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Mujeres víctimas de la barbarie



Por Sara Lovera
Periodista desde hace 40 años, fundadora de Comunicación e Información de la Mujer AC(CIMAC), fue directora del suplemento Doble Jornada, y actualmente es corresponsal de Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y del Caribe(SEMlac) en México; integrante del Consejo del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal; conduce y codirige Mujeres en Movimiento y participa en la Mesa Periodistas de Capital 21, el canal por internet de la Ciudad de México. Es editorialista de Antena Radio, MujeresNet, Cuadernos Feministas, y Proceso digital. En 2005 fue nominada al Premio Nobel de la Paz.


En Monterrey, el 25 de agosto se recordará como uno de esos días que acicatean el alma y producen tal indignación que supera toda inteligencia. No puede combatirse la violencia con violencia.

En ello estamos de acuerdo miles de mexicanos y mexicanas. El documento de 36 propuestas elaborado por la UNAM establece claramente que la estrategia contra el crimen ha sido una equivocación y proponen que los militares deben volver a sus cuarteles.

Los hechos en el casino Royale donde perdieron la vida 40 mujeres y un número no determinado de hombres, es una clara evidencia de la lucha patriarcal, de la irracionalidad en que está sumido el país, sin timón, sin estrategia y sin camino. La muerte de miles de civiles en los últimos seis años, sin explicación racional, excepto el de una una guerra, según el hombre que desgobierna desde Los Pinos, hoy él mismo define como terrorismo.

¿A dónde se quiere llegar? me pregunto. Nos están mandando un mensaje de que no existe territorio alguno donde no gobierne el crimen. O nos están diciendo, con tres mil policías y militares, que el país no tiene solución democrática.

Hay personas muy mal pensadas o pensantes que advierten que estamos frente a un poder policiaco y militar, donde no existe la seguridad ciudadana por el crimen organizado, ese que se organiza desde los poderes fácticos, los gobernantes, los políticos de distintos niveles, y quienes apuntalan cerrarle a la ciudadanía una solución pacífica y democrática.

Tengo que preguntarme si existe alguna posibilidad de realizar elecciones en México; si hay alguna posibilidad de parar el crimen.

Rociar con gasolina un sitio público, me remontó a los años de las dictaduras en América Latina, donde los gobiernos militares se instalaron frente a la ingobernabilidad de los civiles, dijeron, porque tenían que acallar a pueblos enteros en protesta.

Ahora, como Felipe Calderón llama enemigos a las bandas que ayudó a hacer visibles; a grupos paramilitares que existían en México, a delincuentes que tienen y se benefician de toda clase de negocios, esos que como dicen algunos intelectuales tienen permiso para matar.

Estamos todas y todos en riesgo, sistemáticamente, nos movemos en medio de una selva espesa y opaca que nos produce mucho dolor. Calderón se quiere justificar. Se le ha retado, muchas voces están ciertas de que se equivocó; a cambio, su actitud y sus palabras son idénticas a las de los militares sanguinarios de Argentina o a las justificaciones de Augusto Pinochet en Chile, a George Bush frente a los ataques a las Torres Gemelas, que luego se supo que exageró e inventó el origen real de tales ataques, para irse contra los países que tienen el petróleo y la seguridad material para sostener el dominio del imperio.

En México no sabemos contra quién o quiénes se combate, por qué tanta locura armada, por qué el empecinamiento. Su jefe de seguridad frente a las propuestas de Vicente Fox, asume que se perdería ¿Qué se perdería? pregunto, frente a la pérdida cotidiana de vidas, de tranquilidades, de progreso.

No hay palabras para seguir. Desde estas líneas sólo quiero poner nombre a 33 de las 40 mujeres que ahí murieron.

Mujeres que estaban en su ludoterapia, en lo que se quiera decir, eso es harina de otro costal, lo que importa, como a las víctimas de Acteal -otra barbarie- que no se nos olviden, porque son víctimas de esta política, que los sabios dicen, es equivocada; víctimas de un enfermo de violencia e irracionalidad que tiene casi cinco años en la casa presidencial, un loco de poder que solamente maneja un lenguaje vengativo e irracional.

Se han identificado 33 mujeres entre las víctimas inocentes de esta masacre. El domingo 28 se sabía que fueron 40, pero no tienen todavía nombre, por no estar identificadas:

1.     Adelina Hernández Huerta
2.     Aída Cavazos de la Peña
3.     Azucena Rocío Dávila de la Garza
4.     Carmen Adriana Flores
5.     Edith Castillo Ramírez
6.     Flor María Hernández Gómez
7.     Idalia Elizabeth Walls
8.     Irma Sofía Vélez Álvarez
9.     Isabel Ladrón de Guevara
10.  Juana Saldaña García
11.  Julia Yuridia Cardona Morales
12.  Karla María Espinosa Vega
13.  Laura Adriana Gregorio Navarrete
14.  Lilia Elma Vela Vázquez
15.  Lorena Villarreal Elizondo
16.  Lucía del Carmen Anguiano Lucio
17.  Magda Liliana González Zamarripa
18.  María de los Ángeles Pérez Patlán
19.  María del Carmen Martínez
20.  María Dolores Campos Rodríguez
21.  María Elena Moreno Luna
22.  María Esperanza Alanís Chapa
23.  María Guadalupe Monsiváis Estrada
24.  María Hilda González González
25.  María Martha Navarro Moreno
26.  Martha Elena Gutiérrez
27.  Miriam González González
28.  Nora Elia Ortegón de Lomelí
29.  Petra Bustos Vázquez
30.  Priscila Barbosa Zapata
31.  Rosa María Ramírez Díaz
32.  Sara Aurora Ramírez
33.  Yolanda Rocha Delgado

Quien mandó esta lista para que no se nos olviden, agregó en su envío: "Desalienta que a la par que hemos avanzado en la creación de mecanismos que previenen y atienden el problema de la violencia contra las mujeres, aumenta el número de feminicidios".

En Nuevo León 74 mujeres fueron asesinadas en el 2010.En lo que va de 2011 se han cometido 143 asesinatos contra ellas, de ellos 10 en contra de menores de edad. El mayor porcentaje de los hechos delictivos se registra en Monterrey, la ciudad más poblada de esa entidad ubicada al norte del país.

A las estadísticas de la pérdida de vidas humanas hay que añadir la omisión o inacción del Estado, al no brindar seguridad ni protección a sus habitantes para reducir los índices de criminalidad o eliminar el problema. Además, la mayoría de los asesinatos suelen quedar en la impunidad por una deficiente investigación o por falta de denuncias, sobre todo cuando son cometidos por la delincuencia organizada, a la que se le imputa el mayor número de los asesinatos de mujeres y quién sabe si es cierto. No tenemos registros confiables, a pesar de que la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida sin Violencia lo establece y reclama desde 2007.






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