ABRIL 2016

Garabagatos

Lucía Rivadeneyra reseña el libro de la poeta Iztel Mar, 'Garabagatos', escrito para las y los niños, pero también para las personas adultas 'para que no pierdan la memoria de la emoción que genera una sorpresa en la infancia'. Esta obra cuenta las aventuras de Cabuzio, un gato que enseña a la o el lector a saber más de los felinos.

A mi hija Macarena, niña de abril, in memoriam.

Itzel Mar es poeta y sólo con su mirada de ensueño podía redescubrir a los gatos. Alguna vez escuché que los dioses crearon a los gatos, para que los seres humanos pudiéramos conocer el placer de acariciar felinos. Sí, la caricia ante todo. Quizá como no todos tenemos un gato, sí podemos tener el libro Garabagatos porque nos acaricia con palabras.

"Todo encuentro casual es una cita", decía Borges. E Itzel y yo nos encontramos por los rumbos de la vida, por estricta casualidad. Algo nos enganchó desde hace alrededor de veinte años. Ese algo fueron las palabras. Sabemos gozar con las palabras y las caricias y con las caricias que dan las palabras. Itzel, no conforme con eso, nos regala palabras. Sí, es una inventora de palabras y eso también tiene algo que ver conmigo: la editorial que publicó la antología de mis primeros veinte años de poesía es de Morelia y se llama Jitanjáfora.

Recuerdo una anécdota del gran poeta colombiano-mexicano Porfirio Barba Jacob, quien se jactaba de inventar palabras. En una ocasión, por los años cuarenta, iba con amigos a bordo de un ferrocarril y uno de ellos tuvo la ocurrencia de pedirle al conductor que al llegar al próximo pueblo en lugar de gritar ¡Hemos llegado a... San Juan de las Cazuelas! o como se llamara el pueblo, gritara: ¡Hemos llegado a Acuarimántima!, que era una de las palabras por él creadas. Por supuesto, cuando el poeta escuchó su palabra casi entró en coma. Fue a hablar con el ferrocarrilero mientras sus amigos se carcajeaban. Ya después lo tomó con calma. Claro que si hubiera sabido que con el tiempo aparecerían las Gatinjáforas, hubiera muerto de la impresión.

No es fácil hacer un libro para niños y niñas. Son demasiado inteligentes, demasiado sabios/as, demasiado sensibles. Se preguntan lo inimaginable. Alguna vez, la muy querida astrónoma Julieta Fierro me comentaba que en un taller de ciencia, un niño de alrededor de seis años le hizo la pregunta que Albert Einstein se formuló alrededor de los cincuenta. No puedo evitar contar, y perdonen la intimidad, pero una vez mi hijo Pablo Andrés, cuando tendría unos cinco años me preguntó: " ¿Por qué el agua está mojada?".

Itzel Mar tiene como pasión sanar. Cientos de personas han sanado gracias a sus manos y a sus certezas. Ella es una mujer de certezas, sobreviviente de la vida cotidiana, busca en sus libros ir como decía Neruda "más allá de todo". Con una vida entre agujas, en el sentido más lato y más literal de la palabra, Itzel clava agujas en el corazón y en la memoria. Garabagatos ha sido una sorpresa memorable.

Ya ha publicado otros libros; pero, ahora esta novedad editorial nos provoca con trabalenguas desde el título. A todos los adultos a los que les he mostrado el libro no pudieron leer bien el nombre a la primera. Casi todos dijeron garabatos. Luego se dieron cuenta del error y todos ha reído. Los que lo leyeron bien fueron cuatro o cinco niños, quienes también rieron. Y ambos, grandes y chicos, entraron a él. Ya tienen palabras nuevas, ya hicieron acertijos, ya hicieron trabalenguas. Itzel Mar nos pone a jugar, a reír y eso, hoy más que nunca, se agradece.

Garabagatos es un libro que no sólo pueden disfrutar las y los niños, también las y los adultos para que no pierdan la memoria de la emoción que genera una sorpresa en la infancia. Además, dice Itzel, "Un gato es un secreto perseguidor de secretos". Y yo, qué le puedo decir, sólo soy una lectora que anda en busca de palabras secretas. Gracias a este libro corro el riesgo de equivocarme, aunque siempre intentaré decir Vagatuno, Parrangático, Gatesuras, Aumallo, Gatichizo, GarabaGatos.

Cabuzio es el gato, personaje del libro en cuestión. Gracias a él y sus aventuras sabremos más de los gatos. Además, "En la azotea / Cabuzio rasguña las sábanas / y las nubes por igual". "Cabuzio imagina pájaros, desea pájaros, / suspira pájaros".

Gracias Itzel por tanto color que le pones al lenguaje con esta edición bellísimamente ilustrada por Ricardo Peláez, quien con sus pinceles nos lleva a la luna, a las azoteas, a los chícharos, a las catarinas, a las viejas antenas de televisión, entre otras muchas imágenes. Han hecho un dueto, más bien dicho un triángulo amoroso: Itzel, Ricardo y los gatos. A lo mejor por eso, desde que tengo el libro, me han dado ganas de tener bigotes, orejas picudas, caminar con elegancia y decir miau.

Itzel Mar. Garabagatos. Ilustraciones de Ricardo Peláez. Ediciones EON. México, 2016.