JUNIO 2017

Villanas, vírgenes y cuaimas. Modelos femeninos telenoveleros

Foto: Emma Blancas/MujeresNet

Francia Andrade Quiroz nos ofrece un análisis de los estereotipos de género en las telenovelas venezolanas, así como de los cambios y permanencias en las representaciones femeninas. La autora explica, además, cómo el cuerpo se convierte en protagonista de las historias.

En Venezuela la televisión comienza a despuntar justo en 1948, y abarcó todo el periodo de gobierno de Marcos Pérez Jiménez. Desde ese momento, las representaciones femeninas en los medios audiovisuales estuvieron apegadas al modelo que sugería puntualmente la dictadura: mujer reducida a un simple artilugio doméstico, sumiso ante el varón, es decir, al modelo patriarcal decimonónico.

En la edición aniversario de El Nacional, año 2005, en el apartado "En la noche la novela" se lee la siguiente nota: "La televisión transformó la dinámica de entretenimiento y, definitivamente, la visión estética del venezolano. Aparecieron así, en tonos grises, ídolos a montón para imitar: nacieron luminarias televisivas... la telenovela se encargó de acentuar el papel del hombre macho y la mujer dulce y dependiente" (Suárez, 2012:86).

Estas representaciones realmente no fueron nuevas en los medios venezolanos pues la imagen de la mujer como un ser obediente venía desarrollándose desde el siglo XIX en los medios impresos, en donde ellas no se enuncian en las representaciones porque quienes escribían en revistas femeninas eran hombres. Así que con la llegada de la televisión, los modelos decimonónicos no cambiaron, sólo evolucionaron hacia una nueva tecnología.

Las telenovelas en este periodo, a partir de 1952, son parte del proyecto desarrollista del régimen de Pérez Jiménez para la creación de un escenario nacional que permitiera la distribución de roles de género en la sociedad y de esa manera, construir una identidad nueva en el venezolano acorde con el proyecto político "...quizás por eso, la representación del grupo familiar -donde se mostraba al nuevo varón adulto junto a las mujeres y los niños de siempre- en los medios de comunicación impresos y tanto más en los audiovisuales, se tornó una constante" (Ibídem, 87) Pero como dijimos en líneas anteriores, esta novedad de construcción de un ciudadano nuevo no alcanzaba a la mujer, pues ésta seguía manteniéndose como figura doméstica desde el discurso audiovisual tal y como se venía haciendo desde el siglo pasado dentro del pensamiento positivista. Así que estas representaciones colocaban a la mujer sólo en el ámbito de lo privado y doméstico y en la dependencia moral, emocional y económica del hombre, mientras que él, se representaba como un sujeto evolucionado social y económicamente y como paterfamilia proveedor del hogar, es decir, el poder patriarcal era ejercido, en nombre del amor, la protección, etc., y la mujer se sometía también en nombre del amor, y del deseo de protección o como dice Gayatri: "En nombre del deseo, reintroducen al sujeto no dividido en el discurso del poder" (2002:5).

El cambio en las representaciones femeninas en la televisión venezolana, llega a finales de los 70 y principio de los 80, cuando José Ignacio Cabrujas inicia el ciclo de la telenovela cultural, en el que transforma no sólo el formato de los dramáticos como género en su parte estética, sino que arrastra también la representación de la mujer como sujeto social a quien asciende a un estatus que supera el meramente decorativo y con ello propone nuevas formas de visión para el telespectador con historias más creíbles, y apegadas a su cotidianidad.

Pero quizás el valor más importante de estos dramáticos es la generación de subjetividades con respecto a la puesta en evidencia de problemas relacionados con la violencia de género y con el papel que juega la mujer en la sociedad actual. Estos aspectos nunca antes habían sido presentados tan explícitamente en las telenovelas "rosa" y se construye así, un lugar en la esfera pública, para el debate respecto a la situación de la mujer casada en condiciones de riesgo por el sometimiento del sujeto masculino en un sistema patriarcal, esto es, que se desprenden de allí subjetividades respecto al mundo femenino, tomando en cuenta la definición de este término que hace Marcela Lagarde:

La subjetividad de las mujeres es la particular e individual concepción del mundo y de la vida que cada mujer elabora a partir de su condición genérica, de todas sus adscripciones socioculturales, es decir de su situación específica, con elementos de diversas concepciones del mundo que ella sintetiza (2005: 302).

No obstante, el patriarcado continúa definiéndose como un sistema de poder que otorga como derecho natural al paterfamilia la autoridad sobre las mujeres y los niños y esto, es legitimado desde el poder a través de la norma jurídica y de las prácticas culturales y hábitos familiares, pero a partir de este nuevo ciclo telenovelero la sociedad venezolana, el sistema judicial y la legislación, comienzan a moverse y a cambiar su visión en relación con los derechos civiles de la mujer, pues antes de este momento, en el imaginario colectivo aún se anidaba el concepto de "el eterno femenino", que fortalece los sistemas patriarcales.

A partir de esta fecha, los discursos telenoveleros exploraron la posibilidad de renovar y perfilar la identidad femenina y esto se puede evidenciar en el vocabulario empleado, el vestuario y la conducta asumida por los personajes femeninos frente a los masculinos, de manera que el discurso fue influyendo en la mujer real, en la telespectadora, modelando en el imaginario social una fémina más independiente, menos prejuiciada y emprendedora. Sin embargo, el modelo de la mujer sumisa, continúa pero velado.

La estereotipación de los personajes en las telenovelas es un punto importante dado que estas son construcciones sociales que se impulsan a través de la pantalla y a este respecto, los dramáticos hacen un buen trabajo, pues los personajes femeninos son montados sobre estos moldes y desde allí cada uno ejecuta el rol que le corresponde.

Aunque en la realidad real no se encuentran personas tan bien delineadas en estereotipos como en las telenovelas, siempre vamos a encontrar villanos y buenos, sólo que no con las características físicas con las que se presentan en los dramáticos. Los modelos más frecuentes que podemos encontrar en este producto cultural son: villanos, buenos, el cómico, el loco, el gay, entre otros. No obstante, en cuanto a estereotipos femeninos hay una gran variedad, pues tanto las malas como las buenas se diversifican y así, encontramos unas tipologías de mujer recreadas por medio de personajes arquetípicos vinculados con la religión, la mitología o a la literatura infantil. Aunque en este artículo mencionaremos algunos estereotipos que son comunes y corrientes en cualquier telenovela, podemos afirmar sin temor a equivocarnos que ellos se desprenden de estereotipos más clásicos y enraizados en la conciencia colectiva y en la cotidianidad y que Marcela Lagarde (2005) describe como madresposas, monjas, putas, presas y locas.

En primer término, tenemos a la virgen madre, este ha sido el modelo principal desde el inicio de las telenovelas y es un arquetipo sustentado en el imaginario cristiano que coloca a María, la madre de Jesús, como la mujer más virtuosa del planeta por ser madre pero virgen. Este modelo, viene aderezado por el sufrimiento, el trabajo doméstico y la entrega total al hombre y a los hijos (el eterno femenino). La enunciación que se hace desde este patrón, reafirma el pensamiento patriarcal exitosamente, ya que la mujer en este paradigma, se encuentra subordinada al hombre. Pero por otro lado, la condición femenina únicamente se ve ennoblecida por el hecho de ser madre, pues incluso, cuando la mujer es viuda, su vida se centra en los hijos y éstos son celosos del celibato de su madre y en el caso de que la mujer decida buscar otra pareja, el conflicto familiar es inminente. Es la madreesposa de Lagarde.

La virgen inocente o bella durmiente es la antecesora de la virgen madre. Aquí la mujer se encuentra en el primer nivel, en el que se enamora más por inocencia, que por condición humana. El amor casi siempre es un engaño del que ha sido víctima producto de su inocencia. La virgen inocente o bella durmiente no conoce nada del mundo, sólo el pequeño espacio al que ha sido confinada por la familia, o por su condición social. Las vírgenes inocentes, casi siempre están ubicadas en un estatus inferior al hombre. Puede ser una campesina llegada a la ciudad, una mujer de servicio o secretaria, una adolescente que todavía estudia el bachillerato, o una mujer que vive en los suburbios de alguna ciudad.

La malvada bruja, tomada de los cuentos de hadas es otro de los patrones que encontramos en telenovelas. Ella es la villana, la que inicia las intrigas, o se apropia del hombre ajeno, hace sufrir a la virgen inocente o bella durmiente y a la virgen madre, entre otras cosas. Por lo general, la malvada bruja se funde con otro arquetipo, la vampiresa. Esta fusión se puede apreciar muy bien en las telenovelas mexicanas. Las villanas son mujeres hermosas, elegantes y seductoras en oposición a la virgen inocente o bella durmiente y a la madre virgen quienes se muestran sencillas, humildes, amorosas y tiernas. Las cualidades de las vírgenes son espirituales, en cambio, las de la malvada bruja-vampiresa, son físicas. Pero este personaje, al final, siempre es castigado por lo que podemos intuir que la enunciación está centrada en advertir que la mujer debe permanecer en su estado subordinado, sumiso, para seguir obteniendo el favor del hombre en todos los aspectos de su vida, especialmente, el que tiene que ver con la tranquilidad del hogar. Este modelo sigue reafirmando el mundo patriarcal, en el mensaje de que aunque un hombre se sienta atraído por una mujer mundana, nunca debe "escogerla" para ser la madre de sus hijos.

La guardiana es otro arquetipo que puede derivarse de la malvada bruja. Se puede encarnar en una mujer de servicio, tía, hermana o en una secretaria, por lo general tienen oficios subalternizados en la trama, pero son las que controlan las acciones de los personajes principales o bien, el de todos los personajes. Es un modelo con mucho poder porque conoce la vida de todos y puede controlarlos a través del chantaje o por el contrario, puede ayudarlos cuando la guardiana controladora es buena, o se reivindica.

El hada madrina, tomado también de los cuentos de hadas, es todo lo contrario a la malvada bruja, ella es la amiga incondicional, la que aconseja y la que en muchos casos propicia el encuentro de los protagonistas. Soluciona los problemas de los amantes porque es la intermediaria entre el bien y el mal.

La vampiresa, es un modelo que se viene desarrollando desde el cine y que, como su nombre lo indica, tiene las características de un vampiro. Ella es la que seduce, y se aprovecha en todos los sentidos tanto de hombres como de mujeres. Es un modelo que expresa egocentrismo, absolutamente individualista, autosuficiente y no está interesada en los sentimientos de nadie. Este modelo algunas veces puede mutar y convertirse en la malvada bruja, pero lo más interesante es su exagerada belleza física. La enunciación desde este lugar responde a un discurso conservador en el que se advierte a la mujer que la sencillez está relacionada con la bondad y el deber ser femenino; la belleza y el exceso de afeites tiene sus vínculos con la maldad y la desaprobación social, porque además, la vampiresa siempre termina sola, lo cual, reafirma el discurso conservador, patriarcal e higienista; la mujer debe estar supeditada al hombre y mostrar naturalidad, higiene, espiritualidad, y un carácter dulce y amable, porque sólo así, tendrá garantizada su estabilidad económica y emocional. La vampiresa, es la puta, de Lugarde.

En las telenovelas más evolucionadas, también podemos encontrar aparte de estos estereotipos, el modelo de la amazona o walkiria. Aquí, la mujer es representada como un ser libre de imposiciones falocéntricas, pero al mismo tiempo se conflictúa al cumplir sus deberes como madre y esposa, pues en su afán de desempeñar todos los roles a la perfección, se agota hasta que debe abandonar alguno de ellos o hasta que se autosomete "por amor", a la disposición del sujeto masculino.

Otro modelo muy reiterativo sobre todo en las telenovelas de principios de la década del 2000, en Venezuela, es el de la cuaima. Cuaima es un reptil de la fauna venezolana, muy silencioso y que representa un peligro tanto por su veneno letal como por lo taimado y silencioso. En Venezuela alegóricamente se les llama así a las mujeres controladoras. Este arquetipo además, está inspirado en la diosa Hera, esposa de Zeus. En ella se dibuja una mujer celosa, guardiana del hogar y de su hombre, y para ello, acude a las estrategias más audaces e insólitas que cualquier humano pueda imaginarse; la persecución explícita o velada, la vigilancia en la ropa, el teléfono móvil, entre otras cosas, la victimización como estrategia para retener al objeto del deseo, son característicos de este modelo, en él se enuncia un doble discurso; el de la mujer sometida "voluntariamente", "por amor", y la mujer liberada por la profesión.

La cuaima es un modelo de conducta femenina muy arraigada en el imaginario venezolano, tiene muchas cualidades personales pero es terriblemente manipuladora. Es posible que en otras geografías también existan mujeres celosas, pero la venezolana, tiene ciertas características que la diferencian, tales como el afán por sobresalir en todos los roles de su vida y así, sostener la mirada del sujeto masculino, únicamente sobre ella. Por eso, la cuaima venezolana, es una mujer altamente capacitada en cualquiera que sea su profesión u oficio, así como bella e inteligente. Su cuerpo es cuidado con esmero, porque es usado como gancho para atrapar siempre al objeto del deseo. Este modelo podría tener su correspondencia en la loca, de Marcela Lagarde, ya que éste tipo de mujer vive atrapada, en el cautiverio de la inseguridad emocional. Por otro lado, esta tipología en algunos casos puede confundirse con una villana, lo cierto es que en el fondo, la cuaima es una mujer profundamente temerosa y apegada completamente al sujeto masculino.

Existen varios tipos de cuaima siendo los más repetitivos los siguientes; cuaima telenovelera, cuaima bipolar, y cuaima paranoica. (Erika de La Vega, Monólogo: Las cuaimas. https://www.youtube.com/watch?v=lFIiwcCZ_Bg)

La cuaima telenovelera apela a las lágrimas y a la victimización. Pronuncia frases hirientes y hace un melodrama de cualquier situación. Este modelo aparece mucho en los dramáticos porque es el estereotipo más manipulador a nivel afectivo, no se cansa de repetirle a su pareja: "Tú no me amas, después de todo lo que yo he hecho por ti". La cuaima bipolar, es la mujer que aparenta armonía y libertad con la pareja, pero a la mínima pérdida de control sobre el hombre, estalla en cólera. Este tipo de cuaima se refleja mucho en la vida real en las clases media alta y alta, pues no está bien visto dentro de ese contexto, "montar show", así que al contener por mucho tiempo las emociones, estalla en el momento menos pensado amenazando incluso con la muerte, para luego tranquilizarse y seguir como si no ha pasado nada. Su lema: "Es que yo soy así". La cuaima paranoica, ve rivales por todas partes; en el trabajo, en el móvil, en el email, etc. Es la que es capaz de las cosas más osadas por mantener la atención del hombre sobre ella y controlarlo. Desde hacer la dieta más estricta y quedar casi anoréxica, hasta quemarle el carro a su amado. Para ella el lema es: "Todo se vale en la guerra y el amor".

La mujer perfecta: todos los estereotipos que hemos mencionado anteriormente, tienen como punto coincidente mostrar a una mujer perfecta. Cada modelo representa lo que la mujer hace para obtener el objeto del deseo, porque inconscientemente obedece a las exigencias de los patrones impuestos bien sea desde el poder o por la misma sociedad patriarcal, aunque leyendo a Irigaray en su obra El Espéculo, podríamos contemplar la posibilidad de que el sujeto femenino se reafirma siempre en el hombre, bien sea, imitándolo o subordinándose. Cada uno de los modelos mencionados, son más o menos reforzados según la época en que se haya realizado la telenovela

La familia, la televisión, el cine y el círculo social, son factores, que influyen y conspiran poderosamente para hacerle creer a ellas, que sin un cuerpo apegado al canon, difícilmente conseguirán el éxito; el entorno social enaltece a la mujer por el refinamiento corporal, esto deviene en una gran preocupación por ser aceptadas y amadas de acuerdo con la figura.

En las historias donde el cuerpo es el protagonista, sugiere en un primer momento un modelo de mujer perfecta y consecuentemente su emancipación, pero lo cierto es, que ésta sigue atrapada en el falocentrismo porque por un lado, quiere que la amen, que la acepten por lo que es, pero por otro, declina ante el deseo del hombre en relación con su cuerpo y para ello, se lo fabrica, convirtiéndolo en ofrenda.

Para finalizar, es importante resaltar que ya desde el siglo XIX, los modelos de conducta femenina venían de la mano del proyecto de país que proponían los gobiernos y ello se traducía en las imágenes que exhibían los folletos o figurines, los artículos "femeninos" en periódicos y revistas, publicidades, entre otras cosas que expusieran la imagen de la fémina públicamente, es decir, fueron los medios los que construyeron un imaginario colectivo de la mujer. En este momento, se mantienen esas vías de construcción, y una de las tecnologías (recordando a Foucault) más importantes es la telenovela, ya que ésta penetra a través de los medios más poderosos y performativos como son la televisión, la radio y el internet.

Referencias bibliográficas:

De la Vega, Erika. Monólogo: Las cuaimas. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=lFIiwcCZ_Bg ) Consultado el 20-05-17.

Lagarde, Marcela. (2005) Los cautiverios de las mujeres. Universidad Nacional Autónoma de México. Colección Estudios de Postgrado. México.

Spivak, Gayatri (2002) ¿Puede hablar el sujeto subalterno? Trad. José Amícola Columbia University Revista Orbis Tertius, III.

Suárez, M. (2012) Una ficción apretada en el pecho. Monte Ávila: Caracas.