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Tierra de padrotes




Foto: Brenda Ayala/MujeresNet

Por María Esther Espinosa Calderón y María del Socorro Martínez Cervantes
Periodista, ha colaborado en diversos medios, entre ellos el Uno más Uno, Mira, El Universal, Etcétera, 'Triple Jornada' del periódico La Jornada, y en la revista Fem. / Estudió la licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la FCPyS de la UNAM. Se ha especializado en el cuidado editorial y la difusión cultural, y trabaja como colaboradora independiente para varias casas editoriales.

María Esther Espinosa y María del Socorro Martínez reseñan el libro 'Tierra de Padrotes' de la periodista Evangelina Hernández, donde denuncia la nueva forma de esclavitud del siglo XXI: la trata de mujeres, en Tenancingo, Tlaxcala. A través de testimonios, la periodistas muestra una 'radiografía de una práctica ilícita que a fuerza de costumbre se ha legitimado y ha traspasado generaciones y fronteras'.

Blanca desapareció, una tarde salió a la tienda y no regresó a su casa, su familia continúa buscándola; Claudia, otra joven adolescente, se fue con su novio sin avisar a nadie su decisión cuando su pareja le bajó el cielo y las estrellas. A Laura la engatusaron por internet, su familia tampoco sabe nada de ella. El nombre de estas mujeres es lo de menos, lo importante es que la desaparición de personas es cada vez más frecuente.

En el estado de México, en Oaxaca, en Puebla, en Tlaxcala, en toda la república abundan carteles y avisos, pegados en postes y árboles, con rostros y señas particulares de quienes salieron de su hogar, de su trabajo, de la escuela y no regresaron, también en Facebook circulan avisos pidiendo ayuda para la localización de personas que han desaparecido. Se ha documentado que algunas de esas niñas o jóvenes desaparecidas han ido a parar a alguna esquina donde ejercen la prostitución bajo la vigilancia de sus proxenetas para que no se vayan a salir del huacal.

Es un secreto a voces que esas mujeres niñas de ropas entalladas y tacones altos están siendo explotadas en lugares como La Merced, Buenavista, San Cosme, o en otras partes del Distrito Federal y de los estados del país, o en el extranjero son chicas esclavizadas, violentadas, torturadas por explotadores sexuales, en su mayoría, procedentes de Tlaxcala.

Tenancingo, Tlaxcala, es una tierra de padrotes, es un secreto a voces que las casas de esa población están construidas con sexo, sudor y lágrimas de muchas mujeres, que un día con engaños o contra su voluntad fueron a parar a manos de estos extorsionadores. Niñas que aprenden a ser mujeres con golpes, con chantajes, a las que no les queda otra alternativa, más que cumplir las órdenes de sus secuestradores.

En esa población pasan cosas, los hombres se enriquecen a costa del cuerpo de las mujeres que cayeron en sus redes, En las fiestas del pueblo los proxenetas salen a exhibir su poder a golpes, el que más aguante los latigazos será el ganador y mostrará su poderío. Las fiestas del pueblo ya no son las mismas de antes. La pintura y los arreglos a las iglesias que ofrecen los proxenetas provienen del sacrificio de "sus mujeres". Los automóviles último modelo que presumen también son fruto de la explotación sexual y la trata de personas. Muchas construcciones, algunas lujosas y de mal gusto, en obra o terminadas se edificaron con el trabajo excesivo y sin descanso de las víctimas y nadie puede hablar de lo que ahí pasa, aunque sea el pan de cada día.

La periodista Evangelina Hernández, en su más reciente libro Tierra de Padrotes, denuncia de manera valiente, la cruda y descarnada realidad de la trata de personas en el pueblo de Tenancingo en el pequeñísimo estado de Tlaxcala. Los proxenetas han hecho un negocio familiar y rentable, "a expensas de niñas, adolescentes y jóvenes que, engañadas o secuestradas, sucumben ante promesas de amor; y más tarde, victimizadas y ultrajadas, son sometidas por miedo a perder algo más que su dignidad".

Tenancingo, Tlaxcala, es un pueblo de 12 mil habitantes, se encuentra muy cerca de la Ciudad de México; los hombres aprendieron a ser padrotes bajo la enseñanza de sus mismos familiares al ver que era un negocio redondo con inversión mínima: palabras bonitas y golpes. Se han tejido redes familiares donde participan todos empezando por el explotador sexual quien la rapta o enamora, con engaños y con ayuda de la familia la convence de que por el bien de los dos debe dedicarse a la prostitución, al principio con palabras y si no quiere la "ablanda con amenazas y golpes", siempre hay una cuñada, una prima, otra víctima o la "novia" de un proxeneta que la instruye y vigila que no escape.

"Cada mujer, joven o madura, que trabaje para su padrote como éste espera que lo haga, deberá tener relaciones sexuales con 35 o 40 hombres al día. Si por cada coito cobra aproximadamente 200 pesos, el padrote ganará en promedio siete mil pesos diarios"[1]. Obviamente todo el dinero se lo quita a la víctima, sólo le deja el necesario para que pague el cuarto de hotel.

Es un negocio familiar: madres, hermanas, tías, sobrinas, tíos, abuelos, participan en las ganancias. La periodista señala que son redes criminales, conformadas por familias, que llegan a diferentes partes: Distrito Federal, Guadalajara, Puebla y en puntos de Estados Unidos como Los Ángeles, Atlanta, Denver, Nueva York y Miami.

Existen testimonios crudos de jóvenes que han logrado escapar de las garras de su secuestrador, de su explotador sexual, de su padrote. Es la segunda investigación sobre trata de personas de Evangelina Hernández, la primera la realizó junto con Rosi Orozco en el libro Del Cielo al infierno en un día ( www.mujeresnet.info, mayo 2012). En él cuenta la historia de seis jóvenes; cuatro de ellas víctimas de padrotes de Tenancingo que fueron rescatadas cerca de La Merced.

La mayoría de las mujeres explotadas sexualmente procede de regiones pobres del sur-sureste de México e incluso de Guatemala. Es un mundo de corrupción, impunidad y complicidad que afecta a las más débiles. A veces las autoridades de la localidad son los mismos proxenetas. Es una red donde participan, policías, taxistas, dueños de los hoteles, no hay posibilidad de escapatoria. La gente las ve paradas, con la mirada triste y perdida gritando por dentro que les devuelvan su dignidad perdida a fuerza de palos, golpes y chantaje.

"Los padrotes se vuelven mayordomos, fiscales o funcionarios públicos: se convierten en una figura de supremacía y de prestigio en la comunidad. Están posicionados en la cúpula del poder local. Conforman una red que articula a todas esas familias. También existen porque la corrupción y la impunidad se los permite. Es una práctica protegida y avalada por todos". [2]

Tierra de padrotes recoge los desgarradores testimonios de quienes han podido escapar y narran cómo por amor accedieron a trabajar como prostitutas o cómo fueron obligadas; son relatos de mujeres que fueron raptadas y llevadas ese mismo día a sus casas de Tenancingo y una vez ahí las violaron sin importar que sólo un patio separara el cuarto de sus fechorías del de la madre o la familia del malhechor. Cuando se embarazan de los padrotes, éstos les quitan a los hijos para obligarlas, bajo amenaza de hacerles daño a los niños, a realizar lo que ellos les piden o las obligan a abortar. A veces graban las palizas a los pequeños para atormentar y someter a sus madres.

"Los testimonios permiten observar, con lupa, la radiografía de una práctica ilícita que a fuerza de costumbre se ha legitimado y ha traspasado generaciones y fronteras. Tierra de padrotes es un documento de voces que pugnan por ser escuchadas y atendidas en medio de vacíos legales que no hacen sino exacerbar aún más el desencanto de cientos de mujeres que sucumben al sexoservicio como única alternativa de vida. Aquí una denuncia valiente, cruda y descarnada, del fenómeno que se ha convertido en la nueva forma de esclavitud del siglo XXI: la trata de mujeres".[3]

Es un negocio que empezó en la década de los ochenta, cuando quebraron las fábricas textiles y la falta de empleos hizo que varios pobladores se fueran a la ciudad de México en donde aprendieron el oficio y convirtieron al pueblo en lo que actualmente es: un semillero de padrotes. La periodista entrevista a especialistas que han investigado el fenómeno de la trata de personas en Tenancingo.

Existen 18 municipios alrededor de esa localidad que ya se han contaminado también. No hay empleo y no existe alternativa de educación. La explotación sexual de las mujeres ha crecido bajo un "velo de impunidad". Las leyes que sancionan al explotador no han sido eficaces. Tampoco se sanciona al consumidor: "Sin cliente no hay trata".

Ahí están paradas con su ropa ajustada, su cara muchas veces de niña, sus labios rojos, tacones altos, escote pronunciado. La gente que pasa y las miran de reojo, no ve su tristeza, su vergüenza, su dignidad pisoteada, su cansancio, su soledad. Las autoridades las miran, no hacen nada. Ellas se han convertido en parte del paisaje urbano, del mobiliario urbano sin que la sociedad civil ni el Estado condenen este hecho ni reviren el problema con una solución.

Hernández, Evangelina, Tierra de padrotes , Tenancingo, Tlaxcala, un velo de impunidad, México, TusQuets editores, 2015, 157 pp.

Notas:
Hernández, Evangelina, Tierra de padrotes, pág. 29
Hernández, op., cit, pág 19
Hernández, op., cit.






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