OCTUBRE 2017

Sobre la prevención del suicidio en mujeres

Foto: Emma Blancas/MujeresNet

Debido al incremento en la tasa de este fenómeno, Georgina Rodríguez Gallardo invita a la reflexión sobre la transformación histórica de los roles, la importancia de redefinir la familia y la necesidad de prevenir desde distintos ámbitos.

Los días 25 y 26 de agosto de 2017 se realizó en la ciudad de Puebla el Séptimo Congreso de Prevención del Suicidio, importante evento internacional.

A lo largo de las diferentes exposiciones dos puntos llamaron en especial mi atención debido a mi sensibilidad en los temas de género. Uno de ellos -por demás preocupante- es el incremento en la tasa de suicidio de las mujeres, que si bien está por debajo de la de hombres, su aumento es destacado. En este sentido es relevante señalar que históricamente la ideación suicida en mujeres ha sido alta, sin embargo actualmente se han incrementado tanto los intentos de suicidio como su consumación. ¿Qué cambió para que ello ocurra?

El segundo punto de mi interés es el señalamiento de la gran importancia de la familia en relación con el suicidio. La retórica se concentró en la transformación de la familia. Se puede concluir que la familia es la razón y la solución del incremento del suicidio. La familia ha evolucionado. Los roles de hombres y mujeres definitivamente han presentado una transformación; los espacios privado y público antes exclusivos para cada sexo ahora se comparten. Si bien -a mi manera de ver- este cambio de roles se ha dado de forma y no de fondo, ocasionando un estado anímico de crisis en la mujer que impacta en la incidencia del suicidio, ideación suicida y de los intentos de suicidio.

La familia. ¿Cómo puede ser la solución una institución que se está desmoronando? Sería necesario realizar un replanteamiento de la conceptualización cultural de la familia, y romper esquemas para aceptar las nuevas figuras de familia sin que ello genere una crisis al interior y en el colectivo social.

Mi preocupación en este tema estriba en que tradicionalmente la familia ha sido circunscrita como una responsabilidad de la mujer. Sería un error que las fallas en la funcionalidad de la familia recaigan en la mujer.

La familia es una institución social cuya responsabilidad es de todos y todas, y su evolución tiene que ir de la mano de cambios a su interior. Mientras este proceso se imprime en la generalidad es necesario promover y fortalecer instituciones que brinden apoyo a la familia para que el impacto se minimice. Estas instituciones son el estado, la iglesia y la educación que deben de transformarse paralelamente a la evolución de la familia.

Esto es, la vigencia de roles tradicionales genera una presión en la mujer así como un estado de frustración continuo por no poder realizar un cambio de sus roles fundamentales de madre, esposa y responsabilidad del hogar, y empatarlos con sus deseos de estudiar, trabajar y lograr el éxito -lo que sea que signifique ello-. Es innegable que la familia ha cambiado, y que el recinto de paz, orientación y estabilidad que debería de proporcionar la familia también ha cambiado o se ha desvanecido. ¿Qué hacer? Fortalecer a la familia y generar instituciones de apoyo a la mujer y al hombre para que puedan realizar la transformación real de los roles, sin generar crisis por la exigencia de los roles tradicionales.

Si bien la tendencia del suicidio a nivel mundial es la del incremento, la incidencia de suicidio en México ha sido a mayor escala. Algo estamos haciendo mal, o peor aún, estamos dejando de hacer muchas cosas. La salud mental de la población en México ha experimentado un deterioro por diversos factores (multifactorial) además de que no se disponen de la experiencia ni de políticas públicas nacionales o en su defecto estatal y municipal para enfrentar esta alteración recientemente identificada. Baste decir que no se cuenta con un Plan Nacional de Salud Mental, y que aún mucha de la política pública para los diferentes sectores como es la salud, educación, cultura, laboral, y de deporte, entre otras, no cuenta con una perspectiva de género que permita dar la orientación adecuada para el desarrollo equilibrado en oportunidades para hombres y para mujeres.