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Leonora de Elena y de todas nosotras
Foto: www.diarioup.mx
Por Aura Sabina
Estudió Ciencias de la Comunicación (FCPyS), es poeta y colabora en varias revistas independientes.
"Yo sé que soy un caballo, mamá. Por dentro soy un caballo, pero estoy disfrazada de niña", le decía a Maurie su mamá, quien se empeñaba en que recibiera una buena educación. Leonora nació el 6 de abril de 1917 en Lancashire, bajo el signo de aries. Su padre era un hombre de negocios de la industria textil. Fue educada por Mary Kavanaugh, una irlandesa que influiría en la capacidad de creer en la magia.
A principios de este año, Elena Poniatowska publicó Leonora , la "biografía novelada" de Leonora Carrington. Y como la novela que es, tiene alto contenido de ficción. De qué otro modo se puede narrar la vida de una de las más destacadas pintoras surrealistas. Independientemente de los datos duros que se han revelado ya en otros trabajos, creo que echarle un vistazo a esta novela es fundamental si se quiere seguir soñando con "La Novia del Viento", la señora de los alcatraces de luz.
Originalmente, Leonora sería educada con todas las normas urbanas de etiqueta. A medida que crecía, intentaron educarla en conventos como el del St Mary Ascot, donde fue aceptada luego de ser expulsada del Santo Sepulcro, pues ya desde pequeña mostró que no estaba hecha para obedecer, que el mundo no está regido por el deber ser y que ella tenía capacidades intelectuales y espirituales más desarrolladas
Para Harold Carrington y su esposa no fue nada sencillo entender que Leonora necesitaba salir de Inglaterra, estudiar pintura. Viajar, enamorarse, enamorar a los demás...
Nuestra entrañable pintora conocía perfecto la solemnidad, de tal manera que la rechazó. No le importó ser invitada de honor en el palacio de Buckinham, donde muchos, incluso en la actualidad, morirían por estar. Ella en cambio lo consideraba soso y superficial. Carrington siempre fue en búsqueda de lo intenso, lo profundo y verdadero. Sus inquietudes espirituales marcaron su búsqueda de un proyecto de vida.
Halló en la pintura (y un poco también en las letras) su modo de trascender en el mundo. Pero como toda artista, requería también disciplina y empezó a adquirirla en la academia del pintor francés Amédeé Ozenfant.
Leonora decía que poseía dos ojos: el derecho, era un telescopio que permitía ver todo lo exterior. El izquierdo era un microscopio que permitía ver hacia ella misma.
Por esos tiempos conoció a uno de sus grandes amores, Max Ernst, a quien debemos que se le llamara a Leonora " La Novia del Viento", un pintor surrealista alemán bastante controvertido. Nada, nada puede compararse con el amor que le tuvo a ese hombre tan generoso que le llevaba 34 años. Lo amó enloquecidamente, como se ama a los veinte, porque mientras estuvo a su lado se dejó fluir. Juntos experimentaron con diversas sustancias enteógenas, la contemplación de la naturaleza y la pasión por la pintura y por ellos mismos.
Al estar inmersos en el movimiento surrealista, junto con Breton, Magritte, Picasso, exploraron y expandieron sus límites como seres humanos, en contacto constante con el espíritu. Leonora estuvo con él por tres años, aún a pesar de su esposa Maria Berthe, quien a pesar de que Ernst nunca ocultó lo que tenía con Leonora, Mary Berthe se aferró. Así, ambas mujeres perdieron un poco de su cordura por amarlo. Pero hablar del surrealismo en sí nos llevaría horas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Leonora y Max fueron separados Esto la pone verdaderamente mal, fuera de este mundo. Sus amigos, Michel y Catherine quisieron rescatarla de la guerra, pero Leonora estaba "insoportable" y es recluida en un hospital psiquiátrico de Francia por una larga temporada, y después de huir, busca a Renato Leduc, embajador de México en ese mismo país.
Se hacen amigos, se enamoran (en el libro de Poniatowska, claro está). Renato se casa con ella y se la trae a México. Funciona un rato, pero la intensidad de Leonora, y el oficio de periodista y la pasión por los toros de Leduc forman grietas irreconciliables entre ellos. Conoce a Remedios Varo, quien se volvió su alma gemela en la pintura y en la vida cotidiana, en el constante vivir y cuestionarse. Y a Kati Horna, fotógrafa, húngara que sería su inseparable. Las mejores amigas que nada, más que la muerte, las separó.
Conoció al fotógrafo húngaro Chiqui Weisz de quien se enamoró y por quien dejó a Renato. Vivió con él muchos años y formó una familia con dos hijos, Gaby y Pablo. Mil cosas más se pueden decir de la vida de Leonora, de su pintura rebelde o su escritura desconcertante. Pero yo rescato la intensidad, la capacidad de ver las cosas sutiles, las que verdaderamente valen, las del espíritu. Nunca dobló las manos ante nada ni nadie, ni siquiera en su beneficio o por seguridad. Está considerada como la mujer surrealista por excelencia, pero más que surrealista, la considero hiperrealista (válgame el término), porque su sensibilidad le permitía ver cosas que una persona ordinaria jamás advertiría. Una mujer que amó la vida y que de haber sido posible hubiese elegido la inmortalidad.
Ahora quisiera hablar de manera precisa sobre su relación con el director de teatro y cine Alejandro Jodorowsky, que hoy es conocido por sus técnicas de psicomagia, y a quien admiro peculiarmente. Ellos tuvieron una amistad que de tan intensa definitivamente no pudo extenderse. Leonora fue una maestra espiritual para él que apenas estaba entrando en el rollo de la magia y la chamanería. Juntos montaron la obra de teatro Penélope . Era una diosa para él, una maga, una suma sacerdotisa de quien aprendió lo mínimo indispensable de la alquimia.
Alejandro Jodorowsky estaba impactado por el universo de Leonora, porque para cuando Alejandro llegó a México, Leonora ya tenía introyectado el realismo mágico de nuestra cultura. Familiarizada con las tradiciones del día de muertos, un día lo citó en un hotel, y le pidió que fuera vestido de rigoroso color negro. Ella llegó igual. Sacó de una cajita dorada dos calaveras de azúcar: una decía "Leonora", y se la entregó a Alejandro. La otra calaverita decía "Alejandro", y ella se la quedó. Y lo único que ella le dijo fue: "ahora devorémonos". Al terminar, Leonora se fue.
Decenas de anécdotas se rescatan, como cuando dos personas se quieren más allá de las etiquetas de discípulo, amante o amigo, aunque basta decir que fueron la fusión alquímica para producir éter.
Pero un buen día, tenían que separarse. Leonora le regaló estas palabras como despedida, como lo relata Jodorowsky en su libro El maestro y las magas :
"Antes de que te vayas quiero que sepas que tu aparición, absolutamente esencial para mí, sobrepasa los límites personales, los cuerpos celestes que brillan en las cavernas de los dioses animales o en lo que murmura entre mis cabellos la mantis religiosa. Sobrepasa aquello y quizá más aún, siempre bajo la amenaza del cuerpo humano. Hablo sumida en el tiempo.
"Este cordón umbilical existe sólo si nosotros permitimos su existencia. Tú puedes cortarlo siempre; pero en la medida en que lo quieras, él estará ahí. Para ti soy exactamente lo que tú deseas. Mas nunca creas que puedes perderme si hacia ti mi rol cambia. Eso podría suceder, porque puedo también ser tu abuela barbuda y sin dientes o tu espectro o un lugar indefinido. Si alguna vez me retiro, por razones humanas o no humanas, no debes jamás tener miedo de buscarme porque siempre sabrás encontrarme cuando así lo anheles.
"Más tarde nos comunicaremos de una manera tan perfecta que los terrores y debilidades se transformarán radicalmente en puentes. Mientras tanto los senderos permanecen cálidos y abiertos. Si por azar cortas por un tiempo la comunicación ordinaria, yo estaré aquí siempre que lo quieras porque los elementos subterráneos no dependen de ninguna manera de nuestra voluntad".
Tenía tres meses con la inquietud de conocerla, aunque fuese a lo lejos, para saber cómo se sentía, como vibraba Leonora. Una noche mágica en Tepoztlán la soñé. Ahí estaba, bellísima, solitaria, con el seño fruncido. Dos días después, el 25 de mayo, su vida se hizo humo.
Aquí dejo las palabras que no pude contener.
Sueño sin fin
Silencio, la Mujer-caballo ha dormido. Soñará sihdes y caracoles. A galope recorrerá las espirales ascendentes. Todas las noches serán de plenilunio.
T o d o s l o s v a s o s c o m u n i c a n t e s l l e g a r á n a su a l m a.
Conejos
cósmicos
la esperan.
Estallarán astros multicolor para darnos consuelo; este mundo se despuebla de m u j e r e s que nos hagan creer en el absurdo de los sueños y los deseos, los mismos que sostienen a la humanidad.