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Frases Feministas
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Las mujeres y los cambios



Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Por Nelly Lucero Lara Chávez
Doctorante en Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS-UNAM)

Nelly Lucero Lara Chávez reseña el libro 'Los cambios en la vida de las mujeres. Temores, mitos y estrategias' en el que Clara Coria, Anna Freixas y Susana Covas se preguntan cómo afrontan los cambios las mujeres y por qué les resulta más complejo en comparación con los hombres. Las expertas en psicología y feminismo basan sus respuestas en tres mandatos de género que operan sobre las mujeres, los cuales la columnista explica y que constituyen 'grilletes que las esclavizan'.

Hace tiempo, y como parte de un intenso proceso de reflexión personal, me interesé en tratar de comprender el sentido que cobran los constantes cambios en la vida de las personas, principalmente en la vida de las mujeres. Para lograr este objetivo me concentré en estudiar cómo se viven y encaran acontecimientos como son las pérdidas, los cambios de residencia, los cambios de profesión, y en definitiva, todas las transformaciones a las que nos enfrentamos de manera cotidiana. Durante esa larga búsqueda de bibliografías y materiales me "topé" con todo tipo de textos, algunos muy elaborados y otros más discretos. Y en medio de ese universo de lecturas, una llamó particularmente mi atención. Se trató de un libro escrito en colectivo por tres grandes autoras: Clara Coria, Anna Freixas y Susana Covas, todas ellas involucradas en los estudios sobre psicología y feminismo. El título de aquel libro: Los cambios en la vida de las mujeres. Temores, mitos y estrategias (2005).

Después de leer en reiteradas ocasiones el texto supe que un día escribiría en torno a su contenido. Y la fecha, sin duda, ha llegado; aunque para eso -lo admito- dejé pasar un tiempo más o menos considerable. Seguramente la intención de postergar esta reseña tuvo que ver con la necesidad personal de procesar consejos y señalamientos hechos por las autoras. Situación que no siempre resulta sencilla si tomamos en cuenta que los cursos de la subjetividad humana no son mecánicos sino que responden a movimientos que a veces tienden a ser lineales y progresivos, mientras que en la mayoría de los casos, son definitivamente contradictorios. En fin, lo cierto es que el tiempo de postergar ha concluido, y con ello, llega el momento de echar a andar los nuevos derroteros.

Para arribar a buen puerto es conveniente aclarar una situación que desde el feminismo nos podría parecer una obviedad. Y es el hecho de que los cambios en la vida de las mujeres poseen ciertas particularidades que están directamente relacionadas a su condición de género, es decir, a la forma en que se va construyendo su subjetividad en términos culturales e históricos. Ello no quiere decir, por supuesto, que los varones estén exentos de los dolores y placeres que conllevan los cambios, pero sí que, al menos por la constitución genérica, dichos cambios sean enfrentados de manera distinta. Esta situación es demostrada por Clara Coria al decir que:

"Resulta claro a la luz de la evidencia que las mujeres tropiezan con mayores obstáculos que les dificultan doblemente la tarea. Esos obstáculos provienen de los condicionamientos de género que inciden en el proceso de socialización de las mujeres, imponiendo mandatos y prohibiciones con férreos estereotipos que las encarcelan. Los varones tampoco están exentos de estereotipos y condicionamientos sociales; sin embargo, es posible afirmar que éstos afectan de manera muy diferente a unas y a otros. El motivo fundamental de la diferencia es que, al ser considerados como sujetos deseantes, la legitimidad de los varones está dada por el hecho mismo de nacer varones, mientras que las mujeres son concebidas como 'satélites del deseo ajeno' (2005:27-28).

Clara Coria señala que los cambios en la vida nos enfrentan a situaciones complejas, las cuales, pueden menguar después de elaborar resignificaciones y reorganizaciones subjetivas. Para tal efecto, ella logra identificar una serie de pasos que posibilitan esa adaptación a las nuevas circunstancias. Se trata de un proceso o tránsito que contempla, dice Coria, al menos tres pasos: el primero corresponde a l a aceptación, que "implica una actitud que tiende a reconocer que las condiciones cambiaron y por lo tanto las situaciones dejaron de ser como eran antes; que el presente muestra una realidad distinta de la del pasado; que la realidad actual no responde a las expectativas forjadas a veces a lo largo de mucho tiempo, o construidas sobre la base de la laboriosidad y el esfuerzo; supone también, por ejemplo, reconocer que perdieron vigencia sentimientos, intereses y necesidades largamente sostenidos" (2005:24). El segundo momento corresponde al acompañamiento, se trata de "la actitud que permite transitar los cambios con una disposición abierta, lo menos prejuiciosa posible, hacia un futuro que no está pautado de antemano. Al atravesar un momento de transición se debe tener la suficiente plasticidad para ir asumiendo un devenir que aún no está definido. Entre otras cosas, el acompañamiento significa soportar la incertidumbre que implica desprenderse de parte de lo conocido -que seguramente no es todo, como a veces se teme-. Acompañar los cambios es transitar los acontecimientos que necesariamente son novedosos, y que nos plantean preguntas para las cuales aún no tenemos respuestas, abriendo horizontes que desconocemos. Acompañar los cambios es también permitirse pensar que no somos solamente lo que fuimos y conocemos de nosotras, sino también que hay otras posibles dimensiones de nuestra personalidad que no tuvieron posibilidades de expresarse o espacio para desarrollarse (2005:25). Y finalmente, señala nuestra autora, poder llegar al protagonismo. Es decir, arribar "a la posibilidad de asumir nuevos protagonismos luego de haber aceptado que las cosas 'no son como eran antes' y de haberse permitido acompañar el momento de transición con la incertidumbre necesaria para abrirse a nuevas alternativas. Este punto de llegada habilita nuevas búsquedas que incluyen la construcción de nuevos espacios, para lo cual resulta imprescindible desprenderse de lo que 'ya fue'. Sin desprendimientos no hay nuevos 'apoderamientos', de la misma manera que sin soltar lo que aprisiona nuestra mano resulta imposible asir lo que está fuera de ella" (2005:26). En síntesis, afrontar los cambios requiere de un periodo de resignificación y reacomodo para asumir con disposición la responsabilidad de volver a construir.

Sin embargo, a estas alturas de lo escrito la interrogante sigue vigente ¿Por qué resulta más complejo para las mujeres asumir los cambios? Clara Coria nos brinda una respuesta, por supuesto. Para ello se concentra en revisar los tres mandatos de género que operan sobre las mujeres, y que configuran, en conjunto, normas que obstaculizan la flexibilidad ante los constantes vaivenes que se suscitan en la vida. Dichas normas son: 1) "Amarás al prójimo más que a ti misma... y satisfarás sus deseos", 2) "Mi vida está en tus manos, en tu corazón y... en tu billetera", y 3) "Mi 'bebé' ya cumplió 50 años". Estos mandatos, más allá de abrir posibilidad y permitir dinamismo en la vida de las mujeres, constituyen grilletes que las esclavizan y subsumen. Veamos de qué manera.

"Amarás al prójimo más que a ti misma... y satisfarás sus deseos"

Con base en lo señalado por Clara Coria "la organización de nuestra sociedad patriarcal ha preparado durante siglos al género femenino para transitar la vida al servicio de las necesidades ajenas. Desde pequeñas, las mujeres aprenden a entrenarse para descifrar los deseos de quienes las rodean, luego de sus compañeros amorosos y finalmente de sus hijos/as. De tanto profundizar en los deseos ajenos, suelen perder habilidad para descifrar los propios y, de tanto acomodarse para satisfacer aquellos, terminan haciendo propios los deseos de otros" (Coria, 2005:29). Esta situación se vuelve mucho más problemática cuando los sujetos que se encuentran en el entorno inmediato de las mujeres se van o deciden irse. Lo cual provoca sentimientos de vacío generados por una sensación de ya no saber "a quién seguir". Por consiguiente, dice Coria, "abordar cambios obliga necesariamente a sumergirse en el tumultuoso mar interior en busca de los deseos postergados y de entusiasmos no indagados, o simplemente permite dirigir la mirada hacia sí misma, esa mirada habituada a buscar las necesidades en los ojos ajenos para dar pronta satisfacción" (Coria, 2005:29).

"Mi vida está en tus manos, en tu corazón y... en tu billetera"

A Clara Coria le interesa señalar que las dificultades de las mujeres para afrontar los cambios están ligadas, en gran medida, a los entramados de sujeción femenina que establece el patriarcado. Porque "las mujeres, en nuestra sociedad patriarcal, han sido criadas en la dependencia y para la dependencia, lo cual les dificulta, entre muchas otras cosas, poder comportarse como sujetos autónomos aun cuando den muestras de independencia y dispongan de recursos propios, sean estos económicos, profesionales o afectivos" (Coria, 2005:31). De esta forma, la imposición de la dependencia como "atributo femenino" cierra el margen de posibilidad y de agencia, y con ello, la idea del cambio se vuelve aún más devastadora y dolorosa. Aunado a lo anterior se genera un sentimiento de vulnerabilidad, ya que "las mujeres suelen sentirse vulnerables porque les enseñaron que la protección que necesitan no proviene de ellas mismas, mientras que los varones parecen saber que la mayor protección posible está dentro de cada uno" (Coria, 205: 31-32).

"Mi bebé ya cumplió 50 años"

Finalmente, Clara Coria advierte que la maternidad vitalicia es otra forma de contener los cambios en la vida de las mujeres (Coria, 2005:34). Ya que se asume, entre muchas otras cosas, que lo único a lo que no se puede renunciar desde la feminidad es a la maternidad. Y que el cuidado de los demás tiene que mantenerse como una inquietud central. Ello provoca que al momento en que los otros -ya sean hijos, o compañeros amorosos- deciden independizarse de los lazos establecidos con las mujeres, éstas continúen proveyendo afectos como función principal, incluso a pesar del tiempo y las distancias.

Como podemos constatar, en algunos casos el cambio en la vida de las mujeres más allá de ser potenciados, se cancelan y obstaculizan. Lo cual provoca que, ante los vaivenes de la vida, ellas tiendan a tomar posturas más conservadoras y hasta más dolorosas que los varones, por la costumbre impuesta de mantener lo insostenible. Por eso, afirma Coria, desmontar los mandatos de género representa una posibilidad de afrontar los cambios de manera distinta, es decir: como inevitables, como necesarios y como protagonistas.

Bibliografía:

CORIA, Clara (et al) (2005) Los cambios en la vida de las mujeres. Temores, mitos y estrategia. Paidós. Argentina.






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