Doctora en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Comunicación (UNAM), feminista, profesora-investigadora en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.
Elvira Hernández Carballido relata la dificil experiencia de Carmen Rincón, quien por una negligencia médica perdió a su bebé durante el parto, y que con ayuda de una red de personas logró transformar su dolor en una causa de denuncia y lucha social. Esta historia, narrada por la autora en el libro 'Justicia para Carmen', es un testimonio de lágrimas, coraje y de un alma fuerte.
Ser niña en la Bellairosa te hace cómplice del viento.
Despeinas tus cabellos y juegas a romper pilares para salvar a la princesa de los vientos que no es nadie más que tú.
Brincas la tablita mientras el aire murmura a tu oído que dos y dos son cuatro para que multipliques cariños y sueños.
Pides que llueva y que llueva pero el viento...
Pero a esa edad todavía no sabes que entre esas historias cautivas en el viento hidalguense, va entretejida la tuya. Una historia que levantará huracanes de fuerza femenina, remolinos de lágrimas solidarias, tolvaneras de injusticas, vientos de justicia, aires que te rescatarán para ser tú misma y llenar de aire tu necedad de torcer tu destino como esa niña que fuiste y se atrevió a jugar con el viento.
En la segunda parte, la voz de Carmen nos permite aproximarnos a su manera de amar y enamorarse. De descubrir la posibilidad del amor y de sentirse amada.
Y así conocí a José Luis
Me enamoré de él una tarde que me leía un texto de Hematología, una tarde cuando el sol le daba en su rostro y el sol iluminaba su mirada. Sus ojos con esa luz cambiaban de color, el sol los ponía verdes. Sus ojos son cafés no muy claros pero en las tardes sus ojos se pintaban de verde gracias al sol. Y esa mirada al atardecer me enamoró de él.
Así empieza el primer capítulo de un libro que generosamente nos permitió publicar Editorial Académica Española. En este testimonio de vida, yo, Elvira Hernández Carballido presento en voz de primera persona la historia de Carmen Rincón, ella es una mujer emblemática en el estado de Hidalgo, y en México. En 1988 nos conocimos, en una marcha del día de la mujer. Carmen subió a la tarima que estaba colocada justo en el corazón del zócalo de la ciudad de México para denunciar una neglicencia médica. Fue mal atendida en su parto, su bebé murió de inmediato, ella quedó estéril. Pese a esa gran tragedia que parecía acabar con ella, poco a poco tomó la fuerza necesaria para denunciar. Así, ese 8 de marzo que la conocí, meses antes y meses después voces y paredes palpaban una frase: "Justicia para Carmen".
Ahora ella ha confiado en mi trabajo periódistico y en mi manera de escribir, por eso decide que a través de una serie de entrevistas recuperar su lucha pero desde su propia voz, con mi inspiración, pero desde su propia alma. De esta manera escribimos Justicia para Carmen.
El testimonio está escrito de manera cronológica, primero hacemos referencia a su infancia, a su adolescencia, su vida de estudiante, la novia de un hombre maravilloso y que sigue latente en su vida. La decisión de estar justos, la ilusión de ser madre. Pero después, la tragedia. Lo que debía ser un canto a la vida, simplemente fue un canto de lágrimas, de tristeza, de indignación. Carmen es mal atendida en el parto.
Yo sentía que moría, el médico empezó a hacer llamadas y decidieron hacerme una cesárea. Estoy segura que todo se hacía con descontrol absoluto por eso ella nació sin ningún latido ni suspiro. No pude besarla, decirle que la amo. Su color no fue ese rosado poema, su llanto no se unió al mío. Su color ya delataba mi luto. Su silencio me traspasó el alma. Su silencio me hizo levantar la voz.
Empecé a gritar...
-¡Asesinos!
-¡Asesinos!
-Han matado a mi hija.
-Ustedes le quitaron la vida.
-Ustedes la mataron...
Y Carmen pudo quedarse encerrada en casa, envuelta en su dolor, llorando su tragedia. Pero una tarde, que deseaba seguir llorando, se asomó a la ventana. Vio a una niña, una niña que podía ser ella misma, una niña que podíamos ser cualquiera de nosotras, una niña como pudo ser su hija. Y le angustió pensar que esa niña podía vivir algo parecido a lo que ella vivió, y no, no se podía repetir tan triste historia. Así decidió demandar al médico, luchar, no dejarse, salvarse, aliarse con el coraje por vivir una vida sin injusticia. Otras mujeres se unieron a la lucha:
Sin embargo, una noche me llamó mi amiga Diana Bedolla. Indignada escuchó mi historia y me sugirió acercarme a las feministas.
-¿Las feministas?
-Sí, las feministas
De inmediato marqué el teléfono que me dio. Marta Lamas me contestó. Primero incómoda porque una desconocida se atrevió a llamarla a su casa. Pero mi historia la impresionó, la indignó, en ese ratito la hizo suya. Me citó en la ciudad de México. "Carmen -me dijo- no estás sola".
A los pocos días la conocí a ella y a otras mujeres admirables, solidarias, ese ambiente de sororidad palpable y posible. Nombres significativos fueron acompañándome en esa lucha: Marta Lamas, Patricia Mercado, Pilar Muriedas, Ana María Hernández, Itziar Lozano, Sara Lovera, Isabel Barranco, Yanina Ávila y muchas más.
Sacaron un desplegado en periódicos de circulación nacional:
"Justicia para Carmen".
Mandaron decenas de telegramas a políticos y luchadores sociales:
"Justicia para Carmen".
Crearon una comisión de apoyo que en diferentes espacios insistían, difundían, pregonaban:
"Justicia para Carmen".
El 8 de marzo de 1988 fui oradora en el mitin que se hizo en el zócalo por el día de la mujer, esos días de lucha y de denuncia:
-"Me llamo Carmen Rincón", resonó mi voz en el corazón de la Ciudad de México.
-"Me llamo Carmen Rincón y fui víctima de la negligencia médica. Mataron a mi hija porque me atendieron mal durante mi parto y me dejaron estéril".
Manos amigas se aproximaron, miradas solidarias me cubrían, acciones, decisiones, apoyo total.
A esa lucha de denuncia, a esas marchas y desplegados Carmen sumó su amor, su ilusión y adoptó a una niña hermosa, a un niño especial. Siempre hay una forma de parir desde el corazón. Su hija una vez descubrió la cesárea que marcaba el vientre de Carmen, le preguntó que si de ahí había salido ella. Su madre le dijo que no, entonces la niña se quedó pensativa y desde su sabia inocencia, le dijo: "Ah, es que yo nací de tu corazón". Cuando adopta a Emiliano otra vez la vida la hace experimentar una prueba difícil, el pequeño enfrenta un problema de salud. Carmen cree que esta vez ya no podrá seguir adelante:
Y una noche me llama Marta Lamas. Sacó mi dolor, mi rabia. Maldigo, reclamo. Lloro y grito. Pregunto mil veces: ¿Por qué? ¿Por qué me pasa esto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué, mil veces por qué?
Y Marta, con toda la paz en su voz, me interrumpe:
-No Carmen, mejor pregunta para qué, escarba en tu fuerza y responde para qué te pasó esto.
Fue otra sacudida. Fue como volverme a encontrar. Fuerte y decida. Con una razón en mi puño cerrado. Y la fuerza de ese amor de madre tan mitificado me fortaleció.
Así, con mi hijo en brazos, toqué muchas puertas, ninguna se abrió. Me topé con la indiferencia más inhumana. La exclusión constante. Lástima en vez de solidaridad.
Y ese para qué me inspiraba.
Yo misma me auto-interrogaba: ¿Para qué Carmen, para qué?
Yo misma me motivaba: Voy a encontrar ese para qué.
Desde entonces Carmen Rincón ha encontrado el para qué de su vida, por eso se ha atrevido a contar su propia historia, por eso la ha compartido conmigo entre lágrimas y sonrisas, entre solidaridad y sororidad, palabras de mujer fuerte que me dictó todo su testimonio con los latidos de su alma fuerte.
Es así como hemos escrito Justicia para Carmen, un libro donde Carmen cuenta su historia y yo intento atrapar su testimonio con respeto y solidaridad. Es así como hemos podido publicar este libro y queremos que lo lean no solamente para que conozcan su vida, sino para que esta situación nos ayude a identificar las duras pruebas de la vida y tengamos la certeza que el coraje de un alma fuerte siempre provoca superar esos obstáculos, esas tragedias, esas historias desgarradoras. Quiero agradecer a Luz Martínez Hernández la transcripción fiel de las entrevistas que le hice a Carmen y por supuesto a Carmen haber confiado en mí para escribir este relato.
El libro se encuentra en venta en la página de la Editorial Académica Española, organización que nos publicó con generosa solidaridad. Justicia para Carmen, un testimonio que luego de leerlo, nos reconcilia con la vida.



