida desde otros ángulos… Y siempre se guardan en el corazón y en la memoria.
¿Por qué será nuestro aprendizaje de esta forma? ¿Cómo disfrutar a pleno de todo lo que la vida nos ofrece, ya sea gratificante o doloroso? ¿Se pueden buscar otros caminos distintos al que se transita en el presente? ¿Dónde se encuentra mi dicha? Estas son algunas de las muchas preguntas que surgían desde mi interior cuando cuestionaba mi vida al lado de un hombre, mi esposo.
Justamente, desde estas preguntas que aparecían en mi búsqueda de hallar respuestas al camino de mi felicidad, una de las decisiones más complejas que tomé fue hablar con mi marido para plantearle que debíamos iniciar nuestras vidas por senderos distintos. Así como un soleado y fresco día de San Juan hace casi una década y media decidíamos, llenos de esperanza en el futuro, emprender un proyecto juntos; hoy ese proyecto hizo agua por todos lados. En innumerables ocasiones nos ayudamos, apoyamos y conseguimos que nuestra embarcación continúe navegando con las velas desplegadas y el timón por delante, rompiendo las olas y cortando los vientos. Pero esto pudo suceder porque las amarras estaban firmes, el ancla bien sujeta, nuestros cuerpos vitales y en el pecho latía el sonido del amor.
Pero ahora ya no sentíamos de ese modo. Una dura realidad golpea. Tomar conciencia de ello era prioritario. Los pensamientos que me asolaban eran múltiples y diversos. ¿Cómo se sentirán mis hijos? ¿Podré sola? ¿Lograré mantenernos unidos y formarlos en valores y virtudes? ¿Se sentirán contenidos, contentos, amparados…?
Así como estas preguntas se refieren a situaciones prácticas, también me asolaban otras. Otras… otras que surgen de mi corazón de mujer, de un corazón que alguna vez albergó un sueño enorme de compartir una vida, muchos proyectos, ilusiones, sueños, caídas, fracasos… pero también amaneceres luminosos llenos de sol y de calor, caminando de a dos.
¿Tendré la suficiente fortaleza para mantener mi decisión mirando sus ojos y la expresión de su rostro? ¿Y si su mirada me pide comenzar de nuevo? ¿Y si sus labios me convencen?
Casi fue así. A través de su mirada veía todo nuestro pasado… Lo bueno, lo malo, lo dichoso, lo incierto, lo oculto, lo posible, lo real… Pero a través de mi mirada sentía el presente y añoraba conquistar un futuro mejor, para ambos. Y los sonidos ahogados en mi interior se transformaron en gritos mudos que, de a poco, recuperaron su voz.
¡No quiero transitar un camino sin amor! ¡No quiero transitar un camino por obligación! ¡No quiero renunciar a mi corazón de mujer! ¡No quiero traicionar ni traicionarme! ¡No quiero que seamos dos extraños compartiendo el mismo cuarto! ¡No quiero el silencio atroz que taladra los oídos! ¡No quiero imaginar décadas de nuestras vidas encerrados dentro de una jaula de apariencias!
A los gritos del “NO” le siguió un extraño gemido, como si fuera un dolor que llega desde el futuro, desde ese futuro que no deseaba, desde ese futuro del cual quería huir.
¿Dónde dejamos nuestros corazones y nuestros cuerpos? ¿Dónde adormecimos nuestros sentimientos y nuestros sueños para que dejen de golpearnos pidiendo libertad, felicidad, gozo, placer… ¿Dónde nos escondimos de nosotros mismos cuando ya no podíamos verdaderamente ir en busca de otro destino? ¿Dónde se quedaron todas las energías desperdiciadas en vivir esa vida? Pero… ¿y nuestra vida auténtica? ¿Y mi vida? ¿Y tu vida? ¿Dónde las dejamos? ¿Dónde las perdimos? ¿Dónde las regalamos? ¿Dónde las abandonamos?
La vida es un cambio, cambio constante, movimiento, ir y venir…. Hoy luego de experimentar todas estas sensaciones me siento llena de fuerza, de ánimo y de fe. Fe en mí, en el porvenir, en la Divinidad que me acompaña en este caminar por la vida…
¡Quiero ser feliz! Poco a poco, pasito a pasito, sin prisa pero sin pausa y con mucha prudencia voy caminando… Siempre se puede buscar un camino que te lleve a la felicidad.
Hoy sé que la vida no es resignarse como persona para cumplir con mandatos o estereotipos sociales, por eso voy a luchar desde mi experiencia, desde mis deseos, desde mis errores, desde la mujer que soy. Una mujer que se ve y se siente libre, llena del poder que te da el amor hacia tu propia persona, agradecida de haber podido traspasar las barreras del miedo y la angustia en pos de caminar por su propia huella.
Es de este modo que he aprendido que la vida es un don maravilloso, vivámosla en aprendizaje constante, con el corazón abierto, con la mirada atenta y con los pies listos para caminar, caminar y caminar…
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Por Guadalupe López García Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.
¿Cuándo nos vemos? “No tengo tiempo”, “voy a estar muy ocupada la próxima semana”, “nada más que la corte emita el fallo”, “estamos organizando un proyecto productivo para mujeres”… “Estoy hasta el tope de trabajo”. Y el día nunca llega, menos cuando también están la militancia política, la gestión comunitaria, el diplomado, la conferencia, la colaboración para la página, la movilización ciudadana, la marcha, el plantón, el hijo, la hija, el marido, el amante, el taller, la terapia. Ya en la cita, el celular no deja de sonar. Es la hija, el hijo, la mamá, la jefa, el jefe, la trabajadora, la otra amiga, el novio, la que pide informes. “Espérame tantito…bueno…sí, luego te llamo, estoy ocupada…ajá…a qué hora, déjame checar mi agenda…”.
Y así andamos por la vida, recolectando trabajo, como si fueran flores, acumulando pendientes, programando citas, llenando uno a uno los espacios de nuestra agenda. Los días no alcanzan y mejor programamos por hora. Las horas se acaban y mejor pasamos a los sábados y de ahí a los domingos.
La lucha por ganar espacios e igualdad de oportunidades y por acceder al ámbito público está dando frutos. Muchas mujeres podemos decir ahora que hacemos lo que realmente queremos; otras, por necesidad tienen dobles o triples jornadas, ya sea por ser jefas de familia o por una actividad profesional que requiere en ciertas circunstancias más cargas de trabajo.
Pero no hablo de éstas sino de aquellas que dejaron la escoba por la computadora o el mandil por el atril, pero que resultó siendo lo mismo, y que en lugar de un proceso de empoderamiento se convirtió en otra trampa. Diferentes instrumentos, misma carga. No todas están así, pero conozco a muchas.
De ninguna manera apruebo la premisa de que ese es el costo que tenemos que pagar. No, el patriarcado se defiende y lo hace cada vez más agresivamente o hasta con sutiles e imperceptibles formas de violencia. Nosotras accedimos al ámbito privado, pero sin abandonar el privado; ellos no están dispuestos a ingresar al privado dejando el público. Además, suena chistoso.
La nueva premisa social es “Mujer: puedes trabajar, ser diputada, hasta presidenta, estudiar y hasta comportarte como hombre, pero sin descuidar a tus hijos, a tu marido y la casa. Esas son las opiniones moderadas, las radicales como las de Carlos Abascal, anterior secretario de Trabajo, son que regresemos a casa. Pero realmente ¿cuándo hemos salido? Somos caracolas modernas. Ellos, los de corte conservador, nomás cargan la concha.
Cuando nos entrevistan, la pregunta es ineludible: “¿cómo le haces para ser una mujer triunfadora y exitosa sin descuidar a la familia?”. Para las solteras y sin hijos la interrogante cambia: “¿vale la pena el costo del éxito (no tener esposo ni hijos)?”.
A los hombres también se les llega a preguntar lo mismo y derrochan elogios al gran apoyo de su pareja. Cuando una mujer puede con todo, sí, con todo, aún a costa de su salud, no hay tos; pero cuando pasa algo, principalmente con las y los hijos, la culpa recae en las que trabajan fuera de casa.
Un diputado, un senador, un procurador, un director general o un secretario de Estado trabajan 14 horas seguidas, sábados y domingos porque su función es importante e indispensable. Una diputada, una senadora, una secretaria de Estado hacen lo mismo, pero además tienen la función sagrada de “sacar adelante” a sus hijos e hijas y cuidar su hogar.
Trabajo doméstico, otro bulto. Los aportes desde la academia, la movilización social y la política no han sido suficientes para ubicarlo en su justa dimensión, como soporte de la economía de mercado. Un obrero, un albañil o un desempleado viviría endeudado toda su vida por dar un salario a la esposa, la madre o la hermana. ¿A poco creen que lo pagaría el Estado? De todos modos, el quehacer seguiría en manos de las mujeres. Bueno, pero alguien tiene que tender la cama, lavar los trastes o limpiar el excusado.
Y por eso las mujeres, hasta feministas, tenemos que pelear contra nuevos roles y estereotipos: el de la supermujer, el de la mujer indispensable, el de la adicta al trabajo, la perfeccionista, la hiperactiva, la que no puede estar tranquila si no hace algo o la que dice que todo es urgente para ayer.
Y para acabarla, el sentimiento de culpa por el éxito obtenido –ya sea salarial o profesional-, nos hace trabajar más; bueno para qué hablo en plural. A mí me pasó eso.
Jenny Cooper, investigadora de la UNAM indica que es una reacción con la que se intenta neutralizar la transgresión de las normas de género. No me lo dijo en una terapia ni en una sesión psicoanalítica, la escuché en el seminario taller “Trabajo y Vida Familiar: conciliar o compartir”, que se efectuó en agosto pasado en la Cámara de Diputados.
En cada foro en el que nos paramos, escuchamos decir que los hombres se niegan a perder poder y control, y que les intimida una mujer empoderada. Habría que preguntarnos si no pasa lo mismo con aquellas mujeres –insisto, algunas- que han traspasado algunos roles tradicionales. El sentirse indispensable representa un estatus y un poder sobre otras y otros.
Una amiga me comentó que era muy incómodo que cuando se encontraba con alguien, conocido o conocida, le preguntaran “¿Dónde estás ahora?”. Entendiendo que siempre tendríamos que estar trabajando en algún lado, menos en casa.
Durante tres meses que no tuve trabajo remunerado y me dediqué de “ama de casa” la pregunta era la misma. Me decían: “yo no puedo estar tanto tiempo sin hacer nada”, “estoy acostumbrada a trabajar”, “ya me urge encontrar algo, me siento inútil”, “estamos tan acostumbradas a pertenecer a alguna institución”, “yo trabajo porque necesito dinero, nadie me mantiene”.
Los comentarios, más que incomodarme, me divertían, pues el placer de estar en casa, desayunar sin prisas y darme un merecido descanso lo consideraba un privilegio. Claro está, perdí otros como el apoyo en el trabajo doméstico y las salidas sociales. Una por otra.
Si bien la lucha del feminismo no es abolir el papel de ama de casa, madre o esposa, sino del derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida, también generamos prejuicios que precisamente son los que decimos combatir: valorar más el trabajo remunerado que el que no se paga. Dulce y amarga paradoja.
¿Esto es un dilema? Por supuesto que no. Estamos en una cultura de dominación masculina, machista, sexista, etc. Las mujeres llevamos la peor parte y los efectos son devastadores: depresión, estrés, cáncer de mama y cérvico uterino, virus del papiloma humano, herpes, violencia, etc.
¿Qué hacer? A nivel colectivo tenemos que denunciar el daño a nuestra salud mental y física, seguir con la batalla. A nivel personal tenemos que parar. No bastan los chochitos, las flores de Bach, la yoga, las vitaminas, los complementos alimenticios, el psicoanálisis o los libros de autoayuda.
Podemos compartir el poder, la información y el trabajo con otras mujeres igualmente valiosas pero que no han tenido la oportunidad de demostrarlo. Ya no acaparemos. Cuesta trabajo decirlo, pero lo haré: Yo no soy indispensable. No, por ahora no.
Mi recuperación no ha sido fácil, es un trabajo de años. Hay épocas de tranquilidad y estabilidad, y luego otra vez la angustia por el peligro de recaer. De todos modos es bueno aceptar el reto. Si se toca fondo, hay que aprovechar el rebote.
Y saben por qué se los digo: porque necesito que alguien se vaya a tomar un café conmigo, sin tantas llamadas de celular, sin tanto mirar el reloj, sin que me dejen a las 10 de la mañana porque tienen otra cita o ya se les hizo tarde para ir a trabajar. ¿Have you ever seen the rain? Etiquetas: Crónica Feminista de Guadalupe López
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Por Elvira Hernández Carballido Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
Ya lo canta la famosa Amanditita: “te pones minifalda y te crees la muy muy”. ¿Por qué las instituciones conservadoras se creen con derecho a prohibirla? ¿Por qué su visión machista les hace suponer que las mujeres podemos provocar a los hombres? ¿Por qué se supone que los hombres no pueden controlar sus bajos instintos y entre menos se les muestre, mejor te respetarán? Sí, la minifalda fue una moda que revolucionó la manera de vestirse de las mujeres en la década de los sesentas porque dejaba al descubierto sus piernas, ocultas en los largos vestidos del siglo XIX, en los trajes formales de la década de los veintes, en los vestidos de madres abnegadas de os años cincuentas.
La minifalda delata siempre pantorrillas perfectas y se solidariza con los muslos delgados, siempre te hace sentir joven, rebelde y libre. Es divertido combinarlas con medias de colores, de redes o flores estampadas. Caminar con ellas muy rápido si traes huaraches y taconear coqueta si calzas botines.
La minifalda hace que te admires al momento de verte en el espejo, que voltees a verte cuando pasas por un escaparate y que sonrías comprensiva cuando recibes piropos solidarios. Es fácil hacer oídos sordos si un patán muestra su pésima educación cuando te alburea en vez de piropear, porque la minifalda te hace sentir segura de ti misma.
La minifalda, aún siendo feminista furibunda, te reconcilia con las miradas masculinas que te atisban con admiración, te hace sentir que caminas por nubes marinas y te hace caminar al compás de un reloj al revés.
Cuando una mujer decide ponerse minifalda piensa en ella misma, en lo que se quiere, en lo que se admira, en lo segura que está de sí misma, en lo divertido que resulta que el viento silbe a su paso, que los muslos se asomen curiosos a conocer su mundo cotidiano, y que a la altura de las rodillas comienza la vida.
Una mujer con minifalda no se siente desnuda porque no lo está, unos centímetros de tela solidaria cubren lunas frías, soles bostezando y nubes de algodón. Una mujer con minifalda no desea recargarse en la pared ni pararse en una esquina, camina como reina porque así teje sueños sin esperar Romeos ni Ulises.
La minifalda te ayuda sentarte con elegancia, a cruzar la pierna como femme fatale de las películas francesas, a inventar los mejores pasos de baile para que no descubran nada más allá de ella y a descubrir con facilidad que en tus muslos se dibuja la curva del mañana.
Cuando un hombre ama y respeta a una mujer considera que la minifalda dibuja muslos de catedral, besan nuestro andar y lo puedes sentir temblar como una luna en el agua. Te admira, agradece con una mirada discreta y sonríe con nerviosismo.
Una minifalda no es consecuencia de agresiones, ni justifica descontroles machistas. En pleno siglo XXI una minifalda solamente delata la cerrazón de una sociedad, el conservadurismo de miradas ciegas y la negación de que a las mujeres nos gusta inventar y recrear nuestro cuerpo. La minifalda solamente pone tono a nuestra sensualidad, a nuestra alegría de ser mujeres y a nuestra certeza de que esas piernas torneadas, hermosas, delgadas, esbeltas, columnas, tallos, flores y girasoles que asoman sonrientes debajo de un dobladillo son poemas al cuerpo femenino y jamás amenazas para machines en extinsión.  Etiquetas: Meditaciones de Elvira Hernández Carballido
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