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Efemérides


EFEMÉRIDES DE ABRIL

4 de abril:
Día Internacional contra la Prostitución Infantil
7 de abril:
-Día Mundial de la Salud
-Nace en París Flora Tristán (1803)
-Nace en Chile Gabriela Mistral (1889), premio Nobel 1945
-Nace Victoria Ocampo, escritora (1870)

22 de abril:
Día Internacional de la Tierra
28 de abril:
Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo
30 de abril:
Día de la Niña


EFEMÉRIDES DE MARZO
1 de marzo:
Nace en Santiago, Chile, la escritora Mercedes Valenzuela Alvarez (1924-1993), más conocida como Mercedes Valdivieso. En 1961 publica 'La Brecha', considerada como la primera novela feminista de Latinoamérica.
4 de marzo:
En México muere Adelina Zendejas (1909-1993), periodista, escritora y defensora de los derechos de las mujeres.
5 de marzo:
En Dijon fallece Gabrielle Suchon (1703), notable filósofa francesa, autora del Tratado de la moral y de la política (1693), la primera obra explícitamente filosófica escrita por una mujer en el mundo.
8 de marzo:
-Día Internacional de la Mujer
-En la ciudad de Melo, Uruguay, nace Juana Fernández Morales (1895-1980), poeta conocida mundialmente como Juana de Ibarbourou, o 'Juana de América'. Se la considera una de las figuras clave de la poesía hispanoamericana contemporánea.

14 de marzo:
Nace, en la Ciudad de México, Matilde Montoya (1857-1938). Fue la primera mujer que recibió el título de médica cirujana en 1887.
16 de marzo:
La pacifista estadounidense Rachel Corrie es arrollada (2003) por una excavadora militar en Gaza, cuando actuaba como 'escudo humano' para impedir la demolición de la casa de un médico de la localidad de Rafah.
19 de marzo:
La Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas, Mary Robinson, anuncia su retiro del cargo (2002), luego de conocerse las presiones del gobierno de Estados Unidos para que dejara el cargo, por considerarla una persona 'molesta' para sus intereses.
20 de marzo:
La escritora estadounidense Harriet Beecher-Stowe (1811-1896), publica 'La Cabaña del Tío Tom' (1852), novela que se convierte en el manifiesto antiesclavista de su época.
21 de marzo:
Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial.
23 de marzo:
Nace en Iquique, Chile, Elena Caffarena (1903-2003), figura emblemática del feminismo chileno.
28 de marzo:
-Nace Teresa de Ávila (1515-1582), conocida como Santa Teresa de Jesús, y una de las grandes místicas de su época.
-En 1915 Emma Goldman (1869-1940), anarquista rusa, es arrestada en Estados Unidos por explicar a una audiencia sobre el uso de los métodos anticonceptivos. Fue considerada por el director de FBI, Edgar Hoover, 'la mujer más peligrosa de América', ordenando su expulsión del país.

30 de marzo:
-Día Internacional de las Empleadas del Hogar.
-En 2003 Doce calles de un sector urbano de Santo Domingo son bautizadas con los nombres de 12 mujeres que tuvieron una actuación en el campo de la enseñanza, las letras, artes y en la causa de los derechos de las mujeres.

31 de marzo:
Día Mundial del Agua.

EFEMÉRIDES DE FEBRERO
4 de febrero:
-Se suicida Violeta Parra (1917-1967), cantautora, recopiladora del folklore y artista plástica chilena, y una de las figuras más relevantes de la cultura latinoamericana. Autora de un centenar de canciones, donde destaca 'Gracias a la Vida'.
-Día Mundial contra el Cáncer.

5 de febrero:
Día de la Promulgación de la Constitución Mexicana.
6 de febrero:
Día contra la Mutilación Genital Femenina (Ablación).
7 de febrero:
La inglesa Ellen McArthur da la vuelta al mundo en velero en 72 días, 14 horas, rompiendo récord mundial (2005).
10 de febrero:
A la edad de 30 años se suicida la poeta y novelista estadounidense Silvia Plath (1932-1963), una de las figuras más relevantes del panorama literario de Estados Unidos. La esclavitud de la condición femenina y la pasión de la inspiración poética, fueron temas recurrentes en su escritura.
11 de febrero:
Antonieta Rivas Mercado (1900-1931), escritora y destacada promotora cultural mexicana, pone fin a su vida. Su nombre está ligado a una época de efervescencia política y cultural.
-Día Internacional del Enfermo y la Enferma.

12 de febrero:
Nace Lou Andreas-Salomé (1861-1937), filósofa alemana, discípula de Freud y amiga de Nietzsche. Interesada por la historia de las religiones y del arte, la filosofía y la literatura clásica. Fue la única mujer aceptada en la Sociedad Psicoanalítica de Viena. Su relación con Nietzsche duró cerca de 43 años y fue básicamente platónica. Tuvo una relación pasional con el poeta Rainer María Rilke.
16 de febrero:
Nace, en Nueva York, Susan Sontag (1933), una de las figuras intelectuales de mayor peso de occidente. Su multifácetica carrera como escritora abarca la novela, el ensayo y la crítica de arte y cine. Es conocida por su activa disidencia política al convertirse en una mordaz opositora del gobierno de Bush.
21 de febrero:
A los 54 años muere la escritora inglesa Mary Shelley (1797-1851), autora de 'Frankenstein' o el 'Moderno Prometeo' (1818), novela clásica del género gótico. También escribió la novela futurista 'The last man'. Editora de las obras del poeta Séller, con quien se casó. Fue hija del filósofo, literato, periodista e historiador William Godwin y de la escritora feminista Mary Wollstonecraft.
-Nace en Neuilly, cerca de París, la escritora Anaïs Nin (1903-l977). Adquirió fama por sus diarios de vida (siete tomos), y sus cinco novelas, reunidas en 'Ciudades interiores'. Sus temas: la expresión femenina, el erotismo y la identidad sexual. Su relación con Henry Miller también marcaron su escritura.

24 de febrero:
Día de la Bandera.


EFEMÉRIDES DE ENERO

1 de enero:
Día Internacional de la Paz.
5 de enero:
-Nace Juana de Arco, heroína francesa (1412-1431). Llamada la Doncella de Orleáns, se puso al frente del ejército de Francia para luchar contra los ingleses. Al caer en poder de los enemigos fue quemada viva. Fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920.
-Muere en México la famosa fotógrafa italiana Tina Modotti (1896-1942).

8 de enero:
Fallece la escritora española Carmen Conde (1907-1996). Fue la primera mujer que ingresó a la Real Academia de la Lengua, sentando un precedente en la historia de las letras españolas.
9 de enero:
-Nace Simone de Beauvoir (1908-1986), escritora, filósofa y feminista, autora de 'El Segundo Sexo'.Es considerada una de las figuras más emblemáticas del feminismo contemporáneo.
-Muere Gabriela Mistral (1889-1957), poeta y escritora chilena. Es la única escritora latinoamericana que ha recibido el Premio Nobel de Literatura, galardón que obtuvo en 1945.

13 de enero:
En Yucatán, México, se inicia el I Congreso Feminista Nacional, convocado por el general Salvador Alvarado, gobernador de este estado (1916).
15 de enero:
Rosa Luxemburgo (1870-1919), revolucionaria alemana de origen polaco, es asesinada por la policía. Periodista y escritora, fundó el movimiento revolucionario espartaquista junto a Kart Liebknecht y Clara Zetkin.
19 de enero:
Muere Françoise Giroud (1916-2003), destacada figura del periodismo, las letras y la política francesa. Fue cofundadora del semanario 'L’Express'.
22 de enero:
Día Internacional de la Libertad.
24 de enero:
Fallece Leona Vicario (1789-1842), patriota mexicana que tuvo una importante actuación durante las guerras de la independencia.
25 de enero:
Nace la escritora inglesa Virginia Woolf (1882-1941), una de las figuras más representativas de la novelística inglesa experimental y de la narrativa moderna a nivel mundial.
31 de enero:
Nace Ana Pavlova (1885-1931), célebre bailarina rusa. Se convirtió en una leyenda viviente con el solo 'La muerte del cisne', coreografía realizada especialmente para ella por el famoso coreógrafo Fokine, con música de Saint-Sans.



EFEMÉRIDES DE DICIEMBRE

1 de diciembre:
Día Internacional de Lucha contra el Sida.
2 de diciembre:
Día Internacional para la Abolición de la Esclavitud.
3 de diciembre:
-Muere la pintora mexicana María Izquierdo (1955).
-Día Internacional de las Personas con Discapacidad.

5 de diciembre:
Día Internacional del Voluntariado.
10 de diciembre:
Día Internacional de los Derechos Humanos.
12 de diciembre:
Día de la Virgen de Guadalupe.
16 de diciembre:
Nace en Toluca, estado de México (1909) la periodista Adelina Zendejas.
18 de diciembre:
Día Internacional del y la Migrante.
19 de diciembre:
Secuestro de Alaíde Foppa, una de las fundadoras de la revista 'Fem' (1980).
27 de diciembre:
Fallece Concha Michel (1899).
28 de diciembre:
Nace Elvira Vargas Rivero (1908).



EFEMÉRIDES DE NOVIEMBRE

1 de noviembre:
Día de Todos los Santos.
2 de noviembre:
-Día de Muertos.
-Nace en México Luisa Josefina Hernández Lavalle (1928), destacada dramaturga y novelista, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2002.

3 de noviembre:
En Francia, Olympe de Gouges (1748-1793) es condenada a morir en la guillotina por 'traidora a la revolución'.
7 de noviembre:
Nace en Varsovia Marie Slodowska Curie (1867-1934). Cientí­fica de vocación, estudió en la Sorbona de Parí­s. Fue la primera mujer que recibió el Premio Nobel de Fí­sica en 1903, que compartió con su marido Pierre Curie y con el francés H. Becquerel. Fue la primera mujer en ser aceptada como profesora en la Sorbona. En 1911 recibe el Premio Nobel de Quí­mica por el descubrimiento de los elementos radio y polonio.
-En Durango, México, nace Nellie Francisca Campobello (1909-1986), destacada bailarina, coreógrafa, escritora y promotora cultural.
-La médica egipcia Aida Seif El Dawla, recibe el premio anual (2003) de Human Rights Watch, organización que defiende los derechos humanos en el mundo. La activista fue reconocida por su lucha en contra de las leyes opresoras del fundamentalismo religioso sobre las mujeres egipcias y del Medio Oriente.

12 de noviembre:
Juana Inés Asbaje y Ramírez de Santillana, Sor Juana Inés de la Cruz, nace en San Miguel Nepantla, México (1651-1695). Escritora, poeta, filósofa y pensadora, fue declarada 'La décima musa', por sus amplios conocimientos enciclopédicos.
13 de noviembre:
La cientíífica estadounidense Rosalyn Susman Yalow (1921) comparte el Premio Nobel de Fisiología y Medicina 1977 con el científico Solomon Beron.
14 de noviembre:
En Burdeos, fallece Flora Tristán (1803-1844). Revolucionaria socialista y feminista francesa, postuló la organización de los trabajadores, adelantándose a las ideas de Marx y Engels
20 de noviembre:
Día de la Revolución Mexicana.
22 de noviembre:
Nace en Argentina, Cecilia Grierson (1859-1934). En 1889 fue la primera mujer que se graduó como médica ginecóloga.
-El nuevo Código civil turco (2001) considera la igualdad de las mujeres respecto de los hombres en todos los ámbitos de la sociedad luego de un proceso de revisión llevado a cabo por el Parlamento. Uno de los cambios logrados es el derecho de las mujeres a tener un trabajo remunerado sin autorización del marido.

25 de noviembre:
En Colombia, durante la realización del I Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe (1981), se acuerda crear el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, para llamar la atención sobre la violencia en contra de las mujeres y en memoria de las hermanas dominicanas Patria, Minerva y Marí­a Teresa Miraval, asesinadas por la dictadura de Trujillo el 25 de noviembre de 1962.
27 de noviembre:
Nace en Mérida, México, Beatriz Peniche (1897-1976), una de las tres primeras mujeres diputadas de México. Esto lo logró en 1922, en virtud de una disposición del gobernador del Estado de Yucatán, Enrique Carrillo Puerto, quien otorgó el voto a las mujeres para las elecciones municipales y estatales.

EFEMÉRIDES DE OCTUBRE
2 de octubre:
¡N0 se olvida! Matanza de estudiantes en Tlatelolco ordenada por el entonces presidente Díaz Ordaz (1968).
8 de octubre:
Fallece en México la pintora española Remedios Varo (1908-1963).
10 de octubre:
En Michoac´n es fusilada Gertrudis Bocanegra (1765-1817), patriota comprometida con la causa independentista de M&ecute;xico
11 de octubre:
Nace en Bolivia, Adela Zamudio (1854-1928). Escritora, periodista y defensora de los derechos de las mujeres.
12 de octubre:
Día de la raza.
14 de octubre:
En Alemania nace Hannah Arendt (1906-1975), una de las intelectuales más importantes del siglo XX. Brillante filósofa, fue alumna de Martin Heidegger.
15 de octubre:
Día Internacional de las Mujeres Rurales.
17 de octubre:
Durante el gobierno de Adolfo Ruiz Cortines, se consagra el derecho de las mujeres mexicanas de acceder al sufragio (1953).
19 de octubre:
-En México aparece 'Las hijas del Anáhuac', primer periódico escrito y dirigido por mujeres (1873).
-Digna Ochoa, abogada mexicana y defensora de los derechos humanos (1964-2000), es asesinada de dos tiros en su oficina de la Ciudad de México.

25 de octubre:
La poeta Alfonsina Storni (1892-1938), al contraer cáncer, se suicida ahogándose en las aguas de Mar del Plata.
27 de octubre:
Nace en Boston, Estados Unidos, la poeta Sylvia Plath (1932-1963).

EFEMÉRIDES DE SEPTIEMBRE
4 de septiembre:
Olympia de Gouges da a conocer su 'Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana' (1791), pues consideraba que las mujeres habí­an sido excluidas en la versión de 1789.
8 de septiembre:
Día Internacional de la Ciudadanía de las Mujeres
16 de septiembre:
Día de la Independencia de México
28 de septiembre:
Día Internacional por la Despenalización del Aborto.

EFEMÉRIDES DE AGOSTO
2 de agosto:
Nace en Lima la escritora chilena Isabel Allende (1942).
5 de agosto:
Muere en Los Angeles Marilyn Monroe (1962).
7 de agosto:
En Xalapa, Ver. nace Guadalupe Alvarez Navega (1927), reconocida mexicana orientada a la educación especial para la niñez con discapacidad.
9 de agosto:
Dí­a Internacional de las Poblaciones Indí­genas del Mundo.
12 de agosto:
Día Internacional de la Juventud.
15 de agosto:
-Nace en España la escritora Carmen Conde (1907-1996).
-Muere en México, Marí­a Luisa Ocampo Heredia (-1974). Generación de mujeres que luchó por los derechos de ciudadanía.

16 de agosto:
En 1918 en la Ciudad de México se funda el Centro Radical Femenino, ligado al anarcosindicalismo
17 de agosto:
Nace en Udine, Italia, Assunta Adelaide Luigia Modotti, conocida como Tina Modotti (1896-1942).
21 de agosto:
-Nace la escritora mexicana Elena Garro (1920-1998), una de las figuras más relevantes de la literatura mexicana del siglo XX.Sus libros se enmarcan dentro de la corriente del realismo mágico. Posteriormente, su obra adquiere un tono más reivindicativo y feminista.
-Muere en México, Carmen Serdán Alatriste (1875-1948), maestra y activa revolucionaria.
28 de agosto:
Día del Anciano y de la Anciana.
30 de agosto:
Nace Mary Shelley (1797-1851) escritora inglesa, autora del clásico de la novela gótica 'Frankenstein o el moderno Prometeo' (1818). Fue hija de la escritora Mary Wollstonecraft, precursora feminista y autora de 'Vindicación de los derechos de la mujer', libro publicado en 1792.
31 de agosto:
-Nace la pedagoga italiana Marí­a Montessori (1879-1952).Puso en práctica su célebre método de enseñanza basado en fundamentos psicopedagógicos: respeto a la individualidad, libertad, y una educación orientada a desarrollar los sentidos y la inteligencia por medio de juegos y ejercicios.
-Día del Blog.


EFEMÉRIDES DE JULIO
4 de julio:
Nace en Taxco, México, la escritora y periodista Laureana Wrigth de Kleinhans (1846-1896), fundadora y directora en 1884 de la revista feminista 'Violetas del Anáhuac'
5 de julio:
Nace en Sajonia, Alemania, Clara Zetkin (1857-1933), destacada lí­der histórica de la socialdemocracia alemana. Organizó la I Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas
6 de julio:
Nace Frida Kahlo (1907-1954). Es, en la actualidad, sinónimo de valor, audacia, libertad, y uno de los pilares del arte mexicano de todos los tiempos
11 de julio:
Día Mundial de la Población
16 de julio:
Muere Elsa M. Chaney (1930-2000), relevante feminista y profesora universitaria estadounidense; doctora en Ciencias Políticas, aportó estudios sobre las mujeres de América Latina
22 de julio:
Día Internacional por la Valorización del Trabajo Doméstico
25 de julio:
Día Internacional de la Mujer Negra, Latinoamericana y del Caribe
26 de julio:
Muere María Eva Duarte, más conocida como Evita Perón (1919-1952), se convirtió en la más estrecha colaboradora de su esposo Juan Domingo Perón durante su gobierno

EFEMÉRIDES DE JUNIO
2 de junio:
Fallece Adela Zamudio, escritora boliviana (1854-1928). En su memoria, el día de su nacimiento, 11 de octubre, fue declarado 'Dí­a de la Mujer Boliviana'
5 de junio:
Día Mundial del Medio Ambiente
7 de junio:
-Día de la Libertad de Expresión y Prensa
-Nace la escritora y periodista Dolores Jiménez y Muro (1850-1925), ferviente defensora de la Revolución Mexicana

10 de junio:
'Halconazo' o Jueves de Corpus (1971). Matanza de estudiantes por Los Halcones, grupo paramilitar creado por el ex presidente en México Dí­az Ordaz a finales de su sexenio
12 de junio:
Día Mundial contra el Trabajo Infantil
20 de junio:
-Día Mundial del Refugiado y la Refugiada
-Muere la revolucionaria socialista alemana Clara Zetkin (1857-1933). Con Rosa Luxemburgo, fue
Tercer domingo de junio:
Día del Padre fundadora del Partido Comunista Alemán en 1918

22 de junio:
Muere Consuelo Zavala (1881-1856) en Mérida, Yucatán. Presidió el histórico I Congreso Feminista de Yucatán efectuado en 1917
26 de junio:
-Día Internacional de la Lucha contra el Uso Indebido y el Tráfico Ilícito de Drogas
-Día Internacional de Apoyo a las Víctimas de la Tortura

28 de junio:
Día Internacional del Orgullo Lésbico, Gay, Bisexual y Transgénero (LGBT)
30 de junio:
Fallece en México la escritora María Lombardo (1905-1964)

EFEMÉRIDES DE MAYO
1 de mayo:
Día Internacional de las Trabajadoras
3 de mayo:
Día Mundial de la Libertad de Prensa
10 de mayo:
-Día de la Madre
-Día Internacional de la Salud Materna Libre y Voluntaria

15 de mayo:
Día de la Maestra
17 de mayo:
-Día Internacional contra la Homofobia
-Día de Internet

24 de mayo:
Día Internacional de las Mujeres por el Desarme
28 de mayo:
Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres
31 de mayo:
Día Mundial sin Tabaco



Mujeres en Movimiento

Informe de la FIP

Informe periodistas

Informe periodistas
Informe sobre Periodistas en México


Periodistas, Periodismo, Prensa
*Informe: Periodistas están desapareciendo en México [Ver]
*SIP: 2008 registra trece periodistas muertos en la región [Ver]
*Guía para periodistas: Cómo sobrevivir en el 2009 [Ver]
*Diseñan seguro para proteger a bloggers de cargos de difamación [Ver]
*Red internacional de seguridad para periodistas lanza sitio especializado [Ver]
Periódicos y Expresión

Para mujeres periodistas:

   Asociación de Mujeres Periodistas de Cataluña

   Asociación de Mujeres Periodistas Francesas

   Asociación Internacional de Mujeres Profesionales de la Radio y la TV

   Fundación Internacional de las Mujeres en los Medios de Comunicación

   Instituto de Mujeres para la Libertad de Prensa

   Fundación Internacional de las Mujeres en los Medios de Comunicación

Federaciones y organizaciones de prensa en general:

   Agencia de Noticias de México (Notimex)

   Agencia Latinoamericana de Información (Alai)

   Federación Internacional de Periodistas (IFJ)

   Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI)

   Red de Periodistas Internacionales (IJNET)

   Noticias Inter Press Service (IPS)

Diarios del mundo:

   Clarín (Argentina)

   Corriere della Sera (Italia)

   Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación

   Editor and Publisher

   El País (España)

   El Universal (México)

   Excélsior (México)

   Intercambio Internacional por la Libertad de Expresión (IFEX)

   La Jornada (México)

   Le Monde (Francia)

   O Globo (Brasil)

   Periodismo.com (España)

   The Guardian (Gran Bretaña)

   The New York Times

   The Times (Gran Bretaña)

   The Washington Post

Revistas de comunicación y periodismo:

   Proceso (México)

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   Revista Mexicana de Comunicación

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CICLO DE CONFERENCIAS
“ENTRE MUJERES INSURGENTES Y REVOLUCIONARIAS”
FACULTAD DE CIENCIAS POLITICAS Y SOCIALES
UNAM


Jueves 29 de abril. Mujeres insurgentes

- Josefina Hernández Téllez. La educación femenina en 1810
- Layla Sánchez Kuri. Presencia femenina en la Independencia.
- Elvira Hernández Carballido. Leona Vicario, la corresponsal de los insurgentes.
- Rosalinda Sandoval Orihuela. Los taconazos de Doña Josefa

Moderador: Vicente Castellanos Cerda
Inaugura: Maestro Arturo Guillemoud Rodríguez Vázquez

Salón 12 Edificio de Posgrado (“F), 18:00 horas, FCPyS


Viernes 30 de abril. Mujeres revolucionarias

- Rosa María Valles Ruiz. Periodista y feminista: Hermila Galindo
- Elsa Lever M. El Universal y las mujeres periodistas
- Gloria Hernández Jiménez. Mujeres, revolución y fotografía
- Francisca Robles. Los corridos y la presencia femenina

Moderadora: Noemí Luna García
Inaugura: Maestro Arturo Guillemoud Rodríguez Vázquez

Sala Lucio Mendieta, Edificio de Posgrado (“F), 18:00 horas, FCPyS


EDICION DE JUNIO '08

Por Elsa Lever M.
Periodista con Maestría en Comunicación por la FCPyS de la UNAM, diplomada en Género por el PUEG de la UNAM, y en Feminismo por el CEIICH de la UNAM.

Inicia junio, mes de recuentos y balances. Mucho hay qué decir, pero hay tres temas que considero prioritarios por las fechas y los tiempos: El balance de avances y pendientes en cuanto a la salud de las mujeres, con motivo del pasado 28 de mayo, Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres; el recuento de asesinatos en México contra periodistas, a propósito del 24 aniversario del crimen contra Manuel Buendía, el 30 de mayo de 1984, y el Día de la Libertad de Expresión y Prensa, el 7 de junio; y la impunidad y falta de compromiso con los derechos humanos y civiles por parte del gobierno de Felipe Calderón.

El Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres de este año se caracterizó por la serie de manifestaciones realizadas en toda América Latina por el derecho a la interrupción voluntaria y legal del embarazo. Por ejemplo, la Red ADA de Bolivia informó que cada año mueren 650 mujeres en ese país por causas asociadas a la maternidad, entre ellas los embarazos no deseados. En Costa Rica, la Red de Salud de las Mujeres Latinoamericanas y del Caribe y la Red Nosotras en el Mundo, que agrupa colectivos de comunicación y activistas por los derechos de género de América Latina y Europa, lanzaron un llamado a la acción para exigir el reconocimiento del derecho a decidir. La radio nicaragüense Stereo Vos informó que existen 115 casos reportados de muerte materna durante el año 2007, debido a -según la emisión radiofónica- la injerencia de la jerarquía de la Iglesia católica en las políticas públicas y la mala calidad de los servicios de salud. En México, Cimacnoticias hizo un reporte de los avances en salud pública a partir de la aprobación de la ley que permite la interrupción legal del embarazo (ILE) en la Ciudad de México, e informa en él que a partir de la aplicación de dicha ley, la mayor demanda de ILE se concentra en los grupos de jóvenes de entre 18 y 29 años, de las cuales el 70 por ciento tiene estudios de secundaria, preparatoria y superiores, y el 50 por ciento del grupo está constituido por solteras. Además, a la fecha se ha salvado la vida de 7 mil 776 mujeres, según datos al 22 de abril de la Secretaría de Salud del DF.

Sin embargo, fuera de eso, en realidad no hubo mucho que festejar este 28 de mayo, pues no sólo permanecen, sino se han acentuado problemas como la discriminación en los servicios de salud, la falta de campañas informativas y educativas sobre VIH-SIDA para mujeres, las esterilizaciones forzosas que continúan, la poca o nula oferta de métodos anticonceptivos y los altos índices de muerte materna. Por ejemplo, tan sólo en la cuestión del VIH-SIDA, las estadísticas de infección en mujeres han repuntado: datos de la Secretaría de Salud indican que, a 2007, había 40 mil mujeres infectadas con VIH-SIDA en el país. El Grupo Interagencial de Género de las Naciones Unidas ha criticado al respecto la falta de políticas públicas y de presupuesto en México, que ha provocado que en 20 años pase de una mujer infectada por cada 23 hombres, a una mujer por cada 3 hombres con VIH-SIDA. Entre otros, estos son los grandes pendientes en materia de salud.

Hace 24 años asesinaron al periodista Manuel Buendía, autor de la famosa columna Red Privada, pues tenía información que vinculaba al Ejército y a altos funcionarios del gobierno federal con el narcotráfico, y que había comenzado a dar a conocer en su espacio periodístico. Después de casi un cuarto de siglo, es poco lo que se sabe y sí, en cambio, mucho lo que han aumentado los ataques contra periodistas y la censura contra los medios de comunicación: tan sólo en los primeros 18 meses de la administración del presidente Felipe Calderón, han sido asesinados diez periodistas y cuatro más están desaparecidos. Un informe del Centro de Periodismo y Ética Pública (CEPET) presentado en marzo de este año sobre la libertad de expresión, destaca que en 2007 se registraron 52 agresiones contra periodistas, de las cuales 36 víctimas fueron hombres (82 por ciento) y 8 mujeres (18 por ciento), y que esto se debe a que son los hombres quienes con frecuencia cubren la "nota roja" mientras que las mujeres sufren otro tipo de violencia, como despidos en represalia por la información publicada, decomiso de material periodístico e intimidación de funcionarios.

No es posible que en el ranking mundial, México ocupe el segundo lugar como el país más peligroso para ejercer el periodismo, sólo después de Irak, según ha documentado la organización Reporteros Sin Fronteras. Por ello este año se ha exigido al presidente Felipe Calderón, a la Secretaría de Gobernación, a la PGR, así como a las procuradurías estatales, garantías para el ejercicio del trabajo periodístico, así como el esclarecimiento de los asesinatos y la presentación con vida de quienes están desaparecidos y que cumplan las recomendaciones internacionales emitidas por organismos de defensa de derechos humanos. Demás está decir que no ha habido interés ni voluntad para investigar los 40 asesinatos que se han acumulado desde la administración foxista .

La prensa y la sociedad civil han alertado sobre el clima de violencia que se vive en el país y el secuestro que de éste se ha hecho por parte del Ejército con el pretexto de la lucha contra el narcotráfico. Al presentar Amnistía Internacional su informe anual sobre el estado de los derechos humanos en el mundo 2008, señaló la necesidad de que el Ejército mexicano no intervenga en tareas de seguridad pública y que los abusos cometidos contra civiles, en materia de derechos humanos, sean conocidos por autoridades civiles. La directora de AI sección México, Liliana Velázquez, ha dicho que Felipe Calderón debe asumir su responsabilidad y los "costos" de tener a los militares en tareas que "no son de su incumbencia". Estos abusos sin duda se unen a los temas del feminicidio y migración, lo que convierte a estas problemáticas en puntos principales en la agenda nacional. En este mes de balances y recuentos, permanece el déficit en seguridad, justicia y equidad.

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Más de tres décadas de los Estudios de Género en América Latina

Por Teresita de Barbieri
Profesora-investigadora con 31 años de carrera en la UNAM, con Maestría en Sociología por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, en Santiago de Chile, ha enfocado sus investigaciones a la vida cotidiana, el movimiento feminista latinoamericano, el laicismo, la salud reproductiva, y la población y el desarrollo. Se ha desempeñado como consultora en organismos internacionales como CEPAL, OIT Y UNICEF. Fundadora de la Red Nacional de Periodistas, recibió el reconocimiento Sor Juana Inés de la Cruz otorgado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) por su contribución, de manera sobresaliente, al cumplimiento de los altos fines universitarios.

Muchas diferencias existen entre el feminismo sufragista, también llamado primera ola del feminismo (1840-1920) y el de la segunda, que surgió en los años sesenta del siglo XX. No era para menos. Emergieron y se desarrollaron en contextos que habían atravesado procesos sociales, políticos, económicos y culturales muy distintos. Y como es obvio, el segundo nació y creció sobre las bases avanzadas en la primera ola: los derechos políticos, civiles y laborales, los servicios proporcionados por la seguridad social, la expansión educativa y el acceso de importantes contingentes de mujeres a los estudios universitarios y las carreras académicas, entre otras diferencias significativas. No obstante los cambios en el estatuto jurídico, hacia mediados de la década de los sesenta las mujeres comenzaron a externar diversos malestares por las limitaciones en el ejercicio de las libertades, comprendiendo que la igualdad proclamada en las leyes, las constituciones y los acuerdos internacionales estaban lejos de conformar sus vidas cotidianas. Los movimientos feministas resurgidos primero en Europa y los Estados Unidos y luego, con mayor o menor intensidad, en los distintos países del mundo hicieron público esos malestares, los nombraron y exigieron soluciones a los estados, las instituciones y las respectivas sociedades, a sus cónyuges y compañeros, a los varones y por qué no, también a las mujeres, ellas mismas y las otras.

Sin embargo, en modo similar a las sufragistas, las feministas no encontraron respuestas a sus problemas en las bibliotecas y centros de documentación. Hasta las más ilustradas y eruditas hallaron textos justificatorios de la subordinación de las mujeres y sólo unos pocos títulos que tomaran distancia de las ideas dominantes, con datos sistemáticamente obtenidos y sometidos al análisis.[1] De modo que ante tales carencias y la necesidad de fundamentar las críticas a las situaciones vividas, las demandas y propuestas para superarlas y, en términos más amplios, comprender la condición femenina y los procesos que desembocan en ella, algunas militantes y simpatizantes de la causa de las mujeres se dieron a la tarea de transformar los malestares en preguntas plausibles de ser contestadas por procesos de investigación.

Entonces se hicieron evidentes los enormes vacíos teóricos y de información: inexistencia de categorías analíticas donde ubicar las observaciones y por lo tanto, dificultades para transformar los problemas reales en problemas teóricos y formular hipótesis con cierto grado de generalidad y comprensión. Al mismo tiempo, instituciones y procesos sociales determinantes de la vida de las mujeres, como por ejemplo la familia, las familias y los hogares tampoco eran investigados sistemáticamente y gozaban de muy escaso prestigio. La información estadística disponible muchas veces no discriminaba por sexo ni consideraba variables que pudieran dar luz sobre aspectos particulares de la condición social de la población femenina. [2]
También eran escasos los estudios históricos dando cuenta de las condiciones de las mujeres en el pasado, su participación en los procesos sociales, las ideas y representaciones que los acompañaban.

Así fueron surgiendo con fuerza a partir de los años setenta grupos de investigadoras que individual o colectivamente se dieron a la tarea de producir conocimientos y reflexionar sobre los resultados, hallazgos y maneras de proceder. Ahí reside una diferencia fundamental entre una y otra ola del movimiento feminista internacional: desde los años de 1960 y 1970 los malestares que mostraban grupos cada vez más numerosos de mujeres dieron lugar a la producción sistemática de conocimiento inexistente hasta entonces, ya fuera con ellas como objetos de estudio, ya sobre otros problemas poco o nada explorados pero que permitían comprensiones más amplias sobre la condición femenina.

Dos características es necesario tomar en consideración en este proceso. Ninguna disciplina en las ciencias sociales y las humanidades quedó al margen, aunque algunas se hicieron presentes con más fuerza desde el inicio: la antropología, la historia, la psicología, la literatura y la filosofía. Otras fueron bastante más reticentes, como la ciencia política y la economía, si bien profesionales de todas las disciplinas aparecieron desde el inicio dedicadas al estudio de la cuestión. La sociología, a medio camino entre unas y otras, recién en los ochenta incorpora el tema (Stacey y Thorne 1985).[3] La segunda característica, ligada a la anterior, habla de la diversidad de temas y problemas que se constituyeron en sujetos de investigación: los que dan cuenta lo que mayoritaria o exclusivamente hacen y están las mujeres –maternidad, trabajo doméstico, educación preescolar y primaria; ahí donde son sólo la excepción o están ausentes: los movimientos sociales, la participación política, las cárceles, los gobiernos.

Este movimiento intelectual echó las bases de la ruptura epistemológica que significó la construcción de la categoría género. Introducida por Ann Oakley en Gran Bretaña, fue el artículo seminal de Gayle Rubin (1986) en los Estados Unidos en la mitad de los setenta, el que echó las bases para dotar de contenido teórico al conjunto abierto de problemas que se estaban tratando. Los sistemas de género como universos simbólicos de muy amplio alcance, que definen a los seres humanos sexuados, norman las relaciones entre varones y mujeres, entre varones y entre mujeres, crean, mantienen y reproducen las instituciones específicas, orientan la acción y le dan sentido y constituyen uno de los grandes ejes de la desigualdad y la estratificación sociales. Porque la investigación comprobó una y otra vez la subordinación de las mujeres a los varones en la actualidad, la historia y la prehistoria conocidas. En sus modalidades concretas, por lo tanto, han sido y sin sistemas de dominación masculina.[4]

Las hipótesis sobre su origen siguen dos líneas principales: la que se nutre más literalmente en las tradiciones fundadas por Marx y Engels y Durkheim, hace depender los sistemas de género de la división social de trabajo según los sexos y el interés principal radica en el estudio de las relaciones entre varones y mujeres; su versión más acabada es la elaborada por las teóricas de las clases de sexo (Kergoat, en Hirata et al., 2000; 35-44). La segunda corrientes no tiene hasta ahora una elaboración rigurosa como la anterior. Ubica el núcleo en el conflicto originado en la capacidad exclusiva de los cuerpos femeninos de producir seres humanos de ambos sexos. Para obtener el mayor control posible sobre la capacidad reproductiva se ha requerido controlar también la sexualidad y la capacidad de trabajo de las mujeres. El objeto de estudio más amplio se constituye en las relaciones mujer-varón, mujer-mujer y varón-varón. Para esta vertiente los sistemas de género guardan una relación estrecha, aunque no suficientemente esclarecida, con los sistemas de parentesco. Autores que navegan por esta corriente: Meillasoux (1977); Torres Arias (1989); Héritier (1996;2002). Véase también De Barbieri (1996).

Hay coincidencia entre diferentes corrientes de pensamiento en considerar que el género es solución a uno de los conflictos sociales estructurantes de las desigualdades sociales, que se articula con el de clases y el étnico-racial. Pero es tarea de la investigación determinar en contextos históricos determinados la articulación de las distancias sociales y el peso de cada una en la situación bajo estudio.

De modo que si el siglo XX, siguiendo a Hobsbawn (1996), es llamado el siglo de las mujeres, su último tercio en las ciencias sociales y las humanidades puede considerarse las décadas del género. Porque a medida que se avanza en el conocimiento y la reflexión, se reducen cada vez más los espacios sociales supuestamente neutrales al género y por lo tanto, se vuelve necesario introducirlo en el análisis.

2.- En América Latina no quedamos al margen del movimiento. Muchas académicas estuvimos en la avanzada del feminismo. No olvidemos las profundas distancias de nuestras sociedades en términos de clase y estratificación social, el racismo y las otredades étnicas; la precariedad de los Estados de derecho y su concomitante, la debilísima constitución de las condiciones de persona y ciudadanía, esto es, de los y las sujetos de derecho. Recordemos los bajos niveles de educación formal de la población femenina hacia 1970.[5] En pocas palabras, se abrían desafíos intelectuales en campos inexplorados hasta entonces. Los malestares de las mujeres, como los de muchos otros sectores oprimidos, no eran –ni lo son hoy en infinidad de situaciones- externados con facilidad por las grandes mayorías que los padecen. Ponerlos de manifiesto fue tarea realizada por las feministas y otros grupos de mujeres a lo largo de los años setenta y comienzos de los ochenta, cuando el movimiento se expandió en la región. A la par, debimos criticar las posturas de quienes los consideraban producto de las desigualdades de clase, etnia o raza, pero no originadas en el hecho de ser mujeres. Y por lo tanto, comenzar a actuar ya, no esperar a tomarlas en cuenta y atacarlas cuando esas supuestas más importantes desigualdades fueran resueltas, como sostenía con insistencia gran parte de la izquierda y los amplios sectores masculinos –y también femeninos- ilustrados.

Poco a poco documentamos y pusimos de manifiesto las aberrantes y tristes condiciones de vida y de trabajo, la subordinación manifiesta o latente legitimada como natural, la violencia siempre al acecho, los enclaves de discriminación, las muy diversas modalidades de resistencia y rechazo a la dominación masculina. A medida que demostramos nuestra solvencia académica, fuimos vistas con cierta simpatía por colegas y autoridades universitarias; pero dadas la pobreza de nuestras instituciones de educación superior y las resistencias del tema, la parte más importante de financiamiento provino –en la mayoría de los países latinoamericanos- de la llamada cooperación internacional, fundaciones y fondos privados y estatales de los países centrales que se canalizó mayoritariamente a través de organizaciones no gubernamentales (ONG).[6] Posteriormente, a mediados de los años ochenta, también fuimos consideradas por los distintos sectores –gubernamentales y privados, nacionales e internacionales- comprometidos con el descenso de la fecundidad. Entonces la cooperación externa redobló sus apoyos para reuniones, encuentros, conferencias, con sus viajes por el mundo. Los proyectos de investigación quedaron reducidos a los temas y problemas que las financieras determinaban. Salirse de sus prioridades llevó al ostracismo y a los cada vez más escasos recursos de las cada vez más pobres universidades y centros de educación superior. A veces, se encontraron financiamientos para programas docentes.[7]

Pese a las limitaciones, la rebeldía de las mujeres se ha expandido en América Latina dando lugar a organizaciones civiles propias, penetración en espacios dominados por los varones, aprobación de instrumentos legales que emplean la coacción del Estado y de instancias gubernamentales específicas desde donde se implementan políticas públicas y programas oficiales para quebrar los aspectos más lacerantes de la dominación, la exclusión y las jerarquías.

Un papel relevante ha jugado la Organización de las Naciones Unidas y su familia de organismos especializados, ya sea para la promoción de proyectos de investigación y reuniones académicas regionales, como en la promoción de la participación de los gobiernos y las organizaciones civiles en las conferencias mundiales de mediados de los decenios de 1970, 1980 y 1990. Estas últimas han sido y son relevantes para generar iniciativas de instrumentos jurídicos y agendas de políticas públicas posteriormente elaboradas y puestas en acción. Un primer hito lo constituyó la Convención para la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, aprobada en 1979 por la Asamblea General y ratificada en los años posteriores por la mayoría de los parlamentos de los estados miembros. Otro documento importante fue la Convención interamericana para prevenir, sancionar y erradicar la violencia hacia las mujeres, también conocida como la Convención de Belem do Pará, aprobada en 1995 en el ámbito de la Organización de los Estados Americanos.

3.-Conviene recordar: el resurgimiento del feminismo ocurre en los últimos años de vigencia del modelo de Estado de bienestar keynesiano y su contraparte en la guerra fría, la propuesta del socialismo real sostenida por el bloque comandado por la URSS. En el tránsito de esos modelos a la actualidad dominada por el privilegio del mercado en la economía y en la sociedad, casi cuatro décadas de historia, se produjeron cambios importantes en la condición de las mujeres latinoamericanas, al mismo tiempo que en el movimiento, sus formas de organización, sus demandas y propuestas.

Brevemente: la fecundidad se ha reducido a menos de la mitad: la educación se expandió hasta superar en promedio el umbral de la primaria e importantes contingentes de mujeres jóvenes ingresan en los niveles superiores de educación; los mercados de trabajo femeninos se diversificaron y las tasas de participación de las mujeres se duplicaron con respecto a las calculadas para los años setenta; los sistemas políticos se han abierto a procesos democráticos, incluidos los partidos y los gobiernos, en los que las ciudadanas son una masa electoral no desdeñable y muchas aspiran a participar como candidatas a cargos de representación y de gobierno; las sociedades acusan un mayor compromiso femenino en una pléyade de organizaciones civiles y movimientos sociales.

Hoy en día las sociedades latinoamericanas han dejado de ser mayoritariamente rurales, pero la pobreza y la miseria se han incrementado en las ciudades y los campos. Porque, como es sabido, los salarios reales se redujeron, a la par que el empleo precario e inestable y el autoempleo se ampliaron hasta ser la forma mayoritaria de generación de ingresos. La incorporación de las mujeres a los mercados de trabajo ha servido para mantener ingresos familiares deteriorados en el mejor de los casos. De modo que las finanzas públicas sanas no se acompañan de un estado similar de las sociedades.

Estos cambios no han afectado por igual a toda la población femenina. Según la dimensión de que se trate, puede ser más o menos abarcativa. Por ejemplo, se han llegado a niveles de cobertura muy amplia –total o casi total- de los servicios de control de la fecundidad; pero no ocurre lo mismo con los mercados de trabajo, donde sólo un porcentaje reducido logra acceso a ocupaciones estables, con seguridad social, salarios e ingresos de acuerdo con las necesidades para el desarrollo de una vida según los estándares internacionalmente aceptados. Podría decirse que alrededor de la tercera parte de las mujeres latinoamericanas que desempeñan alguna actividad generadora de ingresos se encuentran hoy en día en condiciones de sujetos de derecho constituidos e incorporadas a la modernidad (García, 1997). Es decir, también desde el punto de vista de género, el desarrollo latinoamericano sigue mostrando sus antiguos rasgos fundamentales: desigual, combinado, excluyente y marginador.

En esta mayor complejidad y diversidad de las sociedades latinoamericanas se han redefinido las esferas de acción, pública, estatal, privada, doméstica e íntima.

4.-Después de más de tres décadas de cambios en la condición de las mujeres y de investigación y análisis llevados de manera más o menos sistemática, aparecen con claridad dos grandes nudos muy complejos de desatar: la maternidad y la violencia.

Pese a los esfuerzos por suplantar los úteros, las mujeres siguen siendo el conjunto humano compuesto por quienes tienen, han tenido o tendrán la capacidad corporal de producir otros seres humanos, mujeres y varones. Posibilidad que no tienen estos últimos.[8] Pero que sólo es efectiva, en tanto probabilidad, en una etapa de la vida y sólo en ella: desde la menarquia a la menopausia.

Los diferentes métodos para el control de la fecundidad son mayoritariamente de uso femenino. Sin embargo, las legislaciones latinoamericanas no coinciden en otorgarles a las mujeres la plenitud de la capacidad de decisión de engendrar o no engendrar, de producir o no producir un hijo o hija en sus cuerpos.

Más allá de las leyes, reglamentos y servicios sobre anticoncepción y aborto, embarazo, parto, puerperio, lactancia y, por extensión, crianza de las y los niños hasta las fases finales de la adolescencia, constituyen episodios fundamentales en la vida de gran parte de las mujeres y en función de ellos se organizan sus cotidianidades. Las soluciones concretas a estos episodios y sus consecuencias han variado y dependen de los recursos disponibles: ingresos familiares, acceso a servicios públicos y privados de salud, educativos y de seguridad social,[9] tradiciones culturales con sus sellos regionales, de clase y étnicos. Todo el proceso exige esfuerzos no sólo de las mujeres. Intervienen también las y los restantes integrantes de los grupos domésticos, principalmente los varones-padres-esposos (o compañeros). Y de otras instancias como las redes de parientes. Porque al final de cuentas, en la producción y crianza de las y los niños están involucrados intereses colectivos para asegurar, en cantidad y en calidad, las y los efectivos de las próximas generaciones. Incluidos los intereses del Estado, definitivamente claros desde fines del siglo XIX y todo a lo largo del XX.[10]

En la práctica de los estados de bienestar y de los estados socialistas, la atención a la salud se medicalizó, dándose especial cuidado a las mujeres y las y los bebés. Se brindaron a las madres trabajadoras servicios de guarderías infantiles hasta que las y los niños se incorporaban al sistema educativo. Hoy en día, con la quiebra de ambos modelos[11], en los países latinoamericanos ha vuelto a considerarse la atención a la salud y el cuidado de los y las niñas menores de seis años asuntos principalmente privados en los que el Estado poco debe hacer e invertir, más allá de las medidas que permiten mantener el crecimiento poblacional controlado y sin que se disparen epidemias y alarmas sanitarias.

De manera que a pesar del menor número de hijos por mujer y los adelantos de la modernidad, no han disminuido las tensiones entre la vida del hogar y los servicios públicos, los horarios y las cargas de trabajo en comparación con décadas pasadas. En particular para las madres que desempeñan actividades extradomésticas. El tiempo dedicado a fortalecer la relación materno-filial se vuelve cada vez más complicado, en gran medida mediado por otras actividades.[12] Y la maternidad, en sentido amplio, un tiempo-espacio plagado de contradicciones.

El otro problema es el de las distintas modalidades que asume la violencia contra las mujeres. A diferencia de la maternidad y la reproducción, es una cuestión descubierta, analizada y construida en la segunda ola del feminismo, hasta ocupar un lugar relevante en las agendas nacionales e internacionales. Se distingue como campo específico la violencia de género, es decir, aquélla que tiene como víctima a las mujeres en tanto mujeres. Tres son las modalidades, no excluyentes, que centran la atención: la violencia sexual, la doméstica y el feminicidio. Lo interesante es que la primera, contrariamente a los que se suponía en los años sesenta y setenta, no sólo acontece en los espacios públicos una vez que cae la tarde y reina la oscuridad. En muchas situaciones es en los hogares donde son víctimas las niñas y adolescentes –y también varones en esas etapas de la vida- agredidas sexualmente por familiares cercanos: padrastros, padres, tíos, abuelos, amistades de sus padres y madres. Es decir, formas diversas de incesto.[13]

Por otro lado, se conoce cada vez más de la violencia económica, física, psicológica y sexual, que en el extremo llega a la muerte, ejercida en el domicilio familiar sobre las mujeres en todas las etapas de la vida. En franca contradicción con la representación del ámbito doméstico y la familia como lugar de la vida, de la armonía y el encuentro distendido y franco entre cónyuges y parientes, se muestra como espacio privilegiado para el ejercicio de la violencia de género y a los cónyuges o compañeros como los victimarios principales.

El feminicidio, por su parte, es un concepto de reciente creación, elaborado para dar cuenta y analizar las prácticas de violencia física, psicológica y sexual ejercidas masiva y sistemáticamente hasta el asesinato sobre mujeres. Sería una especie de genocidio cometido exclusivamente en mujeres y por el hecho de ser tales. El registro y análisis han cobrado importancia a partir de los crímenes ocurridos en las guerras de la ex Yugoslavia, Ruanda y en Ciudad Juárez, Chihuahua, México.[14]

Pero las sociedades latinoamericanas están plagadas de prácticas sociales en las que el ejercicio de la violencia sobre los cuerpos femeninos es vivido como natural por sus actores, varones y mujeres. Me refiero a una gama amplia y muy diversa. Por ejemplo, los primeros años de vida matrimonial enfrentan a las jóvenes recién casadas con la autoridad y el control que ejercen los parientes directos de los esposos, principalmente las suegras. El patrón de residencia patrivirilocal, que produce hogares extendidos en sectores urbanos pero principalmente campesinos, da como resultado una división del trabajo doméstico en los que a las nueras jóvenes se les adjudican las tareas más pesadas y menos creativas: lavar y planchar la ropa, recoger leña, acarrear agua, hacer las tortillas, bajo la mirada exigente y muchas veces despectiva de la suegra. Éstas controlan el espacio en que pueden moverse las nueras, las que deben pedirle permiso para cualquier salida fuera de la vivienda, como ir a visitar a la madre cuando está enferma, tal como señalan desde hace ya muchos años los reportes de investigaciones sobre la vida y el trabajo de las mujeres en el medio rural. O las que tienen lugar en los ámbitos de atención a la salud, hospitales y centros de consulta externa en gineco-obstetricia del sector público en Santiago de Chile: desde los porteros hasta las y los directores y el personal profesional dan trato autoritario y degradante a las mujeres –por lo regular pobres- que concurren para ser atendidas (conversación personal con María Isabel Matamala). O la comprobación de la virginidad de la novia por parte de la suegra, en una ceremonia semipública, que ha sido descrita por Miano (2002) en Juchitán, Oaxaca, como parte del ritual matrimonial. Las mujeres zapatistas, por su parte, expresaron en positivo la crítica a una práctica tradicional violenta; en su ley de enero de 1994, el artículo séptimo dice “Las mujeres tienen derecho de elegir a su pareja y a no ser obligadas por la fuerza a contraer matrimonio” (EZLN, citada por Ramos, 2002; 11). Estas y muchas otras manifestaciones indignas y dolorosas que son vividas como propias de la naturaleza de las cosas por víctimas y victimarios de ambos sexos.

Un tercer problema, cada vez más claro a medida que se procede a corregir las formas más evidentes de la desigualdad entre mujeres y varones, está constituido por las resistencias y desobediencias a las reformas introducidas en las legislaciones. Desconocimiento de las nuevas leyes, insuficiencias en los aparatos de justicia, prevalencia de la costumbre y sus sesgos masculinos en los diversos actores: jueces, ministerios públicos, las y los abogados defensores, de las mujeres a perder ciertas prerrogativas y asumir responsabilidades nuevas, pero sobre todo de los varones a perder los privilegios que injustamente han gozado hasta ahora.[15] Todo lo cual apunta no sólo a la lentitud de los cambios en la materia; habla de las dificultades en el empleo de la coacción legítima del Estado para asegurar la justicia y la igualdad en las relaciones entre la coacción legítima del Estado para asegurar y la igualdad en las relaciones entre mujeres y varones y entre mujeres. En otras palabras, la organización del género conforma una estructura muy sólida, llena de vericuetos, profundamente enraizada en las instituciones y las personas. Las transformaciones acaecidas hasta ahora no parece que hayan llegado a las partes medulares de las estructuras. Para avanzar se hacen necesarios quiebres en las líneas de la dominación masculina.

Pero hoy por hoy en la región, las propuestas exitosas más amplias, es decir, las que han llegado a constituirse en normas legales, tienen muchas limitaciones. Se enfrenta con Estados débiles, que no llegan a aplicar la ley en la totalidad de las poblaciones y territorios bajo su jurisdicción. Por lo tanto, la coacción legítima del Estado no logra imponerse a la sociedad, y en particular a los sectores masculinos que ejercen la dominación en la sociedad y controlan los centros del poder del Estado.[16]

5.-A casi cuarenta años del inicio de la producción de conocimientos sobre las mujeres y los géneros el balance muestra un campo de investigación de gran dinamismo. Se incorporan nuevos temas; se redefinen y enriquecen problemas y preguntas formuladas desde hace más de tres décadas, como por ejemplo, las referidas al trabajo doméstico y los mercados de trabajo, la salud, la educación, la sexualidad, las migraciones; a su vez, la incorporación de la mirada desde el género permite mayor comprensión a cuestiones como la pobreza, la administración estatal, las relaciones internacionales, la guerra y la paz, entre otros. Las diferentes disciplinas se penetran unas con otras, enriqueciendo las categorías de análisis, los conceptos, la elaboración de variables complejas y de indicadores más precisos. De modo que junto a los nuevos problemas de investigación apenas esbozados, es posible construir objetos de estudio precisos que hipotetizan relaciones sociales complejos en contextos muy acotados.

Mientras tanto, es posible avanzar en la comprensión de las estructuras de los sistemas de género, que permita identificar sus componentes centrales y periféricos, elaborar periodizaciones, particularidades de la articulación con los otros ejes de distancia y conflicto sociales.

Una cuestión a desentrañar es acerca de las relaciones entre sistemas de género y sistemas de parentesco. La antropóloga francesa Francoise Héritier (1996; 2002) sostiene que todos los sistemas de parentesco que han sido estudiados hasta ahora con detenimiento presentan una característica común: la “valencia diferencia de los sexos”. Es decir, están basados en la minusvalía de las mujeres frente a los varones.

El problema entonces es ¿por qué la subvaloración de las mujeres? Intentaré una contextualización benévola. Los sistemas de parentesco son elaboraciones sociales muy antiguas que definen las modalidades de la reciprocidad entre los seres humanos en función del sexo y las generaciones.[17] Sus orígenes se remontan a momentos en que la vida humana en términos biológicos era precaria: de corta duración[18] por las dificultades para obtener dietas suficientes y variadas todo el año, la indefensión ante los agentes externos de todos los tamaños, desde las picaduras de insectos y serpientes venenosas a las bacterias y los virus. En ese contexto, es probable una mayor vulnerabilidad de las mujeres entre la menarquia y la menopausia: embarazo y las probabilidades de aborto, el parto y sus probables imprevistos, el puerperio con sus riesgos de infecciones, la lactancia y sus abcesos; es decir, la exigencia de mayor cuidado hacia los cuerpos femeninos para asegurar el buen término de esos procesos, tanto para las y los niños como las madres.

Esas mismas condiciones de precariedad de la vida humana permiten entender la extensión de la minusvalía femenina durante todo el ciclo vital. Aquélla, hasta recién tres siglos atrás, no pasaba en promedio de los 30 años y era, a diferencia de hoy en día, tan corta para las mujeres como para los varones.[19] En otras palabras, era muy excepcional para ambos sexos llegar a la vejez. Por la vía de las instituciones se protegía por lo tanto, en las niñas y adultas, a todas las madres potenciales y reales desde el nacimiento hasta esa muerte ocurrida a edades tan tempranas.

Pero esas condiciones han cambiado sustancialmente. La vida humana se ha alargado poco a poco desde los inicios del siglo XVIII por la disponibilidad de alimentos variados, el control creciente de los procesos de salud-enfermedad y descubrimientos e invenciones propias de la modernidad, que retrasan el desgaste de los cuerpos. Los niños que nacen en México hoy tienen una esperanza de vida de 73 años y las niñas de 78. El círculo se completó durante la segunda mitad del siglo XX con la invención y expansión de los métodos anticonceptivos eficaces y baratos que permiten ajustar voluntariamente el número de las maternidades y sus momentos. En otras palabras, si los géneros se establecieron por el control de la capacidad reproductiva de las mujeres en contextos de precariedad de la vida humana, hoy en día esas condiciones han sido superadas aún en regiones atrasadas.

Por un lado, la reproducción del volumen de la población se asegura un promedio de 2.1 hijos por mujer. Los nacimientos de las y los hijos pueden ser decididos previamente. La probabilidad de sobrevivencia son tales que casi seguro llegarán a la adolescencia y sobrevivirán a sus padres y madres. Esos elementos significan que las mujeres han reducido los años dedicados al nacimiento y cuidado de sus hijos, a pesar de que ha aumentado el tiempo entre cada maternidad. También significa que masivamente, es muy alta la incidencia de niños y niñas deseadas desde antes de nacer. Masivamente han dejado de ser producto del azar –imprevistos que requerían aceptación, reacomodos domésticos y familiares y, muchas veces, abandono de otros proyectos de vida del padre y sobre todo de la madre- para llegar a espacios donde son esperados con amor.

Por otro, las mujeres han demostrado estar dotadas de las capacidades necesarias que las acreditan para desempeñar la variada gama de actividades y responsabilidades generadas por una división social del trabajo cada vez más diversa. Si existen desequilibrios entre ellas y los varones, se deben a las carencias educativas, de entrenamiento y experiencia, y sobre todo al ejercicio del poder –cubierto por los prejuicios- de unos con respecto a las otras: al peso de la construcción que llamamos género.

Tal vez el camino para subvertir ese orden jerárquico e injusto sea largo, más de lo que las feministas hemos imaginado. Está demostrado que no se realizará sin resistencias por parte de los varones. Éstas pueden llegar a revertir la tendencia ascendente de estos últimos cuarenta años y sumir en la aparente parálisis durante varias décadas. Como consuelo, asegura que muchas generaciones más de mujeres se encontrarán con malestares que las obligarán a seguir bregando por un mundo de justicia y libertad para todos los seres humanos, de ambos sexos en todas las etapas de la vida. Al final de cuentas, la lucha por la justicia y la libertad no tiene fin.

NOTAS





[1]

Las lecturas obligadas eran El segundo sexo de Simone de Beauvoir, publicado en 1949 y El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Federico Engels, de 1884. Otros textos volvieron a circular como La vindicación de los derechos de la mujer de Mary Wollstonecraft de 1792 y Ensayos sobre la igualdad sexual de John Stuart Mill y Harriet Taylor Mill, que incluye La esclavitud de la mujer, obra del primero editada en 1869. En los primeros 15 números de la revista Fem (1976-1980) Alaíde Foppa escribió la sección “Galería del feminismo”, donde dio a conocer a las y los autores pioneros de la primera ola del movimiento. Entre las sociólogas se encontró el artículo de Talcote Parsons “Edad y sexo en la estructura social de los Estados Unidos de Norteamérica”, incluido en Ensayos sobre teoría sociológica, publicado en 1949, donde atisba algunos de los problemas que plantearán las feministas en los años sesenta.



[2]

Por ejemplo, era frecuente que la información sobre migraciones y la mortalidad por causas se presentara sin estar desagregada por sexo, bajo los supuestos de que migrar lo hacían fundamentalmente los varones y que la mayor parte de las enfermedades afectaban de manera idéntica a mujeres y varones. Las específicas de unas y otros se reconocían por denominación.



[3]

Una hojeada a las principales revistas sociológicas muestra a partir de esos años la aparición sistemática de artículos, ensayos, debates y reseñas dedicados a distintos aspectos de la cuestión. Esto no quiere decir que anteriormente no hayan aparecido colaboraciones que reportaran investigaciones y publicaciones sobre las mujeres y los géneros, sino que entonces dejaron de ser esporádicas. En 1986 la organización estadounidense Sociologist for Women in Society inició la edición de la revista Gender and Society. Las restantes revistas feministas y especializadas en género y mujeres que conozco son expresión de centros e institutos universitarios con presencia de profesionales de diversas disciplinas.



[4]

Ya entonces la investigación antropológica había desechado la hipótesis de la existencia histórica del matriarcado. Durante la década de 1970, algunas mujeres sostenían que las sociedades más igualitarias eran las cazadoras-recolectoras. Posteriormente se comprobó que también en ellas las mujeres estaban subordinadas a los varones y que no existían las condiciones de igualdad y libertad como se había supuesto.



[5]

En México, el promedio de educación de la población femenina de 12 años y más no llegaba a 4 años de escolaridad, mientras los varones bordeaban los 6 años.



[6]

En el México de los años setenta y comienzos de los ochenta la investigación gozó de financiamientos provenientes de los presupuestos de las universidades públicas y centros de educación superior. No así en el resto de los países latinoamericanos, ya fuera por la falta de recursos endémica, ya por las situaciones creadas por las feroces dictaduras militares que asolaron amplios territorios del continente. En Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Paraguay y Uruguay, la cooperación internacional permitió crear y recrear espacios del quehacer académico fuera del control oficial. Bajo la modalidad de ONG, grupos de mujeres fundaron centros de investigación y consolidaron espacios de difusión de sus ideas, así como la articulación política dentro de lo que era posible realizar sin exponerse abiertamente a la represión estatal. A los pocos años de la caída de las dictaduras los financiamientos internacionales se redujeron hasta desaparecer en la mayoría de los casos; las ONG sobrevivientes debieron redefinirse en sus objetivos, funciones y personal.



[7]

La Fundación Ford sostuvo entre mediados de los ochenta y primera mitad de los noventa programas de formación mediante becas de un año de duración para la realización de proyectos de investigación sobre las mujeres. En México la institución sede fue El Colegio de México, en Brasil la Fundación Carlos Chagas, para el resto de los países de América del Sur el Comité Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) tuvo a su cargo el proyecto entre 1987 y 1992, que realizó los cursos previos en las ciudades de Lima, Asunción, Cochabamba y Santiago. Entre 1990 y 2002 la Fundación Mc Arthur aportó a la Fundación Carlos Chagas fondos para la realización del Programa de Treinamento em Pesquisa sobre Directos reprodutivos na América Latina e Caribe (PRODIR), que otorgó becas para la realización de proyectos de investigación de un año de duración a investigadores jóvenes residentes en los países de la región.



[8]

El cuerpo de los varones produce líquidos; el de las mujeres líquidos y seres humanos de ambos sexos.



[9]

Una vez obtenidos los derechos políticos en 1918, las diputadas alemanas de todos los partidos trabajaron en conjunto y lograron una serie de leyes de protección a las trabajadoras y en particular a las madres trabajadoras (Bock y Thane, 1991). Sentaron bases que posteriormente fueron desarrolladas en la Constitución de Weimar, modelo que fue retomado en la creación de los estados de bienestar, después de la Segunda Guerra Mundial.



[10]

Ya en el siglo XVII, Enrique IV de Francia sostenía que el aumento de la población significaba más soldados para los ejércitos del soberano, más impuestos a recogerse en las arcas reales y mayor cantidad de mercancías a ser producidas y comercializadas.



[11]

Durante la guerra fría los sistemas de salud y seguridad social de los países socialistas actuaron como competencia ideológica en los países capitalistas, considerados por las organizaciones obreras y de trabajadoras, de alguna manera, metas ideales a las que se debería llegar en la materia. Pero Cuba ha dejado de tener ese papel hace ya muchos años para los y las latinoemricanas.



[12]

Piénsese en las cargas que suponen las tareas escolares, la relación con la escuela, el traslado hacia y de las consultas dentales, psicológicas, médicas, las prácticas deportivas, religiosas y artísticas, así como la parte doméstica de los tratamientos médicos durante la infancia y la adolescencia, particularmente en ciudades como Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México y Sao Paulo.



[13]

El problema del incesto no se ha estudiado en América Latina con la profundidad requerida, pese a haber indicios de lo extendido de estas prácticas. Véase: Branch (1993).



[14]

Mientras en las dos primeras modalidades de la violencia hacia las mujeres se han realizado esfuerzos nacionales e internacionales para la tipificación de los delitos correspondientes y el diseño de políticas para la prevención y asistencia a las víctimas, los comprendidos bajo el concepto de feminicidio están bajo estudio en el Tribunal Penal Internacional.



[15]

Mucho se habla de los techos de cristal en las burocracias estatales y privadas así como de las difíciles trayectorias de las mujeres que buscan ocupar cargos en los partidos y lugares con probabilidades altas de éxito en las listas electorales. Si éste las acompaña, los desempeños parlamentario están plagados de dificultades: dudas permanentes sobre las capacidades innatas y adquiridas, menosprecio a sus potencialidades, uso del ridículo, del humor sexista, o de plano no atender ni escuchar sus palabras (De Barbieri, 2003).



[16]

Los estudios de masculinidad no han desarrollado investigaciones que pongan de manifiesto las relaciones entre varones, ya sea en los distintos ámbitos de la vida cotidiana, ya en las instituciones y organizaciones exclusivas o predominantemente masculinas. Me refiero a las relaciones varón-varón por ejemplo, en las Fuerzas Armadas, la jerarquía de la Iglesia católica, las corporaciones empresariales donde se concentra el poder económico, particularmente las financieras, o los grupos y asociaciones profesionales de amplia predominancia de varones como los ingenieros. Tampoco conozco dentro de la gama de los estudios de la diversidad sexual análisis de las relaciones de poder entre varones no heterosexuales.



[17]

Sus instituciones principales son: matrimonio, residencia, filiación, herencia.



[18]

Según Duby (1981), el sacramento del matrimonio fue creado por la Iglesia –entre los siglos X y XII de nuestra era- bajo el principio de la indisolubilidad, en momentos en que la vida humana era tan precaria, y por lo tanto breve, que la vida conyugal duraba alrededor de siete años.



[19]

Me refiero al periodo posterior al primer año de vida, en el que la mortalidad masculina históricamente es más alta que la femenina.


BIBLIOGRAFIA

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Género y Psicoanálisis: Subjetividades femeninas vulnerables

Por Mabel Burin
Doctora en Psicología Clínica, especialista en Estudios de Género y Salud Mental. Directora del Área de Género y Subjetividad de la Universidad Hebrea Argentina Bar Ilan. Es autora de los libros "Estudios sobre la subjetividad femenina. Mujeres y Salud Mental"(1987), "El malestar de las mujeres. La tranquilidad recetada" (1990), "Género, Psicoanálisis, Subjetividad"(1996), "Género y Familia"(1998) y "Varones, Género masculino y subjetividad" (2000).

I. Introducción

A partir de los años 60, y más acentuadamente en la década de los 70, los Estudios de Género han puesto en el escenario académico gran cantidad de estudios e investigaciones que revelan diversos modos de construcción de la subjetividad femenina, a partir de la ubicación social de las mujeres en la cultura descripta como partriarcal. Esto ha generado intensos debates sociales, políticos, económicos, poniendo de relieve la condición de marginación de las mujeres en tales espacios. A la vez se han estudiado las marcas que deja en la constitución de las subjetividades femeninas semejantes procesos de exclusión. Como resultado de tales análisis, se han ofrecido diversas hipótesis provenientes de teorías psicoanalíticas acerca de la constitución de la subjetividad femenina que, entrecruzadas con aquellas provenientes de los estudios de género, ofrecen una masa interesante de datos y de nuevas hipótesis para seguir avanzando en este campo de conocimientos.

Tal entrecruzamiento teórico y de prácticas clínicas en sus comienzos fue arduo y difícil, debido más bien a relaciones de tensión entre ambas corrientes disciplinarias. Esta situación se caracterizó al principio por enfatizar, a veces hasta el paroxismo, las relaciones críticas y conflictivas entre los estudios de género y las teorías psicoanalíticas. Si bien todavía persisten algunos rasgos de aquella situación de exasperación crítica y a menudo desestimante una de la otra, en la actualidad estamos intentando fertilizar mutuamente el campo con hipótesis provenientes de ambas disciplinas, en un esfuerzo por articular aquellos conocimientos que se hayan revelado como fructíferos.

¿Qué son los Estudios de Género? El término género circula en las ciencias sociales y en los discursos que se ocupan de él, con una acepción específica y una intencionalidad explicativa. Dicha acepción data de 1955, cuando el investigador John Money propuso el término "papel de género" (gender role) para describir el conjunto de conductas atribuidas a los varones y a las mujeres. Pero ha sido Robert Stoller el que estableció más nítidamente la diferencia conceptual entre sexo y género en un libro dedicado a ello (Stoller, 1968), basado en sus investigaciones sobre niños y niñas que, debido a problemas anatómicos, habían sido educados de acuerdo a un sexo que fisiológicamente no era el suyo. La idea general mediante la cual se distingue sexo de género consiste en que el primero se refiere al hecho biológico de que la especie humana es una de las que se reproducen a través de la diferenciación sexual, mientras el segundo guarda relación con los significados que cada sociedad le atribuye a tal hecho.

Según lo plantea E. Gomáriz (1992), de manera amplia podría aceptarse que son reflexiones sobre género todas aquellas que se han hecho en la historia del pensamiento humano acerca de las consecuencias y significados que tiene pertenecer a cada uno de los sexos, por cuanto, esas consecuencias, muchas veces entendidas como "naturales", no son sino formulaciones de género. Mediante ese anclaje temático, puede hablarse así de forma amplia de "estudios de género" para referir al segmento de la producción de conocimientos que se han ocupado de este ámbito de la experiencia humana: los sentidos atribuídos al hecho de ser varón o ser mujer en cada cultura.

Una de las ideas centrales desde un punto de vista descriptivo, es que los modos de pensar, sentir, y comportarse de ambos géneros, más que tener una base natural e invariable, se deben a construcciones sociales que aluden a características culturales y psicológicas asignadas de manera diferenciada a mujeres y hombres. Por medio de tal asignación, a través de los recursos de la socialización temprana, unas y otros incorporan ciertas pautas de configuración psíquica y social que hacen posible la femineidad y la masculinidad. Desde este criterio, el género se define como la red de creencias, rasgos de personalidad, actitudes, sentimientos, valores, conductas y actividades que diferencian a mujeres y varones. Tal diferenciación es producto de un largo proceso histórico de construcción social, que no sólo genera diferencias entre los géneros femenino y masculino, sino que, a la vez, esas diferencias implican desigualdades y jerarquías entre ambos. Cuando realizamos estudios de género, ponemos énfasis en analizar las relaciones de poder que se dan entre varones y mujeres. Hasta ahora, los estudios se han centrado en la predominancia del ejercicio del poder de los afectos en el género femenino, y del poder racional y económico en el género masculino, y en las implicaciones que tal ejercicio del poder tiene sobre la construcción de la subjetividad femenina y masculina.

La noción de género suele ofrecer dificultades, en particular cuando se lo toma como un concepto totalizador, que invisibiliza a la variedad de determinaciones con las que nos construímos como sujetos: raza, religión, clase social, nivel educativo, etc. Todos estos son factores que se entrecruzan en la constitución de nuestra subjetividad. Estamos sugiriendo, entonces, que el género jamás aparece en su forma pura, sino entrecruzado con otros aspectos determinantes de la vida de las personas: su historia familiar, sus oportunidades educativas, su nivel socio-económico, etc. Sin embargo, consideramos necesario mantener la categoría de género como instrumento de análisis de algunas problemáticas específicas de mujeres y varones que nos permita ampliar la comprensión tradicional. Así, desde las teorías del género se enfatizan los rasgos con que nuestra cultura patriarcal deja sus marcas en la constitución de la subjetividad femenina o masculina.

Entre las hipótesis psicoanalíticas, algunas cobran mayor relevancia en sus esfuerzos de poder explicativo para la constitución de la subjetividad femenina: la envidia fálica, la construcción del narcisismo femenino, los rasgos de su sistema Superyó-Ideal del Yo, sus sistemas de identificaciones, etc.

Algunas de las críticas más frecuentemente esgrimidas por los estudios de género a estas hipótesis psicoanalíticas se basan en sus criterios esencialistas, biologistas, individualistas y a-históricos. Entendemos por esencialistas aquellas respuestas que se ofrecen a la pregunta "¿quién soy?", y "¿qué soy?", suponiendo que existiría algo sustancial e inmutable que respondería a tales inquietudes. Los criterios biologistas responden a los interrogantes asociando a un sujeto mujer con un cuerpo biológico, y fundamentalmente con su capacidad reproductora. Los principios a-históricos deniegan que a lo largo de la historia las mujeres han padecido cambios económicos y sociales que han implicado profundas transformaciones en las definiciones sobre la femineidad; por el contrario, suponen la existencia de "eterno femenino" inmutable a través del tiempo. Los criterios individualistas aislan a las mujeres del contexto social, y suponen que cada mujer, por separado, y según su propia historia individual puede responder acerca de su identidad femenina.

Principalmente los debates conciernen, principalmente, al esencialismo con que se formulan las hipótesis (de Lauretis,1990; Alcoff, 1989; Brennan, 1989), al tipo de leyes simbólicas que la cultura requiere para estructurar el aparato psíquico (Saal, 1991; Irigaray 1982; Mitchell, 1982), a la diferencia sexual y sus implicaciones, a en qué medida la construcción del conocimiento es inherentemente patriarcal, y a las implicaciones que tiene para los Estudios de Género la utilización de los conocimientos psicoanalíticos en campos no académicos (por ejemplo, políticos).

El entrecruzamiento teórico entre psicoanálisis y género ofrece un enriquecimiento insospechado, a la vez que una profunda complejización en sus estructuras teóricas, al nutrirse de conocimientos provenientes de la sociología, la antropología, la historia, la psicología social, etc., lo cual hace difícil la delimitación o el "control de fronteras". Con ello, consideramos que no sólo enriquecemos la perspectiva, sino que además, colocamos este entrecruzamiento disciplinario en un punto de encrucijada, expresada hoy en día en el quehacer científico bajo el término de interdisciplinariedad.

La atmósfera de crisis que en general rodea a los paradigmas científicos en los últimos años, ha tenido sus efectos también sobre este nuevo campo de conocimientos. Aquella filosofía neopositivista que era expresión obligada y única en otras épocas del modo de producción del conocimiento científico, ha dejado de constituir la base epistemológica única o suficiente para la valoración de los conocimientos producidos actualmente. Algunos de los fundamentos que se están cuestionando en la actualidad por las disciplinas con las que operamos son, por ejemplo, el determinismo estricto, el postulado de simplicidad, el criterio de "objetividad", el supuesto de la causalidad lineal, etc.

Los nuevos criterios para reformular los paradigmas del entrecruzamiento disciplinario entre los estudios de género y psicoanálisis, incluye en primer lugar, la noción de complejidad: requiere la flexibilidad de utilizar pensamientos complejos, tolerantes de las contradicciones, capaces de sostener la tensión entre aspectos antagónicos de las conductas, y de abordar, también con recursos complejos, a veces conflictivos entre sí, los problemas que resultan de tal modo de pensar.

En la reformulación de paradigmas que guíen nuestras investigaciones, se ha descripto (Gomáriz, 1992) cómo gran parte de las/los estudiosas/os del género y del psicoanálisis no están muy preocupadas/os por sus articulaciones intersectivas. Parecen, en general, satisfechas/os con el hecho de que la fragmentación teórica que sufren hoy las ciencias humanas les permite un nicho propio, donde pueden desarrollarse. Esta actitud parece justificada especialmente por la idea postmoderna de que el mejor estado de las ciencias humanas es la fragmentación (Burin, 1993). Sin embargo, ésta parecería una apuesta arriesgada: a pesar de todo, también las ciencias humanas están tensionadas por la acumulación de conocimiento. Para E. Gomáriz es muy arriesgado afirmar que dicha tensión no va a impulsar a diversas disciplinas a salir de la actual crisis teórica y de paradigmas. Sostiene que si en el pasado ya se pasó por ciclos de articulación-desarticulación-rearticulación, no sería nada extraño que las ciencias humanas volvieran a articular alguna visión teórica, especialmente si se tiene en cuenta que -como ya sucedió- esta articulación no necesita ser única ni homogénea: puede desarrollarse como competencia entre teorías opuestas o, también, en torno a problemas temáticos históricamente relevantes (como ha sucedido recientemente en nuestro medio con las reflexiones sobre la violencia, especialmente como efecto socio-histórico de la dictadura militar 1976-1983 en Argentina).

SUBJETIVIDAD FEMENINA EN EL ACTUAL DEBATE

Los Estudios de Género han enfatizado la construcción de la subjetividad femenina como un proceso multideterminado, que fue sufriendo variadas transformaciones a lo largo del tiempo y de los distintos grupos de mujeres.

En el campo de la salud mental de mujeres (Burin, 1987; 1990) nos ha interesado describir los procesos que han llevado a la generación de subjetividades femeninas vulnerables. Hemos intentado articular modelos teórico-clínicos de comprensión de las patologías de género femenino en relación con las áreas de poder predominantes en las cuales desarrollan sus vidas cotidianas gran cantidad de mujeres en la cultura patriarcal. Tal como lo hemos desarrollado en otros trabajos (Burin, 1992; 1990), nuestra cultura ha identificado a las mujeres en tanto sujetos con la maternidad. Con esto les ha asignado un lugar y un papel social considerado como garante de su salud mental. Nuestra cultura patriarcal ha utilizado diversos recursos materiales y simbólicos para mantener dicha identificación, tales como los conceptos y prácticas del rol maternal, la función materna, el ejercicio de la maternidad, el deseo maternal, el ideal maternal, etc. También podríamos describir cómo se ha producido, a partir de la Revolución Industrial, en los países occidentales, la gestación y puesta en marcha de estos dispositivos de poder materiales y simbólicos, a la vez que su profunda y compleja imbricación con la división de dos ámbitos de producción y de representación social diferenciados: el ámbito doméstico y el ámbito extradoméstico. Junto con ellos, dos áreas para varones y mujeres: para los varones, el poder racional y poder económico; para las mujeres, el poder de los afectos. Esta distribución de áreas de poder entre los géneros femenino y masculino han tenido efectos de largo alcance sobre la salud mental de varones y mujeres. En el caso de las mujeres, la centración en el poder de afectos les representó un recurso y un espacio de poder específico, dentro del ámbito doméstico y mediante la regulación y el control de las emociones que circulaban dentro de la familia. Sin embargo, el ejercicio de tal poder, también les significó modos específicos de enfermar y de expresar su malestar. Las familias nucleares comenzaron a constituírse fundamentalmente a partir de la Revolución Industrial, con todos los procesos socioeconómicos asociados a ella, en particular los fenómenos de urbanización y de industrialización creciente. Las familias nucleares fueron estrechando sus límites de intimidad personal y ampliando la especificidad de sus funciones emocionales. Junto con el estrechamiento del escenario doméstico, también el contexto social de las mujeres se redujo en tamaño y perdió perspectivas: su subjetividad quedó centrada en los roles familiares y domésticos, que pasaron a ser paradigmáticos del género femenino. El rol familiar de las mujeres fue centrándose cada vez más en el cuidado de los niños y de los hombres (sus padres, hermanos, maridos). Junto con este proceso, como ya lo hemos descripto, se fue configurando una serie de prescripciones respecto de la "moral familiar y maternal", que suponía subjetividades femeninas con características emocionales de receptividad, capacidad de contención y de nutrición, no sólo de los niños sino también de los hombres que volvían a sus hogares luego de su trabajo cotidiano en el ámbito extradoméstico. A la circulación de afectos "inmorales" del mundo del trabajo extradoméstico -pleno de rivalidades, egoísta e individualista- se le opuso una "moral" del mundo doméstico, donde las emociones prevalecientes eran la amorosidad, la generosidad, el altruísmo, la entrega afectiva, lideradas y sostenidas por las mujeres. La eficacia en el cumplimiento de estos afectos les garantizaba a las mujeres un lugar y un papel en la cultura, con claras definiciones sobre cómo pensar, actuar y desarrollar sus afectos en el desempeño de sus roles familiares (Bernard, 1971; Burin y Bonder, 1982). Se fueron configurando así ciertos roles de género específicamente femeninos: el rol maternal, el rol de esposa, el rol de ama de casa. Estos roles suponían condiciones afectivas a su vez específicas para poder desempeñarlos con eficacia: para el rol de esposa, la docilidad, la comprensión, la generosidad; para el rol maternal, la amorosidad, el altruismo, la capacidad de contención emocional; para el rol de ama de casa, la disposición sumisa para servir (servilismo), la receptividad, y ciertos modos inhibidos, controlables y aceptables de agresividad y de dominación para el manejo de la vida doméstica.

Pero con el correr de la experiencia acumulada históricamente por las mujeres en estos roles de género, paulatinamente se fue produciendo el fenómeno inverso. Se trataba de roles de género femenino que, en lugar de garantizar la salud mental de las mujeres, les proporcionaba en cambio numerosas condiciones de malestar psíquico que las ponían en riesgo. ¿Qué ocurrió? Que hacia fines del siglo pasado y principio de este siglo, con la multiplicación de escuelas y otros espacios educativos y recreativos para niños, fuera del hogar; y con el avance de nuevas teconologías que invisibilizaron la producción doméstica como fruto del esfuerzo personal de las mujeres; más adelante con el aumento y la difusión de los anticonceptivos que otorgaron mayor libertad a la sexualidad femenina, de modo que ésta ya podía no circunscribirse obligatoriamente al escenario doméstico, ni ser sólo para la reproducción; y también con la experiencia acumulada por las mujeres en el trabajo extradoméstico, mujeres que comenzaron a ganar su propio dinero, especialmente como resultado de las necesidades apremiantes impuestas por la primera y la segunda guerra mundial; en fin, con éstos y otros hechos sociales y económicos que se produjeron a lo largo de este siglo, se multiplicaron los factores que hicieron que los roles de género femeninos tradicionales dejaran de tener valor y el sentido social que se les asignaba anteriormente. Esta puesta en crisis de los sentidos tradicionales sobre los roles de género femenino, también implicó una puesta en crisis de la subjetividad femenina que habían estado construyendo las mujeres hasta entonces. En particular comonenzaron a poner en crisis el sentido que habían de otorgarle a su liderazgo emocional. Las mujeres comenzaron a sentir que su poder afectivo iba perdiendo significación histórica y social, especialmente a medida que numerosas teorías y prácticas psicológicas lo cuestionaban, dando cuenta de las fallas, abusos e incumplimiento de las mujeres en el ejercicio de tal poder. En este aspecto, comenzaron a surgir variadas hipótesis psicológicas y psicosociales que adjudicaban a las "madres patógenas" (Sáez Buenaventura, 1988) -descriptas mediante conceptos tales como las "madres esquizofrenizantes", las "madres abandónicas", las "madres simbiotizantes", etc.- diversos trastornos en la salud mental de sus hijos. Se produjeron así numerosas teorías psicológicas que comenzaron a restar poder al rol materno, intentando combinarlo y relativizarlo (¿neutralizarlo?) al poder paterno. Diversas hipótesis se combinaron entre sí para tal fin, desde variados marcos teóricos, tales como las de "la ley del padre" o "la ley fálica", de corte psicoanalítico, así como las hipótesis sobre los contextos familiares enfermantes o disfuncionales, desde las perspectivas sistémicas. En cuanto a las mujeres, la decepción resultante de tal pérdida de poder fue configurándose en determinados grupos etáreos, tal como las de mujeres de mediana edad cuando sus hijos crecían y se alejaban del hogar, bajo la forma de preguntas tales como "¿y ahora qué?", y "¿y esto es todo?". Ambas preguntas se configuraron como expresión de una puesta en crisis de los sentidos que habían otorgado en sus vidas a la centralidad de los roles de madre, esposa y ama de casa. En el campo de la salud mental de las mujeres se han descripto verdaderos cuadros clínicos, asociados a los estados depresivos, caracterizados como "neurosis del ama de casa", "síndrome del nido vacío", "depresión de mujeres de mediana edad", "crisis de la edad media de la vida", etc. Así como en el campo de la salud mental de las mujeres la histeria surgió como la enfermedad paradigmática femenina de fines de siglo pasado, asociada a las condiciones de la represión sexual de las mujeres de esa época, actualmente se considera que los estados depresivos son los modos paradigmáticos de expresar su malestar las mujeres de este fin de siglo. Estaríamos ante la finalización de aquel proyecto de la modernidad en cuanto a la composición subjetiva de las mujeres, que les ofrecía garantías de salud mental en el cumplimiento exitoso de los roles de género maternos, conyugales y domésticos.

GÉNERO FEMENINO Y PSICOANÁLISIS. EL "TECHO DE CRISTAL"

Una hipótesis psicoanalítica

Desde diversas hipótesis psicoanalíticas se ofrecen variados modos de comprensión a la constitución de la subjetividad femenina, con el análisis del desarrollo de la identificación con la madre mediante el Ideal maternal, a través del sistema Superyó-Ideal del Yo. La configuración de semejante ideal parecería haber suministrado a las mujeres de mediana edad una fuente de satisfacción debido a la movilidad pulsional que tal identificación provoca,una movilidad pulsional desplegada ampliamente en su vínculo con sus hijos. Las características del vínculo materno filial en cierto grupo de mujeres han sido de máxima intimidad corporal, fusión y/o identificación con las necesidades de sus hijos pequeños o adolescentes, de modo tal que la ruptura de tal vínculo cuando los hijos son grandes y se alejan de ella las ha dejado sin objeto libidinal. La movilidad pulsional antes desplegada con los hijos quedaría sin destinatario aparente, provocando una situación crítica al aparato psíquico. Uno de los efectos resultantes de tal condición es la así llamada estasis pulsional. Bajo estas circunstancias, lo que produciría sería lo que en la teoría freudiana se denominan estados tóxicos: se trata de la imposibilidad de transformar una cantidad de libido disponible en algo cualificable, que tenga una significación para el sujeto. El conflicto parecería derivarse del hecho de que existiría una magnitud libidinal no tramitable, o difícil de procesar, es la que en esta hipótesis se describe como estancamiento pulsional.

He desarrollado con más amplitud esta hipótesis en trabajos anteriores, en particular cuando analicé el empuje pulsional en dos crisis vitales femeninas: la de la adolescencia y la de la mediana edad. En esa ocasión he ilustrado cómo se produce en ellas un incremento de empuje libidinal que se constituye en estasis tóxica por la dificultad de procesamiento psíquico. También he descripto algunas adicciones comunes entre las mujeres, por ejemplo, a los psicofármacos, como resultado de la dificultad para tramitar magnitudes pulsionales que se vuelven tóxicas para la sujeto que las padece).

En una investigación que he realizado en 1991-1992, las mujeres del estudio que se encuadran dentro del grupo de las Tradicionales se encontrarían más representadas dentro de esta problemática, en tanto que aquellas categorizadas como Transicionales o como Innovadoras estarían enfrentando esta problemática con otros recursos que les permitirían lograr mayor movilidad pulsional. Estas últimas tratan de encontrar más salidas o resoluciones a la inermidad yoica ante los avatares de la detención pulsional que puedan padecer. Muchas de ellas refuerzan su inserción laboral, otras su participación social, otras diversifican o amplían sus actividades recreativas, de estudios, de cuidados por su salud, etc., en el intento de investir libidinalmente otros objetos pulsionales. Este trabajo de elaboración psíquica lo realizan mediante diversos recursos de reflexión y de juicio crítico en relación con su composición subjetiva, para lo cual suelen atravesar una profunda crisis vital que pone en cuestión su subjetividad. Sin embargo, también he encontrado la problemática del estancamiento libidinal de aquellas mujeres que han logrado un máximo de movilidad pulsional a través de su carrera laboral. En este grupo de mujeres el "techo de cristal" ha operado como factor de detención y aún de estancamiento, en sus carreras laborales. El efecto de estasis pulsional en este grupo de mujeres puede percibirse a través de la expresión de su malestar, especialmente bajo la forma de estados depresivos en la mediana edad. Me refiero a un "techo de cristal" que opera simultáneamente en una doble inscripción: como realidad cultural opresiva y como realidad psíquica paralizante. Mi preocupación estará dirigida a analizar esta doble inscripción del "techo de cristal".

Una hipótesis de género: el "techo de cristal" en la carrera laboral.

El concepto de "techo de cristal" ha sido descripto recientemente por algunas estudiosas de la sociología referido al trabajo femenino, particularmente en los países anglosajones.

En mi estudio sobre estados depresivos en mujeres de mediana edad, he intentado articular la noción de "techo de cristal" con algunas hipótesis psicoanalíticas y de género para comprender ciertos rasgos del malestar de este grupo de mujeres.

¿Qué es el "techo de cristal"?. Se denomina así a una superficie superior invisible en la carrera laboral de las mujeres, difícil de traspasar, que les impide seguir avanzando. Su carácter de invisibilidad está dado por el hecho de que no existen leyes ni dispositivos sociales establecidos ni códigos visibles que impongan a las mujeres semejante limitación, sino que está construido sobre la base de otros rasgos que, por su invisibilidad, son difíciles de detectar. Debido a esta particular conformación del techo de cristal, para estudiarlo debemos buscar sus rasgos en los intersticios que deja el entramado visible de la carrera laboral de este grupo de mujeres. Entre ellos, he hallado rasgos cuya comprensión nos la ofrecen las hipótesis de género y otras que podemos comprender mediante hipótesis psicoanalíticas.

El concepto "techo de cristal" fue originariamente utilizado para analizar la carrera laboral de mujeres que habían tenido altas calificaciones en sus trabajos gracias a la formación educativa de nivel superior. Sin embargo, su experiencia laboral indica que en determinado momento de sus carreras se encuentran con esa superficie superior invisible llamado "techo de cristal".

A partir de los estudios realizados desde la perspectiva del género, que indican cómo nuestra cultura patriarcal construye semejante obstáculo para las carreras laborales de las mujeres, me he preocupado por estudiar cuales son las condiciones de construcción de la subjetividad femenina que hacen posible tal imposición cultural. He hallado que parte del "techo de cristal" como límite se gesta en la temprana infancia y adquiere una dimensión más relevante a partir de la pubertad en las niñas. La importancia del análisis de este fenómeno en los estadios tempranos de la configuración de la subjetividad femenina se manifiesta cuando comprendemos sus efectos ulteriores, sobre su salud mental y sus modos de enfermar.

La necesidad de regular las semejanzas y las diferencias entre hipótesis provenientes de teorías psicoanalíticas e hipótesis que surgen de los estudios de género nos han llevado a puntualizar algunas problemáticas que inciden en la construcción del "techo de cristal" en las mujeres.

Dado que no podemos extendermos ampliamente en ellos, describiremos someramente algunos de los elementos que constituyen la superficie del techo de cristal. Luego, abordaremos esta problemática a partir del análisis de dos componentes subjetivos: el deseo hostil y el juicio crítico, en la configuración del aparato psíquico de las niñas, y de su resignificación en la pubertad. En esta circunstancia, los estudios de género nos ofrecerán herramientas conceptuales para comprender la constitución de la subjetividad femenina y su incidencia sobre su salud mental. El análisis más amplio de este estudio puede hallarse en las referencias indicadas en la bibliografía.

Género y subjetividad femenina.

Algunos de los rasgos que nuestra cultura ha construido para configurar esa estructura superior invisible denominada "techo de cristal" para las mujeres se basa en:

a. Las responsabilidades domésticas:

* la dedicación horaria de los puestos más altos en la mayoría de los espacios laborales están diseñados por lo general dentro de un universo de trabajo masculino, e incluye horarios que habitualmente no están disponibles para las mujeres -por ejemplo, horarios vespertinos o nocturnos- dado que, por lo general, este grupo de mujeres también desempeñan roles domésticos como madres, esposas y amas de casa. Entre el grupo de mujeres definidas como Transicionales en su desempeño laboral, han aceptado los límites del "techo de cristal" y realizado enormes esfuerzos tratando de superar tales limitaciones, utilizando recursos muy diversos; en su mayoría, uno de los efectos de tal esfuerzo consiste en padecer de estrés laboral.

* el entrenamiento predominante de las mujeres de este grupo etáreo en el ámbito doméstico, en los vínculos humanos con predominio de la afectividad, con relaciones de intimidad, con el acento puesto en las emociones cálidas (ternura, cariño, odio, etc.) estaría en contraposición con el mundo del trabajo masculino, donde los vínculos humanos se caracterizarían por un máximo de racionalidad, y con afectos puestos en juego mediante emociones frías (distancia afectiva, indiferencia, etc.). En el grupo de mujeres caracterizadas como tradicionales, suelen encontrar muy dificultoso el pasaje de un tipo de vinculación al otro; por lo general, consideran inaceptable cambiar sus modos clásicos de vinculación, y renuncian a seguir avanzando en sus carreras. Entre las mujeres caracterizadas como innovadoreas, suelen identificarse con el modo de vinculación masculino requerido para seguir adelante en sus carreras laborales, estableciendo una dicotomía entre sus vínculos en el ámbito doméstico y los del ámbito laboral. El grupo mayoritario está localizado entre las mujeres caracterizadas como transicionales, que padecen las tensiones y conflictos de intentar compatibilizar los dos tipos de vinculación -a predominio afectivo y a predominio racional- dentro del ámbito laboral.

b. El nivel de exigencias: este grupo generacional ha encontrado que en sus carreras laborales se les exige el doble que a sus pares masculinos para demostrar su valía. En su mayoría, perciben que en tanto a ellas se les exige un nivel de excelencia en sus desempeños, a sus pares varones se les acepta un nivel mediano o bueno a la hora de evaluar sus desempeños. En estos casos, en los criterios de evaluación utilizados, se califica por igual el nivel de excelencia obtenido como cualificación por las mujeres, con el nivel de bueno obtenido por los varones. Esto constituiría un ejercicio de discriminación laboral en perjuicio de las mujeres.

c. Los estereotipos sociales: algunos estereotipos que configuran el "techo de cristal" se formulan de la siguiente manera: "las mujeres temen ocupar posiciones de poder", "a las mujeres no les interesa ocupar puestos de responsabilidad", "las mujeres no pueden afrontar situaciones difíciles que requieren actitudes de autoridad y poder". Estos estereotipos sociales inciden en la carrera laboral de las mujeres, haciendo que se vuelvan intelegibles para puestos que requieren autoridad y ejercicio del poder. En el grupo de mujeres estudiadas, tal estereotipo ha sido internalizado de tal modo por ellas mismas, que casi sin cuestionarlos, los repiten como si fueran resultado de elecciones propias. Si embargo, afirmaciones tales como "a mí no me interesa ocupar posiciones de poder" se ven confrontadas con otras actitudes en las que, contradictoriamente, desean asumir trabajos que les representan poder, autoridad, prestigio, reconocimiento social, etc. En tanto el grupo de mujeres tradicionales parece refugiarse más en aquellas afirmaciones, las mujeres agrupadas como innovadoras admiten sus conflictos y tratan de enfrentarlos con recursos variados cada vez que ocupan tales puestos de trabajo.

d. La percepción que tienen de sí mismas las propias mujeres: la falta de modelos femeninos con los cuales identificarse lleva a este grupo generacional a sentir inseguridad y temor por su eficacia cuando acceden a lugares de trabajo tradicionalmente ocupados por varones. Uno de los temores que suele surgir en ellas es el miedo a perder su identidad sexual. La necesidad de identificarse con modelos masculinos -preferentemente camisas y faldas largas, maletín o portafolios- como así también cambios en el timbre de su voz, impostando sonidos más graves y hablando en tonos más altos que su voz habitual.

Las mujeres que en su carrera laboral desean ocupar puestos hasta ahora caracterizados como típicamente masculinos deben enfrentar el doble de exigencias que sus pares varones, afrontar más riesgos -por ejemplo de acoso sexual- soportar un mayor escrutinio de sus vidas privadas, a la vez que se le perdonan menos equivocaciones. Cuando cometen errores, no se los atribuyen, a la parte correspondiente a su entrenamiento, o a su experiencia previa, o a su formación profesional, sino al hecho de ser mujer; su pertenencia al género femenino operaría como categoría que explicaría su incapacidad.

e. El principio de logro: otro factor que incide en la composición del "techo de cristal" y que resulta discriminatorio contra el género femenino es el así llamado "principio de logro". Al evaluar la valía de las personas miembros de una empresa u organización tradicionalmente masculina, en que compiten hombres y mujeres por igual, algunos estudios describen cómo funciona un tipo de adscripción que precede al desempeño en el cargo, aun cuando esto ocurra en forma velada e imperceptible la mayoría de las veces. En el caso de las mujeres de este grupo etáreo, esto ha llevado a muchas de ellas no sólo a ser orientadas hacia el mercado de trabajo secundario, sino también a la "división secundaria" casi universal dentro de las profesiones y las ocupaciones lucrativas. Como resultado de este proceso, incluso mujeres profesionalmente muy cualificadas se ven orientadas sistemáticamente hacia ramas de estas ocupaciones menos atractivas, poco creativas y generalmente peor pagadas.

Este fenómeno, que ha sido descripto como parte de la división sexual del trabajo, es bien conocido por la mayoría de los estudios que se realizan sobre la participación de las mujeres de este grupo etáreo en el mercado de trabajo. Sin embargo, su alcance no es fácil de medir y además, está sometido a diferentes interpretaciones. Lo que sí ha sido bien analizado es que esta situación poco tiene que ver con el desempeño concreto del trabajo de las mujeres, sino que más bien está conectada con los sustitutos simbólicos antes descriptos, que sirven de base para la evaluación. Ocurre que no sólo se suele valorar inicialmente a las mujeres como si tuvieran un potencial más bajo para determinados puestos de trabajo y por lo tanto menor valía para quienes las empleen, sino que además suelen mostrar ellas mismas un grado inferior de "habilidades extrafuncionales" tales como planificar su carrera, demostrar intereses ambiciosos, capacitarse dirigiéndose a determinados fines. Por el contrario, las habilidades extrafuncionales de las mujeres de este grupo etáreo se han orientado más bien hacia cierto "laissez-faire" respecto de su carrera laboral -entendida como complementaria o secundaria a su carrera principal que sería la carrera maternal y/o matrimonial- y cultivar rasgos de personalidad tales como demostrar intereses ambiciosos parecían contrarios a la configuración de una subjetividad definida como femenina.

Entonces no es accidental que muchas de las mujeres de nuestro estudio se sientan en una "impasse" -un callejón sin salida- cuando se refieren a sus carreras laborales. Se les hace evidente que el talento, la capacidad y la dedicación a sus trabajos, incluso con una legislación orientada en contra de diversas formas de discriminación directa, no les garantiza un éxito laboral equitativo. La exigencia de igualdad, e incluso las garantías formales de tratamiento igualitario para todos, por una parte, y por otra parte, las renegociaciones individuales de las relaciones privadas, la distribución de tareas y responsabilidades domésticas, la elaboración de normas aceptables para convivir con alguien, sólo constituyen condiciones límites de la necesaria reestructuración de las instituciones laborales y de las relaciones de poder entre los géneros femenino y masculino.

f. Los ideales juveniles: otro factor que opera en la configuración del "techo de cristal" son los ideales juveniles cultivados por estas mujeres mientras se estaban forjando una carrera laboral. Muchas de las mujeres de esta generación convalidaron los ideales sociales y familiares que les indicarían "asegúrense de hacer lo correcto", y sobre esta base afirmaron una ética femenina propia de las mujeres de este grupo etáreo. En la actualidad, he hallado que muchas de estas mujeres se encuentran con un mercado laboral cuyos ideales y valores se han transformado por efecto del pragmatismo imperante para este fin del milenio, y que algunas de ellas expresan, decepcionadas, que el mandato social actual sería "asegúrense de ganar mucho dinero y rápido". Esta noción de que el fin justificaría los medios, ya que el valor supremo sería ganar mucho dinero, entra en contradicción con sus ideales juveniles con los cuales iniciaron sus carreras laborales. Para este grupo de mujeres, los medios importan tanto como los fines: por ejemplo, la consideración por el otro, el respeto mutuo, el peso dado a los vínculos afectivos, la confianza en el prójimo, constituyen valores irrenunciables, y forma parte de los ideales con los cuales construyeron su subjetividad femenina.

Los ideales generacionales de este grupo de mujeres son puestos en cuestión; sienten decepción por la ineficacia actual de aquellos valores, y junto con necesidades económicas crecientes debido a la crisis económica en la Argentina, se ven sumidas en dudas, replanteos, cuestionamientos, poniendo en crisis sus ideales generacionales y genéricos. Esta puesta en crisis de los ideales de su generación y de su género para algunas, las mujeres categorizadas como innovadoras, opera como motor que pone en marcha nuevos criterios de inserción laboral; pero para otras, las mujeres agrupadas como tradicionales, constituye uno de los factores más poderosos en la configuración del "techo de cristal" como factor depresógeno. En estas últimas, la puesta en crisis de sus ideales generacionales y genéricos encuentra como única resolución posible la detención pulsional.

Psicoanálisis y subjetividad femenina.

Actualmente, la conceptualización acerca de la identidad femenina se ha visto revitalizada por algunas estudiosas provenientes de los movimientos de mujeres que han incorporado la noción de identidad de género femenino. Quienes provienen del campo psicoanalítico fundamentan la identidad de género femenino en la temprana identificación de la niña con su madre. Esta primera identificación concentrada en un único objeto libinal, su madre, determinaría en la sujeto mujer una mayor dependencia del mismo, un vínculo fusional intenso que dificultaría posteriormente los movimientos de separación. De acuerdo con las hipótesis freudianas, las relaciones tempranas de la niña con su madre son de enorme intensidad, tanto en el vínculo amoroso como en el vínculo hostil, debido a que tanto la erogeneidad como el narcisismo entre ambas están constantemente interpenetrados. El vínculo fusional maternofilial se construiría de modo diferente con hijas mujeres y con hijos varones: en tanto la madre mira a su hija como una igual a sí misma -fundamentalmente percibe en ella un mismo cuerpo-, la mirada que brinda a su hijo registra una diferencia -la diferencia sexual anatómica-. Esto haría que, en tanto los vínculos de la madre con su hija mujer se construyen sobre la base de la cercanía y de la fusión, los vínculos de la madre con su hijo varón propiciarían las tendencias a la separación, al abandono de su identificación primaria con su madre, y a la construcción de su identidad sobre la base del modelo paterno. La descripción se completa señalando que en tanto las mujeres formularían su identidad sobre la base del ser (como en la frase "ser una con la madre"), los varones configurarían su identidad sobre la base del hacer (en el movimiento de alejamiento temprano de la madre).

Estos modos de construcción de la subjetividad femenina, ha configurado buena parte de la superficie del "techo de cristal" para el desarrollo de las mujeres en tanto sujetos en nuestra cultura. En un estudio anterior he analizado detalladamente cómo incide la gestación del deseo hostil y del juicio crítico en la constitución de la subjetividad femenina. Retomaré ahora alguno de esos conceptos.

El deseo hostil y el juicio crítico en la construcción de la subjetividad femenina.

Las descripciones realizadas sobre el "techo de cristal" en la carrera laboral de las mujeres insisten en resaltar los factores culturales invisibles que producen condiciones discriminatorias hacia las mujeres. Pero también podemos destacar factores de constitución del aparato psíquico femenino que, con su invisibilidad, contribuyeron a la formación del "techo de cristal". Me refiero a la constitución del deseo hostil y del juicio crítico en la subjetividad femenina.

Me ha interesado analizar, a partir de la clásica teoría pulsional freudiana, qué vicisitudes han padecido las pulsiones en las mujeres, cuáles de ellas han devenido en deseos, y cuáles y por qué han devenido en desarrollo de afectos. En este sentido, planteamos un desarrollo de deseos a partir de pulsiones que invisten representaciones, o sea, que producen cargas libidinales tendientes a efectuar transformaciones sobre aquello que se desea. Sin embargo, sabemos que, para las mujeres, tales representaciones no siempre han estado disponibles en nuestros ordenamientos culturales. En este sentido quiero destacar la necesidad de analizar el surgimiento y puesta en marcha del deseo hostil al que describiremos como un deseo diferenciador, cuya constitución y despliegue permite la gestación de nuevos deseos, por ejemplo del deseo de saber y del deseo de poder. He descripto en trabajo anteriores al deseo hostil que surge en la temprana infancia, como un deseo fundante de la subjetividad femenina. Se trata de un deseo que, para las mujeres de nuestra cultura, ha tenido predominantemente un destino de represión. ¿Por qué? Porque, al enfatizar las diferencias y al propiciar la ruptura de los vínculos identificatorios, constituye un deseo que atenta contra el vínculo fusional: recordemos que el deseo amoroso, a diferencia del deseo hostil, propicia experiencias placenteras y de máxima satisfacción libidinal en el vínculo identificatorio madre-hijo. El desarrollo del deseo hostil implicaría un peligro para nuestros ordenamientos culturales que identifican a las mujeres con las madres.

También es necesario distinguir entre un desarrollo de afectos, como es el desarrollo de la hostilidad, de un desarrollo de deseos, como es el deseo hostil. Cuando nos referimos a la hostilidad, estamos acotando un afecto complejo, resultante de un estado de frustración a una necesidad: es un afecto que, según su intensidad, provoca movimientos de descarga para la tensión insatisfecha, bajo la forma de estallidos emocionales (cólera o resentimiento, por ejemplo), o bien sufriendo algunas de las vicisitudes de las transformaciones afectivas (por ejemplo, su trasmutación en altruismo), o de su búsqueda de descarga mediante representaciones en el cuerpo (por ejemplo, hacer una investidura de órgano). Lo que nos interesa destacar es que, en tanto la hostilidad, como desarrollo afectivo, busca su descarga bajo diferentes formas, el deseo hostil, por el contrario, provoca nuevas cargas libidinales, reinviste de representaciones y promueve nuevas búsquedas de objetos libidinales al aparato psíquico. Este sería un tipo de deseo cuya puesta en marcha en la construcción de la subjetividad femenina ofrecería mejores garantías para provocar resquebrajamientos en el "techo de cristal".

Haré un breve esbozo acerca del juicio crítico como herramienta disponible en la configuración de las mujeres como sujetos, que permita operar transformaciones sobre el "techo de cristal". El juicio crítico es una forma de pensamiento que surge en la temprana infancia, ligado al sentimiento de injusticia. Ulteriormente, hallamos nuevos surgimientos del juicio crítico en situaciones de crisis vitales en las mujeres, por ejemplo, en la crisis de la adolescencia o de la mediana edad. En la temprana infancia, los juicios sobre los que se construye la subjetividad femenina basados en los movimientos de apego con la madre, configuran los juicios identificatorios. Al llegar a la pubertad, la necesidad de regular las semejanzas y las diferencias con la madre pone en marcha un proceso de desasimiento a través del deseo hostil diferenciador. Este es un proceso largo y complejo donde también intervienen otro tipo de juicios, de atribución y de desatribución, a la sentencia "ser mujer es ser madre". La ruptura del juicio identificatorio y el proceso de desprendimiento de las figuras originarias da lugar a un reordenamiento enjuiciador, que sienta las bases para el juicio crítico en la adolescente.

Algunos estudios realizados sobre niñas púberes sugieren que el período de la menarca podría constituir una circunstancia vital crucial para la resignificación y puesta en marcha del deseo hostil y del juicio crítico en las mujeres en tanto sujetos.

El "techo de cristal" en la carrera laboral de las mujeres como superficie superior invisible, difícil de traspasar, constituye una realidad social decepcionante para quienes operamos en el campo de la salud mental de las mujeres. El análisis de la construcción social de la subjetividad femenina podría contribuír a que contemos con mejores herramientas desde nuestra subjetividad para oponer resistencia a semejante dispositivo social. Hemos sugerido que la ampliación de los deseos femeninos, con la puesta en marcha del deseo hostil y del juicio crítico, podría ser útil para estos fines. Esto supone una puesta en crisis de los paradigmas tradicionales sobre los cuales hasta ahora hemos construido los discursos acerca de la femeneidad. Insistimos en la necesidad de entrecruzamientos interdisciplinarios para enriquecer la perspectiva sobre la construcción de la subjetividad femenina.

La articulación entre hipótesis psicoanalíticas, tal como la de la estasis pulsional, con la hipótesis del género, tal como los fenómenos de exclusión-marginación de las mujeres de determinados espacios sociales,nos plantean algunos interrogantes. Uno de ellos, que nos ha preocupado con mayor insistencia, se refiere a los estados depresivos en mujeres de mediana edad. El entrecruzamiento teórico entre psicoanálisis y género nos ofrece algunas respuestas que amplían nuestro horizonte: hasta ahora, uno de los hallazgos fundamentales consistió en articular la hipótesis psicoanalítica de la detención pulsionial con otra hipótesis, también dentro de la teoría psicoanalítica, tal como aquella de un yo que se construye en base a sus identificaciones (la identificación de la niña con la madre). Hemos entrelazado estas hipótesis psicoanalíticas con aquellas cuyo modelo genérico implica la construcción de una sujeto mujer en nuestra cultura cuyo lugar social se define básicamente a través de roles de género en el ámbito privado. Este corte por género implicaría, a su vez, una composición subjetiva basada fundamentalmente en movimientos pulsionales que orientarían hacia el desarrollo de los deseos amorosos en detrimento de los deseos hostiles y sus derivados (por ejemplo el deseo de saber y el deseo de poder). Las mejores preguntas se nos plantean cuando los roles de género que encuentran su máxima satisfacción pulsional al ser desplegados en el espacio privado deja de tener el sentido psíquico y social que tenían hasta entonces, cuando las mujeres llegan a la mediana edad. Parecería que los nuevos desafíos generacionales en los umbrales del año 2000 implican reconsiderar si aquellos ideales de la modernidad, tal como lo hemos descripto en este trabajo, realmente han caducado o bien se han reciclado, bajo la forma de nuevas necesidades de la configuración de familias y de nuevos ejercicios de la maternidad para las mujeres. El intenso debate actual sobre las nuevas tecnologías reproductivas sugiere volver a poner estas problemáticas en cuestión. Aquella pregunta de "¿qué es ser mujer?", y su respuesta casi obligada en el contexto de la cultura patriarcal: "ser mujer es ser madre", parecería requerir nuevos cuestionamientos, junto con el actual debate modernidad-postmodernidad acerca de la subjetividad femenina. Semejante posicionamiento en el género parece haber contribuido a obturar las problemáticas acerca de la condición femenina. En este nuevo milenio las mujeres volvemos a abrir los interrogantes, decepcionadas en parte por las respuestas logradas hasta ahora, pero con esperanzas renovadas, gracias a nuestros cuestionamientos por mantener vivos nuestros deseos.

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Género y Comunicación. Las claves de una agenda académica, política y personal de investigación

Por Aimée Vega Montiel
Doctora y Máster en Periodismo y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Maestra y Licenciada en Ciencias de la Comunicación de la FCPyS de la UNAM, se ha desempeñado como investigadora del Programa de Investigación Feminista del CEIICH de la UNAM, como presidenta de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación (AMIC), y como profesora y tutora de la licenciatura y el posgrado en Ciencias de la Comunicación, de la FCPyS de la UNAM. Sus líneas de investigación son: Género y Comunicación, Comunicación y Cultura política, y Estudios de audiencia y recepción.

Confieso que cuando nuestras colegas me honraron con la invitación a participar en esta plenaria que tiene como tema central la reflexión sobre “Fifty years of Research and Beyond”, en el 50 aniversario de la IAMCR, una pregunta saltó a mi mente: ¿Qué y cómo reflexionar acerca de “Género y Comunicación”, considerada en este marco como una de las líneas prioritarias en nuestras agendas de investigación, en la actualidad y de cara al futuro?: ¿En tanto una línea académica o política?

En el proceso de dar respuesta a esta interrogante, entendí que no era posible desligar el desarrollo y contribución científica de esta línea de investigación de su intencionalidad política. Por ello, mi participación en esta mesa se encuentra motivada por el deseo de situar algunas de las principales CLAVES sobre Género y Comunicación que, como veremos, se plasman en el impulso de la investigación feminista que ha permitido conocer la situación de las mujeres en el mundo y sus posibilidades en la esfera de la comunicación. También, en el desarrollo de categorías científicas para analizar la participación de las mujeres en la producción, la representación, la recepción y el uso de los medios de comunicación y las tecnologías de información. Y en tercer lugar, en los retos que el conocimiento de estos procesos plantea a la comunidad de investigadoras e investigadores de la comunicación.

De esta manera, deseo compartir con ustedes dichas claves, a las que entiendo como la base metodológica para conocer, pensar, imaginar y crear acciones concretas que contribuyan a la democratización de nuestras relaciones- que ayuden a devolver las discusiones sobre comunicación al mundo de lo social, de lo político y de lo cultural, es decir, al mundo de la vida. De esta manera, la primera clave que aquí les propongo es la de que reflexionemos en torno a esta línea con el propósito de que nuestras agendas cristalicen el anhelo, o utopía -según lo diría el maestro Antonio Pasquali-, de una comunicación viable y certera, estratégica y contundente, particular y plural, justa y equitativa.

La base política de una acción académica

En el camino para promover y realizar el reconocimiento pleno de los derechos humanos de las mujeres, el movimiento feminista ha puesto la atención desde los años 70 –es decir, cuando impactó en las Naciones Unidas logrando incorporar los asuntos de las mujeres en la agenda internacional, y también en las universidades, a través de los centros de investigación y de los programas de estudio-, en su derecho a la comunicación como una de las claves fundamentales. ¿Por qué?

Con la designación de 1975 como el Año Internacional de la Mujer -en el que fue celebrada la I Conferencia Mundial, en México-, y de la Década para la Mujer, de 1976 a 1986, inició el diagnóstico sobre su situación en el mundo. Lo que la revisión de la realidad y las políticas nacionales, regionales y mundiales sobre las mujeres evidenciaron desde entonces, es la violación de sus derechos humanos en todos los ámbitos de la vida, en reciprocidad con su marginalidad de la economía mundial y de su poco o nulo acceso a los recursos para acceder a una ciudadanía plena. Un elemento fundamental originado por estas causas, apunta al acceso muy limitado de las mujeres a los medios de comunicación y las tecnologías de información, en términos de representación y de empleo. Las imágenes estereotipadas que sobre ellas prevalecen en estas industrias, así como su escasa participación como propietarias y productoras, han sido señaladas desde entonces -y hasta el día de hoy- como poderosas barreras que dificultan la universalidad de los derechos humanos.

Estos primeros diagnósticos, tuvieron un impacto inmediato en las agendas de la investigación científica en comunicación, motivando a comunidades como IAMCR a asumir su responsabilidad en esta línea. De esta manera es que inició la investigación feminista en comunicación y que al día de hoy cuenta con una producción, sólida, extensa y crítica, y que revela un diálogo permanente con las claves fundamentales de la teoría social, esto es: del liberalismo, del marxismo y del estructuralismo, entre otras. En esta tarea, las comunicólogas se han visto motivadas a desarrollar un cuerpo teórico y metodológico muy vasto, en intersección con categorías como clase social, etnia y nacionalidad, que les han permitido construir nuevos conceptos para el análisis y una definición científica, muy clara, del objetivo central de los estudios de Género y Comunicación: analizar, con perspectiva de género, la participación de las mujeres como productoras de contenidos, como constructoras de sentido, y la representación que las industrias culturales de ellas realizan.

Así, la investigación desarrollada en los ámbitos de la Representación, la Recepción y la Producción constituyen los tres ejes sobre los cuales han transitado los estudios sobre Género y Comunicación -nutridos por la Economía Política de la Comunicación, por las corrientes vigentes en el análisis de la Recepción y por teorías como las representaciones sociales, la construcción social y el discurso, entre otras-.

Los datos y análisis aportados por esta línea nos muestran un panorama poco alentador. En primer lugar, estas investigaciones han corroborado que la representación de las mujeres en el discurso de todos los medios de comunicación y de las nuevas tecnologías, reproduce los estereotipos sexistas que, o asocian a las mujeres a roles tradicionales (madres, esposas y amas de casa) en donde se enfatiza su supuesta fragilidad y vulnerabilidad y su adscripción social al espacio doméstico, o que las representan como objetos sexuales. En contraste, en los medios no es latente el interés en visibilizar la participación de las mujeres y su poder como agentes sociales en las esferas política, económica, educativa y cultural. Un ejemplo lo aporta el estudio realizado por el Global Media Monitoring Project que organizó un monitoreo simultáneo en los noticiarios de 71 países en un día, y que demostró los patrones de género prevalecientes en los contenidos de estos programas: sólo el 19 por ciento de los protagonistas eran mujeres, y además, eran objeto de coberturas sensacionalistas y representadas en los roles de víctimas, madres o esposas, pero no como protagonistas de la dinámica política y social (vale señalar que el 81 por ciento restante de las noticias tuvo como protagonistas a hombres, en su mayoría, políticos, empresarios y deportistas). También, la investigación apunta a que, lejos de haber registrado una reducción, el aumento de la violencia y la discriminación contra las mujeres y las niñas en los contenidos, y en particular de la pornografía y la prostitución, se ha multiplicado en las programaciones de los medios tradicionales y de las nuevas tecnologías. Así, la responsabilidad de los medios en la reproducción de los prejuicios y prácticas discriminatorias que contra las mujeres prevalecen en la sociedad, continúa siendo una asignatura pendiente. Por ello, y teniendo como marco la existencia de instrumentos jurídicos para eliminar la violencia y la discriminación prevalecientes, un número importante de estas investigaciones apunta a la tarea fundamental de los medios en la erradicación de la violencia y la discriminación contra las mujeres y las niñas, vía la transformación de sus contenidos. Esta demanda encuentra sustento en la posibilidad de mirar a las mujeres reales en los medios. Reales en su subjetividad, pero también como protagonistas de la acción social.

En otro eje, los estudios sobre la propiedad de los medios y sus implicaciones en las rutinas de producción y en los contenidos, reflejan una relación de marginación, y también de discriminación, de las mujeres en las industrias mediáticas -sea como propietarias, trabajadoras (esto es, editoras, reporteras, periodistas) o creadoras (como cineastas, productoras y directoras). En esta línea y como dato, debemos decir que las mujeres son casi inexistentes en la propiedad de los medios: en Estados Unidos, sólo el 9 por ciento de ellas dirige alguna empresa pequeña de telecomunicaciones o de comercio electrónico; en Europa, sólo el 12 por ciento de los puestos ejecutivos son ocupados por mujeres (Byerly y Ross, 2006). El nivel en el que se concentra una mayor cantidad de ellas en estas industrias, es en el de creadoras, reporteras y editoras, sin embargo, la cifra no llega al 25 por ciento (Byerly y Ross, 2006). Y lo que sabemos es que las mujeres que logran incursionar en este terreno, se enfrentan a muchas barreras que dificultan e incluso impiden su desarrollo en las industrias de los medios, tales como: el acoso sexual; las prácticas de trabajo, que obligan a las mujeres a asumir rutinas creadas para los hombres (en términos de fuentes, espacios y horarios); la desigualdad que el reconocimiento y la remuneración económica del trabajo realizado por las mujeres recibe; y el techo de cristal, objetivado en la experiencia de las mujeres que logran un progreso notable para colocarse en la industria, pero que nunca alcanzan las posiciones de dirección y decisión. ¿Y por qué es importante la investigación en esta línea? Porque existe una relación directa entre la propiedad del medio y los contenidos que son producidos. En este sentido, consideramos que una manera de impulsar contenidos que reflejen las problemáticas y acciones de la agenda de las mujeres, es incrementando su participación en dichas industrias.

En tercer lugar, el ámbito de la recepción constituye, en sí mismo, un campo de análisis muy importante pues coloca a las personas en el centro de los procesos comunicativos, como protagonistas. En este sentido, hoy en día el análisis de la recepción reconoce la situación, capacidad y poder de las audiencias de interactuar con los discursos mediáticos, y ello se ha visto reflejado en el análisis de este proceso que ha permitido conocer la participación y perspectivas de las mujeres respecto a los medios. En la investigación de la recepción, encontramos también una preocupación e intencionalidad latente: la de aportar claves para el desarrollo de una educación para los medios que, desde una perspectiva de género, contribuya al desarrollo de una sociedad basada en la igualdad.

En el rubro de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, el balance es también pesimista pues indica que, lejos de que estén contribuyendo a la plena incorporación de las mujeres a las esferas económica, política y social, estas herramientas consolidan las desigualdades de género. Muestra de ello es que en países como Italia las mujeres representan el 21,5 por ciento del total de usuarios de Internet, brecha que se acrecienta de manera alarmante en países como México, en donde las mujeres constituyen sólo el 2,5 por ciento, o de Brasil, en donde representan el 2,1, y de Rusia, en donde son apenas el 1,8 por ciento del total. En este sentido, es importante acotar que la brecha digital no viene sólo determinada por el acceso y frecuencia de uso, sino por las diferencias en la educación, conocimiento, capacidad, aprendizaje y organización, condiciones que tienen su origen en la pobreza y marginación social, y también, en la compleja relación de las mujeres con la ciencia y la tecnología, espacio que les fue negado durante varios siglos.

Todos estos ejemplos, tanto de representación como de empleo, trascienden las fronteras culturales y de clase, y también, las de los medios tradicionales y los nuevos, y evidencian la poca influencia de las mujeres en la política y la economía del mundo.

Así, las preocupaciones de las comunicólogas que trabajamos en esta línea, se sostienen en el hecho de una evidente paradoja: por un lado, corroborar que los medios de comunicación y las tecnologías de información refuerzan las relaciones de desigualdad entre mujeres y hombres, al tiempo que reconocemos su importancia como una vía fundamental para circular las ideas y perspectivas de las mujeres y como vehículo para que ganen voz pública, presencia e influencia, esto es, para que ejerzan su ciudadanía. Por todo ello, es que el derecho a la comunicación y a comunicar cobra, desde nuestra perspectiva, un significado muy profundo y más amplio, al involucrar directamente la participación democrática de las mujeres en la sociedad y el ejercicio de otros derechos igualmente importantes: igualdad social, libertad de expresión, derecho a la información, derechos sexuales y reproductivos y el derecho a una vida libre de violencia, entre otros.

Estas evidencias han marcado la pauta para que las mujeres organicen estrategias de comunicación dirigidas a hacer de éste un derecho también de ellas, con el fin de garantizar, por un lado, una representación más adecuada de sus perspectivas y acciones, y una mayor autonomía en la producción y también en el consumo de los contenidos. En un marco más amplio, estas acciones tienen la motivación de democratizar a los medios y sistemas de comunicación del mundo con un enfoque de género para lograr la realización de una sociedad basada en los principios de la paz y la pluralidad.

Quiero recordar que estas claves han tomado forma en las conferencias regionales que han convocado a académicas, comunicadoras, especialistas y mujeres de organizaciones de medios de más de 80 países, en Bangkok (en febrero de 1994), Quito (en abril de 1994) y Toronto (en marzo de 1995). Y que un acontecimiento fundamental, lo ha constituido la 4a. Conferencia Mundial de la Mujer, en Beijing 1995, pues es la Plataforma de Acción el primer instrumento que apunta de manera explícita a la necesidad de incrementar la participación de las mujeres en la propiedad, la producción y la decisión sobre los contenidos; al tiempo que ofrece una mirada y estrategias para: a) impulsar el acceso y participación de las mujeres en los medios tradicionales y en las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y b) promover una representación libre de estereotipos con el fin de promover la ciudadanía plena de las mujeres, en ejercicio de su vida y su libertad.

La realización de estas tareas, dirigidas a asegurar la participación de las mujeres en todas las esferas sociales, demanda el concurso de distintos sectores: de las industrias de comunicación, de las asociaciones profesionales, de los gobiernos, de las instituciones educativas, de las y los periodistas, de las redes de comunicadoras, y por supuesto, de la comunidad científica.

A la vista de lo expuesto, me atrevo a afirmar que la historia de los estudios sobre género y comunicación en el mundo, no ha sido sencilla si consideramos que su institucionalización es una conquista de los años recientes, sin embargo, se trata de un campo respaldado por una vasta trayectoria, y que ha logrado construir un andamiaje epistémico, teórico y metodológico muy sólido. Uno de los efectos más evidentes de la consolidación de esta línea, se puede observar en el incremento de centros de investigación, programas de estudio y seminarios; en su visibilidad en los grupos de trabajo de las asociaciones internacionales -IAMCR e ICA- y de las regionales y nacionales -como es el caso de AMIC, en México-; y en la elevada matrícula de mujeres en las carreras y posgrados de comunicación que llegan a conformar, en países como Argentina, más del 60 por ciento de la comunidad estudiantil de esta disciplina -sin embargo, hago un paréntesis para anotar que aquí también ha puesto su atención la agenda de investigación, al señalar que aún y cuando las mujeres representan más del 50 por ciento de la matrícula a nivel superior, su acceso a los puestos académicos, como profesoras, investigadoras e integrantes de comités científicos en las universidades del mundo, es muy inferior al de nuestros colegas. Como ejemplo cito el dato de la Comisión Europea sobre las Mujeres y la Ciencia que indica que en la Unión Europea, el porcentaje de académicas oscila entre el 5 y el 18 por ciento; y que el aumento anual de contrataciones de catedráticas no va más allá del 1 por ciento. Obvio señalar la situación de las académicas en América Latina, África y Asia-.

En síntesis, la investigación científica en Género y Comunicación ha permitido examinar relaciones de poder entre los géneros, las tendencias hegemónicas, pero también las potencialidades emancipatorias que los medios proveen. Me refiero aquí al impulso que han dado las mujeres a la creación de formas de comunicación alternativa, que a través del video, la radio e Internet, han desarrollado su trabajo como creadoras y productoras para colocar los temas de la agenda que desde la perspectiva de la mitad de la población de este mundo, son fundamentales. Y también, a las organizaciones de mujeres que han realizado un notable esfuerzo para modificar los sistemas de propiedad y las políticas de comunicación, a través de redes de comunicadoras. Por ello, reconocemos que los medios no son sólo pieza clave para el adelanto de las mujeres, su empoderamiento y desarrollo en todas las esferas de su vida, pero también para su vida, libertad y conocimiento.

Apuntes finales

La teoría feminista y la categoría de género han servido para identificar las barreras que dificultan, hasta hoy, la realización de la comunicación como un derecho humano de las mujeres. Sin embargo, insistimos en creer que su lucha por el desarrollo y autonomía está unido a la necesidad de sentirse libres y expresarse, mandato en el que se sustenta el desarrollo de los estudios sobre Género y Comunicación y de su triple intencionalidad: que es académica, política y también personal.

Si el derecho a la comunicación indica que Toda persona tiene derecho a expresarse, a ser escuchada, a ser reconocida, a ser proyectada con dignidad, a recibir información con base en la transparencia, la diversidad, la participación y la justicia social y económica, quienes desarrollamos nuestra investigación en esta línea, creemos firmemente que la comunicación es un derecho humano esencial, extendible, para la ciudadanía plena de las mujeres. Y sólo ello hará posible el desarrollo y la paz del mundo por los que la IAMCR ha trabajado durante estos 50 años.

Ponencia presentada en la 50 Conferencia Internacional de la Asociación Internacional de Investigación en Medios y Comunicación (IAMCR), París, julio 2007, y se goza del permiso expreso de la autora para ser reproducida en MujeresNet.Info .

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Recordando a Rosario Castellanos

Por Elvira Hernández Carballido
Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.

Rosario Castellanos, la misma que escribiera Balún Canán y Álbum de familia. La poeta que lamentara esa “vergüenza de estar sola el día entero” o advirtiera con esperanza que debía haber “otro modo de ser humano y libre”. La misma que durante once años escribiera en la página editorial de Excelsior, desde anécdotas personales hasta reflexiones profundas de interés general. La filosofa que escribió sobre cultura femenina y la que en una serie de ensayos publicados en un libro titulado Mujer que sabe latín…, analizó y cuestionó la situación de las mujeres mexicanas. Pero, ¿recuerdan quién es Rosario Castellanos?

La recordamos quienes admiramos su trabajo y conmemoramos la fecha de nacimiento, 25 de mayo de 1925. Hace ya 83 años que ella nació en la ciudad de México, pero a los pocos días la llevaron a Comitán, Chiapas. En ese pequeño poblado Rosario vivió su infancia y los primeros años de su adolescencia. Como ella dijo en su poesía:

Y fui educada para obedecer
y sufir en silencio
Mi madre en vez de leche
me dio sometimiento

En muy poco tiempo, la pequeña vivió la muerte de su hermano. Esa muerte fue muy lamentada por su madre y por su padre, el dolor fue tan grande que en un principio olvidaron a su hija, pero después exageraron los cuidados. Ambas situaciones encerraron a Rosario en una absoluta soledad y total proteccionismo. Ella misma recordó:

Nunca me dejaron hacer nada… No salgas… No te vayas a resfriar… No, te vas a
caer… No, no, no… ¿Qué puede hacer alguien así? Sentarse a escribir ¿No?


Así, ella comenzó a refugiarse en la escritura. Decidió entrar a estudiar a la Facultad de Filosofía y Letras, en la UNAM. En 1950 obtuvo el grado de maestría con la tesis Sobre cultura femenina. En su trabajo académico, ella diserta en torno a las aportaciones de las mujeres en el mundo cultural. Se pregunta por qué es un espacio tan difícil de acceder si se es mujer. Su respuesta es tajante: los hombres hacen cultura para eternizarse, las mujeres descubren que pueden eternizarse a través de la maternidad. Dos años antes de su examen profesional, Rosario Castellanos ya había publicado su primer libro de poemas, Trayectoria del polvo. También había aparecido Apuntes para una declaración de fe. En 1950 De la vigilia estéril y El rescate del mundo.

Su obra narrativa inició con Balún Canán (1957), Ciudad Real (1960, cuentos), Oficio de Tinieblas (1962, novela). Con su característica ironía advirtió que algo faltaba en su vida:

Tanta actividad me dio mala espina. ¿Histeria? Había llegado a los 32 años
sin más que unas frustradas y melancólicas experiencias sentimentales.
(Entonces) me quité los moños, me puse lentes de contacto, me compré una
colección de vestidos nuevos. En fin, tomé todas las providencias que toman los
animales cuando se trata de perpetuar la especie.

Fue así como a los 32 años se casó, a los 36 fue madre de Gabriel, su hijo único. Esta etapa de su vida la sumó a su jefatura de prensa en la UNAM, a sus clases en la Facultad de Filosofía y Letras, y a sus colaboraciones periodísticas en Excélsior. Escribió en ese lapso Los convidados de agosto (1964) y Álbum de familia. En 1971 fue nombrada embajadora de en Israel, pero desde allá continúo escribiendo para el periódico de la vida nacional. Fue en ese país donde murió en un absurdo accidente, en agosto de 1974.

Recordarla hoy es evocar a la poeta y novelista, a la defensora de los indígenas, a la maestra en filosofía y a la feminista, pues sus puntos de vistas y reflexiones en torno a las mujeres mexicanas permiten advertir una crítica a la sociedad machista y un acto de fe hacia la superación de las mujeres. Bien dijo en su libro Mujer que sabe latín:

La hazaña de convertirse en lo que se es... exige sobre todos el rechazo de
esas falsas imágenes que los falsos espejos ofrecen a la mujer en las cerradas
galerías donde su vida transcurre De igual manera asegura que no debe aceptarse
ningún dogma hasta comprobar que es capaz de resistir un buen chiste.

Comentario editorial "Meditación en el Umbral", para Radio Universidad Hidalgo, y se goza del permiso expreso de la autora para ser reproducido en MujeresNet.Info.

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Ley de medios de comunicación y perspectiva de género

Por Elvira Hernández Carballido
Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.

En marzo de 2008 la Red de Investigadoras por la Vida y la libertad presentó públicamente la propuesta de “Lineamientos y Mecanismos para una legislación de medios de comunicación con perspectiva de género”, que en noviembre de 2007 fue entregada al Senado de la República. La red está integrada por estudiosas del tema como Marcela Lagarde, Olga Bustos y Aimée Vega, entre otras.

Un principio que se considera fundamental, es el que apunta a una legislación que promueva la producción, edición y difusión de contenidos diversos que proyecten la pluralidad y diversidad culturales para todo tipo de audiencias, destinados a satisfacer sus necesidades de información, cultura, educación y entretenimiento; que impulsen la sociedad de la información y el conocimiento; que promuevan la pluralidad, participación y valores democráticos; y que garanticen el acceso, en condiciones de igualdad, de todos los grupos sociales a la comunicación y la información.

El documento está conformado por cuatro capítulos. En el primero, esboza la situación de las mujeres y las niñas en el mundo y sus posibilidades en la esfera de la comunicación y la información, a través de los procesos de producción, representación y recepción, así como su relación con las nuevas las tecnologías de información. En el segundo, describe los retos que el conocimiento de estos procesos ha planteado a la comunidad científica y a los organismos internacionales, en aras de contribuir a la democratización de los sistemas comunicativos mediante la creación de acciones e instrumentos jurídicos a nivel internacional. El tercero, analiza los marcos jurídicos nacionales existentes en la materia, y que llaman a la necesidad de que la Ley de Medios promueva los derechos humanos de las mujeres y las niñas en nuestro país.

Sin duda, el cuarto capítulo destaca por el concentrad de principios y mecanismos para una legislación de medios mexicana que, con perspectiva de género, promueva la igualdad entre mujeres y hombres. Algunas de sus iniciativas son:

·Garantizar el derecho humano de todas las mujeres y las niñas a la comunicación, la información y la libertad de expresión.

·Promover el acceso y participación de las mujeres y las niñas indígenas a la comunicación, la información y la libertad de expresión.

·Garantizar el acceso universal con perspectiva de género. La Ley deberá garantizar el acceso de las mujeres y las niñas a la información en condiciones de igualdad.

·Promover la producción de contenidos con perspectiva de género.

·Alentar a las industrias audiovisuales a aumentar la producción de programas realizados por mujeres.

·Garantizar la libertad de recepción con perspectiva de género. La Ley deberá garantizar el respeto a los principios de libertad de recepción de las mujeres y las niñas, sin que los intereses privados y los poderes públicos puedan violentar este derecho.

·Impulsar observatorios de medios con perspectiva de género. La Ley deberá impulsar el desarrollo de Observatorios Mediáticos que den cuenta del quehacer de los medios en la promoción de los derechos humanos de las mujeres y las niñas.

La propuesta es recibida con ilusión y agrado en la sociedad mexicana que cree en la equidad de género. Ahora el reto será que pueda convertirse en realidad y sea respetada por los hombres y mujeres de México. La invitación queda abierta.

Comentario editorial "Meditación en el Umbral", para Radio Universidad Hidalgo, y se goza del permiso expreso de la autora para ser reproducido en MujeresNet.Info.

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Dora María Téllez: ¡No estás sola!

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Noticias llegadas de Managua, Nicaragua, nos informan que la comandanta Dora María Téllez se declaró en huelga de hambre a partir del 4 de junio de 2008. El motivo de tan drástica determinación es protestar por el rumbo que ha tomado el gobierno dirigido por su ex compañero de lucha Daniel Ortega.

En el histórico julio de 1979, la comandante Dora María, de tan sólo 24 años, integró el pequeño grupo armado que tomó el Palacio de Gobierno en Managua, poniendo fin así a la feroz dictadura de Anastasio Somoza Debayle. Este hecho marcó el acceso del Frente Sandinista de Liberación Nacional al gobierno de ese país, en el que la comandanta Dora María ocupó diversas posiciones.

Muchos cambios se produjeron en la sociedad nicaragüense, pero la saña imperialista provocó una guerra de baja intensidad que llevó al desgaste, desorganización, corrupción y pérdida del proyecto original. En este proceso desintegrador entraron varios de los dirigentes históricos del movimiento revolucionario, quienes no supieron o no pudieron actuar como fuerza opositora y continuar con los objetivos propuestos, una vez que el Frente perdió varias elecciones sucesivas.

Dora María, en cambio, mantuvo su fibra. Con algunos de los antiguos compañeros crearon la organización el Movimiento Revolucionario (o de Renovación) Sandinista (MRS), desde el que dirigen su crítica al gobierno de Daniel Ortega. Pero harta ya de los malos manejos y de que sus comentarios, pronunciamientos y reflexiones no se tomaran en cuenta y “fueran oídos como quien oye llover”, se acostó en una hamaca y se declaró en huelga de hambre.

Por la justicia de la causa que la mueve, por la ética como se comporta, por lo que Dora María ha sido en la historia reciente de Nicaragua y de América Latina, por lo que Dora María representa para las mujeres de esta región, le expresamos desde aquí, nuestra solidaridad, apoyo y compañía. Dora María: ¡No estás sola!

Envía tu adhesión a contacto@mujeresnet.info incluyendo nombre y apellido, profesión u ocupación, y país. NOTA: RECOGIDA DE FIRMAS CERRADA

Para más información visita http://www.mujeresnet.info/seccion/dora-maria-tellez.html

ADHESIONES (Por orden alfabético):

Agencia Cerigua, Guatemala
Alicia Yolanda Reyes Alexánder, corresponsal de SEMLAC, Guadalajara, Jalisco, México
Alma Celia San Martín Cruz, periodista, Poza Rica Veracruz, México
Alma Margarita Oceguera Rodríguez, directora del OSC Centro Cultural Esperanza Rodríguez, AC, Baja California Sur, México
Ana Lau Jaiven, Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México
Ana Silvia Monzón, socióloga, Voces de Mujeres, Guatemala
Ana Rubio Castro, profesora de la Universidad de Granada. España
Asociación Nosotras en el Mundo, España
Área de la Mujer de Radio Vallekas, Madrid, España
Aurora Sansores S., Asociación de Comunicadoras de Campeche A.C., México
Carme Clavel Arcas, médica salubrista, Nicaragua
Carme Ripollès Martinez, fotoperiodista diario ADN, Castellón, España
Cecilia Vargas Simón, reportera, diario La Verdad del Sureste, Villahermosa, Tabasco, México
Consuelo González de la Fuente, maestra, Sevilla, España
Diana Maffía, doctora en Filosofía, diputada de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina
Eli Bartra, profesora-investigadora Universidad Autónoma Metropolitana-Xochimilco,
México
Elsa Lever M., periodista con maestría en Comunicación, directora de MujeresNet.info, DF, México
Emilia Bolinches Ribera, periodista de la TVV-Canal 9, Valencia, España
Esther de la Rosa, periodista del Área de la Mujer de Radio Vallekas, España
Evangelina García Prince, docente e Investigadora Universitaria, consultora en Políticas de Igualdad, Venezuela
Fabiola Calvo Ocampo, periodista, Colombia
Gisela Espinosa Damián, docente en la Universidad Autónoma Metropolitana, México
Gioconda Espina, profesora, Universidad Central de Venezuela
Gloria Careaga Pérez, psicóloga, profesora en la UNAM, DF, México
Ileana Alamilla, periodista, Guatemala
Isabel Villar, periodista, Uruguay
Ivannia Madrigal, administradora de negocios, Costa Rica
Jeanette Mauricio, Área de la Mujer de Radio Vallekas, Madrid
Joaquina Erviti Erice, investigadora, UNAM, México
Juan Carlos Cervantes, fotógrafo, México
Juana María Nava Castillo, periodista, Monterrey, Nuevo León, México
Karime Suri Salvatierra, Programa de Investigación Feminista CEIICH-UNAM, México
Koldo Sagaseta, periodista, diario El Nacional, España y Dominicana
Laura Castro Medina, periodista, Veracruz, México
Lola Fernández Palenzuela, periodista, Granada, España
Lorena Villafañe, periodista Diario Los Andes, Argentina
Lucero Mendizábal, doctoranda en Educación Social, periodista independiente, México
Lucía Rivadeneyra, poeta y profesora de la UNAM, México
Luz María Orona Aguilar, periodista, Radio Universidad Autónoma de Guerrero, México
María Esther Espinosa Calderón, periodista, México
María García, presidenta de la Fundación de Familias Monoparentales Isadora Duncan León, España
Marielos Carranza, periodista, Guatemala
Marisela Quintana, ingeniera, Nicaragua
Marta Arratibel Ormazabal, secretaria comercial , País Vasco, España
Martha María López Ramos, maestra en Estudios de Género, México
Melissa Vega, periodista, Guatemala
Mirta Rodríguez Calderón, periodista cubana
Mónica Molina, periodista, directora de la revista Urban@s en red, Argentina
Mt.Minobis, periodista, Colegio de Periodistas de Cataluña, España
Nadia Sierra Campos, abogada defensora de derechos humanos, Querétaro, México
Norma Cardoso, periodista, Nayarit, México
Norma Pittman, presidenta y directora de Mujer Latina, Italia
Paquita Arcas Romeu, jubilada, España
Patricia Toledo, artista visual, Santa Rosa de Copán, Honduras
Red Dominicana de Periodistas con Perspectiva de Género
Red Internacional de Mujeres Periodistas y Comunicadoras - Red Madrid
Rosa Solbes López, periodista, Valencia, España
Rosalinda Hernández Alarcón, periodista, coeditora de la revista La Cuerda, Guatemala
Sandra Chaher, periodista, Argentina
Sara Lovera, periodista, Semlac, Cimac e IMER, DF, México
Silvia Núñez Esquer, periodista, Hermosillo, México
Soledad Jarquín, periodista, México
Soyna Daniels Encinas, productora de radio, Sonora, México
Teresa Aguirre Covarrubias, economista, latinoamericanista, UNAM, DF, México
Teresa García Espejo, periodista, Madrid, España
Teresa Ordorika Sacristán, investigadora del Programa de Investigación Feminista, CEIICH-UNAM, México
Teresa Valdés Echenique, socióloga, CEDEM Observatorio Género y Equidad, Chile
Teresita Cordero Cordero, directora Maestría Regional en Estudios de la Mujer, Universidad de Costa Rica
Teresita de Barbieri, investigadora, Instituto de Investigaciones Sociales, UNAM, DF, México



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Hombres Reloaded

Columna Ovario FuertePor Elsa Lever M.
Periodista con Maestría en Comunicación por la FCPyS de la UNAM, diplomada en Género por el PUEG de la UNAM, y en Feminismo por el CEIICH de la UNAM.

Hace poco leí en un artículo sobre mercadotecnia que los roles y las actividades tradicionales de los hombres se han modificado y reflejado en las nuevas formas que están adquiriendo los varones de sentir, relacionarse, vivir y consumir. Se dice que ellos tienen ahora motivaciones y deseos diferentes a los de los hombres del siglo pasado.

El artículo se basa en un estudio "cualitativo" llevado a cabo por Grado 7, unidad de marketing antropológico de JWT México, y se destaca -en las entrevistas realizadas- un cambio en los "impulsos de compra" masculinos. Se explica que según el hombre es, en su decisión de compra, más pragmático, más rápido y racional, pero que ahora se ha visto un cambio tendiente a comprar de manera más compulsiva y emocional; el nivel de impulsividad de los hombres ha incrementado.


PARA LEER EL ARTICULO COMPLETO SIGUE ESTE LINK

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¿Feminista Yo?

Por Guadalupe López García
Periodista con Especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Fue jefa del Área de Construcción de Cultura Ciudadana del Centro Integral de Apoyo a la Mujer “Esperanza Brito de Martí” en Venustiano Carranza (ahora Unidad Delegacional Inmujeres-DF y coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Instituto de las Mujeres del D.F. (Inmujeres-DF), hasta este año. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.

“¡Para nada!”. “Sí, defiendo los derechos de la mujer, pero no soy feminista”. “No, porque es el otro extremo del machismo. Es un machismo al revés”. “Soy feminista pero no radical, porque yo no estoy en contra de los hombres”. “Pues no, ya vi que las feministas no son ni machorras, ni lesbianas, ni amargadas, pero no me identifico con ellas”. “Estoy en favor de la libertad, pero no del libertinaje”. “Yo no soy visceral”. “Soy femenina, no feminista”.

Hola, mi nombre es Guadalupe y yo sí me asumo feminista, y más aún: en este mes cumplo 20 años de haber admitido en mi vida esa filosofía-teoría-posición política-movimiento social-cultural. Si bien es difícil precisar una fecha de cambio de conciencia, yo parto de ese punto porque fue cuando apareció mi primer artículo en la revista Fem, la primera publicación feminista de América Latina, desaparecida hace un par de años.

Consideré que este sería un buen tema para iniciar mis colaboraciones en MujeresNet.Info, pues en estos últimos años me ha tocado vivir el anuncio una y otra vez del funeral del feminismo, no sólo por parte de nuestros detractores “naturales” como la religión, la derecha, la ultraderecha, el conservadurismo y el machismo, entre otros, sino del resto de la sociedad.

Se asegura que el feminismo es una ideología del pasado porque se han encontrado otras categorías de análisis de los problemas sociales, culturales, económicos, etc. y otras formas de lucha que incluye a “todos” (me imagino que también incluirán a todas). Bueno, si se habla de globalidad, por qué el feminismo se resiste, mejor dicho, ¿por qué las feministas se resisten al cambio?

Pues sí, hay mucha resistencia, porque para esos embates se necesita aguantar, aunque muchas veces no salgamos bien libradas, no por falta de argumentos, sino por la intolerancia a todo lo que suene a feminista.

Más que explicar qué es el feminismo, su historia, sus etapas, las diferentes corrientes y su relación con los movimientos de mujeres, entre otros puntos (¡imagínense todo el roooollo!), presento aquí una parte de lo que se dice de él y de nosotras.

¿QUIÉN LE TEME AL FEMINISMO?

El primer argumento-acusación que se hace en contra del feminismo es promover la guerra de los sexos: “la mujer, para ser ella misma, se erige como rival del hombre. A los abusos de poder ella responde con una estrategia de búsqueda de poder y ese proceso conduce a una rivalidad entre los sexos” (Carta de la Congregación de la Doctrina de la Fe en tiempos de Joseph Ratzinger, antes de ser papa)[1].

Eve Ensler, autora de la obra Los monólogos de la vagina, estrenada en Nueva York en 1996 y que en México aún sigue en cartelera, comenta que su texto no se trata de un movimiento feminista, palabra que normalmente se confunde con odio, rechazo o resentimiento contra los hombres”.[2]

Segundo. Excluyen a “la otra mitad del mundo”: los hombres. Constantemente la palabra es sustituida por “varones” para no confundirla con “humanidad”, cuando sería más fácil dejar de utilizar “hombre” como sinónimo de humanidad. Cuando se creó en el 2002 la Asociación de Mujeres en el Cine y la Televisión-México, con el objetivo de defender y promover la “producción audiovisual femenina” (mejor dicho, de mujeres), convocaron a “los interesados” (¿no que era de mujeres?) a inscribirse al grupo que tiene un “carácter incluyente, no feminista”.[3]

La primera mujer que recibe el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de las ciencias físico matemáticas y naturales, Herminia Pasantes Ordónez, confesó a una entrevistadora que no estaba al tanto de la postura feminista actual y que no concebía la vida sin el placer de la compañía de los hombres.

También habló de la discriminación (sin mencionar esa palabra) que ha vivido como investigadora, como cuando no le permitieron estudiar su doctorado porque acababa de tener a su hija, y añadió: “es más difícil para las mujeres no sólo por el esfuerzo físico en el hogar y el laboratorio, sino por lo que implica abrirse camino en una comunidad en la que se sigue viendo a las mujeres como simpáticas, sin darles el gran peso que debe tener un investigador, cualquiera que sea su sexo”.[4]

Tercero. Feminismo es lo contrario a machismo: “Es necesario que se deje el machismo atrás pero nosotras no debemos caer en el feminismo extremo”, dijo la vocalista del grupo roquero Endor. “He visto en el feminismo actitudes radicales como en el machismo y eso a mí me caga, he tratado de ser una persona y de competir... las chavas piden apoyo para las mujeres; eso está tan mal… es como sentirse menos cuando uno tiene que ser igual… El machismo viene desde el cristianismo y no podemos hacer una lucha contra los hombres que piensan así porque fueron formados así; lo que hay que hacer es concientizar y tratar de llegar a ser iguales”, comentó la hiphopera Ximbo. Ambas fueron etrevistadas[5] con motivo del festival Mujeres Moviendo el Mundo, en el marco del 8 de marzo.

Curioso, pero en esa entrevista también señalaron las limitaciones que han tenido como roqueras para presentarse en foros; además de que aún eran rechazadas por el público: “Ay, no, pinches viejas, ya bájate o mejor encuérate”. Aún así, insistieron en que no tiene nada que ver con que sean mujeres.

Cuarto. Las acciones o actividades de mujeres, para mujeres o por mujeres son feministas y excluyentes. Cuando se realizó el Primer Festival Nacional de Compositoras de México (desconozco si se siga haciendo), varias representantes fueron entrevistadas por La Jornada[6] y ahí Nayeli Nesme expresó: “Aunque hombres y mujeres tenemos las mismas capacidades y necesidades, la hormona femenina es distinta; claro que las que estamos aquí no explotamos un trabajo rosa o feminista de la hormona. Más bien veo que entre nosotras… hay un trabajo general permeado por el riesgo”.

La directora de la naciente Orquesta Sinfónica de Mujeres del Nuevo Milenio, Gina Enríquez, habló sobre su proyecto: “Lo que buscamos es reivindicar el papel de la mujer dentro de la música sinfónica, aunque sin actitudes agresivas ni revanchistas. No se trata de un proyecto feminista, sino de una iniciativa que tiene que ver mucho con lo humano, con los derechos humanos de las mujeres y en especial de las que nos dedicamos a la música como profesión, dado que históricamente hemos estado relegadas, sobre todo, como directoras, compositoras y solistas… Somos la primera sinfónica de mujeres en México, pero no la única en el mundo. Apenas se está rompiendo ese esquema de considerar que la música sinfónica era un ámbito exclusivo para el sexo masculino”.[7]

Quinto. Ser feminista es ser proabortista y lesbiana. Estas premisas son muy comunes y aunque parecieran argumentos del siglo pasado (que así lo fue) se siguen repitiendo en todos los niveles, conservadores o no. Rocío Gálvez de Lara, del grupo Pro Vida, se quejó de que el Parlamento de Mujeres del 2001 haya sido “manipulado” por dos corrientes: “la pro abortista y la del lesbianismo”. “No podemos salir con propuestas de legalizar el aborto. Las mujeres debemos luchar por un auténtico feminismo con propuestas más humanas y sensibles hacia los más débiles e inocentes”.[8]

Sexto. Hay de feminismos a feminismos. Angeles Corte, de la Red de Mujer (sic) también refiriéndose al Parlamento 2001 manifestó: “la sociedad civil no está representada en este parlamento, ha sido excluida por grupos feministas radicales coludidos con diputadas del PRI y PRD. Son las representantes de la más antigua y corrupta cerrazón ante posturas distintas, y pretender imponerse como portavoces de las mujeres mexicanas”.[9]

La antropóloga Helen Fisher, al hablar de su investigación El primer sexo, utiliza argumentos feministas para contraatacar al feminismo y la construcción genérica: “deberá surgir un nuevo feminismo, ‘uno de tercer tipo’, que deje de ver a las mujeres como víctimas”.[10]

Griselda Alvarez, primera mujer gobernadora, poeta y entonces asesora de Oscar Espinoza Villarreal, quien fungía como secretario de Turismo, expresó que “la lucha de la mujer es… la lucha por el cambio de estructuras sociales”, dejó en claro que no se trata de sustituir anteriores prejuicios por nuevas desviaciones gestadas a partir del feminismo a ultranza, sino de elaborar un nuevo método de análisis… y de diagnóstico en la participación de la mujer”.[11]

Séptimo. Feminismo vs. Feminidad. "No es lo mismo que lo mesmo", reza el refrán y entonces señalan a las feministas como “machorras” en contraposición con las “mujeres femeninas” vestidas de falda, saco, zapatillas, maquillada, etc. Pero también se refiere a otros niveles. “No creo en el feminismo y mis cuentos sólo son una búsqueda de la expresión femenina”, señaló la escritora Beatriz Meyer.[12]

Angélica Aragón, quien destacó en la telenovela Mirada de Mujer, platicó sobre otro de sus trabajos: Todo por amor, que en el año 2000 se transmitía por canal 13: las telenovelas de producciones Argos “sin ser feministas pretenden elevar la conciencia y la autoestima de las mujeres”.[13]

GENERO CONTRA FEMINISMO

Las opiniones arriba citadas no han variado sustancialmente, siguen reproduciéndose en boca de muchas y muchos, ya sea en foros especializados o en conversaciones coloquiales. La novedad radica en el discurso de género; en el que, al igual que el feminismo, existe una serie de prejuicios que no hacen más que alimentar los mitos y mitotes sobre estos dos conceptos.

“El género es la etapa avanzada del feminismo”, expresó hace algún tiempo una facilitadora cuyo nombre no recuerdo, en un taller que tomé sobre educación para adultas y adultos mayores con perspectiva de género en el Instituto de las Mujeres del Distrito Federal.

Y si de clases hablamos, la ex titular del Instituto Nacional de las Mujeres, Patricia Espinosa, alertaba a sus correligionarias del Partido Acción Nacional (PAN): “tenemos que dar el siguiente salto, ver cómo enfrentamos temas sensibles ante los que las feministas, con su organización y redes, sólo nos hacen ser reactivas… (Género) es un concepto internacional, y las invito a neutralizarlo… el Vaticano en la plataforma de acción lo afirmó con esa reserva: vamos a entender la palabra género como masculino y femenino”.[14]

De hecho, esa es una de las principales confusiones, hablar de “género femenino” y “género masculino”, en lugar de decir llanamente “mujeres” y “hombres”; de ahí que en muchos discursos se repita “equidad entre los géneros”, en lugar de decir: equidad de género (que se refiere a la construcción social y cultural de los sexos) o equidad entre hombres y mujeres o equidad entre los sexos.

Tal vez esa última palabra siga sonando “muy fuerte” pues es raro escucharla en discursos gubernamentales, ni siquiera en los “más avanzados”, ya no por decirlo feministas. Y bueno, suena más “elegante” hablar de perspectiva de género –sin demeritar su importancia y trascendencia para el reconocimiento y ejercicio de los derechos humanos de las mujeres-- que de perspectiva feminista. Para muchas y muchos, en especial para quienes gobiernan, el discurso de género representó un salvavidas para evitar asumirse feminista.

Carlos Monsiváis ya alertaba que “la perspectiva de género y la reivindicación de la igualdad entre los sexos han sido ‘confiscados’ por quienes buscan el poder político, por lo que la esencia social de la lucha feminista debe retomarse”.[15]

EL FEMINISMO VIVE, LA LUCHA SIGUE

Dejemos que la defensa del feminismo la hagan otras figuras públicas. No son demasiadas citas como las anteriores, pero muy contundentes y desde diferentes mundos, lo que significa que el feminismo está arraigado en todos los niveles, sólo falta salir del closet.

“Soy humanista y feminista, ¿por qué no he de serlo? Si hay muchas mujeres sufriendo injusticias, debemos hacer algo… no soy activista, no soy política. Si pienso y amo a la humanidad, debo defender a los oprimidos y las mujeres son oprimidas por la sociedad”,[16] manifestó la escritora Taslima Nasrin, a quien en 1994 le dictaron una fatwa (edicto religioso que implica una condena a muerte).

“El feminismo forma parte de cada letra mía… Es una batalla que tengo todos los días. Mujeres con un nivel cultural alto, incluso que trabajan con éxito en los medios, dicen ‘queridos amigos, no vayan a creer que soy feminista’ o ‘evitando el feminismo radical’… como si fuera una amenaza, pero no sé de ninguna cultura del mundo que corte penes; sí las conozco que cortan clítoris… el machismo es un abuso de poder, el feminismo en cambio, una reivindicación de la mujer para que ejerza sus plenos derechos”,[17] sentencia la sexóloga Anabel Ochoa, autora de libros, editora de una revista y conductora de un programa de radio que dura tres horas.

Una que me gustó mucho fue la de la cantautora Ani DiFranco: “yo habría esperado que la trayectoria del feminismo sería tal que hoy día todos abrazaríamos esa palabra, y que todos nos consideraríamos feministas. De alguna manera creo que las corrientes conservadoras han hecho mucho en los medios por destripar esa palabra y declarar que el feminismo ha muerto.

“La reiteración a los jóvenes de que ese concepto es caduco ocupa cada año las portadas de Time o Newsweek y mientras comercializan la idea de las chavas light, de extraer lo político del feminismo y convertirlo en una camiseta mini, lo cual, creo, es una forma insidiosa de debilitarlas. Entonces, sí, a mi me gusta mantener vivas esas palabras”.[18]

A mí también: el feminismo vive, la lucha sigue, feliz aniversario.

NOTAS


[1]
La Jornada, 1 de agosto, 2004.

[2]
La Jornada, 2 de junio, 2001.

[3]
La Jornada, 3 de mayo, 2002.

[4]
La Jornada, 20 de enero, 2002.

[5]
La Jornada, 8 de marzo, 2002.

[6]
La jornada, 2 de septiembre, 1001.

[7]
La Jornada, 19 de septiembre, 2003.

[8]
La Jornada, 18 de junio, 2001.

[9]
El Universal, 9 de junio, 2001.

[10]
La Jornada, 2 de agosto, 2000.

[11]
La Jornada, 10 de marzo, 2003.

[12]
La Jornada (no tengo la fecha exacta).

[13]
La Jornada 11 de mayo, 2002.

[14]
La Jornada, 27 de octubre, 2001.

[15]
La Jornada, 12 de marzo, 2004.

[16]
La Jornada, 15 de julio, 2001.

[17]
La Jornada, 17 de diciembre, 2001.

[18]
La Jornada, 29 de junio, 2001.

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Guerrilla y narco en Veracruz

Por Sara Lovera
*Periodista mexicana, fundadora de Comunicación e Información de la Mujer AC(CIMAC); nominada a 1000 mujeres por el Nobel de la Paz 2005, ha colaborado en diversos medios como El Nacional, El Día, Uno más Uno, La Jornada; fue directora del suplemento Doble Jornada, y actualmente es corresponsal de Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y del Caribe(SEMlac) en México, integrante del Consejo del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal y todos los lunes forma parte de la Mesa Periodistas del Canal 21, el Canal de la Ciudad de México en TV por Internet.

Nada más hermoso que ese paisaje de volcanes y nubes que se te caen encima. Se llama neblina. Así son los pueblos bajo el Pico de Orizaba: Mendoza, Nogales, Río Blanco, Córdoba. Nada me gusta más que la jarana, el arpa, el tono jarocho y sus estrofas, el baile donde se confunden los flanes y los encajes de amplias faldas.

El pretexto fue una reunión de periodistas en la que me dieron un premio. Ahí en las faldas de la sierra de Zongolica, Beatriz Torres me hizo recordar claramente la tragedia de Ernestina Ascencio, cuya muerte, por tortura sexual, quedó diluida en la impunidad.

Lo que Beatriz Torres presentó fue una investigación que demuestra cómo las mujeres de las altas montañas de Veracruz, sufren y viven violencia; cómo son asesinadas y torturadas. Un estudio regional que confirma que se vive crudamente la persecución femenina, y cómo la presencia militar es un factor que la agudiza.

Beatriz Torres representa al Colectivo Feminista Cihuatlahtolli, de Orizaba. Ella intentó, en medio del caos de los periodistas, de su machismo, de su masculinidad antigua y viciada, presentar el estudio.

En la reunión se habló de la responsabilidad social de los periodistas. Pero en realidad no les entró un milímetro el discurso. Ni siquiera por la audacia con que comenzó la jornada el sábado. Las mujeres responsables de los institutos de las mujeres de Veracruz y Chiapas, les recetaron a estos periodistas que se caen de antigüedad, lo que es la transversalidad de género.

Claro que tampoco pasó nada. Pero me divertí muchísimo pensando en esas dos periodistas que armaron el programa. Laura Castro, de Orizaba, y Tina Rodríguez, de Chiapas. Lo disfruté. Algún día se romperá esta inercia tradicionalmente priista de la Federación de Asociaciones de Periodistas Mexicanos AC que vive en el pasado.

En la región de Zongolica se asesinan mujeres, pero hay guerrilla, no hay paz social, como se espera, ni Estado de derecho, la impunidad es más fuerte que cualquier intención. Por eso me acordé de Ernestina Ascencio, a quién la mató, además del abandono y la pobreza, la impunidad. Porque entre poderosos trataron de
ocultar y difuminar lo que ahí realmente pasó.

Y pasó. Los militares están en la sierra, porque los necesitan. Los necesitan para combatir a la guerrilla o para dejar paso libre al narcotráfico. Así me dijo una amiga, que conoce muy bien la región, al grupo de poder y que razona que hay quien necesita a los militares claramente: o el Estado para protegerse de la guerrilla, digo el gobierno, sus socios, los empresarios del café, y de otras ramas. O bien, es un asunto de narcotráfico.

Y debía movernos el alma en un gremio donde a las mujeres empezamos a ser mayoría. Y ahí no estuvo el espíritu de Ernestina como debiera. Nadie la mencionó y en cambio los elogios al gobierno en turno se desparramaron por todas partes. Era como entrar en un remoto pasado, donde se contentaba a los periodistas en una gira, con un six-pac de cervezas y dos palmadas, un sobre miserable ¡y ya!

Mirando el Pico de Orizaba me acordé de mi infancia, de la cortinilla de lluvia que te manda a meditar, si se puede, con un buen pambazo de frijoles con queso. Me acordé de Tezonapa y los matones que persiguió el gobierno de Gutiérrez Barrios al final de los años 80 y cómo continuó en ello su suplente, Dante Delgado.

Me acordé de cómo el Toro Gargallo tomaba a sus víctimas, cómo las tiraba en unos tambos, cómo en su machismo infinito conquistaba y se robaba a las mujeres de la región, y cómo lo acribillaron en un recodo del camino, una tarde lluviosa.

Ahora la guerrilla fue el pretexto para la impunidad o fue el narco o simplemente fue la inercia. Pero no hay suficientes ojos y oídos que sigan investigando, que digan qué pasó. El periodismo, así, languidece.

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