OCTUBRE-NOVIEMBRE 2016

Desigualdad y empoderamiento de las mujeres en zonas rurales: el caso de San Felipe del Progreso

Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Arlette Covarrubias Feregrino explica cómo la condición de género en las zonas rurales es factor fundamental de la pobreza y desigualdad de las mujeres. La autora advierte de la necesidad de que se transformen las normas sociales, reconociendo y atendiéndolas en políticas y programas.

En las zonas rurales, las mujeres, sobre todo las indígenas, presentan altos índices de analfabetismo, de rezago educativo, desnutrición y problemas de salud (Chávez 2011). Además, tienen poca libertad para elegir entre varios aspectos fundamentales de su vida, como su sexualidad, sobre su trabajo fuera del hogar, sobre su movimiento, sobre el ingreso y gasto en el hogar, sobre cómo distribuir su tiempo, sobre el uso y control de activos en el hogar como la tierra, su casa etc. Estas restricciones en su libertad de decisión son también un factor fundamental de la pobreza y desigualdad que enfrentan las mujeres.

Esta es también la situación de las mujeres en San Felipe del Progreso, un municipio en el noroeste del Estado de México, que cuenta con 104 localidades, 102 de ellas rurales. Es considerado como un municipio indígena Mazahua, aunque en el 2010 solamente el 32% de la población de 5 años y más hablaba una lengua indígena (INEGI 2010). Cuenta con un alto nivel de marginación (CONAPO, 2010) y en el 2010, 80.6% de la población era pobre (CONEVAL 2015). Esta región, tiene sus características propias, pero ejemplifica claramente las limitantes para tomar elecciones que tienen las mujeres en varias zonas rurales del país [1].

Por ejemplo, las mujeres casadas en San Felipe del Progreso, no pueden optar libremente entre tener o no relaciones sexuales con sus esposos. Mujeres indican que tienen relaciones sexuales con sus esposos incluso aunque no lo desean, ya que al expresar a sus esposos que no querían tenerlas, ellos las acusaban de infidelidad. En una comunidad conservadora, que cuida mucho la "virtud" en función de la monogamia de las esposas (pero no de los esposos), esta era una acusación muy severa. Incluso, se encontraron casos en los que el esposo se volvía violento, verbal y físicamente cuando sus esposas se negaban a tener relaciones sexuales con ellas. Otras mujeres, se resignaban al decir: "Pues aunque yo digo que no, él dice que sí".

Por otra parte, la promiscuidad de los hombres y esposos es considerada como normal. Muchos esposos migran en la semana a trabajar a la Ciudad de México como obreros. Muchos incluso migran a Estados Unidos. Varias esposas consideraban como natural que sus esposos les fueran infieles, sobre todo si migraban. Sin embargo, esto las hace vulnerables a contraer a través de sus esposos una enfermedad venérea. Muchos esposos se negaban a usar el condón, a pesar de que sus esposas se lo pidieran.

Las mujeres de este municipio, también tienen restricciones en su libertad de movimiento. Al casarse, por cuestiones económicas y de tradición, las mujeres se mudan con su esposo y sus suegros. Al hacerlo, tienen que pedir permiso a sus esposos y a su familia política para ir a lugares alejados, como por ejemplo, para visitar a sus papás, o a otros familiares, para ir a mercados en otros pueblos, etc. Es común que los esposos y suegros, se nieguen a que sus esposas salgan, principalmente por dos motivos. Por una parte, las esposas al ser amas de casa son las responsables de las labores domésticas, de atender y cuidar al esposo, los hijos y los miembros del hogar. Si salen, hay la percepción de que podrían no cumplir con estas labores adecuadamente. Por ejemplo, la comida podría no estar a tiempo, o no estarían para servírsela a sus esposos. Por otra parte, como ya se ha mencionado, hay un gran control sobre la sexualidad de las mujeres. Al salir de sus casas, se temía que las mujeres podían serle infieles a sus esposos.

Como los esposos son los principales proveedores económicos en el hogar, son ellos los que reciben el mayor ingreso del hogar. Generalmente el esposo le da a la esposa una cantidad para el gasto semanal y es ella quien administra ese gasto, para cubrir la alimentación, educación y gastos corrientes del hogar. Es común que las esposas no sepan la proporción del salario que sus esposos les dan, pero además, cuando quieren comprar o ahorrar para algo que requiere un gasto fuerte, tal como una casa, una primera comunión, algún electrodoméstico, tienen que negociar con ellos su adquisición. Esta negociación también les puede generar conflictos con el esposo. Las mujeres, por lo tanto no tienen poder de decisión sobre el gasto del hogar.

Si las esposas quieren trabajar fuera de su casa, tienen también que pedir permiso a sus esposos para hacerlo. Al igual que para el permiso sobre movilidad, los esposos que se niegan, lo hacen principalmente por el miedo a la infidelidad de las esposas, y por el riesgo de que las esposas no realicen adecuadamente las labores domésticas, sin embargo, en este caso, se hace gran énfasis en el cuidado de los hijos. Por lo tanto, las mujeres tampoco tienen completa libertad de elección en esta área.

En este municipio, el cultivo de maíz es de gran importancia. Los hogares de este municipio, son dueños de pequeñas parcelas, donde siembran principalmente este grano para el autoconsumo del hogar y sólo venden lo poco que el hogar no va a utilizar en el año. Debido a que los hombres son los proveedores económicos del hogar, son ellos los que heredan las tierras de sus padres, y tienen la decisión sobre lo relacionado al cultivo. De esta forma, las mujeres tampoco pueden elegir sobre los activos y la tierra del hogar.

Se han ejemplificado varias áreas importantes en la vida de las mujeres, sobre las que no tienen poder de decisión. Para atender este fenómeno, feministas se basaron en el concepto de empoderamiento. Éste es la expansión de la habilidad de un individuo o grupo de personas para tomar elecciones, en un contexto donde esta habilidad había sido previamente negada. El empoderamiento implica el desarrollo de las capacidades individuales y colectivas de las personas excluidas y marginalizadas, para que puedan reclamar efectivamente sus derechos humanos y participar, negociar, influir y responsabilizar a los actores que afectan su acceso a tales derechos. Debe recalcarse que el empoderamiento se refiere a decisiones estratégicas de vida, esto es, decisiones que son críticas para que las personas puedan vivir la vida que deseen. Además, el empoderamiento implica un proceso de cambio. Para que un individuo se empodere, inicialmente tiene que estar desempoderado, tal que las habilidades de hacer decisiones estratégicas deben de haberles sido inicialmente denegadas o limitadas (Kabeer 1999). Las mujeres pueden empoderarse a nivel individual, a nivel relacional, familiar, comunitario, nacional o internacional (Malhotra et al. 2002).

Son dos los elementos los que influyen en el empoderamiento de las mujeres, los recursos y la agencia. Al hablar de recursos nos referimos no sólo a los materiales, sino también a los sociales y los humanos con los que cuenta una persona, tal como la posesión y control de activos en el hogar, especialmente la tierra, el acceso al trabajo remunerado y otras formas de ingreso, el acceso a recursos comunales, la educación, acceso a sistemas tradicionales de apoyo, ya sea de parentesco o de amistad, apoyo de ONGs y apoyo del estado. La agencia se refiere a la habilidad que las personas tienen para definir sus propios objetivos y de actuar en consecuencia. La agencia se refiere a más que una acción, también incorpora la noción de significado, motivación y propósito con el que los individuos actúan (Kabeer 1999).

De gran importancia, son las normas sociales, es decir, las reglas informales de moralidad (reglas que conciernen los principios de comportamiento correcto e incorrecto) que son sostenidas por un grupo de individuos de la sociedad. La característica que distingue a las normas sociales de otras reglas sociales es justamente que son de tipo "moral". Las normas sociales adscriben comportamientos adecuados para hombres y mujeres (Covarrubias 2016). Por ejemplo, como se refleja muy bien en el caso de San Felipe del Progreso, a las mujeres se les asigna ser dóciles, poco asertivas, sumisas, sexualmente recatadas. En el hogar deben de ser las que se dedican a las labores domésticas, deben de cuidar a los hijos, enfermos y ancianos, deben de pedir permiso a sus esposos para salir o trabajar. En cambio, los hombres deben de ser asertivos y vocales. Se cree que son naturalmente promiscuos. En el hogar deben de ser los principales proveedores. Además, tienen autoridad sobre las mujeres en decisiones relacionadas a su movilidad y trabajo. Estas normas sociales permean, a los individuos, las familias y las instituciones. Las mismas mujeres y hombres asimilan estos comportamientos.

Las normas sociales también influyen en el acceso que las mujeres tienen a otros recursos, que a su vez, las empoderan. Debido a que los esposos son los proveedores del hogar, han recibido más educación, heredan las tierras y los inmuebles, y tienen un mayor control sobre los activos e ingreso en el hogar. Al contar con menores ingresos y recursos, las mujeres tienen también menos poder de decisión y una menor posibilidad de dejar un matrimonio cuando así lo deseen. Para empoderar a las mujeres, es entonces fundamental desafiar las normas sociales de género imperantes a través de programas de concientización, el uso de medios de comunicación, educación adulta, etc.

Las normas sociales también deben de ser atendidas de forma integral en los programas y acciones por parte del gobierno y organizaciones que tienen como finalidad empoderar a las mujeres en zonas rurales. Por ejemplo, se ha intentado incrementar el nivel educativo de las niñas y mujeres a través del programa Prospera (antes Oportunidades). Este es un programa de transferencias condicionadas, que inició en México en 1997. Actualmente, tiene cuatro componentes:

Componente Educación: se otorgan becas a madres de familia, como incentivo para la permanencia y avance escolar. A partir de la educación secundaria, el monto otorgado por niñas que estudian, es mayor que el de los niños.

Componente Alimentación: se entregan apoyos monetarios directos a las familias beneficiarias, para contribuir a que mejoren la cantidad, calidad y diversidad de su alimentación.

Componente Salud: se proporciona un paquete de servicios de salud, que incluye citas médicas en las unidades de salud, y reuniones mensuales sobre temas de educación para la salud preventiva.

Componente de Vinculación: otorga asesorías, brindar información y promover el acceso de las familias beneficiarias a programas o acciones de fomento productivo, generación de ingreso, capacitación y empleo, educación financiera, acceso a esquemas de ahorro, seguros de vida, créditos a través de la coordinación interinstitucional

Este programa ha sido exitoso para aumentar la matrícula escolar de las niñas (y niños) en las escuelas (Rodríguez 2002). Cabe destacar, que aunque la educación es vista como un medio para empoderar a las mujeres, las desigualdades sociales también pueden ser reproducidas en la escuela. Por ejemplo, los estereotipos de género pueden ser reproducidos en el currículo, puede representar a las mujeres como pasivas y tímidas. Incluso, en una sociedad como la mexicana en la que los estereotipos de género son representados en términos de su rol reproductivo, se le educará a las niñas a cómo ser mejores madres y esposas (Kabeer, 2005).

A través de este programa también, en su componente de salud, las mujeres tienen mayor conocimiento y acceso a métodos anticonceptivos. Sin embargo, como se ha evidenciado en este artículo, las mujeres todavía tienen limitantes en su libertad de decidir en ambos ámbitos (ej. si tienen o no relaciones sexuales con su esposo y para convencer a sus esposos de usar el preservativo). Para que tengan plena libertad sobre su sexualidad y reproducción, es necesario que las normas sociales sean transformadas.

Por otra parte, el apoyo económico que reciben las mujeres en San Felipe del Progreso les da cierto grado de autonomía e independencia, pero debido a su rol de madres y esposas, este ingreso está pensado en función del bienestar de su familia, en especial sus hijos, y nunca para ellas mismas. Este resultado fue encontrado también en Chiapas (Meza et al. 2002).

Por lo tanto, para empoderar a las mujeres, es fundamental que se transformen las normas sociales, no sólo tratando de erosionarlas directamente, a través de programas de difusión y concientización, sino también reconociendo y atendiéndolas en políticas y programas destinados a disminuir la desigualdad y pobreza de las mujeres.

Nota:
[1] Los resultados aquí presentados, se obtuvieron de entrevistas a profundidad a mujeres de todas las edades y estado civil y de 4 grupos de enfoque, una a mujeres casadas, una a mujeres casadas con migrantes y otra a mujeres separadas de San Felipe del Progreso.

Bibliografía:
Chávez Torres, M. (2011) Mujer rural y pobreza en México: La difícil apuesta por una socialización con contenidos diferentes. En La Feminización de la Pobreza en México, coordinado por Careaga Pérez, Gloria y Jiménez Flores, Patria. H. Cámara de Diputados, Comisión de Equidad y Género.
CONAPO (2010) Índice de marginación por entidad y municipio. Consejo Nacional de Población: México. Disponible en: http://www.conapo.gob.mx/es/CONAPO/Indices_de_Marginacion_2010_por_entidad_federativa_y_municipio
CONEVAL (2015) Pobreza a Nivel Municipio 2010. México: Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social. Disponible en: http://www.coneval.org.mx/Medicion/MP/Paginas/Medicion-de-la-pobreza-municipal-2010.aspx
Covarrubias, Arlette (2016) La sombre voluntaria. Normas sociales y participación laboral de las mujeres en la maquila. Estado de México: El Colegio Mexiquense, A.C.
INEGI (2010) Censo de Población y Vivienda. Instituto Nacional de Estadística y Geografía: México.
Kabeer, N. (1999) Resources, Agency, Achievements: Reflections on the Measurement of Women's Empowerment. Development and Change ( 30)3: 435-464.
Kabeer, N. 2005. Gender equality and women's empowerment: a critical analysis of the third Millennium Devel opment Goal, Gender and Development, 13(1)
Malhotra, Anju, Sidney Schuler y Carol Boender (2005) Measuring Women's Empowerment as a Variable in International Development. Background Paper. Washington: World Bank.
Meza, A., Tuñón. E., Ramos, D., & Kauffer, E. (2002). Progresa y el empoderamiento de las mujeres: estudio de caso en Vista Hermosa, Chiapas.
Rodríguez D. (2002) Las Mujeres en el Programa Progresa-Oportunidades: Una aproximación al estado del arte. El Colegio de México A.C. Ciudad de México.