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Dos violetas del Anáhuac



Por Gloria Hernández
Lic. en Ciencias de la Comunicación y Maestra en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Es profesora e investigadora en la FCPyS, en la FFyL, y en la Universidad Latinoamericana. Ha sido asesora en curaduría de arte con perspectiva de género, y gestión cultural, para la Coordinadora Internacional de Mujeres en el Arte COMUARTE-México. Actualmente colabora en el programa "La feria, carrusel cultural", del Instituto Mexicano de la Radio.


Una vez más tengo en mis manos un libro que reporta la condición social de las mujeres, un par de caso de historias de mujeres, acontecidas durante la segunda mitad del siglo XIX en México; la obra se llama: Dos violetas del Anáhuac , fue publicado por editorial Demac en noviembre del año 2010, la autora Elvira Hernández Carballido, entrega a los lectores un breve reportaje histórico que teje siguiendo la práctica profesional de las periodistas: Laureana Wright y Mateana Murguía, ellas fueron fundadoras y directoras del semanario Violetas del Anáhuac, una publicación que circuló en nuestro país entre 1887 y 1889.

Elvira Hernández Carballido es doctora en comunicación, feminista y periodista, su obra: Dos violetas del Anáhua c es resultado de una de sus investigaciones en relación a la historia de la participación de las mujeres en el ámbito laboral del periodismo en México. Una manera de recuperar la memoria histórica de las mujeres.

El contexto histórico que nos describe la periodista en corresponde al siglo de la Independencia en México, pero a los tiempos de la Reforma, la República y el Porfirismo; épocas en que las publicaciones periodísticas fueron incluyendo entre sus páginas alguna sección dedicada a las lectoras, al público del "bello sexo", como muy comúnmente se les denominaba a las mujeres en aquellos tiempos decimonónicos; bueno, incluso hubo publicaciones dedicadas exclusivamente para mujeres, pero escritas, traducidas y publicadas por varones, quienes desde esos medios de comunicación indicaban cual debería ser la educación científica, moral y literaria más adecuadas para las mujeres; ellas eran consideradas seres física, mental y socialmente débiles, "naturalmente débiles", y por lo tanto necesitadas de un mundo de varones que las sostuviera, protegiera y defendiera.

Confinadas al mundo de lo privado y lo íntimo, es decir, a lo doméstico que incluye la reproducción de la fuerza de trabajo disponiendo para los varones y la familia, de una casa con bienestar en comodidad, disposición de vestido y alimentos, la reproducción y educación de los hijos, y el servicio sexual al esposo.

La vida de las mujeres era cuidadosamente ordenada según mandamientos del orden familiar, la estructura social y el discurso religioso. Y no existían en lo público más que como el "segundo sexo", una condición social de las mujeres que sistematizará Simone de Beauvoir hasta 1949. Las condiciones antes descritas y que situaban a las mujeres como inferiores, controlables y usables, no resultaban invisibles, y sí muy injustas y sospechosas para mujeres como Laureana Wright y Mateana Murguía. La primera ha pasado a la historia como poeta, periodista, ensayista y cronista, aquí una prueba de su poesía que la define como mujer auto analítica y de condición pensante:


      "Manifestar el deseo
      que nos dicta nuestra mente
      expresar lo que se siente
      sostener lo que se cree
      De nuestro sexo abatido
      deplorar el retroceso
      y aspirar a su regreso
      con anhelo de mujer"

Respuesta 1887.

A Mateana Murguía, también poeta, profesora de primaria y escritora, Hernández Carballido la presenta como una escritora poseedora de: "ingenio, ironía, anécdotas divertidas y un estilo ameno".

Laureana Wright y Mateana Murguía fueron dos periodistas que llevaron a la realidad sus propósitos profesionales, creando un espacio en los medios públicos de comunicación de su época, con el que se proponían demostrar que las mujeres merecían los mismos derechos intelectuales y jurídicos que los varones, porque desarrollan iguales capacidades si reciben iguales oportunidades.

Nos cuenta Hernández Carballido que "estas dos violetas editaban su periódico femenino, no sólo para entretener o divertir a sus lectoras. Se proponían con afán ilustrarlas, permitiéndoles al mismo tiempo la posibilidad de explicar, por experiencia propia, su sentir ante la realidad que vivían, rechazándola o aceptándola, pero haciéndolas poseedoras del espacio necesario para explayar sus ideas y así manifestar el verdadero pensamiento de la mujer del siglo XIX" (p. 59-60).

Espero les parezca interesante y provechosa la lectura de Dos violetas del Anáhuac.






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