FEBRERO 2016

Violencia y discriminación hacia las personas adultas mayores

Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Georgina Ligeia Rodríguez Gallardo denuncia la creciente violencia y discriminación que viven las personas de la tercera edad, tanto por parte de familiares como del Estado; este último al no proporcionar medios y espacios que les permitan tener una calidad de vida, por lo que la articulista llama a crear mecanismos para fortalecer el entorno familiar e institucional que brinden atención a este sector poblacional.

En el siglo XXI el tema del envejecimiento de la población debe de ser un asunto de preocupación y de atención no solo en México, sino en el mundo. Diversas regiones experimentan ya las consecuencias de este fenómeno poblacional. Las tendencias de crecimiento y variación de los diferentes grupos de edad hablan de un cambio en las estructuras poblacionales en México. Estas variaciones marcan una tendencia a la disminución de los grupos de edades de menores y de jóvenes, si bien estamos viviendo actualmente el máximo histórico de jóvenes, la predisposición es que la población se concentre en los grupos de edad media y propiamente en el grupo de adultos mayores el cual crecerá de manera importante. Cabe hacer la pregunta de qué tanto estamos preparados para enfrentar este cambio poblacional, en un marco de igualdad, inclusión y de respeto de los derechos humanos.

Actualmente las condiciones económicas de este sector de la población son precarias. La pobreza es un factor presente que impide que la familia y el adulto mayor enfrenten los gastos médicos derivados de la edad avanzada. Es población altamente vulnerable. Ello sin considerar la carga de su atención al interior de la familia, que recae generalmente en un miembro de la misma, recurrentemente es la mujer, la cual ve mermada sus aspiraciones y tiene que dejar de laborar o estudiar, para atender al anciano/a del hogar, lo que entre otras cosas representa un ingreso menos, además de situaciones incómodas para el ambiente familiar propiciando la aparición de violencia familiar, y en el peor de los casos en violencia hacia el/la adulta mayor; si tiene alguna discapacidad o enfermedad el factor de violencia se acrecienta. Las mujeres en este grupo de edad son más violentadas, además dado que es un grupo con mayor proporción de mujeres, debido a que la esperanza de vida es mayor para ellas, la probabilidad de ser sujetas de violencia es mucho mayor.

"Ellas enfrentan una realidad especialmente difícil. Los estudios y las estadísticas recientes muestran que las mujeres tienen unas expectativas de una vida más larga que los hombres, lo cual no quiere decir que dicha longevidad vaya acompañada por una óptima calidad de vida. Por el contrario, viven una pobreza más profunda en la tercera edad, dado que las mujeres, a lo largo de su vida, han tenido menor acceso a la educación y se han encargado en gran parte del cuidado de los hijos"[*] (Calvario, 2008)

Por otra parte, la edad de la población afecta su calidad de vida, las sociedades están estructuradas en las diversas esferas del desarrollo humano para población de un grupo de edad productivo. La cultura, educación, no hablemos del aspecto laboral o de entretenimiento están pensados y construidos para la población adulta-joven, lo que deriva que la población adulta mayor, esto es de más de 60 años, se encuentra aislada. A esto se suma que el espacio urbano no está adaptado para la y el adulto mayor, las opciones de esparcimiento, entretenimiento o circulación en su propio entorno son limitadas o nulas, y las oportunidades laborales son prácticamente inexistentes.

La violencia hacia el adulto/a mayor es un tema conocido pero poco abordado. Se sabe que sufren violencia en sus diferentes manifestaciones, la económica y la emocional son las más frecuentes, son despojados de sus bienes, son desatendidos y abandonados. Sin embargo la condición de la mujer adulta mayor es aún más grave. Según datos de la Encuesta de la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH 2011), a nivel nacional 2 de cada 10 mujeres de más de 60 años de edad, viven alguna forma de violencia, se trata principalmente de violencia emocional por parte de sus familias, principalmente los hijos (42.7%) e hijas (36.8%). Es cierto, que la mujer sufre violencia durante toda su vida, y que hay grupos de edad con mayor incidencia, pero la vejez es un factor que agrega un ingrediente de alta vulnerabilidad.

"El maltrato hacia las personas mayores en sus diversas formas tiene serias repercusiones. En el aspecto físico puede suponer periodos de convalecencia más prolongados que deriven en la muerte. Desde una perspectiva social, la consecuencia más grave es el aislamiento, la disminución de la autoestima y la sensación de inseguridad, que favorecen la creación de estereotipos negativos asociados a la vejez asociados a la desvinculación y a la falta de proyectos individuales. Desde una mirada económica se advierten los gastos en servicios especializados y de entrenamiento de la persona para prevenir y atender las situaciones de maltrato, sumados a las pérdidas patrimoniales a causa del aprovechamiento y el despojo de fondos o haberes" (ONU: 2012).

Según los resultados de la ENDIREH 2011, de la proporción de mujeres que viven violencia emocional, 6 de cada 10 les dejan de hablar, es una violencia que muestra desinterés; 3 de cada 10 las dejan solas o peor aún las abandonan; una parte igual las dejan sin dinero; les gritan, insultan o las ofenden. La violencia hacia la mujer adulta, como ocurre en general con otras formas de violencia es normalizada y legitimada por el resto de la familia y la comunidad. Por último 4 de cada 100 adultas mayores son lastimadas, golpeadas o les arrojan objetos.

En el mapa nacional podemos apreciar que las zonas de mayor incidencia de violencia a la adulta mayor con presencia más elevada de violencia son 9 estados, Michoacán de Ocampo, Morelos, Oaxaca, Colima, Guerrero, Jalisco, Aguascalientes, Guanajuato y Puebla; con violencia media 10 estados; con menor prevalencia son 13 estados. (ENDIREH, 2011, 69)

Ahora bien, la mujer y el hombre adulto mayor no solo viven violencia al interior de sus familias, sino también en su entorno comunitario. Según los resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, ENADIS 2010, la población adulta mayor en México vive discriminación, que se define como toda distinción, exclusión, restricción o preferencia basada en la edad adulta mayor que tenga como resultado la anulación o la disminución de la igualdad ante la ley o del reconocimiento, goce o ejercicio, en igualdad de condiciones, de todos los derechos humanos y las libertades fundamentales. (ENADIS, 2010, 82)

Las principales manifestaciones de la discriminación a las personas adultas mayores son la dificultad para encontrar empleo (36%), y el 56.8% no cuenta con suficientes ingresos para cubrir sus necesidades. Este punto es fundamental porque es tranquilidad, posibilidad de alimentarse, de contar con sus medicamentos, así como la oportunidad de acceder a un bienestar en su vida. La salud es el segundo problema con el 13.9%, seguido de la discriminación e intolerancia con el 9.2%.

En el rubro de salud la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, ENSANUT 2012, son sabedores de que la atención en salud y el gasto que representan son un reto a cubrir ya que requieren de una atención médica especializada, así como servicios asistenciales y residenciales enfocados al adulto mayor, grupo de población que como ya se señaló, va en incremento. En los resultados de esta encuesta se ratifica el hecho de que la proporción de mujeres de más de 60 años de edad es mayor que la de hombres, se encontró que es un grupo con baja escolaridad, de concentración urbana, casada o con pareja, si bien el 37.6% son mujeres viudas. Entre otros resultados podemos mencionar que en promedio 2 de cada 10 adultos/as mayores no pueden realizar actividades básicas de la vida diaria (caminar, bañarse, acostarse y vestirse), mientras que alrededor del 1 de cada 10 no puede realizar actividades instrumentales de la vida diaria (cocinar, compras, tomar medicamentos, manejar dinero). Más de una cuarta parte de los/las adultas mayores presentan alguna forma de discapacidad. En estas condiciones analizadas se da una mayor proporción de mujeres.

¿Cuáles deben ser las áreas de atender por el sector público y privado? El sector salud es definitivamente uno de los temas que mayor atención merece, ya que la gama de padecimientos de este sector de población es poco investigada y se carece de especialistas en esta rama, esto es, se requiere de médicos especializados en el área de la geriatría, de investigación de los padecimientos de este sector de la población. A lo que se suma la falta de infraestructura adecuada para la atención, rehabilitación y tratamiento de las enfermedades propias del anciano y la falta de una cultura de convivencia social con la persona adulta mayor, en otras palabras los y las jóvenes, los menores y los adultos no saben relacionarse de manera sana, en el marco del respeto con los y las ancianas, esto ha generado las más de las veces violencia en las familias y graves problemas de depresión en la persona adulta mayor, la incidencia de suicidio se ha incrementado en los últimos años.

El respeto a los derechos humanos de la persona adulta mayor y el trabajar en su inclusión en las actividades diarias, es tema que involucra a todos, sectores públicos y privados. Es necesario generar instituciones, actividades y espacios adecuados para la atención de la/el adulto mayor, ya sea por sistemas asistenciales o bien de paga, lo que implica una oportunidad de negocio para el inversionista. Ya sea en casas de día para la atención de los y las adultas mayores, o bien, los asilos con servicio de calidad y buen trato. Además se debe de generar el equipamiento urbano adecuado para el tránsito, y desarrollo pleno del anciano en todas las esferas del desarrollo.

Pero ¿qué sucede cuando se trata de adultos/as mayores que gozan de salud y plena movilidad?, este grupo de población no cuenta con otro tipo de infraestructura, como es la oferta de entretenimiento, recreación y la práctica de actividades físicas todas adecuadas y atractivas para personas mayores. Estos rubros se encuentran destinados a los menores y a los jóvenes, lo que se suele considerar población activa. La persona adulta mayor pierde movilidad en su propia ciudad, y en ocasiones en su propia casa, no existen las condiciones de infraestructura y equipamiento urbano para que circulen con confianza, dejando a un lado los temas de la inseguridad.

El proceso de envejecimiento de la población es inevitable, por lo que se deben de generar los mecanismos que fortalezcan el entorno familiar, e institucional para brindar una atención digna a este grupo poblacional. El trabajar en el respeto a los derechos humanos de el/la adulta mayor con énfasis en que las mujeres ancianas vivan sin violencia, sin discriminación en un tema de cultura, de trabajar con las generaciones en la sana convivencia y fomento a las relaciones familiares incluyentes hacia las personas adultas mayores. Finalmente puede parecer reiterativo, pero el tema de la vejez, es un tema de derechos humanos que debe de estar en la agenda pública y en el trabajo diario de las familias a su interior.

Bibliografía:
[*] Tomado de ENDIREH, Nacional, 2011, p. 68

Encuesta Nacional sobre Discriminación en México, Resultados Generales, Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación, ENADIS, 2010. Publicado en 2011.

Encuesta Nacional de Salud y Nutrición, 2012, ENSANUT, Resultados Nacionales, Instituto Nacional de Salud Pública.

Organización de las Naciones Unidas (ONU) Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL) Envejecimiento y desarrollo en América Latina y el Caribe, http://repositorio.cepal.org/handle/11362/7166 (consultado 3 de diciembre 2015)

Panorama de violencia contra las mujeres en los Estados Unidos Mexicanos, ENDIREH, 2011, Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, INEGI.