FEBRERO 2018

A mayor edad menos libertad: Por el respeto a la libertad de las personas adultas mayores

Foto: Emma Blancas/MujeresNet

Georgina Rodríguez Gallardo explica que, al tiempo que se incrementa la población adulta mayor en nuestro país, la realidad revela una ausencia de cultura de convivencia saludable respecto de este grupo, al que se margina y maltrata de forma recurrente.

En el siglo XXI el tema del envejecimiento de la población debe de ser un asunto de preocupación y de atención no sólo en México, sino también en el mundo. El problema no está en el proceso de envejecimiento de la población sino en el ejercicio de la exclusión, marginación que lleva implícita la limitación de la libertad de la persona adulta mayor.

Diversas regiones del país experimentan ya las consecuencias de este fenómeno poblacional. Las tendencias de crecimiento y variación de los diferentes grupos de edad hablan de un cambio en las estructuras poblacionales en México. Estas variaciones marcan una propensión a la disminución de los grupos de menores y de jóvenes. La predisposición es a que la población se concentre en los grupos de edad media y de personas adultas mayores, lo cual en los últimos años ha mantenido un comportamiento de crecimiento constante. Cabe hacer la pregunta ¿qué tanto estamos preparados para enfrentar este cambio poblacional? No sólo la adaptación de espacios físicos, sino un aspecto de mayor trascendencia que es el marco de respeto a su libertad y de su seguridad física-emocional. En donde el trabajar por la igualdad, inclusión y de reconocimiento de sus derechos humanos no sea necesario porque esto se da de forma natural, ya que nunca les fueron expropiados, como sucede de manera naturalizada por la sociedad.

Los y las adultas mayores son un grupo de población altamente vulnerable, este solo hecho es limitante para elegir libremente la manera en que quieren vivir. La edad es condicionante de los anhelos, ya no pueden circular en la ciudad de manera segura, no pueden acceder a un empleo, no disponen de un ingreso que les brinde tranquilidad en su vejez y en muchas ocasiones son rechazados por sus hijos e hijas. La preocupación del devenir es limitante del ejercicio de su libertad, de su derecho a niveles óptimos de bienestar.

A la persona adulta mayor le es arrancada su independencia, su libertad. Por otra parte, la edad de la población afecta su calidad de vida, las sociedades están estructuradas en las diversas esferas del desarrollo humano para la población de un grupo de edad productivo. La edad avanzada lleva consigo las cadenas represivas y excluyentes. Los espacios que antes le eran permitidos ahora le son limitados: la cultura, la educación, en mayor grado lo laboral, o el entretenimiento, que están pensados y construidos para la población adulta-joven, lo que genera que la población adulta mayor -de más de 60 años- se encuentra aislada, marginada y excluida de su comunidad. Y preocupémonos: en muchas zonas del país, a la población de más de 45 años de edad ya se le complica conseguir un empleo estable.

A esto se suma que el espacio urbano no está adaptado para la y el adulto mayor, las opciones de esparcimiento o circulación en su propio entorno son limitadas o nulas, y las oportunidades laborales son prácticamente inexistentes; todos estos elementos afectan su calidad de vida. La persona adulta mayor pierde movilidad en su propia ciudad, y en ocasiones en su propia casa, no existen las condiciones de infraestructura y equipamiento urbano para que circulen con confianza, ello sin considerar el tema de la inseguridad. La edad avanzada recluye a la persona adulta mayor a su casa; sola y olvidada es marginada por su propia familia y alejada del resto de la sociedad.

A una libertad minada se suma la discriminación y la violencia derivadas de una sociedad occidentalizada que aprecia lo productivo y joven. Es momento de visibilizar la violencia hacia la y el adulto mayor tanto en los espacios públicos como privados, si bien es un tema conocido es poco abordado. Se sabe que sufren violencia en sus diferentes manifestaciones, la económica y la emocional -las más frecuentes- al ser despojados de sus bienes, son desatendidos y en abandono. La vejez es un ingrediente de alta vulnerabilidad.

Tanto la mujer como el hombre adulto mayor viven violencia al interior de sus familias y en su entorno comunitario. La persona en su vejez sufre discriminación, es vulnerable y con la edad avanzada le son retirados por un consenso social -no escrito- sus derechos y sus libertades fundamentales, es tratada como si no fuese dueña de sí misma, se cosifica, pierde el respeto de la comunidad.

"Cada vez está más extendida la convicción de que el maltrato de los ancianos a manos de sus parientes u otros cuidadores es un problema social grave. Además, es probable que vaya en aumento, porque en muchos países la población está envejeciendo rápidamente. Por ejemplo, se prevé que, entre 1995 y 2025, la población mayor de 60 años se duplique y pase de 542 millones a 1200 millones aproximadamente" (OPS, OMS, 2002:20).

La ancianidad es el futuro -en el mejor de los casos- de todos y todas, sin embargo la falta de una cultura de convivencia social con la persona adulta mayor es evidente. En otras palabras jóvenes, menores y adultos de edad mediana carecen de elementos para relacionarse de manera sana, en el marco del respeto con los y las ancianas; esto ha generado la limitación del ejercicio de la libertad y del acceso a los derechos universales de la persona adulta mayor.

El respeto a los derechos humanos de la persona adulta mayor y el trabajar en su inclusión en las actividades diarias, el devolverle su autoestima y su libertad, es tema que involucra a todos: sectores públicos y privados, y cada persona de la sociedad.

El proceso de envejecimiento de la población es inevitable, por lo que es necesario generar los mecanismos que fortalezcan el entorno familiar, e institucional para brindar una atención digna a este grupo poblacional. El trabajar en el respeto a los derechos humanos de la y el adulto mayor con énfasis en que las mujeres ancianas vivan sin violencia, sin discriminación, es un tema de cultura, de trabajar con las generaciones en la sana convivencia y fomento a las relaciones familiares incluyentes hacia las personas adultas mayores. Finalmente puede parecer reiterativo, pero el tema de la vejez es un tema de derechos humanos, del ejercicio de la libertad que debe de estar en la agenda pública y en el trabajo diario de las familias desde su interior. Eduquemos en la cultura del buen trato y respeto desde nuestras familias.