AGOSTO 2017

Una historia de zozobra y desconcierto: no sólo de poemas está hecha la escritura de mujeres

Foto: Aura Sabina/MujeresNet

Aura Sabina reseña este libro de Leticia Romero Chumacero y nos encamina a una reflexión sobre el quehacer de las mujeres literatas a finales del siglo XIX en México.

Para quien piense que después de Sor Juana no ha habido mujeres escritoras profesionales en México, Una historia de zozobra y desconcierto será una grata sorpresa, pues se hallarán los rastros no solamente de poetisas, como en diversas ocasiones se ha pensado, sino también de ensayistas, narradoras y dramaturgas.

La doctora Leticia Romero Chumacero, estudiosa de -entre otros rubros- la literatura decimonónica, nos da las armas suficientes para rebatir todo aquello que se ha dicho acerca de la escritura de mujeres. Es mentira que, en primera instancia, no escribieran; en segunda, no tuvieran rigor literario y, en tercera, que publicasen. La autora ha recabado las fuentes hemerográficas que constatan la participación tan activa de las mujeres en el ámbito social de México de finales del siglo XIX.

Cuando en clases, lecturas o coloquios alguien pregunta por la obra de mujeres del siglo XIX, si acaso, alguna poeta o estudiosa de la literatura puede citar aisladamente algunos nombres, que suelen diluirse por no tener a la mano las referencias exactas. Pocos son los varones que suelen responder, aun cuando ostentasen el doctorado en literatura -mexicana, inclusive-, debido quizá, a la falta de interés -acaso temor de hallarlas tan talentosas como los escritores que tradicionalmente se revisan- y de ganas de aportar conocimientos y referencias que nos permitan explorar el pasado literario de nuestro país.

Este libro, dotado de una prosa bella, basado en un acucioso análisis, nos obsequia con luz para entender la historia del quehacer de las mujeres dedicadas a la literatura. A través de cuatro capítulos se abordan el contexto histórico de las relaciones sociales entre hombres y mujeres, la recepción de las escritoras, la aparente libertad de ellas durante la República Restaurada, el Porfiriato y el ocaso de la obra escrita por mujeres.

Como parte del aparato crítico la doctora Romero Chumacero contextualiza la diferencia cultural entre los géneros hecha a partir de la diferenciación sexual:

Esa construcción cultural estructura el mundo a través de dos esferas: la masculina y la femenina. Asimétricas, jerarquizadas y entreveradas, las esferas se conciben como algo común, debido a su generalización en la práctica, y porque suelen justificarse en el discurso incuestionable resultado de las diferencias biológicas (Chumacero, 2016, 24).

Esto dará cuenta de la importancia de reforzar, por parte de la sociedad, los roles asignados a cada ser humano con base en su cuerpo, para no romper su aparente orden. Romero retoma las enseñanzas de Rousseau con respecto a Émile y Sophie, y la educación que debían recibir (del Libro Émile o de la educación). Si bien, Émile debía educarse para entender el mundo, Sophie debía educarse para agradar al hombre, por ninguna otra razón más que la naturaleza, y que, en el siglo XXI, sin embargo, sigue siendo un argumento válido para algunos intelectuales.

Por fortuna, y gracias a esta amplia investigación (y otras, en ciernes), sabemos que la diferencia radica, en realidad, en las oportunidades negadas a las mujeres, como la educación y la libre asociación con sus congéneres sin tener que pedir permiso a padres o maridos, además de tener en cuenta el perenne señalamiento social.

La investigación siempre respaldará hallazgos de verdad. Es siempre grato encontrar notas de pioneros con la suficiente lucidez para admitir las vicisitudes que no permitieron que las mujeres se desarrollaran en igualdad de número con relación a los hombres. Romero retoma a Severo Catalina:

Si el talento es la cita del alma, muchos de esos sabios, y de esos maestros, y de esos oradores, y de esos periodistas, son miopes comparados con innumerables mujeres que ni escriben ni enseñan ni peroran//Dad a las mujeres los estudios y educación de todos esos hombres de letras o dejad que esos hombres de letras sin estudios y sin educación como están por regla general las mujeres, y aquella proposición quedará plenamente demostrada (Catalina, 1861,p.230, cp Romero, 2016, p. 31)

La autora nos guía por los contextos, no solamente de México, sino de Alemania y España, donde la escritura de mujeres estaba gestándose también, de alguna manera, bajo la mirada de su "naturaleza" romántica o bien, por una apuesta política, no sin encontrar la intención, por parte de los críticos, de resaltar sus virtudes de modestia, mesura y delicadeza...

Si bien, hubo varias revistas escritas por mujeres (Violetas, Violetas del Anáhuac, Las Hijas del Anáhuac), fue en la revista El renacimiento, dirigida por Ignacio Altamirano, donde participaron 11 escritoras mexicanas, con cuarenta y cinco colaboraciones entre relatos, poemas y traducciones (Romero, 2016, p.65) el espacio que abría la posibilidad de que "inclusive" los varones las leyeran. Es importante señalar que para lograr ser publicadas, en ocasiones, los editores solicitaban el permiso del marido de las escritoras.

La doctora nos refiere que el mismo Altamirano escribió una Carta a una poetisa, donde señala la importancia de saber elegir entre la delicadeza y sensibilidad, naturales de la mujer, y la razón, natural de los varones. Si bien, esta parte podía debatirse ad infinitum, lo notable es que Altamirano creía que con la disciplina se hacía la perfección, independientemente de quien escribiera.

Las mujeres que demostraran agudeza mental para dedicarse a la literatura, más allá de la elaboración de poemas, eran tildadas de escribir como hombres, como si por sí mismas, es decir, desde su cuerpo, no pudieran tener capacidad de análisis, más allá del romanticismo que se esperaba de ellas. Estas mujeres podrían ser consideradas, además, concebidas como seres asexuales o masculinizados o bien, se afirmaba que, aunque escribieran, no descuidaban las labores "propias de su sexo" ni dejaban de velar por sus familias como madres, hijas o hermanas, asuntos que en modo alguno eran (ni a la fecha son) cuestionados a los colegas varones.

Era inconcebible pensar que una mujer dejara su vocación "natural" por dedicarse a algo tan masculino como la escritura... Se entiende que, por otro lado, al menor error, eran ridiculizadas, despreciadas, tomadas por simuladoras, por parte de los intelectuales de la época (y probablemente de los actuales).

Algunas de ellas, empero, tuvieron la oportunidad de ser acogidas, hasta donde la tradición lo permitía, en logias masónicas, como en el caso de Laureana Wright, quien al morir recibió la tenida fúnebre en el Templo de Rito Mexicano Reformado. Otro caso significativo fue el de Josefa Murillo, quien también recibió grandes tributos poéticos después de su partida de este mundo. Pero en realidad, en el caso de otras mujeres, si acaso aparecían esquelas: nunca fueron dignas de la publicación de algún libro en memoria de sus exequias.

La apuesta por entender la historia de la escritura de mujeres a partir del silencio nos deja abierta, una vez más, la interrogante de por qué se han esforzado tanto en ocultar nuestro pasado feminista: el temor de que sea público lo que siempre se ha intuido: que no solo de poesía hemos vivido, sino que la tradición ensayística, narrativa y de dramaturgia ha estado presente siempre en tierras mexicanas (y otras, pero por esta ocasión me ciño a la nuestra).

En este libro podemos hallar la mayoría de los nombres de las mujeres escritoras de finales del siglo XIX. Por citar algunos: Esther Tapia Ortiz de Castellanos, Gertrudis Tenorio Zavala, Isabel Ángela Prieto González, Rita Cetina Gutiérrez., por citar algunas, además de las posiblemente ya conocidas Laura Méndez Lefort (más conocida como de Cuenca), Laureana Wright, María Enriqueta Camarillo, Rosa Carreto, Josefa Letechipía, Clotilde Zárate e Isabel Prieto de Landázuri.

Este es, por mucho, un documento imprescindible para toda aquella persona que se precie de estudiar literatura; más aún, literatura mexicana.

Romero Chumacero, Leticia (2016), Una historia de zozobra y desconcierto: La recepción de las primeras escritoras profesionales en México (1867-1910), Gedisa.