AGOSTO 2016

Una reforma de la moral sexual

Adiel Martínez Hernández nos habla de cómo los preceptos judeocristianos y los valores culturales guían la moral sexual de la sociedad mexicana, dificultando así los derechos humanos, sexuales y reproductivos de las personas, en especial el de las mujeres a decidir sobre su cuerpo y su potencial reproductivo, y el del matrimonio homosexual; derechos que están, explica el columnista, 'basados en los nuevos conocimientos científicos y en una ética acorde a los tiempos que se viven'.

El gobierno federal ha buscado distinguirse por la implementación de una serie de reformas que respondan a las exigencias globales en los ámbitos económico, político y social. Con la intención de llevar a la sociedad mexicana al camino del desarrollo y del progreso. Estas reformas han enfrentado la crítica y la resistencia de varios sectores, en unas ocasiones por las inconsistencias y contradicciones de sus propuestas, en otras, porque el contexto y las condiciones objetivas impiden su implantación, pero principalmente por el cambio drástico que le exige a la cultura y a los estilos de vida de los miembros de dichos sectores.

La complejidad de la sexualidad humana ha exigido el establecimiento de una regulación de sus manifestaciones mediante la institucionalización de una moral sexual. La sociedad mexicana tiene la peculiaridad de que su moral sexual está guiada por los preceptos judeocristianos en conjunción con los valores culturales de los usos y costumbres de las comunidades indígenas. Esta característica hace que se puedan identificar diversas manifestaciones de la conducta sexual y sus respectivos juicios y prejuicios morales. La llamada "doble moral" del mexicano no es más que esta posibilidad de construir significados variados de la sexualidad.

Actualmente, las sociedad occidental ha transformado sustancialmente dicha moral sexual a partir del derrumbe de varios mitos y juicios morales sobre la sexualidad pero se ha topado con la resistencia y oposición de grupos que no quieren reconocer el avance en salud y justicia social que se consigue con el reconocimiento de dichos saberes. Estos grupos conservadores argumentan sus posturas con pensamiento mágico-religioso la más de las veces, pero también con informaciones vetustas de las ciencias naturales.

La relación oposicional de estas visiones de la moral sexual pone en crisis la intención reformista de los gobiernos, que como ya se mencionó, buscan estar acordes con las tendencias internacionales. Así, está el debate generado por grupos conservadores que consideran "perversas" y malintencionadas las modificaciones a los libros de textos que exponen el proceso reproductivo y el desarrollo sexual de la especie humana. Sosteniendo que dicha información no es acorde a la edad de los estudiantes y en consecuencia corrompería su inocencia.

Por otro lado está la ríspida respuesta de estos mismos grupos a la iniciativa gubernamental de legislar a favor de la unión homosexual en la figura del matrimonio. Considerando que tal hecho es contra natura e identificando que corrompe los principios morales de la fe cristiana. El resultado de esta discusión es el incremento de fenómenos de discriminación por homofobia.

Por último, están las ratificaciones a la penalización del aborto por parte de los gobiernos locales como sucedió recientemente en el Congreso de Veracruz. Por iniciativa del gobernador Javier Duarte y motivado por el grupo conservador Sí a la vida que mandó a votación la ley antiaborto. Los argumentos nuevamente se apoyan en una equivocada lectura de la información sobre la reproducción biológica. Pero lo más importante, pasan por alto las demandas de todas las mujeres que protestaron y dieron argumentos más sólidos para defender su derecho a decidir sobre su cuerpo y su potencial reproductivo.

Es evidente que la mayoría de estos grupos conservadores está apoyada financieramente por organismos con una importante influencia económica y política, no solo a nivel nacional sino mundial. Es esta lucha de poderes la que tiene estancado el desarrollo y el alcance de la equidad social. A nivel discursivo, y sobre todo por como lo reproducen los medios de comunicación, se convierte en una lucha decimonónica entre el bien y el mal. Y cada sector tendrá la razón y dominará en el debate según convenga a los intereses de quien detente el poder en turno.

Es por ello que se requieren cambios de significados en todos los órdenes. Pero para hacer valer los derechos sexuales de todas las personas, aquellos que están basados en los nuevos conocimientos científicos y en una ética acorde a los tiempos que se viven, es necesaria no solo una reforma política y económica sino también una reforma de la moral sexual que reconozca la importancia de que las y los niños estén informados sobre su sexualidad a temprana edad, que las personas homosexuales sean reconocidas como sujetos de derecho (y no como desviación de la naturaleza), y que las mujeres sean respetadas en su derecho a decidir sobre su cuerpo.

Esta transformación solo será posible si las y los jóvenes se informan correctamente sobre los avances científicos y las nuevas disposiciones políticas en materia de derechos humanos, sexuales y reproductivos. Además, si hacen caso omiso de las informaciones tergiversadas de los sectores conservadores. Desaprendiendo y reaprendiendo será la manera en que alcancemos una nueva forma de vivir la sexualidad y se construya una justa moral sexual.