MARZO 2016

¿Edecanes o edecamas?

Lucía Rivadeneyra reflexiona sobre el trabajo de edecán que además de ser servil, es un ejemplo de la cosificación de los cuerpos femeninos, pues tener determinadas medidas es requisito para ser contratada; sin embargo, la columnista sostiene que puede ser una fuente de trabajo digna, pero que se corren riesgos como el de caer en redes de trata o prostitución.

La imagen de las mujeres a través de los años está dirigida a la cosificación. En la vida cotidiana, en los talleres mecánicos, en las imprentas, en las vulcanizadoras, hay fotografías o dibujos de mujeres en ropa diminuta. En la televisión, en programas del absurdo involuntario, matutinos o vespertinos, usan minifaldas y no importa si fungen como edecanes de Chabelo.

Un negocio de lonas y mantas, por ejemplo, se promociona con un cartel que tiene un cuerpo femenino diseñado en computadora y a lado dice "la tienes en una hora". El texto de un anuncio en una tintorería, junto a la fotografía de una güera, dice "Te plancho y te lavo...". Los programas televisivos que anuncian coches contratan mujeres jóvenes que deben portar minifaldas para abrir las portezuelas, señalar los asientos, indicar dónde está el motor, entre otros detalles.

Esta situación rebasó los negocios mencionados y a las carpinterías y a las cerrajerías, cuando en la noche del debate a la presidencia en 2012, en el que participaron cuatro candidatos, de pronto, una modelo con un vestido blanco apareció para llevar "papelitos" con las preguntas; su nombre Julia Orayen. A partir de ahí, quizá más de la mitad de quienes seguían el debate hablaban de la voluptuosa joven. Gabriel Quadri de la Torre, que representaba al partido Nueva alianza, fue captado en el momento en que contemplaba las nalgas de dicha modelo. En otro momento, un caso semejante fue el del político Manuel Bartlett, quien desde su lugar en la Cámara de Senadores observó las asentaderas de la edecán que estaba a su lado. Ella usaba un conjunto de saco y pantalón blancos. Las dos fotografías aparecieron en múltiples medios de comunicación y se pueden ver en internet.

Y mientras, literalmente, millones hablaban de Orayen en relación a su cuerpo, otra parte se cuestionaba -con una buena dosis de rabia- el qué tenía que estar haciendo esta mujer en un acontecimiento político trascendente, en el entonces Instituto Federal Electoral, con el diseño que traía puesto. En lo que todo esto ocurría, ella fue entrevistada en diversos medios y, por sobre todo, le llovió trabajo. Incluso apareció en la revista Playboy. Esta publicación cabeceó la portada, donde aparece prácticamente desnuda, como "Julia Orayen le quitamos el vestido del debate". Para documentar nuestro optimismo, quizá diría Carlos Monsiváis.

En lo que va del siglo, por lo menos, no hay una sola "actriz" de telenovelas a quien no se le exija ponerse implantes en los senos o en los glúteos. Así como tener talla y peso determinados. Además, si es posible, que se infle los labios y que se realice cualquier cirugía que responda a los estándares televisivos. Los peinados y el maquillaje resultan insólitos para la vida real. A los hombres, para que sean galanes se les pide cuerpo de gimnasio: lavadero en el abdomen y musculatura de Hércules. Se dice que algunos usan esteroides anabólicos, los cuales alteran las hormonas. Son actricitas y actorcitos que de la misma forma que aparecen en pantalla, desaparecen y nadie los recordará, a pesar de la ropa ajustadísima que portan.

La labor de edecán no deja de ser servil: va de ofrecer los "papelitos" con preguntas en un debate, a estar de pie atrás de una mesa donde se firman acuerdos (que muchas veces no se cumplirán), a retirar los papeles firmados, a llevar el vaso de agua, el café o lo que se ofrezca. Esto se ve hasta en las universidades, donde estudiantes hombres y mujeres se uniforman para alguna actividad. Es obvio que hay una etapa en la juventud en que todo el mundo quiere lucirse y enseñar lo que tiene. Y es legítimo, pero hay niveles y espacios y la decisión debería ser personal.

Existen empresas, pocas, que contratan mujeres jóvenes y usan el llamado traje sastre. Sin embargo, en términos generales, si se buscan en internet referentes sobre edecanes, todo está relacionado con prostitución y trata. Al respecto, uno de los casos más sonados fue el del sujeto llamado Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, quien fungía como líder del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el DF. Según dos reportajes espléndidos de la periodista Carmen Aristegui y su equipo, se reveló el ilícito negocio en el que se incorporaba a mujeres muy jóvenes para "atender al líder tricolor", bajo el engaño de ofrecer trabajo con un sueldo de hasta 14 mil pesos. Por supuesto, a las jóvenes que acudían con la esperanza de conseguir trabajo, no se les pedía un certificado de estudios, fotografías de óvalo o tamaño credencial y acta de nacimiento sino la edad, la talla, el peso y el nombre. En cuanto a la justicia en este caso, la impunidad ha sido la norma.

Si bien es cierto que ser edecán puede ser una fuente de trabajo digna, también es cierto que la imagen femenina en este tipo de actividad tiene que ver con el cuerpo. Y el riesgo que se corre es muy grande. En este asunto hay un abanico de posibilidades: desde la edecán de traje sastre a la "acompañante clase ejecutiva vip"; del modelaje a la prostitución; de las edecanes a las hostess de casinos y, así, sucesivamente.

Las faldas cortas, los zapatos altos, pesar 55 kilos y medir 1.70, pero usar brassieres de copa "d" son exigencias que nada tienen que ver con la calidad profesional de las personas. Aquí todo es cuerpo. Todo está cosificado. Uno de los anuncios de internet, de una agencia X, solicita "Demo edecan (Excelente presentación talla 5 y 7). Buscas trabajo fijo y tienes excelente actitud de servicio y atención al cliente¡¡¡esto es para ti!!!". (sic). Esto, como es obvio, dados los contextos puede ser una trampa. Lo único claro es la exigencia de la talla.

Hace unos meses, un niño de alrededor de siete años preguntó, mientras veía cómo lavaban el automóvil de su mamá, " ¿Por qué aquí ponen una foto de una mujer en bikini, qué tiene qué ver un coche con ella?". Sabios los niños, sin duda.

¿Durante cuánto tiempo más seguirá la cosificación y la imposición de una imagen estilo Barbie? ¿Por cuánto tiempo más madres y padres apoyarán, a veces desde el jardín de niños, los "concursos de belleza"? ¿Será por los siglos de los siglos?