Licenciado en Composición por la Escuela Nacional de Música (UNAM). Guionista, compositor de música de cámara y actor de voz.
Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Oskar Gottlieb realiza una semblanza de la música Clara Wieck Tromlitz, quien desde los once años de edad hasta poco antes de su muerte compuso piezas para piano, voz para orquesta, voces a capella y música de cámara.
Clara Wieck Tromlitz (1819-1896), conocida en la historia de la música como Clara Schumann, poseía un nombre que la describía. Sería imposible negar la claridad de espíritu de esta formidable mujer.
Concertista desde los once años, mantuvo su actividad como pianista de altísimo nivel hasta poco antes de su muerte y, sin embargo, no fue ese todo su mérito. Sus composiciones para piano, para voz y piano, para orquesta, para voces a capella y música de cámara son de una belleza y dominio técnico a la altura de las más altas cúspides musicales.
Clara Wieck conversaba (a los once años de edad) sobre música, sobre literatura y sobre otros temas con el alumno de su padre, el futuro compositor Robert Schumann, quien quería convertirse en virtuoso del piano y se quedó a vivir en casa de su maestro. Cuál sería el brillo de su intelecto que, uniéndose a la diafanidad de su rostro hermoso, provocó que Robert decidiera esperar a que Clara cumpliera los veintiún años para casarse con ella.
De hecho no fue exactamente a los veintiuno, sino un día antes, lo cual dio oportunidad al padre de ella, el maestro Friedrich Wieck, de iniciar una lucha legal en contra de Schumann, movido por el temor de que éste no pudiera "dar una vida digna a su hija", por tratarse de un compositor genial, pero sin reputación.
Al final el amor se impuso: un amor que dejó sus huellas para la posteridad en un diario que ambos llevaron desde el día de su boda, en un ciclo de canciones compuestas por ambos o en referencias de Scumann a Clara en varias de sus composiciones. Clara misma dedicó una serie de variaciones sobre un tema de su esposo, así como un scherzo para regalarle.
Grandes gigantes de la música como Franz Liszt la ponderaban como pianista y compositora y Mendelssohn dirigió el estreno de su concierto para piano, el cual interpretó ella misma (a los dieciséis años) de memoria como todo lo que interpretaba en sus conciertos, sentando un precedente en esta costumbre que antes no se practicaba a menudo.
En una época en que las niñas prodigio concluían su carrera de instrumentistas al casarse, Clara continuó derramando su virtuosismo por toda Europa, como pianista, compositora y también como intérprete de las obras de Shumann (estrenó, por ejemplo, el Concierto en La Menor para piano y orquesta en Leipzig en 1846). En una época en que las mujeres eran en su casi totalidad sostenidas económicamente por el hombre, Clara se hizo cargo de los gastos de su hogar a partir de la locura de Robert, con los muy buenos honorarios que cobraba por sus conciertos.
Mente clara en un semblante juvenil lleno de belleza que, al avanzar la edad se volvió sereno y penetrante. Un corazón grande que supo dar amor a ocho hijos, criarlos a ellos y a sus nietos y amar plenamente a Schumann así como ser amada por él, sin menoscabo alguno de la expresión de su genio artístico.
Por eso Johannes Brahms, el joven compositor que un día llegó a casa de los Schumann y que recibió de Schumann el apoyo para alcanzar reconocimiento en Alemania, la amó hasta su vejez. Ambos mantuvieron una profunda amistad y cálida correspondencia durante años. Se dice que un día Clara le dijo a Brahms que se le veía bien la barba y desde entonces el compositor no se la volvió a cortar.
Cuando imagino las manos de Clara discurriendo por el teclado del piano, creando claridades a su alrededor y en los pechos de los oyentes, vienen a mi mente los sonidos de sus composiciones bellísimas y me lleno de caridad también. Hay almas que vienen al mundo a darle luz y hay seres que desde el nombre hasta su obra llevan a cabo esta acción a cabalidad.


