Maestro en Comunicación y Antropología (UNAM). Docente e investigador de temas de semiótica, género y masculinidad, e identidades y cambios culturales.
¿Qué tanto es el vello corporal una representación cultural de la masculinidad? El columnista nos ofrece algunas reflexiones al respecto.
La masculinidad está arraigada en el cuerpo, no únicamente por la genitalidad que permite asignar al individuo su ubicación dentro de la especie, sino por la totalidad de elementos que conforman el cuerpo humano a los cuales la cultura atribuirá significados según su función en las dinámicas de género.
Sin duda el vello corporal es uno de estos elementos del cuerpo que destaca en las representaciones culturales de la masculinidad. Numerosas son las imágenes del mundo primitivo donde se muestran a los hombres con vello abundante en cara, pecho y espalda. Este "peludo macho salvaje" es el arquetipo que la sociedad occidental mantiene como referente para la hegemonía del sujeto masculino.
Las adaptaciones del cuerpo humano a los climas y a los territorios, así como a la alimentación y la vestimenta, han transformado la aparición del vello corporal en muchos hombres. Algunas veces adelantando y otras retrasando el crecimiento del vello facial en púberes y adolescentes. Es significativo observar en las escuelas secundarias cómo destaca aquel joven con bigote incipiente sobre las caras lampiñas de sus compañeros. Su bigote no solo es indicador de su maduración sexual sino de su entrada a una masculinidad privilegiada por los significados atribuidos al cuerpo.
Hay familias en las que existen rituales de transición de la niñez a la adultez a partir de enseñar a los hijos a cuidar la barba, instruyendo en el proceso de afeitado. En ocasiones el padre hereda la navaja de rasurar o simplemente le obsequia al hijo el rastrillo o la máquina de afeitar. Esta práctica de las comunidades urbanas implica también la incorporación de valores de una masculinidad hegemónica según el contexto.
Los cambios en las modas de la apariencia física han hecho que los significados del vello corporal también se vean modificados. Así, habrá momentos en que la barba cerrada sea la expresión dominante de la auténtica masculinidad. En otras ocasiones traer recortada la barba en "candado" o "perilla" será lo idóneo. También hemos visto cómo ha habido periodos donde el bigote ha dominado la estética masculina.
De una u otra forma en que se manifieste el vello corporal del sujeto masculino según la época y el contexto social, podemos identificar que habrá expresiones opuestas que nos permitan identificar las contradicciones de las identidades de género en la masculinidad. Por ejemplo el hombre homosexual que es extremadamente velludo, pero muy amanerado. En las comunidades gay los conocen como "osos" y son representativos de la diversidad sexual.
En las poblaciones asiáticas y latinoamericanas (de ascendencia asiática) el ser lampiño es un rasgo característico, pero la exigencia de los modelos de masculinidad occidental que están basados en el tipo sajón de barba abundante llevan a que muchos hombres prueben "productos milagro" y recetas curiosas para obtener el vello corporal que les permita lucir como hombres de verdad. Ante el fracaso de las fórmulas, muchos hombres hacen el ridículo luciendo apenas "tres pelos" en el mentón.
Finalmente, hay que aceptar las singularidades de nuestros cuerpos y reconocer las potencialidades para adaptarnos al entorno y a los contextos socioculturales. Asumir que ni los propios genitales masculinos hacen a un hombre, mucho menos la masculinidad está depositada en la presencia de vello corporal. Como dice Pedro Almodóvar a través de su personaje Juana de la cinta Kika: mujeres al ataque, "el bigote no es patrimonio de los hombres".



