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Frases Feministas
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La cocina: el lugar de las mujeres





Por Guadalupe López García
Periodista con Maestría en Estudios de la Mujer por la UAM y especialización en Estudios de la Mujer por el PIEM de El Colegio de México, se ha desempeñado como guionista y productora de radio; colaboradora, editora y coordinadora editorial en diversos medios como el IMER y la SEP, La Jornada, El Día, Uno más uno, Fem y Notimex. Trabajó en el Centro Integral de Apoyo a la Mujer "Esperanza Brito de Martí" en el DF y fue coordinadora de la Unidad Delegacional de Iztacalco del Inmujeres-DF. Ha recibido reconocimientos a su labor periodística y en defensa de los derechos de las mujeres por parte de la AMMPE, Conmujer, Cimac y la delegacion Iztacalco del DF.


Guadalupe López García escribe sobre los espacios domésticos, como la cocina, donde se refleja la desigualdad, pero explica, retomando la idea de Hermelinda Tiburcio, que este lugar 'de' las mujeres puede tener otro significado: donde se 'cocina el poder'.

A las mujeres siempre nos mandan a la cocina. Ese es nuestro lugar, el que nos corresponde, dicen. Ahí mandamos, ahí decidimos, justifican; hasta nos culpan de no querer democratizar ese espacio: que porque nos mueven las cosas, que porque dejan todo sucio o que porque no saben cocinar.

"La mujer y la sartén, en la cocina están bien", reza el refrán; en cambio, "un hombre en la cocina huele a gallina", sentencia la sabiduría popular. Nos indican que la puerta para el matrimonio -la supuesta meta de las mujeres- es saber cocinar: "a los hombres se les conquista por el estómago".

Ya cuando entramos, además de ser buenas madres heterosexuales, buenas esposas heterosexuales y buenas amas de casa heterosexuales, también tenemos que ser buenas cocineras, para variar, heterosexuales.

Parece que no nada más es en mi pueblo de origen (Tulancingo, Oaxaca) sino en casi todo el país, sobre todo en el ámbito rural, las mujeres deben aprender a echar tortillas: redondas, grandes, sobre el comal caliente por el fuego de la leña. En las grandes ciudades, y dependiendo de la posición económica, también se hace, aunque es más para la venta de quesadillas y tacos.

Pero ninguna mujer se escapa de cocinar, salvo quienes tienen a alguien -para variar, otra mujer- que lo haga por ellas. Son mal vistos una mujer que no lo sepa hacer y un hombre que se encargue de los alimentos de la familia. También pareciera que todas las mujeres emancipadas, feministas o no, odien cocinar; como si todas las amas de casa amaran hacerlo.

Por eso, cuando incursionamos en la política, en el ámbito laboral, artístico o deportivo, nos buscan regresar a nuestro lugar. El futbolista Cuauhtémoc Blanco mandó a la primera árbitra del futbol profesional en México, Virginia Tovar, a lavar los trastes. Hace unos meses, el famoso piloto mexicano, Sergio Pérez, declaró: "Imagínate el cuerpo que se te queda si te gana una chica... Mejor que se vaya a la cocina".

Bueno, hasta desde las más altas investiduras nos echan indirectas: "No soy la señora de la casa", declaró una vez el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, cuando se le preguntó por el costo del kilogramo de tortillas. Otro presidente, Vicente Fox, nos definió como "lavadora de dos patas"; este aspecto relacionado con el trabajo doméstico, la carga más pesada para las mujeres en casa.

Pero como esta columna cocinada al vapor está enfocada al arte culinario de las mujeres, considerado una característica natural, casi biológica, deja el tema de la lavada y la planchada para otra ocasión.

Algo no me checa. No entiendo por qué nos mandan a la cocina si siempre han existido hombres ahí; claro, como profesión no como un simple trabajo o amos de casa. Cuando se habla de alta cocina salen a relucir los hombres. En los programas televisivos sobre el tema, las grandes estrellas son hombres. ¿En qué quedamos? ¿Somos o no las dueñas de la cocina? ¡Ah! Ya entendí, creo que se refieren a la cocina pero de la casa.

Platicando con un migrante del estado de Hidalgo, me decía que estando solos, los hombres aprenden a cocinar, a lavar, a planchar, a coser la ropa y cocer los frijoles. La cuestión es saber si sólo se hace en ausencia de las mujeres; o, si a pesar de saberlo hacer no lo hacen cuando hay mujeres.

Cuando se habla del trabajo doméstico, lo hacemos en general o enlistamos las actividades que lo comprenden, pero ya se analiza cada una de sus partes. La preparación de los alimentos ocupa un espacio mayor de todas las actividades, pues no se trata sólo de la comida, sino del desayuno, la cena, el entremés...

... las fiestas de Navidad, Año Nuevo, Día de la Independencia, Día de la Candelaria, cumpleaños, aniversarios. Ya existe el recurso de la cocina económica, la comida corrida, enlatada, preparada y los comedores populares; pero hay muchos casos, como el mío, en el que tenemos que cocinar para ahorrar dinero y para no encontrar cucarachas en la crema de chayote.

Dice el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEGI) que las mujeres consumen 11 horas a la semana en cocinar [1]. Sacando cuentas, serían 1.5 horas diarias, pues también es una tarea de sábados y domingos. Pero, o yo me tardo mucho en cocinar o la familia come fuera en estos dos días.

Sor Juana Inés de la Cruz, en su Respuesta a Sor Filotea de la Cruz (1691), afirma que si Aristóteles hubiera guisado, mucho más hubiera escrito. Releyendo a la monja nacida en este mes (12 de noviembre), no le puedo echar la culpa a la cocina por no escribir más o a fuego lento.

La desigualdad no es cuestión de la cocina sino de quienes piensan que es el lugar natural de las mujeres. Pero ese espacio doméstico también puede tener otro significado. "El poder hay que cocinarlo desde la cocina", me expresó Hermelinda Tiburcio Cayetano en una reunión organizada por la Sociedad Mexicana Pro Derechos de la Mujer, A. C.

Tiburcio Cayetano es coordinadora de Kinal Antzetik, en el estado de Guerrero, y por su trayectoria política y social ha sido amenazada de muerte. Regresó y sigue trabajando con mujeres indígenas en el ámbito de la salud sexual y reproductiva. Esa es su receta, preparada y aderezada desde el empoderamiento.

Notas:

"Cocinar aún consume 11 horas de la semana a la mayoría de las mujeres: Inegi". La Jornada, 18 de agosto de 2014, p. 42.






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