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La verdad del crimen



Por Sara Lovera
Periodista desde hace 40 años, fundadora de Comunicación e Información de la Mujer AC(CIMAC), fue directora del suplemento Doble Jornada, y actualmente es corresponsal de Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y del Caribe(SEMlac) en México; integrante del Consejo del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal; conduce y codirige Mujeres en Movimiento y participa en la Mesa Periodistas de Capital 21, el canal por internet de la Ciudad de México. Es editorialista de Antena Radio, MujeresNet, Cuadernos Feministas, y Proceso digital. En 2005 fue nominada al Premio Nobel de la Paz.


El doble homicidio que dejó sin vida a las periodistas Ana María Marcela Yarce Viveros y a Rocío González Trápaga, una fundadora de la revista Contralínea, ambas colaboradoras de la revista de la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI), cuyo dueño y director fue asesinado también. Rocío González, además, funcionaria o co-dueña de una casa de cambio en el Aeropuerto Internacional de la ciudad de México, requiere de una clarísima investigación, de transparencia y de justicia, porque hasta hoy el gremio de la comunicación no ha conseguido que uno sólo de los asesinatos de periodistas sea aclarado.

Las dos mujeres halladas en un parque, desnudas y con claros signos de haber sido asfixiadas con una soga, con impactos de bala en cuerpo, cubiertas por un plástico gris, fueron agredidas con saña, violencia en la que debieron intervenir más de una persona, además de otro impacto en la pierna de una de ellas, dice la autoridad policiaca "no fueron torturadas" y el modo como resulta el asesinato, guste o no, incluye el perfil del delito de feminicidio tipificado en el Distrito Federal.

Además, del dolor de su familia, de la indignación del gremio en todo el mundo, que alerta a periodistas porque la revista Contralínea ha sido sistemáticamente sometida a persecución, amenazas, asalto a sus oficinas, ha producido una fuerte indignación.

Hasta ahora en la última década más de 72 periodistas han perdido la vida en condiciones muy diversas, donde las autoridades del país y los estados de la República no aclaran, no investigan debidamente. Es tiempo de obtener respuestas, no importa a nadie cuáles son los móviles que llevaron al asesinato de informadores. Si se sabe, en muchos casos que contrario al ambiente de hostilidad y agresión contra la libertad de expresión, las agresiones hasta en más del 60 por ciento provienen de las mismas autoridades.

Todo ello, más los elementos irresponsables introducidos por la procuraduría capitalina, a cargo de Miguel Ángel Mancera, en declaraciones apresuradas como que "una de ellas tenía por ahí un pretendiente que la hostigaba" y pudiera ser "pasional" como dijo el procurador capitalino ante cámaras y micrófonos, construye más que seriedad, una serie de especulaciones insanas e innecesarias.

También el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard, ha dicho que "no hubo tortura", como quien dice que un asesinato con saña y violencia, con elementos de maquinación criminal donde un simple robo no lo explica, ¿no es tortura? y entonces se empiezan a tender cortinas de humo.

No es justo. Lo único necesario, urgente es que nos digan la verdad, investiguen, trabajen y dejen las declaraciones a un lado. La enorme mayoría de los hechos criminales en México quedan impunes y se lanzan argumentos sobre la o las víctimas que satisfacen a quienes, en verdadera actitud de "policías chinos", lanzan especulaciones que muy pronto operan a favor de quienes perpetran esos crímenes, ocupándose de la vida privada de las víctimas y muy poco de los verdaderos factores que producen estos hechos.

¿Por qué preocupa tanta superficialidad? Sencillamente porque hoy las y los periodistas, como la población mexicana requerimos algo de esperanza, una luz, una señal que nos diga que no habrá impunidad sin exigir, que esto suceda en unas horas.

Muchas voces se levantan en las redes sociales, en declaraciones, envío de mensajes, para que se haga justicia. Hoy, hay un entramado que trata de alejar el hecho de la actividad profesional de las víctimas. También se teme reconocer que se trata de un feminicidio, como si ello obstruyera las líneas de investigación que debe seguir la autoridad.

Por otro lado, también entran en este juego perverso los medios de comunicación que también especulan. La urgencia de que la autoridad actúe tan rápidamente como se exige la noticia. No basta con el hecho, ese que lacera, que muestra el grado de descomposición de la sociedad mexicana que vive día a día una espiral de violencia, en un país donde, dijera un analista, se tiene permiso para matar, porque lo que campea es la impunidad.

También duele que vuelva al escenario un lenguaje, que en el Distrito Federal pensábamos proscrito, cuando sostienen que se trata de un asesinato "pasional", dice Mancera, quien introduce simbólicamente una descalificación.

¿De qué tamaño es el crimen?, nos tenemos que preguntar una y otra vez, en un ambiente donde las informaciones sobre este hecho acaparan las principales noticias de todo informativo. Donde miles y miles de mujeres han perdido la vida sin culpables ni procesos, donde se banaliza la realidad y se ha perdido la brújula civilizatoria y humana.

De este doble homicidio lo que queremos es la verdad. No en 24 o 36 horas, pero la exigencia de una multitud de organismos civiles, del gremio, de los funcionarios y directivos de la Revista Contralínea es que las autoridades realmente trabajen. Sabemos que hoy como nunca cuentan con herramientas científicas y capaces. En el Distrito Federal, en casos de público interés, se ha podido avanzar. No debería ser diferente en el caso de estas dos compañeras de gremio.

Antes que alarmarnos, regar lágrimas y quejas por todos lados, nos indigna lo que ha sucedió, como nos indigna no encontrar a Adriana Morlett, como nos llena de impotencia no saber dónde están los perpetradores de los miles de feminicidios en todo el país, como nos indigna la inoperancia de las autoridades frente a la denuncia de cientos de desapariciones, de vejaciones a los inmigrantes que cruzan el país.

De ese contexto es de lo que hablamos hoy. La triste historia del sexenio de Felipe Calderón, lo que no puede admitirse es que en nombre de la persecución del crimen organizado, haya miles de familias enlutadas por una operación indeseable de la policía y de las fuerzas armadas.

Amnistía Internacional ha dicho, a propósito de este doble homicidio, que es claro que las autoridades no han logrado cumplir con la ley que debiera garantizar una vida sin violencia para las mujeres.

Por ello queremos saber qué conexión tenía el trabajo profesional con el crimen; si recibieron amenazas, si fueron secuestradas y luego abusadas y asesinadas; queremos saber qué pasa con la mafia que actúa en el Aeropuerto Internacional donde Rocío González era socia o dueña de una casa de Cambio; queremos que no especule la autoridad, que no salga y diga "no hay tortura", que pena con el señor procurador del Distrito Federal que diga, "tal vez es algo pasional" ¿cómo?

Y no que habíamos caminado a pasos agigantados en el Distrito Federal en materia de género y todos los funcionarios toman clases con la creen de la creen del feminismo mexicano. ¿Cómo señor Mancera? ¿Pasional? como los más atrasados procuradores de México, acción de miedo le pregunto.

En realidad la palabra feminicidio asusta, porque se atenta contra la autoridad patriarcal, pero ésta, la del feminicidio es la forma en que fueron asesinadas las periodistas y el móvil, en el que juega la condición de mujer, puede resultar en varias vertientes, que es la autoridad la que debe investigar, sustanciar, convencernos de que lo hará en forma adecuada, pronta, objetiva e imparcial.

A qué viene la aclaración "no hay tortura", otra vez ¿no le parece tortura a las autoridades la asfixia, la colocación de la soga, lo que tuvo que suceder y cómo en el ataque. No queremos en público los detalles, pero es un poco tonto decir eso ¿no le parece señor procurador?

Es la verdad la que nos urge, porque las especulaciones desde el primer momento en que se supo la noticia nos atosigan. Es verdad que, como dice Amnistía Internacional, hoy no tenemos resultado, ni uno sólo que nos diga por qué se asesina a periodistas en todo el país -11 en lo que va del año- y por qué las mujeres no tienen la seguridad de acceder a una vida sin violencia, es verdad que el robo es un móvil, pero en este caso la saña y la forma de asesinarlas nos deja con la boca seca.

Hasta el cierre de este texto se había precisado que la casa de cambio Eurodólar S.A., ubicada en la Terminal 1 del aeropuerto capitalino, era propiedad de Rocío González Trápaga y que ella había llamado por teléfono a su familia para decir que tenía un grave problema. Se ha conocido que sacó una fuerte cantidad de dinero de su casa de cambio y luego, unas horas más tarde, fueron hallados los cuerpos, en Iztapalapa, donde ambas tenían su domicilio.






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