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La abuelita de Batman



Por Silvia Rodríguez Trejo
Profesora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, y colaboradora en el Programa de Radio "Quinto Poder" en Radio Universidad de Hidalgo


"Soy histérica, loca, desquiciada,
pero a la eternidad ya sentenciada"

Sí, aunque suene sorprendente y hasta cierto punto fuera de lugar, pero con ese apodo era conocida por la Zona Rosa de los años ochenta uno de los personajes más importantes y pintorescos, controvertidos y libres de nuestra mitología mexicana, me refiero indudablemente a la "Undécima musa", a la inigualable escritora y poetisa Guadalupe "Pita" Amor.

Hablar de su vida y obra de manera esquemática y normal, sería para ella una afrenta, algo "vulgar" que no toleraría -ella odiaba lo vulgar-, como odiaba todo lo que era "naco", feo y corriente, puesto que entre sus características definitorias estaba la soberbia, el gusto por lo exquisito, lo excéntrico, lo refinado, ya que nunca olvidó sus orígenes aristocráticos ni los pañales de seda en que nació, aunque ya de mayorcita se rehusaba a usar siquiera pantaletas bajo sus vestidos transparentes, para burla, y escándalo de una sociedad que nunca la entendió.

Su mayor aprendizaje lo obtiene gracias a la extensa biblioteca, propiedad de su padre y en donde se da su incomparable educación literaria, teniendo entonces como guía y ejemplo los escritos y poemas de Sor Juana Inés de la Cruz, Balzac, Lope de Vega, Rubén Darío y Dostoievski, entre otros grandes genios de la literatura universal.

Pero si a alguien o a algo habría que echarle la culpa por el carácter tan fuerte y brusco de nuestra Undécima musa, echémosle esa culpa al México en que nació, el México de 1918, un México recién parido por un movimiento fraticida, un México revolucionario y bronco, donde quien tenía más saliva, comía mas pinole, donde se inventaron y creyeron fantasías como el reparto agrario y la tierra y libertad, donde la esperanza era lo único con que se llenaban la panza los miserables, mientras que los más miserables, los mezquinos, se llenaban las chaquetas de medallas y los bolsillos de dinero... tal vez, solo tal vez, Pita Amor haya encarnado al México que no se deja, y que se burla de todo y de todos, que sólo tiene fe, esperanza y caridad por una sola persona en este mundo; ella misma... así ese carácter fuerte y bronco sólo ve por sus ojos hacia sus propios ojos, ella, con el paso del tiempo, se convierte en su propio Dios.

Desde muy joven tiene contacto con personajes del mundo literario, de la farándula y la pintura, entre quienes destacan Diego Rivera, Tamayo, Orozco, Octavio Paz, Juan José Arreola, Gabriela Mistral, María Fëlix, Pina Pellicer, Alfonso Reyes y un enorme etcétera, ya que su poder de atracción, debido a su gran belleza y a su clara inteligencia la hacían imprescindible en las reuniones, sin contar conque su casa era punto de encuentro y escenario de fiestas sin fin.

Admirable resultó para muchos que, entre fiesta y fiesta, entre trago y trago, de pronto lanzara su primer libro titulado "Yo soy mi casa", obra con la que inicia su fructífera labor literaria, de donde se extrae lo siguiente:

Yo soy cóncava y convexa;
dos medios mundos a un tiempo:
el turbio que muestro afuera,
y el mío que llevo dentro.
Son mis dos curvas-mitades
tan auténticas en mí,
que a honduras y liviandades
toda mi esencia les dí.

Y en forma tal conviví
con negro y blanco extremosos,
que a un mismo tiempo aprendí
infierno y cielo tortuosos.

A este libro siguieron varios más, su genio y creatividad no tenían más límites que el día, ya que a esa hora dormía y, se dice que, aun cuando llegaba en la madrugada, si de pronto sentía la imperiosa necesidad de escribir, podía tomar su lápiz de cejas y escribir sobre una bolsa de pan hasta plasmar sus sentimientos, deseos y emociones, así, genera obras dedicadas a la vida, la muerte, la agonía, y unas "Décimas a Dios", que tal vez la reivindicaron incluso ante los ojos del creador:

"Eres mi meta anhelada,
mi esperanza en el trayecto,
el solo sendero recto,
la luz en la encrucijada,
eres la quietud soñada,
el silencio sin tortura,
la libertad en clausura,
la fe sin exaltación,
el imán de la razón,
y el éxtasis que perdura".

Y vivió dichas y placeres, noches de juergas y tertulias, cambiaba de amantes como de zapatos y aún y cuando contaba con un extenso y costoso guardarropa, su afición a vestir un abrigo de mink para caminar sobre paseo de la Reforma se hizo leyenda. Era ella y su abrigo de mink, era su abrigo de mink y ella completamente desnuda, era para ella misma "la reina de la noche", una reina que paseaba su belleza, que aún al lado de la Félix preguntaba, induciendo la respuesta... "verdad que soy más bonita?"

Pero mujer al fin, decidió que por serlo debía también ser madre y tuvo un hijo, de padre muy conocido que al saber a Pita embarazada, la dejó sola. Tal vez esa fue la razón por la cual, al momento de nacer lo entrega a una de sus hermanas para que se haga cargo del niño que, por desgracia muere antes de cumplir los dos años, y, a partir de este trágico hecho, Pita Amor, la "undécima musa" cambia las luces de la noche y las estrellas por un cuarto sombrío, se refugia en una lastimera soledad cortando de tajo, cualquier tipo de contacto con su vida pasada.

Casi diez años se olvida de sí misma, su cuerpo voluptuoso se convierte en una ruina, su rostro, cuando vuelve a salir a la luz pública, lo cubre de enormes capas de pintura, queriendo reconstruir lo último que el mundo vio; pero el pasado no vuelve y ella volvió del pasado, y si bien es cierto su belleza no impactó, su presencia, su sola presencia y su genio cimbraron de nueva cuenta a un público conocedor que se volcó cuando en su primer recital, presenta en el escenario poemas de Octavio Paz, Sor Juana, Villaurrutia, Alfonso Reyes, y la incomparable Pita Amor... al terminar el último poema, la sala entera la ovacionó de pie, durante 15 minutos... Sí, a eso había regresado, a ser admirada, a ser vitoreada, a ser lo que siempre fue: una diosa.

Pero si antes era dominante, mandona y soberbia, a su regreso era déspota y gozaba con humillar a quien se le pusiera enfrente, y cuenta cómo se divertía haciendo sentir mal a los demás, era una especie de revancha, de veneno que destilaba a veces en dosis pequeñas, por goteo, a veces como balde de agua. En una entrevista aparecida en la revista Vogue comentaba:

"Yo no soy buena, todos mis actos de bondad provienen de mi entendimiento, no soy buena y no tengo por qué serlo, ¡ bastante hago con ser genial ¡ cuando veo a un grupo de mujeres vulgares, feas, comunes y corrientes, les digo, '¿oigan ustedes, por qué no se suicidan? ¿por qué? responden y yo les digo: por estética, por estética" y reía...

A veces era lapidaria y cruel. Cuando le preguntaron acerca del terremoto que devastó a la ciudad de México en el 85 sólo contestó: ¡qué bueno, es una poda de nacos!

Cuestionable en muchos aspectos, condenable en otros , y en los más admirable, por su capacidad creadora, por la belleza de su poesía, por generar en cada lector, en cada escucha la reflexión, el sentimiento la emoción... sí, efectivamente era una diosa, una diosa que perdió la cordura, una diosa que, tal vez por serlo, dejó de estar en este mundo real que considera que los dioses no existen, y ella creo su mundo y salía a buscarlo cada día, cada tarde, cada noche, y sus siervos eran los habitantes de la ciudad de México, los que vivían en la colonia Juárez, los que deambulaban por la Zona Rosa.

Y entonces por la década de los ochentas se le veía, vistiendo atuendos llamativos, con flores en la cabeza, quizá coronada con ellas, como las verdaderas diosas, y armada con su inseparable bastón que a la vez de ayudarla a caminar, con él aporreaba a cuanto pobre sujeto se le ocurría, ya sea por estorbarle en su camino, por decirle palabras groseras, por burlarse de ella o por el hecho de ser naco y vulgar, feo y nauseabundo. Allí andaba ella, toda ella, en su reino, en su mundo. Sí, se creía superior, pero porque efectivamente lo era... hasta el día en que, por fin se fue a su propio reino, cerró los ojos para no ver más sus calles, su Paseo de la Reforma, su Zona Rosa, la "abuelita de Batman" se fue, pero nos quedó el recuerdo de la reina de la noche, aquella bella mujer que, desnuda y envuelta en su abrigo de mink daba vida a una ciudad que prometía ser el paraíso terrenal, ciudad que ahora, convertida en un infierno, guarda algunos ecos que, si se pone atención, se pueden escuchar en la voz fuerte y soberbia de Pita Amor:

"Shakespeare me llamó genial
Lope de Vega infinita
Calderón Bruja Maldita
Y Fray Luis, la episcopal;
Quevedo, grande inmortal
Y Góngora, la contrita,
Sor Juana, monja inaudita,
Y Bécquer, la mayoral,
Rubén Darío , la hemorragia:
La hechicera de la magia
Machado, la alucinante
Villaurrutia enajenante
García Lorca, la grandiosa
¡ y yo me llamé la Diosa!






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