Lesbiana feminista. Docente, periodista, teatrera, performancera, poeta y contestataria de vocación.
Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Patricia Karina Vergara Sánchez reseña el libro 'Disidencia sexual y ciudadanía en la era del consumo neoliberal', donde la autora analiza ambos temas que nos recuerdan 'cómo se desorganiza la sociedad civil y se neutralizan y derechizan las demandas para hacerlas funcionales al nuevo orden global'.
Norma Mogrovejo se caracteriza, entre otras cosas, por investigar y escribir cosas que incomodan. Que incomodan a todo mundo.
Incomoda a quienes representan o se sienten identificados con el estado de las cosas, porque ella es crítica incansable al clasismo, al racismo, al colonialismo, al androcentrismo y a la heterosexualidad como sistemas de opresión.
Incomoda, también, a quienes dicen trabajar en contra de estos mismos ejes opresivos, pero se quedan en reivindicaciones liberales, neoliberales y estrategias de bienestar individualista.¡No queda bien ni con dios ni con el diablo!
Sin embargo, el trabajo hoy de Norma es necesario, es permanentemente necesario, porque se ocupa de señalar lo que pocas personas se atreven.
Tengo varios ejemplos de cómo, cuánto y por qué incomodan sus planteamientos, pero me conformaré con relatarles uno que es significativo: recuerdo que en 2010 ella escribió un documento llamado: "¿De qué nos quieren con-vencer?", en donde exponía cómo los fondos de mujeres intervenían-intervienen descaradamente en el Abya Yala sobre las organizaciones, colectivas y encuentros lésbicos para imponer sus criterios de cómo deben de ser y organizarse y a qué posiciones políticas deben sujetarse. La respuesta a ese documento fue un casi mutis total por parte de grupos de activistas lésbico-feministas, a tal grado que en ese entonces ella, extrañada, me preguntó si yo había recibido el documento porque no había reacción alguna al mismo. Ahora, a cinco años de ese momento ya tengo una respuesta: Porque incomodaba, incomodaba mucho. Incomodaba a quienes recibían financiamientos, a quienes pensaban recibirlos, a las consultoras y amigas de las mujeres que trabajan en financiadoras y que con poca ética participan en espacios y en discusiones en donde su presencia es el recordatorio constante del dinero que representan.
Traigo a colación, este documento del 2010, porque en él, Norma ya anticipaba hacia dónde se iba condicionando, direccionando el movimiento lésbico y, hoy, cinco años después, estamos mirando los resultados. Su atomización, queerización y despolitización es evidente. Norma, entre otras voces, ha tenido la capacidad de decir aquello que otras no se atreven, de prevenir sus consecuencias, de disentir dentro de la disidencia.
Ahora presenta Disidencia sexual y ciudadanía en la era del consumo neoliberal, libro editado por la UACM, 2015.
Por supuesto, este libro también incomoda y va a incomodar a mucha gente.
Ni modo, este es su oficio.
Norma hace el estudio de dos casos aparentemente disímiles, el sexilio y la maternidad lésbica. Ambos, temas sensibles, controversiales y reivindicaciones visibles en el tema de derechos humanos en nuestra región en este momento.
Veamos, el significado de ser disidente es estar en desacuerdo, escapar, negarse a participar en una organización o institución política dada. Este libro se ocupa de personas que disienten de un régimen político que actúa mediante una serie de creencias, mandatos, pensamientos e impone la heterosexualidad, y está al servicio de un modo de producción y de vida, que es el capitalista, de las sociedades occidentalizadas.
Como en todo régimen político, hay persecución política a les disidentes por parte de las instituciones. Quienes disentimos de la heterosexualidad recibimos la sanción inmediata de las instituciones asignadas para imponer el régimen: La familia, las escuelas, las religiones, y demás. Las sanciones varían de acuerdo a la clase a la que pertenecemos, a nuestro color de piel y al lugar mismo en que habitamos y por ello, hay quienes se ven obligades a ir a vivir lejos de su lugar originario, a migrar -sexiliarse- esto implica en ocasiones situaciones que tienen que ver con salvar la vida.
Igualmente, la maternidad se ve sancionada para las mujeres disidentes sexuales, así, se vuelve una lucha por el derecho de todas las mujeres a la libre elección de la maternidad. Lucha política sin duda, muestra de ello es que este enero de 2016 se registró legalmente a la primera niña en Colombia hija de madres lesbianas y, curiosamente, al día siguiente, también en Colombia se publicó el encarcelamiento de dos mujeres, pareja lesbiana, que hace un año fueron denunciadas por abusar sexualmente de la hija de cinco años de una de ellas. No dudo de la denuncia, sino que señalo el momento de la detención oportunamente mediático. Arena política que sin duda disputa el cuerpo de las mujeres
Sin embargo, Norma no se queda en el terreno de la reivindicación derechohumanista y profundiza.
Siendo ella misma sexiliada, se pregunta: ¿Hacia dónde migran quiénes se sexilian, qué significado tiene ello en el flujo del libre mercado? ¿Qué tanto se puede escapar del régimen heterosexual si el régimen construye el modo de vida contemporáneo en cualquier país y las políticas estatales se unifican?
-Yo digo que no es casual que la gente de México se sexilia a Estados Unidos o a Europa, y no, por ejemplo, se va a Oaxaca, a tierra de Muxes donde el imaginario social mexicano es de una sociedad de tolerancia.
La autora cuestiona: ¿Por qué el discurso de libertad y democracia para quien se sexilia está ligado necesariamente a la posibilidad de mayor consumo?
Así mismo, Norma muestra cómo la maternidad lésbica, sobre todo a la que se accede por reproducción asistida no es para todas, sólo para quienes pueden pagarla y cómo va aparejada en mujeres latinoamericanas a una racista selección genética propuesta hacia la crianza de hijos blancos. Entonces, lo que parecería una reivindicación de derechos humanos se vuelve un fenómeno individualista, eugenésico y clasista que apuesta a la reproducción del modelo de vida heterosexual, monógamo y al servicio del sistema capitalista.
En fin, con estos dos estudios de caso, Norma tiene excusa para recordarnos, el modo en que lo muestra Agamben, cómo se desorganiza la sociedad civil y se neutralizan y derechizan las demandas para hacerlas funcionales al nuevo orden global.
Vivimos políticamente momentos complejos. Tanto que este mismo enero de 2016, desde grupos feministas, se convocó a las mujeres salir a la calle a reclamar por el derecho al aborto, pero también a pedir que a la disidencia sexual se le permitan alquilar los vientres de mujeres (como lo hacen los heterosexuales) -como si esto no tuviera implicaciones de clase y de poder-, argumentando que ambas posturas tienen que ver con la elección sobre el cuerpo.
Norma cita a Ribotta en donde dice cómo hay una imposición de lo que el mercado fija como libertad: "Prioridad de la libertad de mercado sobre una libertad real para todos, lo que ha significado, en la práctica, la legitimación de la explotación de los seres humanos y de la naturaleza... La exigencia de Derechos Humanos, se convierte, entonces, en la estrategia discursiva funcional del capitalismo neoliberal".
En resumen, creo que es urgente deshacer la enredada madeja de discursos entre derechos humanos, ciudadanía, libertad-liberalismo y cómo están siendo apropiados por el sistema. El libro de Norma que hoy les presento, tiene elementos que ayudan en esta tarea y dos ejemplos concretos.
Les invito a leerlo.


