| |
Lecciones zapatistas
Tweet
Foto: Brenda Ayala / MujeresNet
Por Isaura Castelao Huerta
Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México y Maestra en Estudios de Género por El Colegio de México.
La autora relata su experiencia como alumna del curso impartido por l@s zapatistas, en el que las diferencias no son motivo de distinción, segregación ni violencia.
El pasado primero de enero se cumplieron 20 años del alzamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en el sureste rebelde mexicano, Chiapas. Y más allá de intervenciones mediáticas, las y los compañeros zapatistas decidieron abrir las puertas de su otro mundo a todas, todos y todoas (viva la libertad sexual) para mostrarnos cómo en el día a día se construye la autonomía con dignidad.
Esta apertura se dio gracias a que en agosto, diciembre y enero impartieron el primer grado del curso La Libertad según l@s Zapatistas. Como alumna de dicho curso, haré un breve relato de los aspectos que más me entusiasmaron de su organización y que considero son importantes lecciones para todas las personas que pugnamos por un mundo más igualitario en donde las diferencias sexuales no sean motivo de distinción, segregación y violencia.
Después de 19 horas en un autobús, llegamos al CIDECI de San Cristóbal de las Casas. Mi primera impresión: cuántas personas encapuchadas. Había gente por doquier, haciendo fila, esperando saber a qué Caracol sería enviada. Entusiasmo, y mucha alegría. Mi turno. Caracol II Resistencia y rebeldía por la humanidad, Oventik, Zona Altos. Pasaron ocho horas y salimos hacia el Caracol.
El camino estaba lleno de neblina, también llovía un poco, el frío se dejaba sentir. Pero duró poco tiempo, porque al llegar al Caracol, fuimos acogidas/os con una calurosa bienvenida: aplausos, consignas, café. Se presentaron, nos compartieron alimentos y después nos asignaron votán-a. La mía, Kanal [1], de apenas 21 años, sería mi guardiana y maestra el resto del viaje.
Al día siguiente, después de una introducción acerca de su composición como organización, salimos hacia la comunidad Belisario Domínguez, que a diferencia de otros territorios, aún no es un Municipio Autónomo, es decir, las familias zapatistas conviven con partidistas.
Llovía. Entramos en una pequeña iglesia blanca. Nadie usaba pasamontañas ni paliacate. Frente a mí estaba Chojobal, una niña de 13 años que conocí en Oventik. A su lado, una mujer fuerte, con ojos rasgados intensos y cabello trenzado, largo y oscuro; en el rebozo, una nueva generación zapatista. Chojobal no me dijo nada en el Caracol, pero ella sabía que yo me hospedaría en su casa con su entrañable familia: Jmétik, de 39 años, su madre; Kok, su padre de 42 años; sus hermanas Nichim (19 años), Pepen (17 años) y la pequeña Kolelal (un año); sus hermanos Ík (21 años), T'sunun (15 años) y Ćontontik (7 años); y, su abuela Banomil, a la que al preguntarle su edad contestó bromeando que seguro más de 100. Esta familia, que en realidad únicamente es una muestra del total de la población zapatista, me compartió tres importantes lecciones en cuatro días.
La primera de ellas es que la autonomía sólo es posible si somos capaces de producir lo más vital, la comida, con todo lo que eso implica: arar la tierra, sembrar, cosechar, transportar y cocinar nuestros alimentos. Al vivir en una ciudad sumamente urbanizada en donde nos han hecho creer que todo se puede comprar con dinero, hemos olvidado que cada tortilla es el fruto de un arduo trabajo en el campo: no se pueden poner monedas y billetes en el suelo y esperar a que mágicamente brote una tortilla caliente. [2]
Ese trabajo duro, en el caso de la familia con la que conviví, es realizado por todas y todos, con excepción de Banomil, Ćontontik y Kolelal. En ningún momento se considera que la siembra (que fue la actividad que personalmente pude apreciar) sea una actividad masculina o femenina: es un trabajo pesado que cualquiera puede llevar a cabo (quizás porque todas y todos se alimentarán de la cosecha sin distinción). ¿No es acaso esa una de las más grandes pugnas de los feminismos?, ¿que mujeres y hombres somos capaces de desempeñar las mismas actividades? Debido al corto tiempo que permanecí en la comunidad me fue imposible averiguar más detalles al respecto, pero en un primer vistazo, es un gran avance en la igualdad, ya que las actividades no se desarrollan en dicotomías, sino que permanecen abiertas a todas y todos.
Hay otra labor que se lleva a cabo y que considero reitera que no se considera a la fuerza como una cualidad masculina. Se trata de sacar, todos los días, a comer a los borregos. Los borregos son animales sumamente corpulentos, y por tanto, las personas encargadas de ellos requieren mucha fortaleza física o podrían arrastrarlas al correr. Pues bien, quienes están encargadas/o de cuidar y alimentar a los borregos son Jmétik, Chojobal y Ćontontik: no existen estereotipos de género que indiquen qué roles son adecuados para cada persona. Desde la infancia, mujeres y varones son impulsados a trabajar en cualquier actividad.
En cuanto a la preparación de los alimentos, debo señalar que, al menos durante mi estancia, sí pude apreciar que las mujeres fueron las únicas que lavaron el maíz, lo llevaron al molino, prepararon la masa e hicieron las tortillas en la prensa. En el proceso de elaboración de las tortillas, Kok y T'sunun [3] participaron volteándolas durante la cocción; así, es posible destacar que los varones también contribuyen a la elaboración de las tortillas. Asimismo, Kok se encargaba de la cocción del maíz (es necesario cocerlo antes de llevarlo al molino) y de los frijoles, así como de algunas verduras que nos sirvieron de acompañantes en las comidas. Por su parte, T'sunun cocinó, con algunos consejos de Nichim y Pepen, una sopa de pasta, denotando que la preparación de los alimentos en realidad no se reserva para nadie en específico.
La segunda lección de las y los zapatistas es que el cuidado de los y las hijas (de Kolelal en este caso) y el afecto no son actividades que naturalmente correspondan a las mujeres. Kolelal es sumamente amada por todas y todos en su familia, lo que es evidente en que la cargan, la alimentan y juegan con ella constantemente, es especial Ćontontik, al que en una ocasión sorprendí chocando constantemente su cabeza contra su pequeña hermana; quiero decir, sin dolo, sin afán de dañarla, solamente jugando con ella. Ante esto, no recibió ninguna reprimenda por parte de sus padres aludiendo a que era una niña débil, que no fuera tan brusco con ella. Nada. Quizás porque en su concepción de la vida, las y los zapatistas no están buscando qué cosas son las que nos hacen diferentes, sino cuáles son las que nos unen y nos hacen iguales.
De los momentos más significativos que presencié fue cuando Kok jugó con Kolelal. Le hacía caras, le decía cosas, buscaba que sonriera, que la pequeña fuera feliz. Pero no era sólo con ella. Kok era afectuoso con todos y todas sus hijas. Debido a mi incompetencia en tzotzil, me es imposible atraer lo que compartían, pero siempre estaban hablando, todas y todos tenían el derecho de expresarse, de reírse, de ser felices. Evidentemente, al inicio mi presencia fue una intromisión en su vida diaria (fui la primera alumna a la que acogieron), pero poco a poco se fueron olvidando de mí y su convivencia era francamente armoniosa.
Ni una sola vez escuché un grito, un regaño, un llanto: ni una sola forma de violencia presencié en su casa. Tristemente "acostumbrada" a ver en diferentes ocasiones cómo las niñas y los niños son violentados por sus padres, me sorprendí. Le pregunté a Kanal si las y los zapatistas nunca regañaban, me dijo:
-¿Por qué te habrían de regañar?
-Pues, porque no obedeces a tu mamá, o haces una travesura.
-No, nunca te regañan.
¿Es esa otra forma de educar?, ¿otra forma de fomentar que los y las niñas se sientan respetadas y amadas?, ¿con derechos? Tener una familia amorosa en la que te sientes segura, con confianza, en la que se fomenta que potencies todas tus cualidades es, sin duda, la base para construir una sociedad más igualitaria.
Una tercera lección zapatista que quiero destacar es que, a pesar del avance que se puede apreciar, persiste la construcción del género. Uno muy significativo está presente en la ropa que utilizan marcando dicotomías: pantalón de mezclilla y playera para hombres / faldón de lana, fajilla y blusa brillante y bordada para las mujeres. Es decir, las mujeres continúan usando sus atuendos tradicionales, en tanto que los hombres han abandonado esa costumbre, ya que sólo suelen usar esa ropa en ocasiones importantes. Así, se marca qué es lo adecuado para cada persona dependiendo su sexo. Me comentaron que había algunas mujeres que ya usaban pantalón de mezclilla, pero eran las menos (y los hombres no usan falda, aunque sí utilizan una especie de gabán también de lana). En este sentido, también se destaca que con la constante presencia de la lluvia también hay una diferenciación: las mujeres no utilizan botas de plástico -reservadas para los varones-, permanecen con sus sandalias sin importar cuál sea el clima.
La segunda actividad en la que noté la presencia del género es en la elaboración de pulseras. Desde pequeñas, las madres les enseñan a sus hijas cómo a través de una compleja secuencia de nudos en hilos de colores, se pueden elaborar brazaletes que después pueden vender en Oventik o inclusive en San Cristóbal de las Casas. Su confección requiere de mucha habilidad y experiencia. Desconozco los motivos, pero su elaboración es exclusivamente hecha por mujeres: inclusive T'sunun me dijo que él tampoco sabía por qué los varones no hacían pulseras.
Estas dos actividades diferenciadoras sirven para recordarnos que el camino hacia la construcción de un mundo más igualitario aún tiene un largo sendero que debe recorrerse, pero que no por ello deben dejarse de lado todas las luchas que se han ganado, al contrario, el día a día debe ser un constante recordar y practicar.
Sin duda alguna, las comunidades zapatistas son un referente importantísimo porque su trabajo colectivo con sus siete principios del mandar obedeciendo [4] es una abierta oposición al neoliberalismo, y recordemos que la extinción del patriarcado sólo puede venir con la caída del capitalismo. Así, estas tres lecciones zapatistas son una muestra de que, poco a poco, es posible construir otro mundo donde todas y todos tengamos las mismas posibilidades de desarrollarnos conviviendo con respeto y dignidad.
Para finalizar, retomo los principios de la Ley Revolucionaria de las Mujeres [5] del EZLN, ya que constituyen la base de las lecciones zapatistas arriba presentadas.
Primero.- Las mujeres, sin importar su raza, credo, color o filiación política, tienen derecho a participar en la lucha revolucionaria en el lugar y grado que su voluntad y capacidad determinen.
Segundo.- Las mujeres tienen derecho a trabajar y recibir un salario justo.
Tercero.- Las mujeres tienen derecho a decidir el número de hijos que pueden tener y cuidar.
Cuarto.- Las mujeres tienen derecho a participar en los asuntos de la comunidad y tener cargo si son elegidas libre y democráticamente.
Quinto.- Las mujeres y sus hijos tienen derecho a atención primaria en su salud y alimentación.
Sexto.- Las mujeres tienen derecho a la educación.
Séptimo.- Las mujeres tienen derecho a elegir su pareja y a no ser obligadas por la fuerza a contraer matrimonio.
Octavo.- Ninguna mujer podrá ser golpeada o maltratada físicamente ni por familiares ni por extraños. Los delitos de intento de violación o violación serán castigados severamente.
Noveno.- Las mujeres podrán ocupar cargos de dirección en la organización y tener grados militares en las fuerzas armadas revolucionarias.
Décimo.- Las mujeres tendrán todos los derechos y obligaciones que señalan las leyes y reglamentos revolucionarios.
Notas:
[1] Los nombres de las personas han sido modificados con una palabra en tzotzil para cuidar su identidad.
[2] Destaco este aspecto porque a la familia le sorprendió mucho que yo no tuviera autonomía para elaborar mis propias tortillas.
[3] Ík se desempeñó como votán, por lo que no estuvo en la casa durante mi estancia.
[4] 1. Servir y no servirse; 2. Representar y no suplantar; 3. Proponer y no imponer; 4. Convencer y no vencer; 5. Obedecer y no mandar; 6. Construir y no destruir; y, 7. Bajar y no subir.
[5] Fuente: Participación de las mujeres en el gobierno autónomo. Cuaderno de texto del primer grado del curso de "La Libertad según l@s Zapatistas". pp. 24-28.




