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La vida nos pone a prueba infinidad de momentos

Por M. Guadalupe Ortega Maya
Lic. en Derecho por la UVM, Maestra en Ciencias Penales con Especialidad en Criminología por el Inacipe y Maestra en Politología por la Universidad Autónoma de Madrid.
La vida nos pone aprueba infinidad de momentos, pero como mujer estos momentos se traducen en todos los instantes de la propia existencia. Es cierto que a veces se nos reprocha el que queremos exigir una igualdad tan merecida como la propia existencia, o peor aún se nos reprocha el querer sentirnos ciudadanas con derechos, ¿por qué queremos respeto, trato digno y equidad de género?, si el 10 de mayo se festeja a las mujeres más divinas de este país.
Es increíble que estando en el siglo XXI, donde ya existe una base espacial en la Luna y donde la tecnología ha sido capaz de crear las redes sociales, aún no se respeten los derechos que la propia Constitución nos ha otorgado desde 1917.
Y ni qué decir de nuestro gran derecho al voto donde por desgracia aún no hay escaños suficientes donde se refleje el punto de vista femenino con la severidad y claridad necesarias.
Me parece una lástima que el 10 de mayo, como cada año, se festeje en nuestro país a las maravillosas madres mexicanas, pero sólo por ese día se trata de manera especial a las mujeres que han tenido la dicha divina de procrear una nueva vida.
Cuando lo que debería festejarse son reformas de leyes que den a la mujer la calidad merecida, donde se le respete el derecho a la maternidad y al trabajo, y ¿por qué no?, el derecho a decidir si se quiere concebir o no.
Pero en los albores del siglo XXI, eso parece sólo una falacia política para obtener votos. Que falaz parece el derecho a ser respetadas por nuestro género o especie humana, parecería que no importa cuántos siglos pasen, cuántos avances tecnológicos se alcancen, la igualdad para la mujer se vislumbra muy lejana.
Es una pena que los políticos y políticas del momento no hagan caso a las demandas de las mujeres y siempre menoscaben los derechos inalienables que nos otorga la Carta Magna. Segura estoy que mientras no haya una verdadera postulación en defensa de esos intereses tan legítimos que tenemos, la brutalidad, el odio y la mezquindad hacia el sexo femenino continuarán en nuestro país.
Pero más allá de lo irascible de esta terrible realidad, no me queda más que desearles por este medio, un feliz día a esos maravillosos seres humanos que nos dieron la oportunidad de la vida.