JULIO 2018

Fela Fábregas y María Luisa 'La China' Mendoza: juntas en la eternidad

Fotos: María Esther Espinosa Calderón

Ante el reciente fallecimiento de estas destacadas mujeres, María Esther Espinosa Calderón nos ofrece la reproducción de una entrevista que le hizo a 'La China' en 1995, en la que nos retrata a un ser amable y alegre, y consigue captar sus reflexiones en torno de las condiciones laborales en el ámbito periodístico.

El 19 de mayo de 2018, María Luisa "La China" Mendoza, despedía a su amiga Fela Fábregas con un sentido artículo publicado en el periódico Excélsior y titulado "Fela Fábregas en mi vida", donde cuenta algunos pasajes de su relación de amistad con la productora teatral, quien murió el 10 de mayo. "...Nadie hubo como tú, con tu vigor, con tu presencia, te quise mucho, te agradecí tu amor. Yo voy por la tierra prodigando mi invento, ese de que nadie me quiere, claro que sí, mis padres, la gente mía me regaló pedacitos de hostia de felicidad. ¿Te acuerdas de las obleas con las que cubrían en Celaya la cajeta que vendían en una cajita de madera? Pues así de translúcida y dulce fuiste, Fela querida"[1] .

Le escribía con amor, con desconsuelo, con tristeza al enterarse de su partida: "Creo que ya no puedo ni escribir, yo no sé qué voy a hacer, pero esta mañana cuando abrí el periódico y te vi retratada y supe que te habías ido, me apretaste mi pobre corazón ya de por sí hecho garras. No te veía nunca, pero en la historia de mi vida quedan las cenas íntimas en el salón de tu departamento, que construiste para recibir a los amigos de ustedes, de tu marido, tuyos y de tus niños, que crecían a paso veloz e iban siendo la sensación de las tablas" [2].

Hablaba de su pesar de no haber estado con ella en sus últimos momentos: "Te quiero mucho, hubiera sido la primera que hubiera estado en la fila de adelante, pero ya no tengo ni siquiera piernas con qué seguirte, estoy muy dada al cuaz, debí verte más para tomar el ejemplo de la fuerza de voluntad de lo que es ser mujer en un pueblo de hombres, de lo que es ser gran inventora, una hermosísima dama"[3].

El amor por su amiga, el desconsuelo por su muerte y la esperanza de un reencuentro que ocurrió muy pronto, el 29 de junio del mismo año. "Yo por lo menos sí me acuerdo, la juventud es única, la recupero en tus hijos, en el recuerdo de todo, en mis aplausos, en el telón que subía y bajaba, en los hombres que amé en tu teatro, que se casaron conmigo y se descasaron. Fela, no falta mucho, no fui a tu velorio porque creo que ya no existo, no había ni siquiera butaca para mi silla de ruedas... ¡adiós, preciosa, gracias! [4]

Casi dos meses después, de escribir la carta de despedida a su amiga, la escritora y periodista María Luisa "La China" Mendoza moría en la Ciudad de México a los 88 años de edad. Nació el 17 de mayo de 1930 en Guanajuato, incansable novelista, cuentista, biógrafa y periodista. Fue acreedora al Premio Nacional de Periodismo en 1984, del que siempre se sintió orgullosa.

Amante de las letras, del periodismo y de los animales, en 1995 me recibió con una gran sencillez, amable, alegre, festiva, radiante y hermosa en sus oficinas del Bosque de Chapultepec, donde era coordinadora. Así fue como me encontré cara a cara por primera vez con María Luisa "La China" Mendoza, al concederme una entrevista para mi tesis de licenciatura, titulada De la Página de Sociales a las ocho columnas, la mujer en el periodismo, misma que aquí reproduzco.

Del periodismo vengo y al periodismo voy

Creadora de neologismos, protectora de "los hijos mudos de Dios, tan terriblemente maltratados", como llama a los animales, María Luisa "La China" Mendoza, se inicia en el periodismo en 1954, al que llegó como a muchas cosas en su vida por "hambre" y se convirtió en su oficio: "Lo único que sé hacer y siempre he dicho que de él vengo y a él voy; no encuentro otro camino real".

La escritora nos deja entrar al baúl de sus recuerdos y comenta: "Desgraciadamente tuve que pasar por las páginas de sociales, pero fue un paso tan alegre, tan gozoso, tan entusiasmante; mis columnas eran chistosas, originales, alegres. Tuve una que se llamaba Solteros codiciables, ¡hágame el favor, qué cursilería! Sin embargo, era espléndida; todo mundo estaba feliz de que yo los entrevistara con tamañas barbaridades".

"La China", como se le conoce, al igual que algunos otros escritores, fue del periodismo a la literatura, a la que considera la zona sagrada. "Es como mi vida privada, mi realización interior, es como el embarazo, siempre estoy embarazada literalmente, pero mi trabajo, mi pan más digno, mi alegría de vivir ha sido el periodismo. Escribir es mi vida mi libertad".

Es agradable platicar con la autora De Ausencia; sin envidias, ni resabios, expone sus conocimientos, platica, evoca recuerdos a veces gratos, a veces desagradables. Es una de las fuentes vivas que puede enriquecer la poca información que existe sobre la mujer en el periodismo. Lo mismo de las primeras precursoras del periodismo que de Elvira Vargas o Adelina Zendejas.

Comenta que sus primeros años en el periodismo "fue gente de redacción, hacía guardias que eran de terror. Era hermoso el trabajo entre hombres y mujeres, iguales aparentemente, y libres. Con un pago semanal que a mí me parecía muy entusiasmante, era un cambio total a mi trabajo en la burocracia".

A María Luisa Mendoza, le dieron la oportunidad en el periódico El Zócalo, "para mí entrar ahí significaba poder conocer a la gente, lo que hacía en el mundo de las letras, del teatro, de la pintura, entrevistaba de cerca, ser su amiga y además ver cómo se iba desenvolviendo el mundo ante mis admirados ojos. Los políticos, los hechos relevantes gubernamentales, del pueblo, conocer a grandes luchadores sociales".

Con gran alegría recuerda esos momentos de su vida, sin embargo, con nostalgia señala que ese entusiasmo se ha ido apagando poco a poco por los golpes que le han dado. "Esa experiencia la tomé con un entusiasmo desmedido como siempre lo hacía antes de ser domada, porque ha de saber usted que de aquél volcán, de aquella selva, ha desparecido el vigor y la alegría porque siento que soy como esas mulas viejas que están jalando los carretones por la calles y que tanto destrozan mi corazón; así me siento yo caminando llena de marcas en mi cuerpo y con un freno en los belfos para que no hable sino para que nada más jale, jale y jale".

Explica que en esa época cuando todavía no le llegaban los golpes y el desprecio por el solo apellido Mendoza, emprendió la tarea de buscar primeras planas, con muy buenos reportajes, entrevistas, crónicas, artículos de fondo o entretenimiento, o con sus múltiples secciones y columnas que tuvo en ese tiempo y ha tenido actualmente, como la denominada ¿Qué tan listo es usted?

A veces el periódico tenía seis o siete notas firmadas por ella. "Me dieron inmediatamente fuentes de cultura y de arte. El director del periódico me aventó al gran mundo del periodismo, porque se dio cuenta que yo era una ávida lectora".

Recuerda que una vez el director de su periódico al entrar a la redacción preguntó quién había leído a Proust: "Dije: aquí me van a correr, quién sabe qué querrá decir eso, porque además siempre he adolecido de terrible paranoia, levanté la mano con gran timidez, me jaló y me dijo: 'la felicito porque usted es la única mujer de esa edad que conozco que esté leyendo o haya leído a Proust. Nada más que Proust no tiene nada que ver con el periodismo, es como un resorte, como un golpe de boxeo, es rápido, es efectivo y sus frases deben de ser cortas, no esa larga secuencia de una prosa literaria que usted tiene, que no viene al caso, tiene que domarse', y ese probablemente fue mi primer sentido de amaestramiento, puesto que se me empezaron a cortar mis alas literarias".

La autora de El perro de la escribana asegura que cuando se inició no sintió rechazo ni de parte del periódico ni de los periodistas. Empezó a desenvolverse con gran fuerza "porque tenía un periodista y director detrás, diciéndome. Ningún periodista puede serlo si no tiene el apoyo del director".

"La China" Mendoza ha colaborado en un sinfín de periódicos y revistas, entre ellas, Cine Mundial, Novedades, El Universal, El Sol de México, Excélsior, La Mujer de Hoy, Mujeres, Siempre, Mañana, Las Américas, Caballero, Playboy y Solidaridad.

Señala que el hecho de ser mujer no le generó obstáculos dentro del periodismo ya que por su trabajo fue inmediatamente respetada, "por mi vocación de estilo, por mi idioma, por mi juventud y mi empuje". Agrega que las dificultades con los compañeros han sido pocas: "Hemos avanzado en una misma fila, la realización no es hombro con hombro, sino hombro con hombre, así es como debemos estar las mujeres, hombro con hombre".

Sin embargo, asegura que sí ha llegado a tener ciertos problemas, "algunas veces he tenido molestias con algunas colegas, sobre todo en los viajes al exterior, cuando he sido enviada especial. Ha habido ciertos celos, discriminación o actitudes muy molestas, pero en general el trato con los hombres en todos los aspectos es espléndido, más que con las mujeres: soy mujer de hombres, de amigos varones".

Con su peculiar forma de expresarse, la ganadora del Premio Nacional de Periodismo por Divulgación Cultural en 1984, dice que se considera del "género equino, del asnar y del mular por mi condición de golpeteo continuo en mis carnes". Asegura que sí es combativa en sus escritos "metiendo a la jaula mi idioma, sin mozo, sedoso, tornasolado para que tenga más penetración en un tiempo en el que casi nadie lee y menos una novela larga".

"La China" adora los libros y mientras más gordos sean más felicidad le dan. Cuenta que ella no es de las periodistas que denuncian solo por denunciar, se desgarran honores, las que practican la "lepra escrita, no la letra escrita, la lepra que corroe, que lastima, que señala, que corrompe y además que levanta falsos testimonios. Mi manera de expresarme es muchísimo más efectiva, además yo no puedo a estas alturas negar quién soy", se señala y dice "esta soy yo".

Popular y reconocida en el medio periodístico, "La China" Mendoza ha sido merecedora de premios y distinciones, entre los que se encuentra el Bernal Díaz del Castillo a la mejor crónica en 1972. Menciona que en muchas ocasiones ha sentido que la han atacado en su libertad de expresión, "o como por medio de muchas maniobras de celos, sobre todo de hombres misóginos, se me ha impedido actuar, decir y aclarar, pero si usted llega y me pregunta, yo contesto porque nunca he dejado con la palabra a ninguno de mis colegas".

Una de las experiencias más satisfactorias para María Luisa Mendoza fue ser diputada. "La Cámara de Diputados es el gajo más jugoso y más bello que yo he tenido posibilidad de vivir. Representar al pueblo de Guanajuato es un altísimo honor, ser diputada federal me dio la posibilidad de hablar en la tribuna más alta de la nación, pedir, ahí sí, lanzarme con todo mi corazón en el pecho a decir la verdad que en ese momento me ocupaba: propuse una ley Federal en Defensa de los Animales. Que no prosperó".

Asegura que tanto en el periodismo como en la política se ha sentido igual a los hombres; no obstante, también he sentido la marginación en la política porque hay mujeres, entre las que se encuentra ella, que pueden servir a México "de una manera clara, disciplinada, honrada y brillante, ahí sí se siente para que vea, la gran marginación, el gran rechazo, como se siente en la literatura, en el arte, los escritores y las escritoras principalmente son terribles con las mujeres, con las compañeras, es un desmedido odio, yo por eso, le repito a usted, convivo con pocas mujeres".

Explica que adora al hombre y todo lo que le rodea. "Me gusta hasta cómo maneja su automóvil, cómo manda, cómo decide, cómo se ríe. Bueno me gusta mucho cómo ama, es fantástico, el hombre es un personaje a todo meter".

No obstante, se considera feminista "pues soy mujer, no puedo negar la gran lucha de mis compañeras por el desenvolvimiento y el triunfo de las mujeres, pero no puedo dejar de subrayar que estoy perdidamente enamorada del género masculino".

Asegura que las mujeres cuando llegan al poder se convierten en hombres: "No nos refiramos ni siquiera a la vestimenta o a la majadería en la palabra o en los actos innobles de beber, de matar y de injuriar a la menor provocación, no hablamos de eso, que son en ciertos aspectos pecata minuta y cada quien es responsable de su propia actuación y vida; refirámonos directamente a la práctica de obstruir el camino de la mujer y de nunca jamás luchar porque haya mujeres en todas partes, en las cámaras de Diputados y Senadores, en los puestos de mando; es injurioso para la mujer contemporánea después de la Revolución, y al borde de finales de siglo, ese desprecio tan grave que hay por nosotras y la mujer tiene que luchar por llegar, y cuando llega tiene que pelear por conservar su lugar, por eso actúa como un varón".

"La China" Mendoza habla como escribe y escribe como vive. Así nos explica el inicio de las mujeres en el periodismo contemporáneo: "Fueron mujeres fantásticas, estaba Rosa Castro, que era como una naranja abierta, hermosa y osada; Elvira Vargas a quien yo adoré y quise muchísimo, era durísima con las mujeres y hacía bien en muchos aspectos, me quiso y me respetó como colega, como periodista. Adelina Zendejas, una luchadora social; Magdalena Mondragón, quien por mis 35 años de periodista, me entregaron la medalla que lleva su nombre y la cual porto con orgullo.

"Eran las grandes épocas de las periodistas osadas, además de contadas, eran un grupo de primera línea que empezaba a abrirnos las puertas. Después surgieron otras periodistas, como Elena Poniatoswka, Bambi, Noemí Atamoros, Rosa Campos. Poco a poco las redacciones se fueron llenando que ahora nos dan honra y gloria".

Fundadora del periódico El Día, así como de otras revistas como Mujeres y La Mujer de Hoy, cuenta que en ese diario conoció a Sara Lovera con quien entabló amistad: "Era una niña espléndida, inteligente y abusada. Como periodista ha realizado una buena carrera dentro del sindicalismo". También conoció a Socorro Díaz, quien "además de muy buena carrera periodística, fue en aquel tiempo, la primera directora mujer de un diario de primera línea, con conceptos políticos".

Los recuerdos la hacen vivir, la comentarista también de Canal 13 platica sus anécdotas y sus experiencias en ese entonces, "empezamos a trabajar, a hacernos mujeres, a hacernos señoras, a casarnos y a seguir luchando dentro del periodismo".

María Luisa "La China" Mendoza admite que la modernidad no va con ella: "Me compré una computadora el año pasado y ahí está enfrente de mi mesa de trabajo, viéndome como un ángel de la anunciación; se ha convertido en mi enemigo, en el aparato que más me recuerda que soy una periodista decimonónica y antigua. Probablemente, le repito, la mula de trabajo que soy, pues es muy difícil que me quiten los arreos a estas alturas para manejar un jet. Sigo trabajando en mi máquina de escribir".

Explica que en un principio a las mujeres no les daban las ocho columnas debido en muchas ocasiones a la falta de talento, de estilo y de sentido periodístico de las que lo pretendían. Otras veces era a la obstrucción de los directores o de los jefes de información, de los hombres que dirigían los periódicos que no querían que un nombre de mujer estuviera en una primera plana como ahora es tan normal y lógico verlo.

Actualmente, es más fácil y hay mujeres como Martha Robles, que tiene años firmando su artículo de fondo en primera plana o los reportajes de tantas mujeres, como Martha Anaya y otras periodistas que se la han jugado en la guerra, en asuntos muy peligrosos en el extranjero y en su país.

Para la escritora, las cualidades que deberían tener los periodistas y de los cuales supuestamente carecían las mujeres "eran puros cuentos, se ha demostrado que no era cierto".

De sus columnas tiene bellos recuerdos y dice que La O por lo Redondo, de la que tiene un libro, le dejó una maravillosa experiencia: "Fue un aprender a hacer la O por lo redondo, verdadera y rendirle un homenaje de rodillas a Ramón López Velarde", cuando viajaba al extranjero, dependiendo del país, preguntaba cómo se escribía esa letra para hacer su columna.

En las publicaciones en que ha colaborado ha tenido columnas con diversos nombres, por ejemplo; La A por la mañana, La D de dando y dando, y actualmente la que tiene en Excélsior, Trompo a la Uña. Al respecto dice: "Soy muy buena para hacerle la cabeza a las columnas, los títulos de mis novelas también son buenos".

Si de las columnas la preferida es La O por lo redondo, de sus novelas lo es De Ausencia. Señala que el título de su primera novela Con él, conmigo, con nosotros tres, no es tan bueno como los otros, se iba a llamar "Tiniebla Tlatelolca", pero dadas las circunstancias del momento, el editor no quiso, "y por un temor completamente idiota no se tituló así, a estas alturas no lo voy a cambiar, no voy a cambiar nada, a excepción de mi ejercicio literario".

Dice que está escribiendo de una manera muy seria, muy sana, lo cual lamenta, pero eso es por "tantos fregadazos en las ancas de mi cuerpo de animal de pio", Dice tener miedo de jugar con el lenguaje: "Fui una gran creadora de neologismos, jugué mucho con mi literatura, fui muy alegre, pero ahora es una literatura muy acorde a mi situación real, a mi circunstancia sobre la faz de la Tierra".

A pesar de todo continúa viviendo con la misma intensidad y la misma alegría: "Sigo siendo un ser absolutamente enamorado, siempre vivo, enamorada hasta la asfixia, creo que un signo de gran juventud".

Comenta que en estos tiempos de crisis, no hay dónde escribir, las páginas de cultura de México están cerradas, son muy pocas, no hay dinero para el papel, "pagan mal, es dolorosa y cruenta la tarea del periodismo como el que yo realizo, pero sí le puedo decir que nunca en mi vida me he arrepentido de tener la profesión de periodista, es lo más bello, siempre traigo mi botón del Premio Nacional de Periodismo, ahora se me olvidó porque salí muy aprisa, hasta los anillos se me olvidaron, a mí me sigue dando por la feminidad, por la 'femeneitud', como le digo yo".

Para "La China" Mendoza es una vergüenza que sean pocas las mujeres a las que se les ha otorgado el Premio Nacional de Periodismo: "Como siempre somos las menos". Guarda bellos recuerdos de las entrevistas que le hizo a las periodistas que la antecedieron, entre ellas, la de Elvira Vargas, las cuales fueron publicadas en ¡Oiga usted!, trío de cuerdas.

Al preguntarle cómo podrían las generaciones actuales adquirir la experiencia que ella tiene, responde: "No creo que nadie enseñe a nadie, ni creo que seamos maestros de vida. Fui una gran especialista en teatro, escribí crítica de teatro, de cine, de libros, pero en la actualidad es una especie de ramos de flores que es lo último que estoy ofreciendo a mis lectores, si es que los tengo. No creo que tengamos que seguir el camino de los grandes del periodismo. Nosotras mismas, en el caso de las mujeres, nos vamos conformando, nos vamos haciendo, con más trabajo que todos los demás, tres veces bien tu artículo, tres veces bien nuestra conducta, tres veces bien nuestra carrera, para que seamos consideradas".

Se despide dejándome una gran sensación, como reportera que soy, de poder descubrir el mundo en este camino, tras platicar con una persona famosa que no ha perdido la sencillez y la alegría de vivir el periodismo.

Fuentes:
[1] https://www.excelsior.com.mx/opinion/maria-luisa-mendoza/fela-fabregas-en-mi-vida/1239856
[2] Ídem
[3] Ídem
[4] Ídem