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Feminismo y maltrato hacia los animales
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Por Raquel Ramírez Salgado
Feminista, con Maestría en Comunicación por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
"Los animales del mundo existen por sus propias razones. No fueron hechos para los humanos, de la misma manera que los negros no fueron hechos para los blancos o las mujeres para los hombres". Alice Walker.
A fines del pasado mes de junio, circularon por plataformas virtuales videos en los que dos empleados de la tienda Maskota, ubicada en el centro comercial Galerías Pachuca, maltrataban a dos perros y a un hámster. Los videos se hicieron virales y cientos de personas manifestaron su repudio. En una manifestación más discreta, aunque, inusual, tomando en cuenta la "tímida" organización social de la capital hidalguense, un grupo de personas (entre ellas la asociación civil Biofutura) exigió y consiguió la clausura de esta sucursal de Maskota.
Paralelamente, se inició un debate virtual entre las personas que se asumen como defensoras de los animales y entre aquellas que consideran que hay temas más importantes que la defensa de unos "cuantos perros".
En los últimos tres años de mi vida, descubrí la necesidad de posicionarse políticamente frente al maltrato hacia los animales. A continuación, ofrezco algunos argumentos desde mi postura como feminista sobre el tema:
A la par de la opresión de las mujeres está la opresión, explotación y vejación de otros seres vivos. Recordemos que el patriarcado moderno se funda en el dominio de la "razón" sobre la Naturaleza.
No estoy de acuerdo con quienes afirman que la defensa de la vida y dignidad de los animales es un asunto menor. Pero tampoco estoy de acuerdo con la forma despolitizada con la que se conducen organizaciones y grupos de protectoras de animales. Si no logramos ver la opresión en conjunto, la lucha está perdida. Si no entendemos que esto es producto del sistema y estructura patriarcal, podemos reproducir la idea de que la defensa de los animales es una frivolidad.
Viví casi tres años en Pachuca y colaboré con distinos grupos de protección a animales. En algunos casos, me di cuenta de que se trataba de puro protagonismo y deshonestidad; a veces, descubrí que las personas que dirigían estos grupos tenían una enorme necesidad de ser rescatadas y proyectaban esa necesidad en los animales (perros y gatos, en concreto). Sin embargo, también descubrí a personas comprometidas, generosas, con un alto sentido de responsabilidad social y ética. Incluso, los hombres que se definen como protectores de animales, no cuestionan su machismo y misoginia. Finalmente, me quedé ahí, colaborando con ese grupo. Por cierto, esas personas son mujeres y hago un reconocimiento a la labor de mi amiga Margarita Montoya.
Después de conocer directamente el sufrimiento que la humanidad ocasiona a los animales, decidí cambiar radicalmente muchos hábitos de alimentación y consumo. No se trata de ser vegetariana porque es cool o para ir a la Condesa a comer una ensalada orgánica por 200 pesos. Se trata de una decisión ética, hasta espiritual, a través de la cual asumo que desafortunadamente causaré sufrimiento a algún ser vivo de la Tierra, pero que no deseo ser cómplice directa de una industria que lucra con la vida y la dignidad de los animales. Luego de esta decisión, llegó a mí la necesidad de aprender cómo producir mis propios alimentos y cremas, shampoos, etcétera. No hay que perder de vista que patriarcado y capitalismo van de la mano.
Recuerdo que cuando me inicié por este camino, muchas personas me criticaron, se burlaron, incluso, salir a comer con algunas era la oportunidad para el escarnio (algunos ex amigos me pasaban frente a la nariz sus grasosos tacos de bisteck, y me decían: "¿No se te antoja?"). Bueno, nada que no hubiese enfrentado antes al posicionarme como feminista, es decir, "ya tengo experiencia en la descalificación".
Estoy convencida de que si nos posicionamos política y éticamente frente al maltrato hacia los animales, no podemos celebrar la tauromaquia, ni sentirnos gente "culta" por ir a la Plaza de Toros. Así mismo, y para insistir en esto de no promover la frivolidad, no sólo debe importarnos la vida y dignidad de un pequeño perro Chihuahua, sino la de cualquier ser de la Naturaleza. Una vez más, esta no es lucha menos importante, solo debemos entender el origen y consecuencias del saqueo y destrucción de la Naturaleza.
El caso de maltrato en las tiendas Maskota ya no es trendig topic; ya "pasó de moda". La tienda de Galerías Pachuca sigue cerrada, pero las autoridades hidalguenses no han dado respuesta a la petición de llevar al código penal el maltrato hacia los animales. Leí (mas no aseguro) que uno de los agresores de dichas tiendas tenía una denuncia por violación sexual. ¿Por qué nadie problematizó su conducta a partir de la construcción de la masculindad hegemónica? ¿Que acaso no hay un vínculo entre el desprecio por la vida de las mujeres y las niñas y todo aquel ser que se considere "inferior"? Por otro lado, los dueños de las tiendas Maskota son la representación de los patriarcas del mal, de estos hombres violentos, abusivos, adinerados que lucran con el sufrimiento. Ahí hay claves feministas para la acción política.
Este texto es tan solo un esbozo. Algún día construiré argumentos más sólidos y profundos. Pero deseo que esta sea una invitación para todas las feministas, para que no nos olvidemos que nuestra revolución debe tocar a todos los seres oprimidos por el patriarcado.
Una cosa más, desde que me di cuenta de todo lo que les he dicho, soy una mujer más humana. Si no hubiera visto tanto sufrimiento, no hubiera entendido qué es la compasión. ¡Que todo ser de este planeta sea liberado de sufrimiento!



