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Interdictos culturales y masculinidad




Por Adiel Martínez Hernández
Maestro en Comunicación y Antropología por la Universidad Nacional Autónoma de México. Docente e investigador de temas de semiótica, género y masculinidad, e identidades y cambios culturales.

Adiel Martínez analiza el concepto de interdicción en la construcción de la masculinidad en la cultura occidental a través de la inteligencia, la fuerza, el control del cuerpo, el impulso sexual y otras características. El columnista explica por qué este concepto pierde fuerza en la actualidad y las consecuencias que tiene sobre la masculinidad hegemónica.

Desde una visión simbólica se entiende que una cultura tiene un doble carácter: por un lado, todos los elementos que la constituyen tienen carácter representativo, esto es, muestran a cualquiera que la observe cómo es dicha cultura; por otro, está el carácter orientador o normativo que nos dice cómo se debe actuar si se quiere formar parte de la misma. Para ello hay un mecanismo simbólico fundamental que se denomina interdicto, este se concibe como una prohibición significativa, un No, que regulará la conducta del individuo y lo conformará como sujeto cultural.

Para la antropología, los interdictos culturales son decisivos en el control y la regulación de las conductas instintivas, específicamente las que tienen que ver con el aspecto nutricio y el aspecto sexual reproductivo porque la búsqueda de su satisfacción exige la expresión de la agresión. Las interdicciones tienen a su vez un carácter contextual y dinámico que está en estrecha relación con la evolución de la especia humana (Aguado, 2008).

De manera general, para todas las culturas, los interdictos versan sobre la prohibición del canibalismo (control del aspecto nutricio) y la prohibición del incesto (control del aspecto sexual reproductivo). De ellas se producen derivados simbólicos que por vía del lenguaje distingue a cada cultura. Aquí describiré las interdicciones que la cultura occidental establece para la construcción de la masculinidad.

La primera interdicción tiene que ver con la racionalidad, esto es, que para la cultura occidental está prohibido ser loco o tonto. En esta visión simbólica la inteligencia es un requisito indispensable para que el sujeto se apropie de los significados y construya una realidad objetiva, ordenada. Para el caso del sujeto masculino se le exige que su inteligencia tenga una lógica racional que pueda guiar su actuar colectivo.

Estrechamente ligada está la segunda interdicción, ésta se refiere a las capacidades corporales, así, la debilidad o discapacidad física están prohibidas para el sujeto masculino. Desde pequeño el hombre debe ser hábil para el control de su cuerpo, desde el control de los esfínteres hasta la ejecución de una destreza artesanal, artística o deportiva.

También relacionada, está la interdicción sobre el control del cuerpo y el impulso sexual. A partir de la prohibición del incesto, se derivan interdicciones sobre el onanismo, el bestialismo, la pedofilia y la homosexualidad. En las culturas patriarcales dicho control se significará como virtud, mientras que la violación del interdicto se castigará severamente (González de Alba, 2003).

A una determinada edad, el sujeto masculino debe conseguir para él y para los suyos los insumos que les permitan la subsistencia. Esto requiere de la expresión de sus capacidades físicas e intelectuales que nosotros conocemos como trabajo. La interdicción está puesta en ese sentido sobre la productividad. Un sujeto masculino no debe ser improductivo. La cultura capitalista se sustenta en la asunción de dicha interdicción.

Una última interdicción que se vincula con el control de la agresión es la que prohíbe dar muerte al otro y a sí mismo. El asesinato y el suicidio son actos, que si no tienen una justificación simbólica, rompen la cadena de interacciones de los miembros de una cultura. De ahí que si al sujeto masculino es a quien se le permiten y exigen ciertas actividades culturales, tenga prohibido interrumpirlas con su muerte o con la muerte de otros.

Vemos cómo estas interdicciones están entrelazadas significativamente y permiten la construcción del sujeto como miembro de una cultura. Aunque algunas de estas prohibiciones también rigen la conducta de las mujeres, vemos que en las sociedades patriarcales y machistas la regulación está centrada en la configuración de cierto tipo de masculinidad, la que posteriormente se identificará como masculinidad hegemónica. También, vemos que varias de estas interdicciones están perdiendo fuerza ante los cambios tan significativos que está presentando la cultura occidental actualmente llevando a la masculinidad a un estadio de crisis.

Bibliografía:

Aguado, J. C. (2008) "El no como principio organizador de la cultura. Relaciones entre cuerpo y cultura en la construcción del sujeto" en Revista de Psicoanálisis y Grupos, Vol. 5, No. 5. México: Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de grupo.

González de Alba, L. (2003) La orientación sexual. Reflexiones sobre la bisexualidad originaria y la homosexualidad. México: Paidós.






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