DICIEMBRE 2017

Morgana Love: los cuerpos que elegimos

Foto: Dulce Miranda/MujeresNet

El respeto hacia la diversidad sexual y de género es una actitud que debe prevalecer en cualquier ámbito. A través de la síntesis del libro 'En el cuerpo correcto', Aura Sabina reflexiona sobre la importancia de abordar con sentido humano este tema.

Hablar de disidencias sexo-genéricas sigue siendo complejo en una sociedad patriarcal. Todavía existen muchos prejuicios en torno a las identidades que conforman el amplio abanico que va más allá de la conocida heterosexualidad. Nos han habituado a pensar en binarismos, en las correlaciones entre pensamiento, preferencia sexual y cuerpo. El género está permeado de las cosas que deseamos hacer. Por muy optimistas que seamos, todavía pesa el cuerpo con el que nacemos para que se nos asigne determinada identidad. Pero ¿qué pasa cuando la identidad es aún más compleja que el simple pensamiento heterosexual?

Por mucho que lo sepamos, siempre es posible perdernos en algunas de las opciones y dar por sentadas otras tantas. Bastante se ha trabajado en no asociar, necesariamente, la masculinización de las lesbianas o la feminización de los homosexuales. O de la tan sonada butch y femme o loquita y macho. Y la necesaria correlación entre unos con otros. Porque entonces caeríamos nuevamente en prejuicios, en cajitas.

La androginia es otra apuesta transgresora que inquieta a quienes defienden lo masculino o femenino, independientemente del cuerpo que tengan. Sería volver a lo mismo. Un hombre puede no querer ser hombre, ni social ni sexualmente. Y es válido, independientemente de que le gusten o no los hombres o las mujeres o ambos. Lo mismo con una mujer. Si quiere ser masculina, si quiere reasignarse y resignificarse, no tendría por qué causarnos escozor.

Para mí, leer la historia de Morgana me ayudó a entender un poco más la cuestión trans. Reconozco no comprender del todo porque, desde el entendido de que el género es cultural, que nada de lo que somos es algo de nacimiento sino una imposición basada en la genitalia, hablar de aceptación del cuerpo podría haber sido banalizado por mí. En cambio, leer la historia de Morgana pudo poner la luz en esas zonas oscuras donde mi entendimiento no podía procesar.

Las autobiografías tienen la bondad de hablarnos de lo que pasa desde dentro. El relato, cargado de sueños y sentires, nos dará una visión profunda, exhaustiva de lo que somos como seres humanos, nos identifiquemos o no con la historia, desde que era Saúl (como jamás volveré a nombrarla porque ella eligió ser Morgana ahora y si alguien elige su identidad, aunque un acta diga lo contrario, por el cariño y el respeto se le debe nombrar así) hasta los últimos tiempos en que Morgana es una maravillosa cantante.

Siempre habrá rasgos nuestros en lo que leemos. La proximidad tiene que ver, obviamente, con la vivencia de cada quien, pero eso no nos da la suficiente distancias como para ser indiferentes. Este es un testimonio magnífico, escrito con mucha claridad, con una ilación de tiempos, nombres, lugares... Con mucha candidez y claridad. Una mente ágil y soñadora. Así se lee a Morgana, además de la pulcritud editorial propia de Grijalbo.

A través de las páginas escritas con toda honestidad, es sencillo conectarse con lo complejo de tener una inclinación sexual diferente a la que se espera, y todo el martirio de vivir en una sociedad tan cerrada, tan espantada e ignorante, que la gente se teñale siempre porque no encajas en su molde. Que busques a Dios, o lo que te dicen que es, y que tampoco halles el consuelo prometido, que intentes encajar en varios mundos y no sentirte allí, ni en el mundo gay ni en el mundo hetero. Que la felicidad sea pequeña, que las vicisitudes propias de abrirte camino desde la trinchera artística (en este caso, el de la música; Morgana tiene una voz estupenda) puedan llevarte a situaciones complicadas, que la sensibilidad o el miedo o la soledad te haga percibir situaciones consideradas como paranormales, que la depresión te aísle de quienes te aman, que te busques en el espejo y no encuentres más que un eco de lo que podrías ser pero no eres, no del todo. Que tengas amistades sinceras y otras no tanto, que la gente pueda envidiar tu talento, juventud o simplemente tus ganas de ser. Que te expongas en prácticas de alto riesgo porque a veces no quieres vivir...

¿Hasta dónde puede nuestra fobia, homo, lesbo, trans, llegar? La que dirigimos a nosotras mismas y hacia las demás personas, todas, tienen consecuencias que pueden ser fatales. Desde el feminismo hemos trabajado duro por esto (no todas, algunas feministas todavía tienen una fuerte transfobia, resquemor a los estatutos aparentemente patriarcalizadores de la transición de los cuerpos o los géneros, por considerarlos presos del binarismo y que volverse femeninos los hace objetos para consumo masculino), por lograr una reivindicación de lo que significa ser mujer y hasta dónde se tiene o no la legitimidad de una identidad atravesada, sí, por una genitalia, pero no definida por ella.

Así como hay personas que se hacen cirugías, por estética o por salud, así como algunas personas se tiñen y tratan el cabello, así como se corrigen la columna, algunas personas se reasignan género, con operación genital o sin ella. Eso es personal, pero también es político. No podemos permitir que las ideas binarias nos resten la posibilidad de ser lo que deseamos.

Hay mucha controversia por el título En el cuerpo correcto, porque quizá no haya uno solo, pero creo también que es válido buscar la expresión corporal que a cada quién le sienta mejor. Este mundo necesita mucho amor, amor puro, y es lo que fomentamos a partir del respeto a las demás personas, sin juzgar su identidad ni su cambio. Al final, cada quien tiene su propia, incesante búsqueda, que no termina sino hasta que la vida abandona nuestro cuerpo. Antes, no.

En el cuerpo correcto, Morgana Love, Editorial Grijalbo, México, 2017, 368pp.