OCTUBRE 2017

El periódico: ¿solo para hombres?

Guadalupe López García nos hace reflexionar sobre la relación de las mujeres con los medios de comunicación, y cómo estos continúan reforzando estereotipos femeninos alejados del acceso a la información y opinión pública sobre temas de relevancia.

Varios años atrás, al abordarlo, un taxista -refiriéndose a mí- me comentó: "Es la primera vez que veo a una mujer leyendo el periódico". En la era de las tecnologías de la información y la comunicación, de la migración (así le llaman) de medios impresos a formatos digitales y de la velocidad de las redes sociales, ¿qué puede importar que las mujeres lean poco los periódicos?

De acuerdo con el Módulo sobre Lectura (MOLEC), del Instituto Nacional de Estadística y Geografóa (INEGI), de las personas consultadas en febrero de 2017, el 56.8% de los hombres declaró haber leído al menos un periódico en una semana, mientras que el porcentaje de las mujeres fue de 31.1%. [1] En lo referente a libros, las mujeres rebasan ligeramente a los hombres.

Para comprobar estos datos, recurrí a otras fuentes: unos 20 expendedores de diversos puntos de esta gran ciudad. Aseguraron que los hombres son los principales consumidores de diarios. Si bien tiene que ver con la zona (de oficinas, comercios o habitacionales), la tendencia es similar.

Mi proveedor en el mercado "Leandro Valle", de la colonia Agrícola Oriental, indica que de 10 personas que compran periódicos, 8 son hombres. Ellos buscan más El Metro o El Gráfico (antes El Universal Gráfico) y revistas de deportes, política, cultura o tomos de enciclopedias. En tanto, las mujeres compran el Basta y TVNotas, dedicados a los espectáculos.

En cuanto a los jóvenes -casi todos hombres- mi informante señala que adquieren comics o revistas, como Muy Interesante, y El Universal o La Jornada cuando se los piden en la escuela. Otra de mis proveedoras refiere que los hombres compraban más periódicos, pero "ya están en otras cosas". Ahora son mujeres las que se llevan El Universal, La Jornada o Record. Los jóvenes, confirmó la tendencia, solo piden los comics.

De cualquier modo, los diarios han estado ligados a la vida cotidiana de los hombres, sin importar su ocupación ni condición social. En cambio, las mujeres no se sienten identificadas con la prensa. Bueno, ni siquiera sus dueños las ven como un público potencial para incrementar sus ventas ante las crisis que afrontan, como La Jornada.

Pese a los cambios culturales y sociales, en todos los medios y en la publicidad persiste -de manera imperceptible- el estereotipo del lector masculino de periódicos. A ver, ¿cuándo han visto una película, una telenovela, un video o una serie televisiva que presente a mujeres leyendo un rotativo en un café, un parque, una sala de espera, un salón de belleza, una cantina o un restaurante?

Si una detective o espía ocultara su rostro en un periódico, de inmediato sería descubierta. Eso solo lo hacen los hombres. Se vería muy mal que una mujer leyera un diario en bata y pantuflas, sentada en un sillón o durante el desayuno o la cena; peor, en una oficina o en la calle, a menos que se tenga que enterar de algo fundamental para la trama. Eso, también, nada más lo hacen los hombres.

Es raro encontrar a mujeres que lean periódicos en el transporte público, ahí donde siempre lo hago. En el metro he visto a unas dos mujeres en los últimos meses, pero en metrobús, microbús o autobús, ¡nunca! En casa, para las mujeres es más fácil escuchar radio o la televisión -aunque no la vean- porque eso les permite efectuar otras tareas, principalmente las domésticas.

La lectura es una actividad que requiere inversión de tiempo, y una de las carencias de las mujeres que no se contempla en la medición de la pobreza o la desigualdad social es precisamente el tiempo.

Los medios de comunicación nunca han sido solo conductos o simples intermediarios entre el emisor y el receptor (como nos lo enseñaron en la escuela). Son parte del poder mismo. Tienen ideología propia, generan cultura, imaginarios colectivos y, por lo tanto, referentes sociales. Pese a las migraciones cibernéticas, el periódico sigue siendo el espacio de comunicación con mayor influencia política.

El expresidente Vicente Fox, durante todo su sexenio (2000-2006), mostró un gran desprecio a toda la población, en especial hacia las mujeres, con esas expresiones misóginas que le brotaban a cada rato. En una ocasión, se alegró de que una mujer no podía leer periódicos porque era analfabeta. Según Fox, vivirá más contenta. [2]

Los medios refuerzan y reproducen la discriminación y la violencia contra las mujeres, así como los estereotipos de género en las noticias. [3] La prensa especializada para cada sexo sigue vigente: el periodismo rosa (espectáculos, sociales o revistas de manualidades) para ellas, y el ejecutivo, financiero, deportivo o de nota roja para ellos. Para el empresariado editorial mexicano, el marco normativo para la protección de los derechos humanos de las mujeres es un estorbo. Hay un menosprecio hacia esas normatividades y las consideran violatorias del derecho de expresión.

Las mujeres, las feministas en especial, contamos con espacios tanto en prensa como en internet, radio (ahora con la autorización de la operación de la primera radio comunitaria feminista de la Ciudad de México) y televisión abierta, pero seguimos peleando por cambiar la información de, con y para mujeres. Tuvimos que tomar por asalto los medios; así lo señalaba la periodista Sara Lovera.

La lectura de los diarios por parte de las mujeres es un indicador de la brecha de desigualdad en el acceso a la cultura, la recreación o la educación y -sobre todo- en el derecho a la información. Por eso importa, y mucho, que las mujeres los lean. Al identificarse como lectoras potenciales, pueden forzar los cambios en el tratamiento de sus contenidos, involucrarse en acciones que las beneficien y acceder a la toma de decisiones. Información es poder, nos dicen.

En mi caso, ese hábito lo adquirí al cursar la carrera de ciencias de la comunicación (ahora con otro nombre), en la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco. O quizá empezó cuando de niña leía todos los días La Prensa que mi padre llevaba siempre en la bolsa de su pantalón. Esas sábanas de papel fueron mi material básico para la "Bitácora de la Mujer", en la revista Fem, una sección de noticias breves. Ahora continúo con el registro de la información sobre mujeres, pero es imposible mantener actualizada la información.

Para corroborar la tendencia de que las mujeres leen poco los diarios, consulté a mis últimas fuentes: los taxistas. Con los que platiqué, ninguno ha tenido una pasajera como yo. Es más fácil revisar las redes sociales que desplegar esas hojas de papel, ya lo estoy comprobando. Hace apenas unas semanas le pregunté al último. Nunca había visto a una hacerlo, "Hasta ahora", me contestó, refiriéndose a mí.

Fuentes:
[1] http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/boletines/2017/molec/molec2017_04.pdf
[2] http://www.proceso.com.mx/249379/vicente-fox-y-el-analfabetismo-como-formula-ideal
[3] Consultar http://whomakesthenews.org/gmmp/gmmp-reports/gmmp-2015-reports y http://cdn.agilitycms.com/who-makes-the-news/Imported/reports_2015/highlights/highlights_es.pdf
[4] http://www.cimacnoticias.com.mx/noticia/lista-la-primera-radio-comunitaria-feminista-de-la-cdmx