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Yo también estoy hasta la madre
Por Antonio González Díaz
Reportero, enviado especial, conductor, redactor, corrector de estilo, coordinador de contenidos, diseñador creativo, asistente de producción y jefe de corresponsales. Especialista en temas de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos. Su columna 'En el Punto' se publica en diversos medios de la ciudad de México, Baja California, Coahuila, Durango, Nuevo León, Chihuahua, Tamaulipas, Sonora, San Luis Potosí y Puebla.
Claro que también estoy hasta la madre. Pero también estoy hasta la madre de los que dicen estar hasta la madre. Sí, porque este miércoles 6 de abril, a la gente que apuntó con su índice para acusar lo señalaban sus otros tres dedos.
Entre quienes marcharon para recordarle al Gobierno Federal su “ineptitud para combatir al narcotráfico”, hubo muchos, demasiados culpables directa o indirectamente de lo que está pasando en el país.
Así es, entre ellos caminó aquél que compra piratería y con ella llena buena parte de los bolsillos de las organizaciones delictivas.
Se indignaron también los ejecutivos que terminando la procesión se fueron al table dance donde un grupo de extranjeras y mexicanas son explotadas por las mafias mexicanas.
Clamaron justicia los que han contratado a indígenas desplazadas de sus comunidades por la narcoviolencia y las subcontratan con sueldos infrahumanos.
Estuvieron ahí los que se han hecho de la vista gorda cuando circulan comandos armados por las calles, cuando presencian un secuestro, una extorsión, y no se atreven a levantar el auricular del teléfono para denunciar.
Se desgarraron las vestiduras los padres de los juniors que permiten que sus hijos estén en bares y cantinas desde el miércoles hasta el domingo en compañía de personas que los inducen al delito.
Presentes también quienes bajo el pretexto de su seguridad personal arman a sus escoltas con pistolas y vehículos blindados que luego utilizan para delinquir al ser despedidos injustificadamente.
Gritaron consignas los mismos samaritanos que nunca le han preguntado a su obispo, ni a su párroco, ni al cura, de dónde sacaron la camioneta último modelo que le dieron en calidad de “narcolimosna”.
Exigió justicia el empresario que presta los vehículos de su negocio para transportar droga.
Se indignó aquél que compra su ropa de “marca” ingresada ilegalmente al país. También el que dio una “mordida” para que entrara su auto extranjero a nuestro territorio.
Estaban ahí a quienes una muerte les parece más indignante que otra. Quienes creen que sí tienen derecho de exigir justicia y que su caso es más urgente que el resto de los 40 mil asesinados en este sexenio.
Estuvieron ahí quienes creen que Malverde es un héroe nacional y quienes también creen que “el que no transa no avanza”.
Estuvieron ahí quienes bajo la protección del PRI vivieron una etapa de bonanza y añoran el regreso de “aquellos tiempos en los que se robaba, pero también se repartía”. Prepararon su discurso quienes militan en la izquierda pero surgieron del tricolor. También aquellos que brincan de un partido a otro de la forma en que les convenga.
Acudieron quienes por la mañana se sentaron a firmar un contrato fantasma para una licitación a modo de una obra que jamás se concluirá.
Estaban también quienes darán su total apoyo al “candidato” con tal de que “los deje trabajar” a gusto en lo que toda la vida y toda su familia han hecho en aquél lugar que quieren gobernar.
Fueron aquellos que publican noticias de muertos como si se tratara de perros. A quienes no les importa la vida de quien están hablando y en cuestión de dos o tres teclazos destruyen la buena reputación de aquél que les caía mal, o era detractor de la línea editorial de su publicación, o simplemente no les quiso comprar publicidad.
Si me preguntan si estoy hasta la madre les respondo que sí, claro que sí. Desde hace siete años que publico este espacio estoy hasta la madre y lo he hecho notar, sin importar partido, región, ni situación económica.
Estoy hasta la madre de tanta violencia pero también estoy hasta la madre de tanta incongruencia.
Aquí todos somos culpables directa o indirectamente. No se trata de la guerra del Gobierno Federal contra los narcos. Se debe tratar de la lucha del municipio, estado y país contra un grupo de delincuentes a los que dejamos crecer y apoderarse de nuestra capacidad de asombro, de compasión, de nuestra honradez y nuestra dignidad.
Se trata de una lucha contra nuestra forma de pensar y de la forma en que hemos dirigido o dejado dirigir a nuestra sociedad.
Estoy hasta la madre de tantos años de “dejar hacer y dejar pasar mientras no se metan conmigo y mi familia”.
Estoy hasta la madre de eso en lo que nos hemos convertido.