Doctorante en Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS-UNAM).
Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Nelly Lucero Lara Chávez explica la importancia de la mirada feminista en la cinematografía, tomando como ejemplo dos documentales sobre las mujeres en el rap. El género de quien filma, afirma la articulista, juega un papel determinante, y es necesario que 'más mujeres se incorporen a los medios de comunicación como generadoras de contenidos y tomadoras de decisiones'.
Si las mujeres no contamos nuestra historia difícilmente los hombres lo harán. Evidentemente la imposibilidad de mirar a las mujeres -como generadoras de cultura y agentes de transformación- está fuertemente anclada a las formas tradicionales de construir a los géneros. Mientras la masculinidad socialmente impuesta hace que muchos hombres se observen a sí mismos como protagonistas de sus vidas, el mandato de feminidad que se exige a las mujeres va encaminado a mirar a los hombres y colocarlos en el centro: atenderlos, apoyarlos en la consecución de sus metas y en la satisfacción de sus deseos (a veces en nombre del amor). Este modelo de feminidad ha sido denominado por algunas autoras como "ser para los otros" (Marcela Lagarde, 2005), ya que destina a las mujeres a la subordinación bajo los marcos del orden genérico del patriarcado.
Sé muy bien que los modelos han ido cambiando y que hay mujeres que se "narran" a sí mismas de forma autónoma y autosuficiente (al menos en algunas latitudes). También sé de mujeres que no paran de contar las "hazañas" de sus esposos y de sus hijos como el horizonte de sentido que las determina (cuentan vidas ajenas). Sin pretender caer en la lectura simplista de valoración en torno a los modelos optaré por la postura sincrética. Sí, en ocasiones las mujeres saltamos del modelo "autárquico" al "dependiente" siendo conscientes o no de ello. Esta es, a grandes rasgos, la encrucijada a la que nos enfrentamos las mujeres cuando "intentamos" contar nuestra historia: la posibilidad de "mirarnos" y la imposición de "mirar a los demás" incluso por encima de nosotras mismas.
Quiero abundar en el tema de la mirada. Particularmente en lo que sucede con la mirada cinematográfica en torno a un fenómeno que me interesa: el rap hecho por mujeres. El acto de "ver" es una facultad biológica, pero "mirar" es una construcción histórico-cultural (cargada de estereotipos, prejuicios y afectos). En este sentido pretendo exponer lo que acontece con la forma en que son "miradas las mujeres en el rap" en dos documentales de reciente creación: Somos Lengua (2016), de manufactura mexicana, y Sonita (2015), una coproducción germana-iraní. La primera cinta corrió bajo la dirección de Kyzza Terrazas y la segunda es de la directora Rokhsareh Ghaem Maghami. Ambos documentales hablan del rap, pero en contextos distintos. El primero lo dirige un hombre y el segundo lo dirige una mujer. ¿Acaso el género de quien dirige el documental provoca que el tratamiento de un mismo tema sea distinto? En definitiva sí, el género de quien filma, así como el género de quien investiga en la academia, influye en los resultados y en la forma de abordar el tópico a tratar. En este caso me interesa poner en evidencia cómo al director de Somos Lengua le importa hablar del rap (sólo del rap), mientras tanto, a la directora de Sonita le atañen las mujeres en el rap, es sin duda, un tratamiento feminista.
Somos Lengua es el primer documental que intenta contar la historia del Hip Hop en México. Su gran defecto es que no logra abordar la complejidad de esta propuesta urbana sino que sólo se concentra en el rap, que es sólo una de las manifestaciones artísticas de la cultura surgida en el Bronx, en Nueva York, a inicios de la década de los setenta [*]. El documental está grabado en distintas partes de la República Mexicana y da cuenta de cómo el rap es una práctica común en los barrios del país. Al ser un canto "vivo" el rap se convierte en "la crónica del presente" y en la posibilidad de muchos jóvenes urbanos (y ahora también rurales) de tomar la palabra y exponer sus experiencias cotidianas. Sin embargo, me parece que Kyzza Terrazas no logra dar cuenta de la gran apuesta política del Hip Hop en México y se queda corto en lo referente a la participación determinante que tienen las mujeres raperas en nuestro país. Incluso no logra ver el aguerrido movimiento de raperas feministas que está vigente.
Por otra parte, la directora Rokhsareh Ghaem Maghami centra la mirada en una sola mujer, "Sonita", joven rapera afgana que vive desterrada de su país y bajo el fuerte grillete de los "usos y costumbres" que siguen colocando a las mujeres como "objetos prescindibles": entes de uso e intercambio. Lo que más me gusta de Sonita, además de su carga feminista, es que refleja cómo el Hip Hop "salva vidas". Cuando yo comencé a investigar sobre esta cultura urbana en México me encontraba con esa frase: "A mí el Hip Hop me salvó la vida", "antes del Hip Hop yo no era nadie, me humillaban o me maltrataban". En este tenor, el Hip Hop logra que los sujetos le den un sentido a la vida (incluso cuando están frente a la posibilidad de exterminarla). Porque el Hip Hop es una apuesta por construir y no destruir. Evidentemente para construir primero hay que hacer un trabajo interno (ocupar un lugar en el mundo) para después intervenir en el exterior. Y eso queda claro con Sonita. Además el documental nos muestra la gran participación de mujeres en el rap, donde expresan sus experiencias, sus formas de pensar, sus vidas.
En síntesis, aunque ambos documentales hablan del rap el tratamiento de Rokhsareh Ghaem Maghami es más humano y sensible, incluso más politizado. Es una mirada que dista mucho de lo que hace el director de Somos Lengua en nuestro país. La construcción de la mirada es distinta y sin duda el género juega un papel determinante. Sé bien que "ser mujer" no significa tener lo que desde el feminismo denominamos "conciencia de género" para dar paso a esa comprensión con miras a la justicia, pero sin duda la creación de las mujeres -en todas las parcelas de la vida- brinda lecturas distintas.
Este contexto me convoca a mencionar lo que las mujeres feministas enunciaron en la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing (1995), en el capítulo "J", titulado "La mujer y los medios de comunicación". Donde además de "fomentar una imagen equilibrada y no estereotipada de la mujer en los medios de comunicación", como lo señala la sección J2, es fundamental que se garantice "aumentar el acceso de la mujer y su participación en la expresión de sus ideas y la adopción de decisiones en los medios de difusión y por conducto de ellos, así como en las nuevas tecnologías de comunicación", señalado en la sección J1. La intención de que más mujeres se incorporen a los medios de comunicación -como generadoras de contenidos y tomadoras de decisiones- tiene que ver con un acto de justicia y también, como lo he señalado líneas atrás, con la posibilidad de que la mirada de las mujeres alimente y enriquezca la vida social.
Nota:
[*] La cultura urbana del Hip Hop está integrada por cuatro manifestaciones artísticas: rap, graffiti, Djing y Breakdance (canto, pintura, música y danza), y se ve complementada por otros elementos como son: el conocimiento, la moda callejera, el lenguaje callejero, el emprendimiento callejero y el beat boxin.
Bibliografía:
LAGARDE, Marcela (2005). Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. México. UNAM
Internet:
DECLARACIÓN Y PLATAFORMA DE ACCIÓN DE BEIJING (1995). Documento en línea. En: http://www.unwomen.org/~/media/headquarters/attachments/sections/csw/bpa_s_final_web.pdf
Filmografía:
SONITA (2015). Dir. Rokhsareh Ghaem Maghami - A-Tag /TRAUM PRODUCTION
SOMOS LENGUA (2016). Dir. Kyzza Terrazas . Producción y Distribución Viento del Norte Cine.


