ENERO 2017

Violencia de género y lo políticamente correcto

Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

¿Los avances alcanzados en materia de igualdad de género son reales en sustancia o sólo apariencias? La autora reflexiona alrededor de esta interrogante y cómo el triunfo electoral de Donald Trump puede responder a ella.

El avance democratizador de la conceptualización de género ha presentado adelantos importantes. Sin embargo cabe cuestionar si estos avances han permeado la idiosincrasia de las culturas modernas del siglo XXI. No podemos negar la apertura de espacios y el avance en cuanto al acceso de oportunidades para las mujeres, sin embargo ésta va aparejada de una segregación vigente pero matizada volviéndola invisible, es la violencia somatizada, reciclada y reproducida que deriva en la repartición de los espacios público y privado según el sexo de la persona, pero de manera aparente, digamos que para no verse mal, a fin de disfrazar una evidente postura machista ante las personas y ante las naciones.

Pero veamos otro aspecto, la visibilización de la violencia de género, tras un arduo trabajo y lucha de las mujeres se ha logrado que organismos internacionales trabajen en iniciativas que abatan brechas de género, violencia en diferentes manifestaciones, y por supuesto la apertura de espacios para las mujeres, todo esto ha implicado mirar a la mujer de manera diferente, tratarla con respeto, igualdad y equidad de oportunidades.

Cabe preguntar si este avance ha logrado permear y cambiar mentalidades o bien solo lo que se ve bien para los ojos de todos y todas, lo que significa que al no ser un cambio real, se da una reproducción matizada, reciclada. La violencia de género encontrará nuevas formas de manifestarse pero continuará. Es probable que los avances alcanzados no sean reales en sustancia; que solo sean apariencias y queda la pregunta ¿el cambio ha transformado las estructuras mentales de la desigualdad entre hombres y mujeres? O es lo políticamente correcto que solo disfraza la realidad; no resuelve, solo busca no herir susceptibilidades y evitar conflicto o ser señalados.

Esto sería verdaderamente grave, pero reflexionemos sobre la postura de Donald Trump y su victoria, no es solo el hecho de su racismo, intolerancia manifiesta en su lenguaje y actitud a lo que se suman sus acciones de discriminación a la mujer y, aún más grave, el tratarlas como un objeto del cual puede disponer u ofender. Lo que debe preocupar a la sociedad que busca tolerancia e igualdad son los hombres y mujeres que votaron por él; lo que implica que concuerdan con su postura y que años de lucha emprendida por las mujeres solo logró llegar a la superficie de las aguas que al ser salpicadas por la intolerancia y el machismo vuelve a flote el fondo lodoso de la desigualdad e inequidad.