MARZO 2016

Las rupturas que vienen y que son necesarias

Raquel Ramírez Salgado comparte su experiencia sobre las rupturas emocionales, ideológicas, de hábitos, incluso de personas, que se deben hacer para no mermar la salud física, ya que el cuerpo manifiesta cuando algo 'va mal'. La columnista hace una invitación a atender las señales y romper con lo dañino.

"Raquel, debes tratar de regresar todo a su cauce, debes generar una ruptura para eso", me decían. Pareciera que lo anterior se trataba de una recomendación de mi psicóloga, pero no, se trataba de la indicación de un médico con especialidad en cirugía maxilo facial; aunque, debo reconocer que gracias a esa frase entendí que el cuerpo utiliza los padecimientos y enfermedades como último recurso para hacernos entender que algo va mal.

En diciembre de 2014 fui diagnosticada con trastorno de la articulación temporomandibular. Sé que suena demasiado técnico, pero ese es el nombre. No se trata de un padecimiento estrictamente grave, pero su origen está casi siempre en el estrés, la angustia y la ansiedad. Este trastorno me provocó migrañas durante años (puede ser que lo padezca desde la adolescencia, pero no lo sabía), dolor en los pómulos, incapacidad para mover la mandíbula y dolores de garganta. La primera llamada que hizo mi cuerpo fue una noche, en septiembre de 2014, cuando descubrí que en la sien izquierda sobresalía una protuberancia cada vez que abría la boca. El segundo llamado, que también ignoré, llegó en octubre de 2014, cada tarde y noche que sufría de migraña. Fue hasta diciembre de 2014 que decidí ir a consulta médica, en una muestra de abandono e indiferencia hacia lo que mi cuerpo trataba de decirme: postergué a pesar del sufrimiento. Luego de recibir el diagnóstico, me di cuenta de que cuando siento enojo, preocupación o decepción, rechino los dientes (bruxismo), lo cual agrava mi condición de salud física. Debo usar una férula, diario, día y noche, una férula que para mi ego es demasiado grande, vistosa e incómoda, porque genera que las personas me vean con cierta curiosidad, además de que me cuesta más trabajo hablar y que las personas entiendan lo que digo.

Como ya decía, debo generar una especie de ruptura para que la articulación de mi mandíbula permita que todo regrese a su cauce, lo cual me hizo entender que esa ruptura es superficialmente la ruptura de una luxación, y que se trata de una ruptura mucho más compleja, es decir, romper con creencias, malos hábitos, situaciones que me lastiman, e incluso, romper con personas que ya no pueden estar en mi vida. Desde luego que he buscado métodos de sanación alternativos, con el afán de encontrar respuestas mucho más profundas.

En poco más de un año he aprendido mucho. Ciertamente, los dientes y la mandíbula tienen un valor vital para el funcionamiento físico y orgánico del cuerpo, pero, además, tienen un valor simbólico ligado con el miedo, con la capacidad de recibir y de sabernos merecedoras (así como la boca y los dientes reciben a los alimentos), con la toma de decisiones y con la valoración de lo que somos, decimos y hacemos.

Si bien el sistema de creencias se construye a lo largo de la vida, los últimos dos años han sido complicados para mí, y el padecimiento que tengo fue la manera en la que mi cuerpo, mi corazón y mi alma me dicen que debo romper con esto:

•  No compartir mi espacio vital con personas tóxicas, con quienes ya no hay nada en común. Recordemos que las personas llegan a nuestra vida para enseñarnos algo, pero, si ya no existe afinidad ni te ayudan a ser mejor, es hora de despedirse.

•  Si no puedo romper la relación con alguna persona por razones ajenas a mí, la ruptura consistirá en no implicarme emocionalmente con esa personas.

•  Rompo con la falta de autocuidado.

•  Rompo con las creencias limitantes.

•  Rompo con la autoexigencia patriarcal que me ha llevado a no sentirme merecedora.

•  Rompo con los efectos que las palabras cargadas de odio me han llevado a pensar que lo que digo, escribo o hago no es valioso.

•  Rompo con el deber ser impuesto por la violencia machista.

•  Rompo con la nostalgia, la tristeza y la decepción que el desamor y la deslealtad provocaron en mí.

•  Rompo con el sufrimiento y aprendo a soltar.

•  Hago una ruptura con todo aquello que aún me limita y lastima, pero que no he descubierto.

Me tomo el atrevimiento de invitar a revisarnos feministamente, a escuchar a nuestro cuerpo, a identificar nuestros padecimientos, a hacer las rupturas necesarias. No quiero sonar a consejo de revista "femenina" y patriarcal, porque sé que las rupturas son muy complicadas y dolorosas, y que hay factores estructurales involucrados, pero, vale la pena atrevernos, con los recursos que tengamos, atendiendo lo que nos toca a nivel personal, para impactarlo colectivamente.

Por las rupturas que vienen... sean cuales sean para estar bien.