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Elba Esther: ¿poder quebrado?



Por Sara Lovera
Periodista desde hace 40 años, fundadora de Comunicación e Información de la Mujer AC(CIMAC), fue directora del suplemento Doble Jornada, y actualmente es corresponsal de Servicio de Noticias de la Mujer de Latinoamérica y del Caribe(SEMlac) en México; integrante del Consejo del Instituto de las Mujeres del Distrito Federal; conduce y codirige Mujeres en Movimiento y participa en la Mesa Periodistas de Capital 21, el canal por internet de la Ciudad de México. Es editorialista de Antena Radio, MujeresNet, Cuadernos Feministas, y Proceso digital. En 2005 fue nominada al Premio Nobel de la Paz.


A lo largo de la historia de la humanidad donde el poder de los hombres nos ha dejado una perfecta cultura misógina y machista, ha denostado a cuanta mujer se ha encumbrado con las mismas armas que los poderosos y/o con las armas "femeninas" de la belleza y la seducción.

Cualquier mujer trasgresora, enajenada al poder o no, elocuente, hábil, apetitosa por la ambición de poder, apasionada o simplemente bella y seductora ha puesto de relieve, sin descanso, un odio masculino que acabó con el prestigio y la moral de figuras como la Malinche, Cleopatra, Carlota (la mujer del archiduque de Austria), Catalina la Grande o la Güera Rodríguez. No importa la época o la situación. Siempre es igual.

Recientemente en México se desarticuló la imagen y el futuro de un puñado de mujeres que lograron tener poder real y que hoy están en el basurero de la historia. Razones ha habido, sin duda. Es suficiente recordar las historias truculentas en las que estuvieron envueltas Martha Sahagún de Fox, Rosario Robles, Amalia García y Beatriz Paredes, llevándose en la cola a otras como Dulce María Sauri y Patricia Mercado, todas ellas juntas para celebrar el 50 aniversario del voto femenino.

Naturalmente hay desmemoria. Estas mujeres que recorrieron los mismos caminos de quienes traicionaron sus ideas, sus ideales y sus propósitos, por alcanzar espacios propiedad de los hombres y como ellos cometieron errores de los más simples a los más tremendos, se les ataca profundamente, en su ser mujer.

El enfrentamiento verbal entre un delincuente Miguel Ángel Yunes y una dirigente poderosa asentada en una documentada estructura de poder corrupto, Elba Ether Gordillo, nos ha mostrado ampliamente el cinismo de la clase gobernante por una parte y, por la otra, lo único que se ha ocurrido a las huestes de las redes sociales y de esta rápida comunicación por la Internet, es mostrar una fotografía retocada de la profesora, con el busto al aire y una cara de bruja inexpugnable.

A Martha Sahagún, que hábilmente encabezó un proyecto político evidente, se le atacó por su decisión de tomar del poder, no como eso sino por "gobernar tras el trono", llenándola de ideas sexuales y de bruja. Nunca se le dio la categoría que tenía, una hábil operadora política y decidida al poder.

Lo mismo pasó con la romántica Rosario Robles, quien hasta ahora se salvó de un juicio de la historia. Sus acciones ayudaron a derribar el proyecto político, si lo hubo, de un grupo que buscaba emprender la democratización del país. En virtud de la visión misógina, ella contradictoriamente, se salvó de ser calificada como traidora.

Ni qué hablar del cambio y conversión de Beatriz Paredes y del mal gobierno equivocado que hizo de su gubernatura en Zacatecas, Amalia García, de ella es preferible decir que ha sido manipulada por su hija, restándole la responsabilidad de Estado que la llevó al fracaso. Y así podríamos hablar de cada una, vista como mujer y hasta con lascivia y no como lo que son: políticas enajenadas al patriarcado, corruptas e irresponsables.

El caso de la maestra, que en los años sesenta como sus compañeras de viaje, creía en sus ideas; que en los setenta empezó a tejer su ascenso y llegó hábilmente a la cúpula del sindicato más numeroso, influyente e importante del México contemporáneo.

¿Qué fue lo que a estas mujeres les permitió ese camino? La respuesta es sencilla, incluidas en la vorágine del sistema político nacional, simplemente actuaron como cualquier otro político: usar la demagogia y los recursos de la nación, para hacer su juego.

Cualquiera de ellas se parece a Plutarco Elías Calles, a Carlos Salinas de Gortari o a Fidel Velázquez. Su conducta es igualita, pero hay que denostarlas femeninamente, por el busto al aire, el novio o amante corruptor o los favores de un padrino. Que no es eso lo que son sino parte de un engranaje sustentado en la inmundicia, la impunidad y los negocios, en un país que lo resiste todo.

El escandaloso caso de Yunes vs Elba Esther, no es más que el último capítulo de los acuerdos y necesidades del grupo empoderado. Elba Esther fue llamada -yo estuve ahí- en 1971 por el entonces secretario de Educación Pública, Víctor Bravo Ahuja, para hacerse cargo del desmantelamiento de un tipo de sindicato que no servía ya a los intereses centrales, primero en la Secretaría de Conflictos del SNTE; más tarde para controlar la sección de ciudad Netzhualcoyotl, luego en la sección 36 del Estado de México y más tarde, al lado de Carlos Jongitud Barrios, para asaltar la Secretaría General del SNTE.

Sus habilidades fueron consentidas y probadas durante 30 años. Ella, naturalmente tuvo cómo y con qué hacerse del control del sindicato, en un espacio favorable. Era tan buena y tan hábil que no dudó Carlos Salinas de Gortari para acercarla al verdadero poder, para amasar desde ahí, entre miles y miles de maestros que podrían ser conducidos a apoyar y sustentar el sistema.

Como a todos los alfiles, piezas de un ajedrez, donde se roba y corrompe, la maestra hizo toda clase de favores.

Un día se encumbró por sí misma y en menos de lo que canta un gallo se enfrentó a su partido y creó su propia organización sindical, dejando débil y sin poder a la Federación de Sindicatos de la Trabajadores al Servicio del Estado, luego creó para ella y sus intereses, un partido político propio: el Partido Nueva Alianza (PANAL) y con esas herramientas se le dio la categoría en 2006 de ser la instructora del fracaso de Andrés Manuel López Obrador.

No hay en el SNTE ni en ninguna otra dependencia, verdaderas y eficaces auditorías, ni se levantó el pueblo por el robo a mansalva y permanente de nadie. No pasó nada cuando se supo que el hermano incómodo tenía cuentas millonarias en Suiza, ni se le hace juicio político a quien ha robado sistemáticamente en Petróleos Mexicanos; tampoco ha caído un presidente, que como Felipe Calderón, tranquilamente desde su despacho ha sacado las armas y los ejércitos a las calles. Ni nadie lo llama a cuentas por ser hoy el principal operador de la destrucción de las instituciones.

Elba Esther, de los que todos han recordado en sus sesudos análisis, cómo es que se le dio un cheque en blanco para operar, armar fraudes, movilizar al magisterio y otros sectores para asegurar el poder a un partido y a un presidente, colmando con cinismo por las frases de hace unos días, cuando Calderón reconoce que heredó de Vicente Fox la encomienda para darle a la maestra lo que pidiera, dinero extremo para su sindicato, por no decir que para ella; los puestos que eligiera, los recursos de movilización y acción, sin recato, olvidándose de la educación pública y de todo.

Pero a Elba Esther, la mejor y más completa figura de la tradición carrancista, huertista, del triunbirato y el echeverrismo, entre otros, se le pinta como bruja, enseñando el busto y un abultado vientre desnudo que circula por las redes, sin antes pedir cuentas, indignarse con fuerza por el desgobierno y la mentira en que vivimos.

¿Qué hay detrás? Una fácil: Yunes que es un delincuente es simplemente un traidor y la va a pagar ¿Alguien cree que sabremos del mal manejo de recursos en el ISSSTE? ¿O existe la voluntad política por limpiar de corrupción a este país? O son simples pasajes visuales y auditivos de la desvergüenza y el cinismo, de la paradoja y el festín más tremendo que nos agobia, tal vez es una simple estrategia mediática para diluir el reclamo por ocho mil despidos en Mexicana de Aviación, quizá los 50 mil echados a la calle del Sindicato Mexicano de Electricistas o para que veamos como cosa de estadística la matazón en Monterrey y las diez cabezas que rodaron en Torreón, durante el fin de semana (8, 9 y10 de julio 2011), de siete hombres y tres mujeres.

¿Quién patrocina este nuevo escándalo? Que ha llevado a las primeras planas por 72 horas esta nueva mascarada, que quedará en los diarios como historia, porque al mejor estilo del viejo priismo se paró la difusión por órdenes presidenciales. En fin que no tiene fin, ni explicación ni nada, que esto pase frente a nuestros ojos, sin respuesta, sin levantamiento o reclamo, ni rendición de cuentas, sin indignación.






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