ABRIL 2017

Homenaje de feministas para feministas

En el marco del 101 aniversario del Encuentro Feminista de Yucatán, el Frente Feminista Nacional reconoció el trabajo y la trayectoria de igual número de feministas, explica la columnista Guadalupe López García, en 'un acto simbólico, de reivindicación política y de enlace entre las precursoras y las nuevas generaciones', contribuyendo con ello a la memoria histórica del feminismo.

La entrega del reconocimiento Juana Belén Gutiérrez de Mendoza 2017, otorgado por el Frente Feminista Nacional (FFN), fue una noche de reencuentros, de contar historias, de ponerse al día, de vincularse nuevamente, de recordar andanzas, de conocerse y presentarse. Fue un acto simbólico, de reivindicación política, de presencia festiva, de enlace entre las precursoras y las nuevas generaciones de feministas.

Ahí se encontraron activistas, integrantes de organizaciones y colectivos feministas, académicas e investigadoras; artistas visuales, plásticas y fotógrafas; periodistas y coordinadoras de espacios electrónicos de comunicación, escritoras, sindicalistas, legisladoras, funcionarias.

Algunas son fundadoras de grupos con 30 años de antigüedad, otras son pioneras de estudios de las mujeres en instituciones de educación superior, unas más han recopilado la historia del feminismo en México y abierto espacios para difundir el pensamiento feminista. Varias se han enfrentado a las estructuras de Estado para defender y garantizar los derechos de las indígenas, de las lesbianas, de las víctimas de la violencia de género. Otras han llegado a espacios de poder sin olvidar su raíz feminista.

Para que la historia no se olvide: así se podría haber llamado esa ceremonia. La memoria histórica es la que da continuidad a la lucha feminista. La que permite consolidar esfuerzos y garantizar logros. Es un puente entre las feministas y las mujeres en general, y que contribuye a derribar prejuicios como aquellos de que las feministas de generaciones pasadas no toman en cuenta a las jóvenes.

Ellas, de jóvenes, también cuestionaron, también exigieron (aunque muchas no tuvieron esa oportunidad, pues fueron las que abrieron caminos). Las jóvenes de ahora igualmente serán confrontadas por las próximas generaciones. Pero la historia las respaldará, la memoria las alentará.

Por eso tenemos que nombrar a las feministas que nos antecedieron. Conocerlas, identificar su trayectoria, los pasos que dieron, unos más grandes que otros; los caminos que recorrieron, unos más largos que otros; los obstáculos que afrontaron, unos más difíciles que otros. Distinguir a las mujeres que las han acompañado, quienes también las guían, pues no se hicieron solas.

Como indica Marcela Lagarde en sus Claves feministas para liderazgos entrañables, una genealogía de género -que aquí podemos llamarla genealogía feminista- nos ayuda a reconocer que no estamos solas, que podemos trabajar en alianzas, a derrumbar esos mitos que nos enseñaron a repetir sin dudar de ellos. Asimismo, permite construir otras referencias culturales, sociales y políticas de las feministas frente a otras mujeres y a otros movimientos.

Dice Lagarde que es preciso construir una memoria afirmativa de las mujeres, un sentido de venir de ellas, y no sólo de ir hacia ellas. Agrega que debemos tener el pasado como punto de referencia para el presente y el futuro, pero ese pasado debe reconstruirse desde una mirada crítica, y para hacer una crítica hay que entender y valorar el trabajo de cada una de nosotras. No podemos negar los conflictos; sin embargo, no deben tener más peso que los acuerdos y los aportes.

Es una de las tareas que muchas ya la están haciendo: recuperar la historia de las mujeres y dentro de esta, la historia de las feministas. Tenemos que escribirla, reescribirla. Por su parte, la misión de esas grandes feministas -que también muchas ya lo han hecho- es compartir sus conocimientos, su experiencia, sus logros, promover liderazgos. El conocimiento acumulado que no se comparte crea cacicazgos, no liderazgos. Y es que el feminismo requiere de liderazgos fuertes, creativos -como muchos de los de ahora- ante viejos y nuevos retos.

El FFN consideró que para convocar a una alianza plural, diversa, el punto de partida tenía que ser el reconocimiento a las feministas que desde el ámbito local, estatal, regional y nacional -y en distintas etapas y coyunturas- han contribuido al avance de los derechos de las mujeres: un pasado reciente. Ante ello, ese homenaje se dio en el marco del 101 aniversario del Encuentro Feminista de Yucatán, el cual definió el inicio del feminismo en México: un pasado remoto.

En principio se otorgaría a 101 mujeres, pero dos no aceptaron, otras declinaron por ser convocantes y de unas más fue difícil ubicar sus datos y comunicarse con ellas. En total, fueron 90 mujeres [1] las que recibieron un diploma durante la primera reunión del FFN, que convocó a más de 500 mujeres de 29 entidades federativas, del 31 de marzo al 2 de abril en la ciudad de Querétaro.

La selección fue de acuerdo con las bases que emitió el FFN; principalmente, que fueran propuestas de mujeres y de organizaciones. Sin embargo, desde las entidades, las compañeras que han promovido el FFN incluyeron otros procedimientos, como contar con varias candidatas o llegar a un acuerdo para definir quiénes serían reconocidas. La comisión coordinadora de la reunión nacional del FFN revisó además las múltiples propuestas que llegaron por varias vías.

Fue un proceso extenuante para localizar los datos de todas, tener semblanzas, reunir las cartas de apoyo, revisar listados y, finalmente, decidir. Este reconocimiento causó un debate en redes sociales y con feministas sobre quiénes y por qué deberían ser merecedoras de un homenaje. Es un análisis que se debe retomar e incluir a los organismos públicos que entregan distinciones. A estos no se les cuestiona, mucho menos a las galardonadas.

En nuestro caso, tratamos de incluir a mujeres de diversos ámbitos, con distintas posturas desde el feminismo; se dio privilegio a las precursoras y a las que llevan un trabajo permanente desde las décadas de 80 y 90. No están todas, por supuesto; hubo grandes ausencias, pero también grandes presencias. No podemos restarle mérito a las que están, como indicó una persona en un muro de Facebook.

Así llegamos el 1 de abril a la entrega del reconocimiento que lleva el nombre de una de las precursoras del feminismo en México de principios del siglo XX. Para la ceremonia, se había solicitado el Teatro de la República en donde se firmó hace cien años la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

A pesar de que se hicieron los trámites correspondientes en tiempo y forma, el Senado de la República -dueño del inmueble- negó el permiso por trabajos de remodelación; no obstante, el 31 de marzo se presentó un libro sobre ese recinto histórico. Por eso, el 2 de abril se hizo una manifestación en las puertas del inmueble y una marcha.

Esto no le quitó mérito a la fiesta que se llevó a cabo en el hotel queretano Real de Minas, con un aquelarre organizado por las feministas chihuahuenses, la toma de fotos y selfies, las palabras de las festejadas, las risas, los gritos, los abrazos, los puños en alto, el baile, los cantos...

Esta escribana, como integrante de la comisión coordinadora del FFN y responsable de estar en contacto con las feministas distinguidas, miraba asombrada y se preguntaba cómo es que muchas feministas que han recibido premios internacionales y muchos otros reconocimientos recibieran gustosas un sencillo diploma, que para muchas otras fue el primero. Fue entre pares, comentaron algunas.

Nota:
[1] El listado se encuentra en http://frentefeministanacional.org.mx/reunion-ffn-2017/reconocimiento-juana-belen-gutierrez-de-mendoza-2017/ .