FEBRERO 2016

Elena Urrutia

Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Josefina Hernández Téllez hace una remembranza de Elena Urrutia, académica, periodista y escritora feminista, fallecida en octubre de 2015; pero desde el lado humano: comparte así la experiencia de cómo la conoció. Y afirma que la vida de Elena Urrutia es testimonio de la tarea de sensibilizar en las problemáticas sobre las mujeres en diferentes ámbitos.

Elena Urrutia, era una mujer inspiradora pero también imponía con su fuerza interna, su don de mando y contradictoriamente con su suave, pero firme voz. La conocí en 1991, cuando fui aceptada a cursar la Especialidad en Estudios de la Mujer en El Colegio de México. Ella era la coordinadora del Programa Interdisciplinario de Estudios de la Mujer (PIEM) y también su fundadora (1983). Nos dio la bienvenida al grupo plural disciplinario que éramos. Nos habló del significado de esta primera generación, del precedente que sentábamos pero también de la enorme responsabilidad como mujeres y estudiantes de posgrado en una institución como lo es El Colegio de México (Colmex). Mercedes Barquet (QEPD también) fue la vigía fiel que nos acompañó para seguir el camino del gustoso compromiso adquirido.

Sin duda, a todas nos bien impresionó. Sabíamos de su trayectoria, de su papel pionero en la fundación de la primera revista feminista en México, Fem; de su amor por las letras; de su vanguardista y atrevido papel en la academia más añeja como la del Colmex, con los estudios de las mujeres. Estábamos frente a una leyenda viviente y lo sabíamos.

De ahí en adelante, Elena solía visitarnos ocasional y significativamente, como cuando nos dio la buena noticia de que como grupo inicial en este Programa y para apoyarnos en lo que significa revisar la historia como sujetas de la historia misma tendríamos una sesión mensual durante un tiempo con la mejor psicoanalista de México, para hablar del cisma interno y real con los temas de género en nuestras vidas.

El paso por el PIEM y el acercamiento académico al papel y estudio de las mujeres está signado en la vida de la primera generación de esta Especialidad por la figura, por el ejemplo y por la acción de Elena Urrutia.

El segundo gran momento de mi relación con ella fue recién concluida la Especialidad, pasé a saludarla y agradecerle todo el apoyo durante año y medio. Me preguntó qué haría después, además de seguir escribiendo de mujeres en medios periodísticos. Le conté de mi vocación recién descubierta por la docencia, a raíz de que Beatriz Osorio, compañera de generación del PIEM, me invitó a dar una conferencia a jóvenes del Politécnico. Así que comenzaría a dar clases en la ENEP-UNAM Acatlán, donde estudié la licenciatura. Me ofreció integrarme como asistente de investigación en el primer diagnóstico que se haría sobre la condición de las mujeres en prisión por encargo de la subsecretaria de Gobernación, Socorro Díaz. La investigadora a cargo sería la Dra. Cristina José Yakaman. Por supuesto, acepté y ello me permitió conocer y aprender mucho de la cara oculta del sistema legal, penitenciario y burocrático, pero sobre todo de esa nueva ola neoliberal instalada desde los ochenta en el país. En el primer informe (1993) que se entregó, abarcaba los reclusorios del Distrito Federal, nos recibió el secretario de Gobernación, Patrocinio González Garrido, quien interrumpió la presentación porque había llegado Pedro Aspe Armella, secretario de Hacienda y Crédito Público y quería que escuchara las implicaciones de las madres en prisión y su devastador impacto no sólo en las familias, sino en el crecimiento de la delincuencia pues al ser éstas las principales responsables y cuidadoras de los hijos, al quedar ellos a la deriva y desamparo se nutría la posibilidad de que se fueran por el mal camino.

La doctora José Yakaman, enfática y apasionada explicó esta adversidad y al final González Garrido le preguntó a Aspe Armella qué opinaba. Su respuesta nos dejó perplejas: dijo que se le ocurría que una forma de apoyar era no triangular recursos a las prisiones en el país, sino que se adjudicara directo el presupuesto. Del aspecto humano, social, no entendió nada o no le tocó. Años después afirmaría que la "pobreza era un mito genial".

Elena Urrutia, sin embargo, no cejó ante estos mensajes desalentadores y este ambiente difícil para sensibilizar a todos los niveles sobre la importancia de integrar a la mitad de la población, las mujeres. Su vida es testimonio de esta tarea. En el periodismo, en la literatura, en la academia. Suave, pero firme, sentó y apoyó pilares para integrar el tema a la agenda pública. Múltiple e incontable es su obra, varios los reconocimientos y premios. Elena por todo esto y más no ha muerto, no morirá, porque la inmortalidad se logra a través de acciones para el bien común y no personal. Su vida es testimonio de esta afirmación. QEPD.