Doctora en Ciencias Políticas y Sociales (UNAM). Periodista, investigadora en Estudios de Género, profesora de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y de la UNAM.
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Josefina Hernández Téllez analiza la paridad política en dicho estado y asegura que a pesar de que la ley obliga a los partidos políticos a incluir a las mujeres en sus listas, no existe una conciencia de sus candidatas sobre su incidencia en la agenda de género, lo que perpetúa las desigualdades. La articulista sostiene que las mujeres políticas deben considerarse como 'portadoras de equidad entre los géneros'.
"...la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas
causas de las desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos..."
Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana (1791)
Olimpia de Gouges
Recién pasadas estas elecciones, vale la pena reflexionar sobre la paridad política en Hidalgo y la pregunta necesaria no pasa por el número sino por la realidad de lo que ha sido la aceptación, la presencia y el número de mujeres en el Congreso del estado de Hidalgo. Indudable es, entonces, acudir a la historia.
En Hidalgo, la participación de mujeres en política ha sido a cuenta gotas. Si en el país el proceso ha sido "acelerado" desde la implementación de las cuotas, en este estado es hasta estas dos últimas legislaturas locales como se ha avanzado significativamente en número, que no en propuestas de ley.
En la XLV Legislatura (1966-1969) se tuvo a la primera y única diputada, Olga Trevethan Cravioto, pero fue sustituida por Pedro Téllez Fernández. En la siguiente, la XLVI (1969-1972), por fin María Luisa Cerecedo de Busto, electa por el Distrito V, de Zimapan, ejerció la diputación.
No obstante, durante veinte años, hasta 1993, el número de diputadas osciló entre 1 y 2 diputadas del total del Congreso local.
A partir de la LVI Legislatura (1996-1999), las diputaciones femeninas se incrementaron entre 5 y 9 diputadas. Pero en ese periodo hubo uno, como el de la LVII legislatura, donde la representación bajó a 2 diputadas frente a 27 diputados, lo que representó el 7.40%. Las 5 diputadas de la LVI legislatura (1996-1999) representaron el 22.7%, ellas fueron María Elena Graciela Macip Vera, por el distrito II de Pachuca; Adriana Durán García por el distrito IV de Tula de Allende; Carolina Viggiano Austria por el distrito XV de Molango de Escamilla; Celia Martínez Bárcenas por el distrito XVII de Jacala de Ledezma, y Carolina Leyva Santillán, que obtuvo el curul por el Partido del Trabajo (PT) por el método de Representación Proporcional.
En las legislaturas LXI (2009-2012) y LXII (2012-2015), se lograron 9 diputaciones frente a 21 diputados. Cifra que fue históricas, sin duda, pues representan el 42.85%.
Sin embargo, el número de las mujeres hidalguenses que han ocupado una curul en el Congreso local revela un atraso con respecto a los porcentajes alcanzados por sus homólogas a nivel federal. Pero en ambos casos, pese a esta diferencia, la incorporación de las mujeres en este espacio de poder tiene relación directa con el grado de desarrollo democrático y con la resistencia cultural, política y de los partidos políticos a su incorporación en los poderes Legislativo, Ejecutivo y en los altos mandos de la Administración Pública.
Una realidad inocultable es que existen obstáculos para el cumplimiento de la legalidad vigente en cuanto a cuota de género. En México, a nivel federal y local, encontramos los siguientes: 1) se coloca a las mujeres al final de las listas de candidatos titulares, 2) se les otorgaba la titularidad de la fórmula pero se les condicionaba a dejar su asiento a sus suplentes hombres, 3) se las postula en fórmulas de distritos con poca expectativa de triunfo.
Por estas prácticas evidentes en la LXI Legislatura y por el conocido caso de "Las Juanitas" (cuando 8 diputadas de diferentes partidos cedieron su curul a sus compañeros de fórmula, lo que significó una baja representativa de dos puntos porcentuales y que nos alejó aún más de aquel modesto 30%) se modificaron en 2010 las sanciones a partidos que incumplieran con la cuota de participación, además se les obligó a presentar fórmulas con integrantes de un mismo sexo.
A pesar de esta modificación legal, la razón principal por la que no alcanzaremos todavía la paridad y la inclusión, es que existe poca conciencia por parte de la ciudadanía, los militantes e incluso las candidatas, sobre los prejuicios existentes de la capacidad y derechos de representar equitativamente en el Congreso la voz y voto de las mujeres. Las trabas, incluso, se hallan naturalizadas.
En estas elecciones esta situación no difiere, ni ha cambiado, radicalmente. La trayectoria, la valía, el entusiasmo de muchas candidatas han sido utilizados por la dirigencia de los partidos y sus militantes para no ser sancionados por incumplir la cuota de paridad y las "integraron" pero los resultados de representación y triunfo revelan que para ellas el sexismo es vigente, aun cuando ellas mismas no estén conscientes porque su disciplina partidista les impide ver, de forma objetiva y real. Entonces, la paridad política, por supuesto, no se gana por ley sino por la transformación de mentalidades de unas y otros. Las mujeres en la política son punta de lanza, pero cuando no se tiene claro el panorama como sociedad y como partidos, el imaginario y las buenas intenciones de esta ley paritaria amenaza con convertirse en un rubro cuantitativo a cubrir, sin impacto cualitativo en la agenda de género.
En una entrevista realizada a cuatro candidatas: Rosa Guadalupe Chávez Acosta [PRI], Roxana Montealegre Salvador [PAN], Hilda Miranda [PRD] y María del Sagrario Díaz Granillo [PANAL]. De las cuatro, sólo Rosa Guadalupe Chávez Acosta, del PRI en alianza con el PVEM, resultó electa por el Distrito 2), de cuatro partidos relevantes en la contienda política en Hidalgo, para las elecciones de la LXIII Legislatura (2015-2018), se revelaron algunos de los principales obstáculos y realidades:
No obstante su trayectoria dentro de sus partidos y los obstáculos que viven y sobreviven, no tienen clara conciencia del sexismo que aún les toca enfrentar.
Incluso, la más joven de ellas, se considera beneficiaria de una supuesta mayor equidad y confirma la certeza del imaginario social respecto a la igualdad y mayores oportunidades de las mujeres en la sociedad y dentro de los partidos, pero que se derrumba frente a la escasa presencia de éstas en puestos de toma de decisión y la violencia que han denunciado desde los escaños básicos, como son las municipalidades y regidurías a todo lo largo y ancho del país.
La diputada federal electa, del PRI, por ejemplo, contra toda realidad afirmó que: "Siempre ha existido (dentro de su partido) como prioridad el tema de las mujeres, las necesidades de las mujeres" y augura que su incorporación por ley en las candidaturas del Congreso llevará al "bienestar social, no sólo de las mujeres".
Un dato más de esta situación de poca conciencia respecto a la segregación y marginación partidista que viven las militantes, las excandidatas del PRD y del PAN, quienes declararon su adhesión partidista de poco más de 20 años, tienen la firme convicción de que sus partidos incorporaron el tema de la equidad de género antes de que existiera dicha ley. Entonces, si esto es cierto, ¿por qué ellas, con toda su trayectoria en sus respectivos partidos, no han tenido puestos clave de decisión o postulaciones a candidaturas en distritos con posibilidades de obtención?
La disciplina partidista les impide ver, de forma objetiva y real, que la participación equitativa de las mujeres es una factura que no han ni siquiera expedido sus partidos, y menos aún por voluntad propia. Ello pese a las transformaciones, avances y aprendizaje político que desde la alternancia política se ha dado en la sociedad mexicana.
La mesura de la declaración de Hilda Miranda (PRD) es significativa al respecto: "Tengo que reconocer que en el PRD, como mujeres, nos hacen falta más cuadros políticos". También lo es la contradictoria revelación de la candidata ganadora del PRI: "Las mujeres hemos venido batallando con la incursión de las mujeres en la vida pública, por eso a veces se nos hace difícil".
La tarea y factura de la paridad es que las mujeres electas impulsen una plataforma de políticas incluyentes, para ello es necesario que las representantes sean conscientes de su función de portadoras de equidad entre los géneros. Lo contrario es repetir las desigualdades sociales, políticas y económicas entre hombres y mujeres.


