“ENTRE MUJERES INSURGENTES Y REVOLUCIONARIAS”
FACULTAD DE CIENCIAS POLITICAS Y SOCIALES
UNAM
Jueves 29 de abril. Mujeres insurgentes
- Josefina Hernández Téllez. La educación femenina en 1810
- Layla Sánchez Kuri. Presencia femenina en la Independencia.
- Elvira Hernández Carballido. Leona Vicario, la corresponsal de los insurgentes.
- Rosalinda Sandoval Orihuela. Los taconazos de Doña Josefa
Moderador: Vicente Castellanos Cerda
Inaugura: Maestro Arturo Guillemoud Rodríguez Vázquez
Salón 12 Edificio de Posgrado (“F), 18:00 horas, FCPyS
Viernes 30 de abril. Mujeres revolucionarias
- Rosa María Valles Ruiz. Periodista y feminista: Hermila Galindo
- Elsa Lever M. El Universal y las mujeres periodistas
- Gloria Hernández Jiménez. Mujeres, revolución y fotografía
- Francisca Robles. Los corridos y la presencia femenina
Moderadora: Noemí Luna García
Inaugura: Maestro Arturo Guillemoud Rodríguez Vázquez
Sala Lucio Mendieta, Edificio de Posgrado (“F), 18:00 horas, FCPyS
La denominada violencia de género y sus implicaciones jurídico-penales
Foto: Rotmi Enciso
Por Elvira Hernández Carballido
Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
Silvia Elena fue reportada desaparecida por sus familiares al día siguiente. Al salir de su casa llevaba un pantalón azul de mezclilla, blusa morada y tenis blancos. Dos meses después del 1º de septiembre, al final de una brecha que se inicia en el kilómetro 25 de la carretera Panamericana, a escasos minutos de distancia de la escuela donde estudiaba Silvia Elena, fue encontrado el cuerpo de una mujer en avanzado estado de descomposición.
Había sido violada, el seno derecho le fue cercenado y su victimario le arrancó a mordidas el seno izquierdo.
El cadáver fue hallado tras unos arbustos, boca abajo, con las piernas separadas, el brazo derecho extendido y el izquierdo recogido bajo el pecho. El cuerpo fue identificado como el de Silvia Elena Rivera.[1]
¿Acaso sólo la muerte puede sensibilizarnos de la violencia que sufren las mujeres? La violencia está presente en cualquier lugar, en cualquier momento y casi siempre es contra las mujeres.
Diariamente más de 10 millones de mujeres mexicanas padecen algún tipo de violencia. Dos de cada diez mujeres la han padecido de parte de su pareja ¿Por qué? ¿Qué es la violencia? Un producto esencialmente humano… Modalidad cultural conformada por conductas destinadas a obtener el control y la dominación sobre otras personas… Forma de ejercicio de poder que afecta negativamente la libertad y la dignidad de otro… La violencia puede ser definida de muchas maneras. Incluso, puede reproducirse conforme las nuevas generaciones aprenden de las anteriores, así como las víctimas de sus agresores y porque se permite que perduren las condiciones sociales que la favorecen. “No hay un factor que por sí solo explique este problema polifacético, de hondas raíces biológicas, psicológicas, sociales, culturales, económicas y políticas”.[2]
Sin duda, la violencia emerge de la sociedad, no de las hormonas; se transmite en las relaciones económicas, sociales y políticas, mediante las instituciones, las normas, las concepciones éticas. Es el resultado de la dominación, el medio extremo para someter al otro. Perversión de la naturaleza humana y una negación de todo lo que significa vida y crecimiento. ¿Sobre quién se ejerce? Casi siempre, sobre los que se consideran débiles, inermes, objetos, indefensos e insignificantes, rara vez personas. Por desgracia, en la sociedad patriarcal muchos de esos seres humanos considerados débiles y poca cosa son las mujeres.
Sin duda, el fenómeno de la violencia es un acto de poder, un ejercicio desigual de fuerzas que se ejerce, principalmente, en contra de las mujeres, en muchos casos, por sólo “ser mujer”. Poco a poco se han reconocido diversos tipos de violencia ejercida contra las mujeres, como son: la violencia física, la violencia emocional, la violencia sexual y la violencia económica.[3] Ha sido difícil que la sociedad lo atisbe de esta manera, sin embargo considero dos espacios importantes de constante denuncia de esta situación: el periodismo y el feminismo.
COMPROMISO DEL PERIODISMO FEMINISTA: HACER VISIBLE LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES
Uno de los esfuerzos por hacer visible la violencia hacia las mujeres ha sido el periodismo feminista, que denuncia y advierte este tipo de violencia. Postura muy distinta a la de la prensa diaria que a través de la nota roja muestra y se embeleza haciendo de la violencia un espectáculo que se debe observar con incredulidad pero sin hacer conciencia ni sensibilizar.
Es así como que desde el siglo XIX una de las primeras publicaciones fundadas por mujeres, Las violetas del Anáhuac denunció este tipo de situaciones. Desde notas informativas que revelaban agresiones o crímenes hasta artículos de opinión que mostraban su preocupación por las mujeres agredidas en su casa, en la calle o por las mismas instituciones. Desde su mirada conservadora preguntaban: ¿Dónde brilla la conciencia más pura, en el sexo fuerte que ataca, o en el débil que se defiende? ¿Es realmente una virtud corresponder a las vejaciones, al maltrato y a las humillaciones de todo género, con el amor más abnegado, con el sacrificio de la salud, de la dignidad, de la reputación y tal vez con el de la vida? Esas pobres mártires que hacen una religión del amor a su verdugo y que no comprenden el deber sin el sacrificio ¿obrarán realmente inspiradas en los sólidos principios de una educación moral bastante elevada, o quizá obedecen a una ley ineludible y fatal y en tal virtud obran inconscientemente?
Al iniciar el siglo XX la situación no dejaba de denunciarse, la violencia nunca pasó desapercibida por las periodistas de la época. Después de la revolución el periodismo mexicano se industrializa y las mujeres ya no pueden fundar sus propias publicaciones, deben integrarse a las filas de los grandes periódicos. La violencia hacia las mujeres siguió siendo denunciada. Por ejemplo, una de las primeras mujeres reporteras en México, narró la siguiente situación:
María Guadalupe de la Garza, maestra rural en San Jerónimo, Ayo el Chico, Jalisco, modestamente vestida, la cabeza cubierta con un chal negro, aun impotente para contener las lágrimas nos dijo:
Mi hermana María Elena y yo fuimos víctimas de doscientos bandoleros que atacaron nuestra casa, la que defendimos hasta el último momento; pero al fin, durante la noche, nos sacaron y golpeándonos siempre, diciéndonos que éramos ateas, con tratos con el diablo, nos llevaron al monte. Mi hermana estaba a punto de ser madre. En medio de la oscuridad y bajo la lluvia, en una noche que no olvidaré nunca, fuimos atropelladas por varios individuos. Después de habernos golpeado y humillado tanto, el jefe de la banda ordenó a cuatro individuos que nos fusilaran. La oscuridad me protegió y pude correr entre la hierba, herida, hasta unos surcos y taparme con tierra. Mi hermana Elena, a punto de dar a luz, pereció asesinada y cuando encontramos el cadáver, la habían abierto desde el pecho hasta el vientre en forma de cruz y la habían mutilado horriblemente.
Mujeres periodistas identificadas con el feminismo también abrieron espacios para hacer referencia a la violencia. En revista FEM se denunciaron siempre hechos de violencia contra las mujeres. Una de las periodistas mexicanas más comprometidas en hacer visible la condición femenina, creó una agencia de noticias que abordara la problemática de las mujeres. Desde 1992 CIMAC (Comunicación e Información de la Mujer). Esta organización día con día denuncia la situación de las mujeres ante la violencia que sufren. Así ha dado a conocer el siguiente testimonio:
Mi hija secuestrada, torturada, mordida, golpeada, pateada, quemada, manos-esposadas, violada, estrangulada.
Sin piel, sin corazón, sin alma,
Por corazón-roca, por alma-hueca, por mano diabólica.
Mi hija botada, como cosa desechable, no reusable, tratada como desecho, como indeseable basura.
Mi hija desdeñada, difamada, desgraciada, calumniada en su virtud vilmente falsamente cobardemente por aquellos en el poder sin corazón para sentir sin oídos para oír sin ojos para ver sin alma para buscar
FEMINISMO Y VIOLENCIA DE GÉNERO
El feminismo es un movimiento social, una actitud ante la vida y en nuestro país tiene ya una larga historia. Sin embargo, fue en los años setentas donde mostró su momento más enérgico. Las feministas invadieron espacios diversos y se mostraron en el arte, en la academia, en marcha, en consignas y en organizaciones. Se crearon diferentes grupos, entre ellos los relacionados con el tema de la violencia.
Casos ejemplares está el de la Asociación Mexicana contra la violencia hacia las mujeres (COVAC). Cuando tuvieron que cerrar su ciclo hicieron una declaración interesante: “la violencia de género ha dejado de considerarse como un asunto privado para aceptarse en forma generalizada. Se ha erradicado la idea de que ésta es generada por la provocación de la víctima y se acepta que responde más bien a la desigualdad entre hombres y mujeres, construida por la sociedad. La violencia de género –afirmaron- no tienen que resolverla sólo las mujeres o las feministas, es un asunto también de los hombres, el discurso para enfrentar la violencia de género requiere de una renovación constante.”
Si bien la nación “violencia de género” fue acuñada en el ámbito de las ciencias sociales, específicamente en los estudios feministas y de género para estudiar o investigar un fenómeno social que afecta, principalmente, a las mujeres, ésta no es una categoría que se ocupe de estudiar el fenómeno de la violencia como un caso específico para este sector de la población.[4]
Género no es equivalente ni sinónimo de mujer o mujeres, es una categoría que alude a las relaciones sociales entre hombres y mujeres y las mujeres mismas, relaciones donde el poder está presente. Por ello, violencia de género se refiere a la violencia que se presenta en las relaciones entre hombres-hombres, hombres-mujeres y mujeres-mujeres. Sin embargo, en las sociedades patriarcales donde las mujeres se posee una prepotencia de lo masculino y una subalternidad de lo femenino , y estos son los elementos determinantes de un orden simbólico que define las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, y que originan la denominada violencia de género.
Es así como el periodismo y el feminismo han sido espacios claves para denunciar este tipo de violencia, pero además está la iniciativa de otros grupos y personalidades. El esfuerzo por hacerla evidente ha tomado fuerza al finalizar el siglo XX. Por ejemplo se dio a conocer en 19993 la Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer donde se reconoce que ésta “constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer, y que la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre”.
En 1994 se creó la Convención Interamericana para Prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, mejor conocida como “La convención de Belém Do Pará”, realizada por la Organización de Estados Americanos en 1994. Fue firmada por nuestro país y ratificada en 1998. En su artículo primero dice: “Debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acto, acción o conducta basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”.
De esta manera, en la academia feminista hacer referencia a la violencia de género representa reconocer un mecanismo político cuyo fin es mantener a las mujeres en desventaja y desigualdad en el mundo y en las relaciones con los hombres, permite excluir a las mujeres del acceso a bienes, recursos y oportunidades; contribuye a desvalorizar y denigrar a las mujeres y reproduce el dominio patriarcal. Se trata de un atentado a los derechos humanos de las mujeres y es uno de los más graves problemas sociales de este siglo.
El feminismo estudia y denuncia esta violencia, la hace visible y abre espacios para discutirla, pero principalmente para erradicarla. Por ejemplo, COVAC dio a conocer propuesta esperanzadora,[5] entre la que destacan los siguientes aspectos:
- La construcción de la ciudadanía, representa la más eficiente estrategia para romper el círculo de la violencia puesto que este problema es un asunto de incumbencia pública y de amplias repercusiones sociales,.
- El combate a la violencia de género tiene más que ver con un enfoque de políticas públicas integrales que con enunciarla como un problema en sí mismo. El carácter multifactorial de este problema y el recurrente planteamiento de la dependencia económica de las mujeres con respecto a su agresor, obligaría a establecer propuestas y programas de gobierno legados al sector laboral.
- La violencia de género tiene como trasfondo el aprendizaje de un modelo pedagógico ampliamente difundido en donde la solución de los conflictos no pasa por la negociación de las diferencias. Nuestros modelos autoritarios aprendidos no dialogan con el diferente (el niño, la mujer, la gente anciana), los conflictos se resuelven a través de la imposición. Se requiere una nueva pedagogía en donde la diferencia no sea sinónimo de desigualdad.
La violencia de género no podrá ser abatida o erradicada sin la transformación de los hombres y las mujeres, bajo un modelo de Derecho que la sancione, no basta denominarla o castigarla, se debe coadyuvar para erradicarla.
NOTAS:
[1] Víctor Ronquillo, Las muertas de Juárez, Grijalbo, México, 2000
[2] Sarah García Silberman, “La violencia como fenómeno mediático y de salud pública”, en Violencia y Medios, CIDE/ INSYDE, México, 2004, p.101
[3] Rosa María González Victoria, “Algunas reflexiones sobre la noción violencia de género”, Pachuca, Hidalgo, México, 2008, inédito, p.1
[4] Rosa María González Victoria, op. cit, p.1
[5] Eduardo Soto, “Para canalizar la agresión”, en Prometeo, México, n.38, 2004, p.90
[6] Luisa Ramírez, “Rostros”, en Prometeo, México, n.38, 2004, p.77
Por Elvira Hernández CarballidoDoctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación. Profesora investigadora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, fue jurado en el reciente Premio Nacional de Periodismo.
Silvia Elena fue reportada desaparecida por sus familiares al día siguiente. Al salir de su casa llevaba un pantalón azul de mezclilla, blusa morada y tenis blancos. Dos meses después del 1º de septiembre, al final de una brecha que se inicia en el kilómetro 25 de la carretera Panamericana, a escasos minutos de distancia de la escuela donde estudiaba Silvia Elena, fue encontrado el cuerpo de una mujer en avanzado estado de descomposición.
Había sido violada, el seno derecho le fue cercenado y su victimario le arrancó a mordidas el seno izquierdo.
El cadáver fue hallado tras unos arbustos, boca abajo, con las piernas separadas, el brazo derecho extendido y el izquierdo recogido bajo el pecho. El cuerpo fue identificado como el de Silvia Elena Rivera.[1]
¿Acaso sólo la muerte puede sensibilizarnos de la violencia que sufren las mujeres? La violencia está presente en cualquier lugar, en cualquier momento y casi siempre es contra las mujeres.
Diariamente más de 10 millones de mujeres mexicanas padecen algún tipo de violencia. Dos de cada diez mujeres la han padecido de parte de su pareja ¿Por qué? ¿Qué es la violencia? Un producto esencialmente humano… Modalidad cultural conformada por conductas destinadas a obtener el control y la dominación sobre otras personas… Forma de ejercicio de poder que afecta negativamente la libertad y la dignidad de otro… La violencia puede ser definida de muchas maneras. Incluso, puede reproducirse conforme las nuevas generaciones aprenden de las anteriores, así como las víctimas de sus agresores y porque se permite que perduren las condiciones sociales que la favorecen. “No hay un factor que por sí solo explique este problema polifacético, de hondas raíces biológicas, psicológicas, sociales, culturales, económicas y políticas”.[2]
Sin duda, la violencia emerge de la sociedad, no de las hormonas; se transmite en las relaciones económicas, sociales y políticas, mediante las instituciones, las normas, las concepciones éticas. Es el resultado de la dominación, el medio extremo para someter al otro. Perversión de la naturaleza humana y una negación de todo lo que significa vida y crecimiento. ¿Sobre quién se ejerce? Casi siempre, sobre los que se consideran débiles, inermes, objetos, indefensos e insignificantes, rara vez personas. Por desgracia, en la sociedad patriarcal muchos de esos seres humanos considerados débiles y poca cosa son las mujeres.
Sin duda, el fenómeno de la violencia es un acto de poder, un ejercicio desigual de fuerzas que se ejerce, principalmente, en contra de las mujeres, en muchos casos, por sólo “ser mujer”. Poco a poco se han reconocido diversos tipos de violencia ejercida contra las mujeres, como son: la violencia física, la violencia emocional, la violencia sexual y la violencia económica.[3] Ha sido difícil que la sociedad lo atisbe de esta manera, sin embargo considero dos espacios importantes de constante denuncia de esta situación: el periodismo y el feminismo.
COMPROMISO DEL PERIODISMO FEMINISTA: HACER VISIBLE LA VIOLENCIA HACIA LAS MUJERES
Uno de los esfuerzos por hacer visible la violencia hacia las mujeres ha sido el periodismo feminista, que denuncia y advierte este tipo de violencia. Postura muy distinta a la de la prensa diaria que a través de la nota roja muestra y se embeleza haciendo de la violencia un espectáculo que se debe observar con incredulidad pero sin hacer conciencia ni sensibilizar.
Es así como que desde el siglo XIX una de las primeras publicaciones fundadas por mujeres, Las violetas del Anáhuac denunció este tipo de situaciones. Desde notas informativas que revelaban agresiones o crímenes hasta artículos de opinión que mostraban su preocupación por las mujeres agredidas en su casa, en la calle o por las mismas instituciones. Desde su mirada conservadora preguntaban: ¿Dónde brilla la conciencia más pura, en el sexo fuerte que ataca, o en el débil que se defiende? ¿Es realmente una virtud corresponder a las vejaciones, al maltrato y a las humillaciones de todo género, con el amor más abnegado, con el sacrificio de la salud, de la dignidad, de la reputación y tal vez con el de la vida? Esas pobres mártires que hacen una religión del amor a su verdugo y que no comprenden el deber sin el sacrificio ¿obrarán realmente inspiradas en los sólidos principios de una educación moral bastante elevada, o quizá obedecen a una ley ineludible y fatal y en tal virtud obran inconscientemente?
Al iniciar el siglo XX la situación no dejaba de denunciarse, la violencia nunca pasó desapercibida por las periodistas de la época. Después de la revolución el periodismo mexicano se industrializa y las mujeres ya no pueden fundar sus propias publicaciones, deben integrarse a las filas de los grandes periódicos. La violencia hacia las mujeres siguió siendo denunciada. Por ejemplo, una de las primeras mujeres reporteras en México, narró la siguiente situación:
María Guadalupe de la Garza, maestra rural en San Jerónimo, Ayo el Chico, Jalisco, modestamente vestida, la cabeza cubierta con un chal negro, aun impotente para contener las lágrimas nos dijo:
Mi hermana María Elena y yo fuimos víctimas de doscientos bandoleros que atacaron nuestra casa, la que defendimos hasta el último momento; pero al fin, durante la noche, nos sacaron y golpeándonos siempre, diciéndonos que éramos ateas, con tratos con el diablo, nos llevaron al monte. Mi hermana estaba a punto de ser madre. En medio de la oscuridad y bajo la lluvia, en una noche que no olvidaré nunca, fuimos atropelladas por varios individuos. Después de habernos golpeado y humillado tanto, el jefe de la banda ordenó a cuatro individuos que nos fusilaran. La oscuridad me protegió y pude correr entre la hierba, herida, hasta unos surcos y taparme con tierra. Mi hermana Elena, a punto de dar a luz, pereció asesinada y cuando encontramos el cadáver, la habían abierto desde el pecho hasta el vientre en forma de cruz y la habían mutilado horriblemente.
Mujeres periodistas identificadas con el feminismo también abrieron espacios para hacer referencia a la violencia. En revista FEM se denunciaron siempre hechos de violencia contra las mujeres. Una de las periodistas mexicanas más comprometidas en hacer visible la condición femenina, creó una agencia de noticias que abordara la problemática de las mujeres. Desde 1992 CIMAC (Comunicación e Información de la Mujer). Esta organización día con día denuncia la situación de las mujeres ante la violencia que sufren. Así ha dado a conocer el siguiente testimonio:
Mi hija secuestrada, torturada, mordida, golpeada, pateada, quemada, manos-esposadas, violada, estrangulada.
Sin piel, sin corazón, sin alma,
Por corazón-roca, por alma-hueca, por mano diabólica.
Mi hija botada, como cosa desechable, no reusable, tratada como desecho, como indeseable basura.
Mi hija desdeñada, difamada, desgraciada, calumniada en su virtud vilmente falsamente cobardemente por aquellos en el poder sin corazón para sentir sin oídos para oír sin ojos para ver sin alma para buscar
FEMINISMO Y VIOLENCIA DE GÉNERO
El feminismo es un movimiento social, una actitud ante la vida y en nuestro país tiene ya una larga historia. Sin embargo, fue en los años setentas donde mostró su momento más enérgico. Las feministas invadieron espacios diversos y se mostraron en el arte, en la academia, en marcha, en consignas y en organizaciones. Se crearon diferentes grupos, entre ellos los relacionados con el tema de la violencia.
Casos ejemplares está el de la Asociación Mexicana contra la violencia hacia las mujeres (COVAC). Cuando tuvieron que cerrar su ciclo hicieron una declaración interesante: “la violencia de género ha dejado de considerarse como un asunto privado para aceptarse en forma generalizada. Se ha erradicado la idea de que ésta es generada por la provocación de la víctima y se acepta que responde más bien a la desigualdad entre hombres y mujeres, construida por la sociedad. La violencia de género –afirmaron- no tienen que resolverla sólo las mujeres o las feministas, es un asunto también de los hombres, el discurso para enfrentar la violencia de género requiere de una renovación constante.”
Si bien la nación “violencia de género” fue acuñada en el ámbito de las ciencias sociales, específicamente en los estudios feministas y de género para estudiar o investigar un fenómeno social que afecta, principalmente, a las mujeres, ésta no es una categoría que se ocupe de estudiar el fenómeno de la violencia como un caso específico para este sector de la población.[4]
Género no es equivalente ni sinónimo de mujer o mujeres, es una categoría que alude a las relaciones sociales entre hombres y mujeres y las mujeres mismas, relaciones donde el poder está presente. Por ello, violencia de género se refiere a la violencia que se presenta en las relaciones entre hombres-hombres, hombres-mujeres y mujeres-mujeres. Sin embargo, en las sociedades patriarcales donde las mujeres se posee una prepotencia de lo masculino y una subalternidad de lo femenino , y estos son los elementos determinantes de un orden simbólico que define las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, y que originan la denominada violencia de género.
Es así como el periodismo y el feminismo han sido espacios claves para denunciar este tipo de violencia, pero además está la iniciativa de otros grupos y personalidades. El esfuerzo por hacerla evidente ha tomado fuerza al finalizar el siglo XX. Por ejemplo se dio a conocer en 19993 la Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de la violencia contra la mujer donde se reconoce que ésta “constituye una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer, y que la violencia contra la mujer es uno de los mecanismos sociales fundamentales por los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre”.
En 1994 se creó la Convención Interamericana para Prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra la mujer, mejor conocida como “La convención de Belém Do Pará”, realizada por la Organización de Estados Americanos en 1994. Fue firmada por nuestro país y ratificada en 1998. En su artículo primero dice: “Debe entenderse por violencia contra la mujer cualquier acto, acción o conducta basada en su género, que cause muerte, daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico a la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado”.
De esta manera, en la academia feminista hacer referencia a la violencia de género representa reconocer un mecanismo político cuyo fin es mantener a las mujeres en desventaja y desigualdad en el mundo y en las relaciones con los hombres, permite excluir a las mujeres del acceso a bienes, recursos y oportunidades; contribuye a desvalorizar y denigrar a las mujeres y reproduce el dominio patriarcal. Se trata de un atentado a los derechos humanos de las mujeres y es uno de los más graves problemas sociales de este siglo.
El feminismo estudia y denuncia esta violencia, la hace visible y abre espacios para discutirla, pero principalmente para erradicarla. Por ejemplo, COVAC dio a conocer propuesta esperanzadora,[5] entre la que destacan los siguientes aspectos:
- La construcción de la ciudadanía, representa la más eficiente estrategia para romper el círculo de la violencia puesto que este problema es un asunto de incumbencia pública y de amplias repercusiones sociales,.
- El combate a la violencia de género tiene más que ver con un enfoque de políticas públicas integrales que con enunciarla como un problema en sí mismo. El carácter multifactorial de este problema y el recurrente planteamiento de la dependencia económica de las mujeres con respecto a su agresor, obligaría a establecer propuestas y programas de gobierno legados al sector laboral.
- La violencia de género tiene como trasfondo el aprendizaje de un modelo pedagógico ampliamente difundido en donde la solución de los conflictos no pasa por la negociación de las diferencias. Nuestros modelos autoritarios aprendidos no dialogan con el diferente (el niño, la mujer, la gente anciana), los conflictos se resuelven a través de la imposición. Se requiere una nueva pedagogía en donde la diferencia no sea sinónimo de desigualdad.
La violencia de género no podrá ser abatida o erradicada sin la transformación de los hombres y las mujeres, bajo un modelo de Derecho que la sancione, no basta denominarla o castigarla, se debe coadyuvar para erradicarla.
Y siempre pienso en la violencia como un acontecer lejos de casa
Pero no es así.
No es propia del varón o del guerrero
No del violador, No del asesino o del mendigo
Tiene los rostros de los habitantes de esta tierra
Las formas de revolución sangrienta
De brazos caídos, de silencios e indiferencia
No, no es verdad que sea un acontecer lejos de casa
Es un acontecer en el fluir de la sangre
Y en el palpitar del corazón d e cada hombre
Es ahí donde se encuentra su morada
¿Por qué entonces, pienso la violencia como un acontecer lejos de casa?[6]
NOTAS:
[1] Víctor Ronquillo, Las muertas de Juárez, Grijalbo, México, 2000
[2] Sarah García Silberman, “La violencia como fenómeno mediático y de salud pública”, en Violencia y Medios, CIDE/ INSYDE, México, 2004, p.101
[3] Rosa María González Victoria, “Algunas reflexiones sobre la noción violencia de género”, Pachuca, Hidalgo, México, 2008, inédito, p.1
[4] Rosa María González Victoria, op. cit, p.1
[5] Eduardo Soto, “Para canalizar la agresión”, en Prometeo, México, n.38, 2004, p.90
[6] Luisa Ramírez, “Rostros”, en Prometeo, México, n.38, 2004, p.77
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