Socióloga, feminista, activista y defensora de derechos humanos. Cofundadora de la Red Cihuame.
Foto: Emma Blancas/MujeresNet

Zuleyma Edain Ramos Valdez nos habla de su transición por cinco etapas a partir de su decisión de asumirse como feminista y que nombra como: la claridad, la frustración, la euforia, la ruptura y el replanteamiento.La articulista, acudiendo a las metáforas del ritmo y el poder, reflexiona sobre los mecanismos patriarcales y sobre el sentido de la resistecia.
Dedicada a mi querida amiga Yuliana
¡No estás sola!
La resistencia no está exenta de las dinámicas de poder; se acciona ante éste. Existe la resistencia porque existe el poder.
Desde que tomé la decisión de asumirme como feminista, he transitado por una serie de etapas que fueron y van conformando mi identidad. Identifico en primer momento "la claridad", al nombrar los malestares, producto del patriarcado. Posteriormente "la frustración", al ver que mis círculos sociales no comprendían lo que yo conocía y sin darse cuenta, reproducían y reproducen infinidad de violencias. Posteriormente "la euforia", al querer trasmitir lo que había observado, analizado, cuestionado, etc. Y no siempre encontraba los modos adecuados para hacerlo, a lo cual le sumo otra etapa que es "la ruptura" con muchas personas de dichos círculos sociales. Finalmente la etapa en la que me encuentro, "el replanteamiento" de mi propia vida, mi propio ser.
En este marco, cuando logré nombrar mis malestares y entendí la importancia de lo personal es político, la euforia que en ese entonces alimentó mi apasionada manera de actuar por la justicia, encontró en lo laboral una causa que requería de mucho esfuerzo.
La metáfora del ritmo y el poder, son la guía del presente escrito. Para precisar en algunos puntos que éste requiere, me gustaría aclarar que lo presentado aquí, surge de la experiencia que tuve en algunas de mis relaciones laborales. La intención de hacer frente al poder inmerso en ellas, se convirtió en un movimiento, en el cual éste llevó todo tiempo el ritmo.
No vengo a hablar de nadie, ni evidenciar vilmente a machirrines que aunque sería lo mejor para mi ego, prefiero usar las herramientas que el feminismo me ha heredado, para dejar que con líneas salga todo el veneno que el ritmo del poder me transmitió, y con eso, al leerme cuides tus pasos, siempre respetando y disfrutando tu propio ritmo.
Decidí moverme a mi propio ritmo cuando respondí el siguiente cuestionamiento: si la resistencia existe a raíz del poder ¿qué de todo esto debo de aprender?
Era claro. Las respuestas estuvieron todo el tiempo, sólo necesitaba observarlas:
Las "maniáticas"
El patriarcado nos ha enseñado a juzgar de manera negativa a las mujeres. Alguna vez escuché -esa mujer está enferma de poder, se la pasa diciendo que ella hizo esto, que ella hizo aquello, que por ella se inició esto...-. En primer momento dije -sí, por más buena intención que tenga, no se puede dar el crédito de todo-.
Al quitarme mi propio sesgo patriarcal, comprendí la esencia de los hechos. Esa mujer que ante los ojos de muchos es una mujer empoderada, no hacía más que defender lo que había hecho, porque rodeada de sujetos hegemónicos del patriarcado, tenía que resistir el menosprecio y la invalidación a su trabajo. También tenía que resistir "el carisma" de esos sujetos que, si observamos bien, éste no es más que la expresión pura de los privilegios patriarcales.
Ella al no poder nombrar lo que vivía, era lógico que su única herramienta para enfrentar dicha situación, fue defender lo que había impulsado usando los únicos medios conocidos.
Los privilegios patriarcales
¿Por qué en un espacio con mayor número de mujeres, el trabajo de los sujetos hegemónicos del patriarcado que, reitero, son minoría, sigue siendo más reconocido y más valorado? ¿Será que estos sujetos hacen mejor trabajo? ¿Será que ellas juegan a salir de la esfera de lo privado y juegan a que salen a trabajar?
Por más esfuerzo y dedicación que una empeñe, no valdrá la pena si no entendemos que detrás de todo lo anterior, los privilegios patriarcales que adquieren los sujetos hegemónicos, son el mayor peso (simbólico) que respalda su trabajo. Los privilegios patriarcales son hechos invisibles, que los sujetos hegemónicos van construyendo a partir de los pactos patriarcales, para legitimar y mantener vigente el control y poder de estos, sobre su otredad.
Los privilegios patriarcales dan el voto de confianza a cualquier acción u omisión de los sujetos hegemónicos y quitan dicho voto a los sujetos no hegemónicos. En otras palabras, todo lo que hagan o dejen de hacer los sujetos hegemónicos, siempre tendrá el voto de confianza, y todo lo que hagan, en este caso las mujeres, siempre tendrán la duda o la desconfianza (a menos que se trate algo relacionado a su rol de género, es decir, el cuidado). Los privilegios patriarcales también provocan que todas las personas busquen la aprobación de los sujetos hegemónicos, porque para la construcción de la identidad qué es más idóneo: ¿estar con los sujetos que aunque hagan o dejen de hacer lo que quieran, siempre tendrán el voto de confianza o con los sujetos que nunca lo tendrán?
El pacto político
Toda acción es un acto político. La forma en que una persona se muestra ante la sociedad no deviene de la nada, sino de su manera de percibir y moldear su mundo. Me queda claro que cada quien tiene una visión diferente en concebir la vida; también me queda claro que la diferencia es necesaria y ésta, no debe anclar sociedades inequitativas. Sin embargo cuando un sujeto hegemónico trata de imponer su visión sobre las demás, y éste lo logra a través de sus privilegios patriarcales ¿en quién recae la responsabilidad, en estos sujetos por querer imponer o en el resto por aceptar?
Desde lo que experimenté, considero que en todas las personas recae la responsabilidad. Tanto por actuar, como por omitir. Lo interesante que aquí quiero resaltar, es la acción de los sujetos hegemónicos del patriarcado. Porque mientras las mujeres entran es ese estado "maniático" que anteriormente mencioné, estos sujetos que no están de acuerdo con la imposición del modo de vida de su homólogo, muy pocas veces le hacen frente, porque ante todo se debe respetar el pacto político (de varones) que socialmente firmaron dentro del patriarcado.
La enemistad entre mujeres
Una de las tantas consecuencias del pacto político entre sujetos hegemónicos, recae en la enemistad de las mujeres. No sólo por estar en competencia, al buscar la aprobación de los sujetos hegemónicos, también porque no estamos acostumbradas a acompañarnos en la esfera de lo público. Nosotras no pactamos, nosotras sólo resistimos y cuando no resistimos, sólo somos el brazo derecho de los sujetos hegemónicos.
A los sujetos hegemónicos desde edad muy temprana les enseñan a moverse en la esfera de lo público, a nosotras no. A nosotras se nos enseña a ver por todas las demás personas y nunca por nosotras; a los sujetos hegemónicos se les enseña a ver sólo por sí mismos.
Por lo tanto, la enemistad de mujeres no radica en la envidia por la otra, radica en que seguimos reproduciendo los medios que tiene el patriarcado para mantener vigentes a los sujetos hegemónicos.
La enemistad no radica en la indiferencia por la otra, radica en que consideramos que la resistencia de unas, nos es ajena, porque esa es su lucha, no la nuestra, no la de todas.
La enemistad de las mujeres no radica en que sólo nos interese la aprobación de los sujetos hegemónicos, radica en que éstos sólo reconocen a quienes le son importantes en su vida, y nosotras tendemos a reconocer a todo mundo, porque así lo aprendimos en la esfera de lo privado.
La enemistad de las mujeres no radica en que aspiramos a gustar erótico o afectivamente de los sujetos hegemónicos, radica en que los sujetos hegemónicos consideran a las mujeres su propiedad o sienten la ventaja de actuar sobre ellas. Por ello, cuando expresan un gusto por nosotras y una no lo acepta ni lo desea, estos toman represalias (evidentes o no) por el sentimiento de frustración que provocó el rechazo, ¡cómo un sujeto hegemónico que está acostumbrado a siempre recibir un sí, una mujer le dio un no!
Ahora entiendo. En la resistencia ante el patriarcado, no tenía que engancharme y sólo tenía que resistir para continuar mi propio camino. Ante la pregunta ¿qué de lo anterior tengo que aprender?
Respondo. A no bailar el mismo ritmo del poder. Resistir existe por el poder, pero resistir no depende del poder. La resistencia es autónoma, siempre y cuando bailemos a nuestro propio ritmo.


