Licenciada en Ciencias de la Comunicación (FCPyS), poeta y colaboradora en varias revistas independientes.
Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Aura Sabina realiza una semblanza de la creación literaria de Amparo Dávila, cuyos cuentos son una invitación a cuestionar la realidad. La autora rescata, entre otros rubros, que los personajes femeninos de Dávila se encuentran lejos del llanto, por el contrario, son autosuficientes. Además, señala la capacidad de la escritora de mostrar de diversas formas la cotidianidad, la locura y los 'seres de oscuridad'.
Por cada diez escritores revisados en una clase, una mujer. Por cada 15 homenajes a ellos, uno a ellas. Pero qué mejor homenaje que hacer un concurso de cuento con el nombre de ella, de Amparo Dávila. Ya que en estos días sigue abierta la convocatoria, quisiera compartir lo que me deja.
Leer cuentos fantásticos es abrir una caja de pandora, donde, casi siempre, sabemos que lo que nos cuentan no es, en esencia, verdad. Pero creo que, dado lo íntimo y cotidiano de la narrativa de Amparo Dávila, leerla es una invitación a cuestionarse la realidad.
Todorov llama escándalo al componente que surge de un hecho sobrenatural, y por el cual se decanta una historia que nos saca del orden de las cosas al que estamos acostumbrados. Y es que, uno no espera encontrarse, de pronto, con fantasmas o con apariciones extrañas en un espejo. Uno va por la vida viviendo, amando, sonriendo, trabajando. Pero, en términos generales, no tenemos motivos para temer a la noche y sus encantos. Al contrario...
Se considera tartamudeo reflexivo a la falta de posibilidad para explicar la naturaleza de los acontecimientos. Aun cuando se lograran explicar, de maneras racionales o fantásticas, queda pendiente un hilo, el hilo que nadie sabe quién lo maneja desde el inaccesible balcón a oscuras.
Y lo que hace la maestra Dávila, desde el principio, es contagiarnos su miedo a la noche, como si el cambio de horas nos llevara por caminos siniestros, a través de los cuales veremos el reflejo de creencias populares, a menudo exitosas, donde se habla de seres de oscuridad. O quizá no es otra cosa que el reflejo de nuestro lado B, el que nadie muestra y que, si no conoce, en cualquier momento se acercará a nuestro lecho a mordisquear nuestra conciencia, para que nos lancemos al descontrol de nuestro propio comportamiento.
Ella misma declaró, en una entrevista para Nocturnario:
"Disfruto mucho cuando hay sol, cuando hay calorcito, mientras hay luz. Después me parece misterioso y a veces me atemoriza la noche. En el día me siento muy bien y en la noche es cuando a veces siento nostalgia, tristeza, soledad. La noche se presta para esos sentimientos... En cambio con la luz, con el sol, pues no".
No conozco persona totalmente blanca; sin embargo, sé que no cualquiera está dispuesto a enfrentarse con su sombra, sus deseos, su pequeño monstruo, su violencia sacra. Si bien, el lado de las sombras es muy amplio, encontramos, sobre todo, en su primer libro, Tiempo destrozado, el tema de los espectros que vampirizan energía, entidades absurdas que se filtran en los sueños para destrozar nervios, seres extraños que dominan la noche, y que se acaban a las personas; casi siempre, mujeres.
Si bien, varias de sus personajes son de clase acomodada, sin necesidad de trabajar, me gustó mucho imaginar a una embalsamadora, a maestras, a costureras, enfermeras u oficinistas. Las mujeres son más que simples manojos de llantos y reclamos: son seres autosuficientes, que se parten la vida día a día para lograr el sustento, pese a la negrura que se filtre en su interior.
Otra constante en sus personajes: buscan la manera de no dormir, para mantenerse a salvo. Retoma lo que en algunas doctrinas religiosas se conoce como algún grado de posesión de espíritus malignos, en donde, si bien no terminan matándose, como eventualmente sucede, sí logran destrozar su espacio vital y enturbiar la vida de los seres alrededor, casi siempre, amados.
Habla sobre la aparente locura recién adquirida, como en "Un boleto hacia cualquier parte": Artur Smith, hombre aaparentemente exitoso, quien un día... Renuncia a su rutina para no ir sino al abismo. ¿Qué pasaría si de pronto, al platicar con alguien, descubrimos que nos está tragando? No creo que sea fácil asimilar que nuestra inocencia fue el alto costo para ser presas de una hiedra humana, cuyo dolor interior nos arrasó.
Nos muestra, de mil y un maneras, lo cotidiano, lo natural, tan natural como visitar una tienda de instrumentos musicales o la cocina. Tan natural como bordar o pasar vacaciones en un convento, tan natural como llorar, por años y siglos, a nuestros muertos. Y suavemente, esa naturalidad nos muestra lo absurdo, nuestro interior complejo, lleno de atrocidades, de sangre entre dientes, de amores compartidos y fúricos.
Amparo Dávila nos muestra la cotidianidad a la hora del desayuno, a la hora de caminar por la colonia Cuauhtémoc para desayunar con la íntima amiga, los juegos de mesa o los cocteles en una mansión. También, familias con escasos recursos. Aquí, la maldad nos alcanza a todos, en una habitación lujosa o un cuartucho de hotel de tercera, en la mirada cristalina de quienes salen de un tugurio o de quien por amor decide suicidarse, en la avaricia intelectual que podría costarnos la vida, al lanzarnos por un libro del cual se nos ha advertido, no podemos leer.
Sus cuentos sobre el mundo onírico son circulares; sabremos que los sueños premonitorios son más verdad que el vino, que podemos ir hacia adelante o hacia atrás de nuestra historia, sentiremos que el destino existe, de veras, que la muerte se presiente, que nos visita, que nos llama y lleva, que nos dirá dónde se torció nuestra frágil luz.
¿Temblaríamos de miedo ante una mujer ya madura, dulce, generosa? ¿La creeríamos capaz de matar y enterrar en el jardín a sus amados seres? ¿Seríamos capaces de entender que se puede perturbar a personas a larga distancia, que se les puede exterminar con puro miedo? ¿Podríamos creer que un asesinato se cometió para salvar a alguien que tiene los nervios hechos jirones?
Nos deja preguntas sobre nosotras mismas. Quizá alguna de estas historias, o varias, nos han ocurrido. A diferencia del mundo real, los cuentos de Amparo terminan de maneras perfectas, no siempre luminosas, pero con cierres contundentes. Aquí no hay lugar para psiquiatras: la realidad rebasa cualquier intento por la salud mental.
"Decana de la imaginación" la llama Alberto Chumal. "El impacto fue brutal. Sus cuentos poblaron mi imaginario" dice Bernardo Esquinca. Ambos, escritores de lo oscuro. Es mucho, creo, lo que le debemos todavía a la maestra. Dávila.


