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Ana Cervantes, alas y piel
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Por Lucía Rivadeneyra
Comunicóloga por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Cursó la maestría en Literatura Mexicana, en la Facultad de Filosofía y Letras. Sus libros "Rescoldos", "En cada cicatriz cabe la vida" y "Robo Calificado" fueron merecedores de los Premios Nacionales de Poesía "Elías Nandino" (1987), "Enriqueta Ochoa" (1998) y "Efraín Huerta" (2003), respectivamente. En 2007, publicó la antología personal 'Rumor de tiempos'. Su material poético está incluido en numerosas antologías. La han traducido a diversos idiomas. Catedrática de la UNAM desde 1980, ejerce el periodismo en medios de circulación nacional.
La columnista expresa su admiración por la música y pasión de Ana Cervantes en la presentación de su disco 'Canto de la monarca', y comparte una reflexión sobre la lucha cotidiana por la equidad de género.
Todas las Bellas Artes tienen que ver unas con otras. No hay danza sin música; el movimiento es ritmo. "La poesía es la inteligencia del oído", decía el poeta Carlos Illescas; de hecho, la literatura en todas sus manifestaciones tiene un ritmo. Asimismo, la arquitectura y la escultura están relacionadas con la emoción. Ya afirmaba Beethoven que "la arquitectura es una música de piedras y la música, una arquitectura de sonidos".
La pintura tiene movimiento, genera todo lo que uno quiera imaginar. El cine, incluso el mudo, utilizaba la palabra escrita y tenía el lenguaje de la música. Estas afirmaciones podrán parecer verdades de Perogrullo, pero a veces se nos olvidan. Pondré énfasis en la música, justo hoy que es día del músico y, dicen que también, de los poetas.
Ana Cervantes refleja pasión. Es una viajera. Convoca. Se entrega. Ama los idiomas. Se interesa por su país, México; por sus mujeres. Tiene amigos. Sus amigos le responden. Es una música. Y vaya que aquí es importante recordar que el lenguaje tiene mucho de sexismo. No es lo mismo un hombre público que -se supone- tiene grandes puestos, es funcionario, es conocido, que una mujer pública. Si decimos el portero, sobre todo hoy en día, de inmediato se piensa en el futbol; si decimos la portera imaginamos a una mujer abandonada de sí misma, que vive en la azotea. Si decimos este hombre es músico de inmediato le queremos aplaudir; si decirnos esta mujer es música se piensa que es mala persona.
Sin embargo, cientos de miles de mujeres por no decir millones, desde hace mucho tiempo estamos en la lucha cotidiana por la equidad; además, como ya existen las médicas, las ingenieras, las arquitectas, las músicas... En consecuencia, hoy presentamos el disco de una música, es decir, de una mujer creadora e intérprete. Una mujer que tiene el placer de hacer lo que le gusta: música. Ana y su piano. Ana y sus mariposas. Ana y la libertad.
Estoy aquí porque el destino así lo quiso y porque sé del trabajo profesional que hacen las manos y los sentidos de Ana Cervantes. Por extrañas razones he encontrado coincidencias en sus quehaceres y en los míos. Soy de Michoacán y amo a las mariposas desde el capullo y desde siempre. Ana presenta Canto de la Monarca. Ana ha realizado Rumor de páramo y Sólo rumores. Tengo una antología de poemas que se llama Rumor de tiempos. Es rulfiana y yo también. De igual forma, disfrutamos la actividad de las mujeres, ya sea la de la políglota Malinche, la presencia medular de la Adelita y las Adelitas, los cantos chamánicos de María Sabina, las reflexiones de Jesusa Palancares o incluso el grito de La Llorona. De hecho, disfrutamos la vida. Por eso, me da un gusto inmenso compartir esta noche una producción discográfica tan importante como Canto de la Monarca. Mujeres en México .
Un disco como un libro seduce. Se diseña, se le mira, se le toca, se le huele, se le escucha -es obvio- y se saborea . Esta producción del INBA y Conaculta, en dos cd's, con la colaboración de Horacio Uribe, Carlos Cruz de Castro, Jack Fortner, Marcela Rodríguez, Alba Potes, Tomás Marco, Charles Griffin, Paul Barker, Silvia Berg, Pilar Jurado, Joelle Wallach, Stephen Mcneff, Georgina Derbez, Mario Lavista, Anne Lebaron y Gabriela Ortizfen, quienes a solicitud de Ana se inspiraron en un abanico de mujeres mexicanas, con diversos roles en la Historia y compusieron obras realmente memorables, es una obra que se goza.
La edición de este material discográfico ofrece, también, una presentación de Juan Arturo Brennan en relación a cada uno de los autores y una presentación de la escritora Mónica Lavín, llamado "Musas mexicanas". El trabajo en conjunto es una verdadera belleza, quizá porque es producto de una ardua labor, la cual refleja un proyecto de vida apoyado en la pasión.
Sí, la pasión de las mujeres que lo inspiraron y la pasión de los compositores e intérpretes. La pasión de Ana Cervantes. La pasión por el vuelo y los colores. La música nos colorea la vida, nos mueve, nos transforma. Porque ¿qué haríamos todos los seres humanos si no aspiráramos a volar?
Agradezco la calidez de Ana y la generosidad con que comparte su trabajo. Agradezco su cercanía tan reciente y tan antigua. Agradezco su vuelo. Hoy vemos aterrizar sus alas por un momento. Y esperamos, con la serenidad de los árboles michoacanos no condenados a la tala, que lleguen más Monarcas a alegrarnos la vida.
P. D. Durante la presentación, las manos de Ana Cervantes fueron alas. De pronto, la artista se quitó los zapatos. "Perdón, pero no aguanto el rechinar de estos zapatos tan elegantes , mientras toco". Sus pies tocaron, así, los pedales del piano. Piel e instrumento. No podía ser de otra manera.
* Texto leído en la presentación del disco Canto de la monarca. Coyoacán, 22 de noviembre de 2013.




