SEPTIEMBRE 2016

La evolución del rol de la mujer en el ámbito de las relaciones de pareja (Segunda y última parte)

Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Ana Gabriela Dávila J. analiza la evolución de los estereotipos de la mujer a lo largo de la historia: desde el marianismo y el ángel del hogar hasta la imagen de la mujer perfecta en la modernidad y las relaciones de pareja; sostiene que debido a la globalización y las nuevas formas de comunicación, los vínculos amorosos han revolucionado pero también se han vuelto más frágiles e individualistas.

2. La mujer y las relaciones de pareja

En el plano de lo sexual y de pareja la sociedad actual se ha tornado más permisiva y abierta en cuanto a aceptar situaciones que distan mucho de las ideas respecto a las parejas y al sexo que imperaban años atrás. Hoy ambos sexos se muestran más autónomos para tomar sus decisiones en el plano de la pareja. El matrimonio se tarda notablemente en llegar, al igual que los hijos, y esto ya no es visto como la única posibilidad para la realización personal. Hoy la gente expresa una conducta más individualista, enfocada a satisfacer sus necesidades, a fortalecer su relación con el "yo" y a postergar o a anular la posibilidad de compartir una relación basada en los principios tradicionales. "La definición romántica del amor, el hasta que la muerte nos separe, está decididamente pasada de moda, ya que ha trascendido su fecha de vencimiento debido a la reestructuración radical de las estructuras de parentesco de las que dependía y de las cuales extraía su vigor e importancia" (Bauman 2003). En ese sentido, el concepto tradicional del amor ha cambiado; hoy se estaría viviendo una trivialización del mismo.

"En nuestro tiempo crece la cantidad de personas que tiende a calificar de amor a más de una de sus experiencias. No es que más gente esté a la altura de los estándares del amor en más ocasiones, sino que esos estándares son ahora más bajos. El conjunto de experiencias definidas con el término amor se ha ampliado; relaciones de una noche son descritas por medio de la expresión hacer el amor" (Bauman 2003).

Esta trivialización del amor hace pensar que enamorarse es una destreza que se puede aprender y que el dominio en esta materia aumenta con el número de experiencias.

Otra idea que persiste en torno al amor es que este se construye, no es algo que se da por sí solo, y en esa medida, supone esfuerzos y compromisos. "El amor no encuentra su sentido en el ansia de cosas ya hechas, completas y terminadas, sino en el impulso a participar en la construcción de esas cosas", señala Bauman. Eso se contrapone con la corriente de la sociedad actual, en la que las personas son más individualistas y piensan en su beneficio propio.

Otra particularidad del amor es que este es una lotería, un azar, de futuro impredecible y, eso, en alguna medida, inquieta a las personas y se contrapone con el estilo de vida que prepondera en la actualidad; aquel que prefiere no correr riesgos y alcanzar la perfección sin mayores esfuerzos, dándole más valor a los resultados que a los procesos.

Ante estos escenarios, las relaciones han tomado otros rumbos desembocando en lo que Catherine Jarvie explica en el libro Amor Líquido como las "relaciones de bolsillo". Se denominan así porque "se las guarda en el bolsillo para sacarlas cuando hagan falta", explica (Bauman 2003). El principal atractivo de estas relaciones es que suponen un mínimo esfuerzo, además, son descomplicadas, descartables y, en la mayoría de los casos, fugaces. Son las que han roto los esquemas de la relación convencional y que ahora van ganando espacio entre las parejas de todas las edades y estratos sociales.

Para seguir retratando el contexto actual en el que tienen lugar las relaciones de pareja, se debe tomar en cuenta el auge que han tenido las herramientas tecnológicas y las nuevas formas de comunicación, las mismas que han influido en la forma en que se tejen los lazos entre las parejas hoy. Los distintos dispositivos tecnológicos permiten el acceso permanente a múltiples espacios de socialización desde donde se entabla una comunicación indirecta, mediada por una máquina, lo que atenta con una comunicación cara a cara y las ventajas que esta tiene para las relaciones interpersonales.

Las redes sociales han revolucionado la forma de socialización entre los seres humanos, han hecho sociedades más informadas y conectadas entre sí. Sin embargo, estos espacios dan a las personas la posibilidad de mostrarse limitadamente y les permiten solo contactos indirectos y condicionados.

Por el significado que tiene el término "relación de pareja", el mismo que ha sido socialmente construido como estar ligado sentimentalmente a alguien, compartir una vida en común, cuando una persona dice: "Tengo una relación" viene a la cabeza la idea de involucramiento y compromiso. De ahí que para designar a las historias que se viven hoy, en las que más bien no habría involucramiento ni compromiso, se ha reemplazado el término "relación" por "conexión", aludiendo, además, al contexto digital que impera hoy.

En estos días, la gente habla cada vez más de conexiones, de "conectarse" y "estar conectados", en lugar de hablar de parejas, prefieren hablar de "redes", dice Bauman.

Las "relaciones" y la "pareja" son ideas que resaltan el compromiso mutuo y la permanencia y excluyen todo lo que sea opuesto, mientras que la "red" representa el no compromiso y un espacio que se conecta y desconecta a la vez. En la "red" se dan momentos de "estar en contacto" intercalados por periodos en los que se "pierde el contacto". "En una red, las conexiones se establecen a demanda y pueden cortarse a voluntad" (Bauman 2003).

Otro de los rasgos presentes en los miembros de las parejas de hoy es el individualismo y una marcada tendencia a centrarse en sí mismos. El individualismo se presenta como una cultura, como una forma de entender el mundo que entraña una concepción específica de la sociedad, de los otros y del hombre mismo. Para Béjar, este es el valor cardinal de las sociedades modernas (Béjar 1990). Algunos autores ven en el individualismo una de las claves para entender la modernidad y, al mismo tiempo, ven en él un síntoma de la "descomposición moral del mundo contemporáneo". En efecto, como dice Béjar, el culto a los valores tales como la autosuficiencia y la independencia impiden la disponibilidad necesaria para iniciar y mantener actitudes abiertas hacia el prójimo, una vez que la persona crea bastarse a sí misma (Béjar 1990).

Varios autores han hecho diversas lecturas sobre la revolución que hoy viven las parejas, uno de ellos es el sociólogo Anthony Giddens. Para él, actualmente, en torno al amor ronda el concepto de "pura relación" que se refiere a que las parejas se unen por lo que cada uno de sus miembros pueda obtener de la relación, la misma que se mantiene solo mientras ambas partes consideren que la satisfacción que les produce es suficiente para seguir.

"Se refiere a una situación en la que una relación social se establece por iniciativa propia, asumiendo lo que se puede derivar para cada persona de esta asociación sostenida y que prosigue solo en la medida de que esta unión produzca la suficiente satisfacción para cada individuo" (Giddens 1992).

Para Giddens el concepto de "pura relación" sería lo opuesto al matrimonio tradicional, ya que este articula, de alguna manera, expectativas de amor, sexo, ternura, compañía, estabilidad, maternidad, en tanto que la "pura relación" descompone estos elementos, los diferencia y los separa. Este concepto nos remite a lo que ya se ha dicho anteriormente, y es que, hoy en día, la mayoría de personas aceptan una relación, siempre y cuando esta, en lugar de demandarles un sacrificio, les genere un beneficio.

Este es el nuevo escenario del amor para hombres y mujeres, el mismo que les ha hecho cambiar su postura frente a las relaciones. Sin embargo, esta no sería la primera vez que se da una transformación, ya sucedió siglos antes con el aparecimiento del amor romántico. En el siglo XVIII el amor romántico constituyó un ideal femenino de romper con la sexualidad dominada por el imaginario de los hombres.

En esta época, las mujeres defendían la idea de escoger libremente a su pareja y de disfrutar la pasión sexual. "El amor romántico trata de reunir en una misma narrativa la posición amorosa, la libertad sexual, la autonomía para elegirse libremente, rompiendo con la disociación masculina entre mujer sagrada y prostituta, uniendo amor y sexualidad" (Galende 2001:117). La época del amor romántico estuvo llena de voces contestarías femeninas que cuestionaban el dominio patriarcal y la percepción de que este dominio se expresaba en sujeción al amor y se plasmaba en el matrimonio formal.

Cabe anotar que el concepto del amor y de las relaciones de pareja siempre ha ido evolucionando al compás de las transformaciones sociales. De hecho, el contexto social en el que tuvo lugar el amor romántico fue la Revolución Francesa. En la década de los sesenta todo se resumía en "Peace and Love", mientras que la moderna vida líquida, en palabras de Bauman, sería, en cambio, el terreno de cultivo de las relaciones de hoy.

Conclusiones

Las relaciones entre hombres y mujeres, desde siempre, han constituido un objeto de estudio para distintas ramas del conocimiento, producto de lo cual se han generado diversas teorías e interpretaciones. Sin embargo, ningún estudio ha logrado develar toda su complejidad, ya que eso es parte de la esencia más profunda del ser humano.

Toda clase de vínculos sociales, no solamente las relaciones de pareja, están atravesados, actualmente, por una notoria fragilidad y transitoriedad, contrapuesto a lo que ocurría unas décadas atrás cuando los vínculos se construían dentro de un marco duradero y confiable, permitiendo formar una red segura de interacciones humanas.

La postura de las mujeres frente a las relaciones de pareja ha sido matizada con los efectos de la modernidad. Hoy, ellas priorizan su entorno personal y han dejado de lado los proyectos de vida tradicionales como el matrimonio y la maternidad para reemplazarlos por otros en los que ellas constituyan el centro. Esto vendría a reflejar un signo de individualismo; característica de las sociedades modernas. Son mujeres que han masculinizado su comportamiento, en la medida de que su conducta ahora se asemeja a la de los hombres; son libres sexualmente.

Las mujeres han sido las que han protagonizado los mayores cambios en la vida emocional y afectiva de nuestro tiempo. Ellas han trazado el camino para una expansión de la vida amorosa y sexual, para modificar sus reglas, para cuestionar el matrimonio y para problematizar la identidad sexual tanto femenina como masculina.

La sociedad actual vive cada vez más rápido; se fija solo en los resultados, no presta atención a los procesos y es más individualista. En ese sentido, los miembros de esta sociedad necesitan espacios para desfogar sus frustraciones, precisan un tiempo para reinventarse y para sentirse integrados a la colectividad por medio de una historia en común. Son miembros que necesitan ser representados y sentirse que ocupan un lugar en la sociedad. Es a través de eso que se visibilizan frente al otro.

Las nuevas tecnologías de la comunicación e información, que han irrumpido con fuerza en el mundo moderno, han influido en el desarrollo de las relaciones personales, concretamente, en la forma cómo las personas socializan. Hoy, se ha reemplazado la comunicación directa, el contacto físico, personal, cercano, por la comunicación virtual, mediada por una máquina, que propone un acercamiento impersonal.

Bibliografía:

•  Bauman, Zygmunt (2003), Amor Líquido, Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

•  Béjar, Helena (1990), "Los males de lo íntimo". En El ámbito íntimo. Privacidad, individualismo y modernidad. Madrid: Alianza Editorial.

•  Galende, Emiliano (2001), Sexo y amor: anhelos e incertidumbres de la intimidad actual. Buenos Aires: Paidos.

•  Giddens, Anthony (1992), La transformación de la intimidad: sexualidad, amor y erotismo en la sociedades modernas. Madrid:Cátedra.

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