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Los nuevos roles en la familia y el sentimiento de soledad en los menores del hogar




Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Por Georgina Ligeia Rodríguez Gallardo
Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades, por la Universidad Autónoma de Aguascalientes, con Maestría en Sociología de la Cultura y Licenciatura en Sociología para la misma Universidad. Cuenta con diversas investigaciones y publicaciones, entre ellas el libro 'Suicidio: Un enfoque para su análisis' (por UCICA, 2013). Es coordinadora de Proyectos del DIF Municipal de Aguascalientes.


Georgina Ligeia Rodríguez Gallardo habla sobre los resultados de la encuestas del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que revelan las consecuencias del ritmo acelerado de la vida de padres y madres en la educación y desarrollo de sus hijos e hijas. La articulista explica por qué son importantes dichos datos en la creación de políticas públicas.

Ser padre y madre -como hecho biológico y social- se definen histórica y culturalmente y repercute en la persona, en su desarrollo y desenvolvimiento como miembro funcional de la sociedad. En los tiempos actuales estos roles han cambiado de manera importante en su definición y básicamente en su práctica. Se trata de una función combinada con otras, con las que compite y no resulta ganadora. Esta multifuncionalidad de los progenitores impacta en la sana convivencia y cercanía con los hijos e hijas, ya que la responsabilidad de la crianza se acompaña de la preocupación por proporcionar alimentación, vivienda, salud y educación que resultan fundamentales que absorben su tiempo y atención de manera primaria.

La complejidad de la vida diaria de la familia, se vuelve cotidiana; al desarrollarse en la esfera de lo privado se deja de percibir y se relega, asignándole poca importancia, ya que entre las diversas ocupaciones, responsabilidades de las madres y de los padres se ha distorsionado la práctica de la crianza de los menores en casa limitándose -las más de las veces- a una figura de proveedor y de asistencia.

Los progenitores son los responsables directos de la crianza, para lo cual cuentan con un importante apoyo institucional como son: guarderías, centros educativos dedicados al cuidado y desarrollo de la infancia. Ello ha derivado en que esta labor se realice a una prudente distancia -no deseada y posiblemente no intencional- en que las madres y padres son en la actualidad proveedores -en el mejor de los casos- y responsables de la asistencia de los menores. Esto ha propiciado que la convivencia, educación y transmisión de valores fundamentales para el sano desarrollo emocional, físico y social se perciban como implícitos, cuando no es así; requieren un esfuerzo adicional.

Hay algunos datos interesantes publicados en el Diario, periódico nacional (2013), retomados de la encuesta del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), estos resultados se derivan de la encuesta de contexto de los Exámenes de la Calidad y Logro Educativo (EXCALE) aplicada a 70,434 niñas/os de tercero de primaria en el país.

Los resultados son abrumadores, ya que arrojan la existencia de un sentimiento de soledad en la infancia del país que, de no solventarse, puede acarrear que su desarrollo psicológico y emocional no sea óptimo. En la encuesta se señala que los menores en sus casas reciben poca atención generando, como ya se dijo, que se sientan solos, debido principalmente a que sus papás y sus mamás no conviven con ellos; no platican ni juegan, tampoco les ayudan a hacer sus tareas y, por ende no se sienten contentos en su casa, así lo señalan. Entre los resultados se dio a conocer que poco más de la tercera parte de los niños dijeron que "casi nunca" o "a veces" alguien de su familia está al pendiente de cómo le va en la escuela.

A esto se suma que una tercera parte señala que "nunca" o "sólo una vez" ha salido de su casa para tomar unas vacaciones, mientras que entre los que contestaron que viajaron para tomar un descanso, casi seis de cada diez visitaron ferias, fiestas de pueblo, exposiciones y museos. El cuidado o vigilancia de su desarrollo escolar parece no ser tampoco un tema en que los papás y mamás dediquen tiempo, ya que siete de cada diez casos los menores indican que de su familia nadie les ayuda a hacer la tarea o lo hacen a veces. Y sólo la mitad habla con papá y mamá sobre las cosas que les enseñan en la escuela, y 14.5% reveló que nadie les pregunta sobre lo que aprendieron en el salón de clases, esto les impide reafirmar sus conocimientos y compartir con sus padres y madres sus conocimientos aprendidos.

Otro tipo de convivencia limitado a los menores es el del juego, ya que los progenitores no disponen de tiempo para jugar con sus hijos. Los menores indican que sólo en 44.7% de los casos juegan con ellas/os, pero en dos de cada diez casos ninguno de los dos destina tiempo para jugar con los menores. Además consideran que sus papás dedican más tiempo a regañarlos que ha cualquier otra actividad de convivencia con ellos. En cuatro de cada diez casos, los infantes dijeron que su papá, su mamá o los dos "los regañan todo el tiempo".

La relación al interior de la familia desde la infancia resulta fundamental para un desarrollo fortalecido del futuro adolescente. En la Tercera Encuesta Nacional sobre Exclusión, Intolerancia y Violencia en Escuelas de Educación Media Superior, SEP, 2014, se encontró que 43% de los y las jóvenes se sienten solos, y el 76% presentan algún indicio de tristeza o malestar.

El cuidado de los menores en casa por sus padres es un tema delicado y de gran responsabilidad, que requiere de orientación y de mayor apoyo institucional a fin de solventar el ritmo de vida actual, que combinado con las cargas de trabajo excesivas y la penuria de los ingresos han generado y afectado el ambiente y convivencia en las familias.

En esto impacta el nuevo juego de roles que se viven al interior de la familia en donde la mujer lleva una doble o triple jornada de trabajo, y el hombre inicia con un proceso de involucramiento en las actividades de crianza, que aún no alcanza a cubrir plenamente.

Esta situación genera vacíos; vacíos de convivencia con los menores, lo que repercute en su sano desarrollo, principalmente emocional. No se debe de olvidar que las familias quedan circunscritas en la esfera de lo privado, lo que vuelve complicada la visibilización de lo que ocurre en su interior, por ello resultan de gran interés los resultados de encuestas como la aplicada por el INEE, que permiten atisbar en el interior de la vida familiar. Si bien, lo que se vislumbra no resulta positivo, sí da la oportunidad de que el bloque institucional que se ha fincado a lo largo de los años en apoyo del desarrollo y sustento de la familia genere las políticas públicas necesarias para mejorar la convivencia entre las madres y padres con sus menores.






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