OCTUBRE-NOVIEMBRE 2016

Mística de lo cotidiano en la poesía de Enriqueta Ochoa

Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Aura Sabina nos acerca a la obra de esta poeta, cuyo legado no se ha reconocido ni difundido lo suficiente. La articulista, también poeta, atisba con gran atención en su vida, inquietudes y motivaciones, ofreciéndonos esta semblanza desde la crítica literaria y feminista.

Enriqueta Ochoa, poeta nacida en Coahuila en 1928, nos deja un legado poético y humano muy grande. No es necesario tener conocimientos de alquimia ni de versificación: basta con ser humanos, de los de a de veras, que sienten y que respiran profundamente cuando algo no va bien, que tienen conciencia y oído; entrañas y fe.

Por desgracia, este legado no ha sido lo suficientemente reconocido y difundido, pese a que es de las mujeres poetas más destacadas. Hago énfasis en la diferencia genérica porque sigo creyendo que a las mujeres no se nos toma en cuenta, en la literatura y todas las demás áreas, por el hecho de ser mujeres. De lo contrario, se nos mediría con la misma vara. Las antologías poéticas están llenas de nombres masculinos, a veces, sin calidad. Aunque son hombres o amigos de los compiladores. O ambas cosas. Pero existe todavía un tufo a prejuicio al considerar que las "poetisas" (término que muestra la pequeñez con que se les considera) escriben cosas de "poca relevancia", porque son sensibleras, como si los hombres no adolecieran de lo mismo de vez en vez.

No puedo concebir que plumas como la de Enriqueta no figuren con el mismo ahínco, pues bajo los cánones de la Poesía (así, con mayúsculas), bien encaja en una obra respetable, propositiva que, por un lado mostraba la creatividad de una mujer y, por otro, la fortaleza, la inteligencia y el poder de los cuales el mito de lo "femenino" (la "sensiblería", el "lugar común", la "debilidad", tan naturalizados y tan ignorados en la escritura "masculina", donde también se encuentra, y por montones) nos ha desprendido.

De la obra de Ochoa se ha dicho tanto: que "...posee una inaudita capacidad natural para engancharse al furgón cinético del ritmo"[1], que "ilumina y oscurece la condición humana, [que es un] lienzo de contrastes, poesía que encuentra y pierde". [2] Y que bien "se advierte una fluidez natural, como si al amparo de la ola rítmica no existiera dificultad alguna. Es al contrario: esa "naturalidad" solo se consigue con trabajo, "con un oído afinado en las mejores lecturas". [3] Ostrosky menciona que la palabra de Ochoa es "noche oscura, angustia que quema o que irradia pero que, en términos de discurso poético, es siempre fundamento y revelación". [4] Fundar un cosmos significa vivir en su centro una vez que este ha sido ya sacramentado.

Enriqueta fue maestra normalista. Publicó sus primeros versos en la revista Fuensanta de Jesús Arellano; también colaboró con Emmanuel Carballo en Ariel. [5] Así, pudo conocer a los entonces jóvenes poetas de la Ciudad de México: Dolores Castro, Rosario Castellanos y Jaime Sabines (quienes eran compañeros en la Facultad de Filosofía y Letras). También dedicó parte de su vida al ejercicio del periodismo, fuente obligada de realidad.

En 1950, Las urgencias de un dios, su primer libro, vio la luz. Pasaron casi 20 años [6] para que con Los himnos del ciego, en 1968 volviera a sacudir al mundo con su poesía. Dos años después, apareció el poemario Las vírgenes terrestres. Finalmente, hasta 2004 pudimos leer Asaltos a la memoria.

Si bien, la tradición de poetas con temática mística es grande, antigua y extensa, Enriqueta Ochoa supo darle un giro hacia lo sagrado del diario vivir. No son necesarios los templos: la casa misma, el cuerpo, propio o de quienes ama, son espacios dónde hallar la redención. Ochoa define a la poesía desde el milagro:

...es el hallazgo de lo insólito en lo cotidiano. Después de que se ha descendido a las zonas más profundas del ser, más allá de la travesía del subconsciente, en donde lo sublime y lo terrible se dan la mano, la palabra nombra la esencia y existencia del hombre". [7]

Murena ha dicho que la literatura es el arte de la palabra, el libro contiene al Universo. "La calidad de cualquier escritura depende de la medida en que transmite el misterio". [8] En la obra de la poeta de Torreón encontraremos siempre rasgos de luz durante un mediodía donde la cocina exige el alma, donde los botones que esperan en el costurero exigen hilo, al tiempo que los libros desean ser leídos, peroles donde dormitan insectos, ciruelos, ternuras indómitas hacia el padre... Y a la vez, un misticismo extraño, casi hereje, cargo de sensualidad. Se ama a un cristo, con sugerencias cuasicarnales, pero devocionales también

Su vida estuvo llena de picos y valles, de viajes interiores y exteriores. Francia, Marruecos, Aguascalientes, las ciudades de México y de Jalapa fueron lugares donde habitó por algún tiempo, además de su natal Torreón. Amiga íntima, cual alma gemela, de José Revueltas, mujer anclada a la realidad con los ojos siempre puestos en los astros, en las tradiciones espirituales, en los cafetales. Tránsfuga de la realidad pero irremediablemente humana. Madre de Marianne, amiga y maestra de muchas personas que ahora se enunciarían poetas.

Parece ser que para ella no hay otro modo de estar en el mundo que no sea ladrarle a la luna, embestida por el llanto y el viento, por la emoción religiosa y la sorpresa del aire en los pulmones; no obstante, esta vida al filo de la locura no es excusa para el personalismo, pues la poeta se identifica con aquellas vírgenes terrestres que sólo tienen el nombre que recibieron en la pila y con ser préstamo de la costilla de Adán. A sus amigos escribe poemas en los que describe su fuerza, a la vez que limosnea que escuchen su dolor mientras el corazón le rebota loco entre las sienes. [9]

Dicen que su poesía es confesional, pero ¿qué poesía no lo es? ¿Acaso hay poemas que no nos muestren el interior de quienes los escriben? No importa si se habla de temas públicos y privados, si son tildados de sociales o de protesta. Bien se ha dicho que lo político es personal. Creo que no existe actividad humana que pueda ser objetiva (ni siquiera la ciencia, porque se basa en paradigmas y en intereses económicos de quien paga la investigación). Vemos al mundo desde donde lo hemos vivido. Por lo tanto, todo cuanto hacemos es subjetivo (somos sujetos, no objetos). Aporta un alto grado de honestidad, a veces sobria, a veces sutil; otras, brutal. A ratos, tenebrosa y llena de llagas, pero sin dejar de ser luminosa y tierna. Danzarina palabra. Siempre encantadora.

Es el mundo de las vivencias el que mejor configura los símbolos, la magia, las imágenes, la liberación de las palabras concretas. La poesía como labor es ardua y en ella es fácil perderse, desmoronarse en pequeños fuegos artificiales. Yo quiero ir más allá, decir lo más entrañablemente mío, que en todos los casos es de los demás. [10]

Lo entrañablemente suyo era todo cuanto le rodeaba. Colectar mariposas y charlas, amaneceres y momentos de silencio. El amor, siempre tan suyo, porque su corazón era generoso, aunque a veces ella partiera. Otra cosa suya fue el dolor, tanto físico como emocional. Y la soledad. Porque de otra manera, la contemplación no hubiera sido posible. ¿Cómo hablar de abismos y espinas, de polvo que crece en otro polvo? Como lo logra en "Para evadir el cierzo de la muerte que llega"[11]:

Hay la fiebre en los ojos
que van tras de la luz estremeciéndose.
Hay la sangre a galope
El desvaído paso recorriendo las calles aturdidas
de sinfonolas, magnavoces, estridencias de claxon
Y el viento barriendo hojuelas doradas de elote
en el mes de junio.

Podemos apreciar sus versos polirrítmicos, sus casi precisos hemistiquios, sus aliteraciones y en su uso del presente continuo, que nos da la sensación de estar viendo imágenes en el cinematógrafo, más que en un papel. Postales donde una cáscara puede ser una dorada hojuela y la sangre una especia de animal que galopa.

Además, algunos títulos de sus poemas suelen ser largos, como si quisiera decirlo todo de golpe, como si a la vez quisiera prevenirnos de lo que hallaremos, como si la ansiedad la carcomiera (y a veces, era así), como si sostener el tiempo en un respiro la cansara. Así, seguimos adentrándonos en su intimidad del día a día.

De muy lejos llega el ladrido de un perro,
el silbato de un tren que nunca acaba de partir,
el susurro de los jinincuiles y los grillos
que rompen en estrías la noche
y mi corazón,
ciervo acongojado,
agonía en un insomnio de muerte. [12]

El segundo verso de esta estrofa tiene sinalefas violentas. Encabalga los versos y nos inmerge en un microscópico mundo de insectos que cantan para irrumpir en el insomnio, y quizá sea el insomnio el que irrumpe en su nocturna cotidianidad de animalillos sabios, que nos regalan una verdad que no podemos comprender.

...uno tiene que ser muy rico en vivencias para poder entender el espíritu y el dolor de los demás, y poder cantar; si uno no los conoce, no los entiende y no tiene nada que decir. Allí entiende uno el porqué de ese dolor tan grande que rodea siempre al artista. [13]

La maestra Enriqueta siempre tuvo fuertes inquietudes espirituales, las cuales compartía con sus amigas, como Esther Seligson, otra mujer con trabajo espiritual, notable en su escritura. Quizá por ello, mucho de lo que escribe tiene esencia mística, pero a la vez, sencillez (no se puede ser una persona espiritualmente desarrollada si se buscan palabras difíciles para apantallar a los demás)

Influencias se les ha llamado a lo largo de la historia literaria. También voces que se adecuan a la sensibilidad de quien las elige para encontrar y madurar su propia voz sin perderse en inútiles laberintos [14].

Sin embargo, la maestra Ochoa no podía huir de esos mismos laberintos. A menudo podía extraviarse en un paseo cotidiano, en deseos casi irreconciliables, en la cátedra y en las pasiones. En el orgullo y en el retorno que podría o no tomar. Una mujer amante, amantísima, llena de vida y de sombras, de lunas y tormentas. Con "ojos de luto", como ella misma se definía. Por mucho que se escriba, por muy autobiográfico que se pretenda enunciar a un poeta, jamás se sabrá con exactitud cuánto dolor, cuanto mar hay en su corazón.

Siempre fue Marianne, su hija, una compañera. La miraba como una igual, a quien contaba sus sueños y a quien enseñó a fugarse de la realidad. Marianne fue criada a base de metáforas, de ritmos y de retórica. Marianne iba con ella pero también paseaba a solas con sus amigos, por Xalapa o por la Ciudad de México. Marianne fue también su madre, su hermana, su cómplice. Su fiel, su complemente fiel mano derecha. Y ojos. Y cabeza para lo cotidiano que a Enriqueta empezaba a escapársele.

Según cuenta Enriqueta Ochoa, el primer canto surge un día en que fue a recoger a su hija Marianne Toussaint al colegio de monjas. Un viento sutil sopló, y al entrar éste por la ventana indiscreta, levantó una pequeña cortina, cuando de pronto... la inspiración [15]

A ella le escribió mucho, pero hay un poema que lleva su nombre, Marianne [16]:

Después de leer tantas cosas eruditas
estoy cansada, hija,
por no tener los pies más fuertes
y más duro el riñón
para andar los caminos que me faltan.
Perdona este reniego pasajero
al no encontrar mi ubicación precisa
y pasarme el insomnio acodada en la ventana
cuando la lluvia cae
pensando en la rabia que muerde
la relación del hombre con el hombre
ahondando el túnel cada vez más estrecho
De esta soledad, -- en sí, un poco anticipada.

Como he comentado en párrafos anteriores, quizá Enriqueta escribía cartas en forma de versos, o versos en forma de cartas. Siempre hubo un destinatario preciso, aunque a todos nos viniera como bendición su tradición epistolar. O quizá simplemente era el tono en que estaban escritas. Puedo, sin temor a dudas, imaginar la cara de Marianne Toussaint al leer y releer, al ver su biblioteca, al sentir cuánto había de verdad en las letras de su madre, y cuánta sabiduría ella misma pudo atesorar. Casi al final del poema, en la penúltima estrofa, Enriqueta continúa:

Tú sabes que nacimos desnudos, en total desamparo,
y no te importa
ni te sorprende
el nudo de sombra que descubres.
Todo se muere a tiempo y se llora a retazos,
has dicho.

La belleza de su obra está en la verdad que alberga. No hay unidad en la métrica, pero, como bien se ha dicho, el ritmo lo tenía muy trabajado. Alguna vez, en una entrevista que justo ahora no recuerdo (y, por tanto, no puedo citar), leí que ella decía que no escribía ella, sino que las voces le dictaban (como buena poeta mística). No pondré en tela de juicio su explicación.

Enriqueta tiene excelentes poemas (...) literalmente enviados a alguna persona concreta; es decir, poemas que utilizan la forma de una carta para subrayar su contenido y el impulso que nos lanza a existir en la memoria del destinatario que somos [17].

Considero que ser poeta es cuestión más de oficio que de naturaleza (aunque se necesita una natural disposición al carácter melancólico). Quizá la publicación de su obra no nos revele la constancia de su creación, aunque, por otro lado, hay que considerar la muerte de cada uno de sus padres, el suicidio de su hermana, sus enfermedades (cada vez más constantes hacia el final de su vida), pero era una mujer tocada, como diría Giordano Bruno (quien explica que hay dos tipos de poetas: los tocados por lo divino y los eruditos).

"Poesía sin veleidades, indagaciones métricas ni limbos intelectuales, escrita en la clandestinidad que le proporcionó una sensibilidad distinta". [18] La poesía amorosa de Enriqueta Ochoa no exige un cuerpo más, una identidad que permita la suya, sino que marca el comienzo -y quizá el final- de un exaltado erotismo femenino. Y si digo comienzo es porque reafirma, venciendo escollos y ambigüedades, la retórica anterior en la que habitaba pálida, pero enigmática la voz femenina. Pero también digo final porque no quiere dejar de ser mujer. Quiere ser la primera mujer. [19] Una mujer reivindicadora de otras mujeres, pero primero, de sí misma. Una mujer hecha de llama y arena, forjada al alto fuego, enamorada de la vida y de la muerte. Reina, esposa, fugitiva. Volcada hacia la luz para después precipitarse, como en la última estrofa de "Avispero"[20]:

Mansamente, en silencio,
ahíta de ternura,
bebí la luz de cristal entre los sueños:
Se me quebró en la entraña, me cortaba,
Y me quedé en tinieblas.

De este modo, creo que sí debiera ser más estudiada, más tomada en cuenta, más leída, mas sondeada. Más escuchada en las escuelas, en los encuentros académicos, en las calles, en los mercados. Que no se quede empolvada en las bibliotecas personales, que no se le olvide por ser mujer y por ser de provincia. No en vano es una de las hijas predilectas de Coahuila.

Referencias:
[1] Guzmán, Mario Raúl, prólogo de Bajo el oro pequeño de los trigos, poesía reunida de Enriqueta Ochoa, Universidad Autónoma de Chapingo, 1984
[2] Hernández Palacios, Esther, nota introductoria de Enriqueta Ochoa, Material de lectura, UNAM, p 2
[3] Conde Ortega, Francisco, cita a Ramón Xirau, en "Enriqueta Ochoa, bajo el oro pequeño de otro mito", en Temas y variaciones de literatura, 18, UAM, p 333
[4] Ostrosky, Jennie "Enriqueta Ochoa: la hora del incendio celeste en el espacio sagrado", Escritoras de Hispanoamérica, Red IIce http://red.ilce.edu.mx/sitios/old_el_otono/entrale/escritoras_hispano01/plenriqueta.htm
[5] Vanguardia mx, sociedad, 2 de dic 2008
[6] Vanguardia mx, sociedad, 2 de dic 2008
[7] González Fritsche, Jessica, "Enriqueta Ochoa, de su vida y de su obra, a través del  Retorno de Electra" http://www.laotrarevista.com/images/media/enriqueta_ochoa_ensayo.pdf
[8] Murena, H.A., La metáfora y lo sagrado. Col. Libros del Laberinto. UAM-Azcapotzalco, 1995. México
[9] Gargallo, Francesca, "Existe una expresión propia de las mujeres en su literatura", en Revista casa del tiempo, abril de 2000
[10] González Fritsche, Jessica, "Enriqueta Ochoa, de su vida y de su obra, a través del  Retorno de Electra" http://www.laotrarevista.com/images/media/enriqueta_ochoa_ensayo.pdf
[11] Ochoa, Enriqueta, 131, Bajo el oro pequeño de los trigos, poesía reunida, Universidad Autónoma de Chapingo, p 65
[12] Ibid, 65
[13] "Homenaje a Enriqueta Ochoa, Entrevista", Descrillira. p. 7
[14] Conde Ortega, Francisco, "Enriqueta Ochoa, bajo el oro pequeño de otro mito", en Temas y variaciones de literatura, 18, UAM p 333
[15] González Fritsche, Jessica, "Enriqueta Ochoa, de su vida y de su obra, a través del  Retorno de Electra" http://www.laotrarevista.com/images/media/enriqueta_ochoa_ensayo.pdf
[16] Enriqueta Ochoa, Op cit , p. 137
[17] Guzmán, Mario Raúl, prólogo de Bajo el oro pequeño de los trigos, poesía reunida de Enriqueta Ochoa, Universidad Autónoma de Chapingo
[18] Hernández Palacios de Méndez, Esther, Enriqueta Ochoa: una poesía por venir, Universidad Veracruzana, Jalapa, p. 233
[19] Hernández Palacios de Méndez, Esther, Op, cit, p. 231
[20] Hernández Palacios de Méndez, Esther, Op cit, p. 170