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Por primera vez (Primera de tres partes)
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Por Elsa Lever M.
Lic. en Periodismo con Maestría en Comunicación por la FCPyS de la UNAM, actualmente doctorante en Ciencias Políticas y Sociales con orientación en Ciencias de la Comunicación (FCPyS-UNAM). Está diplomada en Género por el PUEG de la UNAM, y en Feminismo por el CEIICH de la UNAM. Es directora de http://www.mujeresnet.info/
En esta primera entrega, Elsa Lever Montoya comparte el inicio de su trabajo personal contra los apegos. La columnista recuerda que para sobrellevar esta transición intentó tomar terapia y acudir a grupos de ayuda sin encontrar solución, hasta que ciertos textos feministas y algunos libros de autoayuda fueron para ella una gran herramienta y explica por qué.
Mes de julio... Hace un año que comencé a trabajar con el asunto del desapego. ¿Las motivaciones? Bueno, tarde o temprano nos sucede alguna decepción afectiva, alguna lección de vida, que nos lleva a preguntarnos si hay alguna forma de no sufrir tanto. De hecho, llegué a concluir que tenía algún grado de adicción al dolor.
Por primera vez en mi vida, hace un año, me topé con que me daba miedo perder cosas, personas, vivencias; miedo de que cambiaran las situaciones, los sentimientos, las expectativas, las promesas y los compromisos. Pero miento, no era miedo... ¡era pánico!
Estaba negada a que todo cambiara sin mi consentimiento, a aceptar que tenía que soltar cuando lo que más quería era la seguridad, la certeza, de seguir sujetando lo que deseaba tener en mi vida y a mi lado. Ahí, donde pudiera sentirme cómoda y en control.
Por primera vez supe lo que era la verdadera ansiedad, el verdadero pánico, la real incertidumbre. Lloré días y noches, dejé de comer, de dormir; imposible concentrarme, ser productiva, continuar con mi vida cotidiana...
¿Cómo es posible que esto suceda, y que sea a mí a quien le pase? ¿No se supone que son de esos "problemas" que sólo les suceden a los y las demás? (Ya saben, por aquello de que sólo se habla del "otro" y de la "otra"). Pero peor aún: ¿a mi edad?
Recordé las pláticas de antaño de mis mejores amistades, no había alguna que no fuera a terapia psicológica: "Es lo más normal", "Las terapias deberían ser parte de uno desde la infancia", "No tiene nada de malo, no necesitas tener algún problema fuerte para iniciarte en la terapia", me decían. Y siempre respondía para mis adentros, que yo podía salir sola de mis conflictos y traumas. Y así fue por mucho tiempo. Hasta hace un año.
Por primera vez busqué terapia psicológica, porque me di cuenta que esta vez no podía sola ya. Mi dolor y desesperación era más fuerte que mi voluntad y mi salud emocional. Y sin embargo, también aprendí que no toda terapia nos sirve o va con nosotras. Hasta para eso nuestra personalidad se impone. Llamé a terapeutas recomendadas por amistades, asistí sólo una vez a AA; nada fructificó en ese sentido hasta que los libros en internet y las librerías fueron, en mi caso, la verdadera solución. Sí, también tuve el apoyo de una gran amiga que acudió a mi llamado de auxilio, un mediodía que ya no sabía ni quién era yo. Recuerdo que ese día busqué a contadas amigas -o creí que lo eran- (a 5 para ser exacta), y sólo ella acudió. Recuerdo decirle que necesitaba ayuda, que ya no podía sola, lloré desesperadamente mientras ella tomaba mi mano y me hacía preguntas sobre mí, que después de llorar mucho tiempo me hicieron enfocarme en mí y solo en mí. Me bastó ese día y su mano tomando la mía para recuperarme. También supe que ella sabía de esas crisis y las soluciones por propia experiencia. No es terapeuta oficialmente, pero me salvó la vida y el alma.
Y así fue como comencé la aventura de trabajar conmigo misma a través de las lecturas. De pronto, en mi buró no podía faltar aquel libro best seller y también el no best seller sobre los desapegos, sobre la adicción al dolor y al amor, sobre los miedos...
Algún tiempo me mofé de los libros de autoayuda. Es cierto, no todos son buenos o funcionales, pero sin duda los que sí son útiles resultan ser una gran herramienta, por lo menos en mi caso que me gusta leer y prefiero trabajar conmigo en la soledad. Y por supuesto, no pudieron faltar algunos textos feministas sobre la soledad y el mito del amor romántico... ¿Quieren saber qué he aprendido? Se los contaré en dos artículos próximos... (Tampoco mi aprendizaje ha sido de la noche a la mañana). Nos leemos pronto.
LEE AQUÍ LAS TRES ENTREGAS:



