DICIEMBRE 2017

Nuestras geografías. Nuestra Historia. Mujeres en México

Elvira Hernández Carballido, con motivo de su ingreso como socia de número a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística Hidalgo, recorre la historia de las mujeres en México, para finalizar con una emotiva descripción de las hidalguenses y su labor en su entidad.

Agradezco a la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística Hidalgo que hayan aprobado de manera unánime la propuesta para integrarme a su membresía, en calidad de socia de némero. Gracias a su presidente, Don Raúl Arroyo, por su generosidad y sororidad masculina.

Y desde que recibí tan gentil invitación, toda mi geografía vibró completa. La que soy y la que intento ser, la misma que cree en sí misma, que siempre se busca y se encuentra en las otras, en nosotras, en yo otra vez. La mujer que soy, las mujeres que somos, las mujeres que habitan en cada territorio con su propia geografía, marcada por el sexo, transformada por el género, agitada por el feminismo.

Soy una mujer que entre más pasa el tiempo, más se apasiona por identificar nuestras geografías, los nombres de mujeres que me han abierto puertas y ventanas para avanzar con mis sueños. Mujeres que han enfrentado injurias para volverse eternas. Mujeres que han escrito con su puño y letra nuestra historia. Que nos han contado para denunciar cuando hay una menos entre nosotras, que han calculado porcentajes para jurar que somos la mitad del cielo, que hacen gráficas para representar todos los escenarios que nos hemos ganado por necias y talentosas, locas y gozosas, brujas y sabias, bellas y airosas.

Soy una mujer, con geografía de mujer y alma feminista que lleva más de 30 años dedicándose a encontrarnos, a nombrarnos y hacernos visibles. Mi objetivo es y será constatar que somos presencia latente en nuestra historia, en cada región, en todas las épocas.

Descubrir poco a pocos nuestras geografías ha representado ese repaso que muchas mujeres de mi generación no pudimos hacer en nuestras escuelas sobre la presencia femenina porque no había datos, ni nombres, ni testimonios. Pero muchas de nosotras empezamos a buscarnos, encontramos testimonios, citamos nombres, sumamos datos. Ahora, esta historia, nuestra historia, la puedo y quiero compartir. Ellas y nosotras, ellas y yo somos nuestra historia. Gitanas que hemos advertido que nuestras geografías están trazadas en la palma de nuestras manos con destinos que torcemos adrede, siempre con seguridad, rebeldía y libertad.

Y así he podido escribir páginas y más páginas donde nuestras geografías trazadas me permiten sumar tantos objetivos y voy logrando...

Descubrir a las princesas aztecas que desoladas vieron la destrucción de su cultura pero que guardaron sus historias para no olvidar nuestro origen de plumas, diosas quebrantadas pero eternas, guerreras águilas dispuestas a volar.

Pasear con las monjas de la época colonial para inventar esa palabra que mejor representa nuestras complicidades: la sororidad.

Dar tres taconazos delatores y provocar una independencia.

Redactar en el encabezado de una primera plana esa frase retadora que se convierte en la noticia del siglo XIX: Aquí estamos. Y desde ese instante el periodismo fue nuestra trinchera.

Imitar esa figura femenina envuelta en un rebozo, parada en el estribo de un tren revolucionario, y extender la mirada a un futuro más justo.

Ser esa pelona rebelde que lucha decidida por su identidad elegida cuando México se bautizó como posrevolucionario.

Salir a la calle para exigir ser reconocidas como ciudadanas.

Heredar el reto de usar alegremente una minifalda estampada con la señal de la paz y el amor, mientras luchamos por llevar a la imaginación al poder.

Jurar que lo personal es político y todas las olas del feminismo empapan a todo nuestro país.

Experimentar, fotografiar, pintar y cantar para denunciar quiénes queremos ser.

Escribir para delatarnos y encontrar cómplices de nuestros anhelos.

Y entonces, trazar nuestras geografías para escribir nuestra historia con nombres propios, el nombre de una mujer por época, llamar a cada una por su nombre y su logro, porque ella se llamaba...

Sor Juana Inés de la Cruz y su certeza de que las mujeres no estudiaban para saber más, sino para ignorar menos.

Leona Vicario que repite con seguridad que el amor no es el único móvil de las acciones femeninas sino también el amor a la patria y luchar por ese ideal.

Laureana Wright, periodista mexicana del siglo XIX quien preguntó y respondió: "¿Qué necesita la mujer para llegar a la perfección? Fuerza de voluntad, valor moral, amor a la instrucción y sobre todo, amor a sí misma".

Matilde Montoya tiene la convicción de que las mujeres pueden estudiar medicina y se convirtió en la primera mujer que se tituló en Medicina.

Juana Gutiérrez de Mendoza y Elisa Acuña que desde las tribunas de su periódico Vesper denunciaban la injusticia social durante el porfiriato.

Las Adelitas asomadas en el estribo de un tren seguras de atisbar el horizonte de un país justo que reconociera la fuerza de sus mujeres.

María Ríos Cárdenas que fundó en la década de los veinte la revista Mujer y aconsejó a sus contemporáneas para ser la mujer que deseaban ser.

María Antonieta Rivas Mercado y las preguntas que jamás me responderá: ¿Qué pensabas mientras el sonido del disparo aún resonaba en tus oídos y caías lentamente herida por ti misma? ¿Musitaste como una oración las 87 cartas de amor que le escribiste al pintor Manuel Rodríguez, tu amor imposible? ¿Miraste los ojos de Vasconcelos al dar vuelta en Notre Dame y reconociste la impotencia del amor más profundo?

Lola Álvarez Bravo se atreve a atrapar imágenes con su mirada cómplice de espejos y de paisajes, de nosotras en blanco y negro.

María Grever se convierte en una de las primeras mujeres compositoras, sus letras son sensuales y atrevidas, construyen el amor ideal, delatan el deseo femenino.

Nahui Ollin queda cautiva toda al natural para descubrirnos a nosotras mismas y enredarnos en esas medias de seda que delatan la sensualidad que nos bendice a cada paso.

Frida Kahlo hace autorretratos para delatarnos. En cada uno nos pierde para encontrarnos y aceptarnos.

María Izquierdo juega con los colores para que nunca adivinen nuestras penas y provoquen nuestras alegrías.

El Frente Único Pro Derechos de la Mujer, que logró reunir a miles de mujeres, insiste en nuestro derecho a votar.

Matilde Landeta paraliza a un estudio cinematográfico cuando por primera vez dirige una película y ordena a todo el staff: "Silencio, cámara, acción".

Margarita Michelena confiesa en su poesía: "Ésta es la primera morada. Allá, en la otra, Eva te llora, Eva te busca y te llama. No la oigas. Quédate con ésta. Sin edad y sin nombre. La que en verdad te ama..."

Rosario Castellanos nos provoca al cuestionar si existe una cultura femenina. La misma Rosario que juró en sus poemas que existe otra forma de ser humano y libre.

Revista FEM, es la primera publicación feminista en México y América Latina.

Sara Lovera dirige el suplemento Doble Jornada y durante 10 años denunció y explicó la vida de las mujeres mexicanas.

Kira Galván pregunta en su poema más hermoso: "Contradicciones ideológicas al lavar un plato ¿No?/ Y también quisiera explicar/ Por qué me maquillo y por qué uso perfume/ Por qué quiero cantar la/ belleza del cuerpo masculino/ Quiero aclararme bien ese racismo que existe/ Entre los hombres y las mujeres/ Aclararme por qué cuando lavo un plato/ O coso un botón/Él no ha de estar haciendo lo mismo".

Graciela Hierro medita la forma en que pasamos de la domesticación a la educación femenina.

Marcela Lagarde denuncia los cautiverios de las mujeres y nos delata como las madresposas, las locas, las putas, las monjas y las presas.

Marta Lamas reflexiona sobre el feminismo.

Y las que faltan y las que van llegando y las que vendrán...

Y en este mismo ritmo de evocación y reconocimiento, busco en Hidalgo la manera de escribir nuestra historia, la historia de las mujeres hidalguenses, de las bellas y airosas...

Y así descubro un reloj monumental que ha marcado las horas y minutos de mujeres que despiertan a la vida, a sus tareas cotidianas, a sus sueños y esperanzas. Mujeres que han luchado para ser reconocidas como seres humanos, como creadoras, como creativas, como ciudadanas, como feministas y como hidalguenses que viven con la sabia virtud de conocer el tiempo. Son las mujeres de Hidalgo.

Minas llenas de riqueza y misterios hicieron de los hombres sus dueños y sus esclavos, mineros cautivos y varones supersticiosos que crearon leyendas y mitos desde la oscura profundidad... Mitos que las mujeres rompieron al tallar en plata la fe en sí mismas, que exploraron para triturar prejuicios y marginación, que alumbraron con cascos mineros para distinguir su falsedad porque las relacionaban con la tragedia o la prohibición, cuando ellas siempre han demostrado el coraje de abrir los ojos cada mañana y luchan para impedir que la historia las haga invisibles. Son las mujeres de Hidalgo.

Al son del huapango la vida femenina en tierras hidalguenses ha tomado ritmo. En cada paso que dan resuena el zapateo de sus huaraches, de sus tacones y de sus huellas. Sus cantos pueden externar tristeza por la indiferencia social pero también pueden delatar la alegría de ser mujeres que creen en sí mismas. Los sonidos musicales las reconcilian con los ecos de paisajes desérticos. En su vida siempre encuentran el ritmo huapanguero para avanzar hacia un mejor futuro. Ellas son las mujeres de Hidalgo.

La sierra Otomí-Tepehua, la Huasteca y del Valle de Mezquital son escenarios naturales, tierras de luchas, contextos de promesas y treguas, panoramas con instrucciones para salvarse, horizontes esperanzadores y desoladores. Pero ellas están ahí para sembrar sus tierras y para combatir el hambre, para bordar las tradiciones y para compartir consejos ancestrales, para enamorarse de los paisajes y para desafiar de frente las trampas de la miseria, para construir historias donde las derrotas ya no formen parte de su vida cotidiana. Ellas son las mujeres de Hidalgo.

La herencia de las abuelas, de nuestras madres y hermanas que memorizan recetas sagradas y comparten recetas familiares. Reconocen el olor de la tortilla de maíz y encuentran el equilibrio perfecto entre el jitomate, el perejil, la razón y la alegría de la vida. Así son las mujeres de Hidalgo. Por eso viven en una ciudad que se hizo novia del viento y las ha llevado por todas partes para hacer realidad sus sueños. Se han vuelto también bellas y airosas para regar su esencia femenina en todo lugar, en todo oficio y en todos los sueños femeninos. Ellas son las mujeres de Hidalgo. Las mismas que trazan nuestras geografías, que siempre delatan el porcentaje exacto de la población femenina.

Mujeres de aquí, de las montañas y de la ciudad, de todas las geografías y todos los tiempos.

Mujeres que rompen cautiverios para ser ellas mismas
Y se hacen visibles por la fuerza, por cada latido de su corazón
Mujeres de cabello blanco, nube antigua
Mujeres de piel lozana, tronco suave
Mujeres de voz fuerte, risa de cascada
Mirada en el horizonte
Que se levantan con el sol
Que mecen a la luna
Que se llaman como yo, como tú y como todas.

Que tienen una historia como la mía, como la tuya, como la de todas. Historia que necesitamos compartir, reconocer y transformar. Nuestra historia.

La historia que quiero compartir como socia, que quiero que escuchen, que les interese, que me ayuden a escribir, a difundir.

Gracias por aceptarme en la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística Hidalgo.